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jueves, 20 de junio de 2024

Esta noche comienza el verano astronómico



La llegada del buen tiempo es quizás uno de los momentos más esperados del año. El solsticio de junio marca el momento en que los habitantes del hemisferio norte pasamos a una nueva estación del año: el verano. A nivel astronómico, lo que está ocurriendo en el espacio es que el Sol llega a su máxima declinación Norte: es decir, la inclinación del eje de la Tierra respecto a la posición de su astro hace que el hemisferio norte reciba una mayor cantidad de luz solar.

Este año, el solsticio de verano ocurrirá hoy, jueves 20 de junio, concretamente a las 20:51 UTC, horario que corresponde a las 22:51 hora peninsular española. Así lo ha calculado el Observatorio Astronómico Nacional, la institución encargada del estudio astronómico en este país.

Desde este momento clave, el verano durará aproximadamente 93 días y 16 horas, terminando el 22 de septiembre para dar paso al próximo período astronómico, que en el hemisferio norte se corresponderá al otoño.

Este cálculo de la fecha de inicio y la duración del verano tiene que ver directamente con las secuencias de años según nuestro calendario y el proceso de órbita de la Tierra alrededor del Sol, que encajarán en una fecha concreta. Por ejemplo, durante el siglo XXI, el verano siempre se iniciará el día 20 o el 21 de junio, aunque este rango de fechas podría cambiar en el futuro.

¿POR QUÉ TENEMOS DISTINTAS ESTACIONES?

La órbita de la Tierra alrededor del Sol tiene una duración definida de un año. En este periodo, debido a que el eje rotacional de nuestro planeta tiene una leve inclinación, habrá momentos en que uno de los polos queda inevitablemente más lejos del Sol que el otro.

Estos momentos son el solsticio de verano y el solsticio de invierno, que tienen lugar durante los meses de junio y diciembre, respectivamente, según el hemisferio donde habitemos. En España, por ejemplo, por ser parte del hemisferio norte, el solsticio de verano será en junio.

Este fenómeno marca dos estaciones muy diferenciadas durante el año. Sin embargo, aquellos países que se encuentran más alejados del ecuador terrestre (la línea que divide horizontalmente la Tierra en los dos hemisferios) sufrirán más esta inclinación del eje que los países más cercanos al ecuador, que tendrán un clima más estable durante el año. Por eso es que algunos países como España tienen más de cuatro estaciones diferenciadas.

EVENTOS ASTRONÓMICOS DESTACADOS ESTE VERANO DE 2024

Más allá de las elevadas temperaturas que puedan esperarse para este verano, el cielo nos brindará algunos espectáculos astronómicos que vale la pena marcar en nuestro calendario.



Poco después del cambio de estación, concretamente el 22 de junio, podremos observar el primer plenilunio del verano, la llamada "luna de la fresa", un nombre que obtiene por ser la temporada de cosecha de la fresa silvestre. Pero no será ni mucho menos la única del verano. El 21 de julio veremos la "luna del ciervo", un recordatorio de los ciclos naturales de la vida, y el 19 de agosto la "luna de esturión" brillará en el cielo nocturno. Todavía tendremos una última luna llena este verano, que tendrá lugar a pocos días del nuevo cambio de estación: el 18 de septiembre observaremos la "luna de cosecha".

Si, por otra parte, eres más dado a dejarte impresionar por las lluvias de meteoros, el periodo adecuado para observar el cielo con atención será entre mediados de julio y finales de agosto. Entre el 12 de julio y el 23 de agosto, con un punto máximo de actividad el día 31 de julio, las Delta Acuáridas pasearán por el cielo estrellado. Prácticamente a la vez, entre el 17 de julio y el 24 de agosto, con una actividad máxima el 12 de agosto, será el turno de las Perseidas, unas de las que prometen ser más brillantes.

Por último, y en un año en que los eclipses han estado en boca de todos, este verano solamente nos ofrecerá un eclipse parcial de luna durante la noche del 17 al 18 de septiembre.

viernes, 14 de junio de 2024

Fruitland, el fracaso del primer experimento anarcovegano americano

 

Edificio principal de Fruitlands, hacia 1915. La morera delante de la casa fue plantada por los comuneros para la reproducción de gusanos de seda. Fuente.

Los fracasos en Fruitlands demostraron que los ideales anarquistas y vegetarianos no eran suficientes para sostener una comunidad, ni espiritual ni nutricionalmente.

Durante los últimos 200 años, han surgido varios experimentos utópicos. Desde comunas hasta nuevas religiones, varios colectivos utópicos han intentado crear modelos alternativos de sociedad. En 1843, Bronson y Abigail Alcott, los padres de Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, fundaron en una granja próxima a la ciudad de Harvard, Massachusetts, una comuna llamada Fruitlands, en la que Bronson y su amigo Charles Lane, junto con sus respectivas familias, intentaron crear una experiencia vital de autosuficiencia agraria.

Louisa May Alcott, que durante su niñez se mudó treinta veces, vivió en aquel refugio utópico y trascendentalista cuando tenía once años. Allí, apartados del resto de la sociedad, sus padres planearon vivir con otros “hermanos” alimentándose de la tierra y siguiendo los principios de la belleza, la virtud, la justicia y el amor, a la búsqueda de una existencia perfectamente armonizada con su entorno y las demás criaturas surgidas de la mano de Dios.

Fruitlands fue también uno de los primeros experimentos estadounidenses de anarquismo y veganismo. Como los Alcott eran anarquistas, su sueño ansiaba un mundo sin propiedad privada. De hecho, Bronson Alcott, un filósofo de sesgo trascendentalista, de muy buenas intenciones, pero incapaz de asentarse en un proyecto y de encarar la vida del día a día, había sido encarcelado anteriormente por resistirse a pagar impuestos. Los Alcott y los Lane querían crear una comunidad sin propiedad ni comercio en la que vivir en plena armonía con su entorno.

Además, aquellos comuneros ilusos querían liberarse de una dieta cárnica. Una de las influencias intelectuales en sus elecciones dietéticas fue el teórico socialista Charles Fourier, cuyas opiniones encontraron una buena audiencia entre otros habitantes contraculturales de la Nueva Inglaterra de la época.

François Marie Charles Fourier (1772-1837) fue un socialista utópico francés y uno de los padres del cooperativismo. Crítico con la economía y el capitalismo de su época, además de feminista, Fourier fue un tenaz adversario de la industrialización, de la civilización urbana, del liberalismo y de la familia basada en el matrimonio y la monogamia, unos asuntos que criticó con un carácter jovial que hizo de él uno de los grandes satíricos de todos los tiempos.

Fourier propuso la creación de unas unidades de producción y consumo, las falanges o falansterios, basadas en un cooperativismo integral y autosuficiente, que, dentro del socialimo, anticipó la línea de socialismo libertario y críticó los planteamientos de la moral burguesa y patriarcal basados en la familia nuclear y en la moralidad cristiana.

Los Alcott y los Lane formaron parte de una ola de modernizadores dietéticos vinculados a los resurgimientos protestantes del siglo XIX. Como Sylvester Graham y sus galletas homónimas y los cereales de John Harvey Kellogg, estos movimientos basados en el vegetarianismo tenían como objetivo mejorar la salud pero también la templanza y la elevación moral.

El vegetarianismo había ganado cierta popularidad a principios del siglo XIX (más en el Reino Unido que en los Estados Unidos) y contaba con notables defensores entre los reformadores sociales. Pero los miembros de la comuna de Fruitlands fueron más allá y pasaron al veganismo total.

La dieta prescrita en Fruitlands representaba una clara ruptura con el mundo animal. El mandato era claro: «Que ninguna sustancia animal, ni carne, mantequilla, queso, huevos ni leche, contamine nuestras mesas ni corrompa nuestros cuerpos». A nadie en Fruitlands se le permitía «usar ropa de origen animal, usar animales para trabajos agrícolas […] ni siquiera usar estiércol como fertilizante».

Los habitantes de Fruitland creían, como muchos vegetarianos de la época, que la abstinencia de carne purificaría el alma humana. En su lógica, la adhesión comunitaria a este principio crearía seres humanos perfectamente buenos, separados de toda influencia negativa y capaces de comportarse de la manera más caritativa y generosa.

Pero la visión de la sociedad de los habitantes de Fruitland no los liberó de su devoción por los roles de género. Es posible que Bronson y Charles Lane quisieran deshacerse de las influencias animales. Pero ciertamente no encontraron inconsistencias morales en tratar a Abigail como un caballo de batalla.

Como muchos intelectuales que han intentado la autosuficiencia, los habitantes de Fruitland no habían imaginado la cantidad de tareas que implica el trabajo agrícola. Y en este caso, los hombres parecían felices de abandonar el proyecto para ir, por ejemplo, a giras de conferencias, dejando a las mujeres (o mejor dicho, principalmente a Abigail, que a veces era el único adulto que permanecía en la comuna) dedicada a hacer todas las penosas tareas domésticas y agrícolas.

En Fruitlands. Una experiencia trascendental, el relato de una ilusión y un fracaso, un librito de Louisa May Alcott publicado en España por Impedimenta, la autora de Mujercitas cuenta con mucho sentido del humor la llegada de su familia al “paraíso”:

Este Edén del futuro consistía, de momento, en una vieja casa de labranza de color rojo, un establo desvencijado, muchos acres de pradera y un bosquecillo. Por entonces, diez manzanos antiquísimos constituían la única fuente de “castas vituallas” que el paraje podía proveer. Pese a todo, inspirados por la firme creencia de que pronto emanarían exuberantes huertas de sus íntimas conciencias, estos rubicundos fundadores habían dado en bautizar sus dominios con el nombre de Fruitlands.

Muy buenas intenciones, pero muy poco sentido pragmático es lo que reinaba entre estos venerables hermanos:

La cuadrilla de hermanos empezó usando palas para cavar en el jardín y roturar los labrantíos, pero, al cabo de unos cuantos días, su ardor se vería mermado de forma asombrosa. Las ampollas en las manos y los dolores de espalda les hicieron intuir la pertinencia del uso del ganado, al menos temporalmente.

La hermana Hope (la señora Alcott real) asiste resignada a los desvaríos filosóficos de su marido y demás a sabiendas de que, sin duda, ella tendría que hacer la mayoría de las tareas físicas y prácticas de la comunidad que sus hermanos dejaban de hacer, porque, al estar ocupados disertando y definiendo obligaciones de gran envergadura, se olvidaban de despachar las tareas más modestas.

Ante la pregunta de “¿Hay alguna bestia de carga en la casa?” la señora Lamb respondía, con una cara que era un poema, “¡Solamente una mujer!”

La experiencia en Fruitland fue breve, apenas un semestre, de junio a diciembre de 1843. Les pudo el crudo invierno de Nueva Inglaterra y la absoluta incapacidad de sus ilustres miembros para afrontar las cosas prácticas y triviales de la vida en el campo.

lunes, 10 de junio de 2024

Mujeres, cervezas y teclados o de cómo y cuándo una monja describió el orgasmo

 



A pesar de que, como en muchas otras actividades, el papel de la mujer en la historia de la cerveza ha sido ninguneado a lo largo de la historia, esta bebida que no entiende de géneros debe buena parte de su origen y evolución a las féminas.

Como ahora estoy escribiendo en mi ordenador, me viene al pelo la historia del teclado que Judy Wajcman recoge en su libro El tecnofeminismo, una historia que creo resume muy bien de qué hablamos cuando hablamos de la alianza patriarcal y capitalista y del ninguneo secular que el género dominante ha ejercido sobre las mujeres.

El teclado QWERTY que manejamos hoy en día sustituyó en su momento a la linotipia. Los obreros que manejaban la linotipia se sublevaron contra este cambio porque introducir un nuevo teclado significaba acabar con su trabajo especializado y, además, permitiría que las mujeres pudieran hacer ese trabajo. Wajcman señala que la especialización del trabajo supone la sexualización o generización del mismo, y este ejemplo muestra cómo la lucha obrera fue en muchos casos la lucha del obrero, por mucho que se esfuercen en decirnos que la clase trabajadora es una y la misma.

El caso es que, finalmente, si las mujeres comenzaron a trabajar con el teclado QWERTY no fue tanto un logro feminista sino una decisión de las patronales, que vieron la oportunidad de abaratar la mano de obra diciendo que el trabajo era menos especializado para pagar menos por él, cuando lo cierto es que se les pagaba menos por ser mujeres que venían de no tener salario. Sabían que iban a protestar menos.

El caso de la invención de la cerveza.

¿Sabes por qué en la mayoría de los bares las cañas de cerveza se sirven tan frías hasta el punto de que da casi lo mismo beber una marca que otra? La respuesta es muy sencilla: es un truco de las grandes marcas cerveceras para sacar la máxima rentabilidad, por lo que lo importante es que se nos congelen las papilas gustativas para que el sabor más bien malo o anodino no se aprecie. Pero la cerveza de calidad, esa que tiene matices y es artesana, es mejor beberla a temperatura ambiente.

En relación con la cerveza surgen cientos de preguntas a poco que uno sea aficionado. ¿Alguna vez te has preguntado cuál es la diferencia entre una cerveza lager, otra ale o una IPA? ¿O te has maravillado al saber cómo con solo cuatro ingredientes básicos pueden existir alrededor de 150 estilos diferentes de cerveza? ¿Cómo demonios consiguen que de una bebida que se basa en la fermentación alcohólica puedan obtenerse cervezas sin alcohol?

La respuesta a esa y otras muchas cuestiones se pueden encontrar en el libro The Philosophy of Beer de Jane Peyton, una polifacética autora inglesa en cuya web se presenta como educadora sobre bebidas alcohólicas y fundadora de School of Booze, una consultoría que ofrece cursos en línea sobre cerveza, sidra y vino,

El libro ofrece una interesante historia de una de las bebidas más consumidas en el mundo cuya evidencia más antigua arranca hace miles de años pasando por su papel central en los monasterios y a bordo de los navíos de guerra, hasta su inmensa popularidad en la actualidad.

Decía Platón que quien inventó la cerveza fue un hombre sabio. Se equivocaba. En realidad, fue una mujer. Persona sabia, sí, pero mujer. Sí, ¡la cerveza la inventaron ellas! Y no solo son responsables del descubrimiento, porque sus aportaciones a lo largo de la historia cervecera han sido cruciales en su desarrollo para concebirla tal y como lo hacemos hoy en día.

Hará algo más de 7.000 años, en Mesopotamia comenzó a desarrollarse la actividad cervecera; fueron las mujeres quienes mezclaron los granos de cereal con agua y hierbas para elaborar un brebaje con fines nutritivos. Los cocinaron… y de aquella mezcla intuitiva impulsada para calmar el hambre resultó un brebaje que fermentaba de manera espontánea.

Pronto empezaron a desarrollar sus habilidades en torno a aquel líquido turbio y espeso, pero muy nutritivo, que además era capaz de alegrar el espíritu. Según cuenta Jane Peyton, por aquel entonces y durante cientos de años su grado de conocimiento hizo que fuesen las únicas que podían producirla y también comercializarla.

La versión que yo conocía era que la cerveza actual fue inventada por monjes. Sin embargo, según cuenta Peyton, cuando los monjes vieron el potencial de lo que las familias, y en concreto las mujeres, ya estaban haciendo, decidieron invertir en el cultivo de cereales para crear nuevas mezclas y comercializarlas. Es decir, una vez que vieron un negocio próspero, lo monopolizaron.

Hasta entonces, las mujeres no solo habían sido quienes la elaboraban, sino también quienes investigaban con sabores, texturas y mezclas. Se cuenta que tanto en la sociedad mesopotámica como en la sumeria las mujeres disponían del espacio específico en la cocina para elaborarla, y el proceso era considerado un ritual. 

Siglos más tarde, en la sociedad vikinga, seguían siendo ellas las responsables y suyas eran también las licencias y equipos para elaborarla. En Egipto también fue una bebida elaborada por mujeres hasta que se extendió su producción y pasó a manos de hombres. Lo mismo ocurrió en la Edad Media europea, cuando las licencias pasaron a estar a nombre de los maridos.

El cambio legal de licencia puede tener que ver con el hecho de que, para entonces, la cerveza era un bien muy preciado y aunque se elaboraba a nivel familiar, los excedentes se vendían para obtener un ingreso familiar extra. Así, ellas seguían trabajando, pero el producto ya no era suyo. Y el dinero que daba, tampoco.

El lúpulo aparece en escena

La historia siempre nos devuelve el relato de las clases sociales y del patriarcado. Porque a pesar de ese monopolio clerical, la cerveza tal y como la conocemos, la inventó también una mujer.

Fue en la Edad Media cuando la elaboración y el consumo de cerveza dio un nuevo giro al agregar a la mezcla el lúpulo, una flor que dota a la bebida de su característico amargor, y cuyas propiedades conservantes permitían almacenarla durante mucho más tiempo. La responsable del descubrimiento que dio este giro radical a la cervecería fue la abadesa Hildegarda de Bingen, la versión femenina de Leonardo da Vinci.

Por supuesto a esta buena mujer, que compaginó su rol como maestra cervecera con el de teóloga, escritora y botánica entre otros, terminaron canonizándola. Además de su notable aportación a la cerveza, Hildegard von Bingen nos legó un placentero «descubrimiento»: la primera descripción por escrito de un orgasmo femenino. 



Esta monja de clausura (¡ojo!) fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos, que residía en el cerebro y que la mujer también lo sentía. Para ella, el acto sexual era algo «bello, sublime y ardiente». En sus libros de medicina abordó la sexualidad, especialmente en Causa et curae, en la que describió sin tapujos el momento del clímax de la pareja y la eyaculación.

¡La verdad es que se merecía ser santa!

sábado, 8 de junio de 2024

Flores que huelen a sangre y moscas chacales

 

De entre todos los caminos que pudo elegir a través de los tallos y hojas de la planta, aquella chicharra eligió el peor. El ataque fue extraordinariamente rápido y en apenas unos segundos el insecto estaba cercenado por las espinosas patas delanteras de la mantis. Mientras se agitaba sin escapatoria posible, el aterrorizado insecto lanzó al aire una señal de alarma. Apostada en las cercanías, una diminuta mosca clorópida captó las feromonas, voló hacia el lugar de la tragedia y se unió al banquete.

Las moscas clorópidas son animales cleptoparásitos. El cleptoparasitismo (literalmente, parasitismo por robo) es una forma de alimentación en la que un animal se aprovecha de presas capturadas por otros. El fenómeno es muy conocido en algunas aves marinas oportunistas como charranes, gaviotas, págalos o rabihorcados y en mamíferos como las hienas. Entre los insectos, es característica en moscas de las familias Chloropidae y Milichiidae.

El menú de estas moscas se basa en succionar la hemolinfa (el líquido circulatorio equivalente a la sangre en los artrópodos) de los insectos que están siendo devorados por un predador. Para conseguir un almuerzo gratis, detectan las feromonas de alarma que emite el insecto cuando es cazado por una mantis religiosa, cae atrapado en una tela de araña o es víctima de cualquier otro depredador.

Tres moscas chacales del género Desmometopa (2-4), cerca de una araña Thomisidae (1) que está devorando una abeja melífera. El díptero más pequeño (5) no es una mosca chacal sino posiblemente un mosquito hematófago de la familia Ceratopogonidae. Foto de Jon Richfield.

Una vez en la escena de caza, el ladrón oportunista aprovecha la lentitud con la que los depredadores suelen despiezar a sus víctimas para succionar ávidamente la hemolinfa de la presa. Sin embargo, cuando una de estas oportunistas es atraída por los olores agónicos puede acabar siendo víctima de un refinado truco de la evolución que practican algunas plantas.

Las interacciones mutuas entre plantas y animales son un proceso ecológico tan común que casi el 90% de las especies de las angiospermas son zoófilas, es decir, dependen de los animales para la dispersión del polen. La mayoría de los animales implicados en esas interacciones forjadas a través de millones de años de coevolución son insectos (plantas entomófilas), responsables de la polinización de un 88% de todas las plantas zoófilas.

Las adaptaciones florales que aumentan la eficiencia de la transferencia de polen y fomentan la polinización cruzada han sido indiscutiblemente una fuerza impulsora de la evolución y diversificación de las angiospermas.

Por lo general, esas interacciones están basadas en mecanismos de recompensa mediante los cuales las plantas pagan con alimentos extraordinariamente nutritivos (néctar o polen) los servicios esenciales que les prestan sus polinizadores. Por lo general, las angiospermas comparten interacciones mutualistas con sus polinizadores, pero en aproximadamente el 4-6% de las plantas con flores la polinización se basa en diferentes mecanismos de engaño por el que las plantas anuncian una recompensa que finalmente no la proporcionan.

Entre las flores que no ofrecen recompensas nutricias directas, a pesar de que se “publiciten” con fragancias y colores brillantes, se cuentan algunos de los ejemplos más extraordinarios de coevolución. En tales sistemas de interacción, que suponen estrategias más elaboradas, pero de producción energéticamente menos costosa, solo la planta se beneficia, porque los polinizadores no obtienen recompensa alguna.

Los sistemas engañosos incluyen algunos muy divulgados como la imitación de las parejas de apareamiento que provocan cópulas fallidas en las orquídeas mediterráneas del género Orchis, y otros menos divulgados entre los que se cuentan los de miofilia, (del griego muia, mosca) el término que describe la polinización por dípteros, un mecanismo relativamente común sobre todo entre plantas con flores como las de los aros atrapamoscas Helicodiceros muscivorus o de ciertas orquídeas que emiten olores a cadaverina.

Uno de los mecanismos más especializados de mimetismo floral para atraer dípteros es la cleptomiofilia, el proceso por el que las flores imitan a insectos heridos que actúan de reclamos irresistibles para las moscas cleptoparásitas, una estrategia tan extraña que no fue descubierta hasta 2015 en la hierba trepadora mediterránea Aristolochia rotunda, cuyas flores emiten un aroma particular que imita es de las feromonas de alarma que emiten algunos insectos cuando caen víctimas de predadores.



Ese olor a “insecto asustado” emitido por la flor ha logrado que las moscas clorópidas cleptoparásitas se conviertan en sus polinizadores. Cuando estas moscas entran en la alargada flor trampa, son atrapadas, retenidas un tiempo, impregnadas de polen y posteriormente liberadas.

Descrito por primera vez el año pasado, el síndrome de cleptomifiolia del algodoncillo Ceropegia gerrardii (Apocynaceae) es extraordinariamente original y, a diferencia de lo que sucede en Aristolochia o en los aros atrapamoscas, no implica dispositivos de captura física.

Un algodoncillo tramposo

Incluso dentro de la extraordinaria y sorprendente variabilidad de la flora endémica surafricana —un auténtico “laboratorio de la evolución” por usar la expresión de Darwin en El origen de las especies— las flores de Ceropegia gerrardii son extrañas. A simple vista parecen estrellas de mar bigotudas de color verde aterciopelado salpicadas con lo que cualquier observador tomaría por gotas de rocío mañanero. ¿Quién podría polinizar una flor así y cómo la encontraría?

Las flores de C. gerrardii son polinizadas por diminutas "moscas chacales" del género Desmometopa (familia Milichiidae), que se comportan como "cleptoparásitas" porque se alimentan de la hemolinfa que roban de las presas capturadas por las arañas o las mantis. Las moscas chacales llegan rápidamente a una presa respondiendo a las señales de angustia de los insectos cazados. De hecho, dos de las especies de moscas Desmometopa que polinizan a C. gerrardii llegaron en un intervalo de 15 segundos cuando se colocaron abejas melíferas heridas en un entorno natural.

Flor de Ceropegia gerrardii y mosca polinizadora Desmometopa m-nigrum (Milichiidae). (a) Flor con gotitas de líquido secretadas desde la superficie de los lóbulos de la corola. (b) Primer plano de un lóbulo de la corola cubierto de líquido secretado. (c) Primer plano del órgano reproductivo de la flor (ginostegio) con una mosca polinizadora en la posición correcta para retirar o depositar una masa de granos de polen (polinia). (d) Primer plano de la misma mosca lamiendo el líquido secretado de la superficie de los lóbulos de la corola. (e) La misma mosca reposando sobre los lóbulos estaminales (interiores) de la corona regurgitando después de alimentarse de la secreción de los lóbulos de la corola. Las flechas en (d, e) indican una polinia adherida al aparato bucal de la mosca. Barras: (a) 5 mm; (b) 2 mm; (c) 0,6 mm; (d) 0,3 mm; (e) 0,4 mm. Fuente

Al contrario que en el caso de Aristolochia rotunda, cuyas flores forman cámaras tubulares que atrapan a las moscas, lo que compensa la transferencia ineficiente de polen prolongando el tiempo de residencia de las moscas en su interior, las flores abiertas de C. gerrardii actúan en dos fases. En primer lugar, el aroma floral imita la firma química de las abejas melíferas heridas y sirve como un atrayente clave para las moscas chacales porque incluye componentes de feromonas de alarma de abejas melíferas heridas.

Sin necesidad de atrapar a los insectos en una trampa floral, las flores del algodoncillo surafricano retienen a las moscas secretando gotitas líquidas que contienen una sustancia de composición a base de azúcares y proteínas más cercana químicamente a la hemolinfa de los insectos que al néctar floral.

Este hallazgo recuerda investigaciones anteriores sobre mutualismos de dispersión de semillas mediados por eleosomas, los cuerpos alimenticios unidos a las semillas dispersadas por hormigas, cuyo contenido nutritivo (ácidos grasos libres, aminoácidos y el azúcar trehalosa) es más similar al de la hemolinfa de los insectos con la que las hormigas alimentan a sus larvas que al de las semillas a las que están adheridos

1984, la gran novela de Orwell, cumple hoy 75 años

 

Hoy cumple 75 años 1984, la novela distópica de Orwell que todavía hace sonar las alarmas sobre el resurgimiento de regímenes totalitarios y opresivos en ambos extremos del espectro político.

Setenta y cinco años después de su publicación el 8 de junio de 1949, la novela de Orwell ha alcanzado un nivel de vigencia que pocos libros disfrutan en la cultura académica, política y popular. El significado de 1984 ha sido cooptado por grupos de todo el espectro político y, en consecuencia, sirve como una especie de barómetro político que, en momentos de crisis política, se dispara hasta lo más alto de las listas de libros más vendidos.

El lenguaje y las imágenes de la novela, que Anthony Burgess, autor de La Naranja Mecánica, alguna vez llamó «un códice apocalíptico de nuestros peores temores», también han sido reinterpretados en la música, la televisión, los anuncios y las películas, moldeando la forma en que la gente ve y discute el terror de la opresión política.

Algunos términos que el libro introdujo como “Gran Hermano” y “policía del pensamiento”, forman parte del lenguaje común actual. El control de las masas y la vigilancia política introducidos en la novela resultan hoy más posibles que nunca gracias a la variedad de tecnologías de seguimiento de las redes sociales, mientras que el retorcimiento de la verdad se multiplicará a través de las mentiras urdidas por la inteligencia artificial. En un mundo que, en muchos aspectos, resulta similar al de la sociedad imaginada por Orwell, pero que también es diferente, ¿qué significa hoy 1984?

1984 se ha convertido en una forma de tomar la temperatura de la política global. Un termómetro que sube y baja porque la gente lo reinterpreta y recurre a él para refrescar su comprensión del presente, para valorar el grado de perversión de la realidad política en comparación con la sociedad orwelliana.

Recordemos el argumento de 1984. Tres Estados totalitarios gobiernan el mundo en una distensión lograda mediante guerras constantes. El Partido, que todo lo ve, domina una sociedad sombríamente uniforme en el bloque llamado Oceanía. Como miembro de bajo nivel del Partido, el trabajo del protagonista Winston Smith es reescribir los registros históricos para que coincidan con la versión oficial en constante cambio de los acontecimientos. Como dice un lema del Partido: «Quien controla el pasado controla el futuro: Quien controla el presente controla el pasado».

Winston comienza a documentar sus pensamientos contrarios al sistema al tiempo que inicia una aventura ilícita con una mujer llamada Julia, pero pronto los dos son capturados y torturados por el régimen para que obedezcan. En última instancia, la individualidad de Smith y su intento de rebelarse son brutalmente reprimidos. Aunque la mayoría de las sociedades contemporáneas no se parecen en nada a la distopía del libro, en el contexto de la proliferación actual de desinformación y deformación interesada de la verdad, los principales lemas propagandísticos del Partido –«La guerra es paz», «La libertad es esclavitud» y «La ignorancia es fuerza»—no parecen tan descabellados.

Aunque el escritor dudaba de si su novela sería un éxito de ventas o caería en el olvido, poco después de su publicación, el estatus de superventas de 1984 quedó claro. Desde entonces, el libro ha vendido millones de ejemplares. En enero de 2017 volvió a ocupar el primer lugar de la lista de libros más vendidos en Estados Unidos, después de que un asesor de la administración Trump acuñara el término de doble sentido «hechos alternativos».

Muchas otras novelas distópicas contienen advertencias similares. Si es así, ¿por qué 1984 tiene tanta capacidad de permanencia? Todas las novelas de Orwell tienen exactamente la misma trama: se trata de individuos solitarios y humildes que intentan cambiar la naturaleza de sus vidas y que, al final, son aplastados por una autoridad represiva. 1984 es la apoteosis de los miedos y las hipótesis de Orwell sobre la vigilancia y la manipulación: la visión precisa y de pesadilla de Orwell contiene suficientes elementos familiares para otorgarle una sensación de alarmante credibilidad.

Orwell tuvo una corta pero prolífica carrera como un escritor que narró la política, la pobreza y la injusticia social antes de su temprana muerte por tuberculosis en enero de 1950, apenas siete meses después de la publicación de 1984. Aunque fue un magnífico ensayista, es más conocido por 1984 y por Rebelión en la granja, su sátira de 1945 sobre la Rusia estalinista. Orwell, socialdemócrata y antiestalinista, supo representar las contradicciones de la ideología comunista, la brecha entre su autoimagen y su realidad. 1984 y Rebelión en la granja fueron entendidos como textos anticomunistas ejemplares e incorporados como lecturas en los planes de estudios y ampliamente divulgados en las décadas posteriores.

Nacido en Bengala en 1903 y bautizado con su verdadero nombre, Eric Arthur Blair, cuando la región estaba bajo el dominio colonial británico, del que desilusionó mientras servía en la Policía Imperial India en Birmania, una experiencia que inspiró su primera novela, Los días de Birmania, Orwell regresó a Inglaterra en 1927 y se sumergió en la pobreza de la clase trabajadora para escribir Sin blanca en Paris y Londres y Camino a Wigan Pier. Luchó contra el fascismo en la Guerra Civil española durante la cual escribió Homenaje a Cataluña (1938) y donde casi murió por una herida en la garganta que recibió cerca de Huesca.

En Homenaje a Cataluña, Orwell describe su admiración por la ausencia de estructuras de clase en algunas áreas dominadas por revolucionarios de orientación anarquista. Pero también critica, como hizo Franz Borkenau en El reñidero español (1937), el control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. En cualquier caso, el conflicto reforzó su compromiso político socialista: todo lo que escribió después estuvo en contra del totalitarismo y a favor de la socialdemocracia.

Escribió 1984 mientras luchaba contra la tuberculosis en la isla de Jura en Escocia, consciente de que su salud se estaba deteriorando mientras la escribía. Al terminar el manuscrito, viajó a un hospital de Londres para recibir tratamiento; allí, hospitalizado, se casó con la editorialista Sonia Brownell. El escritor murió tres meses después, a los 46 años.

La popularidad y la vigencia actual de Orwell se deben a su extraña capacidad para predecir muchas de las cosas que nos preocupan en la década de 2020. Hay algo en su obra que se sigue reinventando y reactivando en relación con acontecimientos que sucedieron mucho después de su muerte, a cuyos textos podemos recurrir para afrontar diferentes tipos de problemas políticos y, en particular, la propaganda, la censura y la volatibilidad del discurso político.

Adaptado a las necesidades de un amplio espectro de lectores, 1984 cobró vida más allá de su autor y de sus páginas. La novela proporcionó un vocabulario fácil de usar que los lectores podemos seguir utilizando para nombrar el “fenómeno" de la opresión.

jueves, 6 de junio de 2024

Sarah Baartman, la Venus hotentote

 

Se cumplen ahora 50 años desde que en París dejaron de exhibirse el cerebro, el esqueleto y los órganos sexuales de Sarah Baartman, una pobre mujer explotada que falleció con 26 años después de haber sido exhibida durante años en 'freak shows' europeos.

Baartman nació en 1789 en una región cercana al río Gamtoos, en Cabo Este, Sudáfrica, hogar de los nativos Joi-Joi. Durante su adolescencia emigró a Cape Flats, cerca de Ciudad del Cabo, donde terminó siendo esclava de unos granjeros y vivió en una pequeña cabaña hasta 1810. Ese año fue vendida al doctor británico William Dunlop, quien la persuadió para irse con él en barco hacia Inglaterra. Lo que Dunlop deseaba era presentarla en su circo como una rareza, y hacer dinero con ella a través de exhibiciones.

Traída a Europa desde Sudáfrica, aparentemente con falsas promesas por el médico británico, fue exhibida, bajo el nombre artístico de 'Venus Hotentote', en shows para friquis ('freak shows') de Londres y París, con multitudes que acudían a mirar morbosamente sus grandes nalgas, que aunque se anunciaban como un rasgo característico de su tribu, de trata de una deformidad debida a una acumulación de grasa en los glúteos llamada esteatopigia.

El Imperio británico había abolido la trata de esclavos en 1807, pero no la esclavitud. Aun así, los activistas se horrorizaron por el trato que recibió Baartman en Londres. Según las crónicas, era obligada a «desfilar» desnuda sobre una tarima y a obedecer a su guardián cuando este le ordenaba cómo «actuar en el escenario». Por un pago extra, se permitía a los espectadores que tocaran sus exuberantes glúteos.

Estas presentaciones se llevaron a cabo en una época en que se debatía la abolición de la esclavitud, y surgieron protestas en Londres cuestionando su explotación. El circo en el que la exhibían también recibió presiones de ciertos sectores sociales y estuvo a punto de ser clausurado, pese a que Sara Baartman declaró ante un juez que participaba voluntariamente, y que el doctor William Dunlop demostró que ella estaba de acuerdo, ya que presentó un contrato aparentemente firmado por ella.

Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo y Sara fue llevada ante los tribunales. Después de que el escándalo provocara el final del negocio en Inglaterra, fue trasladada a París, donde un domador de fieras la exhibió durante quince meses más. En París atrajo la atención de científicos franceses, en particular la de George Cuvier, quien la describió como una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el neerlandés.

Cuando los parisinos perdieron interés en el espectáculo, fue forzada a prostituirse. No pudo resistir el frío clima, la cultura europea, ni el abuso de su cuerpo. Sola, enferma y alcohólica, falleció el 29 de diciembre de 1815, cinco años después de haber salido de su África natal.

Antes de que hubieran transcurrido 24 horas de su muerte, la comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, después de que Cuvier hubiera realizado realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier. Su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el Museo del Hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante mucho tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer la característica llamada sinus pudoris, que es una elongación de los labios menores de la vagina propia de las mujeres Joi-Joi.

Hoy, muchos consideran a Sarah Baartman como el epítome de la explotación colonial y el racismo, de la ridiculización y mercantilización de los africanos. Por presiones del Gobierno de Nelson Mandela, sus restos fueron repatriados y enterrados en Sudáfrica en 2002.

miércoles, 5 de junio de 2024

Un pequeño helecho tiene el genoma más grande conocido

 

El genoma del pequeño helecho Tmesipteris oblanceolata, cuyas ramitas con esporangios se muestran en la fotografía anterior, contiene 160 mil millones de pares de bases, aproximadamente cincuenta veces más pares de bases que el de un ser humano y, si pudiera extenderse, el ADN empaquetado en una sola de sus células se extendería más allá de la longitud de un campo de fútbol. Si hiciéramos lo mismo con nuestro genoma, podríamos alargarlo solamente unos dos metros.

El helecho Tmesipteris oblanceolata, que los botánicos acaban de descifrar, tiene el genoma más largo conocido de cualquier organismo. Los helechos son conocidos por ser unos “acumuladores de cromosomas”, es decir por poseer los genomas particularmente grandes. De hecho, el genoma de este helecho es mucho más largo que el del anterior poseedor del récord, Paris japonica, una planta con flores que crece en Japón y tiene 149 mil millones de pares de bases en su código genético.

El ADN no es más que un manual de instrucciones para fabricar un ser vivo. Una molécula de ADN —como seguramente recordará el lector de innumerables programas de televisión, si no de las clases de biología en la escuela— está constituida por dos hebras unidas por peldaños formados por pares de bases de nucleótidos que unen un lado de la escalera con el otro que forman la famosa escalera de caracol conocida como doble hélice.

Un tramo de ADN se divide en segmentos llamados cromosomas y unidades individuales más cortas llamadas genes. La suma de todos los genes forma el genoma. El tamaño de un genoma está determinado por el número de pares de bases que lo forman.

En contra de la intuición, el número total de pares de bases no parece estar relacionado con la complejidad de un organismo. Los humanos tenemos alrededor de tres mil millones de pares de bases y T. oblanceolata tiene aproximadamente 50 veces más. El genoma del helecho es 61.000 veces más grande que el genoma eucariota más pequeño.

Diversidad del tamaño del genoma en eucariotas. (A) Distribución actual del tamaño del genoma en los principales linajes de plantas, animales y hongos. (B) Top 10 de los registros de tamaño de genoma más grandes en eucariotas.


El significado biológico de toda esta variación en el tamaño, cómo crecen y se reducen los genomas y cuáles son las causas y consecuencias evolutivas de esos fenómenos constituye un misterio aun no descifrado.

Los científicos han descifrado los genomas de unas 20.000 especies. Entre los animales, los peces pulmonados y un grupo de salamandras acuáticas tienen algunos de los genomas más grandes. El genoma eucariota más pequeño conocido, que se encuentra en Encephalitozoon intestinalis, un parásito fúngico unicelular, tiene 2,6 millones de pares de bases. Pero la mayoría de los genomas más largos se encuentran entre las plantas.

El estudio de organismos con genomas grandes puede ayudar a los investigadores a comprender mejor cómo se relaciona el tamaño genómico con la evolución y la ecología. En el nuevo estudio, los investigadores se centraron en miembros del género Tmesipteris, que incluye alrededor de 15 especies de helechos que crecen en Oceanía y varias islas del Pacífico. Antes de esta investigación, los científicos habían registrado el tamaño del genoma de otras dos especies del género, que tienen 73 mil millones y 147 mil millones pares de bases, respectivamente.

Mientras que Tmesipteris oblanceolata se levanta a sólo unos centímetros del suelo, el ADN desenrollado de una sola célula mediría unos 100 m de largo.

Los genomas de las plantas pueden crecer en tamaño cuando heredan copias adicionales de cromosomas o acumulan secuencias repetidas de ADN. Los investigadores no están seguros de por qué los genomas de algunas plantas crecen tanto. Por ejemplo, cada vez que una célula de este helecho se divide tiene que copiar unos 100 metros de material genético, lo que parece absolutamente ineficiente. Es difícil imaginar que un ADN repetitivo como el de este helecho le confiera algún tipo de ventaja selectiva. Es una carga increíble crear ADN para cada célula, para luego empaquetarlo y protegerlo.

Aunque los científicos ni siquiera se han acercado a medir los genomas de todas las especies, los autores del estudio sugieren que es poco probable que se encuentre un genoma mucho más grande que el de T. oblanceolata.

Aunque en la naturaleza, es bien sabido, las sorpresas no faltan.