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lunes, 22 de junio de 2026

¿POR QUÉ EN LA ACTUAL OLA DE CALOR LAS TEMPERATURAS MÁS ALTAS SE ALCANZARÁN EN EL NORTE DE ESPAÑA?

 

La ola de calor que ha arrancado este domingo continúa este lunes con una situación de estabilidad y entrada de aire cálido del sur que mantendrá las temperaturas extremas en gran parte de la Península y Baleares, llegando a alcanzarse temperaturas de hasta 42ºC en zonas interiores del País Vasco, Cantabria y el valle del Ebro, y estarán activos avisos por calor en catorce comunidades, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

La razón principal es que esta ola de calor tiene una configuración atmosférica poco habitual, que favorece especialmente al norte peninsular y al valle del Ebro, en lugar de concentrar los máximos extremos únicamente en Andalucía o Extremadura. Para crear esa extraña situación hay que considerar varios factores.

En primer lugar, la entrada de aire sahariano muy cálido. Una masa de aire procedente del norte de África está cubriendo toda la Península. Eso eleva las temperaturas en todas las regiones, pero por sí solo no explica por qué el norte se recalienta más.

En segundo lugar, la dorsal africana está situada de forma que el máximo calentamiento se desplaza al noreste. La dorsal (una zona de altas presiones en altura) favorece cielos despejados, subsidencia del aire y fuerte insolación. En este episodio, el ascenso térmico más acusado se está produciendo en el cuadrante nordeste y la cornisa cantábrica oriental.

En tercer lugar, el efecto foehn en la vertiente cantábrica. Cuando el viento llega desde el sur y atraviesa la Cordillera Cantábrica, desciende hacia la costa norte más seco y caliente. Este fenómeno puede disparar las temperaturas en zonas del País Vasco, Cantabria o el norte de Navarra hasta valores impropios de la región, incluso superiores a los de muchas áreas del sur peninsular.

En el norte de España el proceso ocurre en varias fases al chocar los vientos con barreras como la Cordillera Cantábrica o los Pirineos. El viento del norte o noroeste sopla desde el mar Cantábrico, cargado de humedad, y se ve obligado a subir por la ladera de la montaña (barlovento). Al subir, el aire se enfría y el vapor de agua se condensa, provocando lluvias constantes.

Una vez que el aire supera la cima y desciende por la ladera opuesta (sotavento), ha perdido toda su humedad. Al descender, este aire seco se comprime y se calienta rápidamente, elevando la temperatura de forma drástica en muy pocas horas. Las zonas más altas y orientadas al mar actúan como muro. Mientras la vertiente norte registra lluvias y fresco, las laderas orientadas al sur o valles interiores experimentan un clima mucho más cálido y soleado.

Este viento (localmente conocido en zonas próximas como viento sur) puede disparar los termómetros y es uno de los factores principales detrás de fenómenos como las noches tropicales o veranos inusualmente calurosos en el Cantábrico.

En la Península Ibérica, las cordilleras más propensas a provocar este efecto son las orientadas oeste-este, perpendiculares a los vientos del norte y noreste del Cantábrico. Éstas cordilleras retienen el aire húmedo, y sus caras de barlovento son húmedas, como las caras norte de la cordillera Cantábrica, Pirineos, cabecera del Ebro y el sistema Central; a sotavento, el aire es seco, responsable del ya mencionado desierto de Los Monegros, parapetado tras los Pirineos, las secas llanuras de Castilla y León, tras la Cordillera Cantábrica, y la región de Madrid situada tras el sistema central. 

Existen otras cordilleras que frenan el aire húmedo del océano Atlántico por el oeste, como la sierra de Gredos, cuyo clima varía enormemente dependiendo de la vertiente: el lado solano es cálido y el lado umbrío es más húmedo. Los montes de Toledo sirven a su vez de parapeto a las llanuras de La Mancha, otorgando la aridez característica a esta región.

En cuarto lugar, el valle del Ebro actúa como una "olla térmica". Una olla térmica es una región geográfica donde el aire caliente tiende a acumularse y permanecer atrapado, igual que el calor se concentra dentro de una olla cubierta. El fenómeno suele producirse en depresiones, valles amplios o cuencas rodeadas por montañas. Durante los episodios anticiclónicos, el aire cálido llega a estas zonas, pero los relieves circundantes dificultan su dispersión. Además, el suelo se calienta intensamente bajo cielos despejados y transmite ese calor al aire, reforzando el efecto.

En verano, la situación puede agravarse durante varios días consecutivos. Las noches apenas refrescan, el calor acumulado durante el día no logra disiparse y las temperaturas aumentan progresivamente. Por eso muchas de las máximas más altas de España no se registran necesariamente en las zonas más meridionales, sino en determinadas cuencas interiores.

La gran olla térmica española es el valle del Ebro, donde Zaragoza alcanza con frecuencia temperaturas superiores a 40 °C. También actúan como ollas térmicas la depresión del Guadalquivir (especialmente Córdoba, Sevilla y Jaén), la cuenca del Guadiana en Extremadura, la Hoya de Lleida, la cuenca de Granada y algunos valles interiores de Castilla y León.

Durante las olas de calor, estas regiones combinan tres factores muy eficaces para fabricar temperaturas extremas: abundante insolación, escasa ventilación y una topografía que dificulta la renovación del aire. El resultado es una acumulación progresiva de calor que convierte estas cuencas en auténticos hornos naturales.

Por su parte, el sur ya parte de temperaturas muy altas. En Andalucía occidental y Extremadura seguirá haciendo muchísimo calor, pero en algunos momentos la diferencia respecto a lo normal será menor que en el norte. Meteorológicamente, lo llamativo es que zonas como el País Vasco, Cantabria o Galicia interior puedan acercarse a 40 °C, algo mucho más excepcional para su clima habitual.

En resumen: no es que el sur se haya enfriado, sino que esta vez la combinación de aire sahariano, dorsal africana y vientos del sur favorece especialmente al norte y al valle del Ebro, donde se esperan algunas de las anomalías térmicas más extraordinarias del episodio. De hecho, el interior del País Vasco está bajo los avisos más severos y algunas zonas cantábricas podrían acercarse o superar los 40 °C.