sábado, 26 de marzo de 2011

El trimestre más largo de la historia




Señores profesores, señores alumnos: están ustedes protagonizando el trimestre escolar más largo de la historia. Como consecuencia de aplicar el calendario litúrgico católico al escolar, la Semana Santa de 2011 será la más tardía de las posibles y, como consecuencia, el segundo trimestre escolar será el más largo de la historia. 

El aparente movimiento diurno del Sol fue desde tiempos remotos el sistema utilizado para definir la unidad más elemental de tiempo, el día, aunque se necesitaran milenios para que se asociase con la rotación de la Tierra. Los días pronto se agruparon en ciclos auxiliares que tenían en cuenta los períodos de repetición de ciertas configuraciones celestes. Desde su origen, las milenarias civilizaciones del Próximo y Lejano Oriente, del antiguo Mediterráneo e incluso las de América precolombina, los calendarios se establecieron considerando el desplazamiento aparente del Sol, de la Luna, de los planetas o de las estrellas sobre la bóveda celeste. Con un sentido, en general, profundamente religioso, el de la luz divina que vence a las malignas tinieblas, han prevalecido los ciclos mensual y anual. En particular, el período de repetición de las configuraciones lunares, es decir de plenilunios y novilunios -el denominado mes sinódico- es al que trata de aproximarse el mes civil, mientras que la sucesión de las estaciones, consecuencia del movimiento orbital de la Tierra alrededor del Sol, define el año natural o año trópico (de tropos, movimiento, por el de traslación de la Tierra alrededor del Sol).

Los solsticios de invierno y de verano -los días más corto y más largo del año- o los equinoccios de primavera y otoño -cuando el día y la noche tienen igual duración- dividen el año en cuatro estaciones. Los cambios estacionales rigen la vida en la Tierra y, por tanto, cautivaron ancestralmente a la mente humana. El pensamiento esotérico atribuyó a los solsticios y a los equinoccios propiedades sobrenaturales que han llegado hasta nuestros días, cuando transformadas o enmascaradas por las diferentes religiones, siguen siendo fechas señaladas en los calendarios litúrgicos.

La duración del año solar era ya conocida por los astrónomos egipcios y chinos hace más de 6.000 años. Pero además del ciclo solar, el hombre observó los ciclos lunares y emprendió un largo esfuerzo por conciliar unos y otross. ¿Cuántas lunas llenas forman un año? Durante mucho tiempo los astrónomos creyeron que ambos ciclos eran reconciliables matemáticamente, y como los ciclos lunares eran más fácilmente observables, no resulta extraño que los primeros calendarios fueran, precisamente, lunares, esto es, mensuales. Pero así como el año no dura un número exacto de días o meses lunares, sino una media de 365,24219 días, un mes lunar tiene una duración media de 29,53059 días, lo que dificulta sobremanera la reconciliación del año solar y lunar. Pero por esa vocación de conciliar lo imposible, la mayoría de los calendarios han sido lunisolares.

Las actuales observaciones astronómicas son de una enorme precisión y permitirían organizar un calendario mucho más ajustado a la realidad del funcionamiento del universo. Sin embargo, impulsados por nuestro acervo cultural o religioso, nos aferramos a tradiciones que se resisten a desaparecer. Para cualquier religión lo más importante son las fechas de nacimiento de su dios principal y puesto que el Sol es quien rige la vida sobre la Tierra, el Astro Rey ha sido ancestralmente considerado como la más grande de las divinidades. 

En las culturas desarrolladas en las zonas de clima tropical en las que la duración del día y de la noche es prácticamente la misma a lo largo de todo el año, no existían celebraciones semejantes a la de nuestra Navidad. Por el contrario, fuera de los trópicos, cuando los días se van acortando progresivamente desde el día más largo del año, el solsticio de verano, hasta el más corto, el solsticio de invierno, alrededor del 21 de diciembre, cuando se produce la noche más larga del año, tras la cual el Sol comienza a “vencer” a las tinieblas en progresiva retirada, las diferentes civilizaciones celebraban la mayor fiesta del año: la del nacimiento de su respectivo dios, fuera este Zeus, Amón, Mitra, Saturno o Jesús. Para los romanos, el equivalente a las actuales fiestas navideñas eran las Saturnalia, que empezaban el 17 de diciembre y duraban siete días, celebradas con abundante comida y bebida en honor al dios de la semilla y del vino, Saturno. Los días centrales de la semana festiva, entre el 21 y el 25 de diciembre, eran los fastos mayores, las fiestas del Dies Natalis Solis Invicti (Días de Nacimiento del Invencible Dios Sol). 

Aunque en ninguna parte de la Biblia se cita la fecha exacta del nacimiento de Jesús, la fiesta de Navidad fue decretada por el papa Liberio 354 años después del nacimiento de Cristo, cuando el emperador Constantino permitió el cristianismo en el Imperio romano, porque fijándola en las viejas Saturnalias no se distorsionaba el calendario a que estaba acostumbrada la administración imperial ni se cambiaban las fechas de los grandes fastos romanos. La natividad del dios cristiano debía coincidir necesariamente con las fiestas del Sol Invictus, alrededor del solsticio de invierno. Dicho y hecho: aferrándose a una tradición judía que establecía que todos los profetas nacían y morían el mismo día, los primeros cristianos que creían a pies juntillas que Jesús murió exactamente un 25 de marzo, fijaron el 25 de diciembre, el último de los fastos paganos, como el de su nacimiento. Cristo pasó a ser el verdadero Sol Invictus. Tan prendidos estaban de la equivalencia solar, que abandonando el tradicional sabbath judío, el nuevo día de descanso para los cristianos sería el Dies Solis, es decir, el domingo, denominación que se ha conservado en el Sunday anglosajón. 

En el concilio de Nicea se estableció la fecha de la Pascua, que en las primeras comunidades cristianas se hacía coincidir con la Pascua hebrea. Fijar bien esta fecha en el calendario romano oficial, el juliano, era una cuestión capital porque aquí el Nuevo Testamento era muy explícito: Jesús acudió a Jerusalén para celebrar la Pésaj o Pascua judía, y es en esas fechas cuando transcurre su pasión, muerte y resurrección. Esta última tuvo lugar el “día siguiente al sabbath de la Pésaj”. Aunque la Pésaj conmemora supuestamente los siete días de la huida de Egipto, en realidad corresponde a una fiesta varias veces milenaria en la que todas las culturas mediterráneas celebraban el equinoccio de primavera (20-21 de marzo), haciéndola coincidir alrededor de la primera luna llena posterior a dicho equinoccio. En Nicea se estableció fijar el domingo de Resurrección el primer domingo posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Para marcar diferencias con los judíos, se estableció también que los años en que el domingo de Resurrección coincidiera con la Pésaj, aquel se debía trasladar al siguiente domingo del calendario. 

Usando el algoritmo Computus desarrollado en el siglo XIX por el matemático alemán Gauss, se delimitan con relativa facilidad las fechas posibles para fijar el domingo de Resurrección, que puede caer entre dos extremos: el 22 de marzo y el 25 de abril. El más temprano de los posibles sería el 22 de marzo, y ocurriría cuando el 21 fuera sábado con plenilunio. Inversamente, si el plenilunio fuera el 20 de marzo, como el equinoccio está litúrgicamente fijado el día siguiente, habría que esperar un ciclo lunar completo y la primera luna llena de primavera sería 29 días después, el 18 de abril. Si este día fuera domingo, la fecha tendría que desplazarse una semana entera para que no coincidiera con la Pascua judía, de modo que el domingo de Resurrección sería el más tardío de los posibles: el 25 de abril. Este año ha caído en 24, pero a efectos de las vacaciones escolares da exactamente lo mismo: este trimestre ha sido el más largo de la historia y, de seguir aferrados al calendario litúrgico, lo será también en el futuro.

Como el domingo de Resurrección es la piedra angular del calendario litúrgico, las demás celebraciones lo toman como referencia: Cuarenta días antes es el miércoles de Ceniza, fecha de comienzo de la Cuaresma. El domingo anterior al de Resurrección es el de Ramos, inicio de la Semana Santa. Días después del domingo de Resurrección vienen la Ascensión (40), Pentecostés (50), y Corpus Christi (jueves siguiente a Pentecostés).

Para los amigos de programar sus vacaciones, con el Computus y calendario lunar en mano, les dejo las fechas de domingos de Resurrección para el próximo quinquenio: 2012 (abril, 8), 2013 (marzo, 31), 2014 (abril, 20), 2015 (abril, 5), 2016 (marzo, 27).