domingo, 10 de junio de 2018

Cambio climático y civilizaciones extraterrestres



Según una simulación que acaba de ser publicada, si alguna vez existieron civilizaciones extraterrestres, el cambio climático pudo acabar con ellas. Utilizando modelos matemáticos, un equipo germano-norteamericano de astrofísicos ha simulado cómo varias civilizaciones alienígenas podrían surgir y desaparecer a medida que usan los recursos naturales del planeta.
Desde la segunda mitad del siglo XX, ha quedado claro que la actividad humana ha alterado el estado de la Tierra. El calentamiento global y el cambio climático, impulsados por las emisiones de gases de efecto invernadero, son la representación más dramática del impacto de la civilización en el planeta. Sin embargo, existen otros indicadores del impacto humano, tales como como la colonización de la superficie terrestre en detrimento de los ecosistemas naturales; el transporte de compuestos y materiales claves; la alteración de biomas; la apropiación humana de la productividad terrestre y de la energía. En conjunto, estas alteraciones de los sistemas planetarios se han descrito como la entrada de la Tierra en una nueva época geológica, el Antropoceno. Se desconoce el impacto a largo plazo del Antropoceno en la civilización humana, aunque hay predicciones que van desde la adaptación al colapso.
Figura humanoide de Puma Punku, Bolivia.
Pero, lo que está ocurriendo en la Tierra, ¿es una situación única? En particular, dada su escala global, ¿podría la transición representada por el Antropoceno ser una característica genérica de cualquier planeta en el que haya prosperado una especie que explote intensamente los recursos para desarrollar una civilización tecnológica? La pregunta que se hace mucha gente es si existieron o no civilizaciones avanzadas extraterrestres que serían responsables de determinadas construcciones como la pirámide de Gizeh, los megalitos de Puma Punku en Bolivia, con sus figuras que parecen astronautas, o las de Stonehenge en Reino Unido, los moais de la isla de Pascua o la Ciudad de los Dioses de Teotihuacán. Y si existieron, ¿qué pasó con ellas? Lo que se preguntaron los científicos es si algún tipo de cambio climático similar al presente pudiera haber acabado con todos los alienígenas que algunos andan buscando.
En un artículo publicado el pasado 1 de mayo en la revista Astrobiology, el equipo de investigación de astrofísicos encabezado por Adam Frank , profesor de la Universidad Rochester de Nueva York, presenta los resultados de un análisis al que llaman “un punto de vista a una distancia de 10.000 años luz" del cambio antropogénico, es decir, del cambio climático inducido por los humanos. Utilizando modelos matemáticos basados ​​en la desaparición de una civilización extinguida en la Tierra (los antiguos habitantes de Isla de Pascua), Frank y sus colegas simularon cómo varias civilizaciones alienígenas podrían crecer y desaparecer si seguían convirtiendo incesantemente en energía los siempre limitados recursos naturales de su planeta.
Según Frank, las leyes de la física exigen que cualquier población joven que construya una civilización mediante un uso intensivo de la energía como hacemos los humanos provocará duras consecuencias en el planeta. Lo que han hecho los científicos es examinar el cambio climático en un contexto cósmico para darnos una mejor idea de lo que nos está sucediendo ahora y cómo enfrentarlo.
Ladera del Rano Raraku con una serie de moáis, estatuas creadas por los habitantes originarios de Isla de Pascua. 
Como cabía esperar, los resultados han sido desalentadores. De las cuatro "trayectorias" simuladas para civilizaciones con una demanda intensa de energía, tres terminaron en catástrofes con pérdidas masivas de población. El cuarto escenario, una trayectoria que incluía obtener toda la energía de fuentes sostenibles, solo entró en vigor cuando las civilizaciones reconocieron el daño que estaban causando al planeta y actuaron de inmediato. Pero este último escenario resulta el más aterrador, porque incluso de hacer lo correcto, pero demasiado tarde, no podrían impedir el colapso de la población.
Para Frank, la base para modelar un apocalipsis es el caso de la Isla de Pascua, que a menudo se toma como una lección de insostenibilidad global. Muchos estudios indican que los habitantes de Isla de Pascua agotaron sus recursos, lo que llevó al hambre y, finalmente, a la extinción. Trabajando a partir de ecuaciones anteriores que modelaron la caída de la población de Isla de Pascua junto con el agotamiento de sus recursos, el equipo encontró cuatro posibles puntos finales para una hipotética civilización alienígena limitada por el abuso de los recursos naturales.
En el primer escenario, la población se dispara en un corto período de tiempo y como absorbe energía y emite gases de efecto invernadero, la temperatura del planeta también aumenta. La población alcanza su máximo para luego caer bruscamente a medida que el aumento de las temperaturas hace que la supervivencia sea cada vez más difícil. La población podría nivelarse eventualmente, aunque con menos personas de las que vivían antes. Para calibrar lo que significa este primer caso, imagínese si siete de cada 10 personas que usted conoce mueren rápidamente. No está claro si una civilización tecnológica compleja podría sobrevivir a ese tipo de cambio.
Reproducción en color del grabado en piedra del sarcófago del rey Pakal (603 DC-683 DC) encontrado en el yacimiento arqueológico de Palenque, Chiapas, en el que algunos quieren ver la imagen de un hombre pilotando una nave espacial mientras despega.

Tanto el segundo como el terecr escenario se llaman "colapsos". Como en el primer escenario, tanto la población del planeta como su temperatura aumentan dramáticamente en un corto período. Pero esta vez, cuando la gente comienza a morir por falta de recursos básicos, no hay sobrevivientes. Que una civilización simplemente muera o se derrumbe por completo depende de cuán sensible sea el medio ambiente y cuán rápido responda a las poblaciones crecientes.


El cuarto escenario es la sostenibilidad. En este escenario, tanto la población del planeta como su temperatura global aumentan rápidamente, pero luego se estabilizan cuando la civilización reconoce cómo su manejo de recursos está afectando a la naturaleza. Para alcanzar un equilibrio, la población tendría que cambiar de recursos que representan un alto coste para el planeta (como el petróleo) a recursos más sostenibles (como la energía solar). La civilización lograría salvarse.

Incluso si la civilización se da cuenta de que está dañando el medio y hace intentos por cambiar sus hábitos al uso de recursos sostenibles, aparece un escenario llamado "colapso con el cambio de recursos", que resulta demasiado tardío. La civilización podría ver una desaceleración temporal en el declive de la población, pero se extinguirá de todos modos. El daño está hecho; la civilización está condenada.
La diferencia entre un futuro sostenible y un colapso mortal dependía en gran medida de la previsión de la población: cómo de pronto se dio cuenta de que estaba destruyendo su planeta y con cuánta rapidez actuó. Esta diferencia debería motivar a los humanos a tomarse en serio el cambio climático. En el espacio y el tiempo cósmicos, aparecen ganadores, que lograron ver lo que estaba pasando y trazaron un camino para escapar del desastre, y perdedores, que simplemente no cambiaron de actitud y acabaron con su civilización.
La pregunta es, ¿en qué categoría queremos estar? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.