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martes, 17 de agosto de 2021

La frontera americana: de mar a mar brillante

El progreso Americano, obra alegórica de John Gast (1872, Biblioteca del Congreso de EE UU), que refleja la idea del Destino manifiesto y el avance por esas supuestas tierras salvajes del Oeste.


En julio de 1893, coincidiendo con la Exposición Mundial de Chicago y cuando la crisis de aquella primavera evolucionaba hacia la depresión, el historiador Frederick Jackson Turner presentó su hipótesis de la «frontera» en un ensayo de apenas treinta páginas titulado El significado de la frontera en la historia americana, que presentó ante el Congreso de Historiadores Estadounidenses. Turner supo ver la gravedad de la crisis y darle una explicación con dimensiones históricas. En resumen, para Turner lo que había moldeado la identidad política, social y económica de Estados Unidos había sido la abundancia de tierra libre en el oeste; con el cierre de la frontera que Turner deducía del censo de 1890, no sólo se agravó la crisis económica, sino que Estados Unidos dejó de ser un país excepcional.

Una frontera, dice el diccionario, es el territorio que marca los confines de un estado. Pero, ¿qué ocurre cuando los confines” del estado no están definidos? En ese caso, una "frontera" podría definirse como una región en el borde de un área asentada. La frontera estadounidense comenzó con los primeros días del asentamiento europeo en la costa atlántica y los ríos orientales. Desde el principio, la "frontera" se consideró el borde occidental de la colonización. Sin embargo, este no fue siempre el caso, ya que los patrones de expansión hacia el oeste de ingleses, franceses y holandeses fueron bastante diferentes. Los españoles no necesitaron expandirse hacia el oeste sencillamente porque su expansión, acompañada de la fundación de misiones y presidios que fueron constituyéndose en incipientes núcleos urbanos, tuvo lugar al oeste del   Misisipí.

En los comienzos de la colonización, los ingleses construyeron asentamientos compactos y no avanzaron demasiado hacia el oeste. Por su parte, los holandeses establecieron aldeas permanentes y puestos comerciales en el valle del río Hudson, pero tampoco avanzaron hacia el oeste. Miles de franceses emigraron a Canadá y los comerciantes de pieles franceses se expandieron ampliamente a través de los Grandes Lagos y de las cuencas del Misisipí y sus tributarios hasta las Montañas Rocosas; sin embargo, rara vez construyeron asentamientos.

Durante el siglo XVII, la frontera avanzó aguas arriba de los valles de los ríos atlánticos mientras que las regiones de la plataforma continental y los piedemontes del este de los Apalaches se convirtieron en las áreas pobladas. En la primera mitad del siglo XVIII, hubo otro avance. Los tramperos y los comerciantes siguieron a los indios delawares y shaunis hasta el río Ohio a finales del primer cuarto de siglo. El gobernador Spotswood, de Virginia, realizó una expedición en 1714 a través de las Blue Ridge. El final del primer cuarto de siglo vio el avance de los escoceses-irlandeses y los palatinos alemanes hasta el valle de Shenandoah en la parte occidental de Virginia, y de la región piamontesa de las Carolinas. En Nueva York, los alemanes empujaron la frontera hasta aguas arriba del río Mohawk hasta German Flats. En Pensilvania, la ciudad de Bedford marcaba la línea de asentamiento.

Las guerras francesas e indias de la década de 1760 concluyeron con una victoria absoluta para los británicos, que se apropiaron del territorio colonial francés al oeste de los Apalaches hasta el río Misisipí. Los colonos comenzaron a moverse a través de los Apalaches por Ohio Country y el valle del río New. La Corona intentó detener el avance mediante su proclamación de 1763, que prohibía los asentamientos más allá de las cabeceras de los ríos que desembocan en el Atlántico; sin embargo, la proclamación fue en vano. Desde el principio, el Este temía el resultado de un avance no regulado de la frontera y trató de controlarlo y guiarlo, pero nunca logró detener el flujo de esperanzados colonos que se dirigían hacia el oeste.

Washington Crossing the Delaware óleo de Emanuel Leutze (1851)

Después de la victoria de los colonos en la Revolución Americana y la firma del Tratado de París en 1783, Estados Unidos obtuvo el control de las tierras británicas al oeste de los Apalaches. Por aquel entonces, miles de colonos como Daniel Boone cruzaron los Alleghanies en Kentucky y Tennessee, y se establecieron a lo largo de la cuenca alta del río Ohio. Algunas áreas, como el Distrito Militar de Virginia y la Reserva Occidental de Connecticut, ambas en Ohio, fueron utilizadas por los estados para recompensar a los veteranos de la guerra. Cómo incluir formalmente estas nuevas áreas fronterizas en la joven Nación fue un tema importante en el Congreso Continental de la década de 1780 y fue parcialmente resuelto por la Ordenanza del Noroeste en 1787.

Cuando se realizó el primer censo en 1790, el área asentada estaba delimitada por una línea que corría cerca de la costa de Maine e incluía Nueva Inglaterra, excepto una parte de Vermont y New Hampshire; por Nueva York, a lo largo del río Hudson y aguas arriba del Mohawk hasta Schenectady; por el este y sur de Pennsylvania, Virginia, a través del valle de Shenandoah, y las Carolinas y el este de Georgia. Más allá de esta región de asentamientos continuos se encontraban las pequeñas áreas pobladas de Kentucky y Tennessee, y el río Ohio, con las montañas que los separaban del área atlántica. Su aislamiento fue el motivo de que la región empezara a llamarse "Oeste": el concepto de Frontera Occidental comenzó su andadura.

Durante el siguiente siglo, la expansión hacia el oeste aumentaría tras la compra de Luisiana en 1803 y la posterior expedición de Lewis y Clark. Hacia 1820, el área poblada ya incluía Ohio, el sur de Indiana e Illinois, el sureste de Misuri y aproximadamente la mitad de Luisiana. Con frecuencia, estas áreas pobladas rodeaban las tierras indias, cuya posesión reclamaban los colonos, lo que más tarde desembocaría en la Ley de Deportación de 1830. La región fronteriza de la época se extendía a lo largo de los Grandes Lagos, donde la Compañía Peletera Americana de John Jacob Astor operaba el comercio indígena, y más allá del río Misisipí, donde los comerciantes extendían sus trueques con los indios hasta las Montañas Rocosas.

La creciente navegación a vapor por las aguas occidentales, la apertura del canal Erie en 1825 y la extensión hacia el oeste del cultivo del algodón agregaron cinco estados fronterizos a la Unión. Mientras tanto, el Gobierno Federal continuaba expandiendo la nación. En 1845, se anexionó Texas y en 1846, el Tratado de Oregón puso fin a las reclamaciones británicas sobre el Territorio de Oregón. En 1848, después de la guerra entre México y los Estados Unidos, México cedió gran parte del oeste y el sudoeste a los Estados Unidos. La gigantesca “cesión” incluyó los territorios noroccidentales del virreinato de la Nueva España que rápidamente se convertirían en los estados de California, Nevada, Utah, partes de Arizona, Colorado, Nuevo México y Wyoming; en 1853 la Venta de La Mesilla (conocida como Gadsden Purchase en Estados Unidos) hizo que los Estados Unidos se hicieran con una región de 76.845 km² del actual sur de Arizona y el suroeste de Nuevo México al sur del Río Gila y al oeste del Río Bravo. Estos nuevos territorios atrajeron a cientos de miles de colonos.

A mediados de 1800, la línea de la frontera estaba marcada por el límite oriental del Territorio Indio, hoy Oklahoma, Nebraska y Kansas. Minnesota y Wisconsin todavía mostraban características fronterizas, pero la frontera real estaba en California, donde los descubrimientos de oro habían enviado una oleada repentina de mineros aventureros, en Oregón, y en los asentamientos de Utah.

De la misma forma que la frontera había saltado sobre los Alleghanies, en esos momentos se saltaba las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas; y del mismo modo que el avance de los hombres de la frontera más allá de los Alleghanies había planteado problemas importantes de transporte y modernización, en aquellos momentos los colonos más allá de las Montañas Rocosas reclamaban infraestructuras de comunicación con el Este.



Mientras tanto, la cuestión de si la frontera de Kansas se convertiría en "esclavista" o en "estado libre" fue una de las muchas chispas que alimentaron la Guerra de Secesión. A pesar del esfuerzo bélico, la nación continuó avanzando hacia el oeste. En general, antes de 1860 los demócratas del norte promovían la propiedad de la tierra y los demócratas del sur se resistían porque hacerlo favorecía el crecimiento de una población de agricultores libres que podrían oponerse a la esclavitud.

Cuando el partido Republicano llegó al poder en 1860 promovió una política de tierras libre, plasmada sobre todo con la Ley de Asentamientos Rurales (Homestead Act) promulgada por el presidente Abraham Lincoln el 20 de mayo de 1862. La ley concedía la titularidad de 65 hectáreas de tierra federal a quienes la cultivaran durante cinco años. Cualquiera que nunca hubiese tomado las armas contra el Gobierno de los Estados Unidos, incluyendo los esclavos liberados, podían presentar una solicitud de reivindicación de esa concesión de tierras federales. A la llegada de los colonos también contribuyó la política de concesiones ferroviarias de tierras que abrieron terrenos baratos para los colonos. El primer ferrocarril transcontinental se construyó entre 1863 y 1869: por primera vez, la red ferroviaria del Este se unió con la costa Oeste.

Durante esos años, el ejército estadounidense libró una serie de guerras indias en Minnesota, Dakota y en otros lugares occidentales a medida que la marea de colonos avanzaba por toda la nación inundando las tierras indias. En 1880, el área poblada había sido empujada hacia el norte de Michigan, Wisconsin y Minnesota, a lo largo de los ríos Dakota, y hacia la región de Black Hills, y continuaba ascendiendo por los ríos de Kansas y Nebraska.

El desarrollo de las minas en Colorado había creado asentamientos fronterizos aislados en esa región, y Montana e Idaho comenzaban a recibir colonos. En ese momento, la frontera real estaba en estos campamentos mineros y en los ranchos de las Grandes Llanuras. Sin embargo, en tan solo veinticinco años, la frontera del Lejano Oeste había sido colonizada. Durante esos años, tres millones de familias de origen europeo fundaron granjas en las Grandes Llanuras.

En 1890, bajo la Presidencia de Benjamin Harrison, Robert P. Porter, el superintendente del censo, informó que los asentamientos del Oeste estaban tan dispersos que ya no se podía decir que hubiera una línea fronteriza. Esa breve declaración oficial marcó el cierre de un gran movimiento histórico. A cuatro siglos del descubrimiento de América, después de cien años de vida constitucional, la frontera había desaparecido. Como canta el himno patriótico America the beautiful, la joven nación que había nacido apenas un siglo antes se extendía por fin desde el Atlántico al Pacífico, de «mar a mar brillante». © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.