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martes, 21 de julio de 2020

Alcohol, drogas y otros trucos químicos de una orquídea generalista


Es más que probable que si menciono la palabra “orquídea”, la imaginación le transportará inevitablemente hasta las húmedas y sombrías selvas ecuatoriales y tropicales con las que relacionamos los hábitats de las especies más delicadas, fragantes y hermosas destinadas a desaparecer ante la más mínima perturbación. No obstante, si tenemos en cuenta que la familia de las orquídeas agrupa unas 25 000 especies, en ella, como en botica, hay de todo.
Y si una buena parte de las orquídeas tienen unos hábitats tan estrictos y unas áreas de distribución tan extremadamente reducidas que están, lamentablemente, en peligro de extinción, a otras de los géneros Platanthera o Goodyera les va muy bien a lo largo de senderos y veredas: En Norteamérica las orquídeas de prado (Zeuxine strateumatica) crecen en céspedes bien cuidados, y a varias especies del género Pleurothallis les encantan las acequias de montaña de Panamá.
Pero ninguna de ellas puede superar a la helleborina de hoja ancha (Epipactis helleborine) cuando se trata de prosperar en hábitats alterados por el hombre. Nativa de gran parte de Europa, el norte de África y Asia, esta bonita orquídea se ha expandido en muchas regiones templadas y subtropicales del mundo. De hecho, es una especie que se ha beneficiado enormemente de las actividades humanas. Es más que posible que la encuentre creciendo en parques urbanos y a lo largo de las carreteras más que en entornos naturales (donde tampoco falta). En Estados Unidos y Canadá, esta orquídea ha pasado de ser una rareza naturalizada a ser catalogada como invasora.
¿Cuál es su secreto?
Gran parte de su éxito tiene que ver con su relación con los hongos micorrícicos. Como todas las orquídeas, la helleborina necesita hongos simbióticos micorrícicos para germinar y crecer, y luego sigue dependiendo de ellos toda su vida. Sin hongos micorrícicos, las orquídeas no podrían sobrevivir. La diferencia está en que mientras que muchas orquídeas (la mayoría) selecciona muy bien el hongo con el que forman micorrizas hasta el punto de que si el hongo y solo ese hongo no está en el suelo, la orquídea ni siquiera germinará.
La helleborina de hojas anchas es generalista. Hay al menos 60 grupos distintos de hongos micorrícicos que pueden asociarse con ella. Con ese amplio abanico de socios, esta orquídea puede vivir en lugares donde las orquídeas más exigentes no pueden.
Otra clave de su éxito estriba en su estrategia de polinización. De nuevo la eficacia prima sobre la exclusividad. Mientras que muchas orquídeas están estrechamente atadas a determinados insectos polinizadores, la helleborina se deja polinizar por una legión de insectos, desde diversos tipos de moscas hasta escarabajos y mariposas.
¿Cómo se las apaña para atraer una gran variedad de insectos?

La respuesta está en la química. La helleborina de hoja ancha es una consumada alquimista. Cuando se analizó el néctar producido en la flor, apareció todo un arsenal de productos químicos, muchos de los cuales se prestan a interacciones increíbles con los insectos. Para empezar, en el néctar se producen compuestos perfumados como la vainillina (el compuesto responsable del aroma y el sabor a vainilla de algunas orquídeas), que atrae a muchos tipos diferentes de insectos.
Además, en el néctar hay también kairomonas, unas biomoléculas muy similares a las feromonas de alarma de los pulgones (áfidos). Cuando los áfidos liberan sus feromonas advierten a los parientes cercanos de que hay depredadores cerca. La producción de kairomonas en el néctar sirve para alejar a los pulgones que buscan una nueva planta a la que parasitar. Pero, además, parece que estos químicos también parecen funcionar como atrayentes de polinizadores. Para los depredadores de pulgones como las moscas sírfidas, estas feromonas actúan como un señuelo en el que comer directamente o en el que poner sus huevos para que sus larvas se atiborren de pulgones mientras crecen. Como no podía ser menos, las moscas sírfidas son unos importantes polinizadores de la helleborina de hojas anchas.
Pero sigamos con el arsenal químico de nuestra orquídea. También se han encontrado en su néctar una serie de compuestos llamados volátiles de las hojas verdes. Muchas plantas producen estos compuestos cuando sus hojas resultan dañadas por los insectos herbívoros. Como ocurre con los áfidos, los volátiles de hojas verdes indican a los insectos depredadores que los apetitosos herbívoros están cerca. Por ejemplo, cuando las orugas de la mariposa blanca de la col (Pieris brassicae) están tan ricamente mordisqueando las hojas de coles y repollos, los volátiles de las hojas verdes atraen a las avispas, que rápidamente se ponen manos a la obra para comer orugas, aliviando a la planta de los hambrientos herbívoros.
Y como no podía ser menos, las avispas son unos de los principales polinizadores de la orquídea. Ahora bien, atraer polinizadores usando trucos químicos tiene sus riesgos. ¿Qué sucede cuando aparece un polinizador y se da cuenta de que no hay pulgones ni orugas para comer? No hay problema, pasen y vean.
La respuesta procede de otra serie de compuestos producidos en el néctar de esta maestra alquimista. Pocos insectos rechazarán un néctar azucarado dulce y energético como el que suministra la helleborina. Si se encuentra alguna cuando ande por el campo, tómese un tiempo, siéntese y observe. No tardará mucho en darse cuenta de que los insectos que liban en la flor parecen descontrolarse rápidamente. Sus movimientos se vuelven lentos y generalmente se mueven torpemente alrededor de las flores hasta que se recuperan y vuelan. No es casualidad. ¿Qué les pasa?
Junto con los productos químicos ya mencionados, también se ha encontrado una gran cantidad de narcóticos en el néctar. Estos incluyen varios tipos de alcoholes e incluso productos químicos similares a los de algunos opiáceos. Después de algunos sorbos de este brebaje embriagador, las avispas y las moscas pasan mucho más tiempo en cada flor de lo que lo harían si estuvieran sobrias. Eso sugiere que el alcohol y los narcóticos ayudan a mejorar la probabilidad de una buena polinización.
Lo que es cierto es que la helleborina de hoja ancha parece no tener problemas con el sexo. Cada verano, la mayoría de las plantas producen una cosecha abundante de frutos cargados de semillas. Se ha observado que las plantas que crecen en áreas muy alteradas por la actividad humana tienden a producir más semillas que las plantas que crecen en áreas naturales. Probablemente eso se debe a la gran variedad de polinizadores que se sienten atraídos por el complejo néctar. Los entornos humanos tienden a tener un conjunto de insectos diferente y, a veces, más variados que las áreas rurales, lo que significa que hay más oportunidades para encontrar posibles polinizadores.
La helleborina de hoja ancha es todo un ejemplo de las extraordinarias complejidades de la familia de las orquídeas. Pocas orquídeas son ecológicamente tan generalistas como ella. Su capacidad de crecer donde otras no pueden mientras se beneficia de una gran variedad de polinizadores es el secreto de su expansión por todo el mundo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.