Vistas de página en total

viernes, 11 de agosto de 2017

El país de los ratones (Fábula política)


Este cuento en clave política fue un discurso pronunciado en 1944, en el Parlamento de Canadá, por Tommy Douglas, activista y político, elegido en 2004 como "El canadiense más grande de todos los tiempos". Reconocido como padre del paso del sistema de salud canadiense al modelo de asistencia sanitaria universal.

En este enlace podéis ver el discurso con subtítulos (malos, pero subtítulos).


MOUSELAND (TIERRA DE RATONES)

Esta es la historia de un lugar llamado Mouseland.
Mouseland era un lugar donde todos los pequeños ratones vivían y jugaban, nacían y morían. Y vivían de la misma manera que tú y que yo. Incluso tenían un Parlamento, y cada cuatro años tenían una elección. Caminaban rumbo a las urnas y votaban.
A algunos de ellos incluso les llevaban en coche a votar, un viaje que recibían cada cuatro años. Como tú y como yo. Y cada día de elecciones todos los pequeños ratones acostumbraban ir a la casilla y elegían un gobierno. Un gobierno integrado por enormes y gordos gatos negros.
Ahora, si piensas que es extraño que ratones elijan un gobierno de gatos, sólo mira la historia de Canadá los últimos noventa años y entonces verás que los ratones no son más estúpidos que nosotros… No estoy diciendo nada en contra de los gatos. Ellos eran unos animales buenos.
Los gatos llevaban su gobierno con dignidad, aprobaban buenas leyes, esto es, leyes que eran buenas para los gatos. Pero estas leyes que eran buenas para los gatos no eran muy buenas para los ratones. Una de las leyes decía que la entrada a la ratonera tenía que ser lo suficientemente grande como para que un gato pudiera meter su pata en ella. Otra ley decía que los ratones sólo podían moverse a ciertas velocidades, para que el gato pudiera obtener su desayuno sin esforzarse mucho.
Todas estas leyes eran buenas leyes… para los gatos. Pero, oh, de verdad eran duras para los ratoncitos. Y cuando los ratones no pudieron soportarlo más, decidieron que algo habría que hacer. Entonces, fueron en masa a las urnas y echaron a los gatos negros del gobierno… Y pusieron gatos blancos en su lugar.
Entonces, los gatos blancos hicieron una campaña fabulosa. Dijeron: “Todo lo que Mouseland necesita es más visión”. Dijeron: “El problema con Mouseland son las entradas redondas a las ratoneras. Si nos elegís introduciremos entradas cuadradas”. Y eso fue lo que hicieron. Ahora, las entradas cuadradas son el doble de grandes que las redondas, y así los gatos pueden meter en ellas sus dos patas. Así que la vida se tornó más difícil que nunca.
Cuando los ratones no pudieron soportarlo más, votaron en contra de los gatos blancos y pusieron a los negros de nuevo. Para luego regresar a los gatos blancos y de ahí otra vez a los negros. Incluso trataron con gatos mitad blancos, mitad negros y lo llamaron Coalición.
Desesperados intentaron un gobierno de gatos con motas en la piel, un gobierno de gatos que hacían sonidos como ratones, pero que comían como gatos.
Ven amigos, el problema no estaba en el color de los gatos. El problema era que eran GATOS. Y como eran gatos, velaban naturalmente por los intereses de los gatos y no de los ratones.
Finalmente, llegó un pequeño ratoncito que tenía una idea. Amigos, tengan cuidado con quien tiene una idea. Les dijo a los otros ratones, “Miren compañeros, ¿por qué seguimos eligiendo un gobierno de gatos? ¿Por qué no elegimos un gobierno de ratones? “¡OH!!”, dijeron, “es un BOLCHEVIQUE, ¡Enciérrenlo!” Así que lo metieron en la cárcel.
Lo que quiero recordarles es que pueden encerrar a un ratón o un hombre, pero no pueden encerrar una idea.