| Koelreuteria paniculata. Palacio Niels, Toulouse. Foto de Didier Descouens |
Hay árboles que pasan
inadvertidos durante buena parte del año y que, de pronto, parecen recordar a
la ciudad que las estaciones siguen existiendo. En Alcalá de Henares, uno de
esos árboles es el jabonero chino o árbol de los farolillos (Koelreuteria
paniculata). Durante décadas ha sido un discreto heraldo del verano. Cuando
sus copas comenzaban a cubrirse de flores amarillas, sabíamos que la primavera
estaba llegando a su fin. Más tarde aparecían los curiosos frutos inflados que
cuelgan de las ramas como pequeños farolillos de papel. Este año, sin embargo,
el calendario botánico parece haberse adelantado. El verano meteorológico llegó
antes de tiempo y muchos ejemplares ya lucen frutos cuando apenas debería estar
concluyendo la floración.
Pocos árboles ornamentales
combinan de forma tan eficaz interés paisajístico, historia y singularidad
botánica.
Un invitado llegado de Oriente
Koelreuteria paniculata es
originario del este de Asia, especialmente del norte y centro de China, Corea y
algunas regiones de Japón. En su lugar de origen se cultiva desde hace milenios
y forma parte de una larga tradición cultural y ornamental.
Europa lo conoció relativamente
tarde. Fue introducido en San Petersburgo hacia 1750 y llegó a Inglaterra en
1763. Desde allí comenzó una lenta expansión por jardines botánicos y parques
europeos. Durante el siglo XIX se convirtió en una especie apreciada por los
paisajistas debido a su resistencia al calor, a la contaminación urbana y a la
espectacular combinación de flores y frutos. Hoy forma parte habitual del
arbolado urbano de numerosas ciudades españolas, especialmente en áreas de
clima mediterráneo y continental suave.
Un árbol de aspecto elegante y
algo indisciplinado
El jabonero chino es un árbol
caducifolio de tamaño medio que suele alcanzar entre 10 y 15 metros de altura,
aunque algunos ejemplares excepcionales pueden superar los 20 metros. Su copa
presenta una forma redondeada e irregular, con una proyección de entre 10 y 12
metros de diámetro.
El tronco suele ser único y está
cubierto por una corteza rugosa de color marrón claro, recorrida por estrías
longitudinales y pequeñas punteaduras ocres. Las ramas crecen abundantemente en
disposición casi horizontal y adoptan trayectorias sinuosas que confieren al
árbol una apariencia algo desgarbada durante la juventud.
Las hojas son alternas y
compuestas imparipinnadas. Cada hoja puede medir entre 25 y 40 centímetros y
está formada por entre siete y quince folíolos de forma oblongo-ovalada, margen
serrado y color verde oscuro. Durante la brotación primaveral presentan tonalidades
rojizas o cobrizas especialmente atractivas.
Aspectos botánicos de Koelreuteria paniculata. Imágenes
Una lluvia de flores amarillas
La principal razón de su
popularidad ornamental aparece en pleno verano, cuando aparecen las flores agrupadas
en grandes panículas terminales de forma piramidal que pueden alcanzar los 35
centímetros de longitud. Desde cierta distancia la copa parece cubierta por
nubes amarillas.
Cada flor mide aproximadamente un
centímetro de diámetro y posee cuatro pétalos desiguales de color amarillo
intenso. La base de los pétalos suele mostrar manchas rojizas o anaranjadas que
actúan como guías para los insectos polinizadores. Ocho estambres sobresalen
claramente de la corola, otorgando a las flores un aspecto ligero y delicado.
La floración suele (quizás
debería escribir “solía”) producirse entre julio y agosto, precisamente cuando
la mayoría de los árboles ornamentales ya han terminado su espectáculo floral.
Esta circunstancia convierte al jabonero chino en una especie especialmente
valiosa para aportar color durante los meses más cálidos, sin olvidar, claro
está, que las flores son visitadas por numerosas abejas y otros insectos
polinizadores.
Los famosos farolillos
Si las flores llaman la atención,
los frutos son aún más singulares. Tras la polinización aparecen unas cápsulas
infladas de forma cónica o triangular de entre cuatro y cinco centímetros de
longitud. Al principio son verdes, pero conforme avanza el verano adquieren
tonalidades rosadas, pajizas y finalmente marrón claro.
Estas cápsulas están formadas por
tres valvas delgadas y papiráceas que recuerdan a pequeños farolillos
orientales suspendidos entre las ramas. De ahí procede uno de sus nombres
populares más extendidos: árbol de los farolillos. En el interior de cada
cápsula se encuentran varias semillas esféricas de color marrón oscuro,
brillantes y muy duras.
Los frutos permanecen durante
buena parte del otoño e incluso durante el invierno, proporcionando interés
ornamental cuando la mayoría de los árboles ya han perdido cualquier atractivo
estacional.
La historia escondida en su
nombre
El nombre científico encierra una
pequeña historia europea. El género Koelreuteria fue dedicado al
botánico alemán Joseph Gottlieb Kölreuter (1733-1806), pionero en el estudio de
la hibridación vegetal y una de las figuras más importantes de la botánica
experimental del siglo XVIII. El epíteto específico paniculata procede
del latín panicula, que significa “panícula” o “racimo ramificado”, en
referencia a sus grandes inflorescencias.
Sus nombres comunes también
tienen una explicación interesante. “Árbol de los farolillos” alude
directamente a sus frutos inflados y translúcidos. “Jabonero chino” hace
referencia a la abundancia de saponinas presentes en toda la planta,
especialmente en las semillas. Las saponinas son compuestos naturales que
producen espuma al mezclarse con agua. Durante siglos se utilizaron como
detergente y limpiador natural, de forma parecida a como se empleaban otras
plantas jaboneras en diferentes partes del mundo.
Uno de los cinco árboles
conmemorativos de China
En China el jabonero posee una
larga historia cultural. Se cultiva desde hace más de tres mil años y
tradicionalmente se incluía entre los llamados “cinco árboles conmemorativos”. Se
plantaban junto a templos, tumbas, academias y edificios importantes como
símbolo de permanencia, memoria y prosperidad. Eran especies asociadas a
acontecimientos relevantes o a personajes dignos de recuerdo, formando parte
del paisaje cultural chino de manera semejante a como los robles o los tilos
han desempeñado funciones simbólicas en Europa.
Las semillas, duras y brillantes,
se utilizaban para fabricar collares, rosarios y objetos decorativos. Las
flores servían para obtener tintes amarillos empleados en tejidos y también
tenían aplicaciones medicinales dentro de la farmacopea tradicional china. Incluso
las hojas llegaron a consumirse durante épocas de escasez alimentaria y
hambrunas, aunque nunca constituyeron un alimento habitual.
Un árbol hermoso pero delicado
A pesar de su resistencia al
calor y a la sequía una vez establecido, el jabonero chino presenta algunas
debilidades.
Su madera es blanda, fibrosa y
relativamente poco duradera. Las ramas viejas pueden romperse con facilidad
durante temporales o bajo cargas excesivas. Tampoco tolera bien las podas
severas. Los grandes cortes cicatrizan mal y favorecen la aparición de
pudriciones internas. Por ello los especialistas recomiendan realizar
únicamente podas ligeras de formación durante los primeros años de vida y
evitar intervenciones drásticas cuando el árbol alcanza la madurez.
Durante los tres o cuatro
primeros años tras la plantación necesita riegos regulares para desarrollar un
sistema radicular profundo. Una vez establecido soporta razonablemente bien los
veranos secos característicos de gran parte de España.
Un aliado para las ciudades
Desde el punto de vista
paisajístico reúne numerosas virtudes. Su brotación rojiza en primavera, la
espectacular floración amarilla estival, los llamativos frutos persistentes y
la coloración otoñal amarilla garantizan interés visual durante gran parte del
año. Además, no presenta problemas significativos relacionados con alergias,
una característica especialmente apreciada en el arbolado urbano moderno.
Puede utilizarse como ejemplar
aislado, formando grupos o en alineaciones de calles pequeñas y medianas. Su
mantenimiento es relativamente bajo y su tolerancia al calor lo convierte en
una excelente opción para jardines mediterráneos.
Quizá no posea la majestuosidad
de un plátano de sombra ni la elegancia perfecta de un tilo. De joven incluso
parece algo desordenado, como si aún estuviera decidiendo qué forma quiere
adoptar. Pero cuando llega julio y la copa se cubre de flores doradas, el
jabonero chino recuerda por qué lleva más de dos siglos conquistando parques y
jardines europeos.
Y mientras sus farolillos
comienzan ya a colgar de las ramas en este verano adelantado, vuelve a cumplir
su antigua función de calendario viviente. Porque mucho antes de que existieran
las aplicaciones meteorológicas, algunos árboles ya nos avisaban de que la
estación había cambiado.