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sábado, 1 de febrero de 2020

Psilocibina: el ingrediente mágico de los hongos psicodélicos

Psilocybe mexicana, el hongo del que aisló por primera vez la psilocibina. Foto

A principios de la década de 1950, cuando estaba de vacaciones en México, R. Gordon Wasson, un estadounidense aficionado a la micología, describió sus experiencias esótericas durante una ceremonia tradicional indígena. Nadie sabía de sus existencia, pero acababa de experimentar los efectos de la psilocibina, el principal ingrediente psicoactivo de los "hongos mágicos" y uno de los alucinógenos naturales más potentes.
Hay casi doscientas especies de hongos[1] que contienen psilocibina de diferentes intensidades. La especie más potente del mundo es Psilocybe azurescens, que se encuentra principalmente en el noroeste del Pacífico estadounidense. La especie más popular para consumo es Psilocybe cubensis, que se consume tanto seco a modo de mojama, como empapado en agua caliente o preparado en infusiones.
La psilocibina junto a otras drogas, como la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) y la mescalina, se consideran "psicodélicos clásicos" porque, al imitar la actividad de los neurotransmisores cerebrales, pueden inducir cambios en el estado de ánimo, el pensamiento y la percepción. Una vez que penetra en el organismo, la psilocibina se descompone en psilocina (un alcaloide derivado de la psilocibina encontrado en la mayor parte de los hongos mágicos que tiene propiedades enteógenas), que actúa como antagonista de los receptores de un neurotransmisor, la serotonina, que regula el estado de ánimo.
Molécula de Psilocibina.
[3-(2-dimetilaminoetil)-1H-indol-4-il]
dihidrógeno fosfato
Los efectos alucinantes de la psilocibina pueden hacer que quien la ingiere vea imágenes, escuche sonidos y sienta sensaciones que parecen reales pero que no lo son, como experimentar sinestesia o mezcla de dos sentidos, lo que les hace percibir nítidamente que pueden oler los colores. Están sometidos a sensaciones tales como el cambio de tiempo (los minutos pueden parecer horas), el movimiento de objetos reales o imaginarios que parecen fluir a su alrededor, tanto con los ojos abiertos como cerrados, pensamientos y habla extraños, y estado de ánimo excitado. Además de la mejora sensorial y de las alucinaciones visuales, los participantes en las sesiones de terapia asistida por psilocibina han descrito sus efectos como una experiencia que les cambia la vida porque obtienen una visión profunda que modifica la forma en que piensan acerca de sí mismos.
Las reacciones individuales a estos cambios de percepción se basan en gran medida en “set” y “setting”. Set (mentalidad) se refiere al estado psicológico y las creencias de la persona que ingiere la droga. El setting (entorno) son las circunstancias externas personales y ambientales que los rodean. Debido a que ambas varían mucho de una persona a otra, e incluso de una experiencia a otra, cada experiencia con psilocibina puede producir resultados muy diferentes, desde experiencias aterradoras hasta experiencias profundamente íntimas y positivas capaces de transformar la vida de algunas personas.
También se ha relacionado con el uso de psilocibina un tipo de experiencia mística (enteógena) que quienes la han experimentado describen como sentirse integrado plenamente en la humanidad. Los estudios han demostrado que después de tomar psilocibina, hay un fuerte aumento en la comunicación entre áreas del cerebro que normalmente no se comunican entre sí, lo que puede explicar en parte los nuevos pensamientos que experimentan algunas personas.
Como otras drogas psicodélicas, los seres humanos han consumido hongos que contienen psilocibina durante miles de años como parte de ceremonias religiosas o con fines curativos. Se han encontrado evidencias de cultos de hongos durante más de 7.000 años en Libia, Argelia y Chad. Los aztecas llamaban a estos hongos "teonanacati", o "carne de los dioses", y cuando se tomaban como infusiones bebidas, se consideraban una bebida ritual sagrada.
Detalles antómicos de Psilocybe cyanescens, un hongo mágico. 
Los hongos mágicos se pueden consumir como infusiones, comerse crudos o secos, triturarse en polvo y meterlos en cápsulas o recubrirse con chocolate, para enmascarar su sabor amargo. La psilocibina es un ingrediente biológicamente activo que no se desactiva hirviéndola o cocinándola. Dependiendo de la especie de que se trate, las dosis de hongos secos generalmente varían de uno a cinco gramos y los efectos alucinógenos pueden comenzar entre veinte y cuarenta minutos después de la ingesta y durar de tres a seis horas. Las dosis de hongos tomados como infusión deben ser diez veces más altas, de entre diez y cincuenta gramos. Los hongos con psilocibina son una de las drogas alucinógenas más caras y de las que producen mayor adicción.
Aunque los seres humanos han estado consumiendo hongos mágicos durante miles de años, el compuesto no se aisló hasta 1957 y se produjo sintéticamente un año después. A principios de la década de 1950, cuando estaba de vacaciones en México, R. Gordon Wasson, un empleado bancario y micólogo aficionado, dio con una tribu indígena que usaba hongos psicoactivos. Wasson, que describió sus alucinantes experiencias durante una ceremonia tradicional mexicana en 1957 en un artículo de la revista Life, envió muestras de los hongos a Albert Hoffmann, un químico suizo conocido por descubrir el LSD. Hoffmann aisló la psilocibina de la especie Psilocybe mexicana en 1957 y desarrolló un modo de producir una versión sintética en su laboratorio en Sandoz Pharmaceuticals, que enseguida comenzó a producir píldoras de 2 mg para distribuirlas con fines de investigación.
Los estudios sobre los posibles beneficios médicos de la psilocibina y otros psicodélicos comenzaron en los años 50 y 60, inmediatamente después de que Hoffmann ideara la técnica de producir el químico sintéticamente. Durante las siguientes décadas se administraron miles de dosis de psilocibina en experimentos clínicos. Psiquiatras, científicos y profesionales terapéuticos consideraban que psicodélicos como la psilocibina eran tratamientos prometedores coadyuvantes en la terapia de una amplia gama de diagnósticos psiquiátricos, incluidos el alcoholismo, la esquizofrenia, los trastornos del espectro autista, el comportamiento obsesivo compulsivo y la depresión.
Aunque los resultados para tratar la ansiedad, la depresión y la adicción eran prometedores, la investigación en Estados Unidos se detuvo en 1970, cuando el presidente Richard Nixon firmó la Controlled Substances Act (Ley de Sustancias Controladas). La ley se consideró una respuesta política al creciente temor al uso de drogas psicodélicas en los jóvenes y la propagación del movimiento contracultural que, entre otras cosas, se oponía a la guerra de Vietnam.
Desde la promulgación de esa ley, la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) incluyó la psilocibina y la psilocina como sustancias de la Lista I, la categoría más restrictiva de la legislación federal. A pesar de estas restricciones, ensayos clínicos recientes han demostrado que la psilocibina es una terapia indicada para combatir la ansiedad y la depresión que no responden a otros tratamientos. Y ahí ha surgido una paradoja legal: la Administración de Drogas y Alimentos estadounidense (FDA) ha designado a la psilocibina como una "terapia innovadora", lo que significa un impulso de la Administración destinado a acelerar el proceso de I+D+I de medicamentos que contengan psilocibina y sus derivados.
Tres décadas más tarde, Roland Griffiths, un psicofarmacólogo del Johns Hopkins, consiguió autorización de la FDA para estudiar la psilocibina, lo que significó el comienzo de una nueva era de investigación psicodélica con estándares científicos más rigurosos que los estudios anteriores.
La coloración azulada es típica de los Psilocybe cuando son tocados. En la foto de Erik Fenderson, ejemplares secos de P. cubensis.
Gracias a las nuevas investigaciones terapéuticas, la psilocibina apunta buenos resultados para mejorar una variedad de afecciones difíciles de tratar por otros medios. Por ejemplo, los resultados son extremadamente positivos para el uso de psilocibina en el tratamiento del abandono del hábito de fumar, el alcoholismo, el trastorno obsesivo compulsivo y la depresión, porque los pacientes se sienten más seguros de su capacidad para cambiar su comportamiento y manejar sus adicciones.
Los resultados también apuntan al uso de la psilocibina en la reducción de la ansiedad relacionada con el cáncer y la depresión resistente a otros tratamientos, dos campos clínicos en los que existe una gran necesidad de mejores tratamientos. Junto con la terapia de apoyo, la psilocibina parece ayudar a los pacientes a enfrentar sus problemas mentales y puede inducir ideas y perspectivas que promueven la flexibilidad mental, causando cambios de comportamiento que persisten hasta un año después de la terapia.
El efecto secundario negativo más común de la psilocibina es la posibilidad de un "mal viaje". Las altas dosis de psilocibina pueden causar sentimientos abrumadores de ansiedad, miedo y confusión que pueden conducir a un comportamiento peligroso si no se usan bajo supervisión médica.
La microdosificación psicodélica es una tendencia cada vez más aplicada que implica la ingestión de cantidades subalucinógenas muy pequeñas de sustancias como el LSD o los hongos secos con psilocibina. Las pruebas, realizadas por investigadores médicos, suponen que los voluntarios ingieran microdosis de aproximadamente una décima parte de la dosis de cualquier sustancia psicodélica que ingieren los adictos con los fines que son de suponer, aunque las dosis varían según las personas. La dosis es subalucinógena; los voluntarios que ingieren microdosis no se “colocan", siguen con sus actividades cotidianas. Los participantes debían informar acerca de qué les gustaba y qué no les gustaba de la microdosificación. Los tres beneficios más comunes registrados fueron mejor humor, mayor concentración e incremento de la creatividad.
Los psicodélicos son sustancias muy tóxicas, y sus efectos secundarios pueden ser difíciles de manejar incluso en el marco relativamente seguro de un entorno de investigación. Los investigadores reducen estos riesgos al prohibir que las personas con antecedentes de psicosis participen en ensayos de psilocibina. La psilocibina también puede aumentar moderadamente la presión arterial, por lo que las personas con problemas cardíacos están también excluidas de los ensayos. Otros posibles efectos secundarios del uso de psilocibina incluyen náuseas, vómitos, dolores de cabeza y calambres estomacales.
Para quienes buscan estos hongos con fines “recreativos”, la identificación errónea de las especies de hongos ha demostrado ser uno de los mayores problemas. Según ProjectKnow, algunas especies venenosas de hongos tienen un gran parecido con las especies productoras de psilocibina. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
Bibliografía recomendada: la incluida en este artículo.


[1] La psilobicina es un compuesto natural que se encuentra en concentraciones variables en alrededor de 200 especies de hongos basidiomicetos, principalmente entre los siguientes géneros: Psilocybe (116 especies), Gymnopilus (14), Panaeolus (13), Copelandia (12), Hypholoma (6), Pluteus (6) Inocybe (6), Conocybe (4), Panaeolina (4), Gerronema (2) y Agrocybe, Galerina y Mycena (1 especie cada uno). Las esporas no contienen ni psilocibina ni psilocina. El sombrero del hongo suele poseer mayor cantidad de compuestos psicoactivos que el pie. La potencia total varía mucho entre especies y aún entre individuos de la misma especie en el mismo medio. Los hongos más jóvenes y pequeños poseen una concentración más alta de alcaloides y tienen un sabor más suave que aquellos más grandes y maduros. En general, el contenido de psilocibina en los hongos es muy variable (desde casi nada hasta aproximadamente un 1,5% del peso seco del hongo) y depende de las especies, del crecimiento y de las condiciones de secado como también del tamaño del hongo. El micelio maduro contiene algo de psilocibina, mientras que el micelio joven (recientemente germinado de las esporas) no contiene cantidades apreciables de alcaloides. Muchas especies de hongos que contienen psilocibina tienen también pequeñas cantidades de los análogos de la psilocibina: baeocistina y norbaeocistina. La mayoría de las especies de hongos que contienen psilocibina muestran manchas azuladas cuando son manipulados o dañados, que se deben a la oxidación de los compuestos fenólicos. Esta reacción, sin embargo, no es un método definitivo utilizado para la identificación o determinación de la potencia de un hongo.