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jueves, 20 de junio de 2019

Cómo crecer más de dos centímetros sudando

Sierra Nevada desde el embalse Tinemaha en Owens Valley.

Nicolas Sarkozy, Pujol, José María Aznar, Vladimir Putin, Elton John y actores famosos como Tom Cruise o Antonio Banderas usan zapatos con alzas. Seguro que a todos ellos les gustaría crecer más de dos centímetros sudando. Según científicos de la NASA, es posible crecer una pulgada (2,54 cm) o más de altura simplemente desplazando el peso del agua. Lo malo es que la cosa solo funciona si eres una montaña.
En un artículo publicado en la revista científica Journal of Geophysical Research, Investigadores del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en Pasadena, California, han descubierto que Sierra Nevada, la gran cordillera que se extiende unos 650 kilómetros desde el norte al sur de California, creció alrededor de una pulgada después del período de sequía prolongada que tuvo lugar entre los meses de octubre de 2011 y 2015. El responsable de ese crecimiento que hubiera hecho feliz a Pulgarcito fue la gran cantidad de agua que drena de las rocas y los suelos de la cordillera para infiltrarse después en la Tierra.
Existen infinidad de razones por las cuales las montañas y otras formaciones terrestres pueden ganar o perder altura con el tiempo. En general, la superficie de la Tierra se hunde bajo el peso del agua y sube cuando el agua se desplaza por drenaje o evaporación. Procesos naturales como los movimientos de las placas tectónicas, la actividad volcánica (como el gran abultamiento de magma en la Antártida) y los sistemas climáticos de alta y baja presión pueden contribuir al levantamiento o depresión de la superficie terrestre, pero también actividades humanas, como el bombeo de agua subterránea, pueden tener un impacto notable.
En el nuevo estudio, los científicos de la NASA analizaron once años de datos procedentes de 1.300 estaciones de GPS en las montañas de California, Oregón y Washington para cartografiar los cambios altitudinales de Sierra Nevada con precisión milimétrica. Los investigadores partieron de la hipótesis de que los factores más importantes en el notable crecimiento de la cordillera entre 2011 y 2015 fueron la elevación tectónica y el bombeo masivo de los acuíferos en el Valle Central de California, situado al pie de esa sierra.
Cuando dos placas tectónicas colisionan, el aplastamiento puede llevar el magma hasta la superficie, donde se enfría y se endurece, lo que provoca un levantamiento. Sin embargo, los cálculos revelaron que, de la pulgada de elevación observada en la cordillera, solo medio centímetro podría atribuirse al bombeo de aguas subterráneas y menos de un cuarto a cambios tectónicos. Los 1,7 cm que faltaban para cuadrar las cuentas de la elevación registrada proceden, según el estudio, de la respuesta elástica de la Tierra a la pérdida de agua en las montañas.
El equipo descubrió que, entre 2011 y 2015, aproximadamente unos 45 km3 de agua se filtraron por las grietas de las montañas hacia el subsuelo. A medida que las montañas se liberan de su peso de agua se someten a un proceso llamado elastic rebound (rebote elástico) y lentamente vuelven a su elevación original antes de que el agua las presione hacia abajo.
En comparación, el agua perdida en Sierra Nevada durante los cuatro años de sequía es diez km3 inferior a la capacidad de todos los embalses españoles (56 km3) y equivale a unas 45 veces la cantidad de agua que utiliza Los Ángeles en un año. En los siguientes dos años, cuando se registraron mayores cantidades de nieve y lluvia, las montañas recuperaron casi la mitad de agua y se redujeron aproximadamente 1,7 cm de altura. Por lo tanto, la cordillera es hoy aproximadamente media pulgada más alta de lo que era en 2011.
El agua filtrada por las montañas drena a demasiada profundidad como para ser accesible. Sin embargo, las técnicas utilizadas en ese estudio abren un nuevo camino para una comprensión más precisa de los impactos del agua subterránea que pueda ofrecer información sobre lo que ocurre en el subsuelo y dar respuesta a preguntas tales como lo que ocurre con las capas freáticas en las montañas o si hay una cantidad significativa de agua subterránea almacenada en ellas. Los hidrogeólogos todavía no tienen esas respuestas, pero ese estudio ofrece un conjunto de nuevas herramientas que deben ayudar a obtenerlas. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Este artículo fue publicado en 2017 en el desaparecido diario digital "Última hora Madrid".