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miércoles, 3 de junio de 2026

LOS EUROPEOS Y LA BIODIVERSIDAD: UNA PREOCUPACIÓN CADA VEZ MÁS CONSCIENTE*

 

La biodiversidad tiene un problema de imagen. La palabra aparece en discursos políticos, informes científicos y documentos internacionales con una frecuencia creciente, pero sigue sonando abstracta. Para muchos ciudadanos, resulta más fácil imaginar el cambio climático que la biodiversidad. El primero se traduce en olas de calor, incendios o inundaciones. La segunda parece esconderse detrás de una definición académica. Sin embargo, el último Eurobarómetro especial sobre biodiversidad publicado el 3 de junio por la Comisión Europea muestra que esa distancia entre concepto y realidad se está reduciendo. Los europeos no solo han oído hablar cada vez más de biodiversidad, sino que la consideran una cuestión esencial para su salud, su economía y su calidad de vida.

La encuesta, realizada entre febrero y marzo de 2026 a casi 26 500 ciudadanos de los veintisiete Estados miembros, ofrece una fotografía muy interesante de cómo percibe la población europea la crisis de la naturaleza. Y la primera conclusión es clara: la biodiversidad ha dejado de ser un asunto reservado a especialistas. El 83% de los europeos afirma haber oído hablar del término, frente al 71% registrado en 2018. Más significativo todavía es que el 55% asegura conocer su significado, catorce puntos más que hace ocho años.

Los países nórdicos encabezan el nivel de conocimiento. Suecia, Dinamarca y los Países Bajos presentan porcentajes cercanos a la universalidad. En el extremo opuesto aparecen Rumanía, Chequia y Letonia, donde todavía una parte importante de la población declara no haber oído nunca la palabra. El patrón educativo es igualmente revelador: cuanto mayor es el nivel de formación, mayor es el conocimiento del concepto. Entre quienes prolongaron sus estudios más allá de los veinte años, siete de cada diez saben qué significa biodiversidad; entre quienes abandonaron la educación tempranamente, apenas algo más de una cuarta parte.

Pero el conocimiento del término es solo el comienzo. Lo verdaderamente interesante es comprobar cómo perciben los europeos las amenazas que afectan a la naturaleza. Aquí emerge una visión bastante amplia y sofisticada de los problemas ambientales. La contaminación del aire, del suelo y del agua aparece como la principal amenaza para la biodiversidad. El 94% de los encuestados considera que supone un riesgo importante para la naturaleza. Muy cerca figuran los desastres provocados por el ser humano, como vertidos de petróleo o accidentes industriales, señalados por el 92%.

También existe una conciencia muy extendida sobre el impacto de la transformación del territorio. Nueve de cada diez europeos consideran que la conversión de espacios naturales en áreas urbanas, agrícolas o industriales amenaza la biodiversidad. Una proporción similar señala la fragmentación causada por carreteras, infraestructuras energéticas o canales de transporte. Estas respuestas sugieren que los ciudadanos comprenden que la pérdida de biodiversidad no depende únicamente de la contaminación visible, sino también de cambios acumulativos en el uso del suelo y en la estructura de los ecosistemas.

El cambio climático ocupa asimismo una posición central. El 87% considera que representa una amenaza para la biodiversidad. Aunque este porcentaje sigue siendo extraordinariamente alto, el informe detecta una ligera disminución respecto a mediciones anteriores, asociada más a una moderación en la intensidad de la preocupación que a una pérdida de interés. Dicho de otro modo: los europeos siguen viendo el clima como un problema fundamental, aunque menos personas utilizan las categorías más alarmistas para describirlo.

Resulta igualmente llamativo que actividades tradicionalmente vinculadas al desarrollo económico aparezcan identificadas como factores de riesgo. El 85% considera que la agricultura intensiva, la silvicultura intensiva y la sobrepesca dañan la biodiversidad. Incluso las especies invasoras, un problema menos visible para la opinión pública, son percibidas como una amenaza por el 77% de los encuestados.

Si las amenazas generan consenso, las razones para actuar lo hacen todavía más. El Eurobarómetro revela uno de los niveles de acuerdo más elevados registrados en cualquier encuesta europea reciente. El 96 % afirma que existe una responsabilidad moral de cuidar la naturaleza. La biodiversidad aparece así no solo como una cuestión práctica, sino también ética. La protección de los ecosistemas se percibe como un deber colectivo.

Muy cerca de esa motivación moral aparecen razones mucho más tangibles. El 95 % considera que la salud y el bienestar dependen de la naturaleza. El mismo porcentaje vincula la biodiversidad con la capacidad de afrontar el cambio climático y con el desarrollo económico a largo plazo. Además, el 93% reconoce que la producción de alimentos, materiales y medicamentos depende directamente de la diversidad biológica.

Estos datos sugieren un cambio profundo en la percepción social. Durante mucho tiempo, la conservación de la naturaleza fue presentada como una actividad casi romántica destinada a proteger paisajes, animales emblemáticos o espacios salvajes. Hoy la mayoría de los europeos parece contemplarla como una cuestión mucho más pragmática: la biodiversidad es vista como una infraestructura esencial que sostiene la salud pública, la economía y la estabilidad climática.

La encuesta también pregunta qué esperan los ciudadanos de las instituciones europeas. La prioridad más citada es restaurar ecosistemas degradados y reparar los daños causados por las actividades humanas. Más de la mitad de los encuestados considera que esta debe ser la principal línea de actuación de la Unión Europea. La restauración ecológica aparece incluso por delante de la creación de nuevas áreas protegidas.

La segunda prioridad consiste en incorporar la biodiversidad a la planificación de infraestructuras y grandes inversiones. Es decir, los europeos no solo quieren proteger espacios concretos, sino que desean que la naturaleza forme parte de las decisiones económicas desde el principio. También reclaman una mejor aplicación de las normas ya existentes, una mayor información pública y más investigación científica sobre las causas y consecuencias de la pérdida de biodiversidad.

A nivel local, el mensaje es igualmente significativo. Los ciudadanos consideran fundamental que existan ayudas económicas suficientes para quienes deben aplicar las medidas de conservación. También reclaman reglas claras para las empresas, participación de las comunidades locales y un reparto equitativo de los costes y beneficios asociados a la protección ambiental. La conservación aparece así vinculada a la idea de justicia y de viabilidad práctica.

Uno de los capítulos más interesantes del informe se refiere a la red Natura 2000, el gran sistema europeo de espacios protegidos. Aunque la notoriedad de esta red ha aumentado desde 2018, todavía existe un importante déficit de conocimiento. Solo el 42% de los europeos ha oído hablar de Natura 2000, mientras que el 58% sigue sin conocerla.

Paradójicamente, cuando se pregunta por las funciones que deberían cumplir las áreas protegidas, el apoyo es abrumador. El 96% considera que son importantes para evitar la destrucción de espacios valiosos y el 95% para proteger especies amenazadas. Más del 90 % cree que contribuyen a garantizar agua limpia, aire limpio, producción alimentaria, calidad de vida y adaptación al cambio climático. Incluso la idea de que estas áreas favorecen el desarrollo socioeconómico local obtiene el respaldo del 87% de los encuestados.

Finalmente, el Eurobarómetro aborda uno de los conflictos clásicos de la política ambiental: la tensión entre desarrollo económico y conservación. La respuesta es contundente. Casi la mitad de los europeos considera que los proyectos económicos que destruyen espacios protegidos deberían prohibirse. Otro 40% solo los aceptaría cuando exista un interés público muy importante y siempre que el daño ambiental sea plenamente compensado. Apenas un 9 % cree que el desarrollo económico debe prevalecer sobre la conservación de la naturaleza.

En conjunto, el estudio dibuja una Europa que percibe la biodiversidad como una cuestión estratégica. No se trata únicamente de proteger especies raras o paisajes pintorescos. Para la inmensa mayoría de los ciudadanos, la biodiversidad está vinculada a la salud, la economía, la alimentación, el bienestar y la estabilidad climática. Quizá el dato más importante no sea ninguno de los porcentajes individuales, sino el consenso general que emerge de ellos. En una Unión Europea cada vez más diversa y políticamente fragmentada, pocas cuestiones reúnen niveles de acuerdo cercanos al noventa por ciento.

La biodiversidad sigue siendo un concepto complejo. Pero, a juzgar por este Eurobarómetro, cada vez menos europeos la perciben como una abstracción y cada vez más la entienden como aquello que realmente es: la red invisible que sostiene la vida cotidiana.

* Resumen basado en el informe Special Eurobarometer 571: Attitudes of Europeans towards biodiversity (2026).