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lunes, 16 de marzo de 2020

¿Por qué hay tan pocos árboles en Europa templada?


Las extinciones han sido importantes en la configuración de los patrones fitogeográficos modernos. Un ejemplo clásico son las fuertes pérdidas de Plio-Pleistoceno que han causado que Europa tenga una flora arbórea depauperada en comparación con las Norteamérica y Asia oriental.

Eche un vistazo a una lista de especies de árboles de Europa templada, América del Norte y Asia y notará una notable diferencia. Mientras que Norteamérica y Asia albergan alrededor de 1000 especies de árboles cada una, el continente europeo apenas alberga la mitad ¿A qué se debe ese déficit en la biodiversidad forestal?

La respuesta puede estar en parte en la historia glacial del hemisferio Norte, así como en algunas peculiaridades geológicas. Hace unos tres millones de años, a finales del Plioceno, la Tierra comenzó a enfriarse. A medida que entraba en una época en la que los glaciares dominaban todo el continente, la vida tuvo que adaptarse.

Cuando estudié un curso de Geobotánica hace ahora casi cincuenta años, aprendí que Europa había perdido muchas de sus especies de árboles adaptados a climas templados gracias a la orientación este-oeste de sus principales cadenas montañosas, algo que cualquiera puede comprobar pensando en las cordilleras Béticas, en el Sistema Central o en los Pirineos, por no salir de la península.

A medida que los glaciares avanzaban desde el norte, las especies eran empujadas más y más hacia el sur hasta que chocaron con barreras físicas como los Alpes o los Pirineos. Muchas especies que no pudieron superar la tasa de cambio climático o el ajuste de altitud se extinguieron. El registro fósil de Europa proporciona una gran cantidad de pruebas de que Europa alguna vez albergó muchas más especies de árboles, incluidos algunos notables árboles hoy exclusivamente americanos como secuoyas (Sequoiadendron giganteum), liquidámbares (Liquidambar spp.), tulíperos (Liriodendron spp.) y magnolias (Magnolia spp.), o exclusivamente asiáticos como los pinos paraguas (Sciadopitys spp.). Muchas especies de árboles templados en América del Norte y Asia se salvaron de ese destino porque había muchas menos barreras para las migraciones hacia las tierras templadas del sur.

Todo eso es verdad, pero, como sugieren algunos estudios recientes, las cosas no son tan sencillas. Aunque el cambio climático, los glaciares y las montañas jugaron con total seguridad un papel en las tasas de extinción de los árboles europeos, la historia es un poco más complicada que eso. Las cadenas montañosas europeas no presentan una barrera tan impenetrable para las migraciones de plantas como se pensaba. El hecho de que el sur de Europa y el norte de África compartan muchos taxones similares es prueba de ello. En cambio, la diversidad de hábitats adecuados y la superficie de tierra disponible para los árboles que migraban desde el norte de Europa pueden haber jugado un papel mayor en la tasa de extinción de los árboles europeos.

Es un fenómeno bien documentado en ecología que las áreas más pequeñas de tierra albergan un menor número de especies. Ese era el caso del Pleistoceno en Europa. El hábitat adecuado para las especies de árboles templados durante este tiempo consistía sobre todo solamente en tres penínsulas (Iberia, Italia y los Balcanes) separadas por el Mar Mediterráneo. Cada una de estas penínsulas cuenta con cadenas montañosas que habrían ofrecido pequeñas bandas de microclimas adecuados para que las especies de árboles templados encontraran refugio durante el avance glacial.

Glaciación del hemisferio Norte durante el último periodo glaciar. La acumulación de 3-4 kilómetros de hielo hizo descender el nivel del mar alrededor de 120 metros. También los Alpes y el Himalaya fueron cubiertos por glaciares. El hielo marítimo durante el invierno era más reducido en el sur. Fuente.
Empujadas a ocupar pequeños refugios, las especies arbóreas templadas de Europa habrían sido más vulnerables a la extinción que las especies arbóreas de América del Norte y Asia, que tenían un hábitat disponible mucho más adecuado y extenso en las porciones del sur de esos continentes. Al observar qué taxones sobrevivieron y cuáles se extinguieron, comienzan a surgir algunos patrones. Las especies de árboles que están hoy en día ampliamente distribuidas por Europa son descendientes de árboles que eran mucho más tolerantes a las estaciones de crecimiento más frías y a los inviernos duros que los géneros que se extinguieron. Eso probablemente refleja el hecho de que sus ancestros fueron especies que encontraron refugio en las montañas.

Alternativamente, la Europa actual también cuenta con pequeños enclaves territoriales en los que viven los que se denominan "taxones relícticos", un término que se refiere a especies que fueron más comunes en el pasado de lo que son hoy. Se ha encontrado que esos taxones relícticos son mucho más tolerantes a la sequía que los géneros que se extinguieron. Esto probablemente refleja el hecho de que sus antepasados encontraron refugio en hábitats más cálidos y a menor altitud en el sur de Europa.

Parece que las especies situadas en ambos extremos de las curvas de tolerancia al frío y a la sequía fueron las que ganaron en la lotería de la extinción europea. Al tolerar el frío extremo o la sequía extrema, los "tolerantes al estrés" fueron capaces de sobrevivir no solo a las glaciaciones recurrentes, sino que también proporcionaron bancos de semillas para sus linajes después de la retirada de los glaciares.

Solo las especies que consiguieron encontrar hábitats adecuados en los refugios cálidos y relativamente secos del sur de Europa pudieron recolonizar el continente una vez que terminaron las glaciaciones. Hoy por hoy, estas son algunas de las mejores pruebas que tenemos para explicar la diferencia en la diversidad de árboles entre Europa, América del Norte y Asia.

Por lo demás, hay algunas tendencias en tales extinciones que sugieren que los glaciares no siempre acababan de inmediato con las especies. En cambio, muchas de ellas pudieron sobrevivir a las glaciaciones, pero eran empujadas hasta enclaves adecuados cada vez más pequeños hasta que perturbaciones relativamente pequeñas acabaron con ellas o las empujaron al borde de la extinción.

Hoy, los humanos estamos cambiando los climas de la Tierra a un ritmo que no se ha visto en más de cincuenta millones de años y mientras lo hacemos, fragmentamos los hábitats cada vez más. ¿Qué va a pasar con las especies que viven hoy en esos pequeños enclaves? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.