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sábado, 10 de octubre de 2026

“SÍNTESIS ORGÁNICA ASIMÉTRICA”: ¿DE QUÉ VA EL PREMIO NOBEL DE QUÍMICA 2026?

 

Imagen de Niklas Elmehed/Nobel.

Como cada primera semana de octubre se ha anunciado el Premio Nobel de Química. El de este año, otorgado a los químicos Henri Kagan (francés) y Kenso Soai (japonés), ha reconocido sus sofisticadas investigaciones sobre "síntesis orgánica asimétrica", un tema que hubiera encantado a Luis Pasteur, como recordarán (a menos vagamente) quienes hayan leído el artículo que le dediqué al genial investigador francés. Como sospecho que para la mayoría de la gente, las tres palabras "síntesis orgánica asimétrica" probablemente provoquen un "¿de qué va la cosa?", será mejor que aclaremos algunas dudas. Procedo ahora refrescar las memorias, entre otras la mía.

En 1848, mucho antes de convertirse en el sabio de los libros de texto, Louis Pasteur estudiaba unas sales derivadas del ácido tartárico. El ácido tartárico era una sustancia conocida desde hacía siglos porque aparecía adherida a las paredes de las cubas de vino. El ácido tartárico puro había sido aislado de este sedimento en 1769 por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele; en 1832 el francés Jean Baptiste Biot descubrió que el compuesto rota el plano de la luz polarizada.

¿Otra vez un «¿de qué va la cosa?» Bien, regresemos al siglo XVII, cuando el físico holandés Christiaan Huygens hizo una interesante observación. Una forma transparente de calcita (carbonato de calcio) era capaz de actuar como una especie de filtro de luz, permitiendo que solo los rayos de luz que vibraban en un plano la atravesaran. Se decía que la luz resultante estaba «polarizada en un plano».

En 1815, Biot descubrió que el plano de polarización giraba cuando la luz atravesaba una solución de ciertas sustancias como el alcanfor o el azúcar. Se diseñó un instrumento llamado polarímetro para medir el grado de rotación, una medición que luego podía usarse para identificar una sustancia. La adulteración del azúcar con sustancias más baratas, como la tiza, era común en aquella época, y el polarímetro pronto demostró su valía al identificar a los productores tramposos. Biot también había demostrado que el ácido tartárico era dextrorrotatorio, es decir, que rotaba el plano de la luz polarizada hacia la derecha. Se dijo que era ópticamente activo.

A principios del siglo XIX, la producción de ácido tartárico a partir de sedimentos de vino se había convertido en una industria importante, debido a que este ácido formado durante la fermentación del mosto aportaba un sabor ácido a alimentos y bebidas, y también era útil en la industria del curtido de cuero. En 1819, Paul Kestner, un fabricante francés, sobrecalentó una muestra de ácido tartárico y produjo una sustancia con la misma composición química que la original, ¡pero que no rotaba el plano de la luz polarizada! Dado que esta muestra también provenía de residuos de vino, se la denominó «ácido racémico», derivado del latín «racemus», que significa «racimo de uvas».

Pasteur estaba intrigado por los ácidos racémico y tartárico. ¿Cómo podían dos sustancias con la misma composición química comportarse de manera diferente al ser expuestas a un haz de luz polarizada? Intrigado, tomó un microscopio para examinar los cristales de ambos ácidos. Observó algo extraordinario. Mientras que todos los cristales de ácido tartárico eran idénticos, los de ácido racémico se presentaban en dos versiones que resultaron ser imágenes especulares una de la otra. Usando unas pizas y mucha paciencia, Pasteur separó cuidadosamente los cristales de ácido racémico en dos grupos y preparó una solución de cada uno. Al colocar las muestras en un polarímetro, descubrió que cada una rotaba el plano de la luz polarizada en la misma cantidad, ¡pero en direcciones opuestas! La versión dextrógira resultó ser idéntica al ácido tartárico.

(A) Cristales hemiédricos de tartratos dobles de sodio y amonio. (B) estructuras químicas de ácidos tartáricos enantioméricos. Pasteur describió la faceta (en rojo) que permite visualizar las imágenes especulares de los cristales. (C) El ibuprofeno, al igual que otros derivados de 2-arilpropionato (incluyendo ketoprofeno, flurbiprofeno, naproxeno, etc.), contiene un carbono quiral en la posición α (alfa-) del propionato.

Pasteur llegó entonces a una brillante conclusión. Dado que el efecto sobre la luz polarizada se observó en la solución, donde ya no había cristales, sugirió que no solo los cristales, sino también las moléculas que los componían debían ser imágenes especulares entre sí. Pasteur también sabía que existían sustancias, como el agua y el alcohol, que no afectaban al plano de la luz polarizada.

Como en aquel entonces se sabía poco sobre la estructura molecular, lo único que Pasteur pudo proponer fue que algunas moléculas debían ser simétricas y, por lo tanto, idénticas a sus imágenes especulares, impidiendo así la rotación de la luz polarizada. Otras, como el ácido tartárico, eran “quirales”; la palabra "quiral" procede del griego cheir, mano. Y es una palabra magnífica porque explica de inmediato el problema. Tus manos son casi idénticas. Tienen cinco dedos, nudillos, uñas y un pulgar colocado aproximadamente en el mismo sitio. Pero no son superponibles. No puede colocarse un guante derecho en la mano izquierda sin experimentar notables dificultades sociales (parecerás tonto) y anatómicas. Algo parecido ocurre con algunas moléculas.

Tras separar las formas dextrógira y levógira del ácido tartárico, Pasteur descubrió que el moho Penicillium glaucum las destruía a ritmos diferentes. Evidentemente, las versiones levógira y dextrógira, denominadas «enantiómeros» por los químicos, presentaban actividades biológicas distintas. Posteriormente, Pasteur analizó diversas sustancias químicas aisladas de sistemas vivos y concluyó que «la mayoría de los productos orgánicos naturales, los productos esenciales de la vida, son asimétricos y poseen tal asimetría que no se pueden superponer a sus imágenes».

¿Por qué debería importarnos todo esto? Porque el cuerpo vivo es un entorno altamente quiral. Los aminoácidos y carbohidratos que forman parte integral de nuestras proteínas y ácidos nucleicos son quirales, lo que significa que pueden existir en formas especulares no superponibles. Sin embargo, por regla general, la naturaleza produce solo una versión.

La síntesis en laboratorio de fármacos asimétricos produce ambas formas especulares. En general, solo una de ellas producirá el efecto deseado. Si comparamos las sustancias químicas del cuerpo con un guante, solo el fármaco con la "quiralidad" adecuada se ajustará. Por ejemplo, una versión de carvedilol, un betabloqueante utilizado para tratar enfermedades cardíacas, es cien veces más potente que su imagen especular. Solo una versión de naproxeno alivia el dolor artrítico, pero la otra puede dañar el hígado sin proporcionar analgesia.

¿Por qué, entonces, se administran a los pacientes fármacos cuya mitad de la dosis puede no tener efecto o incluso ser perjudicial? Porque la separación de las dos formas del fármaco suele ser técnicamente muy compleja. Pero ¿y si fuera posible desarrollar síntesis que permitieran la formación únicamente del enantiómero deseado?

En 2001, William Knowles, Ryoji Noyori y Barry Sharpless recibieron el Premio Nobel de Química por idear un proceso que lograba precisamente eso. La clave residía en el uso de un catalizador que era una combinación de un metal y el único enantiómero de un compuesto quiral. Cuando se utilizaba dicho catalizador en una reacción que normalmente produce moléculas tanto levógiras como dextrógiras, una de ellas se veía favorecida.

Eso tuvo una aplicación práctica, por ejemplo, en la síntesis de L-dopa, un fármaco para tratar la enfermedad de Parkinson. La síntesis habitual en aquel entonces producía un par de enantiómeros, L-dopa y D-dopa, pero solo la versión L era activa en el tratamiento del Parkinson. Desgraciadamente, ambas producían efectos secundarios.

La investigación de Knowles permitió producir L-dopa pura, lo que redujo los efectos secundarios. Benjamin List y David MacMillan dieron un paso más allá, por el que recibieron el Premio Nobel de Química en 2021. Desarrollaron catalizadores más fáciles de usar y producían el enantiómero deseado con mayor rendimiento.

A medida que las compañías farmacéuticas desarrollaban cada vez más fármacos que requerían formulaciones de un solo enantiómero, surgió una mayor necesidad de síntesis asimétricas para producir el enantiómero deseado con un alto rendimiento. Este es el campo en el que Kagan y Soai han realizado importantes avances.

De forma independiente, desarrollaron catalizadores que permiten una síntesis asimétrica de alto rendimiento; en el caso de Soai, ¡un rendimiento sin precedentes del 99,9%! Esto se debe a que la "reacción de Soai", como se la ha denominado, es "autocatalítica", lo que significa que la molécula del producto cataliza su propia producción. Por consiguiente, al principio solo se produce un pequeño exceso del enantiómero deseado, pero a medida que avanza la reacción, se forma cada vez más a medida que la molécula se replica. Esto tiene enormes implicaciones para la industria farmacéutica, ya que permite la formación de un enantiómero activo puro con un alto rendimiento.

El comité del Nobel también reconoció que el trabajo de Kagan y Soai podría tener una implicación más fundamental. Cuando en el laboratorio se realizan reacciones químicas que pueden dar lugar a dos enantiómeros, el resultado es una mezcla 50-50. ¿Por qué las reacciones que ocurren en la naturaleza, que en teoría también pueden producir enantiómeros, terminan produciendo solo uno?

Los aminoácidos en las proteínas o los componentes de azúcar de los ácidos nucleicos existen solo en versiones "unilaterales". Esto ha sido un misterio durante mucho tiempo. El trabajo de Kagan y Soai ha demostrado que, bajo las condiciones catalíticas adecuadas, un compuesto capaz de producir dos enantiómeros producirá solo uno. Los Premios Nobel de 2026 dieron en el clavo al proporcionar herramientas para la síntesis de nuevos compuestos enantioméricamente puros, en particular fármacos.

A Pasteur le habría encantado.