La biodiversidad tiene un
problema de imagen. La palabra aparece en discursos políticos, informes
científicos y documentos internacionales con una frecuencia creciente, pero
sigue sonando abstracta. Para muchos ciudadanos, resulta más fácil imaginar el
cambio climático que la biodiversidad. El primero se traduce en olas de calor,
incendios o inundaciones. La segunda parece esconderse detrás de una definición
académica. Sin embargo, el último
Eurobarómetro especial sobre biodiversidad publicado el 3 de junio por la
Comisión Europea muestra que esa distancia entre concepto y realidad se
está reduciendo. Los europeos no solo han oído hablar cada vez más de
biodiversidad, sino que la consideran una cuestión esencial para su salud, su
economía y su calidad de vida.
La encuesta, realizada entre
febrero y marzo de 2026 a casi 26 500 ciudadanos de los veintisiete Estados
miembros, ofrece una fotografía muy interesante de cómo percibe la población
europea la crisis de la naturaleza. Y la primera conclusión es clara: la
biodiversidad ha dejado de ser un asunto reservado a especialistas. El 83% de
los europeos afirma haber oído hablar del término, frente al 71% registrado en
2018. Más significativo todavía es que el 55% asegura conocer su significado,
catorce puntos más que hace ocho años.
Los países nórdicos encabezan el
nivel de conocimiento. Suecia, Dinamarca y los Países Bajos presentan
porcentajes cercanos a la universalidad. En el extremo opuesto aparecen
Rumanía, Chequia y Letonia, donde todavía una parte importante de la población declara
no haber oído nunca la palabra. El patrón educativo es igualmente revelador:
cuanto mayor es el nivel de formación, mayor es el conocimiento del concepto.
Entre quienes prolongaron sus estudios más allá de los veinte años, siete de
cada diez saben qué significa biodiversidad; entre quienes abandonaron la
educación tempranamente, apenas algo más de una cuarta parte.
Pero el conocimiento del término
es solo el comienzo. Lo verdaderamente interesante es comprobar cómo perciben
los europeos las amenazas que afectan a la naturaleza. Aquí emerge una visión
bastante amplia y sofisticada de los problemas ambientales. La contaminación
del aire, del suelo y del agua aparece como la principal amenaza para la
biodiversidad. El 94% de los encuestados considera que supone un riesgo
importante para la naturaleza. Muy cerca figuran los desastres provocados por
el ser humano, como vertidos de petróleo o accidentes industriales, señalados
por el 92%.
También existe una conciencia muy
extendida sobre el impacto de la transformación del territorio. Nueve de cada
diez europeos consideran que la conversión de espacios naturales en áreas
urbanas, agrícolas o industriales amenaza la biodiversidad. Una proporción
similar señala la fragmentación causada por carreteras, infraestructuras
energéticas o canales de transporte. Estas respuestas sugieren que los
ciudadanos comprenden que la pérdida de biodiversidad no depende únicamente de
la contaminación visible, sino también de cambios acumulativos en el uso del
suelo y en la estructura de los ecosistemas.
El cambio climático ocupa
asimismo una posición central. El 87% considera que representa una amenaza para
la biodiversidad. Aunque este porcentaje sigue siendo extraordinariamente alto,
el informe detecta una ligera disminución respecto a mediciones anteriores,
asociada más a una moderación en la intensidad de la preocupación que a una
pérdida de interés. Dicho de otro modo: los europeos siguen viendo el clima
como un problema fundamental, aunque menos personas utilizan las categorías más
alarmistas para describirlo.
Resulta igualmente llamativo que
actividades tradicionalmente vinculadas al desarrollo económico aparezcan
identificadas como factores de riesgo. El 85% considera que la agricultura
intensiva, la silvicultura intensiva y la sobrepesca dañan la biodiversidad.
Incluso las especies invasoras, un problema menos visible para la opinión
pública, son percibidas como una amenaza por el 77% de los encuestados.
Si las amenazas generan consenso,
las razones para actuar lo hacen todavía más. El Eurobarómetro revela uno de
los niveles de acuerdo más elevados registrados en cualquier encuesta europea
reciente. El 96 % afirma que existe una responsabilidad moral de cuidar la
naturaleza. La biodiversidad aparece así no solo como una cuestión práctica,
sino también ética. La protección de los ecosistemas se percibe como un deber
colectivo.
Muy cerca de esa motivación moral
aparecen razones mucho más tangibles. El 95 % considera que la salud y el
bienestar dependen de la naturaleza. El mismo porcentaje vincula la
biodiversidad con la capacidad de afrontar el cambio climático y con el desarrollo
económico a largo plazo. Además, el 93% reconoce que la producción de
alimentos, materiales y medicamentos depende directamente de la diversidad
biológica.
Estos datos sugieren un cambio
profundo en la percepción social. Durante mucho tiempo, la conservación de la
naturaleza fue presentada como una actividad casi romántica destinada a
proteger paisajes, animales emblemáticos o espacios salvajes. Hoy la mayoría de
los europeos parece contemplarla como una cuestión mucho más pragmática: la
biodiversidad es vista como una infraestructura esencial que sostiene la salud
pública, la economía y la estabilidad climática.
La encuesta también pregunta qué
esperan los ciudadanos de las instituciones europeas. La prioridad más citada
es restaurar ecosistemas degradados y reparar los daños causados por las
actividades humanas. Más de la mitad de los encuestados considera que esta debe
ser la principal línea de actuación de la Unión Europea. La restauración
ecológica aparece incluso por delante de la creación de nuevas áreas
protegidas.
La segunda prioridad consiste en
incorporar la biodiversidad a la planificación de infraestructuras y grandes
inversiones. Es decir, los europeos no solo quieren proteger espacios
concretos, sino que desean que la naturaleza forme parte de las decisiones
económicas desde el principio. También reclaman una mejor aplicación de las
normas ya existentes, una mayor información pública y más investigación
científica sobre las causas y consecuencias de la pérdida de biodiversidad.
A nivel local, el mensaje es
igualmente significativo. Los ciudadanos consideran fundamental que existan
ayudas económicas suficientes para quienes deben aplicar las medidas de
conservación. También reclaman reglas claras para las empresas, participación
de las comunidades locales y un reparto equitativo de los costes y beneficios
asociados a la protección ambiental. La conservación aparece así vinculada a la
idea de justicia y de viabilidad práctica.
Uno de los capítulos más
interesantes del informe se refiere a la red Natura 2000, el gran sistema
europeo de espacios protegidos. Aunque la notoriedad de esta red ha aumentado
desde 2018, todavía existe un importante déficit de conocimiento. Solo el 42%
de los europeos ha oído hablar de Natura 2000, mientras que el 58% sigue sin
conocerla.
Paradójicamente, cuando se
pregunta por las funciones que deberían cumplir las áreas protegidas, el apoyo
es abrumador. El 96% considera que son importantes para evitar la destrucción
de espacios valiosos y el 95% para proteger especies amenazadas. Más del 90 %
cree que contribuyen a garantizar agua limpia, aire limpio, producción
alimentaria, calidad de vida y adaptación al cambio climático. Incluso la idea
de que estas áreas favorecen el desarrollo socioeconómico local obtiene el
respaldo del 87% de los encuestados.
Finalmente, el Eurobarómetro
aborda uno de los conflictos clásicos de la política ambiental: la tensión
entre desarrollo económico y conservación. La respuesta es contundente. Casi la
mitad de los europeos considera que los proyectos económicos que destruyen
espacios protegidos deberían prohibirse. Otro 40% solo los aceptaría cuando
exista un interés público muy importante y siempre que el daño ambiental sea
plenamente compensado. Apenas un 9 % cree que el desarrollo económico debe
prevalecer sobre la conservación de la naturaleza.
En conjunto, el estudio dibuja
una Europa que percibe la biodiversidad como una cuestión estratégica. No se
trata únicamente de proteger especies raras o paisajes pintorescos. Para la
inmensa mayoría de los ciudadanos, la biodiversidad está vinculada a la salud,
la economía, la alimentación, el bienestar y la estabilidad climática. Quizá el
dato más importante no sea ninguno de los porcentajes individuales, sino el
consenso general que emerge de ellos. En una Unión Europea cada vez más diversa
y políticamente fragmentada, pocas cuestiones reúnen niveles de acuerdo
cercanos al noventa por ciento.
La biodiversidad sigue siendo un
concepto complejo. Pero, a juzgar por este Eurobarómetro, cada vez menos
europeos la perciben como una abstracción y cada vez más la entienden como
aquello que realmente es: la red invisible que sostiene la vida cotidiana.
* Resumen basado en el informe Special Eurobarometer 571: Attitudes of Europeans towards biodiversity (2026).
