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jueves, 23 de enero de 2020

Incendios australianos: los árboles de los dinosaurios se salvan del fuego

Piña femenina de Wollemia nobilis. Foto

Los bomberos australianos han salvado de los incendios forestales que han devastado Nueva Gales del Sur al único paraje natural conocido de pinos Wollemi, los llamados "árboles de los dinosaurios" que según los registros fósiles existieron hace 200 millones de años.
El pino Wollemi (Wollemia nobilis), que pertenece a una familia de conífera, las Araucariáceas, que existe desde hace 200 millones de años, es un verdadero fósil viviente y una de las especies de árboles más antiguas y raras del mundo. Se conocía de los registros fósiles y se suponía extinto hasta que fue descubierto en 1994 por un agente forestal que patrullaba por el Parque Nacional Wollemi, relativamente cercano a Sidney, la ciudad más grande de Australia.
El pino Wollemi es una conífera majestuosa que puede alcanzar hasta cuarenta metros de altura sostenido por un tronco con un diámetro de más de un metro. Tiene un raro follaje pendular con hojas jóvenes de extremos de color verde manzana claro en primavera y principios de verano, que contrastan con el color verde oscuro de las hojas más viejas.
El follaje de W. nobilis recuerda al de algunas palmeras. Foto.
Fósiles parecidos al pino Wollemi y posiblemente relacionados con él se encuentran dispersos en Australia, Nueva Zelanda y la Antártida, pero Wollemia nobilis es el único miembro vivo del género. Sus parientes vivos más cercanos son el pino de la isla Norfolk (Araucaria heterophylla), el australiano pino Bunya (Araucaria bidwillii), el pino aro australiano (Araucaria cunninghamii), el pino mono de la Tierra de Fuego (Araucaria araucana) y el neozelandés pino Kauri (Agathis australis).
El pino lleva el nombre del Parque Nacional Wollemi, un bosque de las Blue Mountains a solo 200 kilómetros al oeste de Sydney, declaradas Patrimonio de la Humanidad, donde fueron descubiertos por primera vez. Wollemi es una palabra aborigen que significa "mira a tu alrededor, mantén los ojos abiertos y ten cuidado". El nombre científico Wollemia nobilis alude a las majestuosas cualidades del pino (nobilis), al tiempo que honra a David Noble, el agente forestal que descubrió los primeros árboles en 1994.
Conos masculinos. Foto
Noble descubrió un pequeño bosque de arbolillos jóvenes y árboles maduros en el Parque Nacional. Desde entonces, se han descubierto otros dos pequeños bosques. En esas tres localidades hay solamente unos cientos de árboles. Es muy difícil contarlos ya que la mayoría de los árboles tienen múltiples tallos y pueden estar conectados por un sistema de raíces. Pruebas genéticas han revelado que todos los individuos son genéticamente idénticos, sugiriendo que la especie ha pasado por un cuello de botella genético durante el cual la población llegó a ser tan reducida (posiblemente uno o dos individuos) que toda la variabilidad genética se perdió.
Los bosquetes de pinos Wollemi crecen sobre areniscas en los ambientes umbríos de un profundo desfiladero de bosque reliquial rodeado de montañas escarpadas y bosques vírgenes. La situación exacta de los pinos es un secreto muy bien guardado debido a la naturaleza frágil de un hábitat virgen y salvaje, que actualmente se ha visto amenazado por el ataque de un hongo patógeno, Phytophthora cinnamomi, al que los técnicos suponen introducido por recientes visistas humanas. 
Como puede verse en este vídeo, los recientes incendios forestales han dejado al descubierto el bosque en galería que ocupan los pinos wollemi, que han quedado rodeados de bosques calcinados por el fuego. El bosque de wollemis se ha salvado gracias a una actuación especial elaborada por los bomberos forestales australianos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

El fin de un horror. La liberación de Auschwitz: 27 de enero de 1945


Hace 75 años, el 27 de enero de 1945, el ejército soviético abrió las puertas del campo de concentración de Auschwitz en la Polonia ocupada por los alemanes y liberó a unos 7.000 prisioneros escuálidos, enfermos, desnutridos y demacrados.
Holocausto es el término acuñado para designar un fenómeno singular de la historia: el programa de exterminio de los judíos europeos ejecutado por las autoridades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Su resultado final, conocido tras el triunfo aliado de 1945, fue atroz: una cosecha de sangre de casi seis millones de personas asesinadas en la Europa dominada por el régimen de Hitler.
En Auschwitz, el nombre alemán de la ciudad polaca de Oswiecim, estuvo el campo de concentración nazi más grande durante la Segunda Guerra Mundial. Consistía en un campo de concentración, un campo de trabajo y grandes cámaras de gas y crematorios. Más de 1,3 millones de personas fueron enviadas allí en el transcurso de la guerra. Más de un millón cien mil fueron asesinados. Nueve de cada diez eran judíos.
De acuerdo con la enfermiza cosmovisión antisemita nazi, el enemigo natural de la raza aria (supuestamente la más excelsa de la especie humana) siempre había sido la raza judía, que vivía como un parásito infrahumano sobre el suelo de la patria germana y corrompía la sangre de sus hijos mediante el mestizaje de sangre. Una supuesta supremacía racial que la judería combatía mediante estratagemas como eran el capitalismo financiero que destruía la economía nacional, el comunismo que subvertía las relaciones sociales y el pacifismo derrotista que minaba la fortaleza de las naciones.
Dividido en tres campos principales: Auschwitz I, Auschwitz-Birkenau y Auschwitz III, el campo polaco fue el más grande de los campos de exterminio, cuyos prisioneros se internaban en barracones abandonados del ejército polaco. Algunos fueron sometidos a experimentos médicos inhumanos realizados por médicos de las SS. Auschwitz II, también conocido como Auschwitz-Birkenau, albergaba el mayor número de prisioneros y grandes cámaras de gas y crematorios. Auschwitz III era un campo de trabajo que acogía prisioneros que trabajaban en una fábrica de caucho sintético.
Los nazis experimentaron el gas Zyklon B con prisioneros en Auschwitz I. Los experimentos tuvieron el “éxito” exterminador esperado y el programa de asesinatos con gas se expandió enormemente en Auschwitz-Birkenau. Cuando llegaban los nuevos prisioneros, eran seleccionados inmediatamente. Los más fuertes se apartaban para ser utilizados en trabajos forzados, mientras que otros eran enviados directamente a las cámaras de gas. El proceso separaba a las familias, cuyos miembros normalmente nunca se volvían a ver.
Una de esas familias era la familia Guttmann. Irene Guttmann y su hermano gemelo René vivían en Praga con sus padres cuando los soldados alemanes arrestaron a su padre. Fue enviado a Auschwitz, donde fue asesinado en diciembre de 1941. Los gemelos y su madre fueron deportados al ghetto de Theresienstadt y luego a Auschwitz, donde murió la madre. Los gemelos de cinco años fueron separados y sometidos a los horribles experimentos médicos del Dr. Josef Mengele. Su historia es solo una de las muchas que ocurrieron durante el Holocausto.
El que luego sería el gran historiador del Holocausto, Israel Gutman (nada que ver con la familia Guttmann), se pasó dos años completos en tres campos de concentración: Majdanek, Auschwitz y Mauthausen. El trayecto entre los dos últimos lo hizo en una de las llamadas “marchas de la muerte”. «Nos dijeron que no nos fusilarían, que nos llevaban a un campo de trabajo y no de exterminio, pero por el camino disparaban a todo el que se paraba, cansado, a quien se sentaba al borde del camino a colocarse un zapato. Los que sobrevivimos lo hicimos porque nos ayudamos unos a otros a andar y a resistir», relata Gutman en los vídeos que conserva el Yad Vashem, el centro de estudios y museo de referencia sobre el Holocausto, del que fue miembro fundador. Vídeos en los que también se le ve testificando en 1961 contra Adolf Eichmann, responsable de la Solución Final en Polonia, juzgado en Israel.
El 18 de enero de 1945, cuando se acercaba el ejército soviético, los nazis abandonaron Auschwitz. Las SS intentaron ocultar pruebas de los crímenes cometidos en el campo quemando documentos y haciendo explosionar varios crematorios. Los prisioneros "sanos", que sumaban unos 58.000, fueron enviados hacia el oeste en una marcha de la muerte. Muy pocos sobrevivieron. Los prisioneros restantes, unos 7.000, estaban demasiado enfermos y débiles para marchar y los dejaron abandonados en el campo para que murieran.
A Rene Guttman lo subieron en un camión destinado a la marcha de la muerte, pero el Dr. Mengele derogó la orden, alegando que solo él podía matar a los gemelos objeto de sus experimentos. Gracias a esa orden, tanto Rene como Irene permanecieron en el campamento.
En la mañana terriblemente fría del 27 de enero, los prisioneros se acurrucaron en sus barracas. «Escuchamos una granada explosionando cerca de la entrada -recordaba un exprisionero- Observamos y vimos a algunos soldados de reconocimiento soviéticos acercándose, con armas en las manos. Los soldados se acercaron y dijeron: "Por fin sois libres"».
Los gemelos Guttmann recordaban el día de la liberación. «Recuerdo haber salido de Auschwitz. Recuerdo haber intentado mirar hacia atrás y a mi alrededor para ver si podía encontrar a Irene porque me marchaba del lugar. La vi, pero tuvimos que marchar. Había disparos a nuestro alrededor [...] luego fuimod rodeados de rusos vestidos con uniformes blancos, esa fue la liberación», contaba Rene. Irene, que estaba demasiado débil para caminar, fue llevada por una campesina polaca a su casa.
Un año después, una organización caritativa se encargó de que Irene, junto con otros huérfanos de guerra, viajara a Estados Unidos donde fue adoptada. Se preguntaba si alguna vez volvería a ver a su hermano gemelo. Con la ayuda de su familia adoptiva, logró localizar a Rene, que vivía en Praga. La familia lo adoptó también y los gemelos se reunieron en 1950.
Cuando la evidencia de las atrocidades cometidas en Auschwitz y otros campos de concentración salió a la luz, el mundo quedó conmocionado. Décadas después, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en 2005 una resolución designando el 27 de enero, el día que liberaron Auschwitz, como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Recordar aquel horrible crimen no es sólo un deber de conciencia cívica, sino también un ejercicio de prudente prevención por las razones expuestas por el escritor italiano Primo Levi, superviviente de Auschwitz: «Si el mundo llegara a convencerse de que Auschwitz nunca ha existido, sería mucho más fácil edificar un segundo Auschwitz. Y no hay garantías de que esta vez sólo devorase judíos». © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 22 de enero de 2020

Biodiversidad loca: la prodigiosa vida sexual del escribano de Smith


El mundo de las aves está lleno de comportamientos extraños e interesantes. Los escribanos de Smith son caso aparte en eso de practicar el amor libre: cada una de las escribanas se aparea y copula con dos o tres machos para dejar una sola puesta; por su parte, los machos no se quedan atrás y se acoplan con todas las hembras que se les ponen a tiro.


domingo, 19 de enero de 2020

Ginkgos: los árboles que guardan el secreto de la eterna juventud


Para los ginkgos, unos misteriosos árboles chinos, y probablemente para otras muchas plantas de las que apenas sabemos nada, se diría que su condición innata es la inmortalidad. Estos árboles, cuyas flores masculinas se muestran en la foto que encabeza este artículo, han desarrollado un ejército de armas moleculares para mantenerse en forma durante la vejez. A diferencia de muchos otros organismos, no parecen programados celularmente para morir.
En el patio del templo budista Gu Guanyin en China hay un árbol ginkgo (Ginkgo biloba) que, cada otoño durante 1.400 años, ha estado desprendiendo sus hojas en silencio. Cuando el árbol brotó de una semilla, Abderramán II era el califa omeya de Al-Andalus y aún faltaban casi siete siglos para que Colón llegase a América. Desde allí, en las montañas Zhongnan, el árbol ha sobrevivido al ascenso y la caída del Imperio Español y al azote de la Peste Negra. Vio como la electricidad, el teléfono, el automóvil o Internet revolucionaron la historia humana y contempló impávido a las mayores potencias del mundo enfrentarse al infierno bélico de las dos guerras mundiales. Ese árbol longevo probablemente seguirá existiendo durante décadas, siglos o incluso milenios.
Los ginkgos poseen unas originales hojas con aspecto de abanico, únicas entre las plantas con semillas.
El envejecimiento es una propiedad universal de los organismos multicelulares. Aunque algunas especies de árboles pueden vivir durante siglos o milenios, los mecanismos moleculares y metabólicos subyacentes a su longevidad no están claros. Botánicos, genetistas y fisiólogos vegetales están comenzando a descubrir algunos de los secretos de la asombrosa longevidad del ginkgo, un misterio que los humanos que envejecemos a toda velocidad encontramos difícil de comprender y, mucho menos, de replicar para difundir entre nosotros la fuente de la eterna juventud. Según un estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences, la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, la salud de los ginkgos apenas disminuye a medida que envejecen. Por el contrario, los árboles continúan bombeando unos compuestos bioquímicos que los protegen de la senescencia.
Mientras que la mayoría de los organismos de edad avanzada sucumben fácilmente a cualquier enfermedad, el sistema inmunológico de un ginkgo milenario se parece mucho al de un joven árbol veinteañero. Y aunque el crecimiento de otros organismos va desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, los viejos ginkgos continúan como si nada hubiera cambiado. Su capacidad de resistencia y su vigor juvenil se pueden observar a simple vista: los ginkgos milenarios producen tantas semillas y tantas hojas como los ejemplares juveniles.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores que han publicado sus conclusiones en ese artículo compararon el ADN de ginkgos jóvenes y viejos, centrándose en las células de las hojas y en el cambium vascular, un tipo de tejido meristemático formado por células embrionarias que brota entre la madera interna de un árbol (el leño) y la corteza externa. El cambium vascular es el origen del xilema secundario (los vasos que transportan el agua desde las raíces hacia arriba y que crecen hacia adentro; se reconocen como anillos de crecimiento) y del floema secundario (los vasos que transportan la savia elaborada en dirección a las raíces y que crecen hacia afuera), y se localiza entre estos tejidos en el tallo y la raíz.
Para descubrir lo que estaba sucediendo a nivel genético, los investigadores compararon la expresión génica en las hojas y el cambium. El equipo analizó el ARN de los árboles, la producción de hormonas y el miRNA (las biomoléculas que pueden activar y desactivar genes específicos) en árboles cuyas edades oscilaban entre los tres hasta los 667 años. Al examinar los árboles más viejos, los investigadores descubrieron que los genes responsables del engrosamiento del cambium eran menos activos, por lo que la división celular parecía disminuir para producir anillos de tejido más delgados, pero también que el crecimiento no se había frenado después de cientos de años; de hecho, las tasas de crecimiento a veces se aceleraron. Además, el tamaño de la hoja, la capacidad fotosintética y la calidad de las semillas de los árboles, todos indicadores de un estado saludable, no diferían con la edad.


Flores masculinas y femeninas de Ginkgo biloba. Fuente
Como se esperaba, la expresión de genes asociados con la senescencia, la etapa final y fatal de la vida, aumentó previsiblemente en las hojas moribundas. Pero cuando los investigadores examinaron la expresión de esos mismos genes en el cambium, no encontraron diferencias entre árboles jóvenes y viejos. Eso sugiere que, aunque órganos como las hojas perezcan cada año, es poco probable que los árboles mueran de vejez.
Además, los genes que codifican la producción de antioxidantes y antipatógenos eran muy activos en árboles viejos y jóvenes, los que les ayuda a evitar infecciones y sugiere que los árboles no pierden su capacidad de defenderse contra los factores estresantes externos. Y aunque las hojas amarilleen, se marchiten y mueran cada año, las células en el cambium no se deterioran de la misma manera, en parte porque en ellas no se expresan los genes que provocan la senescencia, la etapa final de la vida.
El fotógrafo científico Luis Monje, en Great Basin National Park, Nevada, posando junto a unos de los árboles más viejos del mundo, Pinus longaeva. 
Si toda esa maquinaria molecular continúa funcionando indefinidamente, los ginkgos teóricamente podrían ser inmortales. Pero la inmortalidad no significa ser invencibles: los árboles siguen muriendo debido a diferentes plagas, sequías, fuegos naturales provocados por los rayos o por actividades humanas y otros episodios dañinos.
Menos mal que es así. Si algunos seres vivos nunca murieran, el mundo sería un lugar terriblemente lleno de gente extraordinariamente vieja como esta medusa que desafía la muerte, que no dejaría recursos para otros organismos. Entre los árboles, el ginkgo no está solo: las secoyas de California (Sequoidadendron giganteum) también pueden vivir durante miles de años, los tejos ingleses no se consideran "viejos" hasta que alcanzan los 900 años de edad, e incluso un pino norteamericano, Pinus longaeva, ha alcanzado los 4.800 años. © Manuel Peinado Lorca, @mpeinadolorca.

sábado, 18 de enero de 2020

Cómo los mosquitos cambiaron la historia de la humanidad


Cuando el primer homínido apareció sobre la faz de la Tierra, los mosquitos ya estaban allí. Mataron a nuestros antepasados y cambiaron nuestra historia. Aún siguen haciéndolo.
Entre 1980 y 2010, la malaria acabó con la vida de entre 1.200.000 y 2.780.000 personas cada año, un aumento de casi el 25% en tres décadas. Según el último informe disponible de la OMS correspondiente a 2017, la malaria mató a 435.000 personas (entre 219 millones de casos), de las cuales dos tercios eran menores de cinco años. Eso significa que es muy posible que la malaria haya matado a más personas que cualquier otra enfermedad a lo largo de la historia. Se estima que las hembras de los mosquitos Anopheles, las únicas que pican para alimentarse de sangre caliente, han enviado al otro mundo unos 52.000 millones de personas del total de 108.000 millones que han existido a lo largo de la historia de la Tierra.
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Australia arde mientras sus dirigentes se aferran al carbón



Las noticias y las imágenes que nos acercan a los incendios en Australia son aterradoras. Con los fuegos en su apogeo, todavía es pronto para evaluar las causas y las consecuencias de los incendios australianos, pero los autores de un estudio publicado en Science, que investigaron 34 años de la historia de los incendios forestales en el oeste de Estados Unidos (cuyo clima mediterráneo-templado es muy semejante al del suroeste y sureste de Australia donde los incendios son mayores), llegaron a la conclusión de que, debido al cambio climático, las condiciones secas duran más y, a su vez, causan temporadas de incendios más prolongadas. Los incendios y el cambio climático son circunstancias completamente inseparables y negarlo es simplemente una prueba de ignorancia.

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El sueño independentista de Escocia terminó en Panamá


Espoleada por los excelentes resultados de los nacionalistas escoceses en las últimas elecciones generales del Reino Unido, la ministra principal de Escocia, Nicole Sturgeon, ha anunciado que el país reclamará un nuevo referéndum de independencia en 2020. El primer ministro Boris Johnson ya ha dicho que puede olvidarse del tema.
El Reino de Escocia fue un Estado independiente hasta 1707, cuando los escoceses, después de sufrir un enorme desastre en los territorios españoles de Darién (hoy Panamá) se vieron obligados a firmar el Acta de Unión con Inglaterra con la que se creó el extinto Reino de Gran Bretaña. Esta es, en resumen, la historia de una catástrofe política, comercial y financiera.