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miércoles, 8 de julio de 2020

Auge y caída de Tikal, la ciudad envenenada


La historia de las civilizaciones es la historia de las civitas, un largo camino jalonado por ciudades muertas. Las ciudades mayas, aztecas o incas; las ciudades muertas del sureste de Asia y muchas otras son ejemplos de insostenibilidad marcada por algún fenómeno ambiental que ahora en muchos casos se nos escapa.

Una nueva investigación sugiere que el mercurio, los fosfatos y las algas tóxicas envenenaron los embalses que almacenaban el agua potable de Tikal en una época en que prevalecían los episodios de aridez climática. Esta combinación de eventos catastróficos amenazó la sostenibilidad de la ciudad y probablemente contribuyó a su abandono.

En el siglo IX d. C., después de cientos de años de prosperidad, los mayas abandonaron la gran ciudad de Tikal, uno de los mayores centros urbanos de la civilización maya precolombina. Tikal fue la capital de un estado militarizado que se convirtió en uno de los reinos más poderosos de los antiguos mayas. Aunque la arquitectura monumental se remonta hasta el siglo IV a. C., Tikal alcanzó su apogeo durante el Período Clásico, entre el 200 y el 900 d. C.

Durante ese tiempo, la ciudad dominó gran parte de la región maya en el ámbito político, económico y militar; mantenía vínculos con otras regiones a lo largo de Mesoamérica, incluso con la gran metrópoli azteca de Teotihuacan, en el lejano Valle de México.

Durante mucho tiempo se ha intentado explicar cómo y por qué la ciudad colapsó, pero a pesar de que las ruinas se han estudiado exhaustivamente no se había encontrado una causa justificada.  Las explicaciones más citadas se han centrado en una confluencia de factores tales como la sobrepoblación, la sobreexplotación del territorio que sostenía a la ciudad y una serie de grandes períodos de sequía.

Un estudio sobre los depósitos de agua de la ciudad publicado la última semana de junio concluye que el mercurio y ciertas algas tóxicas beneficiadas por la acumulación de fosfatos pudieron haber envenenado el agua potable de Tikal cuando sus habitantes ya estaban luchando por sobrevivir a la sequía.

Situada en la selva tropical seca del norte de Guatemala, la historia de Tikal se remonta al siglo III a. C. La ciudad prosperó extraordinariamente hasta erigirse como una de ciudades-estado más poderosas de América. Contaba con múltiples templos de piedra de más de treinta metros de altura y, en su cénit a mediados del siglo VIII, sostenía a más de 90.000 habitantes.

Los residentes de Tikal construyeron embalses para recolectar y almacenar agua después de que la lluvia disminuyera cada vez más hasta culminar en una cadena de sequías de varias décadas que asoló el territorio en el siglo IX. Estos embalses eran esenciales durante la estación seca, ya que la ciudad no tenía acceso a lagos o ríos y el nivel freático se encuentra a más de 200 metros de profundidad.

Maqueta del centro de Tikal. Los números 1 a 3 son depósitos  de agua. El 1 es el de Palacio y el 3 el del templo. El número 4 son las cocinas del palacio. Museo Nacional de Arqueología y Etnografía de Guatemala.
Según el estudio, los mayas lograron embalsar la mayor cantidad de agua posible durante la temporada de lluvias mediante la construcción de enormes superficies pavimentadas cuya pendiente escalonada enviaba agua a los depósitos de almacenamiento. El brillante sistema, todo un prodigio de ingeniería, contribuyó a la ruina de la ciudad.

Para descubrir los factores que intervinieron en la desaparición de Tikal, los investigadores tomaron muestras de los sedimentos del fondo de cuatro de los depósitos principales de la ciudad. Los análisis genéticos, geoquímicos y biológicos de capas sedimentarias que datan de mediados del siglo IX revelaron la historia del contenido de aquellos lagos artificiales: dos de los depósitos más grandes no solo estaban peligrosamente contaminados con mercurio y fosfatos, sino que también contenían rastros de enormes floraciones de algas tóxicas.

Los investigadores atribuyen la presencia de contaminación por mercurio al cinabrio, un mineral constituido por sulfuro mercúrico. Los mayas extraían este mineral y lo mezclaban con óxido de hierro para crear un polvo de color rojo sangre que se usa como pigmento y tinte. El rojo brillante que cubre el interior de casi todos los sepulcros de la nobleza de Tikal tenía un significado especial para los mayas. Una tumba excavada por los arqueólogos contenía unos diez kilos de cinabrio en polvo.

El uso generalizado de cinabrio por los residentes de Tikal, especialmente en los templos y en el palacio principal de la ciudad y sus alrededores, probablemente provocó que grandes cantidades de polvo tóxico cargado de mercurio se acumularan en los depósitos durante las épocas de lluvias.

«El agua potable que usaban para beber y cocinar las élites gobernantes y sacerdotales de Tikal se suministraba a partir de los embalses del Palacio y el Gran Templo», escriben los investigadores en su estudio. Como resultado, las familias prominentes de Tikal se envenenaron lentamente a base de beber y de consumir alimentos con mercurio en cada comida.

Otro factor decisivo en el declive de Tikal fue la floración de algas verdeazuladas productoras de toxinas. Una floración de algas es el resultado visible de la multiplicación y acumulación en cuestión de horas o días de organismos fitoplanctónicos (algas y cianobacterias), que se produce en condiciones ambientales como el aumento de temperatura, la acumulación de nutrientes disponibles o la inmovilidad de la masa de agua que producen eutrofización. Tales floraciones pueden producir alteraciones biológicas que algunos estudios las responsabilizan de la extinción de algunos grupos de dinosaurios.

El equipo de investigación encontró rastros de ADN de dos de estas especies de algas en los sedimentos de los embalses de Tikal. Lo verdaderamente peligroso de las toxinas producidas por estas algas es que son resistentes a la ebullición, así que, aunque los habitantes la hirvieran antes de consumirla, el agua resultaba tóxica para el consumo.

A fines de los años 800, los sedimentos de los dos depósitos centrales de Tikal se cargaron con fosfato, un nutriente que las algas verdeazuladas necesitan para proliferar. Estos altos niveles de fosfato se acumularon después de siglos de lavado de utensilios de cocina y menajes de cerámica en el depósito que fueron agregando materia orgánica a las aguas.

Además, los investigadores también señalan que un vertedero repleto de desperdicios de comida estaba situado lo suficientemente cerca de uno de los depósitos como para que, durante las estaciones lluviosas, el lixiviado de las basuras acabara directamente en el depósito.

Cuando los depósitos cargados de fosfato de la ciudad estallaron en una floración de algas verdeazuladas tóxicas, los habitantes probablemente notaron que algo estaba pasando: el agua se había vuelto un líquido nauseabundo y fétido imposible de consumir.

Perder el uso de dos grandes reservas de agua fue devastador para Tikal. Investigaciones previas habían identificado un período de sequía entre los años 820 y 870, un período que corresponde con las capas de sedimentos en las que se encontraron las algas verdeazuladas y el mercurio. Tomados en conjunto, el clima seco y el suministro de agua contaminada pudo haber llevado a los mayas a sospechar que sus gobernantes no habían logrado apaciguar a los dioses.

Estos acontecimientos desgraciados trajeron como resultado una población desmoralizada que, ante la disminución del suministro de agua y alimentos, se mostró dispuesta a abandonar sus hogares.

El agua envenenada no fue la única causa de la caída de Tikal, pero la transformación de los depósitos centrales de aguas en lugares insalubres que provocaban enfermedades habría ayudado práctica y simbólicamente al abandono de aquella magnífica ciudad. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.