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domingo, 25 de agosto de 2019

Los insectos confirman la migración interglaciar de las praderas americanas

Las praderas de Norteamérica son algunos de los tipos de hábitat más amenazados del planeta: hoy ocupan tan solo el 1% de su área original de distribución. Gracias sobre todo a los estudios pioneros de Weaver y Clements, desde principios del siglo pasado se sabe que la vegetación de las Grandes Llanuras de Norteamérica eran extensas praderas bajas cuya presencia se debía en gran medida a la sombra de lluvias que las Montañas Rocosas proyectan a sotavento del Pacífico.
Antes de la colonización, hacia el este de Nebraska y Kansas, donde la aridez disminuye, las planicies estaban cubiertas por praderas medias y altas gracias a la combinación del fuego y del pastoreo ejercido por enormes manadas de bisontes. Aún más al este, esos pastizales eran interrumpidos por bosques en los valles de los ríos, formando una extensa "península de pradera" que se extiende hacia los Grandes Lagos (Fig. 1A) hasta reducirse a claros dentro de los bosques más allá del lago Michigan. 
Los Montes Apalaches (Fig. 1A, púrpura) separan estos pastizales de los "barrens” (terrenos por lo general afectados por la pobreza de los suelos y desprovistos de bosques densos; en adelante me referiré a ellos como yermos) de las llanuras costeras del Atlántico (Fig. 1B, naranja), de los cuales el más grande del noreste, en Nueva Jersey (NJ), cubría más de 13.000 hectáreas situadas al este de Nueva York, en Hempstead, Long Island (Fig. 1C, verde). 
Figura 1. Fuente.
¿Son estos yermos remanentes de una antigua pradera, o representan otro tipo completamente diferente de ecosistema? Otras zonas con herbazales similares, pero más pequeñas, llamadas "heaths” (brezales)", ocupaban antaño muchos otros lugares de Nueva Inglaterra, principalmente en Massachusetts (MA). Esos brezales eran los lugares de reproducción de un animal inexistente en las Grandes Llanuras, el gallo de brezal, la subespecie más pequeña de Tympanuchus cupido(el gallo de las praderas). Los gallos de brezal se han extinguido y su distribución original exacta no está documentada, pero se sabe que habitaban desde el sur de Maine (ME) hasta el norte de Virginia (VA). Los brezales prácticamente han desaparecido de la costa Este, pero aún quedan pequeños claros en localidades muy dispersas, particularmente alrededor de algunos yermos con pinares (Fig. 1D).
A pesar de que presentan similitudes indudables con las praderas más occidentales, la rareza de las praderas atlánticas de brezos y yermos constituye un enigma de la costa Este. La cuestión es cómo las plantas de las praderas y los animales asociados, como el gallo de la pradera, pueden haber llegado tan lejos y constituir un ecosistema completo de llanuras herbáceas que no eran mantenidas por los incendios periódicos y las manadas de bisontes.
Después de la retirada de los glaciares del Pleistoceno, un fragmento del ecosistema de la pradera se extendió mucho más al este de lo que cabría esperar. Este subconjunto de pastizales se extendió hasta el noreste e incluso alcanzó la costa atlántica en Nueva Jersey y Long Island. Se conocía como la “península de las praderas” y hoy en día sus restos representan algunos de los ecosistemas de praderas más raros de Norteamérica.  
Se piensa que la península de las praderas debe su existencia a unas peculiaridades del clima pleistocénico. Durante los períodos interglaciares, el clima del este de Norteamérica era mucho más cálido y seco de lo que es actualmente. Debido a ello, se supone que las praderas migraron hacia el este siguiendo las morrenas terminales recientes que los glaciares dejaban a su paso. Los suelos de morrena tienden a estar compuestos de material no consolidado que drena rápidamente el agua, lo que proporciona las condiciones perfectas para el desarrollo de las praderas. Esta península precedió a la invasión de los árboles, que ahora forman los bosques que dominan el este de Norteamérica. Hoy nos referimos a los restos de esta península como brezales o yermos. 
En mi repaso veraniego de lecturas pendientes, he encontrado un artículo que arroja luz sobre este punto de vista utilizando a los insectos como bioindicadores en un trabajo de investigación muy ingenioso. 
Cercopis vulnerata, uno de los homópteros usados en el trabajo de Hamilton. Foto.
El autor, el canadiense K.G. Andrew Hamilton usó varios insectos (principalmente se centró en homópteros de la familia Aphrophoridae), para demostrar que estos remanentes orientales de las praderas son, efectivamente, relictos del pasado glacial. Algunos insectos chupadores de savia que son comunes en las praderas están extremadamente especializados plantas muy concretas, fundamentalmente gramíneas. Muchos de estos insectos no vuelan o al menos no viajan grandes distancias desde donde nacieron. Si uno encuentra determinadas especies en las praderas orientales, obtendría una evidencia muy potente para sostener la hipótesis de la migración de las praderas de oeste a este a través de las morrenas glaciares.
Los resultados de Hamilton sugieren exactamente eso. Los enclaves orientales de brezales y yermos albergan muchos de los especialistas de las praderas occidentales. Lo que resulta muy interesante es que esta investigación ha demostrado que se pueden rastrear los patrones migratorios de estos ecosistemas. Como se había postulado, las praderas migraron desde el oeste durante un período interglaciar mucho más cálido que ahora. A medida que avanzaban por el este de los Estados Unidos, se toparon con las montañas Apalaches, que son una barrera formidable para la migración de plantas adaptadas a las llanuras.
¿Cómo se apañaron las praderas para sortear esa barrera y terminar en enclaves de la costa atlántica? Los datos apuntan a los sedimentos arenosos que existen en los numerosos valles a lo largo de la columna vertebral de los Apalaches. La mayoría de estos sedimentos ya no existen debido a la erosión y a la colonización por bosques, lo que provoca la disyunción actual de estos raros retazos orientales de pradera. 
Estos resultados son un maravilloso ejemplo de la singularidad de los hábitats de las praderas y, ahora más que nunca, demuestran que merecen ser protegidos para que puedan sobrevivir hábitats, animales y plantas en peligro de extinción. También subrayan cuán especiales son realmente estos hábitats. No son algo creado por la mano del hombre; no son el resultado de la tala o de la quema. Son hábitats que han sobrevivido a los avatares del tiempo. ©Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.
Foto del encabezamiento: Esa parcela de pradera mixta en el Kirwin National Wildlife Refuge, Kansas, había sido quemada preventivamente un par de meses antes de que se tomara esta foto. El resultado fue una gran floración de la compuesta Echinacea angustifolia y de la acacia sensitiva Schrankia nuttallii.

viernes, 23 de agosto de 2019

Un nuevo caso de polinización por reptiles

Hábitat de G. capensis. La planta aparece en primer plano, a la izquierda. Foto S. Johnson.
Casi el 90% de las plantas con flores dependen de los animales para la polinización y la mayoría de ellas hacen exhibiciones florales brillantes y coloridas para atraer polinizadores como pájaros, abejas o mariposas. Las flores que son polinizadas por polinizadores menos frecuentes, por ejemplo, ratones y avispas, que dependen más del olor o de señales químicas para encontrar las flores, tienen con frecuencia una apariencia críptica. 
Las flores de Guthriea capensis encajan por completo en esta última categoría. Están situadas a nivel del suelo, debajo de las hojas, de modo que están completamente ocultas a cualquier animal que pase por encima de la planta. Incluso desde abajo, su color verde claro es indistinguible del envés foliar. Las flores no solo son crípticas, sino que son casi invisibles para la mayoría de los polinizadores animales imaginables. Curiosamente, las flores producen grandes cantidades de néctar (se puede recoger hasta media cucharadita de líquido dulce de las flores de una sola planta) y este néctar tiene un olor acre y un sabor amargo. La presencia de néctar abundante y perfumado sugiere que algunos animales polinizadores visitan las flores, pero hasta hace unos meses, la identidad del polinizador era un misterio.
G. capensis tiene un crecimiento muy compacto y flores pequeñas y poco vistosas escondidas debajo de las hojas, como si quisiera pasar desapercibida. Por eso, quienes la conocen la llaman "flor escondida". Crece bien escondida a gran altitud entre las grietas rocosas del acantilado de Drakensberg en Sudáfrica. Pero una cosa es vivir disimuladamente y otra fracasar. A pesar de su hábito un tanto críptico, es seguro que algo o alguien debería polinizarla. Una investigación reciente ha acabado por descubrirlo. La flor escondida es polinizada por algunos reptiles que comparten su hábitat.
La polinización por lacértidos, una versión de la llamada saurofilia, no es desconocida en absoluto ([1]), pero eso no quiere decir que sea muy común. Los estudios de polinización son muy complicados. El hecho de que alguien visite una flor no quiere decir que sea un polinizador efectivo. Para saberlo con certeza se necesitan muchas horas de paciente observación y algunos experimentos de manipulación que permitan llegar al fondo del mecanismo. 
Al levantar las hojas se pueden observar las flores de G. capensis. Foto S. Steenhuisen.
Guthriea capensis, una planta incluida en la Lista Roja de especies amenazadas de Suráfrica, es miembro de la familia tropical Achariaceae. La mayoría de los géneros de esta familia están poco estudiados con excepción de Hydnocarpus wightianus, el chaulmoogra, porque el aceite de sus semillas se ha utilizado en la medicina tradicional hindú y china para el tratamiento de la lepra. En medicina occidental fue utilizada en el siglo XIX antes de la era de las sulfonamidas y otros antibióticos para el tratamiento de varias enfermedades de la piel y lepra. 
G. capensis está adaptada a ambientes de altitud elevada y de ahí su forma compacta de crecimiento. Al pegarse al sustrato, esta pequeña hierba evita los fuertes vientos que caracterizan los hábitats de montaña. Las plantas son unisexuales monoicas, lo que significa que hay flores masculinas y femeninas pero ambas se producen en el mismo individuo. 
Flor masculina (arriba) y femenina (abajo) de G. capensis. Obsérvese la gran cantidad de néctar que producen   Foto S. Steenhuisen.
Las flores se producen en la base de la planta, lo que no ocurre en la mayoría de las plantas, que suelen lucir sus flores en el extremo de sus tallos para hacerlas accesibles a los polinizadores. Son pequeñas y en su mayoría de color verde, excepto por la presencia de unas pocas glándulas de color naranja brillante cerca de la base del estilo, en las profundidades del tubo floral. Lo que les falta en visibilidad, lo compensan con néctar y olor. Cada flor produce grandes cantidades de néctar pegajoso y rico en azúcar. También emiten una fragancia especial. En conjunto, estos rasgos generalmente indican un síndrome de polinización por pequeños roedores, una suposición que se ha demostrado equivocada.
Flor masculina (a) y flor femenina (b). Véanse  las grandes glándulas nectaríferas de color naranja en la base. Foto.
A base de filmar horas y más horas de video y gracias a un puñado de astutos experimentos, un equipo de investigadores surafricanos publicó el pasado mes de abril un artículo en el que demuestran que son lagartijas, y no mamíferos, pájaros o insectos los principales polinizadores de esta críptica planta. Dos especies de lagartijas endémicas de esta región, Pseudocordylus melanotus Tropidosaura gularis, fueron los principales visitantes de las flores durante el período de experimentación.
Una cámara fija filmando un ejemplar de la flor escondida. Foto S. Steenhuisen. 
Las lagartijas pasan mucho tiempo lamiendo el néctar de las flores antes de visitar otras y, al hacerlo, recogen mucho polen. Estar cubierto de escamas significa que el polen puede tener dificultades para adherirse al hocico de un reptil, pero ahí entra en juego el néctar pegajoso: el polen se adhiere al hocico de las lagartijas gracias que lo embadurnan de néctar. Al observar en los vídeos muchos intentos de alimentación, los investigadores observaron que las lagartijas no solo recogen mucho polen, sino que lo depositan en el lugar correcto del estigma para que la polinización tenga éxito. Aunque muchos insectos visitaron las flores en búsqueda de néctar, no resultaron ser tan efectivos transfiriendo adecuadamente el polen.
Lo que llamó la atención es la práctica ausencia de visitantes roedores. La razón de esa ausencia podría estar en algunos de los compuestos del néctar. Los investigadores encontraron altos niveles de una sustancia química llamada safranal, que es la responsable del olor de las flores. El safranal es amargo y podría muy bien servir como disuasorio para roedores y musarañas. Se necesitará más trabajo para confirmar esta hipótesis. Sea como sea, el safranal no parece disuadir a los lagartos e incluso puede que sea la primera señal que los atrae a la planta. 
Pseudocordylus subviridis. Foto.
Otra observación interesante es que el color del tubo floral y las glándulas naranjas en el interior parecen coincidir con los colores de una de las lagartijas polinizadoras (Pseudocordylus subviridis). ¿Es posible que esto atraiga todavía más a las lagartijas a visitar las flores? Otros mecanismos de saurofilia han demostrado que los lacértidos parecen responder bien a los patrones de color. ¿Es posible que estas flores evolucionaran en respuesta a tales patrones? Nuevamente, se necesita más investigación para confirmar esta hipótesis.
Cuando en uno de los experimentos lograron excluir las lagartijas de las flores, el equipo pudo demostrar que, de hecho, las lagartijas parecen ser las principales polinizadoras de estas plantas. Sin ellas, la cantidad de semillas se reduce en un 95%, mientras que cuando se excluyen los insectos solo se reduce el éxito reproductivo en un 4%. Está claro que las lagartijas son las principales polinizadoras de la enigmática flor escondida. 
Este hallazgo, además de ampliar nuestros limitados conocimientos de los síndromes de la saurofilia, plantea muchas preguntas interesantes sobre cómo evolucionaron las relaciones entre reptiles y angiospermas. © Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.

Capitán Motosierra o Nerón: arde la Amazonía

Según informó el miércoles 21 de agosto el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil, desde enero se han producido 74.155 grandes incendios en el país. Esa cifra significa un incremento del 85% con respecto a la misma fecha en 2018, incluye más de 9.000 incendios detectados durante la semana pasada y representa la tasa más alta registrada desde que los incendios comenzaron a cuantificarse y registrarse en 2013.
La gran mayoría de los incendios no son incendios naturales, sino fuegos intencionados para desbroce de tierras que llevan a cabo agricultores y madereros envalentonados por las políticas del presidente brasileño Jair Bolsonaro. Independientemente del origen, los incendios, que son lo suficientemente grandes como para ser vistos desde el espacio, representan una amenaza significativa para la cuenca del Amazonas, uno de los "pulmones" del planeta debido a su capacidad para almacenar dióxido de carbono y producir oxígeno. La selva tropical es una de las mayores defensas del mundo contra el cambio climático.
Hasta ahora y desde principios de año, los incendios han arrasado 18.627 kilómetros cuadrados de la región amazónica de Brasil, más del doble de las 8.205 kilómetros cuadrados incendiados durante el mismo período en 2017. El número de incendios registrados en 2019 supera con mucho los 67.790 registrados en estas mismas fechas en 2016, cuando una gran incidencia de El Niño creó unas severas condiciones de sequía en el territorio.
Alberto Setzer, investigador del INPE, ha explicado que los incendios no pueden atribuirse solo a la estación seca o los fenómenos naturales, sino a la actuación humana, ya sea deliberada o accidental. En total, Setzer estima que el 99% de los incendios son el resultado de la actividad humana.

Los incendios amazónicos son tan grandes que se pueden ver desde el espacio (Observatorio de la Tierra de la NASA).
Desde que asumió la Presidencia en octubre de 2018, Bolsonaro ha situado el desarrollo económico muy por encima de las regulaciones ambientales, una política que ha llevado a un aumento en la agricultura, la minería y la deforestación en toda la Amazonía. Los agricultores usan los incendios forestales, a menudo ilegalmente, para limpiar la tierra para la ganadería y el cultivo de soja, así como allanar el camino para un desarrollo futuro. Un reportaje publicado en el periódico local Folha do Progresso a principios de este mes decía que los agricultores del estado de Para estaban planeando celebrar un "día del fuego” el 10 de agosto para demostrarle al presidente que querían trabajar para avanzar en la producción regional.
El aumento actual de incendios ha cubierto de humo negro el estado norteño de Roraima y ha hecho que estados como Amazonas, Acre, Rondônia, Mato Grosso y Para declaren alertas ambientales. El lunes pasado, una mezcla de nubes, humo y un frente frío sumió a la ciudad de São Paulo en la oscuridad total durante medio día. 
Traducción del twit: Solo una pequeña alerta al mundo: el cielo se oscureció al azar hoy en São Paulo, y los meteorólogos creen que es humo de los incendios que arden a miles de kilómetros de distancia, en Rondônia o Paraguay. Imagine cuánto tiene que estar quemando para crear tanto humo (!). SOS.
Según el Servicio Copernicus de la Unión Europea, los incendios de la Amazonía han generado un aumento apreciable en las emisiones de monóxido de carbono y dióxido de carbono, amenazando la salud humana e incrementando los efectos del calentamiento global. A la larga, los incendios provocados por la deforestación podrían resultar devastadores para la selva tropical.
Imágenes de ayer del satélite de Copernicus
Entre los grupos con mayor probabilidad de verse afectados por los incendios se encuentran las poblaciones indígenas de la Amazonía, donde viven aproximadamente un millón de personas repartidas en unas 500 tribus que corren el riesgo de perder sus hogares por los fuegos o por las invasiones de los ganaderos. En un video publicado en Twitter por el grupo activista Sunrise Movement, una indígena de Pataxó denuncia el desbroce ilegal de tierras diciendo: «Han estado matando nuestros ríos, nuestras fuentes de vida, y ahora han incendiado nuestra reserva».
Ante las fuertes críticas de quienes dicen que sus políticas económicas están impulsando la crisis, Bolsonaro ha acusado a las organizaciones no gubernamentales de provocar incendios. «Podría ser, podría, no digo que sea, una acción criminal de estas ONG para llamar la atención contra mí, contra el gobierno brasileño […] Esta es la guerra que enfrentamos». Bolsonaro declaró, además, y sin ninguna evidencia que lo apoyara, que «los incendios se iniciaron, al parecer, en lugares estratégicos. Hay imágenes de toda la Amazonía. ¿Como puede ser eso? Todo indica que esa gente fue allí a filmar y luego a prender fuego. Eso es lo que pienso».
Bolsonaro también atribuyó los incendios a la época del año, diciendo que se estaba ejecutando la "queimada", la limpieza anual de tierras mediante quema. «Me solían llamar “Capitán Motosierra", y ahora soy Nerón, incendiando el Amazonas. Pero es la temporada de la queimada».
Sus comentarios llegan solo semanas después de que cesara al director de INPE, Ricardo Galvão, por los datos que la agencia publicó sobre el aumento de la deforestación. Después de rechazar los datos calificándolos como «mentiras»y de decir que el INPE estaba trabajando «al servicio de alguna ONG», el presidente sustituyó a Galvão por un militar. Mientras tanto, en una entrevista para el Washington Post, el científico despedido criticó la «actitud vil y cobarde»de Bolsonaro, y añadió: «Nuestros datos nunca deberían verse censurados por intereses políticos».
Muchos activistas ambientales se han pronunciado en contra de las afirmaciones de Bolsonaro, describiéndolas como un intento de desviar la atención de los graves problemas ambientales afectados por sus políticas. El director de Amazon Watch dijo en un comunicado que «Esta devastación está directamente relacionada con la retórica anti-ambiental del presidente Bolsonaro, que sitúa erróneamente la protección de los bosques y los derechos humanos como frenos del crecimiento económico de Brasil»Greenpeace Brasil insistió en ese mensaje: «Quienes destruyen el Amazonas y dejan que la deforestación continúe sin cesar son alentados por las acciones y políticas del gobierno de Bolsonaro».
El Observatorio de la Tierra de la NASA explica que la estación seca del Amazonas, agravada por los agricultores y ganaderos que limpian la tierra, generalmente comienza en julio o agosto, alcanza su punto máximo a principios de septiembre y se detiene en noviembre. Por eso, la situación podría empeorar mucho más. Como las lluvias no se reanudarán hasta finales de septiembre, o incluso más tarde en las regiones más al norte del Amazonas, eso podría significar que queda mucho más fuego por venir.
La deforestación de la Amazonía transcurre en un modelo cíclico: la pérdida de bosques, estimulada por actividades económicas que incluyen la actividad maderera, la siembra de soja y la expansión de pastos para el ganado, trae consigo una disminución de la lluvia, lo que a su vez genera más deforestación, porque no hay árboles para bombear humedad a la atmósfera. Sin las raíces de los árboles, la lluvia se escapará a los ríos y terminará muy lejos de las zonas silváticas. Este ciclo podría transformar la exuberante selva tropical en un ecosistema seco, parecido a una sabana en los próximos 25 a 30 años. Si aumenta la deforestación, como lo indica el aumento continuo de incendios forestales, este escenario podría convertirse en realidad en solo 15 a 20 años.
El fuego y la consiguiente deforestación podrían hacer que sea casi imposible ajustar los objetivos de calentamiento global a los niveles exigidos por el Acuerdo de París. Aunque actualmente la Amazonía representa aproximadamente una cuarta parte de los 2.400 millones de toneladas métricas de carbono absorbidas por todos los bosques mundiales, los cambios en los patrones climáticos, la deforestación, la mortalidad de los árboles y otros factores están obstaculizando su capacidad de servir como un sumidero de carbono esencial. © Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.

jueves, 22 de agosto de 2019

Plantas ornamentales de Dénia: los plátanos de Marqués de Campo

Bautizada con el nombre del impulsor de la línea de tren entre Carcaixent y Dénia, la calle Marqués de Campo es sin duda la principal vía urbana de Dénia. Las primeras obras de su actual trazado comenzaron en 1880, pero hubo que esperar hasta 1890, con la inauguración del hotel El Comercio, para dar por consolidado el primer tramo de la calle, el situado entre las calles Diana y Carlos Sentí. El enlace con el mar no se produjo hasta 1917, cuando se derribaron tres colmados y se abrió la calle tal y como hoy la conocemos. En 1954, además de asfaltar la calle por primera vez, se ampliaron las aceras para proteger los árboles tan característicos de este vial. Como curiosidad, la primera poda de estos árboles, que realizó una cuadrilla profesional de la ciudad, se llevó a cabo en 1942 y tuvo un coste de 1.622,40 pesetas.
Les voy a hablar precisamente de esos árboles. Son plátanos, pero no de los que venden en las fruterías (conocidos en la mayor parte del menudo como bananas), sino de los árboles de sombra que se alinean en las calles de todo el mundo. La primera cuestión que conviene responder es cómo es posible que dos plantas tan diferentes tengan nombres iguales.
Foto 1. La corteza muerta de los plátanos, el ritidoma, se desprende en forma de placas muy características.
Nadie sabe con certeza el porqué, pero sin indagamos un poco podemos atar algunos cabos. En primer lugar, el nombre de plátano es muy antiguo y se lo daban los griegos πλάτανος (platanos) a estos árboles debido a sus hojas anchas; del griego lo tomó el latín (platanus) y de este el castellano plátano. Platanos viene de πλατύς (platys= plano, ancho) que encontramos en palabras como plata, plato, plató y Platón. El nombre genérico de los plátanos de paseo se lo dio Linneo en 1753, trasladando a la nomenclatura botánica el nombre que recibían en toda Europa.
Y ahora tratemos de entender por qué en España llamamos plátanos a lo que en todo el mundo llaman bananos. La explicación es bien sencilla si tenemos en cuenta que en su primer viaje Colón puso por primera vez pie en tierra en La Española, una de las islas de las Antillas en la que vivían los tainos. Y hete aquí que en taino al bananero se le llama pratane, nombre que a los españoles debió sonarle como plátano. Parece una explicación lógica que avalo con la autoridad del Online Etymology Dictionaryy hasta ahí llego.
Cada primavera las calles de muchas ciudades españolas asisten a la floración de los plátanos de paseo (Platanus hispanica). Como cualquiera que pasee por las calles y plazas de cualquier ciudad podrá comprobar, la floración no ocurre toda al mismo tiempo y, aunque la primavera sea la estación favorable para que todos los plátanos produzcan flores, unos son más adelantados que otros. Pero así son las cosas: como las personas, unos plátanos son más precoces que otros.
El plátano es un árbol que puede alcanzar de 30 a 40 m de altura. El sistema radical es potente y desarrollado. Me apresuro a decir que la mala fama que arrastran los plátanos de levantar las aceras con el crecimiento de su potente aparato radicular se viene abajo sin más que darse un garbeo por Marqués de Campo: ni uno solo de los allí plantados ha levantado loseta alguna. Y es que antes los plátanos se plantaban a conciencia, practicando un hoyo profundo, de por lo menos un metro.
Hoy en día, las más de las veces se plantan de mala manera, con las raíces a apenas un palmo del suelo, de manera que estas, en lugar de buscar las capas húmedas profundas del suelo, tienden a buscar la superficie para beneficiarse de los encharcamientos pluviales. Los plátanos son árboles de riberas y vegas y, por tanto, freatófitos, lo que quiere decir que en la naturaleza toman el agua de las capas húmedas (freáticas) profundas. En las ciudades, si se plantan a la profundidad conveniente, las raíces crecen hacia abajo hasta encontrar la humedad del suelo. De no hacerse así, se buscan la vida en superficie. 
Foto 2. Hojas palmeadas e infrutescencias femeninas de Platanus hispanica. A la izquierda, abajo, junto al margen, hay una inflorescencia masculina.
El tronco de los plátanos es recto y algo ensanchado en la base. A veces se produce una especie de elefantiasis que origina troncos enormes. La corteza es delgada, de color gris pálido o verdoso, que va produciendo hacia el exterior capas de células muertas -el ritidoma- que se desprenden en placas ocres, marrones o verdosas. Si no se tercia o se amputa, como se hace en las habituales podas urbanas, la copa es regular, redondeada, aclarada, con las ramas gruesas, anchamente extendidas y con la edad colgantes en los extremos. 
Las ramillas son verdosas, están recubiertas de un espeso pelillo de color marrón que se pierde y pasan a ser marrones, rugosas y con muchos poros gruesos o lenticelas. Las yemas son ovoides, miden de seis a ocho milímetros de longitud y presentan color marrón rojizo. Están ligeramente curvadas en el ápice, con dos escamas cónicas, amparadas hasta la defoliación por la base del pecíolo, que soldándose a las estipulas forma una vaina cónica (Foto 3: a). Esas vainas, cumplida su función, se desprenden y, con el tamaño de una almendra, caen al suelo donde son visibles durante los días de brote.
Las hojas son caedizas, alternas, coriáceas y muy numerosas. Tienen forma variable, generalmente con tres a cinco lóbulos, están truncadas o ligeramente acorazonadas en la base y presentan algunos dientes en los bordes. Miden de quince a veinte centímetros de longitud por veinte a veintidós cm de anchura, con el haz de color verde vivo reluciente y el envés más pálido. Se descomponen difícilmente y adquieren una coloración tostada antes de caer, pudiendo permanecer sobre el árbol hasta bien entrado el otoño antes de alfombrar el suelo.
Lámina. Platanus hispanica: a) rama con infrutescencias; b) nudo y base del pecíolo; c) inflorescencias masculinas; d) flor masculina; e) estambre; f) inflorescencias femeninas; g) flor femenina; h) pistilo en sección longitudinal; i) aquenio; j) ídem en sección longitudinal.
Las flores son pequeñas y unisexuales, dispuestas sobre el mismo árbol. Los plátanos se polinizan gracias al viento (son anemófilos) y de ahí que las flores sean muy pequeñas y poco atractivas, puesto que las corolas que lucen las plantas que necesitan atraer a los animales polinizadores (plantas zoófilas) están reducidas en los plátanos a pequeñas escamas. Como puede verse en la lámina adjunta, tomada de la excelente Flora Ibérica, tanto las flores masculinas como femeninas tienen cáliz, pero reducido a unos sépalos minúsculos y escuamiformes, más cortos que los pétalos. Estos son escariosos, es decir, de la textura de las delgadas pieles que cubren los dientes de ajo, por citar un ejemplo conocido. Las flores tienen entre tres y ocho estambres, con anteras sobre filamentos muy cortos.
Las anteras son minúsculas, pero fecundas: en cada una de ellas se acumulan miles de granos de polen. Como en cada árbol hay miles de flores y en cada antera miles de granos de polen, multipliquen y se harán una idea aproximada de los millones de granos de polen que puede producir su solo árbol. La polinización es corta, pero muy intensa; en unos pocos días llega a unos niveles elevados que pueden sobrepasar los dos mil granos de polen por metro cúbico de aire. Como la alergia a otra clase de pólenes, los síntomas que produce son rinitis con picores en los ojos, la nariz, la boca o la garganta, estornudos, conjuntivitis y ojos llorosos, así como episodios de asma.
Las flores femeninas presentan un número variable de entre tres y nueve piezas femeninas (carpelos) envueltos en la base por un penacho de pelos largos. Sea cual sea el número de carpelos, las flores femeninas, una vez fecundadas, forman unos frutitos (aquenios) con forma de clavo o maza. Cada árbol produce centenares de miles de estos pequeños aquenios.
Las flores son minúsculas, pero se agrupan para formar unas esferas colgantes (las masculinas más pequeñas que las femeninas), muy vistosas y abundantes, que rematan unos pedúnculos de alrededor de tres centímetros de longitud; mientras que las esferas de flores masculinas se deshacen cumplida su función polinizadora, las femeninas se transforman en esferas rígidas de alrededor de unos 3-5 centímetros de diámetro, que están erizadas de pelos (el molesto pica-pica) y suspendidas sobre largos pedúnculos. Finalmente, las esferas se desarticulan liberando los aquenios. Un kilogramo de estas esferas femeninas puede contener alrededor de 350.000 aquenios.
Foto 3. Detalles del extremo de una rama de Platanus hispanica. A) Vainas foliares. B) Al brotar las hojas están cubiertas por un vello dorado muy denso. C) Inflorescencias femeninas. D) Inflorescencias masculinas todas inmaduras salvo la inferior, que muestra los estambres.
Nuestro plátano de paseo procede del cruce del plátano de oriente (Platanus orientalis), originario del sureste de Europa y del suroeste de Asia, y del plátano de occidente (Platanus occidentalis), que procede del este de Estados Unidos. Al parecer esta hibridación tuvo lugar antes del siglo XVII, según algunos en Inglaterra, en el Jardín Botánico de Oxford, y según otros en España, en los Jardines de Aranjuez. Desde esos jardines se plantó por todas las ciudades, y de ahí que sea un árbol tan común en ambientes urbano como extraño en medios naturales.
Foto 4. Inflorescencias femeninas con los estilos rojizos.
El plátano prefiere situaciones soleadas y cálidas. Es poco exigente en cuanto a la naturaleza mineralógica del suelo, pero sin embargo le gustan los terrenos profundos, fértiles y frescos y no tolera en exceso los demasiado calizos. Una de las principales causas de su plantación en las ciudades (muchas “alamedas” de las ciudades son en realidad alineaciones de plátanos es su rápido crecimiento y su gran capacidad para resistir la contaminación urbana. Además, absorbe muy bien el dióxido de carbono, lo que ayuda a reducir la contaminación, regula la humedad y la temperatura, y amortigua el ruido de los coches.
Tiene crecimiento rápido, que puede llegar a ser de hasta un metro por año y puede vivir varios siglos. Admite todo tipo de recortes, por drásticos que sean, y vuelve a resurgir en primavera, inmutable al deterioro que se le haya ocasionado. No obstante, las podas drásticas acarrean pudriciones prematuras. Al talarlo emite brotes abundantes y vigorosos.
Salgo al balcón de mi casa de Alcalá y miro los plátanos que me dan sombra y frescor los mediodías de verano. Tomo una foto y cierro con ella. Abajo la dejo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Vallisneria: una sexualidad de ficción

Flor femenina de Vallisneria americana flotando en superficie rodeada de flores masculinas flotantes, cada una formada por un solo estambre erecto; la mayoría de las anteras están en estado dehiscente, mostrando masas de polen. Foto
La polinización nos puede parecer algo extraño a los humanos. Mientras que nosotros solo necesitamos dos intervinientes (si interviene alguno más para practicar sexo esa es otra cuestión) para lograr la reproducción, las plantas tienen que utilizar un intermediario. Los casos más conocidos son los de las plantas zoófilas, que utilizan insectos como abejas y mariposas. Otras plantas zoófilas utilizan pájaros, murciélagos e incluso reptiles. Otras muchas plantas, las llamadas anemófilas, renuncian a la necesidad de un intermediario orgánico y confían en el viento para transmitir grandes cantidades de polen al aire esperando que el azar deje un grano de polen en un órgano femenino receptivo.
Eso ha funcionado muy bien para las plantas terrestres, pero ¿qué pasa con las plantas acuáticas? El agua es un gran obstáculo para los métodos citados. Algunas especies producen sus flores sobre la superficie del agua, pero otras no lo hacen. Un género en particular ha desarrollado una forma verdaderamente original de lograr la reproducción sexual sin tener que abandonar su ambiente acuático. 
Vallisneria americana creciendo con las flores femeninas emergidas en Bay Springs, la estación de campo de la Universidad de Misisipi. Foto.
Veamos al género Vallisneria. Conocida comúnmente como cinta o hierba anguila, este género de plantas acuáticas, que agrupa trece especies, se ha hecho famoso en todo el mundo por su uso como planta para acuarios domésticos. En la naturaleza crecen sumergidas con sus hojas bastante largas, acintadas, de medio a un centímetro de anchura, oscilando en el agua. En los lugares en los que son nativas, las vallisnerias actúan como un componente ecológico importante. Desde peces y crustáceos hasta manatíes, utilizan los lechos de vallisnerias como alimento y refugio. Las vallisnerias estabilizan los lechos de los arroyos y los estuarios e incluso actúan como filtros de agua.
Pero en mi opinión, el aspecto más interesante de la ecología de Vallisneria es su estrategia reproductiva (véase este vídeo). Además de reproducirse vegetativamente por estolones, su método de reproducción sexual es excepcional. Las vallisnerias son dioicas, lo que significa que producen flores masculinas o femeninas en individuos diferentes, como nosotros. Las flores femeninas nacen en largos tallos que llegan hasta la superficie del agua. Una vez allí dejan de crecer y comienzan su espera. Tal y como se posicionan, la tensión superficial del agua provoca una ligera depresión alrededor de las flores. La depresión parece un pequeño hoyuelo embudado con una florecita blanca en el centro.
Flores masculinas de Vallisneria flotando en la superficie del agua. Foto
Las flores masculinas son muy diferentes. Son mucho más pequeñas que las flores femeninas, y se disponen en inflorescencias que formadas por miles de órganos masculinos individuales. A medida que maduran bajo el agua, las flores masculinas se desprenden de la inflorescencia y flotan como esferas hacia la superficie. Como hacen las plantas terrestres polinizadas por el viento, Vallisneria utiliza las corrientes de agua para dispersar el polen. Una vez en la superficie, las pequeñas flores masculinas emergen de las esferas y flotan como pequeñas barquitas repletas de polen.
Si una flor masculina flota cerca del hoyuelo creado por una flor femenina, se deslizará hacia la depresión donde entrará en contacto con las flores femeninas. Así es como se logra la polinización. Una vez polinizadas, los cambios hormonales hacen que el tallo de la flor femenina comience a enrollarse como una espiral, arrastrando las semillas bajo el agua donde madurarán en un ambiente seguro. Cuando hayan completado su desarrollo, cientos de semillas se liberarán en las corrientes de agua.
Vallisneria officinalis. Dibujo de Erasmus Dawin, 1789. Imagen
Las vallisnerias son plantas acuáticas con una estrategia reproductiva que parece de ficción, que ha logrado que estas plantas nunca tengan que abandonar el agua. Como también pueden reproducirse vegetativamente, muchas especies han tenido un gran éxito de dispersión. De hecho, algunas especies se han convertido en plantas invasoras que se han introducido lejos de su área de distribución original. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Breve historia del gintonic: Winston Churchill tenía razón


Para mi amigo mallorquín Antonio Coll, bebdor (moderado) de gintonics.
Winston Churchill, gran aficionado a empinar el codo, dijo una vez y con razón: «El gintonic ha salvado más vidas y cabezas inglesas que todos los médicos del Imperio». Toda una metáfora del globalizado mundo colonial: una bebida genuinamente europea y un brebaje suramericano se unieron en un país asiático para sostener al Imperio Británico. El matrimonio entre la ginebra y la tónica se consumó en el Raj Británico del siglo XIX.
Las guerras coloniales emprendidas por los británicos durante lo siglos XVII y XVIII estuvieron salpicadas de desastres provocados por enfermedades tropicales transmitidas por mosquitos. El primero en comprobarlo fue el almirante Francis Hosier, cuando su intento de asaltar el puerto hispano de Cartagena de Indias en 1727 fracasó sin disparar un tiro después de que 4.000 de sus 4.750 hombres, un asombroso 84% del grupo expedicionario británico, murieran de fiebre amarilla mientras navegaban por una costa plagada de mosquitos.
En 1741, el vicealmirante Edward “Old Grog” se presentó en la bahía de Cartagena de Indias con una escuadra impresionante de 204 navíos que llevaban a bordo 16.000 marineros y artilleros, y 13.000 infantes de marina destinados a invadir la plaza. Cuando terminó el fracasado asedio, los cirujanos navales británicos redactaron su informe: los mosquitos habían matado a 22.000 de los 29.000 hombres de Vernon, un asombroso 76%. 
La armada británica llegó a La Habana en junio de 1762 y asedió la ciudad. Los mosquitos empezaron a hacer de la suyas. En tres meses, de una fuerza total de 15.000 hombres, solo 880, un miserable 6%, estaban vivos o lo suficientemente sanos como para mantenerse en pie. 
En 1780, la flota británica del joven capitán de veintidós años Horacio Nelson cruzó los mares para acabar con el dominio español en Mosquitia, la Costa de los Mosquitos, y establecer bases navales en la porción oriental de lo que hoy es Nicaragua. El contingente de 3.000 hombres de Nelson recibió el menú completo que le presentaron los mosquitos: fiebre amarilla, malaria y dengue. Cuando Nelson ordenó la retirada después de seis miserables meses, solo quinientos sobrevivientes famélicos y enfermos lograron abandonar la infesta jungla nicaragüense. Nelson pasaría el resto de su vida enfermo de malaria.
Los británicos tardaron medio siglo en aprender la lección. Desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, la Compañía Británica de las Indias Orientales se anexionó manu militari  grandes áreas de la India. India era la joya de la Corona y la explotación de sus recursos hizo posible la revolución industrial británica, pero Gran Bretaña tuvo que pagar un precio muy alto: decenas de nuevas enfermedades diezmaban a invasores, colonos y a los soldados de piel blanca. La malaria era una de ellas, quizás la peor. 
Las modernas latas de tónica, como esta que tengo delante mientras redacto este artículo, siguen ostentando el lema "Indian Tonic".
El control británico de la India colonial requería, pues, la capacidad de combatir la enfermedad. En la década de 1840, los soldados y ciudadanos británicos residentes en la India usaban 700 toneladas anuales de corteza en polvo de quinina importada desde Suramérica. La quinina es amarga, así que para hacer de aquel polvo algo remotamente bebible lo mezclaron con azúcar y agua. Así nació un refresco medicinal, el “Indian Tonic Water”, que aun sigue apareciendo en las modernas latas de tónica. 
Se convirtió en la bebida elegida por los angloindios y mantuvo vivas a las tropas británicas, permitió a los funcionarios sobrevivir en regiones bajas y húmedas de la India, y finalmente hizo posible que una población británica estable (aunque sorprendentemente pequeña) prosperase en las colonias tropicales. 
Pero faltaba algo. El amargor de la quinina no se frenaba con el azúcar de caña. El valor del soldado no se potenciaba con unas gotas de agua. El alcohol barato era un ingrediente más eficaz para mitigar el amargor e infundir valor. Ideal para sobrellevar las larguísimas campañas bélicas en las colonias británicas. ¿Y si lo mezclamos con una ginebra peleona?, debió sugerir algún intendente aficionado al mollate.
La ginebra podía destilarse desde cualquier grano. Empezó a emplearse en Holanda con el nombre holandés "Jenever" y se hizo popular en Gran Bretaña (particularmente en Londres) cuando el holandés Guillermo de Orange se convirtió en el rey Guillermo III de Inglaterra. En ese momento, ya se producía ginebra en Inglaterra, descubierta como el "Valor holandés" por los marineros navales británicos cuando apoyaban a Holanda durante la Guerra de Independencia holandesa en 1568. 
Durante el convulso reinado inglés de Guillermo III y María II que comenzó en 1688, la fabricación de ginebra se convirtió en una herramienta de política económica para proporcionar una alternativa al coñac francés en un momento de conflicto político y religioso entre Gran Bretaña y Francia. Entre 1689 y 1697, el Gobierno aprobó una serie de leyes destinadas a restringir las importaciones de coñac mediante la imposición de fuertes aranceles, al tiempo que, para aumentar la venta de productos nacionales, ofreció beneficios fiscales para ayudar a los súbditos británicos a destilar sus propios licores a partir del "buen grano inglés". 
La ginebra era más segura que el agua potable y diez veces más barata que la cerveza o que cualquier otro refresco y era inagotable. Como no podía ser menos, se convirtió en el licor de los pobres y de las mujeres subyugadas por la sociedad machista de la época. Al final de los primeros dos años de ejecución del programa, la producción nacional de ginebra se disparó hasta más de dos millones de litros al año. 
En 1721, las cuentas de impuestos especiales de Inglaterra indicaban que aproximadamente una cuarta parte de los residentes de Londres estaban empleados en la producción de ginebra, lo que equivalía a casi 9,1 millones de litros de producto libre de impuestos al año. Durante la década siguiente, el consumo de ginebra (por mayores de 15 años) se duplicaría nuevamente y las ciudades de medio millón de habitantes podrían comprar una copita de ginebra por poco más de un centavo entre una gama de casi 7.000 ginebras. 
Así que si algo sobraba en Inglaterra era capacidad para fabricar ginebra. Y si los marinos de la Royal Navy tenían derecho a una ración de ron al día, ¿por qué no añadirle ginebra barata al “agua india” para reducir su sabor amargo y, sin duda, (aunque no se dijera) por su efecto embriagador que infundía valor a las tropas? 
La mezcla con el alcohol fue la excusa para socializar una medicina imprescindible para la supervivencia de la colonia. Cuando los soldados regresaban al Reino Unido y pedían en los clubes el combinado se identificaban como los héroes de oriente, los que fomentaba su consumo. Había nacido el combinado por excelencia del Imperio Británico y de otro imperio, el de un avispado alemán, Johann Jacob Schweppe (1740-1821).
Etiqueta de Schweppe's de 1883. Foto.
Schweppe desarrolló un método para carbonatar el agua en la ciudad suiza de Ginebra (toda una premonición) donde fundó la empresa Schweppe's en 1783. En 1792 se trasladó a la populosa Londres para desarrollar el negocio hasta retirarse en 1798, dejando el negocio abierto a su expansión futura, bajo el nombre de J. Schweppe & Co. La expansión internacional llegó alrededor de 1870 cuando apareció la tónica, un agua carbonatada con varios ingredientes, entre otros con quinina. Era una empresa con buen fario. Cuando la empresa quiso implantar su negocio en América, envió al que sería su primer jefe de exportación, Walter James Hawksford, a bordo del Titanic: llegó sano y salvo. En 2012, la botella original de Schweppes, que se hundió con el barco, fue encontrada en perfectas condiciones.
La tónica era una bebida directa y original heredera de los ingleses que habían servido (o se habían enriquecido) en la India. Allí tomaban quinina y se acostumbraron a mezclarla con limón y soda. El resultado, solo o mezclado con ginebra, acabó teniendo tanto éxito, que lo llevaron consigo de vuelta a Inglaterra y lo convirtieron en la bebida nacional. Había nacido el gintonic, un trago "largo, vivo y ligero", perfecta compañía igual para el aperitivo que para la sobremesa o la noche.
Y si le gusta tomar gintonics, olvídense del carácter medicinal del gintonic moderno. No hay excusa terapéutica que valga. La tónica hace mucho que no lleva la cantidad de quinina original (algunas versiones premiumestán volviendo a los orígenes) por los efectos secundarios de su ingesta, y la mayoría de ginebras, hijas de la química, están a años luz del “London Gin” original: un destilado seco sin edulcorantes, con puro sabor a nebrina obtenida de los enebros menorquines (de ahí la lucha histórica de los británicos para conservar Menorca) y hecha con aguardiente de cereal. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Flora ornamental de Dénia: el braquiquito o kurrajong

El braquiquito o kurragong (Brachychiton populneus) está plantado por varias calles de Dénia, aunque los mejores ejemplares forman alineaciones en la calle Partida Madrigueres Nord (CV-725) a cuyos flancos se extienden las naves del polígono comercial e industrial de la ciudad. 
Es un árbol de ocho a doce metros de altura, aunque en su lugar de origen puede alcanzar los veinte. El tronco es grueso, ensanchado en la base, recto y cilíndrico. La corteza es al principio lisa y de color verdoso, después de color pardo rojizo amarillento y rugosa, y con la edad presenta grietas estrechas y poco profundas. La copa es un poco piramidal, amplia y densa, con las ramas cortas, mas o menos horizontales, rojizas, relucientes, lisas y estriadas con ligeras grietas claras. Las ramillas son colgantes relucientes y rojizas, con líneas blanquecinas apenas marcadas.  Almacena agua en la parte baja de su tronco y de ahí que sea uno más de los árboles que en algunos sitios llaman “arboles botella”.
Hojas. Foto
Las hojas son persistentes, alternas, con varias formas, ovado-acuminadas o estrechamente lanceoladas, con base cuneada y bordes enteros. Están dispuestas en manojos terminales. A veces presentan tres lóbulos agudos, raramente cinco, con el del centro mas largo que los laterales, especialmente en las partes jóvenes de la planta. Miden de seis a ocho centímetros de longitud por dos a tres centímetros de anchura, son de color verde oscuro reluciente, con haz y envés lampiños y las nerviaciones de color verde amarillento con tonalidades rojizas. El pecíolo es largo, flexible, delgado, de color rojizo y de tres a cinco centímetros de longitud. 
Las flores son unisexuales, de forma acampanada y con los bordes revueltos. Miden de 1,5 a 2 centímetros de diámetro, tienen color blanco amarillento por fuera, y a veces con manchas de color rojizo en el interior y al principio están cubiertas  son tomentosas por el exterior. Se disponen en las axilas de las hojas superiores sobre cortos racimos colgantes. Florece en primavera y las flores son muy visitadas por las abejas que liban en sus nectarios.
Frutos abiertos dejando ver las semillas
Los frutos son duros, coriáceos, terminados en punta (apiculados), sin pelos exteriores (lampiños) pero tapizados interiormente por pelos rígidos. Miden de cuatro a seis centímetros de longitud por 1,5 a tres de anchura, son de color marrón negruzco en la madurez y se disponen sobre largos pedúnculos, de hasta 5 centímetros de longitud. Se abren por una hendidura longitudinal, por lo que técnicamente son folículos. Contienen de cuatro a dieciocho semillas amarillas de alrededor de un centímetro de longitud. Están parcialmente cubiertas de pelos cortos de color gris pardusco, algo urticantes, por lo que se deben manejar con precaución. A esta capacidad urticante obedece el nombre de “pica-pica” que se le da en algunas localidades catalanas.
Es un árbol originario de Queensland, Victoria y Nueva Gales del Sur en Australia, que se introdujo en Europa en 1820. Vive sobre una gran diversidad de terrenos, aunque precisa que tengan buen drenaje y sean profundos. No soporta grandes fríos, pero ocasionalmente resisten temperaturas bajas. Es bastante tolerante a la sequía, aunque requiere riegos continuados en verano. Necesita una exposición soleada. El crecimiento es rápido y no es muy longevo, aunque siempre vivirá más que usted y que yo.
Semillas extraídas del fruto. Foto
La madera es blanda, esponjosa, poco duradera y prácticamente sin utilidad. Los aborígenes de Australia obtenían fibras de sus cortezas, que empleaban en cordelería y en la elaboración de redes para recoger peces y pájaros, de donde proviene su nombre vernáculo australiano kurragong (árbol pesquero). Sus hojas se utilizaban como forraje para el ganado. También se comían las raíces de las plantas jóvenes una vez tostadas como sucedáneo del café.
Su nombre genérico Brachychiton está compuesto de los vocablos griegos brachys, corto y kytos, abrigo o túnica, aludiendo a los pelos cortos que recubren las semillas.  La denominación específica populneus hace referencia al parecido de algunas de sus hojas con la de los chopos (Populus). A falta de otra, la denominación común utilizada por los viversitas y jardineros es la científica castellanizada. © Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.