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domingo, 10 de febrero de 2019

Fracking y gas natural en Estados Unidos: los inversores espabilan

Durante años, el ruinoso negocio de la fractura hidráulica se ha estado financiando gracias a las inversiones (léase préstamos) (1, 2, 3, 4, 5). Ahora el tiempo se acaba y los operadores se enfrentan a la dura realidad: devolverles su dinero a los inversores.
Dopadas a través de deudas colosales, año tras año las empresas dedicadas al fracking han estado presentando resultados espectaculares de producción de gas y petróleo, al tiempo que prometían a los inversores grandes beneficios futuros. Pero después de más de una década inmersos en el "milagro del fracking", los inversores están dando señales de que están seriamente preocupados de que los beneficios no lleguen nunca y, como resultado, el grifo del crédito se está cerrando.
Aparentemente, el crecimiento en la producción ya no es la solución para la industria del gas natural de Estados Unidos, que hasta ahora se presentaba como más fiable que la del petróleo. En una entrevista en The Wall Street Journal, Matthew Portillo, director de operaciones del banco de inversión Tudor, Pickering, Holt & Co., lo ha dejado meridianamente claro: «El crecimiento es una enfermedad que lo ha tapado todo […] Y debe ser curada antes de que el sector [del gas natural] pueda atraer el interés de los inversores a largo plazo».
Los indicios de que los inversores de gas ya no están contentos con el crecimiento a cualquier coste abundan. Para empezar, varios de los principales productores de gas natural han anunciado recortes de gastos en 2019. Después de anunciar despidos en enero,  EQT , el mayor productor de gas natural de Estados Unidos, ha anunciado que reducirá el gasto en un 20% en 2019.
Como ya he escrito en alguna ocasión, las tasas de interés históricamente bajas después de la crisis de las hipotecas basura de 2008 fueron un elemento clave para que las compañías de fracking gastaran y perdieran dinero hasta convertir a la industria de las lutitas en el negocio de Abundio. La banca de Wall Street ha estado financiando una década de producción de petróleo y gas a través del fracking incentivando la producción por encima de las ganancias. Esos incentivos han funcionado en dos direcciones: récords de producción y récords de pérdidas.
Sin embargo, de la misma forma que conceder préstamos hipotecarios a personas de dudosa solvencia no era un modelo sostenible de negocio, prestar dinero a empresas que se lo gastan sin obtener ganancias no es sostenible. Los inversores de Wall Street están ahora preocupados por la devolución de los capitales invertidos, y, en consecuencia, las tasas de interés que les comienzan a aplicar a las compañías de fracking están llegando al punto de que pedir prestado más dinero se está convirtiendo en un riesgo financiero insostenible para los operadores. Y como no ganan más dinero del que gastan, necesitan recortar gastos.
CNN Business informó recientemente que las compañías de petróleo y gas dejaron de pedir dinero prestado en octubre de 2018, pero no por moderación, sino porque «los inversores, temerosos de los impagos, exigieron una prima considerable para prestar a esas empresas energéticas». Tal y como informó The Wall Street Journal, como muchas compañías de fracking no cumplan con sus previsiones de producción,  los inversores tienen buenas razones para estar asustados.
Los días de préstamos ilimitados a bajo interés para una industria que viene registrando pérdidas año tras año durante una década podrían estar llegando a su fin. Como explicó Spencer Cutter, el analista financiero de Bloomberg a CNN : «Los inversores despertaron y se dieron cuenta de que el negocio se había basado en deuda».
Un ejemplo paradigmático de lo que está sucediendo son los desesperados apuros que está sufriendo Chesapeake Energy el productor líder de gas en Estados Unidos y el operador que normalmente se exhibía como el modelo a seguir para la explotación mediante fracking. La de Chesapeake fue una gran historia de éxito financiero inicial (basada en el precio de sus acciones, no en las ganancias reales), y en 2008, su entonces CEO Aubrey McClendon, conocido como el "KIng Shale", fue el CEO mejor pagado en la lista de Fortune 500.  
Desde esos tiempos de vino y rosas, Chesapeake ha pasado por tiempos muy difíciles. El precio de las acciones está en mínimos históricos, en los que se ha mantenido durante años. Chesapeake se ha mantenido a flote obteniendo préstamos en efectivo y actualmente tiene una deuda de alrededor de 10.000 millones de dólares. Incapaz de ganar dinero fracturando gas, Chesapeake ha adoptado una nueva estrategia: fracking para petróleo.
The Wall Street Journal informó recientemente este cambio en la estrategia de Chesapeake, al que se refirió como "inoportuno" y que solamente serviría para "agotar su finanzas ya desgastadas". Pese a todo, Chesapeake va a echar el resto en esta nueva estrategia. Según el mismo periódico, el presidente ejecutivo de Chesapeake , Doug Lawler, anunció que la compañía «planea dedicar al menos el 80% de los gastos de capital de 2019 a la producción de petróleo porque considera que el crudo es la clave para un futuro más rentable».
Uno de los principales productores de gas en América y un "pionero del fracking" está abandonando el gas como un camino hacia un futuro económicamente rentable. El hecho de que Chesapeake crea ahora que el fracking para el petróleo es un camino hacia un futuro rentable a pesar de todas las pruebas en contra, impregna su estrategia del tufo de la desesperación.
Mientras que en Estados Unidos los políticos de los dos grandes partidos han aplaudido hasta hartarse a la industria del petróleo y el gas, los inversores parecen estar perdiendo el entusiasmo. La llamada revolución de las lutitas, el milagro del fracking, puede haber dado lugar a una producción récord de petróleo y gas, pero el verdadero milagro, que las compañías de lutitas hagan dinero con ello, aún no ha ocurrido.
La industria del gas natural de Estados Unidos se enfrenta a una crisis con un mercado de suministro excesivo y productores que están perdiendo dinero a espuertas. Para salvar sus cuentas, esos productores necesitan desesperadamente precios más altos del gas natural. Pero los precios más altos del gas hacen que las energías renovables se vuelvan aún más atractivas para los inversores, lo que puede llevar a que el gas siga los pasos del carbón, muriendo a manos del libre mercado.
Puede que transcurra algún tiempo, pero o los inversores se espabilan o se quedan sin dinero. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

martes, 5 de febrero de 2019

“La favorita”: Trío de damas en la corte de la Reina Ana



La genética impuso sus reglas en los inicios del siglo XVIII. La decrepitud y la falta de descendencia de dos monarcas desgraciados –Carlos II de España y Ana de Inglaterra- puso punto y final a dos de las grandes casas reinantes en Europa, los Austrias y los Estuardo. Ambas fueron la mejor prueba de que las grandes dinastías están inexorablemente destinadas a la extinción cuando la endogamia trata de corregir los designios de la historia y de enfrentarse vanamente a los imperativos de la naturaleza.
La muerte del último Austria dio comienzo al período más turbulento del reinado de Ana de Inglaterra (1665-1714), la Guerra de Sucesión Española (1701-1713). La muerte de Ana puso punto y final a una dinastía escocesa, los Estuardo, reyes de Escocia desde 1371 hasta 1603 y desde entonces del Reino Unido hasta 1714. Ana, que asumió la triple corona en 1702, se convirtió en la primera soberana de Gran Bretaña y en la última Estuardo.
La reina a la que le cupo enviar a la dinastía Estuardo al desván de la historia fue una mujer desdichada, amargada e infeliz. Su infancia estuvo marcada por las luchas religiosas entre protestantes y católicos que acabaron por derrocar y exiliar a su padre. En su madurez de mujer casada con el príncipe Jorge de Dinamarca, gozó de una gran felicidad doméstica, porque el príncipe y la princesa eran de caracteres similares y preferían el retiro y la tranquilidad a la vida mundana en la corte. Pero la desgracia se cebó con el matrimonio: de él nacieron dieciocho hijos, de los cuales sólo uno sobrevivió más allá de los dos años. Coronada reina, su reinado absolutista fue desde el principio una lucha política constante entre tories y whigs, que se complicó extraordinariamente por el cruento enfrentamiento con los Borbones durante la Guerra de Sucesión Española.
Ana Estuardo en 1687, cuando era princesa de Dinamarca. Óleo de Willem Wissing. Dominio público.
Ana era hija de Jacobo II, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde principios de 1685 hasta que perdió la corona en 1688. Fue el último monarca católico en reinar sobre lo que sería el Reino Unido. Sus políticas religiosas acabarían con su derrocamiento mediante la Revolución Gloriosa. No fue sustituido por su hijo también católico, Jacobo Francisco, sino por su hija mayor María I y su yerno Guillermo III, ambos protestantes, que fueron proclamados reyes conjuntos al modo del «tanto monta, monta tanto» de los Reyes Católicos.
Los reyes Guillermo y María no tuvieron hijos; cuando Guillermo III murió en marzo de 1702, su cuñada Ana, la única que quedaba en la línea de sucesión, fue coronada el 23 de abril en la abadía de Westminster. En ese momento había estallado la Guerra de Sucesión Española, en la que se dirimía el derecho de Felipe, nieto del rey Luis XIV de Francia, a subir al trono español.
Cuando fue coronada tenía 37 años y estaba agotada por los partos (el primero cuando tenía 19 años, el último cuando cumplió los 35), mentalmente debilitada por la muerte de todos sus hijos y cruelmente castigada por la gota, por la erisipela que quemaba sus piernas, probablemente por una enfermedad autoinmune y por algún tipo de artritis. Aquejada por un ictus cerebrovascular, Ana murió en el palacio de Kensington el 1 de agosto de 1714. Su cuerpo estaba tan hinchado que cuando fue enterrada en Westminster se tuvo que utilizar un féretro dos veces más ancho de lo normal
Hasta aquí lo que sabemos fidedignamente gracias la biografía escrita por la historiadora Anne Somerset (Queen Anne: The Politics of Passion. Harpers 2012). Tradicionalmente representada como una gobernante débil dominada por sus favoritas y obsesionada por el remordimiento por haber depuesto a su padre, la Reina Ana emerge de esa biografía como una mujer cuyo compromiso inquebrantable con el deber le permitió superar la tragedia privada y sus dolorosas discapacidades, dirigiendo a su reino por el camino de la grandeza.
Sarah Jennings, duquesa de Marlborough hacia 1700. Óleo de Charles Jervás. Dominio público.
Su reinado estuvo marcado por muchos triunfos, incluida la unión con Escocia y las gloriosas victorias en la guerra contra Francia. Sin embargo, mientras su gran general, el duque de Marlborough, realizaba proezas de genio militar dirigiendo las tropas inglesas en la Guerra de Sucesión, la relación de Ana con su esposa, Sarah Jennings, una mujer ingeniosa, mordaz, astutamente manipuladora y muy bella, se estaba volviendo cada vez más rencorosa. Las diferencias políticas explican en parte por qué la anterior adoración de la reina por Sarah se transformó en odio, pero la ruptura final fue provocada por la sorprendente afirmación de Sarah de que fue el enamoramiento lésbico de la reina con otra dama de honor, Abigail Hill, lo que destruyó su vieja amistad. En enero de 1711, la reina había nombrado a Abigail, una antigua camarera, para que se encargara del Monedero Privado, depositando en ella la confianza y la intimidad que antes había puesto en la duquesa de Marlborough.
Algunas investigaciones han sugerido que el carácter dominante de Sarah desembocó en algún tipo de romance entre ambas. A día de hoy todavía se conservan cartas que han sido definidas como "de profundo amor" entre la reina y su mano derecha. Pero el supuesto idilio se terminó cuando Ana se dio cuenta de que Sarah, a pesar de los sentimientos que tenía hacia ella, la estaba manipulando y la apartó de su corte. Para Somerset, las cartas que Ana escribió a Sara de joven son «apasionados desahogos de devoción», que inmediatamente te hacen pensar que tenían un romance. Pero también hay que tener en cuenta que las mujeres de aquella época mantenían amistades apasionadas sin matices eróticos. Somerset no duda de que su matrimonio con el príncipe Jorge era feliz y amoroso. Sin embargo, cuando la reina comenzó a apartarla de su lado, Sarah comenzó a difundir rumores de que Ana tenía una relación con la mujer que la expulsó como favor real, Abigail Hill.
Ese es el turbulento contexto histórico que sirve de trampantojo a los sucesos domésticos que sustentan La Favorita, la película de Yorgos Lanthimos, su nueva fábula amoral sobre la corrupción del poder y el precio del deseo articulada alrededor de un trío de damas, la reina y dos mujeres cortesanas, y de una corte con todas las degeneraciones del absolutismo barroco. La corte de Ana aparece poblada por criaturas vanas con pelucas rizadas hasta el cielo y caras elaboradamente pintadas. Sus pasatiempos incluyen chismes sexuales viciosos, carreras de pato en interiores y arrojar fruta podrida a personas desnudas.
Hampton House, junto al río Támesis. Foto.
Lo mejor, y también lo más preocupante, de La Favorita es su valoración rigurosamente sombría de las motivaciones y comportamientos humanos. Hampton Court House y Hartfield House, los palacios en los que se rodó la película, son como sendas placas Petri infestadas de patógenos cortesanos como el egoísmo, la crueldad y la codicia. La lucha doméstica entre Sarah y Abigail constituye la morbosa trama fundamental de la película, trufada también con la lucha política bipartidista entre el partido Tory, dirigido entonces por el primer barón Godolphin, entre cuyos miembros solía escoger Ana a su primer ministro, y los whigs, que se convirtieron en un partido mucho más influyente después de que el duque de Marlborough obtuviera una gran victoria en la batalla de Blenheim en 1704.
La trastienda de ese puñado de arcanos históricos es la base de La Favorita, una tragicomedia salvajemente cínica y entretenida, que debe mucho, en lo que a fotografía y traveling se refiere, al Barry Lindon del maestro Stanley Kubrick, y en lo literario a la biografía novelada de Sara Jennings escrita por Ophelia Field (The Favourite: Sarah, Duchess of Marlborough. Sceptre, 2003), sin olvidar, cómo no, a la monumental hagiografía del duque escrita por su descendiente, Winston Churchill (Marlborough: His Life and Times. RosettaBooks, 1933). ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 2 de febrero de 2019

Chiberia


El invierno de 2019 en Norteamérica ya está entrando en la historia climática del planeta.
Estos días, los termómetros de Estados Unidos y Canadá están marcando temperaturas de hasta -37 ºC en algunas ciudades, el mayor frío registrado en una generación y la segunda temperatura más fría desde que hay registros. En Chicago, los termómetros cayeron a -30 °C el miércoles 30 de enero, con una sensación térmica de -45 ºC. Sus habitantes han acuñado el término “Chiberia” para denominar a la ciudad más populosa del Midwest. El responsable, el llamado vórtice polar. Veamos qué es.
Como consecuencia del irregular calentamiento y enfriamiento de la atmósfera, la presión barométrica horizontal a nivel del mar no es la misma en todo el planeta. La presión no es uniforme ni en la vertical ni en la horizontal. La irregularidad vertical es particularmente importante para explicar los cambios climáticos altitudinales, pero en lo que a la distribución de los climas mundiales se refiere tienen mayor importancia las diferencias horizontales que se reflejan mediante isobaras en los mapas de presión superficial. Cuando se comprueban los datos de multitud de estaciones se observan presiones superiores a la presión a nivel del mar (PNM) que se denominan altas. Las presiones por debajo de la PNM se denominan bajas.
Los cambios en la presión barométrica son los que hacen que el aire se ponga en movimiento y origine los vientos, cuya dirección es siempre la misma: desde los centros de altas presiones o anticiclónicos a los de bajas presiones o depresiones, algunas veces imprecisamente conocidos como ciclónicos (Figura 1).

Figura 1. Esquema de presión y viento en superficie sin océanos ni continentes. En la zona ecuatorial hay una zona continua de bajas presiones conocida como vaguada ecuatorial o zona de convergencia intertropical (ZCIT). Inmediatamente por encima de esta vaguada, entre los 25 y los 35ºN y S, se encuentran sendos cinturones subtropicales de alta presión. Por encima de ellos, entre los y 45 y los 60º, se encuentran las cinturas de bajas presiones conocidas como zonas de bajas polares de bajas presiones. Los casquetes polares son zonas permanentes de altas presiones conocidas como zonas de máximas polares o vórtices, mucho más desarrolladas en el sur como consecuencia de las mayores acumulaciones de hielo en la Antártida. Elaboración de Luis Monje. 
Como se deduce de la Figura 1, los fenómenos climáticos conocidos como vórtices polares están presentes todo el tiempo en los dos polos de la Tierra. No son nada nuevo y de hecho se conocen desde 1853, cuando el término apareció por primera vez en la revista estadounidense Living Age (1) para referirse a las zonas de baja presión y aire frío que se sitúan en la troposfera  y la estratosfera, las cuales, debido al efecto Coriolis,  rotan a diferentes velocidades en sentido contrario a las agujas del reloj en ambos polos. Gracias a ellas, el aire frío y denso se mantiene sobre los polos girando como un tiovivo.
En definitiva, un vórtice polar es simplemente un sistema semipermanente y masivo de baja presión que se cierne sobre los polos . Como puede verse en la Figura 2, durante el invierno el vórtice polar septentrional se vuelve menos estable y se expande, enviando aire frío del Ártico hacia el sur sobre los Estados Unidos mediante la denominada corriente en chorro (Figuras 2: derecha).
Hay múltiples factores climáticos que provocan que ese aire frío "encerrado" por el vórtice polar se libere repentinamente y descienda hasta las capas inferiores de la atmósfera, provocando los estragos que padecen ahora los norteamericanos. Como está ocurriendo estos días, una de esos factores es la intrusión de masas de aire más cálidas (warm air en la Figura 2) que pueden inestabilizar el vórtice y enviar aire ártico hacia el sur.
Figura 2. Diferencias entre la situación estable (izquierda) e inestable (derecha) del vórtice polar (vortex). El vórtice polar es una gran área de baja presión y aire frío que rodea ambos polos. En los vórtices, el flujo de aire en sentido contrario a las agujas del reloj ayuda a mantener el aire más frío cerca de los polos (globo izquierdo). Durante el invierno en el hemisferio norte y como consecuencia de la denominada “Oscilación Ártica”, el vórtice polar se vuelve menos estable y se expande, enviando aire frío del Ártico (cold air en la Figura 2) hacia el sur sobre los Estados Unidos mediante la denominada “corriente en chorro” (derecha). Fuente NOAA (modificada).
Pero si los vórtices polares están presentes todo el tiempo en los dos polos de la Tierra, ¿qué pasa en 2019 para que produzcan efectos extremos en Estados Unidos? Los meteorólogos atribuyen el vórtice polar de 2019 a un calentamiento repentino del Polo Norte causado por una ráfaga de aire caliente originada en Marruecos en diciembre. Esa gigantesca masa de aire tórrido dividió el vórtice polar y lo desvió hacia el sur, según Judah Cohen, experto en tormentas de invierno de la organización Atmospheric and Environmental Research (AER). Esa opinión es coherente con algunos artículos que han escrito algunas evidencias entre las variaciones en la corriente de chorro polar y las grandes tendencias de calentamiento terrestre.
Hay también que preguntarse por qué las temperaturas más bajas se están produciendo en las llanuras del Midwest y no en las cumbres de las montañas, como cabría esperar. Fíjese en el mapa de la Figura 3 y piense en Estados Unidos como en una enorme bañera, con una gran superficie cóncava y más o menos plana en el centro (el Midwest y las Grandes Llanuras), y dos márgenes montañosos a oeste (las Rocosas) y al este (el sistema de los Apalaches y sus cordilleras asociadas).
Figura 3. Esquema fisiográfico de los Estados Unidos. Fuente (modificada).
Si alguna vez ha estado a pie quieto en la orilla del mar, habrá notado los pies más fríos que el resto del cuerpo. Eso sucede porque el agua fría es más densa y se va al fondo. Piense ahora que el aire es, como el agua, un fluido.  El aire cálido es menos denso y por lo tanto sube. El aire frío es comparativamente más denso y por lo tanto tiende a desplomarse. Conforme desciende su temperatura aumenta por compresión y se vuelve incluso más denso. Ese aire más denso y más frío es el que se extiende estos días por las planicies norteamericanas, produciendo la paradoja de que se está más calentito en las cumbres de la Rocosas que las tierras bajas del centro continental.
De modo que lo que está pasando a escala continental es, básicamente, el fenómeno climatológico conocido a escala regional como inversión térmica, que, como bien saben senderistas y montañeros, se presenta en las cuencas cercanas a las laderas de las montañas en noches frías debido a que la pérdida del calor de la superficie terrestre por la radiación nocturna es tan intensa que el suelo no tarda en enfriarse más que el aire contiguo a él. Eso hace que las capas inferiores de aire cedan su calor al suelo por medio de la conducción, ocasionando que las primeras se enfríen más que las capas superiores, las cuales, además, se han calentado otra vez con la nueva radiación. Así, el aire que se encuentra justo sobre el suelo está más frío que el aire a niveles ligeramente superiores, lo cual constituye una inversión del gradiente vertical de la temperatura.
En definitiva, en cuestiones de clima, nada nuevo bajo el sol. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

lunes, 28 de enero de 2019

Margaritas de fuego y peces eléctricos

Acmella oleracea

Mientras me siento a escribir este artículo en el Palacio de Congresos de la capital de España está comenzando Madrid Fusión 2019, una de las citas más relevantes del mercado gastronómico español e internacional. En la conferencia inaugural, el chef catalán Ferran Adriá ha anunciado la vuelta de su innovador restaurante El Bulli.
La noticia ha reavivado mi olvidado interés por una receta que hace años se situó entre las preferidas por los afortunados clientes del restaurante de Cala Montjoi. En 2004, en El Bulli causó furor un aperitivo llamado Electric Milk: una oblea de encaje hecha de leche deshidratada cubierta con pedacitos de la inflorescencia del paracress o margarita eléctrica (Acmella oleracea). Aunque, además de la factura, el menú de El Bulli de ese año también incluía otras creaciones etéreas como el aire de parmesano congelado con muesli y las hojas de diente de león en aerosol de canela y azafrán, la leche eléctrica destacó por su extraordinario efecto en el paladar. Quienes tuvieron la fortuna de catarlo cuentan que probar los fragmentos florales producía en la boca un efecto electrizante, el mismo que se siente al lamer una pila voltaica.
Sin necesidad de gastarme un dineral, yo conocía esa sensación desde que una vez, en un bosque colombiano, un amigo me invitó a masticar un amasijo de flores amarillas del tamaño de una gominola. Lo que sentí al principio fue un estallido en mi lengua de un sabor fresco y herbáceo, parecido a una pizca de cilantro o de diente de león, seguido de una sensación ácida, agria, cítrica. Y luego, ¡cataplúm!, unas oleadas gaseosas como el champán inundaron mi paladar, la superficie de mi lengua brilló como si acabara de masticar un puñado de redoxones o de Peta Zetas, mis glándulas salivales se activaron a todo meter y algunas partes de mi boca se entumecieron. Nada agradable: tal y como si hubiera lamido el perno de una batería.
Pero algo después, superado el calentón, las flores resultaron ser unas fenomenales limpiadoras del paladar. Después de comerlas, a medida que la sensación de normalidad regresaba y la emisión de saliva volvía a su ser, mi boca se sentía como si la hubieran limpiado a fondo y mi lengua se había vuelto muy sensible y estaba muy afinada para los sabores, como si hubiera sido engañada.
El pez eléctrico Electrophorus electricus. Foto
Inmediatamente me acordé de los peces eléctricos. Los peces eléctricos han maravillado a los humanos desde que se tiene conocimiento de ellos. Los antiguos egipcios utilizaban ejemplares de una especie de raya a modo de electroterapia primitiva para el tratamiento de la epilepsia. Mucho de lo que Benjamin Franklin y otros científicos pioneros aprendieron acerca de la electricidad provino del estudio de estos animales de capacidades extraordinarias. En la época victoriana, se organizaban fiestas donde una de las diversiones era experimentar la sacudida de un pez eléctrico. Pero, ¿cómo puede un animal convertirse en una batería viviente?
No es sencillo. Hace algún tiempo, en el verano de 2014, un equipo de investigadores estadounidenses publicaron en la revista Science un artículo en el que identificaban las moléculas reguladoras por las que los peces eléctricos podían convertir un sencillo músculo en un órgano capaz de generar un potente campo eléctrico. Según explicaban, esta rara característica anatómica que solo se encuentra en los peces se desarrolló de forma independiente una media docena de veces en ambientes que van desde los bosques inundados de la Amazonía hasta los turbios ambientes marinos.
El fundamento fisiológico de esta biolectricidad reside en que todas las células musculares tienen potencial eléctrico. La simple contracción de un músculo produce una pequeña cantidad de tensión. Pero hace por lo menos 100 millones de años, algunos peces comenzaron a ampliar ese potencial evolutivo de las células musculares hacia otro tipo de células llamadas electrocitos, más grandes, organizadas en secuencias y capaces de generar voltajes mucho más altos que los que se utilizan para hacer que los músculos trabajen. El órgano eléctrico es utilizado por los peces en ambientes oscuros para comunicarse con sus compañeros, orientarse, aturdir a sus presas y como una terrible defensa.
Inflorescencia de Acmella oleracea
Dado que las flores carecen de músculos y nada tienen que ver con los peces, la pregunta es qué causa la sensación de descarga eléctrica que produce masticar las flores del paracrés. Su finalidad parece clara: disuadir a los herbívoros. Que la flor sea empleada en medicina popular amazónica como aliviadora del dolor de muelas ofrece una interesante pista. Toda la planta está saturada con espilanthol, un alcaloide analgésico que adormece la boca y estimula el flujo de saliva (de ahí su uso como aperitivo en las cocinas de El Bulli), pero es en la sumidad florida donde se presenta en mayor concentración y, por tanto, masticarla produce el mayor golpe sensorial. Masticar un botón floral entero adormece lengua y encías, y el sabor de unos pocos capullos someterá las fauces de un inexperto herbívoro al escalofrío peculiarmente eléctrico y desagradable del espilanthol. Nunca volverá a triscar en esa hierba.
Al margen de la excentricidad culinaria de Ferran Adriá y colegas, la margarita eléctrica se consume como aderezo de ensaladas, salteados y salsas en los países tropicales de América del Sur. En La Guajira colombiana, donde la probé como condimento de un delicioso plato de pez león, le llaman muy apropiadamente quemadera. En Yucatán, los mayas denominan a esta hierba picante, la “xux” (avispa). Pero el paracrés tiene su mayor expresión culinaria en la región de Para del norte de Brasil. Conocido localmente como “jambu”, se mezcla con jugo de mandioca, chiles picantes y ajo para dar sabor a una sopa picante llamada “tacaca” y se usa para batir la carne. Y, partida en trocitos, la flor se usa como sustituto para adormecer y provocar un hormigueo en el paladar semejante a especias como la pimienta de Sichuan (Zanthoxylum piperitum), especialmente en platos donde no se desea la textura arenosa de los granos de pimienta.
Hasta aquí todo lo que sé sobre la margarita de fuego. ¡Que aproveche! © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Arañas predadoras y plantas carnívoras: unas parejas de aúpa

Una araña merodea en la boca de una jarra trampa de Nepenthes madagascariensis. Foto.

En la naturaleza, uno espera que dos depredadores compitan entre sí por la comida, pero una vez más la investigación ha demostrado que una araña cazadora y una planta carnívora que le sirve de residencia han hecho un pacto de mutualismo. Ecólogos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Singapur (NUS) han realizado investigaciones sobre una especie de araña poco estudiada y de cómo utiliza el mecanismo de captura de una planta para capturar presas, mientras que también proporciona nutrientes a la planta.
Como bien saben quienes se toman la molestia de leer mis artículos, las plantas carnívoras son uno de los temas sobre biodiversidad que más llaman mi atención. Entre las plantas carnívoras destacan las especies del género Nepenthes, cuyas maravillosas relaciones con los murciélagos fueron objeto de un artículo que se cuenta entre los más visitados en mi blog (¡gracias lectores!).
La mayoría de las plantas jarra del género Nepenthes parecen bastante aficionadas a la captura de presas. Estas plantas viven en suelos pobres en nutrientes y su hábito carnívoro evolucionó como un medio para complementar sus necesidades nutricionales, especialmente de nitrógeno, que obtienen gracias a las proteínas de origen animal.
Nepenthes ventricosa x alata. Foto.
Normalmente, las Nepenthes tienen un sistema radicular superficial y un tallo trepador o postrado de varios metros de longitud (15 o más) con un grosor que varía entre unos milímetros hasta 1 cm. De este tallo surgen hojas alternas, en forma de espada de color verde de unos 30 cm de longitud y con márgenes enteros . Una extensión en la punta de la hoja forma el zarcillo, que ayuda a que la planta trepe, y en cuyo extremo, coronada por una tapa, se forma la trampa jarra que contiene un fluido acuoso almibarado producido por la propia planta donde los insectos, atraídos por el olor que producen las glándulas de néctar de la boca y la tapa del odre, caen y son digeridos.
A pesar de la naturaleza altamente evolucionada de sus sofisticadas trampas, las Nepenthes no son máquinas de matar perfectas. En la literatura científica y en los manuales de jardinería de los aficionados a estas plantas, pueden encontrarse innumerables descripciones de artrópodos colgando alrededor de temibles trampas. Algunos de ellos se convierten inevitablemente en presas, pero hay otros que reciben ayuda de sus socias carnívoras que parecen trabajar para ellas pagando un peaje a las plantas que les ofrecen residencia.
Al contrario que otras muchas carnívoras como las atrapamoscas de la familia Droseraceae, las Nepenthes son pasivas, es decir no realizan movimiento alguno para atrapar a sus presas, sino que los atraen con colores brillantes y recompensas para golosos como el dulce néctar. Las arañas no liban néctar, así que desde hace tiempo los botánicos especializados en las plantas jarra se preguntaban a qué se debe la abundancia de algunas especies de arácnidos predadores en los márgenes de las trampas foliares de las Nepenthes.
Una hembra de la araña cangrejo europea Misumena vatia, emboscada en la inflorescencia de una margarita. Foto.
Entre los especialistas más notables de Nepenthes se encuentran algunas arañas de la familia de las tomísidas (Thomisidae) conocidas popularmente como arañas cangrejo, debido al largo tamaño de su par de patas delanteras y a su capacidad para desplazarse lateralmente. Poseen un veneno poderoso contra insectos, lo que les hace unas cazadoras muy eficaces. Abundantísimas en los trópicos, en Europa la especie más frecuente es Misumena vatia.
Las tomísidas se asientan en la boca de la jarra y esperan pacientemente emboscadas a que cualquier insecto goloso acuda a visitar a la planta. Muchas veces, tanto el depredador como su presa caen en la jarra, pero, gracias a su hilo de seda, las arañas escapan fácilmente con su presa bien sujeta. Aunque este comportamiento podría parecer una mala noticia para la planta jarra, a la que se le escaparían cazador y pieza, investigaciones recientes de biólogos de la UNS han demostrado que esta relación no es totalmente unilateral.
Al estudiar las interacciones entre las arañas y las plantas de jarra, tanto en el laboratorio como en el campo, los biólogos descubrieron que al menos una especie de planta jarra (N. gracilis) parece beneficiarse enormemente de la presencia de arañas cangrejo. La clave para entender esta relación radica en los tipos de presa que N .gracilis es capaz de capturar con la ayuda o sin la ayuda de las arañas cangrejo.
Lo que comprobaron las minuciosas observaciones de los biólogos singapurenses es que la presencia de una araña cangrejo en la vecindad de las jarras no solo aumentaba la cantidad de presas caídas en las trampas de N. gracilis, sino que también cambiaba los tipos de insectos capturados. Las arañas cangrejo son depredadores que atacan con frecuencia a presas mucho más grandes que ellas, tan grandes que en muchos casos las arañas no pueden digerirlas por completo. Cuando se han zampado las partes más jugosas, las arañas desechan el cadáver en la jarra donde la planta puede hacer un trabajo rápido para digerirlo en su propio beneficio.
Thomisus nepenthiphilus, una especie de araña cangrejo, vive exclusivamente sobre Nepenthes gracilisFoto.
Con el tiempo, las observaciones demostraron el simple hecho de que tener arañas cazadoras en la boca de la trampa trajo consigo un notable aumento en el número de insectos en cada jarra en comparación con las jarras desprovistas de arañas, de resultas de lo cual la planta ganaba nutrientes. Además, los tipos de presas capturadas por jarras con y sin arañas cangrejo cambiaron. Las arañas fueron capaces de capturar insectos como las moscas de la carne, que normalmente no son capturadas por las Nepenthes. Así las cosas, las arañas cangrejo “residentes” ponen a disposición de las plantas un conjunto más grande de presas de las que estarían disponibles si no las estuvieran utilizando como cotos de caza.
Las arañas cangrejo también pueden beneficiar a la jarra de otras maneras. Algunas investigaciones realizadas en el Instituto de Zoología de la Universidad de Viena sobre las arañas cangrejo han demostrado que sus cuerpos están cubiertos de pigmentos que caen en el espectro ultravioleta (UV). Como es sabido, los insectos pueden ver la luz UV y, con frecuencia, la utilizan como medio para encontrar flores en las que libar, ya que las plantas a menudo producen pigmentos específicos para la radiación UV en sus tejidos florales. La amplia gama de patrones UV en las flores sirve para guiar a sus polinizadores hacia ellas. Los investigadores han documentado que es más probable que los insectos visiten las flores con arañas cangrejo que las que no lo hacen, lo que ha llevado a la idea de que los pigmentos UV en las arañas cangrejo actúan como atrayentes de insectos. Según parece, los insectos visitantes no pueden resistir el estímulo UV y son víctimas propicias para la araña cangrejo residente.
¿Podría ser que al establecerse en una jarra de Nepenthes, las arañas cangrejo aumentan la probabilidad de que los insectos visiten las trampas? Eso está por verse, ya que tal cuestión no estaba entre los objetivos de la investigación de los biólogos de la Universidad de Singapur. Pero todo se andará.  Se necesitan más trabajos para comprobarlo con seguridad, pero cuanto más se analicen esas interacciones, ¡más espectaculares serán! ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 27 de enero de 2019

Postcarcities: Oslo avanza en la dirección adecuada


Los que protestan por la limitación del vehículo privado en las ciudades deberían darse una vuelta por Oslo. La eliminación del tráfico automovilístico en la capital noruega ha sido todo un éxito. Los aparcamientos son ahora carriles para bicicletas, el tráfico es rápido y fácil, y las calles y los comercios están llenos de gente.
Si llega en coche a Oslo, mejor déjelo en las afueras: no podrá aparcar en la calle. A principios de este año, la ciudad acaba de culminar su plan de eliminación de aparcamientos en superficie sustituyendo 700 estacionamientos por carriles para bicicletas, franjas ajardinadas, pequeños parques y bancos para peatones. Es un paso más hacia el planteamiento final de un centro urbano sin automóviles.
Sin esos lugares de aparcamiento y con los coches prohibidos por completo en muchas calles, son pocos los automovilistas que se atreven a entrar en la trama urbana central. Aunque pueda ver alguno, la impresión que uno se lleva es la de una ciudad libre de coches, en la que poco a poco gana terreno Urban Sharing, la empresa que maneja Oslo City Bike, el sistema local de bicicletas compartidas. Los cambios de la ciudad están diseñados, en parte, para ayudar a mejorar la calidad del aire y combatir el cambio climático, pero la diferencia en la calidad de vida es más inmediata. La ciudad se siente diferente antes de que uno pueda notar que el aire es más limpio. Como visitante, uno siente que se está recuperando espacio para peatones y que ese espacio puede utilizarse para para otros fines que no sean los acostumbrados en las ciudades: aparcar coches.
Oslo comenzó por peatonalizar algunas calles en el centro de la ciudad en la década de 1970 y apostó fuertemente por el transporte público en la década de 1980. En 2015, cuando una coalición política progresista llegó al poder en el ayuntamiento, comenzaron a planificar una transformación más significativa. Al principio, pidieron una prohibición total de los automóviles porque la mayoría de los residentes en el centro de la ciudad no conducían. Pero cuando los comerciantes, preocupados por perder clientes y tener problemas con la carga y descarga, se opusieron, el gobierno municipal, sin perder de vista el objetivo final, cambió el enfoque hacia la eliminación los estacionamientos, un avance un poco más gradual. Hoy los conductores pertinaces todavía pueden encontrar aparcamientos disuasorios en la periferia del centro. Pero eso también va a cambiar.
Fuera del centro de la ciudad, el ayuntamiento está planeando nuevas «zonas de bajas emisiones» donde solo será posible conducir con un automóvil eléctrico o con otros automóviles que no contaminen. Un impuesto de congestión y nuevos peajes para automóviles no eléctricos también están reduciendo el tráfico. FutureBuilt, un programa administrado por el municipio, está desarrollando proyectos piloto, como un nuevo edificio de oficinas que tiene espacio para 500 bicicletas y diez estaciones de carga eléctrica, pero sin espacio para automóviles convencionales. En cuatro años, solo se permitirán taxis de cero emisiones y no será posible comprar un automóvil que funcione con diesel o gasolina en ningún lugar de Noruega.
Oslo ya es líder mundial en coches eléctricos. El año pasado, más de la mitad de todos los coches vendidos en la ciudad fueron eléctricos. Eso se produjo después de años de trabajo para cambiar el mercado con medidas tales como reducir los impuestos para esos coches u ofrecer cargas eléctricas y aparcamientos gratuitos, y otros beneficios. Una red de cargadores, situada en un enorme aparcamiento exclusivo para coches eléctricos, facilita el uso de los mismos. La ciudad está triplicando su red de puntos de carga y trabajando con las compañías eléctricas para construir cargadores tanto dentro como fuera de la ciudad.
En la almendra urbana central quedan algunos estacionamientos para conductores discapacitados o para carga de vehículos eléctricos y algunas calles están abiertas para camiones y furgonetas de reparto durante un par de horas por la mañana. Los vehículos de emergencia tienen acceso libre. El resto de vehículos tienen que estacionarse en garajes y las restricciones de tráfico invitan a que los conductores que no necesiten pasar por el centro tomen la circunvalación. En su nuevo plan de zonificación, el municipio está priorizando a los peatones, a los ciclistas y al transporte público, y está abriendo progresivamente una red de zonas peatonales que están totalmente libres de automóviles.
Para apoyar el cambio, Oslo hizo grandes mejoras en el transporte público y considerables esfuerzos en hacer que el ciclismo sea seguro y cómodo. La ciudad está añadiendo nuevas líneas de tranvías y de metro y está reduciendo el coste de los billetes. Durante los últimos años, el municipio también ha estado construyendo una red de bicicletas mejor conectada y convirtiendo muchos estacionamientos callejeros en carriles para bicicletas marcados de un color rojo brillante. Además, subvencionó a los ciudadanos para que compraran bicicletas eléctricas. El sistema de bicicletas compartidas de la ciudad ha crecido rápidamente, triplicándose entre 2015 y 2018 hasta alcanzar tres millones de desplazamientos al año. El sistema generalmente se cierra durante el invierno, pero este invierno está funcionando una experiencia piloto con bicicletas con neumáticos de clavos.
Pero la bicicleta no se está planteando solo como un medio de transporte individual. En los carriles para bicicletas del centro de Oslo, una empresa de logística está haciendo entregas en un vehículo que se parece un poco a un tren de carga en miniatura: una bicicleta de carga eléctrica con dos cajas en la parte posterior que puede transportar trescientos kilos de paquetes y que es lo suficientemente estrecha como para caber en los carriles bici. La empresa de reparto, DB Schenker, ha anunciado que las bicicletas aumentaron su productividad en un 40%.
Los cambios también están llegando a dos de las grandes fuentes de contaminación urbana: las calefacciones y la construcción. En este momento, la calefacción urbana, un sistema que envía calor desde una estación central a casas y edificios, cubre alrededor del 20% de la ciudad y ya funciona con energía renovable. Las constructoras, incentivadas por nuevas ordenanzas municipales, están empezando a utilizar nuevos equipos, desde mezcladoras de cemento hasta grúas y excavadoras gigantes que pueden funcionar con electricidad, por lo que todas las futuras obras de construcción de la ciudad llegarán a ser libres de ruidos y emisiones. Actualmente, se están construyendo cuatro jardines de infancia y dos polideportivos bajo las nuevas ordenanzas de cero emisiones para la construcción.
Los cambios, como era de esperar, se han encontrado con cierta resistencia, tanto de los propietarios de automóviles como de los comerciantes. Pero mientras estos se preocupaban al principio de que se creara una ciudad fantasma que nadie visitaría, la experiencia ha demostrado lo contrario; como ha sucedido siempre en otras ciudades que han convertido algunas calles en áreas peatonales, las zonas de Oslo transformadas en peatonales se han convertido en algunas de las zonas más populares de la ciudad. El otoño pasado, después de que se eliminaran cientos de aparcamientos, la ciudad descubrió que tenía un 10% más de peatones en el centro que el año anterior.
Aunque cambiar hábitos siempre será un desafío, desde la masificación del automóvil privado, durante décadas las ciudades se han diseñado para los coches, que se consideraban un símbolo de estatus y todavía lo sigue siendo para algunos. Ya es hora de que la tendencia cambie. Es importante que todos pensemos en qué tipo de ciudades queremos vivir. Estoy seguro de que cuando la gente imagina su ciudad ideal, no será un sueño de aire contaminado, coches atascados en un tráfico interminable o calles llenas de coches aparcados.
Como señalaba en un reciente artículo Manel Ferri, experto en movilidad urbana, a partir de ahora el coche pasa de su condición de anfitrión a ser un invitado en nuestras ciudades, abriéndose paso a la ciudad habitable, la postcarcity. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 20 de enero de 2019

Loros pedestres y coníferas ancestrales de Nueva Zelanda

Kakapo adulto. Foto de Shane Mcinnes.

Hace unos 300 millones de años, la sección de la corteza terrestre que millones de años después se convertiría en Nueva Zelanda comprendía una gran depresión submarina que se hundía rápidamente. Esta depresión, conocida como el geosinclinal de Nueva Zelanda, estaba situada en latitudes antárticas frente a las costas orientales de lo que se convertiría en Australia y la Antártida, que en ese momento formaban parte de un supercontinente mucho más grande, Gondwana.
Durante unos 200 millones de años, los materiales procedentes de la erosión de la masa terrestre de Gondwana se depositaron en el geosinclinal neozelandés formando acumulaciones inmensamente gruesas. Hace unos 150 millones de años, comenzó la orogenia de Rangitata que continuó durante aproximadamente 50 millones de años. Lo que antes tendía a hundirse, comenzó a levantarse. La corteza terrestre comenzó a plegarse hacia arriba hasta que surgió una nueva masa de tierra, una Nueva Zelanda ancestral. El clima era similar al que prevalecía hoy.
Esa Nueva Zelanda primigenia, más grande que la actual, fue colonizada por plantas y animales que ya existían en la vecina Gondwana y en las islas volcánicas que rodeaban el antiguo geosinclinal. Entre los animales migrantes se encontraban los antepasados ​​de algunos de los elementos más distintivos de Nueva Zelanda; las ranas de la familia Leiopelmidae (las únicas que no pasan por etapa de renacuajo de vida libre) y algunas aves no voladoras como el extinto moa, el kiwi y el único loro no volador del mundo, el kakapo (Strigops habroptilus). Los bosques estaban dominados por helechos arborescentes y por los antepasados ​​de las coníferas modernas, incluidos los podocarpos (Podocarpaceae) y los kauris (Araucariaceae). En esos lejanos tiempos debió comenzar a fraguarse una estrecha relación entre los kakapos y unas podocarpáceas endémicas que explica que los loros caminantes de Nueva Zelanda estén en peligro de extinción.
La difícil situación del kakapo es una tragedia. La que una vez fue la tercera ave más común de Nueva Zelanda ha visto reducido su número a menos de 150 ejemplares. De hecho, durante algún tiempo se pensó que se había extinguido. Actualmente se está haciendo un gran esfuerzo para intentar recuperar esta especie al borde de la extinción. Los kakapos son los únicos loros del mundo que, como los urogallos por citar un ejemplo, tienen una reproducción poligámica del tipo lek. Los machos se apiñan suavemente en un terreno y combaten para atraer a las hembras y emparejarse. Las hembras observan la exhibición de los machos y eligen una pareja según la calidad de la exhibición; no son perseguidas abiertamente por los machos. Las parejas se forman únicamente para la reproducción, y después se separan. Estos pájaros sólo tienen cría una vez cada 10 años.
Desde hace algún tiempo, los investigadores de la biología del loro se habían dado cuenta de que su reproducción estaba ligada a la fenología de ciertos árboles, pero recientes investigaciones (1, 2) sugieren que un árbol en particular puede ser la clave para la supervivencia de la especie. El kakapo comparte sus lugares de nidificación con un puñado de coníferas tropicales de las familias Podocarpaceae y Araucariaceae. De estas coníferas tropicales, una especie es de particular interés para aquellos que se ocupan de la conservación in situ del loro: el rimu (Dacrydium cupressinum), un árbol de hoja perenne que puede representar una de las fuentes de alimentos más importantes para la cría del kakapo. Antes de ocuparnos de ello, vale la pena conocer un poco mejor al rimu.
Los rimus son árboles de crecimiento lento. Son endémicos de Nueva Zelanda, donde constituyen una parte considerable del dosel del bosque. Al igual que muchas especies de crecimiento lento, los rimus pueden ser mu longevos. Antes de que se promoviera la tala comercial que diezmó los mejores ejemplares, no eran raros los individuos de 800 a 900 años de edad. Además, pueden alcanzar tamaños inmensos. Los relatos históricos hablan de árboles que alcanzaron más de sesenta metros de altura. Hoy en día, los más grandes miden entre 20 y 35 m.
Conos femeninos maduros del rimu.
El rimu es dioico, lo que significa que los individuos son machos o hembras. El rimu se poliniza gracias al viento (es anemófilo) y los conos femeninos pueden tardar más de 15 meses en madurar completamente después de ser polinizados. El rimu es una de las coníferas raras en el hemisferio norte (como el tejo, Taxus baccata), pero abundantes en el sur, que evolutivamente ha convergido para formar conos semejantes a frutos que los hacen apetecibles para los animales, quienes se encargan de la dispersión de sus semillas (son especies zoócoras). A medida que los conos femeninos maduran, las escamas (que se vuelven leñosas en cipreses o pinos, por citar unos ejemplos) comienzan a hincharse gradualmente y se vuelven rojas. Una vez que está completamente maduro, la "pseudofruta" roja y carnosa muestra una o dos semillas negras en la punta. Son estas "pseudofrutas" las que captaron la atención de los conservacionistas del kakapo.
Como decía más arriba, se había observado un hecho que en, biología reproductiva, se conoce como vecería, que, en el caso que nos ocupa, se refleja en que los kakapos solo tienden a reproducirse cuando árboles como el rimu experimentan un auge reproductivo, lo que ocurre de cuando en cuando o “de vez en vez”, de donde procede el término “vecería”. Los “pseudofrutos” y las semillas que producen son un componente importante de las dietas no solo de las hembras de loro, sino también sus polluelos. El problema con la cría del kakapo en cautiverio con fines conservacionistas era que los alimentos que les daban no los inducía a reproducirse. Aquí es donde entran en juego los "pseudofrutos" del rimu.
Un kakapo devora conos de rimu. Foto
Las aves reproductoras necesitan dosis extraordinarias de calcio y vitamina D para la producción adecuada de huevos. Por eso en la naturaleza buscan dietas ricas en esos nutrientes. Cuando los investigadores observaron más detenidamente los "pseudofrutos" del rimu, la atracción del kakapo por estos árboles adquirió todo su sentido. Resulta que las escamas carnosas que rodean las semillas del rimu son excepcionalmente altas, no solo en calcio, sino en varias formas de vitamina D que se creía que solo producían los animales. La calidad nutricional de estas "pseudofrutas" proporciona una maravillosa explicación de por qué la reproducción del kakapo parece estar vinculada a la reproducción del rimu. Las hembras pueden atiborrarse de ellas, lo que las induce a condiciones fisiológicas de reproducción. Luego, como buenas madres preocupadas por la alimentación de su progenie, continúan alimentando con ellas a sus polluelos en desarrollo. Para un loro que no vuela, de crecimiento lento, la cosecha de semillas en el suelo es una bendición.
Un kakapo en el programa de cría en cautividad del zoo de Auckland. 
Los investigadores creen que el rimu es la pieza que faltaba en el rompecabezas de la cría del kakapo en cautividad, una técnica que es clave para la supervivencia a largo plazo de estos extraños loros pedestres. Al garantizar la producción y la supervivencia de las futuras generaciones de kakapo, los conservacionistas pueden convertir la tragedia de su anunciada extinción en una verdadera historia de éxito. Además, estas investigaciones subrayan la importancia de comprender la ecología de los organismos que intentamos salvar desesperadamente. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.