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jueves, 6 de junio de 2013

La basura, al sumidero

En la entrada anterior, que era la primera parte de este artículo, escribí que una de las manifestaciones más evidentes del cambio global son las alteraciones climáticas producidas por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero desde la era industrial. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU calcula que, si se duplica la concentración de COen la atmósfera del planeta en este siglo, es probable que la superficie de la Tierra se caliente entre 2 y 4,5 ºC. Sin embargo, los expertos advierten que la temperatura del planeta podría aumentar significativamente más de 4,5 ºC, según algunos de los pronósticos. 

Incluso un aumento de la temperatura de “tan sólo” 3 ºC, previsión que algunos científicos califican de bastante conservadora, supondría volver a la temperatura que teníamos en la Tierra hace tres millones de años, en el Plioceno. El mundo de entonces era muy distinto al que conocemos hoy, como podría testimoniar el primer homínido reconocible, el Australopithecus, que apareció en ese período en el que abundaban mastodontes, gonfoterios, gliptodontes y tigres de dientes de sable.

Previsiones, dirá usted. Realidades también. Los efectos del cambio climático en tiempo real están erosionando con gran virulencia a la economía en distintas regiones del planeta. Sólo el coste en daños a la economía estadounidense de los huracanes Katrina, Rita, Ike y Gustav se estima en más de 100.000 millones de dólares. Inundaciones, sequías, incendios voraces, tornados y otros fenómenos meteorológicos extremos han diezmado ecosistemas en todo el mundo, han destruido la producción agrícola y las infraestructuras, han ralentizado la economía global y han ocasionado hambrunas y migraciones de millones de seres humanos.

Las tres grandes alternativas para buscar una verdadera sostenibilidad de la especie humana en el planeta son bien conocidas: 1) reducir la demanda de recursos; 2) desarrollar soluciones tecnológicas que puedan mitigar nuestros impactos; 3) adoptar medidas que, inicialmente, ralenticen el crecimiento demográfico y, eventualmente, lo reviertan. Todo indica que tales medidas correctoras están fallando estrepitosamente, de manera que hay que tomar buena nota de lo que la naturaleza sigue haciendo gratuitamente por el Homo sapiens, tan ocupado en castigarla. Una de esas medidas correctoras naturales son los sumideros, el ejemplo más claro de los servicios que nos prestan los ecosistemas.

Se conoce como sumidero todo sistema o proceso por el que se extrae de la atmósfera un gas o gases y se almacena. Todo el mundo sabe que las plantas emiten CO2 cuando respiran por la noche y lo absorben cuando, a la luz del sol, realizan la fotosíntesis. Las plantas emplean el proceso fotosintético para convertir el CO2 en azúcares, empleando éstos en su metabolismo básico y en la formación de tejidos. Las plantas no sólo ciclan el CO2 sino que, ocultas a la vista, sus raíces son capaces de almacenarlo y retenerlo, disminuyendo así la tasa de acumulación de gas carbónico en la atmósfera. 

En 1992, la preocupación de la comunidad internacional por el cambio climático impulsó la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El objetivo fundamental de la Convención era la “estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático”. Desde esa perspectiva, lo deseable sería el de un mundo con emisiones de CO2 limitadas, de conformidad con la meta internacional de estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero.

Una vez más, el deseo no se corresponde con la realidad. Al actuar con nuestro irracional comportamiento, al mismo tiempo que emitimos gases contaminantes destruimos los ecosistemas naturales, los pulmones que deberían oxigenar el aire y almacenar el CO2, de modo que el desequilibrio se acentúa. Además, casi todos los escenarios del uso de energía mundial prevén un aumento sustancial de las emisiones de CO2 a lo largo de este siglo si no se adoptan medidas específicas para mitigar el cambio climático. También pronostican que el suministro de energía primaria seguirá dominado por los combustibles fósiles hasta, al menos, mediados de siglo. La magnitud de la reducción de emisiones necesaria para estabilizar la concentración atmosférica de CO2 dependerá tanto la línea de base, es decir, del nivel de las emisiones futuras, como del objetivo perseguido para la concentración de CO2 a largo plazo: cuanto más bajo sea el objetivo de estabilización y más altas sean las emisiones de la línea de base, mayor será la reducción de emisiones necesaria. 

El Tercer Informe de Evaluación (TIE) del IPCC establece que, según el escenario que se considere, a lo largo de este siglo habría que evitar las emisiones acumulativas de cientos, o incluso miles, de gigatoneladas (GT) para estabilizar la concentración de CO2 a un nivel de entre 450 y 750 partes por millón (ppm). El TIE también constata que “ninguna opción tecnológica podrá lograr por sí sola las reducciones de emisiones necesarias”. Más bien, se necesitará una combinación de medidas de mitigación para lograr la estabilización. Es aquí donde entra en juego la búsqueda de nuevos sumideros, un conjunto de actuaciones conocidas genéricamente como Captación y Almacenamiento del Carbono (CAC), que propugna el IPCC. Entre ellas destaca el almacenamiento geológico.

El almacenamiento de CO2  en formaciones geológicas profundas en el mar o en la tierra utiliza muchas de las tecnologías desarrolladas por la industria petrolera y del gas y ha demostrado ser económicamente viable en condiciones específicas para los yacimientos de petróleo y gas y las formaciones salinas, pero todavía no para el almacenamiento en capas de carbón inexplotables por hallarse a gran profundidad. Si se inyecta CO2 en formaciones geológicas apropiadas a una profundidad mayor de 800 m, diversos mecanismos de retención físicos y geoquímicos evitan que se desplace hacia la superficie.

Se trata de aprovechar al máximo las propiedades físicas del CO2 y de los cambios que experimenta a presiones extremas bajo tierra, que hacen que se densifique y se comporte más como un líquido que como un gas. Esto significa que se pueden almacenar enormes cantidades de CO2 en un espacio relativamente pequeño, de la misma forma que en un camión cisterna de una capacidad de 40 m3 se pueden almacenar 600 veces más de gas licuado por compresión. La mayor parte de lo almacenado de este modo ocuparía los espacios intersticiales de rocas porosas que quedan atrapadas por una roca superior de muy baja permeabilidad que actúa como una tapadera.

Estos días se dio por finalizado el proyecto CO2SINK financiado por la UE con 8,7 millones de euros, que está a la vanguardia del desarrollo de las tecnologías adecuadas para posibilitar el almacenaje. En un acuífero salino cerca de la ciudad de Ketzin, al oeste de Berlín, se han almacenado 62.000 toneladas de CO2 a una profundidad de más de 600 metros en el período 2008-2012. La tecnología no es novedosa, puesto que la industria del gas y la petrolífera vienen recurriendo al almacenaje subterráneo desde hace años, concretamente desde que descubrieron que inyectar CO2 en los campos petrolíferos mejoraba la extracción de petróleo. Hay más planes de almacenaje geológico en desarrollo y otros para comprobar su evolución que han avanzado considerablemente. 

Parece bueno ¿no? Lo dudo. Seguimos produciendo basura y, como un mal barrendero, no se nos ocurre nada mejor que esconderla debajo de la alfombra, aunque sea la del Mar del Norte. Exactamente lo mismo que se hacía hace cincuenta años, cuando tirar bidones repletos de residuos nucleares en el mar parecía algo tan natural como inocuo. 

¿Qué país se atrevería a hacerlo hoy?

domingo, 12 de mayo de 2013

Malos aires


En el siglo XVII, el químico flamenco Jan Baptist van Helmont observó que cuando se quema carbón en un recipiente cerrado, la masa resultante de la ceniza era mucho menor que la del carbón original. Su interpretación fue que el carbón se había transformado en una sustancia invisible a la que llamó "espíritu salvaje". Van Helmont descubrió así un gas que ha tenido varios nombres (óxido de carbono, gas carbónico y anhídrido carbónico) hasta que finalmente se impuso dióxido de carbono (C02).

En 1996, un grupo de investigadores liderados por el geofísico australiano D. M. Etheridge publicó un artículo en la revista Journal of Geophysical Research que, por primera vez, confirmó lo que ya se intuía: que las actividades humanas incrementaban la concentración de C02 en la atmósfera, un incremento que está contribuyendo a la aceleración del cambio global que experimentamos los dos últimos siglos. 

Los investigadores australianos habían analizado el aire encerrado en tres núcleos de hielo extraídos de Law Dome, en la Antártida. El registro analizado comprendía el aire almacenado entre los años 1006 a. C. y el año 1978 d. C. Por resumirlo brevemente, lo que encontraron fue que las concentraciones más bajas (entre 275-284 partes por millón o ppm) de C02 se registraron en la era preindustrial, es decir, antes de 1800, y que desde entonces las concentraciones atmosféricas del gas que más contribuye al calentamiento global no han cesado de aumentar. 

Gráfico de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre (azul) y la temperatura media global (rojo), en los últimos 1000 años.

Las mediciones más fiables e internacionalmente reconocidas de la concentración de gases en la atmósfera se llevan a cabo mediante sensores situados en la cima del Mauna Loa, el volcán de la isla más grande de Hawai, cuyo observatorio ha sido durante años el punto de referencia en el estudio de la evolución de estas emisiones. Los dispositivos de Hawai llevan medio siglo tomando muestras de aire limpio y fresco que ha circulado en el océano Pacífico a miles de kilómetros de la costa y de las grandes ciudades. La primera vez que se detectaron más de 400 ppm de C02 fue el año pasado, en el Ártico, cuando también se superó el nivel en lecturas realizadas cada hora en Mauna Loa, pero la lectura media todavía no había superado dicho nivel a lo largo de un día entero. Eso es justamente lo que ocurrió en la primera semana de mayo, cuando llegó a una media diaria superior a 400 y alcanzó niveles nunca vistos en la Tierra en millones de años, toda una demostración de que los esfuerzos para controlar las emisiones provocadas por la actividad humana han fallado estrepitosamente.

Sin el carbono (C) y sin su derivado químico el C02 no podríamos vivir. El carbono es un elemento notable por varias razones. Más allá de algunos datos paradójicos, como que se presenta en la naturaleza en forma de una de las sustancias más blandas (el grafito) y a la vez más duras (diamante), y como uno de los materiales más baratos (carbón) y a la vez más caros (diamante), lo más interesante del carbono es su capacidad de enlazarse químicamente con otros átomos pequeños, incluyendo otros átomos de carbono con los que puede formar largas cadenas. Así, con el oxígeno forma el dióxido de carbono, vital para el crecimiento de las plantas; combinado con oxígeno e hidrógeno forma gran variedad de compuestos orgánicos esenciales para la vida. La química de la vida, la bioquímica, es esencialmente la química del carbono.

Afortunadamente, carbono no nos falta. Antes de marearlos con las cifras, les diré que como unidad de medida utilizaré la gigatonelada (GT), que equivale a mil millones de toneladas. Los océanos contienen 37.400 GT de carbono en suspensión y la biomasa terrestre, lo que nos incluye a usted, lector, y a mí, entre 2.000-3.000 GT. En la atmósfera hay 750 GT de carbono, principalmente en forma C02  Por tanto, la atmósfera es el almacén de carbono más pequeño y, precisamente por eso, reacciona de forma más sensible a los cambios. Por el contrario, la atmósfera tiene el mayor porcentaje de intercambio de carbono a causa de procesos bioquímicos. El consumo de vegetación por animales y microbios libera a la atmósfera unas 220 GT de C02 al año. La respiración de las plantas terrestres emite unas 220 GT. Los océanos liberan unas 332 GT. En total, las actividades biológicas (entre otras las nuestras) suponen la liberación a la atmósfera de unas 800 GT de C02/año en números redondos.

Cuando les diga la aportación de las actividades humanas (excluidas las estrictamente naturales, como respirar) al contenido de C02 en la atmósfera, les parecerá ridícula. Nuestras emisiones “artificiales” de C02 proceden, principalmente, de la quema de combustibles fósiles, tanto en grandes unidades de combustión –por ejemplo, las utilizadas para la generación de energía eléctrica– como en fuentes menores, por ejemplo, los motores de los automóviles y las calefacciones. Las emisiones de C02 también se originan en ciertos procesos industriales, con la producción de cemento a la cabeza, y de extracción de recursos como petróleo, minería o refinerías, así como en la quema de bosques que todavía se lleva a cabo para el desmonte en algunos países en vías de desarrollo. Sumándolas todas a escala mundial, ascendieron a un total aproximado de 29 GT/año. La cifra, habitualmente (y maniqueamente) utilizada por los que dudan del cambio climático, que la consideran “despreciable” dado que las emisiones de origen humano son mucho menores que las emisiones naturales, es engañosa. 

Y es que los océanos, la tierra y la atmósfera intercambian C02 continuamente y, por eso, las emisiones naturales se compensan con los sumideros naturales (de nuevo por los océanos y la vegetación). Las plantas terrestres absorben al año unas 450 GT y el océano unas 338. El balance mantiene los niveles atmosféricos de C02 en un equilibro natural que descompensan por completo las emisiones artificiales humanas, aunque puedan parecernos increíblemente pequeñas. 

Alrededor del cuarenta por ciento de las emisiones humanas son absorbidas fundamentalmente por la vegetación y los océanos. El resto permanece en la atmósfera. Como consecuencia de ello, el C02 atmosférico está en su nivel más alto en los últimos quince a veinte millones de años. Las concentraciones atmosféricas de C02 oscilan de forma natural, pero mientras que un cambio natural de 100 ppm en las concentraciones atmosféricas normalmente requiere un período de entre 5.000 y 20.000 años, el reciente aumento de 100 ppm ha tenido lugar en tan sólo 120 años, porque un pequeño cambio en el balance entre océanos y aire provoca un aumento mucho más fuerte del que podríamos producir nosotros solos.

Una confirmación adicional de que el incremento se debe a la actividad humana procede del estudio de la relación entre los isótopos del carbono, que tienen un diferente número de neutrones. El C-12 posee seis neutrones y el C-13 siete. La proporción C13/C12 es menor en las plantas que en la atmósfera, de modo que si el aumento de C02 atmosférico procediera de los combustibles fósiles, el ratio C-13/C-12 debería estar disminuyendo. Cuando tenga este artículo entre sus manos, habrán pasado justamente diez años desde que el 20 de mayo 2003 los editores de la revista International Journal of Mass Spectrometry dieron luz verde a un artículo firmado por Prosenjit Ghosh y Willi A. Brand, investigadores alemanes del instituto Max-Planck de Biogeoquímica, que demostraba precisamente eso: que la relación C-13/C-12 estaba disminuyendo, una prueba más de nuestra desastrosa contribución al cambio global que nos amenaza.

Las dos palabras claves con respecto al C02 son fuente (emisiones) y sumidero (captación). Me ocuparé de ellas en otra entrada.

domingo, 28 de abril de 2013

A hombros de gigantes: de Hasenöhrl a Einstein


Hemos sabido estos días que la famosa ecuación E=mc², en la que E representa la energía, m la masa y el cuadrado de la velocidad de la luz, no se le ocurrió a Einstein en solitario. Decía Bernardo de Chartres que «somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por alguna distinción física nuestra, sino porque somos levantados por su gran altura». La frase fue retomada por Luis Vives y llegó a los científicos del siglo XVII, quienes, como Isaac Newton, que la reprodujo casi literalmente en una carta enviada a Robert Hooke, no tuvieron empacho en reconocer que sus logros se levantaban sobre la obra de sus predecesores. 

Según el filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, el progreso científico se produce cuando un paradigma cambia, lo que a su vez depende de las circunstancias culturales e históricas en que se encuentran los grupos de científicos. Dicho de otra forma, tal y como sucede con la evolución de las especies, la ciencia avanza a pasos, no a saltos. A pesar del empeño en construir una épica en la que las ideas, las teorías o los descubrimientos científicos son como un relámpago que ilumina súbitamente las tinieblas de la ignorancia, la cosa no funciona así. Una buena hipótesis, una teoría consolidada o un gran hallazgo de la ciencia no son chispas que prenden súbitamente una hoguera; son, con absoluta seguridad, un ascua desprendida de una lumbre que ya habían alimentado otros. Ni siquiera el gran Einstein escapa a la norma. 

Hagamos un poco de historia. En 1875, a un inteligente joven alemán llamado Max Planck -quizás el científico que haya tenido una vida personal más desgraciada- que dudaba acerca de si debía dedicarse a las matemáticas o a la física, le aconsejaron que no eligiera la física porque en ella ya estaba todo descubierto. No hizo caso: años después revolucionó la física con su teoría cuántica que le valió el premio Nobel en 1918. El trabajo de Planck fue uno más de los que marcaron el camino del cambio conceptual que experimentó esa disciplina en los albores del siglo XX cuando la macrofísica, que estaba basada en contar y medir objetos -y cuando hablo de objetos me refiero a una simple esfera o a la Tierra-, empezaba a ser parte de la historia, mientras que la nanofísica de las partículas comenzaba a despuntar y exigía una nueva concepción de la ciencia que fuera capaz de escudriñar en una escala en la que los objetos, que ya no eran aprensibles, se reducían a ecuaciones incomprensibles para los físicos que se aferraban al pasado, y en la que los acontecimientos se sucedían a velocidad de vértigo. 

En realidad, cuando Planck hizo oídos sordos a sus mentores, el mundo estaba a punto de entrar en un siglo en el que nadie entendería todo y muchos no entenderían nada. Del metro de platino iridiado, del principio de Arquímedes y del péndulo de Foucault, que los maestros enseñaban sin mayor dificultad en las escuelas de primaria, se pasó a un universo inaprensible dominado por quantos, espines, protones, neutrones, quarzs, neutrinos, bosones y fermiones, que nadie podía ver pese a que cabían en una cuartilla y que parecían surgidos de la calenturienta mente de un escritor de ciencia ficción. Mientras que en España se fraguaba la crisis del 98, se estaban abriendo las puertas de la moderna física de partículas, la física cuántica, con descubrimientos tales como los rayos X (Roentgen, 1895), la radiactividad (Becquerel, 1896), los electrones (Thomson, 1897), el radio (Curie, 1898), los cuantos (Planck, 1900) y la ley de desintegración radiactiva (Rutherford y Soddy, 1902). Y entonces llegó Albert Einstein, aparentemente surgido de la nada, porque nada era, al menos para los físicos, lo que quedaba fuera de sus propios círculos.

Corría el año 1905 cuando la revista alemana Annalen del Physik publicó una serie de cinco artículos de un desconocido llamado Albert Einstein, que no tenía ningún vínculo con el mundo académico ni con el circuito de los grandes laboratorios de investigación y, si en algo se acercaba a la innovación, era desde su modesto puesto de administrativo de tercera clase en la Oficina de Patentes de Berna, un trabajo poco envidiable de burócrata que, en palabras de José Manuel Sánchez Ron (El poder de la ciencia), le ocupaba «seis días a la semana, ocho horas cada día». Eso no impidió que de esos cinco artículos tres figuren entre los más importantes de la historia de la física. 

El más famoso de todos ellos es uno en el que esbozaba la teoría de la relatividad, aunque el que le valió el premio Nobel no fuera ese sino el primero de la serie (Sobre un punto de vista heurístico relativo a la producción y transformación de la luz), en el que analizaba el efecto fotoeléctrico por medio de la recién aparecida teoría cuántica de Planck, lo que le permitía explicar la naturaleza de la luz. Sin embargo, el tercero (Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento) cambiaría el mundo cuando el propio Einstein, al que le habían pasado inadvertidas las implicaciones de ese artículo, las refrendó en otro (¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido energético?), que apenas servía para llenar tres páginas del número 18 de Annalen del Physik, en el que, entre un jeroglífico de ecuaciones diferenciales cuyo descifre parecía reclamar una nueva e imposible piedra de Rosetta, dejaba asentada la teoría de la relatividad especial en un sólo párrafo: «La masa de un cuerpo es una medida de su contenido energético; si la energía cambia un valor L, entonces la masa varía en el mismo sentido un valor L/9.1020». 

Había que ser algo más que un común mortal para entender aquello, pero el asombrado mundo de la física avanzada tomó buena nota de las implicaciones de aquel párrafo, porque la ya famosa equivalencia entre la masa y la energía resultaba fundamental para comprender las emisiones que tienen lugar en los procesos radioactivos y serviría de apoyo para investigaciones posteriores que conducirían, por ejemplo, a la moderna tecnología nuclear. Después de Planck e Einstein, la física no volvería a ser nunca igual.

En un artículo publicado el pasado mes de marzo en The European Physical Journal (38: 261-278), los investigadores norteamericanos Stephen Boughn, del Haverford College de Pensilvania, y Tony Rothman, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, han reivindicado el papel del físico austriaco Friedrich Hasenöhrl en el establecimiento de la equivalencia entre la energía de una cantidad de materia y su masa. De acuerdo con lo que decía Kuhn, ambos investigadores sostienen que la noción de que masa y energía están relacionadas ni se originó sólo con Hasenöhrl ni apareció repentinamente en 1905, cuando Einstein publicó su famoso artículo sobre la cuestión. Ambos caminaban a hombros de otros dos gigantes, el matemático francés Henry Poincaré y el físico alemán Max Abraham, que ya habían mostrado la existencia de una masa inercial asociada a la energía electromagnética. 

De otros gigantes sobre cuyos hombros ha ido avanzando la humanidad, desde Herodoto a Schmith, se ocupa un libro, Los descubridores, del historiador de la ciencia y director de la Biblioteca del Congreso de Washington, Daniel J. Boorstin, en el que uno aprende que no hay generación espontánea y que la soledad en la ciencia es un esfuerzo inútil que acaba por conducir a la melancolía.

miércoles, 24 de abril de 2013

El hombre de la pajarita y las preferentes de Guindos


A Antonio Hurtado, economista y diputado del PSOE por Córdoba, le gusta usar pajarita. El tercer jueves de abril, cuando el hombre de la pajarita subió a la tribuna de oradores, el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, mantenía el dominio de la situación y parecía tranquilo. No esperaba que el hombre de la pajarita, portavoz adjunto en la Comisión de Economía, fuese tan peligroso. Pero lo era. Hurtado desveló que cuando el ahora ministro De Guindos era presidente-ejecutivo de Lehman Brothers, es decir, cuando mandaba en el banco que desató la actual crisis tras envenenar al mundo con hipotecas basura, vendió una gran cantidad de participaciones preferentes a muchos ahorradores estafados, algunos de los cuales seguían el debate desde el palco de invitados. El ministro frunció el entrecejo y elevó el tono en la réplica, pero no pudo desmentir a Hurtado. La estafa de las preferentes afecta a más de 100.000 personas en toda España.

Dijo el economista Hurtado: “He estado revisando unas veinte sentencias judiciales favorables a estas personas (los ahorradores engañados). Nunca con la intención de encontrarme con lo que me he encontrado y que creo que debe conocer la Cámara, porque para mí ha sido una sorpresa, desde la más absoluta sinceridad. De las veinte que he visto, me he encontrado que un tercio de ellas corresponde a la comercialización de preferentes de Lehman Brothers. Participaciones comercializadas a través de otras entidades, emitidas por Lehman Brothers, y comercializadas durante los años 2006 a 2008, siendo usted presidente ejecutivo de esa entidad (quebrada) en España y Portugal. ¿Qué le quiero decir con esto? Que usted no está legitimado para hablar de herencia, porque usted ha sido parte del sistema financiero, parte de los causantes”.

No terminó ahí la acusación, porque Hurtado recordó que De Guindos amplió en 2003, cuando ejercía de secretario de Economía del último gobierno de Aznar, las desgravaciones fiscales para que se emitiesen muchísimas más preferentes, en contra de las advertencias del Banco de España. “¿Ha leído usted el último informe del Defensor del Pueblo? El Informe dice que en 2002, siendo usted secretario de Estado de Economía, el Banco de España advirtió que las participaciones preferentes tenían un peso muy elevado en los recursos bancarios y señaló que la comercialización estaba siendo inadecuada. Ese informe le llegó a usted, pero en 2003 adoptó una medida, no para evitar lo que le estaba informando el Banco de España, sino, justamente, lo contrario: ampliar las desgravaciones fiscales para que se emitiesen muchísimas más preferentes”.

Al ministro se le atragantó el sapo. En la réplica, Hurtado se interesó por las buenas prácticas de De Guindos y le preguntó si siendo presidente ejecutivo de Lehman Brothers había avisado a las entidades que comercializaban sus preferentes de que la entidad iba a quebrar, y si él había perdido dinero en ese producto bancario. Unas preguntas molestas que tampoco merecieron la respuesta del ministro, cuyo objetivo fue presentar el decreto gubernamental para que una comisión de arbitraje examine, caso por caso, los depósitos de los ahorradores en participaciones preferentes y determine si les devuelven el dinero o solo una parte.

Los afectados que asistían al debate no pudieron contenerse y estallaron en gritos de protesta–“¡Queremos nuestro dinero!”–, lo que obligó al presidente Jesús Posada a ordenar a los ujieres y policías que los desalojaran. Pese a la aparente tranquilidad del ministro, muchos periodistas saben que los “escraches” de los estafados por el sistema financiero rescatado por Bruselas le molestan muchísimo. El martes pasado, un grupo de “preferentistas” le esperó a las 9 de la mañana ante el Hotel Ritz para manifestar su protesta. Después, los escoltas del ministro se emplearon a fondo en revisar los bolsos de las periodistas y en exigir el carné de identidad a los informadores en una sala del interior del hotel desde la que seguían su intervención y la de su colega de Agricultura, Miguel Arias Cañete, en un “desayuno informativo”, no fuera a ser que hubiera escrachadores entre ellos.

Las cuentas de Rajoy duran menos que las duchas de Cañete


Abandonando por una vez la tele de plasma, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, obligado a dar una rueda de prensa junto al primer ministro de la República Eslovaca, ha anunciado nuevos recortes en el Consejo de Ministros del próximo viernes. Además, ha tenido que reconocer lo que todos los analistas afirmaban desde hace meses: sus previsiones económicas no han aguantado ni un trimestre, y ahora toca reconocer la verdad y ´ennegrecer el panorama´. Además, sus ministros económicos se han sumado a la ceremonia de la confusión. PP en estado puro.

La Unión Europea no ha tragado con las mentiras y maquillajes de las cuentas preparadas por el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. El Banco de España, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el Banco Central Europeo, una pléyade de instituciones financieras y el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, eso sí, para la prensa extranjera, han reconocido que 2013 será otro año perdido. El paro, el déficit y la deuda siguen creciendo imparables. La caída del PIB, estimulada por los recortes del PP, esa “errónea medicina que está matando al paciente” como no se cansan de repetir desde la oposición hasta el FMI, todos salvo  la canciller alemana Angela Merkel, será el triple de la estimada.

Pero nada de eso es achacable, según Rajoy, a la gestión de su ejecutivo. El simplemente pasaba por allí: "España no ha hecho nada distinto a lo que ha hecho en otras ocasiones y (lo que han hecho) otros países", ha subrayado el presidente, para quien el cambio de previsiones es "lógico", porque la economía está sujeta a muchos cambios y circunstancias, ha ¿explicado? Rajoy.


De este modo, los presupuestos del PP y el cuadro macroeconómico que los acompaña y justifica, ha durado menos casi que los yogures, cuya fecha de caducidad ha ampliado generosamente el ministro del ramo, Miguel Arias Cañete. Toda una “ducha fría” para el Gobierno, como las que, por cierto, el ministro Cañete recomienda a los españoles para ahorrar.

Según el presidente, que hasta prácticamente ayer negaba la evidencia, España no hará nada "diferente" a lo que han tenido que hacer los diferentes organismos económicos y la "inmensa mayoría" de los países de la UE por el cambio en el escenario económico europeo. De hecho, ha asegurado que las rebajas en las previsiones de algunos países vecinos serán mayores que las de España. Gran ‘consuelo’, que aún falta por ver si será verdad.

La respuesta que prepara para el viernes será la contraria de la que se han empeñado en hacer creer los días pasados los diferentes portavoces del Gobierno: más recortes. Rajoy, quizás porque a tres días vista no lo sepa, quizás porque quiera seguir pretendiendo ocultar sus intenciones, no ha dado detalles de los nuevos hachazos que colará en el Consejo. Tan sólo ha apuntado que  los recortes “afectarán a algunas partidas presupuestarias”. "Es probable alguno en alguna partida presupuestaria", ha dicho Rajoy en una rueda de prensa junto al primer ministro de la República Eslovaca, Robert Fico. Una vez más el presidente ha vestido de solemnidad una obviedad digna de Don Tancredo: obviamente, los recortes se producirán en partidas presupuestarias. Es difícil, ‘lo que viene siendo imposible’, recortar gasto de otro sitio que no sean los presupuestos.

Además, Rajoy ha sacado su vena de estadista para reconocer que “a nadie le gusta hacer recortes”. Para redondear la jugada, se ha empeñado en transmitir a la opinión pública que “no quiere subir impuestos como el IVA o el IRPF este año”… para completar la frase afirmando que todo dependerá del crecimiento económico (nulo este año) y la reducción del déficit (que el viernes reconocerá que se va a disparar). Por tanto, la única duda que cabe a los analistas es cuándo se disipará esta última cortina de humo del PP y el Gobierno impondrá nuevas subidas de impuestos.

Finalmente, y para que no falte ningún ingrediente en los tradicionales ‘bailes de la yenka’ que anteceden la acción de las podadoras del PP, los ministros económicos del Gobierno, Cristóbal Montoro y Luis de Guindos, como un solo hombre pero con dos voces muy diferenciadas, se han lanzado con entusiasmo a corregir, matizar, desmentir, las palabras de su supuesto jefe de filas y, por supuesto las de su ilustre colega. Mientras Montoro insiste en el trágala de que el Consejo del viernes no tendrá recortes, sino “medidas de dinamización de la economía”, Luis de Guindos avisa de recortes “sin concretar” dependiendo de la evolución de la situación económica de España. Osea, que no tiene ni idea.

Por su parte, la ministra del desempleo, Fátima Báñez, con más de 6 millones de parados a sus espaldas, anuncia por libre que entre los recortes figurarán la reducción de los fondos para las políticas activas de empleo, con la peregrina argumentación de que no por gastar se va a crear empleo. Efectivamente, quizás sería más efectivo un cambio de Gobierno, pero para eso todavía falta un tiempo.

domingo, 7 de abril de 2013

A chorro tieso (dedicado al ministro Wert)


Los sucesos ocurrieron en Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, Almería, el año de Gracia de 1734, trigésimo cuarto del reinado de Felipe V de Borbón, rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Milán y soberano de los Países Bajos. Tal y como lo he leído, ortografía incluida, transcribo un añejo expediente municipal. Recoge un trágico suceso que podría ocurrir perfectamente en nuestros días si se continúa con las políticas de atentar contra lo público que fomentan políticos a los que la educación se la trae al pairo. 

15 de marzo, don Zenón, maestro de primeras letras, escribe al señor alcalde: “Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el tejado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho. En fin, señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su muy seguro servidor. Dios guarde a Vd muchos años”. 

Ocho meses después, el 28 de noviembre, el señor alcalde, don Bartolomé Zancajo y Zancajo, se digna contestar al oficio del maestro: "Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle. Es cosa rara que los agentes de mi autoridad no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, pues según me informa el Tio Sarmiento no hará sesenta años que se puso, y no creo una vez dadas esas explicaciones, que no tengo por qué, paso a decirle que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a lo de los papeles que se le mojan y el reúma que se le avecina, pueda muy bien guardárselos, aquéllos en el cajón o en casa, y éste yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estos días alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso. Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los 500 reales de su sueldo. Dios guarde a Vd muchos años.

Al día siguiente, responde don Zenón: "Tengo el honor de acusar recibo a su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior, Sr. Alcalde, hace unos ocho meses, pasaron las lluvias del invierno; y yo siempre mirando la viga, con la inquietud consiguiente: ¿caerá?, ¿no caerá? Y así un día y otro, como el en vez de una viga fuera una margarita. Si Vd. no cree lo que le estoy diciendo, puede mandar dos personas peritas, o venir Vd. mismo dando un paseito, si no le cuesta mucha molestia, que yo no le engaño, mas para darle una idea del estado de mi clase me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y de lo del sueldo, no creo que se atreva a tocar los quinientos reales, porque ya sabe Vd. lo que dice el refrán "Al cajón ni..."En fin, Sr. Alcalde, Dios le guarde muchos años de los efectos de la viga.

El alcalde Zancajo se toma casi un año para responder. El 15 de octubre de 1735 manda oficio a don Zenón: “Acuso recibo de su oficío del 29 de noviembre del pasado año y me parece excesiva tanta machaconería, en el asunto de la viga. Sepa el Sr. Maestro, que si no le conviene la escuela puede píllar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace. ¿Qué le importa a estas gentes, ni a nadie, dónde está Marte, ni las vueltas que da la luna, ni que cuatro por seis son veintisiete ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas? Para coger un mancaje basta y sobra con tener fuerzas para ello. No obstante, como soy amante de la curtura y no que digan que he echao al Maestro y que no lo trato, como se debe, nombraré una comisión que informe sobre el asunto de la viga, y si resulta que Vd. me ha engañao, sa caido. Dios guarde a V. muchos años.

El alcalde recaba informe técnico a los peritos y asesoría jurídica al escribano municipal. Transcribo ambos firmados el 15 de mayo de 1736. Informe de los doctos peritos: "Antonio Fuentes Barranco y Juan González, maestros Albañiles graduados de la villa de Ohanes de la Alpuxarra, INFORMAN: Que personados en el sitio denominado u llamado, sea con perdón, la Escuela de este lugar, a las doce de mañana del día 15 de mayo de 1736, acompañados por el Escribano de este Ayuntamiento, y mandados por el Sr Alcalde, opinamos, pensamos, que la viga que ocupa el centro de la clase, aula o sala, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se haya movido, sólo que ha bajao cosa de diez o doce deos, sólo caer, pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que coja dentro. Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, tiene que crujir antes de pegar el golpazo dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho, todo lo cual, y puesta la mano en el corazón y en conciencia, decimos, que el peligro que ofrece la aludida viga es un peligro leve, o sea de poca trascendencia. Todo lo cual firmamos y no sellamos, por no tener sello en Ohanes a la fecha arriba indicada”.

El asesor jurídico, Don Celedonío González-García, lo tiene claro: "DIGO, declaro y doy fe, de cuanto en esta información del Maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr Alcalde, o sea al segundo, está partida en el techo de su clase. Mi informe imparcial, desapasionado y verídico, como corresponde a mi profesión, es el siguiente: Si la viga cae y amenaza peligro, puede ocurrir: a) que mate al maestro, en cuyo caso esta corporación se ahorraría los quinientos reales que se le pagan; b) que matase a los niños y no al maestro, en cuyo caso sobraría el maestro; c) que matase a los niños y al maestro, ocurriendo en este caso como suele decirse, que se mataban dos pájaros de un tiro; d) que no matase a nadie, en cuyo caso supuesto no hay porque alarmarse. Examinados en derecho las causas y efectos que anteceden, emito este informe, honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia”.

El expediente se cierra en 1740: "Yo, don Joseph Sancho Mengíbar, Cronista ofícial de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo, para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo. El día catorce de octubre, del año de Nuestro Señor Jesucristo de míl setecientos cuarenta, siendo Alcalde de esta villa don Bartolomé Zancajo y Zancajo, y siendo las doce de su mañana, se hundió el techo del salón de la Escuela de esta localidad, pereciendo en el siniestro, el señor Maestro de primeras letras, don Zenón [ilegible]  Marín y los catorce niños que en aquellos momentos daban su clase. Después de laboriosos trabajos, fueron extraídos de entre los escombros, los restos de las víctimas y trasladados al Depósito del Cementerio Municipal, acompañados del pueblo en masa, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que todos, más o menos directamente, les alcanzaba, dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura.

Abierto el oportuno expediente, se ha podido comprobar que por parte de la Autoridad competente se tomaban periódicamente todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del sagrado recinto; y como prueba concluyente, se presentó un Expediente, incoado al efecto, en que dos peritos albañiles y el Ilustre Escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local, en fecha muy próxima al suceso, ya que los informes datan del día 15 de mayo de 1736; quedando plenamente demostrado que únicamente un accidente fortuito fue el responsable del hundimiento a que hemos hecho referencia. Y para que quede constancia, lo redacto y lo firmo en Ohanes de las Alpuxarras a quince de diciembre de mil setecientos cuarenta".

España. País que pereció por incapacidad de su clase política y por apatía de su población. Descanse en paz.

A nuestro establishment no le gusta el escrache


FIRMA INVITADA
Mi buen amigo Agustín Baeza, economista y consultor, ha tenido la amabilidad de autorizarme a publicar esta entrada que apareció el pasado tres de abril en "nuevatribuna.es".

Los españoles siempre hemos sido un poco exagerados, tanto para lo bueno como para lo malo. Reconozcámoslo. Dicen que pasamos en apenas un lustro de no tener cajeros automáticos en las calles a tener más cajeros per cápita que cualquier país europeo. A pesar de la crisis y la reducción drástica del consumo somos uno de los países del mundo con mayor penetración de los Smart Phones. Y recién acabada la Semana Santa uno comprueba que el personal patrio es capaz de gastarse lo que no tiene en túnicas, capirotes y demás abalorios propios de estas celebraciones. Hasta el New York Times “critica el lujo de la Semana Santa” y sus reporteros se llevan las manos a la cabeza por semejante contradicción sólo comprensible por estas latitudes.

También somos expertos en conjugar nuevas palabras a la velocidad de un rayo. Es el caso del escrache. Hace dos meses no creo que hubiera más de veinte personas en España que conociera su significado (y todas ellas, claro está, habrían vivido al menos una temporada en Argentina). Sin embargo, hoy el escrache forma parte de tertulias televisivas, conversaciones informales, análisis de politólogos y sesudos artículos de opinión. Este artículo es una demostración de ello. De repente nos hemos convertido en expertos mundiales en escrache, y nos lanzamos a debatir sobre ello sin complejos. ¿Es esto una nueva demostración de nuestra demostrada capacidad para la exageración de la que hablaba anteriormente? Me temo que no, dejando atrás la ironía creo que estamos ante la enésima prueba del enorme poder del establishment para imponer los debates que más le convienen.

Vayamos por partes. Todo surge a raíz de una denuncia del Sr. González Pons en la que argumenta que la PAH “ha violentado su domicilio”. A partir de ahí portavoces, voceros, medios de comunicación y todas las “personas de bien” se lanzan a degüello contra la PAH y su portavoz Ada Colau. Les han llamado de todo, desde filoetarras hasta fascistas. Aunque en mi humilde opinión si te topas por la calle con un grupo de la PAH camino de una acción de denuncia más parecen un grupo lúdico que van a jugar al parchís con sus carteles de colorines que un comando con fines violentos. Pero en fin, dicen que la vista es un sentido que a veces engaña.

A continuación el Ministerio del Interior da orden de que se identifique y en caso de resistencia detenga a quienes protagonicen un escrache. Una orden criticada por asociaciones de policías y de jueces que tienen más claro que el Gobierno la diferencia entre una protesta ciudadana pacífica (aunque duela y escueza a quien la sufre) y un delito.  ¿Por qué el gobierno, los principales medios de comunicación y amplios sectores de la sociedad y la política demonizan el escrache?

En primer lugar porque así consiguen desviar la atención sobre el asunto de fondo que es la lucha desde hace cuatro años de una plataforma ciudadana plural para hacer frente al drama social de los desahucios. Una lucha desigual porque se enfrentan no ya al gobierno de turno, sino al poder financiero y económico que no está dispuesto a que se modifique un ápice la legislación hipotecaria a pesar de que recientemente el Tribunal de Luxemburgo la ha declarado ilegal y abusiva.

En segundo lugar porque en ausencia de una oposición real, se han dado cuenta de que la verdadera oposición al gobierno está en la calle. Desnortado el PSOE, sin la fortaleza necesaria para hacerles daño en los partidos minoritarios y desaparecidos los agentes sociales tradicionales de la esfera pública, la oposición al gobierno está en las calles y la protagonizan miles de personas con acciones reales, coordinadas por plataformas como la PAH. Y por ello es necesario sacar toda la artillería contra ella. No basta solo con tumbar la ILP en el Parlamento, que lo harán. Deben acabar con toda resistencia utilizando de manera coercitiva todos los poderes del Estado.

En esta labor de destrucción de la reputación de la PAH les favorece y mucho que, a diferencia de otros movimientos como el 15-M, haya una persona visible contra la que descargar toda la furia del poder que se ve amenazado e interpelado. Aunque, Ada Colau una y otra vez reitera su condición de mera portavoz de la PAH y en ningún caso se presenta como líder, está sirviendo como pararrayos de las embestidas mediáticas y políticas de muchos a los que les viene muy mal que a estas alturas los ciudadanos se organicen, se autoconvoquen y consigan reunir un millón y medio de firmas para presentar una ILP. Y además que lo hagan ellos por su cuenta.  Pero ¿cómo osan hacer eso? ¿Es que acaso no votan ya a sus partidos? ¡Pues déjennos a nosotros resolver estas cosas como siempre se ha hecho!

Pese al escándalo que produce en el establishment y en las “personas de bien”, el escrache argentino no es un fichaje de la PAH para sus nuevas acciones reivindicativas. La denuncia directa, cara a cara, del ciudadano que se siente infrarrepresentado, engañado o estafado por parte de sus representantes es una constante en nuestro país. Que se lo digan si no a las decenas de miles de concejales o a los miles de Alcaldes que son interpelados en el bar, a la puerta de su casa o en el hipermercado cuando hacen la compra el fin de semana. Por tanto, no es verdad que estén preocupados por lo que ellos denominan “acoso a los políticos”, están preocupados, y mucho, por el liderazgo y el enorme apoyo social de la PAH.

A pesar de que nos la quieran vender como una turba enfurecida armada con pegatinas verdes que está dispuesta a ejercitar la violencia contra los políticos en sus espacios privados, lo que está pasando es lisa y llanamente que la gente se ha hartado. Se ha hartado de que los poderosos siempre se salgan con la suya. De que los poderes financieros sean los que realmente impongan leyes y legislaciones. De que sus representantes les engañen. De que les prometan una cosa y hagan lo contrario.

Y sobre todo, han decidido arremangarse y ponerse manos a la obra. Deberíamos verlo como algo positivo. Una ola de indignación canalizada en energía positiva. La rabia convertida en pegatinas verdes. La desilusión transformada en activismo social, impulsado desde la base, horizontal, donde no existen jerarquías. Con participación activa y protagonismo de las personas afectadas. Y con las redes sociales y las nuevas tecnologías como grandes aliadas que amplifican en el tiempo y en el espacio sus reivindicaciones. Una nueva sociedad que emerge frente a un viejo sistema institucional que no da respuestas.

Frente al ejercicio de ciudadanía crítica y reivindicativa, pero pacífica y propositiva, tenemos un establishment bien pensante surgido del régimen de la Transición sumido en una institucionalidad esclerótica y paralizante. Incluso sorprende ver a líderes y periodistas que defienden el fondo pero critican la forma, incapaces de librarse de los efluvios narcotizantes de un régimen en decadencia. Un poder que sabe que el éxito de la PAH y de otras plataformas ciudadanas puede significar su defunción definitiva. Por ello no dudarán en utilizar todas las armas a su alcance para frenar a la nueva ciudadanía que no quiere ser convidada de piedra en esta “democracia zombie”, tal y como la ha llamado el politólogo Simon Tormey.