Vistas de página en total

lunes, 12 de enero de 2026

CATARATAS: UNA CONSECUENCIA INEVITABLE DE INSISTIR EN VIVIR MUCHO TIEMPO

 

Vivir mucho tiene ventajas indiscutibles: uno acumula recuerdos, manías, anécdotas que nadie pidió y la capacidad de decir “esto antes no pasaba”. Pero también tiene efectos secundarios menos poéticos. Uno de ellos es que, llegado cierto punto, el propio ojo decide volverse opaco, como si estuviera cansado de ver el mundo y optara por mirarlo todo a través de una cortina mal lavada. A eso lo llamamos cataratas.

Las cataratas no son una enfermedad exótica ni un castigo bíblico. Son, más bien, la factura atrasada de haber sobrevivido. Si usted vive lo suficiente —y las estadísticas indican que muchos de nosotros lo hacemos— su cristalino acabará presentando síntomas de fatiga existencial.

El cristalino: una lente admirablemente precisa

El cristalino es una lente transparente situada dentro del ojo cuya misión es enfocar la luz sobre la retina con una precisión admirable. Lo hace sin cables, sin baterías y sin manual de instrucciones. Durante décadas funciona con una fiabilidad que ya quisieran muchos artefactos producidos por la inteligencia humana por sofisticados que sean.

El problema es que el cristalino no se renueva. Las fibras que lo forman están con usted desde hace muchísimo tiempo, algunas desde antes de que aprendiera a mamar. No reciben riego sanguíneo, no tienen servicio técnico y trabajan en un entorno químico que, con los años, se vuelve cada vez menos hospitalario.

El resultado es previsible: las proteínas que lo mantienen transparente empiezan a desordenarse, apelmazarse y perder la compostura. Y cuando unas proteínas pierden la compostura, la luz deja de pasar como es debido.

Qué es una catarata (sin dramatismos)

A medida que el ojo humano envejece, el cristalino se endurece (presbicia) y se vuelve opaco (cataratas). Una catarata es, sencillamente, un cristalino que ya no es transparente. No se cae, no se rompe, no colapsa: se vuelve turbio. Como un vaso de cristal que ha pasado demasiados años en el lavavajillas. Esta opacidad puede empezar en el centro, en los bordes o justo en la parte posterior del cristalino, pero siempre acaba produciendo el mismo efecto: la luz entra en el ojo y, en lugar de viajar recta y obediente hacia la retina, se dispersa como le ocurre a los turistas desorientados.

Envejecimiento del cristalino y métodos de corrección. El cristalino joven del ojo puede remodelarse dinámicamente para enfocar de cerca y de lejos (acomodación) [Las imágenes superiores de la izquierda son dos secciones transversales del cristalino del ojo viendo de lejos al infinito (izquierda) y de cerca a 20 cm (derecha). A medida que el ojo envejece, el cristalino se endurece y su índice de refracción se vuelve más uniforme (imagen superior-media. Aproximadamente a los 45 años, la amplitud de acomodación se reduce mucho (presbicia). Con más edad, el cristalino se opacifica (catarata) (imagen superior derecha. La presbicia y las cataratas son afecciones que afectan a millones de personas en todo el mundo. Fuente: Instituto de Óptica del CSIC.

Por qué con cataratas se ve peor (aunque el ojo siga ahí)

Aquí conviene aclarar algo importante: con cataratas el ojo no deja de funcionar. La retina está bien, el nervio óptico cumple con su deber y el cerebro sigue dispuesto a interpretar imágenes. El problema es que lo que llega hasta ellos es una versión borrosa, desvaída y mal iluminada del mundo.

Las cataratas reducen la visión por varias razones muy poco consideradas con el cristalino:

1. Dispersan la luz: En lugar de enfocar la luz en un punto preciso, el cristalino opaco la esparce. El resultado es una imagen sin bordes definidos, como si todo estuviera ligeramente fuera de foco, incluso con gafas nuevas.

2. Bajan el contraste: Los objetos siguen ahí, pero ya no destacan. Leer se vuelve incómodo, los rostros parecen todos sospechosamente parecidos y conducir de noche pasa de ser una rutina a una prueba de fe.

3. Producen deslumbramiento. Las luces intensas —faros, farolas, el sol haciendo lo suyo— generan reflejos internos. Aparecen halos luminosos y una desagradable sensación de estar mirando el mundo a través de un parabrisas sucio.

4. Engañan con la graduación. En un giro cruel del destino, algunas cataratas hacen que durante un tiempo uno vea mejor de cerca. Esto no es una mejora: es el ojo reorganizando los muebles antes de la mudanza definitiva.

La edad: el principal sospechoso

Aunque existen cataratas congénitas, traumáticas o asociadas a enfermedades como la diabetes, la gran mayoría aparecen por una causa muy clara y difícil de evitar: haber envejecido con éxito.

El cristalino, expuesto durante años a la luz ultravioleta, al estrés oxidativo y a los caprichos del metabolismo, acaba perdiendo transparencia. No es un fallo del diseño: es una consecuencia lógica de que el sistema no estaba pensado para durar ochenta o noventa años con la misma nitidez óptica.

La buena noticia (porque siempre hay una)

A diferencia de muchas otras consecuencias de vivir mucho, las cataratas tienen solución. No con colirios milagrosos ni atiborrándose de zanahorias, sino con cirugía. Una intervención breve, precisa y extraordinariamente eficaz en la que el cristalino opaco se sustituye por una lente artificial que, por una vez, cumple exactamente lo que promete. Lo que se hace es reemplazar el cristalino por una lente artificial (lente intraocular).

Esta cirugía de cataratas es el procedimiento quirúrgico que se realiza con más frecuencia en el mundo. Es uno de los raros casos en medicina en los que el deterioro asociado a la edad puede revertirse casi por completo, dejando al paciente con la sospecha inquietante de que el mundo siempre fue así de luminoso y que el problema llevaba años en sus propios ojos.

Epílogo inevitable

Las cataratas son, en el fondo, una lección de humildad biológica. Nos recuerdan que ver bien durante toda la vida no estaba garantizado, solo prestado. Vivir mucho tiene consecuencias, y una de ellas es que, tarde o temprano, el ojo pide una actualización de hardware.

La buena noticia es que, hoy en día, esa actualización existe. Y después de ella, el mundo vuelve a verse con una claridad extraordinaria, como si la realidad hubiera decidido ponerse gafas nuevas solo para usted.

A operarme voy, que ya me toca.