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martes, 3 de junio de 2014

Obama contra el carbono: estas son algunas claves

Estados Unidos pasó a la ofensiva para combatir el cambio climático: el Gobierno federal propuso ayer lunes, dos de junio, recortes de hasta el 30% en las emisiones de carbono producidas en las centrales eléctricas, la acción más ambiciosa planteada por el presidente Barack Obama en la materia. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) diseñó la propuesta que permitirá a los estados elegir cómo reducir antes de 2030 el 30% de las emisiones de dióxido de carbono respecto a los niveles de 2005 [1, 2, 3].

La totalidad del Plan de Acción del Clima de Obama pueden descargarse aquí. Las claves para interpretar el Plan según Brad Plumer, periodista del Washington Post, pueden descargarse aquí.

Estas son las seis más destacadas:

1) Las emisiones estadounidenses de dióxido de carbono están comenzando a crecer de nuevo (Figura 1)


El sector energético es el mayor emisor de gases de efecto invernadero (35%), seguido por la agricultura y la silvicultura (24%), la industria (21%), los transportes (14%) y la construcción (6%). En Estados Unidos, los centenares de centrales a carbón repartidas por su territorio proveen cerca del 37% de la electricidad del país, por encima del gas natural (30%) y la energía nuclear (19%). Por situarlo en un contexto comparativo, en España el carbón supone el 14% de la generación eléctrica.

Desde 2005, las emisiones de dióxido de carbono de Estados Unidos producidas por las fuentes de energía han caído un 10%. Esa disminución se debe a múltiples factores, pero sobre todo a tres de ellos: la recesión masiva; al hecho de que los estadounidenses están conduciendo menos; y a que la desmesurada producción de gas natural mediante fracking ha abaratado los precios y provocado que el gas reemplace al carbón en el sector eléctrico. 

Pero, para la Casa Blanca, eso parece que no es suficiente. Como parte de las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, la administración Obama se comprometió en la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático de Copenhague (diciembre de 2009) a reducir las emisiones de Estados Unidos un 17% por debajo de los niveles de 2005 para el año 2020. En 2012 se estaba aún lejos de conseguir la meta y los pronósticos anunciaban el incumplimiento (Figura 1). 

Como puede verse en la figura, las emisiones de dióxido de carbono de Estados Unidos comenzaron a incrementarse de nuevo en 2013 y 2014, lo que en buena medida se debe a que el repunte en los precios del gas (la burbuja del fracking comienza a desinflarse) ha provocado que el carbón vuelva a la escena con consumos renovados. Por lo tanto, el gobierno de Obama no puede cumplir con sus objetivos climáticos a menos que adopte medidas adicionales.

2) La electricidad es responsable de cerca del 40 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono de Estados Unidos  (Figura 2)


En la Figura 2, cuyos datos son de 2012, puede verse que las centrales eléctricas térmicas constituyen cerca de 38 por ciento de las emisiones estadounidenses de dióxido de carbono.

Esto también ayuda a situar las nuevas normas de Obama en perspectiva. Los informes previos indicaban que las normas podían obligar a las plantas de producción eléctrica a reducir sus emisiones en un 15% por debajo de los niveles de 2012, es decir, a recuperar los objetivos acordados en Copenhague.

Si eso se quedaba ahí, eso representaría aproximadamente el 6% por ciento de todas las emisiones de Estados Unidos (y el 1% de las emisiones globales). Así que las normas eran claramente insuficientes para resolver el cambio climático por sí solas, aunque representarían un cambio significativo para el sector eléctrico.

3) La mayoría de la electricidad de Estados Unidos todavía procede de la quema de carbón y gas natural (Figura 3)




Los datos concretos de 2012 son los siguientes: Carbón 37%. Gas Natural 30%. Nuclear 19%. Hidroeléctrica 7%. Biomasa 1,42%. Geotérmica 0,41%. Solar 0,11%. Eólica 3,46%. Petróleo 1%.

El carbón y el gas natural son las principales fuentes de emisiones (el carbón es con diferencia  la mayor fuente de dióxido de carbono, porque libera más o menos el doble de dióxido de carbono por unidad de electricidad que el gas natural). Así que cualquier norma reguladora de las emisiones de dióxido de carbono procedentes de esas dos fuentes de energía afecta muy directamente a la producción eléctrica del país. Pero téngase en cuenta que aunque las emisiones de dióxido de carbono procedentes del carbón dupliquen a las del gas natural, este, cuando se produce por fracking (el 40% del gas natural estadounidense procede de la fractura hidráulica), permite la fuga de cantidades muy significativas de metano, otro gas de efecto invernadero cuyas consecuencias sobre el clima pueden igualar o superar a las del carbón (Me ocuparé de esto en otro post). 

4) La mezcla de electricidad puede variar mucho de una región a otra de Estados Unidos (Figura 4)





Este hecho hace que regular las emisiones de dióxido de carbono de las centrales eléctricas sea aún más complicado. El noroeste del Pacífico (Oregón, Washington y el norte de California), por ejemplo, depende en gran medida de la energía hidroeléctrica. Mientras tanto, estados como Ohío, Indiana y Virginia Occidental, donde se encuentran las grandes cuencas mineras del país, se basan mucho más en el carbón. Así que una regla que tenga sentido para Ohío puede que no tenga hacer tanto significado en Oregón. La EPA  probablemente tendrá que tener esto en cuenta cuando trate de aplicar las nuevas normas. 

5) Se están cerrando muchas centrales eléctricas a carbón en Estados (Figura 5)




En 2011 había 1.191 centrales térmicas operadas con carbón en Estados Unidos. Desde entonces, por haberse quedado obsoletas, se han cerrado o se van a cerrar aproximadamente una cuarta parte de ellas. Y está previsto que se cierren cientos de ellas en los próximos años.

Hay dos grandes razones para tales jubilaciones. El auge del  fracking ha producido un exceso de oferta de gas natural barato. Como resultado, muchos operadores de centrales eléctricas comprobaron que es antieconómico continuar quemando carbón y están cambiando a gas natural. Esta ha sido una causa importante de la disminución del uso del carbón. Al mismo tiempo, las nuevas normas de la EPA sobre contaminantes como el mercurio, el dióxido de azufre y las partículas también están ejerciendo presión sobre operadores energéticos para usos públicos. Muchos operadores deciden clausurar sus viejas plantas antes de instalar las tecnologías de control que son caras de implantar. Eso ya estaba ocurriendo antes de que se dictasen las normas de control del dióxido de carbono.

Y, ¿qué pasa con los precios de la electricidad? Hasta ahora, los cierres de las plantas de carbón no han tenido un gran efecto en los precios globales de la electricidad -los precios medios al por menor han permanecido estables durante los últimos seis años- en parte debido a que el gas natural barato ha ayudado a llenar el vacío provocado por los cierres. Sin embargo, algunos expertos han advertido que los precios de la electricidad podrían aumentar si, como se prevé, la burbuja del fracking se desinfla  y los precios de gas natural vuelvan a su estado de 2000, cuando casi cuadriplicaban los precios actuales. Si las nuevas normas reguladoras se cumplen, el carbón no podrá equilibrar los precios.

6) Mientras tanto, las emisiones globales de carbono están aumentando rápidamente (Figura 6)




Aunque las emisiones de carbono se han reducido en Estados Unidos, están aumentando rápidamente en el resto del mundo. Y eso significa que la temperatura media global aumentara más de 2 ºC sobre los niveles preindustriales, un umbral que es considerado  inaceptable salvo para los negacionistas del cambio climáticos, entre los que alinean los republicanos.

Los Estados Unidos apenas puede hacer frente a este problema por sí solo: el país es responsable del 17% de las emisiones globales de carbono. Así que incluso si esta nueva norma de la EPA reduce las emisiones de las centrales eléctricas en un 30% por ciento, eso sólo representará un 2% de disminución de las emisiones globales.

La administración de Obama contempla estas nuevas reglas como un paso más en las actuales negociaciones internacionales sobre el clima con países como China y la India. La idea es que si Estados Unidos puede alcanzar su objetivo del 30% para el 2030, eso les ayudará a liderar las conversaciones mundiales. Los representantes  norteamericanos en las negociaciones se muestran optimistas sobre las expectativas de avanzar en nuevos acuerdos, citando para ello el reciente compromiso con China para reducir los hidrofluorocarbonos (HFC), otros potentes gases de efecto invernadero.

Las nuevas normas son una más de las medidas del gobierno Obama destinadas a controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. Las medidas se llevan a cabo a través de la EPA, que fue autorizada en 2007 por el Tribunal Supremo para que, en cumplimiento de Ley de Aire Limpio, dictara las normas reguladoras de las emisiones de dióxido de carbono a nivel federal. 

Las normas más sobresalientes preparadas o promulgadas por la Agencia durante el mandato de Obama pueden descargarse aquí. Estas son algunas de las más significativas: 

Transporte: Como primer paso, la EPA comenzó a regular las emisiones de los vehículos. En virtud de una serie de reglas, todos los vehículos nuevos y los camiones ligeros vendidos en los Estados Unidos tienen que conseguir un consumo de máximo de 6,5 litros cada 100 kilómetros.

Permisos para grandes instalaciones industriales: cualquier instalación nueva o modernizada que sea susceptible de emitir más de 100 toneladas de dióxido de carbono al año tiene que obtener primero un permiso de la EPA y adoptar la mejor tecnología disponible para la reducción de las emisiones de carbono.

Reglamentos de carbono en todas las nuevas centrales de energía: Quien quiera construir una nueva central térmica de carbón o de gas tienen que cumplir con las normas de emisiones. Las modernas plantas de gas natural de ciclo combinado ya cumplen con las normas. Pero las reglas son tan  estrictas que es prácticamente imposible construir una nueva planta de carbón a menos que pueda capturar sus propias emisiones y enterrarlas bajo tierra (una tecnología aún no probada).

Reglamentos sobre el metano: La administración Obama está actualmente analizando las políticas para restringir las fugas de metano de los vertederos y las infraestructuras de producción, almacenaje y transporte del gas natural.

Varias: El Departamento de Energía está estableciendo nuevos estándares de eficiencia energética para los electrodomésticos y edificios. El Departamento del Interior está tratando de acelerar la implantación de aerogeneradores y plantas solares en terrenos de propiedad pública. Las agencias de cooperación exterior han dejado de financiar las subvenciones para levantar centrales eléctricas de carbón en el extranjero (excepto cuando no hay alternativas posibles).


lunes, 2 de junio de 2014

Fracking en Inglaterra: el cuento de siempre

El último domingo de mayo, la prensa se hizo eco de una noticia que entusiasmó a los partidarios de la fractura hidráulica: “Londres abrirá el sur de Inglaterra al ‘fracking’”, decía el titular de El País. La noticia se basaba en un informe del Servicio Geológico Británico (SGB) que sostenía que hay unas “reservas” de entre 2.200 millones y 8.600 millones de barriles de petróleo (Mbl) en una amplia zona del sur de Inglaterra. Aunque la horquilla productiva es muy amplia, la cifra aturde porque 8.600 Mbl, a 159 litros el barril, son 1,3 billones de litros. Ahora bien, despejemos el aturdimiento y analicemos fríamente las cifras.

Empecemos por una coletilla (“aunque solo una parte de esas reservas son extraíbles en la práctica”) que, como el que no quiere la cosa, aparecía a remolque de las tremendas cifras. La primera clave está ahí. Como ocurre con la totalidad de sus espectaculares anuncios, la industria del petróleo y el gas confunde deliberadamente “recursos” y “reservas”. Les pondré un ejemplo. Suponga que un observador evalúa los litros de gasolina que portan los automóviles que en un momento determinado circulan por una autopista. Para hacer sencillos nuestros cálculos, supongamos que son mil vehículos y que los depósitos de los coches pueden contener un máximo de sesenta litros. Si nuestro observador es optimista, calculará al alza y dirá que en se momento circulan por la autopista 60.000 litros de gasolina. Esos son los recursos. Muchos analistas prefieren hablar de "reservas no probadas". Los gabinetes de publicidad de las empresas energéticas suprimen el  calificativo y escriben simplemente "reservas".

Supongamos ahora que se detienen los vehículos y se miden los litros que en realidad contienen los depósitos. Entre coches con los depósitos repletos, medio llenos o en las últimas, el optimista observador comprueba que en realidad son 20.000 litros. Esas son las “reservas probadas”. Ahora bien, una cosa es que sean reservas probadas y otra bien distinta que sean “reservas accesibles” a nuestro observador, porque es más que probable que la inmensa mayoría de los propietarios de los vehículos se nieguen a entregarle por las buenas el combustible. Este tendrá que hacer algún que otro esfuerzo persuasivo (o coercitivo) para lograr obtener unos cuantos litros. En el caso de los operadores petrolíferos y gasísticos los "esfuerzos coercitivos" sobre las rocas se llaman perforaciones. 

Aunque en realidad la totalidad de las reservas no se podrá saber hasta que, finalizada su vida productiva, el yacimiento haya rendido al máximo, puesto que el informe del SGB se basa en estimaciones sobre el papel, no en investigaciones perforadoras sobre el terreno, la noticia que habla de “reservas” en realidad habla de “recursos” potenciales y no de “reservas probadas”. Intencionadamente o no, al confundir recursos con reservas, la noticia arrancaba con una primera falacia.

Pero seamos generosos y traguémonos la píldora: asumamos que son reservas probadas. Además, aunque la horquilla entre la reserva mínima y la máxima no es moco de pavo, asumamos que hay 8.600 Mbl. ¿Cuántos barriles son realmente accesibles? 

Según la propia industria estadounidense, de los yacimientos explotados mediante fracking se extrae un máximo del 13% de las reservas. Según expertos independientes, cuyos análisis se basan en la estadísticas productivas de la propia industria, se puede extraer un máximo del 6,5% de los recursos totales. Ni para unos ni para otros: concedamos un 10% para que nos sean más sencillas las cuentas.

Concediendo que se puedan conseguir diez litros de crudo por cada cien del subsuelo, de los yacimientos de fracking del sur de Inglaterra se podrán extraer como máximo 860 Mbl. Teniendo en cuenta que por cada cuatro barriles de petróleo se gasta un barril en los procesos de extracción, al final obtendrán 645 Mbls. Como en el mundo se consumen al año 32.000 Mbl (2.666 Mbl al mes), el petróleo inglés no da ni para cuatro semanas.

Pero no generalicemos y veamos lo que eso significa para los británicos. En el Reino Unido se consumen unos 2 Mbl diarios, lo que significa que los súbditos de su Graciosa Majestad consumen 730 Mbls al año. De manera, que siendo muy optimistas y como mucho, con lo que saquen después de haber estrujado a tope las rocas del sur de Inglaterra, tendrán para 10 meses de consumo.

El primer ministro conservador, David Cameron, es un acérrimo defensor del fracking y asegura que la extracción de petróleo abaratará la factura energética de las familias británicas. Nos toma por tontos. El argumento no se sostiene porque el combustible extraído del subsuelo británico se pondrá a la venta en los mercados internacionales al mejor postor y los británicos no se verán directamente beneficiados. El contribuyente va a seguir pagando
el barril Brent al precio de mercado, lo saque British Petroleum o lo saque la holandesa Shell.


sábado, 17 de mayo de 2014

A vueltas con el fracking





Han pasado diez meses desde que escribí la última entrada. Tengo mis motivos. Durante esos meses he estado concentrado en la preparación de unos libros sobre el pico del petróleo y el fracking. Esta semana acaba de aparecer en las librerías "El fracking ¡vaya timo!" que ha publicado la editorial Laetoli. Podéis obtener información en este enlace: http://www.laetoli.es/vaya-timo/124-el-fracking-vaya-timo-de-manuel-peinado.html.


En diciembre pasado, el Post Carbon Institute de California publicó mi traducción al español del clásico "Drill, Baby Drill" del petrogeólogo David Hughes. La traducción se titula "Perfora, chico perfora" y va acompañada de otro libro "Notas finales", que escribí para lectores hispanoamericanos, poco acostumbrados a la jerga de los petroleros. El libro y las notas finales las podéis descargar gratuitamente en este enlace: http://www.postcarbon.org/report/1983362-perfora-chico-perfora.



La semana que viene la editorial Icaria pondrá a la venta mi traducción al español de otro clásico de la divulgación del pico del petróleo "Snake Oil", de Richard Heinberg. El libro, publicado con el nombre "Fracking, el bálsamo milagroso" será presentado en la Feria del Libro de Madrid que comienza el 2 de junio.




Por último, después del verano saldrá a la venta el primer tratado en español sobre el fracking: "Fracking, el espectro que sobrevuela Europa", que ha consumido la mayor parte de mi esfuerzo, pero creo que ha merecido la pena.

En cuanto termine el curso académico, volveré con mis entradas habituales.....espero.

Saludos.








sábado, 13 de julio de 2013

Seguimos igual


Cuando apenas despuntaba el siglo XIX, Alexander Wilson, un excelente poeta y un notable ornitólogo estadounidense, observó como una bandada de palomas silvestres norteamericanas (Ectopistes migratorius) oscurecía el cielo durante más de cuatro horas. Estimó que esa bandada se componía de más de dos mil millones de aves y tendría casi cuatrocientos kilómetros de longitud por uno y medio de ancho. 

Unos años después, otro ornitólogo estadounidense, el gran naturalista John James Audubon, comprobó la veracidad de los que había observado Wilson. Abrumado por lo que había visto, escribió: 
«Desmonté, me senté en una colina y empecé a marcar con el lápiz, haciendo un punto por cada bandada que pasaba. En poco tiempo comprobé que la tarea que había emprendido era inútil ya que las aves pasaban en gigantescas multitudes. Comprobé que había anotado 163 bandadas en veintiún minutos. Me fui de allí cuando el cielo estaba literalmente cubierto de palomas, la luz del medio día se oscureció como en un eclipse, las heces de las aves caían como copos de nieve y el zumbido constante de las alas me abrumaba. Antes del atardecer llegué a Louisville (…). Las palomas seguían pasando en números inimaginables y continuaron haciéndolo durante tres días seguidos».

En un continente aún por colonizar, los inmensos espacios abiertos y vírgenes con alimentos siempre disponibles y un vuelo rápido para ir en su búsqueda, eran el secreto de una especie cuyas poblaciones representaban el 40% de todas las aves de Norteamérica. Durante el invierno, las palomas se distribuían por toda la parte oriental de Norteamérica, dispersas por cualquier lugar al este de las Montañas Rocosas. 

Pero durante la temporada de anidación todas las palomas distribuidas por esa vastísima región de unos ocho millones de kilómetros cuadrados se desplazaban de forma coordinada a la zona de anidación, situada exclusivamente en los alrededores de los estados actuales de Nueva York, Pensilvania y Ohio. Allí era donde los estupefactos habitantes veían como cada otoño las palomas oscurecían el cielo y formaban colonias de cría de hasta 150 millones de individuos. Las estimaciones de la población total (cinco mil millones) superaban con creces a la de la humanidad en todo el mundo, lo que hacía de ellas el vertebrado más abundante de la superficie terrestre.






El 24 de marzo de 1900, un muchacho de 14 años, Press Clay Southworth, armado con una carabina de aire comprimido vagabundeaba cerca de su pueblo natal, Sargents, Ohio, cuando vio una paloma posada sobre las ramas de un roble centenario. Apuntó, disparó y la mató. Ese fue el último registro conocido de una paloma que las sociedades ornitológicas americanas consideraban ya extinguida. La paloma silvestre norteamericana había desaparecido para siempre. ¿Cómo pudo una especie que alguna vez fue tan abundante en Norteamérica extinguirse en tan sólo unas pocas décadas? La respuesta es el ser humano. Las razones principales de la extinción de esta especie, como la de tantas otras, fueron la cacería comercial sin control y la pérdida de hábitats y reservas alimenticias a medida que los bosques se talaban para dar paso a granjas y poblados. 

Las palomas silvestres tenía una carne muy sabrosa y a lo largo del siglo XIX se desarrolló toda una industria alrededor de la explotación de su carne; con sus plumas se hacían buenos almohadones y se utilizaban mucho como fertilizante. Las mataban con facilidad porque viajaban en bandadas gigantescas y anidaban en colonias largas y estrechas. Las abundantísimas bandadas atravesando las llanuras de Estados Unidos en su migración anual hacia el sur permitían a los cazadores disparar casi a ciegas asegurándose cobrar piezas. A principios de 1858, la cacería en masa de palomas silvestres se volvió un gran negocio. Se utilizaron escopetas, fuego, trampas, artillería e incluso dinamita. También se les asfixiaba quemando paja o azufre debajo de sus reposaderos. Con la llegada del ferrocarril y del telégrafo, se daba la voz de alarma cuando se avistaban grandes masas de palomas y llegaban cazadores de muchos kilómetros a la redonda. En 1878, un cazador profesional de palomas silvestres norteamericanas ganó 60.000 dólares matando a tres millones de aves en sus territorios de anidamiento cerca de Petoskey, Michigan.

En 1878 sólo quedaban cincuenta millones de individuos y en 1890 apenas quedaban poblaciones. En 1896, la última gran colonia reproductiva, unas 250.000 aves, fue localizada cerca de Bowling Green, Ohio, no lejos de Mammoth Cave. Los cazadores fueron notificados por telégrafo y todas, excepto unas cinco mil aves que lograron escapar, fueron abatidas. A principios de la década de 1900 la cacería comercial cesó ya que sólo quedaban unos cuantos  miles de aves. La recuperación de la especie era imposible debido a que ponían un huevo por nido. Poco a poco, la paloma se extinguió. La última paloma silvestre conocida, una hembra llamada Martha en honor a Martha Washington, murió en el zoológico de Cincinnati en 1914. Su cuerpo disecado se encuentra en el Museo Smithsonian de Washington DC.

Parecen cosas del pasado que hoy no podrían ocurrir, pero no es así. El despiadado castigo a la naturaleza sigue siendo una constante del comportamiento humano. De acuerdo con el informe de Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de 2012, «en los últimos cincuenta años los seres humanos han transformado los ecosistemas más rápidamente, más extensamente y más profundamente que en ningún otro período de la historia de la humanidad [...]. Esto ha resultado en una pérdida sustancial y, en gran medida, irreversible de la diversidad de la vida en la Tierra».

El ritmo de extinción de especies no tiene parangón. Cada extinción tiene su propia historia y sus propias causas. La extinción de especies no es una novedad, la novedad es la nueva “sexta extinción” a la que estamos asistiendo. En los últimos 500 millones de años ha habido cinco extinciones masivas que barrieron de la faz de la Tierra una parte sustancial de los seres vivos que la habitaban. La más grave ocurrió hace 245 millones de años cuando perecieron casi el 95% de los animales y plantas. La última gran extinción tuvo lugar hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios y con ellos tres cuartas partes del resto de especies de seres vivos.


Pero hay una característica que diferencia el momento actual de las anteriores extinciones. Antes podíamos buscar las causas en factores climáticos o geológicos o en forma de meteorito. Sin embargo, la sexta extinción a la que asistimos tiene un único promotor: el hombre y sus actividades destructivas. De hecho, se estima que en los últimos cincuenta años hemos provocado la desaparición de unas 300.000 especies. 

Y si seguimos como hasta ahora, a finales del siglo XXI habremos terminado con la mitad de las especies que pueblan el planeta. Según la FAO, el 60% de los ecosistemas mundiales están degradados o se utilizan de manera insostenible; el 75% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas o significativamente agotadas, y desde 1990 se ha perdido el 75% de la diversidad genética de los cultivos mundiales. Aproximadamente trece millones de hectáreas de selva tropical se talan cada año y el 20% del arrecife de coral mundial ha desaparecido ya, mientras que el 95% correrá peligro de desaparición o daño extremo en 2050 si no se consigue frenar el cambio climático. 

Muchos biólogos consideran que la acelerada y extinción planetaria que estamos causando es más grave que la disminución del ozono en la estratosfera y el calentamiento del globo ya que está ocurriendo con mayor rapidez y es irreversible. Reducir esta enorme pérdida de diversidad biológica de la Tierra, proteger los hábitats silvestres en todo el mundo, y restablecer las especies a cuya grave disminución hemos contribuido, son emergencias planetarias que debemos atender cuanto antes.

Ciencia y cultura para ovejas

Parafraseo la cabecera de este artículo a partir del título de un libro desternillante y preclaro, El catolicismo explicado a las ovejas, del también profesor Juan Eslava Galán, que sabrá perdonarme el pequeño hurto literario. Para compensar modestamente a mi colega, les recomiendo que se gasten unos euros en la compra del libro, porque por el mismo precio el doctor Eslava Galán desvela, tras dos mil años de controversias matemáticas y lógicas, el misterio de la Santísima Trinidad.

Formo parte de un grupo de docentes que, como hijos que somos (algo descarriados, pero hijos) de la tradición católica, apostólica y romana, observamos con creciente desasosiego como los católicos, faltos como están de los instrumentos oportunos, desconocen la interpretación de los más profundos misterios de su religión y eso los lleva a practicar un catolicismo tibio que, de no ponerle remedio, acabará por apartarlos para siempre jamás de la recta doctrina de nuestra Santa Madre Iglesia, conduciéndolos, de propina, a las calderas de Pedro Botero, si es que el infierno sigue donde ha estado siempre que ya ni de eso se está seguro. 

Para salir de esa desdichada situación en la que toda ignorancia tiene su asiento, queremos traspasar los muros de las escuelas, los institutos y las universidades para llevar la cultura y la educación a ámbitos en los que hasta ahora hemos estado ausentes y en los que nuestra dejadez de funcionarios vagos por definición ha privado a muchos ciudadanos del derecho universal a la cultura. Estamos seguros que monseñor Rouco Varela y su peña, tan acostumbrados como están a alejarse del poder terrenal, a rehuir la pompa y la púrpura y a palpar el mundo real, se adherirán como un solo hombre a lo que nos traemos entre manos.

Como primer paso, queremos llegar a un acuerdo con las autoridades eclesiásticas (los pastores) para que nos cedan un diez por ciento del tiempo de las misas con el fin de que profesores especialistas en las distintas disciplinas puedan llegar más fácilmente a las ovejas (los creyentes) mediante breves disertaciones académicas en las que nunca faltarían los "powerpointes" y otras innovaciones didácticas. Estamos estudiando cuál sería el momento idóneo para insertar en las misas contenidos científicos y culturales y, aunque poco duchos en cuestiones litúrgicas, se nos ocurre que tal vez podríamos colocar nuestro producto científico y cultural inmediatamente después de la consagración o justo antes del Padre Nuestro. 

Está claro que algunos feligreses podrían, con razón, objetar que ellos no tienen por qué aumentar sus conocimientos ni su cultura, habida cuenta que acuden a misa con el único fin de orar y escuchar la palabra de Dios para que ello, además y como quien no quiere la cosa, les perdone otras faltas terrenales y los lleve directamente al cielo. Para solucionar el problema de quienes deseen permanecer en la inopia, y aunque pudiera parecer inconstitucional, a la entrada a la iglesia les haríamos rellenar un formulario para que manifestaran su preferencia por la religión o la cultura. Una vez identificados unos y otros, los que no estuvieran interesados en la campaña de extensión cultural abandonarían en el momento adecuado la nave principal de la iglesia para reunirse en las capillas laterales, la cripta o el salón parroquial. Con el fin de evitar agravios, esas ovejas recibirían durante ese rato charlas ad hoc. Por ejemplo, los feligreses que no quieran repasar la tabla periódica estudiarán los efectos perniciosos de los colorantes alimentarios; los que no quieran hacer gimnasia podrán ver un documental sobre la obesidad, y los que no quieran repasar los verbos irregulares ingleses podrían estudiar estadísticas sobre la importancia de hablar idiomas en el mundo moderno. 

Algunos negociadores enviados por la Conferencia Episcopal nos han adelantado que no habría problema en computar el tiempo de cualquiera de estas actividades como tiempo equiparable al dedicado a escuchar la palabra de Dios, a la oración, a la contemplación o a la penitencia y que en ningún caso podrá discriminarse el acceso a la salvación eterna a los fieles en razón de sus preferencias religiosas o educativas. 

Tampoco han puesto la más mínima objeción a la aparente contradicción derivada de que el contenido de las misas esté basado en la fe del carbonero, el dogma y creencias tan disparatadas que dejan en mantillas la historia de Superman, en contraste con la naturaleza científica y académica de los contenidos que habitualmente impartimos en las aulas. Pero las ganancias para las ovejas interesadas no serían pocas porque la asistencia a las clases les permitiría responder a muchas cuestiones que atormentan hoy el alma del creyente.

¿De dónde saldría el dinero para pagar al profesorado que trabaje los domingos? Sin duda alguna de los donativos que los fieles depositan en los cepillos, del porcentaje de impuestos destinados al sostenimiento de la Iglesia Católica o, en general, de los presupuestos de la Iglesia. Claro, que también podríamos acudir a la publicidad. La religión católica, con sus templos y sus procesiones, es uno de nuestros grandes atractivos turísticos que permitiría obtener jugosos ingresos a costa de los turistas, tan crédulos y de tan buen conformar. Como según la Conferencia Episcopal con la pasta que obtienen del Estado no tiene ni para empezar, podrían ayudarse con publicidad. Un compañero de profesión, Rafael Reig, ha dado algunas interesantes ideas al respecto: «Vodafone debería patrocinar los confesionarios, eso salta a la vista: 800-GOD, tu línea directa con el Altísimo. O la Gran Vigilia de la Inmaculada-Woman Secret, que proporcionaría un atractivo imprevisto a una de las actividades nocturnas más peregrinas y aburridas que puedan concebirse; seguro que entusiasmaba a las feministas norteamericanas. Las custodias, es decir, las piezas de metal en las que se expone la hostia consagrada a la adoración de los fieles, ¿no ganarían mucho bajo la advocación de Samsonite? ¿Y qué decir de las propias hostias? Deberían distribuirse hostias consagradas y envasadas al vacío, en pequeños tetrabriks o en packs familiares. ¿Cuánto dinero podríamos recaudar dejando la promoción eucarística en manos de Kellogs? El problema de la fecha de caducidad (puesto que, según pretenden, Dios es eterno), se resolvería con un sencillo “consumir preferentemente antes de”. Seamos imaginativos: ¿no podría Zara actualizar la rancia imagen del manto de la Virgen del Pilar? ¿Qué no haría Benetton con el Cristo de Medinaceli? ¿Cuánto nos daría la editorial de Las sombras de Grey por poder patrocinar las procesiones de Semana Santa, con sus penitentes azotándose?»

Solucionado el engorroso problema de las nóminas, para garantizar la calidad de las enseñanzas impartidas nuestra asociación gestionaría directamente el dinero aportado por la Iglesia y con él contrataría a profesores de sólida formación pedagógica y científica que se encargarían de impartir las clases durante las misas. Naturalmente, dado el carácter eminentemente laico de las clases, no dudaríamos en despedir fulminantemente a aquellos profesores que no mantuvieran una coherencia laica entre su vida profesional y personal haciendo cosas como casarse por la iglesia, llevar medallitas y escapularios, acudir a misa semanalmente o participar en cualquier tipo de actos religiosos. 

Finalmente, llevaremos nuestras negociaciones hasta el mismísimo Vaticano, con cuyas humildes y desprendidas autoridades firmaríamos un concordato que garantizara la continuidad de nuestra noble tarea docente en las iglesias durante los años venideros. 

Entre tanto cuaja la idea, amable lector, puedes hacer llegar nuestra propuesta educativa a docentes, padres, alumnos, políticos, sindicalistas, medios de comunicación e incluso a las autoridades eclesiásticas, incluido nuestro muy amado pastor complutense, el obseso monseñor Reig Pla. Tal vez así contribuyamos a que se entienda mejor lo que está ocurriendo en relación con la enseñanza de la religión en los centros sostenidos con dinero público.

domingo, 16 de junio de 2013

¡Menuda comisión y menudos resultados!

El Gobierno de Carpetovetonia estaba muy preocupado. Las agencias internacionales de rating habían calificado los alimentos que se servían en los comedores escolares con una MM. Aunque oposición y canallesca se apresuraron a decir que aquello significaba “muy mala”, lo que quería decir era “manifiestamente mejorable”. Algo había que hacer. El ministro de Educación, un reputado experto en no se sabía muy bien qué cosa, propuso que se creara una comisión a su imagen y semejanza, es decir, una comisión de expertos a medida, como los trajes que, presuntamente, Bárcenas pagaba a don Mariano. Dicho y hecho. 

Pocos días después se constituyó con la solemnidad propia del caso la Comisión Ministerial de Expertos Dietéticos para la Ordenación Racional de las Escuelas Saludables (COMEDORES), cuya mayoría estaba formada por dos expertos de cinco asociaciones del sector alimentario: PACOBA, la patronal de la comida basura; ASOFACAO, la asociación de fabricantes adulteradores del cacao; FEDEFCOLA, la federación de envasadores de bebidas flatulentas de cola; ASEBOLLIN, la asociación española de bollería industrial, y la poderosa FEDICHUCHE, la federación independiente de fabricantes de golosinas, piruletas y chucherías. Para salpimentar el puchero, el señor ministro nombró tres representantes, uno por el principal partido de la oposición y dos en representación de los dos sindicatos mayoritarios.

Los expertos redactaron sus conclusiones en un periquete y las aprobaron por goleada. El señor ministro mostró su satisfacción en rueda de prensa: el dictamen de los beneméritos expertos se ejecutaría en el próximo curso escolar. El curso siguiente el menú de guarderías, escuelas infantiles y colegios era un abigarrado muestrario de hamburguesas, perritos calientes, alitas de pollo emborrizadas, patatas fritas (en vaya usted a saber qué fritanga), bebidas de cola, gaseosas, sifones (que un avispado industrial catalán había rescatado del túnel del tiempo), bollería industrial rebosante de falso chocolate y, de postre, piruletas, algodones de azúcar, polos de hielo y helados a gogó. Los chavales estaban encantados. Los padres no tanto. Dos años después los alumnos de Carpetovetonia habían alcanzado por primera vez el primer puesto en una estadística internacional de aprovechamiento escolar: eran los estudiantes más gordos del mundo.

Grotesco ¿no? Pues eso, ni más ni menos, es lo que ha hecho el Gobierno con la comisión de expertos que ha nombrado para la reforma de las pensiones, ocho de cuyos doce miembros cuentan con fuertes intereses y vinculaciones económicas o han estado y están a sueldo de aseguradoras y bancos, principales interesados en la privatización por vía de hecho de las pensiones de los españoles. Para que no hubiera duda, Rafael Domenech, economista jefe del Servicio de Estudios del BBVA, ha ejercido como portavoz de la comisión, presidida por Víctor Pérez-Díaz, asiduo colaborador de FAES, el brazo ideológico del PP, y asesor de UNESPA, la patronal del seguro.

El interés de las aseguradoras está claro: quienes puedan permitírselo deben complementar su retiro con una pensión privada. Se trata de desincentivar a los ancianos humildes  para que se mueran de una vez y dejen de ser una carga para el contribuyente honrado. Pero, qué demonios pintan los bancos en todo esto, se preguntarán ustedes. Dejando al margen que muchos de ellos son socios importantes en las propias aseguradoras, el dinero que mueven cada año en España las pensiones públicas, que no es otra cosa que el ahorro de los trabajadores, es más del 11% del PIB, unos 120.000 millones de euros, un panal de rica miel que los bancos quieren disfrutar en exclusiva y para conseguirlo gastan esfuerzos y dinero para que sus expertos intenten convencernos de que lo mejor es que la banca se haga cargo del botín.

Con tales mimbres, el cesto tejido por el grupo de expertos cuidadosamente seleccionados por el PP no podía ser otro que la confirmación de las tesis gubernamentales... de Alemania, empeñada en recortar nuestros derechos sociales usando la tijera de su autómata, Mariano Rajoy. Si el Gobierno nombra un grupo de expertos para que estudie la reforma de las pensiones, ¿a qué conclusión creen ustedes que llegará? Exacto, a que hay que recortarlas. Rajoy necesitaba una trinchera y la ha encontrado parapetándose tras un grupo de gatomusos que ha confirmado la última gran logomaquia urdida por la autoridad: el factor de sostenibilidad.

Para que nadie se llame a engaño, tal factor es pura logomaquia, porque intenta centrar la discusión en las palabras y no en el fondo del asunto, que es en realidad “bajar las pensiones”. Básicamente, es la munición técnica para poder recortar las pensiones actuales; siempre, claro está, con la vista puesta en “salvaguardar el futuro del sistema público de pensiones” aunque sea a costa de destruirlo: se trata de cambiar una sostenibilidad buena por otra mala, tal y como se ha hecho en Sanidad y Educación. 

Para lograrlo, se acude al trile de presentar una complicada fórmula matemática cuyos factores operan desde supuestos que invalidan sus resultados. La fórmula se sostiene en un camelo: como la esperanza de vida de los españoles ha crecido seis años en los últimos treinta, deduzco que los ancianos españoles viven seis años más. Como es mucho suponer que los expertos sean orates, cabe pensar que ignoran intencionadamente que la esperanza de vida no se calcula así. Imagine un país habitado solo por dos personas: doña Paquita, que vive hasta que tiene 80 años, y Paquito, que fallece nada más nacer. La esperanza media de vida del país sería (80+0)/2=40 años. Imagine ahora que han pasado treinta años y el país sigue teniendo solo dos habitantes. Uno, don Emilio, que muere a los 80 años, y otro, Braulio, que vive hasta los cuarenta. La esperanza de vida sería de (80+40)/2=60, es decir, veinte años más que hace 30. Pero eso no significa, por mucho que se empeñen, que don Emilio viva veinte años más. En realidad, sigue falleciendo a los 80. Eso es lo que ha ocurrido en España, que la mortalidad infantil ha descendido mucho y con ello la esperanza de vida ha aumentado. Pero el aumento de la esperanza de vida no repercute automáticamente en que los ancianos vivan más años, porque de lo contrario el mundo estaría repleto de matusalenes.

De esa primera falacia emana la primera consecuencia: el personal de a pie vive más años, así que tiene que trabajar más años. Si vive diez años más, debería trabajar diez más. Tal planteamiento ignora la enorme variabilidad en las tasas de mortalidad que existe en España entre las personas pertenecientes a diferentes estamentos. Un catedrático, por citar un ejemplo que me toca de cerca, es probable que viva siete años más que la empleada de la limpieza de la universidad en la que trabaja. Es profundamente injusto exigir a la mujer de la limpieza que trabaje más años para pagar la pensión del catedrático. Este disparatado e injusto retraso indiscriminado de la edad de jubilación es el criterio que promueve la comisión con gran contento de la ministra alférez y del manotijeras pontevedrés. En la España de hoy, el 10% de la población que tiene rentas más altas vive diez años más que alguien del decil inferior. Promover “el café para todos” sin tener en cuenta la enorme desigualdad de condiciones de vida y muerte es inmoral y antidemocrático.

Les dejo ese par de píldoras. Si quieren profundizar más en el tema hagan ustedes lo que un servidor: lean Lo que debes saber para que no te roben la pensión (Espasa, 2013), de los catedráticos de Economía Aplicada Vicenç Navarro y Juan Torres, una sencilla y práctica lección acerca de lo que están tramando el Gobierno y sus expertos, que es, una vez más, llevarnos al huerto. 

Las amigas de los Fabra

Firma invitada: Juan E. Tur (http://www.publico.es/457247/alberto-fabra-crea-una-secretaria-a-medida-de-su-amiga-mas-cercana)

Alberto Fabra crea una secretaría a medida de su amiga más cercana. 

El presidente autonómico valenciano, tras fichar como personal de confianza a su cocinero, ha creado una nueva secretaría autonómica en el organigrama de la Generalitat valenciana, para dejarla en manos de Esther Pastor, con la que mantiene -según fuentes del PP de la comunidad— una relación muy estrecha. 

¿Qué aptitudes ha valorado Alberto Fabra para proponer a Esther Pastor a este nuevo cargo? "Es una perfecta conocedora del funcionamiento del área de presidencia". Con esta explicación el vicepresidente de la Generalitat y portavoz del Consell que preside Alberto Fabra, despejaba la incómoda pregunta del periodista Javier Cavanilles, de Economía Digital, acerca de la creación de un nuevo alto cargo en la Administración Fabra, la hasta ahora inédita secretaría autonómica de Organización, Coordinación y Relaciones Institucionales, adscrita a Presidencia, y su delegación en la persona de Esther Pastor.

¿Pero qué hay de incómodo en todo esto al margen de la incoherencia de crear un nuevo alto cargo cuando se presume de adelgazar la administración? La incomodidad vendría de la elección de Pastor, aterrizada en Valencia para ocupar la dirección general de Organización y Coordinación de la mano de Fabra, al que empezó a acompañar en su etapa al frente del Ayuntamiento de Castelló, y que, según llevan difundiendo desde hace semanas fuentes del propio PP, mantiene con el presidente una relación muy cercana.

Pastor ya recibía la retribución máxima de un asesor del presidente por llevarle la agenda Pastor fue, en agosto de 2011, la única novedad del grupo de asesores del recién incorporado presidente, que al margen de ésta, heredó sin cambiar ninguna pieza el Gabinete dejado por Francisco Camps. La función conocida de Pastor, al igual que en la alcaldía, era llevarle la agenda, para lo que se le otorgó la retribución máxima correspondiente a un asesor de presidencia.

El ascenso de Pastor y la creación de su cargo no han servido para suprimir la dirección general ésta antes ocupaba, y que, con un ligero cambio de denominación (ahora pasa a ser de Coordinación Institucional) queda ahora en manos de María Jesús García Grigols. La creación del nuevo cargo se ha compensado con la supresión de la secretaría autonómica de Territorio, Medio Ambiente y Paisaje, y se ha anunciado junto a las destituciones de los tres delegados provinciales del Consell, cuya utilidad era más que cuestionada.

Este nuevo paso emprendido por Fabra, polémico por las insinuaciones lanzadas desde las filas de su propio partido, se produce tan sólo unas semanas después de que saltara a la palestra la contratación por parte del presidente valenciano -y a cargo del erario público- de un entrenador personal para potenciar sus dotes de liderazgo. Un fichaje que finalmente se frustraría al trascender en los medios.

El que finalmente no se ha torcido es el de su cocinero en el Palau de la Generalitat, contratado a principios de abril como personal eventual, después de haber sido víctima, junto a otros 32 compañeros, de uno de los múltiples ERE ejecutados por el gobierno valenciano en sus empresas publicas. Gracias a ello, como informó esta semana el diario Levante-EMV, Eugenio Ramón L. M. es merecedor de un sueldo anual de 29.915 euros brutos, por dar de comer a Alberto Fabra y sus invitados. [Eso es justo la mitad de los que cobrarán otros porque Fabra ha colocado al líder valenciano de Nuevas Generaciones con un sueldo de 45.000 euros].

Todas estas revelaciones se producen en un momento de extrema debilidad de la figura de Alberto Fabra que, ignorado desde el Gobierno central por el equipo de Mariano Rajoy --hace unos días el ministro Montoro negó la discriminación endémica en la financiación valenciana que los popularistas, junto con buena parte de la oposición, llevan denunciando desde hace años--, ve como diversas facciones en el seno del partido (desde los campsistas apartados por Fabra, a los seguidores del barón provincial Alfonso Rus) están minando su posición en el partido con numerosas filtraciones.

De ser cierta esta última, Alberto Fabra, que se afincó hace unas semanas en Valencia -según fuentes de presidencia, por problemas en el ámbito familiar-, podría estar siguiendo un camino similar al recorrido años atrás por su padrino político, Carlos Fabra. El ex presidente de la Diputación de Castellón, mantiene una relación de pareja desde hace cerca de una década , con la actual vicepresidenta de esta cámara, Esther Pallardó, que disfrutó de un ascenso fulgurante en la estructura de poder vinculada al PP desde que, a principios de la pasada década, accediera a llevar la comunicación de Carlos Fabra en la diputación.

Fue en esas circunstancias cómo el político y la entonces periodista, tras romper con sus respectivas parejas, forjaron una unión sentimental que aún pervive.