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martes, 23 de julio de 2019

Abejas californianas: la moderna Mesta polinizadora


Desde mediados de febrero hasta principios de marzo el Gran Valle Central de California es un espectáculo floral: el 80% de los almendros de todo el mundo se cultivan en California. Con los almendros en flor, decenas de camiones procedentes de todo el país recorren el valle de un campo a otro. Son los camiones colmeneros, la versión moderna de la Mesta castellana. Algunos de ellos han recorrido los más de 4.000 km que separan Maine de California.
Las almendras son el cultivo de frutos secos más grande de California en valor total en dólares y superficie cultivada. Constituyen la séptima mayor exportación de alimentos de los Estados Unidos. Aproximadamente 6.000 cultivadores de almendras producen el cien por cien de la oferta doméstica comercial y más del 70% de la producción mundial. Más de 90 países importan almendras de California.
Cultivar el 70% de las almendras de todo el mundo no solo requiere grandes cantidades de agua. Lean en mis labios: producir una almendra, una sola almendra, supone un consumo de cuatro litros de agua. De acuerdo con un estudio conjunto de las universidades de Córdoba y de California, Davis, el rendimiento óptimo de un cultivo de almendros consume 12.500 metros cúbicos de agua. Si ahora tienen en cuenta que en California hay 344.000 hectáreas dedicadas a almendrales, multipliquen.
También se necesita una asombrosa cantidad de abejas melíferas para la polinización: aproximadamente cuatro colmenas por cada hectárea de almendros, alrededor de 1,7 millones de colmenas en total: un asombroso 85 por ciento de los recursos colmeneros del país se concentra en California durante la floración primaveral. Unos 80.000 millones de abejas zumban alrededor de las flores de los almendros californianos cada mes de febrero. Es el acontecimiento de polinización gestionada más grande del mundo. Cuando termina la floración de los almendros y se termina el néctar que alimenta al ejército polinizador, los apicultores recogen las colmenas y viajan a otros lugares que han ajustado previamente sus servicios desde un extremo a otro del país: desde los naranjos de Florida pasando por los manzanos de Oregón hasta los cerezos de Washington.
¿Por qué los apicultores viajan hasta California cada año? El estado alberga alrededor de 500.000 colmenas, lo que significa que cada temporada de polinización llegan más de un millón desde lugares tan lejanos como Maine. ¿Qué les motiva? Se lo pueden imaginar: el dinero.
Durante los días que pasan en California, los apicultores estadounidenses ganan más dinero alquilando sus abejas que produciendo miel. El balance de las dos fuentes de ingresos varía de un año a otro, pero el ingreso de la polinización ha crecido a lo largo de los años, mientras que los ingresos de la miel han disminuido por la competencia con la miel importada. En 2012, el último año del que he podido encontrar información, los apicultores de Estados Unidos ingresaron 283 millones de dólares por la venta de miel, frente a 656 millones obtenidos de la polinización.
A los agricultores de California cada vez les cuesta más alquilar las colmenas. Fresno es la capital almendrera del Gran Valle. Un reportaje en el Fresno Bee me da los datos: los cultivadores de almendras tuvieron que desembolsar entre 165 y 200 dólares por colmena en 2015, frente a los 45-75 que pagaban hace una década. Si consideramos la media, 182 dólares por colmena, son 309 millones los que pasan desde los bolsillos de los granjeros a los de los apicultores en apenas tres semanas. El incremento de los precios no se debe a la especulación, se debe a para los apicultores cada vez es más peligroso soltar a sus obreras en los campos de California.
A los insectos el trabajo les está costando la vida. Hay dos causas fundamentales que provocan el declive de las poblaciones de abejas melíferas. En primer lugar, el uso de pesticidas (insecticidas y fungicidas) que las abejas encuentran mientras laboran alrededor de los almendros. En 2014, entre el 15 y el 25% de las colmenas que residieron en California durante la campaña almendrera sufrieron daños graves, que van desde el colapso completo de la colmena hasta la muerte o malformación de las larvas que se crían en las colmenas, lo que destruye la siguiente generación.
El problema del envenenamiento de los insectos se agrava porque los almendros se cultivan en arboledas concentradas en grandes extensiones. Los monocultivos grandes proporcionan un hábitat ideal para las plagas de hongos e insectos y, por lo tanto, suponen un poderoso aliciente para que los agricultores las combatan con un arsenal de productos químicos. También es probable que la concentración de miles de millones de abejas en una zona relativamente pequeña facilite la propagación de los patógenos.
La segunda amenaza para la salud de las abejas proviene de los viajes a larga distancia, que constituyen el núcleo del modelo de negocio itinerante de la industria apícola. ¿Afecta a la salud de las abejas estibar cientos de colmenas en un enorme camión y ponerlas a viajar? Los problemas van más allá de los ocasionales accidentes de camiones, que no faltan. Un reportaje de Scientific American explicaba los rigores que soportan las colmenas en los viajes.
La migración somete continuamente a las abejas a cambios bruscos entre períodos de abundancia y de inanición extrema. Una vez que termina una determinada floración, las abejas no tienen nada que comer, porque el polen se ha agotado hasta donde alcanza la vista. Cuando están viajando, las abejas no pueden alimentarse ni defecar. El jarabe de azúcar y las tortas de polen que les dan los apicultores en compensación no son tan nutritivos como el polen y el néctar de las plantas silvestres. Los científicos conocen bien los macronutrientes del polen (proteínas, grasas y carbohidratos), pero saben muy poco acerca de sus muchos micronutrientes como vitaminas, metales y minerales, por lo que resulta difícil replicar el polen”.
Un artículo de un investigador del Departamento de Agricultura dice que los viajes a larga distancia enferman a las abejas, que experimentan problemas graves en sus glándulas alimenticias lo que afecta a su capacidad de alimentar a las larvas que constituirán su relevo generacional. Puede que los viajes influyan, pero no parece que esa sea la causa principal de la alta tasa de muertes de las abejas. Las abejas han viajado de un lado a otro de Estados Unidos desde hace muchos años, y en camiones mucho más incómodos que los actuales, antes de que las enfermedades comenzaran a diezmar las poblaciones y a colapsar las colmenas por la muerte o la deformación de las larvas, un fenómeno que comenzó hace una década. Otros factores, incluidos los pesticidas, la disminución de la biodiversidad florística y los ácaros (una plaga de abejas) son probablemente los factores más importantes para la disminución de la salud de las abejas, que están en sus momentos más bajos.
En junio de 2019, un informe anual de un grupo de investigadores universitarios informó que los apicultores del país perdieron algo más del 35% ciento de sus colonias de abejas en el invierno 2018-2019, el nivel más alto registrado desde que comenzaron a registrarse las pérdidas de colmenas en 2006. En abril de 2019 los apicultores habían perdido el 40,7% por ciento de sus colmenas, que es aproximadamente la media de los últimos años. Esas pérdidas anuales regulares, que comenzaron a mediados de la década de 2000, cuando los camiones colmeneros ya llevaban décadas moviéndose por el país, supusieron una enorme presión sobre los apicultores.
Mientras tanto, una nueva investigación señala más problemas para las abejas. Se enfrentan a varios factores estresantes, como la pérdida de buenos terrenos naturales en los que alimentarse, los pesticidas agrícolas y un parásito patógeno, el ácaro Varroa destructor. Un estudio publicado en junio de 2019 por investigadores de la Universidad de Berna, demuestra que la exposición a niveles bajos a un tipo de insecticidas muy utilizados, los neonicotinoides, hace que las abejas fueran mucho más susceptibles a dichos ácaros, y la combinación de ambos factores redujo significativamente la supervivencia de las abejas reinas, que son las que viven más tiempo (cinco años frente a los dos meses de vida de las obreras).
Este estudio se suma a una gran cantidad de investigaciones que implican a los neonicotinoides en la pérdida de salud de los polinizadores. Su uso en las tierras agrícolas de Estados Unidos ha explotado en los últimos años y ahora se aplican en millones de hectáreas de todo el país, desde los almendrales y los huertos de cítricos de California, el maíz y la soja del Medio Oeste o los campos de tomates de Florida.
Un camón con 450 colmenas volcado en los alrededores de Seattle. Foto.
Mientras tanto, no es probable que disminuya la enorme demanda de polinizadores del emporio californiano de las almendras. Según el Departamento de Agricultura, los terrenos dedicados a las almendras han crecido más de un 50% desde 2005, y cada vez que los agricultores añaden otra hectárea de árboles necesitan cuatro colmenas más para polinizarlas.
Así las cosas, ¿por qué no hay más apicultores que se instalen permanentemente en California para aprovechar el mayor acontecimiento de polinización del mundo? La respuesta la ofrece mi colega Eric Mussen de la Universidad de California-Davis. California ya alberga 500.000 de los 2,7 millones de colmenas de Estados Unidos. Aunque la floración de los almendros sea excelente unas cuantas semanas, en términos de alimentación durante todo el año el estado ya está en su capacidad de carga de abejas. Las áreas naturales o los huertos de cultivo tradicionales con flores de la mayor calidad forrajera, cada vez más mermados por el auge de los monocultivos extensivos, ya soportan suficientes poblaciones de abejas.
Por lo tanto, para satisfacer el creciente apetito del mundo por las almendras se seguirá necesitando un ejército anual de camiones cargados de colmenas, la moderna Mesta polinizadora. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 20 de julio de 2019

Los polos siguen derritiéndose: el mes pasado fue el mes de junio más caluroso registrado jamás


Frase recurrente: ni los más viejos del lugar recuerdan una cosa así. La memoria falla, pero si pensabas que el mes pasado hacía mucho calor, más calor del que podías recordar, tenías razón: junio de 2019 fue el mes de junio más caluroso jamás registrado en todo el mundo. No debe sorprender que la cobertura de hielo en el océano Antártico alcanzara un mínimo histórico y que el Ártico siga derritiéndose a un ritmo desconocido.
La temperatura media de la superficie terrestre y del mar en junio de 2019 fue 0,95 grados centígrados más elevada que la temperatura media mundial (15,5), lo que hace que el mes pasado haya sido el más caluroso en 140 años, según la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos. Nueve de los diez meses de junio más calurosos han ocurrido desde 2010.
En Estados Unidos, Alaska tuvo su segundo junio más cálido desde que el estado comenzó a mantener registros en 1925. Y aunque las islas tropicales son casi siempre cálidas, Hawái también experimentó su junio más caluroso este año. Lo mismo ocurre con las estaciones subtropicales del Golfo de México en Luisiana y Florida. En Europa, tal para cual: en conjunto, fue mes de junio más caluroso.
Las altas temperaturas de junio se ajustan a la tendencia de todo 2019. La temperatura del primer semestre de 2019 en todo el mundo estuvo también 0,94 grados centígrados por encima de la media (13,5) del siglo 20. Solo el primer semestre de 2016 fue más cálido.


El mapa muestra los eventos climáticos más notables que ocurrieron en junio de 2019. Los más notables fueron que el hielo marino sigue derritiéndose: la cobertura promedio del hielo marino en la Antártida fue un 8,5% inferior al promedio de 1981-2010, y la más baja registrada en junio. La cobertura de hielo marino en el Ártico estuvo un 10,5% por debajo de la media, la segunda más baja registrada en junio. Sin embargo, algunos lugares resultaron un poco más frescos: los estados contiguos de Estados Unidos y el sur de Canadá tuvieron temperaturas interanuales de al menos 1,8 grados F más bajas que la media. Fuente: NOAA.
El calor del mes pasado se extendió por toda la Tierra y se hizo notar en los polos. Junio de 2019 fue el vigésimo mes de junio consecutivo con una cobertura de hielo marino inferior a la media en el Ártico, y el cuarto mes de junio consecutivo con una cobertura de hielo marino inferior a la media en la Antártida. La cobertura de hielo en la Antártida fue la más pequeña que haya habido en junio en el registro de 41 años, superando el récord anterior de 2002 en 160.580 kilómetros cuadrados.
El hielo que cubre el océano Ártico alcanzó el segundo nivel más bajo registrado para esta época del año después de que las temperaturas de julio se dispararan en las áreas alrededor del Polo Norte. La tasa de pérdida de hielo en la región es un indicador crucial para el clima mundial y una merma que es observada minuciosamente por las naciones limítrofes que buscan recursos y rutas comerciales.
La ola de calor de este año en el Círculo Ártico ha llevado a temperaturas récord en Alaska, Canadá y Groenlandia, ampliando las tendencias a largo plazo de la desaparición de más hielo. Los flujos de hielo se están derritiendo a un ritmo más rápido que las tasas medias observadas durante las últimas tres décadas; cada día se pierden 20.000 kilómetros cuadrados más de cobertura de hielo, un área que duplica la de Navarra, por ejemplo.
El hielo comienza a derretirse en el Ártico a medida que se aproxima la primavera en el hemisferio norte, y luego, por lo general, comienza a recuperarse hacia fines de septiembre, a medida que los días se acortan y enfrían. La Oficina Meteorológica del Reino Unido ha anunciado que la probabilidad de un mínimo histórico en septiembre "es mayor que en los últimos años".
Extensión del hielo en el Ártico el 15 de julio de 2019.  La media del período 1981-2010 se indica en naranja. Fuente: NSIDC.
Como de costumbre, cabe preguntarse si estas temperaturas récord son el resultado del cambio climático. Para contestar esta pregunta, conviene recordar un par de conceptos. El clima es el conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región. Aunque tienden a confundirse, conviene hacer una diferencia entre clima y tiempo atmosférico. Por propia experiencia sabemos que los factores meteorológicos tales como la temperatura, la humedad, la precipitación, las nubes o el viento no son constantes a corto plazo en cualquier lugar de la Tierra. Esos factores meteorológicos cambiantes constituyen lo que se llama tiempo atmosférico o, coloquialmente, el tiempo. El tiempo atmosférico, objeto de análisis de la Meteorología, se basa en el estudio diario de las fluctuaciones climáticas.
El clima, objeto de estudio de la Climatología, se refiere a condiciones generales de una zona más o menos amplia durante un período de tiempo prolongado, que la mayoría de los climatólogos establecen en los datos obtenidos de un período de observación de al menos 30 años. El objeto de estudio de los climatólogos es describir, clasificar y explicar las causas y los efectos de los fenómenos climáticos. El enfoque de los meteorólogos es, por el contrario, el de los físicos y de ahí el constante uso de las matemáticas en sus descripciones y explicaciones. El auge de la navegación terrestre, marítima y aérea, y las implicaciones que sobre ellas tienen los meteoros, han hecho evolucionar la Meteorología hacia la previsión del tiempo. Aquí reside otra gran diferencia entre Meteorología y Climatología: la primera ha devenido en la previsión, se ha transformado en una herramienta fundamentalmente prospectiva, mientras que la segunda es eminentemente retrospectiva al fundamentarse en largas series de observaciones previas, las citadas series de 30 años.
Por tanto, un año frío (o cálido) tiene poco que ver con el clima general. Cuando esos años fríos (o cálidos) se vuelven más y más regulares es cuando empezamos a reconocerlos como un cambio en el clima en lugar de considerarlos simplemente como un año de tiempo anómalo. A medida que las olas de calor extremo ocurren con mayor frecuencia en todo el mundo y la temperatura de la Tierra continúa aumentando, cada vez es más difícil ignorar los efectos del cambio climático. Un estudio más, esta vez publicado en junio en la revista Nature Climate Change, expone que es probable que la tendencia al calentamiento continúe todos los años si no se toman medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.