domingo, 16 de junio de 2013

Achinémonos todos hasta la lucha final

El pasado 12 de junio hubo sesión de control en el Congreso de los Diputados. El inefable Carlos Floriano, el vicesecretario del PP que compite habitualmente con González-Pons para ver quien desbarra más sin que le crezca la nariz, había preparado una pregunta a pachas con el Gobierno para mayor lucimiento del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que la semana anterior había presentado en Bruselas, entre platos de jamón, trajes de torero y baile flamenco (¡modernidad, a tope!), el proyecto “Marca España", que impulsa el señor ministro con no poco esfuerzo y no menos prodigalidad de puestos de confianza, canonjías y mamandurrias repartidas entre correligionarios y amigos. Para ver quiénes son, cómo actúan y a qué se dedican, basta visitar la página web de la cosa (marcaespana.es).

Como el que no quiere la cosa, García-Margallo contestó a la improvisada pregunta del Gran, Gran Floriano, con gran prosopopeya y no poca enjundia: «En la globalización la confianza es la piedra angular para traer ahorro, crear empleo, exportar y favorecer la internacionalización de las empresas». Para conseguir confienza él y sus muchachos, encabezados por Carlos Espinosa de los Monteros, uno de esos amigos íntimos del Rey que lo ha presidido todo en este país y que ahora aparece transmutado en Alto Comisionado de la Marca España, se plantaron en Bruselas para presentar un plan para evitar que a España sólo la consideren un «país bueno para vivir, pasar vacaciones o jubilarse» y que, por el contrario, sea considerado «para trabajar, instalarse y hacer negocios». 

Estupendo, oye, y como prueba para las ventajas de instalarse en España podrían acudir a los miles de licenciados españoles que cada mes abandonan el país animados por el afán de “movilidad internacional” de los que son sendas demostraciones Diego Martínez Santos, elegido mejor físico joven del continente por la Sociedad Europea de Física casi al mismo tiempo que la Secretaría de Estado de Investigación le denegaba aquí una beca Ramón y Cajal o Nuria Martí, cuarta firmante del hito mundial del año en investigación biológica (la obtención de células madre humanas), huida a Oregón tras haber sido despedida del Centro Príncipe Felipe de Valencia por un ERE en 2011. 

Viene al caso recordar que la Generalitat de Valencia la presidía entonces quien la preside ahora, Alberto Fabra, que no tenía presupuesto para mantener el humilde contrato de una investigadora, pero al que no le ha faltado para conceder un espléndido contrato de alta dirección como asesora particular a su amiga íntima (ahora se llaman así a quienes antes se les llamaba de otra forma más rotunda y se les ponía piso y mercería), Esther Pastor, una señora madurita de muy buen ver, con la que mantiene -según fuentes del PP de la comunidad- una relación muy estrecha, similar a la que tiene su padrino político el ex presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, quien mantiene una relación de pareja con la actual vicepresidenta de esta cámara, Esther Pallardó, que disfrutó de un ascenso fulgurante en la estructura de poder vinculada al PP desde que, a principios de la pasada década, accediera a llevar la comunicación de Carlos Fabra en la diputación (http://www.publico.es/457247/alberto-fabra-crea-una-secretaria-a-medida-de-su-amiga-mas-cercana). Y ya son dos derechos de pernada, dos Estheres mantenidas por las arruinadas arcas públicas, es decir por ustedes y por mí.

Pero volvamos a la Marca España y a su página web, en la que sin el menor empacho se afirma que otro de los tres grandes pilares en los que se asienta el proyecto es en su “tarea académica”, que ahora viene al pelo cuando se acaba de presentar la Carta Abierta por la Ciencia en España que pretende evitar (pronostico que inútilmente) que se lleve a cabo una nueva reducción de la inversión en I+D+i. En los últimos años los organismos públicos de investigación habrán sufrido una reducción acumulada del 30% de la dotación procedente de los Presupuestos Generales del Estado. La situación se ve considerablemente agravada por las dificultades financieras de las universidades, que contribuyen con más del 60% de la investigación del país y cuyos presupuestos están sufriendo severas restricciones en los últimos dos años, afectando seriamente a su potencial investigador tanto de medios como de recursos humanos.

La desfachatez de la respuesta ministerial en la Carrera de San Jerónimo alcanzó su punto culminante cuando García-Margallo destacó el potencial español en energías renovables. Como no me lo podía creer, me fui a la web de la cosa y sí, allí estaba: La web insiste en varias secciones  en lo punteros que somos en generación de energías limpias. Esas mismas a las que se hartaron de vilipendiar y menospreciar en la oposición y a las que una vez en el Gobierno han retirado todo respaldo, hasta el punto de que la empresa líder mundial en el sector de aerogeneradores, Gamesa, está despidiendo a centenares de trabajadores antes de echar el cierre. España debía volver a ser nuclear, decía Rajoy cuando estaba en la oposición. A la hora de sacar pecho sí se acuerdan de las renovables. 

De las renovables...  y de las desaladoras. La Marca España destaca lo avanzados que somos en centrales de desalación de agua marina. Como lo oyen. Esa misma estrategia de “producción” de agua que el PP machacó durante años para defender su descabellada política de trasvases se convierte ahora en motivo de orgullo. Las mentiras y la demagogia del PP llegaron al paroxismo con la declaración del entonces consejero de Presidencia de la Generalitat Valenciana, Esteban González Pons, que llegó a asegurar que las plantas desaladoras eran “las nucleares del mar”, declaración cuyo único objetivo era asustar a la gente. Ahora, con Rajoy en La Moncloa las desaladoras ya son buenas. Ver para creer. 

Para seguir mareando con datos positivos, el panfleto propagandístico que es la meritada web destaca también como brote verde el ITC (Índice de Tendencia de la Competitividad): «Un dato muy positivo de cara a la recuperación de la economía española y es un signo de que las reformas emprendidas van por el buen camino». Pues mire usted por dónde, resulta que el ITC también disminuyó en 2011, cuando dos millones menos de parados, España iba directa al infierno según el Gobierno actual, entonces oposición. 

Voy terminando con otro de los tres pilares de la Marca España, la afirmación sinvergüenza y sin vergüenza de que el renacimiento de la economía española se sustenta en «la caída de los costes laborales». El párrafo dice textualmente: «Pese a las dificultades del momento actual, España es una economía competitiva que, apoyada en su sector exportador, la caída de los costes laborales y la consolidación fiscal, retomará la senda de rápido crecimiento y convergencia con las economías de mayor renta per cápita». Más claro agua: la devaluación interna se ha convertido en la solución que se oculta tras reformas y recortes. La orientación de todas las medidas del gobierno para reducir el poder adquisitivo, la protección del trabajador y la “flexibilidad” del mercado laboral confluyen en la inevitable consecuencia de que para ser más competitivos debemos ser más baratos. Y ese abaratamiento es vía salarios más bajos.

El propio ministro de Industria se vanagloriaba hace bien poco de que el resurgimiento de la industria automovilística en España se debe «…fundamentalmente a la disminución que se está produciendo en los costes laborales unitarios en nuestro mercado…». Ya lo saben. Para seguir avanzando debemos cobrar la mitad que los países fuertes del euro. Asombrados por la capacidad productiva de China, el lema “Achinémonos todos hasta la lucha final”, se ha convertido en el pensamiento único del PP y de la Marca España. Aviados vamos.