La ola de calor que ha arrancado este
domingo continúa este lunes con una situación de estabilidad y entrada de aire
cálido del sur que mantendrá las temperaturas extremas en gran parte de la
Península y Baleares, llegando a alcanzarse temperaturas de hasta 42ºC en zonas
interiores del País Vasco, Cantabria y el valle del Ebro, y estarán activos
avisos por calor en catorce comunidades, según la previsión de la Agencia Estatal de
Meteorología (Aemet).
La razón principal es que esta ola de
calor tiene una configuración atmosférica poco habitual, que favorece
especialmente al norte peninsular y al valle del Ebro, en lugar de concentrar
los máximos extremos únicamente en Andalucía o Extremadura. Para crear esa extraña
situación hay que considerar varios factores.
En primer lugar, la entrada de aire
sahariano muy cálido. Una masa de aire procedente del norte de África está
cubriendo toda la Península. Eso eleva las temperaturas en todas las regiones,
pero por sí solo no explica por qué el norte se recalienta más.
En segundo lugar, la dorsal africana
está situada de forma que el máximo calentamiento se desplaza al noreste. La
dorsal (una zona de altas presiones en altura) favorece cielos despejados,
subsidencia del aire y fuerte insolación. En este episodio, el ascenso térmico
más acusado se está produciendo en el cuadrante nordeste y la cornisa
cantábrica oriental.
En tercer lugar, el efecto foehn en la
vertiente cantábrica. Cuando el viento llega desde el sur y atraviesa la
Cordillera Cantábrica, desciende hacia la costa norte más seco y caliente. Este
fenómeno puede disparar las temperaturas en zonas del País Vasco, Cantabria o
el norte de Navarra hasta valores impropios de la región, incluso superiores a
los de muchas áreas del sur peninsular.
En el norte de España el proceso
ocurre en varias fases al chocar los vientos con barreras como la Cordillera
Cantábrica o los Pirineos. El viento del norte o noroeste sopla desde el mar
Cantábrico, cargado de humedad, y se ve obligado a subir por la ladera de la
montaña (barlovento). Al subir, el aire se enfría y el vapor de agua se
condensa, provocando lluvias constantes.
Una vez que el aire supera la cima y
desciende por la ladera opuesta (sotavento), ha perdido toda su humedad. Al
descender, este aire seco se comprime y se calienta rápidamente, elevando la
temperatura de forma drástica en muy pocas horas. Las zonas más altas y
orientadas al mar actúan como muro. Mientras la vertiente norte registra
lluvias y fresco, las laderas orientadas al sur o valles interiores
experimentan un clima mucho más cálido y soleado.
Este viento (localmente conocido en
zonas próximas como viento sur) puede disparar los termómetros y es uno de los
factores principales detrás de fenómenos como las noches tropicales o veranos
inusualmente calurosos en el Cantábrico.
En la Península Ibérica, las cordilleras más propensas a provocar este efecto son las orientadas oeste-este, perpendiculares a los vientos del norte y noreste del Cantábrico. Éstas cordilleras retienen el aire húmedo, y sus caras de barlovento son húmedas, como las caras norte de la cordillera Cantábrica, Pirineos, cabecera del Ebro y el sistema Central; a sotavento, el aire es seco, responsable del ya mencionado desierto de Los Monegros, parapetado tras los Pirineos, las secas llanuras de Castilla y León, tras la Cordillera Cantábrica, y la región de Madrid situada tras el sistema central.
Existen otras cordilleras que frenan el aire húmedo del océano Atlántico por el oeste, como la sierra de Gredos, cuyo clima varía enormemente dependiendo de la vertiente: el lado solano es cálido y el lado umbrío es más húmedo. Los montes de Toledo sirven a su vez de parapeto a las llanuras de La Mancha, otorgando la aridez característica a esta región.
En cuarto lugar, el valle del Ebro
actúa como una "olla térmica". Una olla térmica es una región
geográfica donde el aire caliente tiende a acumularse y permanecer atrapado,
igual que el calor se concentra dentro de una olla cubierta. El fenómeno suele
producirse en depresiones, valles amplios o cuencas rodeadas por montañas.
Durante los episodios anticiclónicos, el aire cálido llega a estas zonas, pero
los relieves circundantes dificultan su dispersión. Además, el suelo se
calienta intensamente bajo cielos despejados y transmite ese calor al aire,
reforzando el efecto.
En verano, la situación puede
agravarse durante varios días consecutivos. Las noches apenas refrescan, el
calor acumulado durante el día no logra disiparse y las temperaturas aumentan
progresivamente. Por eso muchas de las máximas más altas de España no se
registran necesariamente en las zonas más meridionales, sino en determinadas
cuencas interiores.
La gran olla térmica española es el
valle del Ebro, donde Zaragoza alcanza con frecuencia temperaturas superiores a
40 °C. También actúan como ollas térmicas la depresión del Guadalquivir
(especialmente Córdoba, Sevilla y Jaén), la cuenca del Guadiana en Extremadura,
la Hoya de Lleida, la cuenca de Granada y algunos valles interiores de Castilla
y León.
Durante las olas de calor, estas
regiones combinan tres factores muy eficaces para fabricar temperaturas
extremas: abundante insolación, escasa ventilación y una topografía que
dificulta la renovación del aire. El resultado es una acumulación progresiva de
calor que convierte estas cuencas en auténticos hornos naturales.
Por su parte, el sur ya parte de
temperaturas muy altas. En Andalucía occidental y Extremadura seguirá haciendo
muchísimo calor, pero en algunos momentos la diferencia respecto a lo normal
será menor que en el norte. Meteorológicamente, lo llamativo es que zonas como
el País Vasco, Cantabria o Galicia interior puedan acercarse a 40 °C, algo
mucho más excepcional para su clima habitual.
En resumen: no es que el sur se haya
enfriado, sino que esta vez la combinación de aire sahariano, dorsal africana y
vientos del sur favorece especialmente al norte y al valle del Ebro, donde se
esperan algunas de las anomalías térmicas más extraordinarias del episodio. De
hecho, el interior del País Vasco está bajo los avisos más severos y algunas
zonas cantábricas podrían acercarse o superar los 40 °C.
