sábado, 27 de julio de 2019

El olor del miedo


Coccinella semptempunctata. Foto.
Si te gustan las plantas, alguna vez habrás tenido que lidiar con pulgones. Los pulgones son unos pequeños insectos hemípteros pertenecientes a la familia Aphididae (castellanizado áfidos) que, provistos de un aparato bucal chupador a modo de aguja de jeringuilla, drenan la savia elaborada de las plantas; haciéndolo, no solo las debilitan, sino que son también la vía de transmisión de fitopatógenos que provocan graves enfermedades. 
Las plantas deben enfrentarse a la amenaza de la infestación de áfidos y para ello han desarrollado algunas defensas increíbles. De una de ellas, basada en el mimetismo, me ocupé en una ocasión anterior. En un artículo que se acaba de publicar hace unos días en el número 223 de New Phytologist, se ha descrito una forma fantástica de defensa contra los pulgones que ha desarrollado una especie de piretro, Tanacetum cinerariifolium, que consiste en oler como una colonia de pulgones asustados.
Antes de entrar en materia, hay que decir que los piretros del género Tanacetum y sus parientes cercanos los crisantemos (género Chrysanthemum) producen unas sustancias insecticidas, las piretrinas, que se usan para controlar una amplia variedad de insectos (mosquitos, orugas, escarabajos, etc.) en el ámbito doméstico o en invernaderos. No se pueden usar en el exterior porque se degradan con relativa facilidad por la acción de la luz. 
Tanacetum cinereaiifolium
Como a todos los insectos, a los pulgones no les gustan las piretrinas, pero pánico, lo que se dice, pánico, el que les provoca su predador más voraz: la mariquita de siete puntos Coccinella septempunctata, un coleóptero de aspecto tan simpático para nosotros como terrorífico para los pulgones. Si tu jardín tiene pulgones, ya sabes, cría mariquitas.
Cuando los pulgones detectan la presencia de algún peligro, y para ellos las mariquitas son la peor amenaza, producen sus propias feromonas de alarma. Como forman colonias grandes y clonales, estas feromonas avisan a sus parientes de una muerte inminente. Al captar esas señales de alarma, cualquier pulgón que se precie pondrá tierra por medio alejándose de las plantas en la que sus colegas están siendo atacados. Los áfidos tampoco son los únicos que detectan estos olores. Sus depredadores y parásitos también utilizan esos compuestos para localizar las colonias de sus víctimas potenciales.
La presión selectiva ejercida por los áfidos en las plantas es tan fuerte que parece que al menos una especie de Tanacetum, T. cinereaiifolium, ha desarrollado un mecanismo para producir estas feromonas. Tanacetum es un miembro de la familia Asteraceae bastante común en el sur de Eurasia. Como todas las plantas con flores, estas son sus órganos más preciados. Son la clave para llevar sus genes a la siguiente generación y, por lo tanto, protegerlos del daño de los herbívoros es de suma importancia.
Se ha descubierto que los piretros producen una feromona de alarma del áfido llamada (E)-β-farneseno o EβF, para abreviar. La feromona no se produce en todos los tejidos de la planta, sino que se concentra cerca de la inflorescencia. Además, la producción de feromonas no es constante durante la floración. Los investigadores descubrieron que su producción alcanza su punto máximo justo antes de que se abra la inflorescencia.
La producción de EβF en la planta parece cumplir una doble función. Primera, la reducción de la infestación de áfidos durante las primeras etapas de la floración. Cuando comienza el ataque inicial del áfido, estos insectos consumen algo de EβF a medida que se alimentan y lo liberan excretándolo en sus exudaciones azucaradas. Otros pulgones que detectan la EβF en la excreción evitarán posarse, probablemente debido a la percepción de que los áfidos que se alimentan allí ya están pasándolas canutas.
Pulgón alado del  melocotonero, Myzus pérsica. Foto.
Eso no significa que no se encuentren depredadores. De hecho, el otro beneficio de producir EβF en la inflorescencia es que parece atraer a las mariquitas. Las mariquitas son capaces de detectar EβF en el aire y acudirán de todas partes con la esperanza de propinarse un sabroso festín a costa del pulgón. Los investigadores encontraron que las mariquitas se presentaban con mayor frecuencia durante las primeras etapas del desarrollo floral, lo que sugiere que la producción de EβF en los tejidos florales es el principal atrayente.
Una mariquita se dispone a devorar pulgones. Foto.
Curiosamente, se ha encontrado que la producción constante de EβF es menos eficaz para disuadir a los áfidos que su producción intermitente. Se piensa que, al igual que los humanos pueden acostumbrarse a ciertos niveles de olor de fondo, también lo pueden hacer los pulgones. Si los áfidos están expuestos a altos niveles de EβF durante largos períodos de tiempo, lo reconocerán como el nivel de fondo seguro y continuarán alimentándose. Eso puede explicar por qué las plantas de piretro solo producen EβF durante un corto período de tiempo durante las etapas más cruciales del desarrollo floral. 
Investigaciones como esta no solo mejoran nuestra comprensión de las innumerables formas en que las plantas se defienden, sino que también nos ofrecen nuevas vías para investigar formas más naturales de defender a las plantas de las que dependemos de las plagas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.