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domingo, 9 de agosto de 2026

SHERE HITE: LA MUJER QUE PREGUNTÓ SOBRE SEXO A LAS MUJERES

 

Shere Hite en 1997

Durante buena parte de la historia de la sexología ocurrió algo bastante extraordinario: los hombres explicaban cómo funcionaba la sexualidad de las mujeres. Médicos, psiquiatras y psicoanalistas —casi todos varones— elaboraron teorías minuciosas sobre lo que ellas debían sentir y, sobre todo, de qué manera debían alcanzar el orgasmo. Si la experiencia real de una mujer no coincidía con la teoría, rara vez se concluía que la teoría estaba equivocada. Lo más probable era que el problema estuviera en la mujer.

En 1976 apareció un libro que tuvo la descortesía de alterar este cómodo procedimiento. Su autora, Shere Hite, hizo algo de una gran simplicidad: preguntó a las mujeres qué les ocurría realmente. El resultado fue The Hite Report: A Nationwide Study of Female Sexuality, conocido como El Informe Hite. Durante cinco años, Hite reunió y analizó cuestionarios en los que miles de mujeres hablaban con una franqueza poco habitual de masturbación, penetración, orgasmos, deseos, frustraciones y relaciones de pareja. Para el libro utilizó las respuestas de unas tres mil mujeres de entre 14 y 78 años.

Y apareció una realidad que no encajaba demasiado bien con los manuales. La mayoría no alcanzaba regularmente el orgasmo mediante la penetración vaginal, mientras que muchas podían conseguirlo sin demasiadas dificultades mediante la masturbación o la estimulación directa del clítoris. La conclusión parecía elemental: quizá las mujeres no fueran particularmente difíciles para alcanzar el orgasmo; quizá se esperaba que lo consiguieran mediante un procedimiento que, para muchas, no era el más eficaz.

Hoy parece casi trivial. En 1976 era dinamita. Hite atacaba una tradición formidable. Freud había contribuido a popularizar la distinción entre un orgasmo clitoriano considerado inmaduro y otro vaginal que correspondería a la sexualidad femenina adulta. Kinsey y, posteriormente, Masters y Johnson habían aportado datos que cuestionaban aquel modelo, pero sobrevivía una poderosa idea cultural: el acto sexual verdadero era el coito y el orgasmo satisfactorio debía producirse durante la penetración.

La anatomía femenina debía adaptarse al guion sexual y no al revés. Si una mujer podía alcanzar fácilmente el orgasmo masturbándose pero no durante el coito, durante décadas se buscaron explicaciones psicológicas: podía estar inhibida, bloqueada, angustiada o aquejada de algún conflicto inconsciente. Hite dio la vuelta al razonamiento. Tal vez aquellas mujeres no estuvieran averiadas. Tal vez lo estuviera el modelo.

El Informe Hite era además insólito porque estaba lleno de las propias palabras de las mujeres. Unas describían orgasmos; otras explicaban cómo se masturbaban; algunas confesaban fingir durante el coito; muchas relataban la presión que sentían para satisfacer sexualmente a sus parejas. La intimidad femenina, habitualmente traducida al lenguaje clínico por especialistas varones, aparecía expresada en primera persona.

El éxito fue gigantesco. El libro se convirtió en un fenómeno editorial internacional, fue traducido a numerosos idiomas y las estimaciones más repetidas sitúan sus ventas acumuladas en decenas de millones de ejemplares. También fue prohibido en diversos países. Pocos libros dedicados a averiguar cómo experimentaban realmente el sexo las mujeres podían aspirar a una carrera editorial más accidentada.

Pero el verdadero escándalo estaba en las consecuencias. Si el placer femenino no dependía necesariamente de la penetración, el pene dejaba de ocupar el centro obligatorio de la sexualidad. Y si una mujer podía proporcionarse un orgasmo con mayor facilidad que muchos de sus amantes, empezaban a resultar incómodas algunas certezas acerca de quién hacía qué por quién en la cama.

Hite fue acusada de odiar a los hombres. Sus adversarios hablaban del Hate Report, el «informe del odio», y aseguraban que pretendía demostrar que las mujeres podían prescindir de ellos. También utilizaron contra ella su pasado como modelo: había posado desnuda mientras estudiaba en Nueva York, dato cuya pertinencia científica para evaluar una investigación sociológica nunca estuvo demasiado clara.

Había, sin embargo, una crítica mucho más razonable. La muestra de Hite era enorme, pero no había sido obtenida mediante un muestreo aleatorio que permitiera considerarla representativa de todas las estadounidenses. Quienes decidieron responder podían diferenciarse de quienes no lo hicieron y, por tanto, sus porcentajes debían interpretarse con prudencia.

Pero aquí aparece una de las ironías de la historia. Las limitaciones estadísticas eran reales; las preguntas que planteaba también. Investigaciones posteriores con metodologías más rigurosas han confirmado el núcleo de su observación: para una gran proporción de mujeres la penetración vaginal aislada no constituye el camino más fiable hacia el orgasmo y la estimulación del clítoris desempeña un papel esencial.

Hite había puesto el dedo exactamente donde debía. Y había hecho algo más. Preguntaba quién decidía cuándo se practicaba sexo, qué esperaba el hombre, qué deseaba la mujer, por qué algunas fingían y hasta qué punto la dependencia económica y las convenciones sociales condicionaban lo que sucedía en un dormitorio.

Conviene recordar el mundo en que apareció el libro. En 1976 la violación dentro del matrimonio todavía no era reconocida como delito en buena parte de Estados Unidos y concepciones semejantes del llamado «débito conyugal» sobrevivían en numerosos países, entre ellos España. El sexo del que hablaba Hite no era solamente una cuestión de terminaciones nerviosas. También era una cuestión de poder.

Eso ayuda a comprender la violencia de la reacción contra ella. Durante los años ochenta, Estados Unidos vivió una fuerte contraofensiva conservadora frente a los cambios culturales de las décadas anteriores. Hite se convirtió en un blanco perfecto: feminista, sexualmente explícita y poco inclinada a suavizar sus conclusiones. Terminó marchándose de Estados Unidos, en 1995 renunció a la ciudadanía estadounidense y posteriormente adquirió la alemana. Murió en Londres en 2020, a los 77 años.

Hay algo particularmente extraño en su historia editorial. Un libro que llegó a decenas de millones de lectores resulta hoy sorprendentemente difícil de encontrar. En España lleva décadas fuera de los circuitos editoriales habituales. Uno de los grandes superventas del siglo XX fue desvaneciéndose discretamente de las estanterías.

Quizá merezca la pena recordarlo ahora, cuando se cumple medio siglo de su publicación. No porque todo lo que escribió Hite deba aceptarse sin discusión. La investigación sobre sexualidad ha avanzado enormemente y hoy disponemos de mejores métodos para distinguir entre una extraordinaria colección de testimonios y una muestra representativa de una población.

Pero algunas de sus preguntas siguen vigentes. Persiste una considerable brecha entre hombres y mujeres en la frecuencia con que alcanzan el orgasmo durante las relaciones heterosexuales y existen aspectos de la fisiología sexual femenina todavía comparativamente poco estudiados.

También podemos contemplar críticamente la revolución sexual que Hite ayudó a impulsar. Liberar a las mujeres de la obligación de alcanzar el orgasmo mediante la penetración fue un avance; convertir después el orgasmo en una nueva obligación quizá lo fuera menos. Una sexualidad concebida como una carrera hacia una descarga final puede reproducir precisamente el modelo del que aquella generación intentaba escapar.

Tal vez la siguiente revolución consista en dejar de establecer de antemano cómo debe ser el placer. Por eso resulta tentador imaginar un nuevo Informe Hite cincuenta años después: una gran investigación, metodológicamente más sólida, que preguntara por el deseo, el placer, la pornografía, los juguetes sexuales, las nuevas formas de pareja, la menopausia, el consentimiento y muchas otras experiencias que apenas aparecían en los mapas sexuales de 1976.

Pero debería conservar la pregunta fundamental: ¿qué sienten realmente las mujeres cuando nadie les dice lo que deberían sentir?

Porque la gran aportación de El Informe Hite no fue descubrir que muchas mujeres no alcanzaban el orgasmo mediante la penetración. Su verdadera revolución fue mucho más sencilla. Durante siglos, la ciencia había preguntado qué les ocurría a las mujeres cuando no respondían como las teorías decían que debían responder.

Hite cambió la pregunta. Les preguntó a ellas. Y se puso a escuchar.