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domingo, 31 de enero de 2021

Los pájaros vampiros de las Galápagos

 


Los pinzones son los emblemas de la evolución. Los pájaros que Darwin vio en las Islas Galápagos durante su famoso viaje alrededor del mundo entre 1831 y 1836 cambiaron su pensamiento sobre el origen de nuevas especies y, finalmente, el de los naturalistas de todo el mundo.

Las islas oceánicas constituyen los grandes laboratorios naturales de la evolución. La combinación del aislamiento geográfico, la dificultad de acceso y la ausencia de depredadores o competidores, proporcionan posibilidades extraordinarias a los organismos que logran alcanzar esos refugios.

En las islas Galápagos, paradigma del aislamiento insular, unos pájaros, los pinzones, radiaron evolutivamente y se especializaron en una serie de papeles ecológicos que en los continentes son desempeñados por varias familias de aves: algunas especies comen semillas de diferentes tamaños, otras picotean la madera y una especie usa las espinas de los cactos para desalojar a los insectos de sus escondrijos entre las grietas.

Cuando en septiembre de 1835 Charles Darwin desembarcó en las Galápagos, fue el comienzo de cinco semanas que cambiarían el mundo de la ciencia, aunque él no lo sabía en ese momento. Entre otros hallazgos, observó y recolectó una gran variedad de pinzones que habitaban las islas, pero ni sabía que eran pinzones, ni se dio cuenta de su importancia ni anotó registros adecuados de sus especímenes y dónde fueron recolectados.

El joven e inexperto naturalista se dejó engañar por tal profusión y clasificó a estos pájaros en varios grupos. Hasta que un ornitólogo profesional, John Gould, examinó su colección en Londres y, gracias a su anatomía, los identificó a todos como pinzones, Darwin no fue consciente del significado natural de tantas especies estrechamente relacionadas, lo que, finalmente, le llevó a formular el principio de selección natural.

En The Voyage of the Beagle, las memorias que escribió cuando regresó a Inglaterra y ya conocía el informe de Gould, un Darwin asombrado escribió: «Al observar la graduación y diversidad de conformaciones en un grupito de pájaros tan próximos unos a otros, podría imaginarse que, dada la escasez original de aves en este archipiélago, una especie había sido modificada para desempeñar diferentes fines».

Darwin desarrolló esa idea cuando unos 25 años después, en 1859, publicó su bomba intelectual. Especuló que estas aves, parecidas a los estorninos, llegaron a las Islas Galápagos por el viento. La evolución se hizo cargo y diferentes grupos desarrollaron diferentes dietas. Escribió: «Cuando un inmigrante se asentó por primera vez en una de las islas, [...] sin duda estaría expuesto a diferentes condiciones en las diferentes islas [en las que] tendría que competir con un conjunto diferente de organismos. [...] Entonces, la selección natural probablemente favorecería diferentes variedades en las diferentes islas».

En otras palabras, los picos cambiaron a medida que las aves desarrollaron diferentes gustos por frutas, semillas o insectos recogidos del suelo. Los picos largos y puntiagudos hicieron que algunos de ellos fueran más aptos para recoger semillas de frutos de cactus. Los picos más cortos y gruesos sirven mejor para comer las semillas del suelo. Finalmente, los inmigrantes evolucionaron en 14 especies distintas, cada una con su propio canto, preferencias alimentarias y formas de pico.

El pinzón de curruca (arriba) tiene un pico delgado y afilado que se adapta mejor a los insectos. Los picos más cortos y robustos de los pinzones terrestres (centro) están adaptados para comer semillas que se encuentran en el suelo. Los de los pinzones de cactus (parte inferior) tienen la forma adaptada para obtener semillas de cactus. 

Desde que Darwin apoyó en las Galápagos buena parte de su teoría sobre el origen de las especies, ese archipiélago ha sido considerado un laboratorio viviente en el que puede contemplarse la especiación en desarrollo. Hace unos millones de años, una especie de pinzón migró a las Galápagos desde el continente americano. De esta única especie migrante se originaron muchas: al menos trece especies de pinzones evolucionaron a partir de un único antepasado.

Este proceso en el que una especie da lugar a múltiples especies que explotan diferentes nichos se denomina radiación adaptativa. Los nichos ecológicos ejercen las presiones de selección que empujan a las poblaciones en varias direcciones. En varias islas, las especies de pinzones se han adaptado a diferentes dietas: semillas, insectos, flores, hojas y … sangre de grandes aves marinas.

En las islas Darwin y Wolf, una pareja insular aislada dentro del ya de por si remoto gran santuario marino de las Galápagos, habita un ave con un comportamiento insólito: un pinzón hematófago o, como los guías suelen llamarlos delante de los asombrados turistas: unos pinzones vampiros. Descubierto por primera vez en 1964, el pinzón vampiro, Geospiza septentrionalis, utiliza su pico afilado como una navaja para perforar las alas del enorme alcatraz o piquero de Nazca, Sula granti, y beber su sangre.





Beber sangre puede parecer una extraña dieta para cualquier ave, pero considerando la capacidad de adaptación de los pinzones, no resulta demasiado sorprendente. Los pinzones probablemente llegaron a las islas Darwin y Wolf hace 500.000 años, y desde entonces han logrado adaptarse a diferentes ecosistemas.

Como las islas Darwin y Wolf son pequeñas (cada una mide algo más de dos kilómetros cuadrados), y están separadas de las islas más grandes por 160 kilómetros de océano, el agua dulce es extremadamente rara y los alimentos pueden faltar por completo durante la estación seca, lograr habitarlas resulta extremadamente difícil para cualquier animal.

Los organismos que de alguna manera llegaron a esas islas Galápagos debían adaptarse a las duras condiciones o extinguirse. En esas condiciones, actuó la selección natural impulsada por la necesidad de sobrevivir. Cabe pensar que cuando los alimentos escaseaban, los pinzones vampiros que habitaban junto a las colonias de aves marinas recurrieron a comer los parásitos que viven en la piel bajo las plumas de esas grandes aves. Un caso más de mutualismo: los alcatraces se beneficiaron de la eliminación de parásitos y los pinzones de tener una alternativa a su dieta habitual de néctar, semillas e insectos que pueden desaparecer durante la estación seca.

Es probable que a los pinzones les agradase la sangre cuando la eliminación de los parásitos abría algunas heridas. Con el tiempo, los pinzones aprendieron a hacer que la sangre manara arrancando de un tirón las plumas de las alas de las aves más grandes. La selección natural parece haber perfeccionado sus picos para perforar la piel y chupar sangre: en comparación con las poblaciones en otras islas, los pinzones de Darwin y Wolf han desarrollado picos particularmente largos y puntiagudos.

Pero la sangre tiene pocos nutrientes y demasiada sal y hierro por lo que alimentarse exclusivamente de ella es una solución provisional provocada por la escasez de alimentos más nutritivos. Además, para digerir la sangre y liberar el sodio y el hierro hace falta la colaboración de las bacterias del microbioma intestinal.

Como consecuencia de la dieta de sangre, el microbioma que se encuentran en el sistema digestivo de los pinzones vampiros es muy diferente al que se encuentra en cualquier otra ave. Los pinzones hematófagos y los murciélagos vampiros comparten un tipo de bacteria intestinal de la familia Peptostreptococcaceae que ayuda a unos y otros animales, tan remotamente emparentados como podrían estarlo una ballena y un gorrión, a procesar y digerir el sodio del suero sanguíneo y la hemoglobina de los eritrocitos de sus víctimas.

Cuando las primera aves y mamíferos aparecieron sobre la faz de la Tierra entre el Pérmico y el Jurásico, hace unos 200 millones de años, las bacterias ya llevaban allí más de tres mil millones de años. Que encontraran un lugar donde vivir era solo una cuestión de tiempo y de oportunidad. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 27 de enero de 2021

Los poderes ocultos de las hierbas gateras



Los dueños de gatos (si es que los gatos tienen dueño) saben que sus mascotas se ponen frenéticas después de frotarse contra la hierba gatera, Nepeta cataria. Una investigación publicada en la revista Science Advances sugiere que los gatos no solo usan esa hierba para tener un subidón, sino que también pueden usarla como una defensa frente a los mosquitos.

Aunque los comportamientos aprendidos permiten que los animales se adapten de manera flexible a entornos complejos y cambiantes, algunos comportamientos específicos se expresan sin necesidad de exposición o aprendizaje previos. Este tipo de comportamiento fijo en animales es provocado frecuentemente por señales químicas emitidas por alelomonas, las secreciones emitidas por individuos de la misma especie (feromonas) o por señales químicas emitidas por depredadores o presas (kairomonas), cuya respuesta es decisiva para la supervivencia. 

En los gatos, dormir es lo natural. Les gusta dormir. Desde su origen salvaje, los gatos han disfrutado del sueño y dormir muchas horas al día forma parte de su naturaleza. Hay una poderosa razón para ello. 

Los felinos adultos pueden llegar a dormir entre 12 y 16 horas, y más de 20 horas si se trata de una cría, pero a medida que envejecen también aumentan las horas de sueño y descanso, porque el cuerpo se fatiga con más facilidad. Muchos pensarán que los gatos duermen tanto porque son animales perezosos, pero en realidad estos dormilones están influenciados por varios factores innatos el principal de los cuales reside en el comportamiento de los felinos silvestres, los ancestros de los gatos domésticos. 

Nepeta cataria

Los felinos son excelentes cazadores. Al ser unos depredadores ágiles y rápidos, para conseguir comida no necesitan invertir mucha energía, así que pueden invertir buena parte de su jornada en disfrutar de otros placeres, y más cuando se trata de un gato doméstico, que tiene un amigo humano que lo alimenta.

Además, algunos olores de plantas también pueden provocar respuestas características en animales. Un ejemplo bien conocido del comportamiento inducido por algunas plantas en mamíferos es la de los gatos domésticos y otros felinos como leones y linces. Cuando los felinos huelen la hierba gatera (Nepeta cataria) y la vid plateada (Actinidia polygama), muestran una respuesta de comportamiento típica que incluye lamer y masticar las plantas, frotarse la cara y la cabeza contra ellas y rodar por el suelo. 

Esta respuesta suele durar entre 5 y 15 minutos, seguida de un período de una o más horas en las que los animales no responden al estímulo y se muestran aletargados. Debido a que la respuesta del felino no tiene ningún efecto fisiopatológico, las hojas secas de estas plantas se utilizan comercialmente en juguetes para gatos domésticos de todo el mundo.

La hierba gatera y la vid plateada no están estrechamente emparentadas, pero ambas hacen que los gatos se pongan como locos. Las dos plantas contienen iridoides, unos compuestos químicos que protegen a las plantas contra los insectos chupadores de savia. Esa molécula es la responsable del estado eufórico de los gatos que se ungen con la hierba y de su protección contra las picaduras de los mosquitos.

Actinidia polygama

Los investigadores que han publicado el artículo usaron trozos de papel empapados en nepetalactol, un iridiode producido por Actinidia polígama, que entregaron a un grupo de animales que incluían desde grandes felinos de zoológicos hasta gatos domésticos y silvestres. El tamaño no importa: en cuanto lo tuvieron a su alcance, grandes y pequeños comenzaron a untarse con el papel.

Estudios anteriores habían demostrado que la hierba gatera libera un iridoide llamado nepetalactona, que es diez veces más eficaz para repeler mosquitos que el DEET, el ingrediente más habitual de los repelentes de insectos. Lo que se ha comprobado ahora es que el nepetalactol derivado de Actinidia polygama también protege a los felinos contra los mosquitos. Los felinoscubiertos de nepetalactol atrajeron significativamente menos mosquitos (en algunos casos, la mitad) que los que no fueron tratados con el químico.

La atracción de los gatos por los iridoides ha desconcertado a los investigadores desde hace años y los expertos aún no están seguros de por qué la sustancia química afecta a los gatos, pero no a otros animales como perros o ratones. Como cualquiera que haya observado en el campo a los felinos que aguardan sigilosamente para emboscar a sus presas, permanecer completamente quietos es muy complicado cuando están acosados por los mosquitos, así que untarse con una hierba es una solución natural para librarse de los molestos zancudos.

Los gatos domésticos, cazadores frustrados, han heredado ese comportamiento de sus ancestros silvestres. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

jueves, 14 de enero de 2021

Un trío descompensado: plantas, hongos e insectos parasitados

 

Una larva muerta por infección de Metarhizium. Foto.

Como escribí en este artículo, no se puede hablar de plantas terrestres sin hablar de hongos. La gran mayoría de las especies de plantas terrestres dependen de las interacciones con hongos para sobrevivir. Esta relación mutualista se conoce como micorriza. El micelio de los hongos coloniza el sistema radicular de las plantas y las ayudan a adquirir nutrientes como nitrógeno y fósforo. A cambio, la mayoría de las plantas fotosintéticas pagan a sus simbiontes micorrícicos con carbohidratos.

Cada vez estamos más seguros de que las vidas de las plantas y los hongos están inextricablemente unidas y probablemente lo hayan estado desde que aparecieron los primeros organismos terrestres. A medida que se investiga aparecen nuevos ingredientes. Como en los vodeviles y en las comedias de enredo, lo que parecía un dúo es en realidad un trío. Veamos las relaciones establecidas entre plantas, insectos y hongos del género Metarhizium.

Las especies de este género son fundamentalmente patógenos de insectos, cuyo letal mecanismo de infección es similar la “viagra del Tíbet”: invaden los cuerpos de los insectos que habitan en el suelo, los matan desde el interior y absorben los nutrientes, sobre todo nitrógeno, del cuerpo de sus desdichadas víctimas. Aunque son extremadamente eficaces obteniendo nitrógeno de los insectos, no pueden acceder fácilmente al carbono que necesitan para sobrevivir. Ahí es donde entran las plantas.

A pesar de su relativa simplicidad estructural (si se compara con la de los animales) las plantas son expertas en producir compuestos a base de carbono. A través de la fotosíntesis, rompen las moléculas de CO2 y las convierten en azúcares ricos en carbono. Sin embargo, necesitan nitrógeno para hacerlo.

Casi el 80 % del aire que respiramos es nitrógeno, el elemento más abundante en la atmósfera, que es vital para nuestra existencia, porque, entre otras cosas, es un componente esencial de ácidos nucleicos y aminoácidos. A pesar de su abundancia en la atmósfera, para nuestra desgracia y para la de las plantas el nitrógeno es inerte y no interactúa con otros elementos.

Cuando respiramos, el nitrógeno penetra en los pulmones y vuelve a salir de inmediato sin provocar reacción alguna salvo la de servir como agente diluyente del oxígeno en la respiración. Para que nos resulte útil (a los animales y a las plantas) debe adoptar otras formas más reactivas, como el amoniaco, y son las bacterias las que hacen ese trabajo para nosotros, fijándolo y transformándolo en nitratos para que pueda ser absorbido por las plantas en uno de los ciclos fundamentales para el mantenimiento de la vida.

Representación del intercambio entre un Metarhizium endofítico en su planta huésped a la que suministra nitrógeno obtenido de la larva al tiempo que recibe a cambio carbohidratos fotosintetizados.



En los últimos años, los científicos que estudian la relación entre Metarhizium y las plantas han descubierto que se ha desarrollado un intercambio fascinante y ecológicamente importante entre estos organismos. Cuando las plantas reciben una cantidad adecuada de nitrógeno, muchas especies producen carbohidratos en exceso. Sus socios fúngicos son los que se benefician de esto, porque esos carbohidratos en exceso alimentan a los hongos micorrícicos de esas plantas.

Usando isótopos de carbono y nitrógeno, los científicos han demostrado que matar y comer insectos no es la única forma que emplean las especies de Metarhizium para sobrevivir. Además de devorar insectos, los Metarhizium también forman relaciones micorrícicas con las raíces de numerosas especies de plantas herbáceas. Así obtienen carbohidratos.

Sin embargo, las plantas no regalan los productos de la fotosíntesis así como así. A cambio, los hongos les proporcionan parte del nitrógeno que obtuvieron al infectar y digerir a sus presas. Cuando rastrearon el camino de los isótopos de carbono y nitrógeno entre hongos y plantas, los investigadores descubrieron que los hongos suministraban directamente a las plantas el nitrógeno obtenido de los insectos parasitados.

Tampoco debe extrañarnos demasiado. Después de todo, así es más o menos cómo funcionan la mayoría de las interacciones micorrícicas. Sin embargo, el hecho de que un hongo que mata insectos esté transfiriendo nitrógeno de un insecto a la planta directamente, revela una vía desconocida en el ciclo del nitrógeno.

Metarhizium es un género de hongos extremadamente común y muy extendido, por lo que es probable que estas relaciones no sean exclusivas de las plantas utilizadas en estas investigaciones. Es importante recordar que este tipo de relaciones son beneficiosas tanto para las plantas como para los hongos.

Ambas partes se benefician del mutualismo. No podemos olvidar que, como las plantas, los hongos son organismos que luchan por sobrevivir el tiempo suficiente para que sus genes pasen a la siguiente generación. Los mutualismos no son altruistass. Son intercambios mutuos que benefician a ambas partes.

Si les pudiéramos preguntar a los insectos, no opinarían lo mismo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

jueves, 7 de enero de 2021

La ayahuasca, un brebaje alucinógeno

 

Flor de Banisteriopsis caapi. Foto.

La ceremonia de la ayahuasca atrae a miles de personas cada año. Quienes ofrecen la sustancia son miembros de un boyante y peligroso mercado de salud mental sin regulaciones ni permisos.

Viajeros de todo el mundo, pero sobre todo de Estados Unidos, viajan hasta el oeste de Costa Rica para probar la ayahuasca, una mezcla de plantas amarga y nauseabunda, que los pueblos de la selva amazónica han bebido durante siglos enmarcada en ceremonias rituales. Algunas comunidades indígenas consideran que la infusión es una poderosa medicina que conecta con el inframundo, eleva el espíritu y la armonía con el mundo natural.

Los alojamientos que encuentran los turistas en busca de la alucinogénesis está muy lejos de las chozas aisladas en las selvas amazónicas de donde surgió la ayahuasca. El alojamiento que los turistas ocupan está a años luz: son cabañas bien equipadas con espléndidas vistas al océano rodeando a piscinas refulgentes. Con tarifas que oscilan entre 3.000 y 7.000 dólares por persona, esos alojamientos son parte de un boyante sector de la terapia alternativa destinada a ilusos adinerados que, con los bolsillos llenos y con la cabeza a pájaros, buscan otros mundos que no están en este.

En el idioma quechua que hablan los indígenas de la selva amazónica el término ayahuasca significa “la liana de los muertos” (de “aya”: espíritu, muerto y “waskha”: liana) y que, como su sinónimo yagé, se refiere tanto a Banisteriopsis caapi, una liana gigante endémica de la cuenca amazónica, como al brebaje ritual indígena en el que intervienen otras plantas, entre las que no puede faltar la chacruna (Psychotria viridis), un arbusto cuya savia contiene un compuesto, la dimetiltriptamina (DMT), en el que radica el auténtico poder alucinógeno y enteógeno de la infusión.

Flores de Psychotria viridis. Foto

B. caapi
contiene dos alcaloides del grupo de las β-carbolinas: harmina y tetrahidroharmina (THH), que juegan un papel fundamental en los efectos neurológicos de la ayahuasca porque, como el resto de los alcaloides de su grupo, que son comunes en plantas y animales, actúan como inhibidores de una enzima, la monoaminooxidasa. Al impedir que la enzima actúe, las β-carbolinas evitan la degradación de la DMT de la chacruna en el tracto digestivo, permitiendo así que ejerza su acción psicoactiva en el sistema nervioso central.

De ese modo, a diferencia de los cristales de DMT procedentes de P. viridis, que los nativos usan para fumar y no requieren una sustancia asociada que los vehiculice en el intestino, el bebedizo resulta psicoactivo por administración oral. Por tanto, desde el punto de vista farmacológico, el DMT es el principio activo, mientras que las β-carbolinas son coadyuvantes. Esta combinación de plantas en una única infusión es un logro increíble del conocimiento etnofarmacológico de las culturas indígenas amazónicas.

El efecto psicoactivo de la DMT obedece a que nuestras neuronas sintetizan de forma natural otra triptamina, la serotonina, a la que coloquialmente se le denomina el “neurotransmisor de la felicidad”. Los procesos conductuales y neuropsicológicos modulados por la serotonina incluyen el estado de ánimo, la percepción, la recompensa, la ira, la agresión, el apetito, la memoria, la sexualidad y la atención. Su metabolismo está asociado en varios trastornos psiquiátricos y su concentración se ve reducida por el estrés.

Hay veces en las que nos sentimos decaídos y no sabemos por qué. No ha ocurrido nada especial, pero no conseguimos alcanzar un buen estado de ánimo. En estos casos puede que la causa sea un nivel de serotonina bajo. Un ritmo de vida agobiante, una mala alimentación y la falta de ejercicio hacen que nuestro nivel de serotonina descienda, provocando un estado anímico ciclotímico y, por lo general, decaído.

El motivo del decaimiento son los bajos niveles de serotonina. Este neurotransmisor, que también ejerce un papel fundamental en la regulación de nuestro funcionamiento intestinal, tiene la capacidad de llevar a cabo las reacciones químicas necesarias para aumentar nuestro de sentimiento de bienestar y satisfacción.

La serotonina puede ayudarnos a sobrellevar mejor el estrés y la tensión del día a día. No obstante, cuando los niveles de estrés se disparan, la serotonina tiende a bajar, somos menos capaces de controlar los altibajos en nuestro estado de ánimo y corremos el riesgo de desarrollar algún tipo de trastorno depresivo.

Como los fitocannabinoides de la marihuana, que sustituyen a nuestros cannabinoides naturales endógenos, muchas sustancias tóxicas pueden sustituir, bloquear o modular los receptores neuronales a los que se unen habitualmente nuestros neurotransmisores. Su efecto a veces es similar (agonista) y otras opuesto (antagonista), siempre dependiendo de la dosis.

Cuando la dosis es elevada, el DMT de la chacruna actúa como agonista de los receptores de serotonina de tipo 5-HT2A produciendo el efecto psicotrópico que, en el caso del ritual indígena de la ayahuasca, se potencia por el entorno en el que se encuentra el individuo (cánticos, percutir de tambores, luces, sonidos e ingestión de cafeína a través de una infusión de Ilex guayusa, una planta amazónica del género del acebo).

Además, el mismo DMT puede actuar sobre los receptores a los que se une una hormona neurotransmisora, la adrenalina. Si sube la concentración de adrenalina en sangre, nuestro corazón late más veces por minuto y más fuerte, es decir, se producen taquicardias. El efecto se potencia en muchos ritos chamánicos porque las β-carbolinas de B. caapi permiten que el DMT actúe durante mucho más tiempo sobre los receptores de la serotonina y de la adrenalina.


El DMT, a diferencia de muchos compuestos psicotrópicos, no parece tener potencial adictivo porque no activa la ruta mesolímbico cortical, un circuito nervioso cuya activación libera dopamina en el cerebro y produce placer. La mayoría de las drogas como la cocaína, las anfetaminas, el éxtasis y la heroína basan su capacidad adictiva en la activación de este circuito.

Sin que seamos toxicómanos, también liberamos dopamina en este circuito cuando apostamos en una tragaperras, en la bolsa, nos volvemos adictos al trabajo o practicamos sexo. La activación de la ruta mesolímbico cortical libera cantidades ingentes de dopamina produciendo placer al realizar comportamientos como los mencionados o al ingerir algunas drogas.

Los efectos de la ayahuasca varían desde la embriaguez agradable sin consecuencias, a secuelas de violentas reacciones que provocan vómitos, parálisis, convulsiones, euforia y alucinaciones. Termina con sueño profundo. Con alcohol, puede producir la muerte. Sus efectos dependen de la sensibilidad de quien la ingiere.

Por último, desde hace algunos años un grupo de científicos españoles ha centrado sus esfuerzos en investigar el uso potencial de la ayahuasca como agente neurogénico. La neurogénesis es el proceso por el cual se forman nuevas neuronas en el cerebro a partir de células madre. Su actividad es especialmente intensa durante el desarrollo embrionario, pero cuando crecemos su acción decae.

Si la ayahuasca actuara como neurogénico, podría servir para curar patologías como el alzhéimer o el párkinson, que se caracterizan por la muerte de determinadas neuronas, haciendo “despertar” a las células madre neurales en el adulto para “convencerlas” de que formen nuevas células nerviosas. Eso permitiría reponer las neuronas que mueren como consecuencia de las enfermedades neurodegenerativas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 6 de enero de 2021

En unas horas Trump asaltará en vano la última trinchera



Dentro de unas horas, el Congreso de los Estados Unidos (un órgano bicameral, compuesto por la Cámara de Representantes y el Senado) se reunirá en sesión conjunta para contar los votos del Colegio Electoral emitidos en las capitales estatales el mes pasado. En su papel de presidente del Senado, el vicepresidente Mike Pence debería proclamar oficialmente a Joe Biden como el próximo presidente del país.

Este proceso formal, el último paso en las elecciones presidenciales, se ha convertido en la ¿penúltima? trinchera del esfuerzo desesperado, insostenible y posiblemente criminal del presidente Donald Trump para cambiar los resultados de 2020. En su negativa a dar su brazoa torcer, Trump está presionando a Pence y a los representantes republicanos para retrasar u oponerse a la proclamación.

La sesión conjunta del Congreso el 6 de enero no es una mera formalidad. La Ley de Recuento Electoral de 1887 exige que el Congreso convoque y revise, y no solo que certifique formalmente, los resultados del Colegio Electoral.

Esa ley fue una respuesta a las disputadísimas elecciones presidenciales de 1876. Ese año, los republicanos que apoyaban al candidato Rutherford B. Hayes alegaron fraude electoral en cuatro estados que favorecían al demócrata Samuel Tilden, lo que obligó al Congreso a nombrar una comisión independiente para resolver 20 votos electorales disputados.

La comisión nominalmente bipartidista, compuesta por cinco senadores, cinco congresistas y cinco jueces de la Corte Suprema, otorgó los votos en disputa a Hayes, lo que le permitió superar los 185 votos frente a 184 obtenidos por Tilden en el Colegio Electoral. Los procedimientos dejaron una nube de sospecha sobre Hayes, quien recibió el sobrenombre de "Rutherfraude B. Hayes".

El Congreso también salió escaldado de la prolongada y feroz disputa electoral. Para minimizar la probabilidad de que alguna vez volvieran a decidir el resultado de una elección presidencial, los legisladores aprobaron en 1887 la Ley de Recuento Electoral. La ley pone la responsabilidad de resolver las disputas electorales en los estados. Mientras lo hagan, certificando los resultados de sus elecciones a más tardar seis días antes de que el Colegio Electoral se reúna para emitir sus votos, sus resultados se considerarán "concluyentes" cuando el Congreso se reúna para certificar la votación el 6 de enero.

En 2020, todos los estados certificaron sus resultados electorales antes de la fecha límite de del 8 de diciembre. Joe Biden ganó 306 votos electorales, superando los 270 votos necesarios para convertirse en presidente electo, y Donald Trump logró 232. El Congreso está legalmente obligado a ceder ante esas decisiones estatales.

Sin embargo, incluso los resultados concluyentes pueden ponerse en cuestión. De acuerdo con la Ley de Recuento Electoral, si un congresista o un senador están de acuerdo en que una impugnación merece crédito, la Cámara de Representantes y el Senado deben volver a reunirse por separado y deliberar no más de dos horas antes de votar para mantener o rechazar la impugnación. Para que la impugnación prospere, se necesita que dos mayorías, una en cada cámara, vote a favor.

Para anular el resultado de una elección, el Congreso tendría que descalificar suficientes votos electorales para privar a un candidato de los 270 votos necesarios para ganar. Si se consiguiera, el Congreso elegiría al próximo presidente basándose en un sistema de votación especificado en el Artículo II de la Constitución.

Esta tarde, en un intento de cambiar 63 votos electorales de Biden a Trump, al menos una docena de senadores republicanos se opondrán a los resultados en Georgia, Pensilvania, Arizona y Michigan. Sus alegaciones se fundamentan en denuncias de fraude electoral ya desacreditadas administrativa y judicialmente. No hay posibilidad alguna de que los demócratas, que controlan la Cámara de Representantes, voten para apoyar esas recusaciones.

A menos que dimita y ceda la Presidencia a Pence, presidente del Senado pro tempore, como hizo el vicepresidente Hubert Humphrey en enero de 1969, el ahora vicepresidente tendrá el papel formal pero políticamente importante de presidir una proclamación impugnada.

Después de que los certificados de voto de los 50 estados y de Washington DC se lleven a la sesión conjunta, el vicepresidente abrirá los 51 sobres uno a uno y los entregará a los "cajeros" designados. A medida que estos anuncien en voz alta los resultados de cada estado y registren los votos para el recuento final, el vicepresidente «pedirá objeciones, si las hay».

Si los republicanos objetan, se realizará una votación por separado en ambas cámaras. Cuando los republicanos no puedan obtener el apoyo necesario, Pence deberá declarar a Biden presidente electo. Pence está obligado constitucionalmente a cumplir con este deber, por más que Trump diga que confirmar la victoria de Biden sería una traición.

Un presidente estadounidense que organiza un intento de subvertir una elección, con al menos una docena de senadores apoyándole, daña profundamente la democracia, que depende de la transferencia pacífica del poder. Los republicanos, y sobre todo Mike Pence, se enfrentan a una elección entre la fidelidad a la Constitución y la fidelidad a Trump. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Cara y cruz del cannabis



Atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el pasado 2 de diciembre la Comisión de Estupefacientes de la ONU decidió eliminar el cannabis de la Lista IV de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, una relación de proscritos en la que estaba situado desde hace sesenta años junto a determinados opioides adictivos y potencialmente mortales como la heroína, reconocidos por tener poco o ningún propósito terapéutico y a los que se aplican estrictas medidas de control, que en general descartan su uso con fines médicos.

La decisión podría impulsar la investigación científica sobre las propiedades medicinales del cannabis. Como Jano, el cannabis es bifronte. Sus dos principales principios activos tienen efectos diferentes. Uno de ellos, el Tetra-hidro-cannabinol (THC), el más buscado con fines recreativos, es psicotrópico, mientras que el otro, el cannabidiol (CBD), tiene cierto efecto analgésico y serviría como tratamiento  antipsicótico.

Esos efectos se reflejan en el comercio. Por ejemplo, la marihuana que se vendía en Barcelona en el año 2017 tenía 7 mg de THC y 3 mg de CDB por porro. En cambio, la resina concentrada de cannabis, el hachís, circulante tenía tan solo trazas de CBD y 7 mg de THC.

En los últimos años se han realizado innumerables estudios (algunos poco rigurosos) que sugieren posibles aplicaciones terapéuticas del CBD. No es oro todo lo que reluce y conviene tener prudencia sobre lo que se lee. En la trastienda de todas las drogas ‘legales’ como el alcohol o el tabaco hay poderosos intereses económicos y lobbies dedicados a exaltar sus supuestos beneficios, a veces con poca base científica.

Por ejemplo, el resveratrol, un antioxidante presente en el vino tinto, tiene unos efectos beneficiosos que lo han puesto a nivel del curalotodo bálsamo de Fierabrás. Los panegiristas suelen olvidar el hecho de que para ingerir una dosis efectiva de resveratrol deberíamos beber hasta perder el conocimiento.

La marihuana (Cannabis sativa) es una planta con al menos dos subespecies (sativa e indica) y más de 2 500 variedades. En su composición aparecen más de 500 compuestos, de los cuales más de un centenar son cannabinoides. Entre ellos se cuentan el THC, responsable principal de la neurotoxicidad, y el CBD, cuyos efectos terapéuticos parecen demostrados. 



El CBD es un cannabinoide muy parecido al THC, pero sin propiedades psicotrópicas. Entre sus efectos secundarios destacan la diarrea, la inapetencia, la somnolencia y la sedación, aunque estos dos últimos probablemente estén relacionados con interacciones farmacológicas con algunos medicamentos.

Los usos médicos del cannabis se han estudiado ampliamente. En 2017, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos realizó un metaanálisis en el que incluyó más de diez mil estudios. Se encontraron pruebas de algunos usos del cannabis frente al dolor crónico y a los espasmos asociados a la esclerosis múltiple. También se encontraron pruebas sólidas de que el tetrahidrocannabinol (THC), el principal componente psicoactivo del cannabis, puede reducir las náuseas provocadas por la quimioterapia. De hecho, un derivado sintético del THC, el dronabinol, se ha prescrito durante décadas para este uso.

Uno de los efectos terapéuticos contrastados del CBD es el tratamiento de formas especialmente difíciles de epilepsia infantil. Aunque los resultados no se puedan generalizar a todo tipo de epilepsias y ni tan siquiera a todo tipo de convulsiones infantiles, una investigación reciente con una muestra de 550 niños demostró que los que seguían tratamiento con CBD tenían un 20 % menos de crisis epilépticas.

En cualquier caso, más que poner a los niños a fumar porros, hay que saber que el CBD es un componente básico en el Epidyolex, el fármaco aprobado por la agencia española del medicamento para el tratamiento de la epilepsia refractaria infantil.



Durante miles de años, se ha utilizado el cannabis con fines recreativos, rituales y terapéuticos. Hoy, sus aplicaciones médicas están de moda, sobre todo cuando se afirma, sin mayor evidencia, que el cannabis puede curar el cáncer. Aunque las evidencias basadas en metaanálisis como el que acabo de citar sean menos consistentes, hay al menos tres campos en los que se está analizando la posible utilidad terapéutica del CBD: el dolor crónico, la salud mental y los tumores.

El uso del cannabis como analgésico se conoce desde la antigüedad, pero uno de los problemas para evaluar su eficacia en el tratamiento del dolor es que la mayoría de los estudios utilizan preparados que contienen CBD y THC en proporciones idénticas, con los riesgos de toxicidad que ello supone.

Los datos disponibles hasta la primavera pasada son sorprendentes. En estudios bien diseñados, el CBD ha mostrado efectividad para controlar el dolor en fibromialgia, trasplante renal, esclerosis múltiple y lesión medular. En cambio, los resultados han sido negativos para la enfermedad de Crohn y el dolor crónico generalizado.

En el ámbito de la salud mental, se ha promovido el uso del CBD para el tratamiento de los trastornos depresivos, del estado de ánimo y de las adicciones. Las revisiones sistemáticas más recientes concluyen en que no existe evidencia consistente para justificar su utilización en patologías como la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia. Un aspecto interesante, pero todavía poco estudiado, es su posible y paradójica utilización en el tratamiento de la adicción al cannabis.

Finalmente, el CBD también se está estudiando como posible agente antineoplásico, aunque en este caso las investigaciones son muy preliminares y sin ninguna evidencia sólida contrastada en humanos. A pesar de las afirmaciones en sentido contrario, no existe ninguna prueba significativa de que el cannabis tenga algún efecto curativo o siquiera beneficioso frente al cáncer. Sin embargo, en el laboratorio sí se han observado efectos positivos del CBD en cultivos celulares de cáncer de hígado, próstata y mama, aunque los mecanismos de acción están todavía por confirmar y su aplicación clínica no parece próxima.

Y no lo parece porque, aunque sea cierto que una dosis alta de cannabinoides mata las células cancerosas en una placa Petri, eso no es muy significativo clínicamente hablando. Matar células en una placa es extremadamente fácil y se puede conseguir con cualquier cosa, desde calor hasta lejía. Pero los agentes anticancerosos efectivos tienen que poder matar las células cancerosas en el cuerpo humano selectivamente, sin afectar a las sanas. Y la realidad, al menos hasta ahora, es que el cannabis no puede hacerlo.

El negocio del cannabis lleva años intentando mejorar la percepción social de la marihuana. La presencia en sus productos de una substancia no adictiva y con potencial terapéutico constituye una potente arma publicitaria. El CBD se vende ahora en cremas corporales, sueros y refrescos, y está «inundando la industria del bienestar» hasta el punto de que se estima que para 2025 su facturación en Estados Unidos alcanzará los 16 000 millones de dólares.

Como sucede ahora con el alcohol –y sucedió antes con el tabaco– los propagandistas de los supuestos efectos beneficiosos del cannabis son más potentes que los que advierten sobre sus riesgos. Si dejamos de lado esa presión y nos centramos en lo que realmente sabemos, el CBD es una sustancia prometedora, con pocos efectos secundarios y que puede ser de utilidad en el tratamiento de algunas enfermedades.

Entre la propaganda más activa se cuenta la que basa las propiedades curativas del cannabis en que es un “producto natural”, lo que bien pudiera ser un caso más de los muchos que se basan en la llamada falacia naturalista.

El término «natural» es confuso. Si definimos natural como lo que ocurre sin intervención humana, el argumento es muy débil. El opio, la nicotina, el arsénico, el plutonio y el cianuro también son naturales, pero sería una mala idea atiborrarse de ellas. Los compuestos activos de muchos fármacos se descubren en plantas y se sintetizan para controlar la dosis y para maximizar su eficacia. Ya existen medicamentos derivados del THC, pero no curan el cáncer, como tampoco lo hace el cannabis.

Por desgracia, como en el caso de los antivacunas, en el caso del cannabis no faltan los conspiranoicos que afirman que las empresas farmacéuticas ocultan las propiedades anticancerígenas del cannabis. Esa afirmación es burda, tan burda como afirmar que la COVID-19 está provocada por un virus sintético elaborado por las corporaciones farmacéuticas para vender vacunas. Considerando que alrededor de la mitad de la población tendrá cáncer a lo largo de su vida por lo que una posible cura sería extremadamente rentable, la idea de que los investigadores son unos criminales despiadados que ocultan una solución para los tumores es absurda.

La realidad es que el cáncer es una familia compleja de enfermedades y es poco probable que alguna vez haya una única cura. Para algunas personas, el cannabis puede ser útil para tratar las náuseas provocadas por la quimioterapia, pero hoy por hoy solo se puede asegurar que la idea de que el cannabis cura el cáncer es tan mítica como tantas otras que circulan por el laberinto de las redes sociales. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.