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lunes, 8 de julio de 2019

Madrid Central. La Revancha (por Jesús Mª Gallego)


En una impactante serie de fotografías que se difundieron ayer, el postalcalde Almeida y la subalcalde Villacís sonríen exultantes ante la retirada de los maceteros que en la calle Galileo de Madrid operaban como reguladores en la batalla que en el centro de la ciudad sostenemos los que vivimos ahí, e ingenuamente tratamos de respirar un aire de cierta calidad, y los que anteponen su derecho fundamental a circular con su automóvil por donde su sacrosanta libertad les dé a entender.
Las sonrisas de la foto son las sonrisas del redentor, del que ha liberado a sus súbditos de toneladas de represión izquierdista, esta vez en forma de maceteros, y ha restituido al automovilista lo que es del automovilista.
Muy educativas esas fotos. Sugiero otras.
Almeida y Villacís sonriendo en una estación de metro mientras aplican un buen recubrimiento de amianto a un vagón de la línea 1.
O Almeida y Villacís sonriendo mucho mientras arrancan juntos una de esas pegatinas que dicen en las cajetillas de tabaco que fumar mata y la sustituyen por otra con princesas Disney.
O, por qué no, Almeida y Villacís, sonriendo muchísimo mientras sustituyen señales de limitación de velocidad en carretera por mensajes del tipo “que nadie se atreva a poner límites a tu libertad”.
O, también me vale, Almeida y Villacís matándose a carcajadas mientras suprimen las pulseras telemáticas que restringen a los machistas maltratadores la posibilidad de acercarse a sus víctimas; total, están basadas en la dictadura de género impuesta por las feminazis, que cada uno se acerque a donde quiera.
Lo sé, son caricaturas, cuesta creer que abogados del estado con educación del colegio Retamar puedan adoptar medidas así, pero la cruda realidad es que un abogado del estado con educación del colegio Retamar y licenciatura en Icade y oposición premium ha firmado un documento para revertir Madrid Central.
Algunos ingenuos creían que no se iba a atrever porque desde hace unos meses se respiraba mejor, se circulaba con más fluidez, había menos ruidos y las propias asociaciones de comerciantes estaban reconociendo que, tras el pequeño desconcierto de las primeras semanas, la medida no había sido, ni mucho menos, perjudicial para sus intereses. Las mediciones de salubridad del aire son categóricas: el mejor junio en muchos años, y casi sin lluvia.
Pero sí, claro que se ha atrevido, con la ayuda inestimable del partido que dice que está ahí para regenerar cosas (creo que en este caso están en modo desregenerador, pero también les vale, ya saben, estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros) y el otro partido de la caza y los toros.
Al parecer los reguladores europeos pueden imponer cuantiosas multas por la recontaminación del centro de Madrid. Que alguien calle a esos reguladores. España necesita libertad, no reguladores. Sugiero otra foto: Almeida y Villacís colapsando de risa delante de la notificación de la multa. Multitas a mí, será por dinero…
José María Aznar, el ideólogo, ya dejó clara cuál debía ser la postura del lado bueno de Occidente frente a la constante injerencia de esos enojosos reguladores: “¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí?”, ironizó Aznar frente a los lemas de la DGT, “nadie me debe decir lo que tengo o no que beber. Déjame que beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”.
Aznar, para quien la única regulación tolerable debe ser la del Registro de la Propiedad, estará orgulloso de su delfín Almeida, el despeatonalizador, aunque lo estaría más si se atreviera a dejarse de medias tintas y eliminase también los pasos de peatones, que son de derechita cobarde. Que cada uno cruce cuando pueda, que un poquito de selección natural urbana nunca está de más.
A los niños se les enseña que es mejor no contaminar que contaminar.
José Luis Martínez-Almeida Navasqüés, alcalde de Madrid, no tiene hijos a los que transmitir su lección principal: que en un Estado de Derecho la libertad del automovilista debe prevalecer sobre la protección del medio ambiente.

domingo, 7 de julio de 2019

Plantas carnívoras y salamandras

Sarracenia purpurea

En las plantas, la carnivoría es una maravilla evolutiva que ha fascinado a los naturalistas y a la gente en general. Darwin incluso dedicó un estudio exhaustivo a las que consideraba las "plantas más maravillosas del mundo". La carnivoría en plantas ha evolucionado varias veces en todo el mundo, a menudo en ambientes húmedos, abiertos y pobres en nutrientes, como una ruta alternativa de adquisición de nutrientes. Entre las plantas carnívoras, las plantas jarra (familia Sarraceniaceae), y específicamente la planta jarra del norte (Sarracenia purpurea), han intrigado a los primeros naturalistas.
La idea de que una planta carnívora pueda atrapar y zamparse un vertebrado puede parecer más ficción que realidad. Aunque durante años han circulado rumores de que a algunas plantas jarra les gustan bocados algo más grandes que un insecto, el asunto, falto de evidencias tangibles, ha sido difícil de demostrar. Eso no quiere decir que no suceda de vez en cuando. De hecho, se han encontrado pequeños mamíferos en las jarras de algunas de las plantas tropicales más grandes del género Nepenthes. Aunque ha sido así, parece que ha sido cosa de la casualidad más que de la intencionalidad. Sin embargo, unas investigaciones recientes en algunas plantas carnívoras canadienses del género Sarracenia sugieren que los vertebrados pueden, al menos bajo ciertas circunstancias, constituir una parte más grande del menú de algunas plantas carnívoras.
Sarracenia es un género de angiospermas que comprende unas diez especies de plantas carnívoras nativas de Norteamérica. El género pertenece a la familia Sarraceniaceae, que también contiene los géneros Darlingtonia y Heliamphora. Las tres tienen en común que sus hojas forman una especie de jarra en cuyo fondo hay enzimas digestivos que digieren los insectos que caen en su interior. Los insectos son atraídos por la secreción de néctar y por una combinación atractiva de olores y colores. Estas plantas viven en medios pobres en nitrógeno, así que obtienen este nutriente esencial como lo hacemos nosotros, a partir de proteínas de origen animal.
Las observaciones sobre la alimentación que vamos a comentar se realizaron en unas poblaciones de una de las plantas jarra más abundantes de Norteamérica, la jarra púrpura (Sarracenia purpurea), que viven en turberas del Parque Provincial Algonquin, en Ontario. A finales del verano de 2017, los investigadores descubrieron que algunas plantas contenían salamandras recién metamorfoseadas. Algunas de las salamandras estaban vivas, pero otras estaban muertas y a medio digerir. Esto era muy emocionante porque, a pesar de que se han estudiado mucho, casi no existe evidencia comprobada de la captura de presas de vertebrados en la jarra púrpura.
Los investigadores realizaron análisis para determinar si las plantas estaban capturando salamandras de forma regular o de si el hallazgo de salamandras eran acontecimientos excepcionales. Resulta que, al menos para las plantas jarra que crecen en ese pantano, las salamandras pueden constituir una proporción considerable de sus presas. Los investigadores descubrieron que las salamandras recién metamorfoseadas estaban presentes en casi el 20% de las plantas jarra que inspeccionaron.
No todas las salamandras que encontraron estaban muertas. Algunas estaban en un estado relativamente animado, porque retrocedían hacia la parte inferior de la jarra cada vez que eran molestadas. Algunos de los especímenes muertos más grandes mostraban signos de putrefacción, lo que probablemente se deba a que simplemente eran demasiado grandes para ser digeridos. Sin embargo, muchas de las salamandras muertas mostraban signos de digestión, lo que sugiere que las plantas se están beneficiando de la captura de los animales. De hecho, se ha estimado que una sola salamandra podría aportar tanto nitrógeno a la planta como el contenido completo de tres jarras alimentadas con insectos.
Ejemplares de salamandras jóvenes en el interior de jarras de Sarracenia purpurea. Foto.
En conjunto, los investigadores encontraron pruebas suficientes para sugerir que las salamandras no solo constituyen una parte de la dieta de las plantas jarra, sino también que las plantas jarra son una causa importante de mortalidad para las salamandras jóvenes de esas turberas. Cómo atrapan las salamandras es un tema de debate. Podría ser que las salamandras estén buscando un lugar seguro y húmedo para esconderse, pero la complejidad del hábitat de las turberas significa que no faltan lugares seguros para que una salamandra joven se esconda sin que ello signifique su muerte.
También podría ser que las salamandras se sientan atraídas por los invertebrados que capturan estas plantas o que las salamandras sean víctimas accidentales que hayan caído por azar en la trampa mientras exploran su hábitat. Sin embargo, algunas jarars no solo contenían más de una salamandra, sino que la posición y el tamaño de las plantas significan que la mayoría de las salamandras tendrían que haber trepado intencionadamente hasta terminar dentro de la jarra. Puede que, después de todo, eso sea un indicador de que la caída no es una posibilidad aleatoria. Pero demostrar eso exigirá más pruebas para asegurarlo.
Lo que podemos decir por ahora es que dentro de los confines de las turberas de Algonquin, las salamandras están siendo atrapadas y digeridas por las plantas jarra. Si lo que está ocurriendo en Algonquin es exclusivo de esas turberas en particular o si está sucediendo en otras zonas en las que vive Sarracenia purpurea, es tema para futuras investigaciones. ¡Es posible que la captura de vertebrados sea más común entre las plantas carnívoras de lo que creemos! © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Lecturas complementarias: [1], [2], [3].

sábado, 6 de julio de 2019

Fracking e impenetrabilidad de los cuerpos

Esquema de funcionamiento del "cube" de Encana. Fuente: Encana.

Los desesperados intentos de la industria del fracking para hacer viable lo que no lo es, está provocando que, como en la obra del chiste en la que se quería avanzar acumulando obreros, no se puede trabajar porque los albañiles se golpean con los picos.
La producción estadounidense de petróleo y gas de lutitas (shale) se enfrenta a un problema de espaciado. Uno de los perforadores más importantes de Estados Unidos, Encana Corporation, ha gastado tiempo y mucho dinero en desarrollar un nuevo modelo de fractura hidráulica que la empresa llamó “cube”, consistente en colocar docenas de pozos (hasta sesenta) en un mismo lugar (vean las figuras).
Esquema de funcionamiento del "cube" de Encana. Fuente: Encana.
Según el Wall Street Journal, después de año y medio de preparativos Encana ha fracasado. En lugar de reducir los costes y aumentar la producción, los pozos funcionaron tan mal que solo produjeron la mitad del petróleo que los pozos situados a las distancias convencionales en los campos de fracking. El experimento parece digno de los retorcidos inventos de aquel famoso personaje del TBO, el doctor Franz de Copenhague.
La intención de Encana es la de siempre: dar la impresión a los inversores de que se produce más en menos tiempo. Es como si dispongo de un bidón de líquido y en lugar de vaciarlo con un grifo, coloco cincuenta. Me gasto un dinero en los grifos, pero la capacidad del bidón es la que es. En cualquier caso, el resultado es una prueba más de que la “revolución” del fracking tiene los días contados. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 3 de julio de 2019

Una orquídea subterránea

Rhizanthella gardneri. Foto

En un cálido día de primavera de 1928, cuando un joven agricultor australiano llamado Jack Trott se agachó para examinar una grieta extraña en el suelo, notó un olor dulzón . Después de raspar cuidadosamente una delgada capa de tierra, el sorprendido granjero vio una pequeña flor de apenas un centímetro de ancho, que crecía bajo tierra.
Lo que Trott había encontrado era una nueva especie de orquídea: Rhizanthella gardneri, una planta extraordinaria que pasa toda su vida en oscuridad total. El nombre Rhizanthella deriva de dos palabras griegas: rhiza, que significa raíz, y anthos, que significa flor. Así es como se ve la planta: un tubérculo carnoso blanquecino, de unos cinco centímetros de largo, que funciona como almacén de sustancias de reserva. Cuando se produce la floración entre mayo y junio, de ese tubérculo surge una inflorescencia acabezuelada formada por alrededor de 150 flores pequeñas densamente empaquetadas a las que rodean cuatro o cinco hojas blancas papiráceas.
Las flores nunca sobresalen del suelo, lo que las hace difíciles de encontrar, pero elevan ligeramente la capa superior abriendo pequeñas grietas en la superficie. Estas grietas y el olor dulce y tenue de las flores, son los únicos signos de la existencia de la orquídea.
R. gardneri se reproduce vegetativamente por lo que puede producir plantas hijas. También se reproducen sexualmente, polinizadas por termitas y mosquitos, que son atraídos por la fragancia. La flor polinizada tarda seis meses en madurar. En todas las flores estudiadas, las semillas carnositas carecen de dispersores y finalmente se descompusieron. Sin embargo, puede ser que los marsupiales nativos fueran importantes agentes dispersores, pero es difícil saberlo, ya que actualmente solo se conocen 19 especímenes maduros silvestres y hasta hoy solo se han recolectado 300 ejemplares.
Melaleuca uncinata. Foto.
¿Cómo logra sobrevivir esta orquídea del inframundo? A diferencia de otras plantas, no puede usar la luz solar para obtener energía. En su lugar, toma su alimento de otra planta, porque vive de los tocones en descomposición de un arbusto, el mirto de miel Melaleuca uncinata. La orquídea se enlaza a los tocones a través de un hongo, Thanatephorus gardneri, que es esencial para la supervivencia de la orquídea, porque R. gardneri es micoheterótrofa que, a través del hongo, obtiene del arbusto nutrientes y dióxido de carbono. Una vez obtenidos estos, la planta es capaz de convertir el agua, los nutrientes y el dióxido de carbono en la energía necesaria para su crecimiento y sustento.
A pesar de no realizar la fotosíntesis, la orquídea retiene cloroplastos en sus células. Sin embargo, son unos cloroplastos muy reducidos, que contienen aproximadamente la mitad de los genes que un cloroplasto normal. Es el genoma de cloroplasto más pequeño conocido. Esto ofrece a los investigadores una oportunidad única para profundizar en cómo funcionan. El resto de los genes de los cloroplastos codifican cuatro proteínas vegetales esenciales, lo que significa que los cloroplastos ofrecen funciones distintas a la fotosíntesis. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Supervivencia del más apto. Una batalla en la jungla de Costa Rica

Heliconius hecale. Foto

En los bosques tropicales de América Central y del Sur hay una lucha constante por sobrevivir. La lucha tiene lugar no solo entre los gigantes poderosos de la selva, sino también entre algunas mariposas de colores brillantes y una familia de plantas trepadoras.
Hay dos invernaderos para plantas tropicales que me encantan. El muy clásico de Kew Gardens, cerca de Londres, y el futurista Climatron del Jardín Botánico de Misuri en St. Louis. En mi última visita a este último descubrí un pequeño tesoro: una flor de la pasión en miniatura. En la figura adjunta les resumo los principales detalles que caracterizan a la flor de la pasión Passiflora caerulea, hermana de una fruta muy apetecible, el maracuyá o chinola Passiflora edulis de la que escribí en esta entrada.  
Me gustan las flores pequeñas, especialmente si contienen muchos detalles. Por eso en el Climatron me llamó la atención Passiflora boenderi, endémica de una pequeña región de Costa Rica. Hay mucho que observar y que aprender de esta especie. Las flores, que presentan todas las características de una flor de la pasión, pero con el diámetro de una moneda de un euro, son algunas de las más pequeñas del género. Las hojas son proporcionalmente mucho más grandes. Son bilobuladas, cubiertas con un tinte purpúreo y están salpicadas de manchas brillantes de color amarillo anaranjado. Las manchas desempeñan un papel importante en la protección de esta planta frente a los herbívoros.
El género Passiflora presenta todo un arsenal de armamentos evolutivos destinados a combatir a las larvas de un género de mariposa, Heliconius, cuyas distintas especies solamente ponen los huevos en las hojas de las pasifloras. Cuando los huevos eclosionan, las larvas u orugas se alimentan ávidamente del follaje. Para defenderse, las diferentes especies del género han desarrollado una variedad de estrategias que les ayudan a desviar la atención de las mariposas hembras cargadas de huevos.
Como las mariposas se orientan visualmente para encontrar las pasifloras, estas varían las formas de sus hojas para que se parezcan a otras plantas. Algo consiguen, pero no siempre logran engañar a las mariposas, que son capaces de distinguir las hojas de las pasifloras de las de otras plantas tamborileando con sus patas sobre la superficie foliar.
Las manchas naranjas en las hojas de P. boenderi forman parte de una estrategia disuasoria que cumple una doble función. El primero es un elemento disuasivo visual. Las manchas imitan, tanto en tamaño como en forma, a los huevos de Heliconius. Debido a que las orugas de la mariposa tienden al canibalismo, las mariposas hembras son reacias a poner sus huevos en hojas con huevos que pueden contener larvas potencialmente letales. Además, aunque el canibalismo no fuera el problema, ¿por qué molestarse en poner huevos donde habrá una gran competencia por la comida? Una hembra que busque un lugar para poner sus huevos verá las manchas y buscará otra planta.
Pero además de la mímica visual, estas manchas también secretan néctar. El néctar rico en energía atrae inevitablemente a las hormigas, que las defienden ferozmente como fuente de alimento. Si una oruga (o cualquier otro herbívoro) empieza a mordisquear las hojas, las hormigas se encargan rápidamente de expulsarlas.
¿Qué beneficios reciben las mariposas de esta lucha aparentemente desigual? Dado que las hojas de la vid son venenosas para todas las orugas excepto para las del género Heliconius y algunos otros insectos, se reduce la competencia por el alimento. Y debido a que absorben las toxinas de las hojas, las mariposas son desagradables para las aves. En consecuencia, viven más tiempo que muchas otras especies de mariposas, tal vez lo suficiente como para idear nuevas formas de burlar a los ingeniosos mecanismos de las diferentes pasifloras a los que su ciclo de vida está inextricablemente vinculado.
Debido a su reducida área de distribución, P. boebderi está en peligro de extinción. La destrucción de su hábitat natural, las tierras bajas costarricenses, que cada vez se utilizan más y más para cultivar el aceite de palma y piñas, y la proliferación de los centros turísticos son una amenaza constante para la supervivencia a largo plazo de esta especie y de muchas otras. Tuve la suerte de haber encontrado esta planta en el Climatron del Jardín Botánico de Misuri, pero me temo que, si se prosiguen las actividades que destruyen las selvas en las que viven, los jardines botánicos pueden ser el único lugar donde P. boebderi pueda encontrarse en un futuro no muy lejano. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
Lecturas adicionales: 1, 2.

El negocio del fracking sigue su camino a la perdición


Recientemente, el ex CEO del mayor productor de gas de lutitas (shale gas) de Estados Unidos dijo en una sala llena de asistentes a un congreso petroquímico lo que cualquier analista financiero competente debería haber revelado hace muchos años: en general, la industria del gas y el petróleo de lutitas ha estado destruyendo capital desde su creación.
«El hecho es que cada vez que meten la perforadora en el suelo, erosionan el valor de los miles de millones de dólares que se han invertido anteriormente», dijo Steve Schlotterbeck, ex jefe del gigante de gas natural EQT, en un congreso de la industria petroquímica. «Francamente, no es de extrañar que el valor de sus acciones siga cayendo dramáticamente».
Pero, la verdadera noticia no es que la industria de gas y petróleo de lutitas haya estado destruyendo el capital desde el principio. Lo relevante es que, una vez liberado de las responsabilidades de su antiguo trabajo, lo ha admitido.
Schlotterbeck calcula que la industria en su conjunto ha destruido el 80 por ciento de su valor desde 2008. Resulta que la llamada revolución de las lutitas es una revolución tanto en lo que se refiere a la estupidez de los inversores como de la tecnología, una tecnología que parece no poder producir beneficios reales a la industria. El ex CEO agregó que desde 2015 ha habido 172 quiebras entre las compañías de exploración y producción que participan en el negocio de gas y petróleo de lutitas.
La verdadera relevancia de este mensaje reside tanto en donde se dijo como en quien lo dijo. Schlotterbeck se estaba dirigiendo a los asistentes a la Muestra y Conferencia de Petroquímica del Noreste celebrada en Pittsburgh a mediados de junio. El rumor predominante en la conferencia era un plan para convertir a Pensilvania y Ohio, que se están situados encima de los grandes recursos de gas de lutitas, en un centro petroquímico y de plásticos similar al que existe en las costas estadounidenses del Golfo.
Esa idea se basa principalmente en lo barato que resulta el gas natural como consecuencia de la gran sobreproducción procedente de los perforadores de esquisto. El pronóstico de Schlotterbeck, que los promotores de la petroquímica parecían no haber tenido en cuenta, es que algún día los precios bajos tendrán que subir sustancialmente para mantener a los perforadores a flote. Eso puede suceder de dos maneras, explicó: autodisciplina o una nueva serie de quiebras que reduzcan la producción eliminando empresas.
De cualquier manera, los precios subirán significativamente, derrumbando el meme del "gas barato" que impulsa la visión de un maravilloso país petroquímico en Pennsylvania y Ohio. La reducción de la oferta irá de la mano de precios más altos, que generalmente van de la mano. ¿Qué pasará entonces las enormes inversiones en refinerías petroquímicas?
Lo mismo ocurre con la miopía de la industria eléctrica de Estados Unidos, que sigue agregando a su producción centrales de gas natural. No se puede argumentar que el cambio a gas natural por carbón haya sido fundamental para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos. La quema de gas natural todavía emite gases de efecto invernadero, y la apuesta por el gas natural en la generación eléctrica ha frenado la inversión en energías renovables que son mucho más bajas en su huella de carbono.
Lo que probablemente sorprenderá a la industria eléctrica es lo mismo que sorprenderá a los nuevos emprendedores petroquímicos que quieren instalarse próximos a los yacimientos de gas natural Marcellus y Utica Shale en Pennsylvania y Ohio: precios mucho más altos para el gas natural.
Lo cierto es que ambas unos y otros están basando su futuro en supuestos extremadamente optimistas sobre los precios y el suministro de gas natural. Este análisis detallado e independiente del petróleo y el gas de lutitas basado en datos reales de los pozos explica por qué estas suposiciones no son realistas. En resumen, lo que hacen las compañías de exploración y producción es perforar los sitios más productivos, los "puntos dulces", para luego pasar a lugares mucho más difíciles de explotar que exigirán muchos más recursos para perforar y producir y, por lo tanto, requerirán precios significativamente más altos. Todo esto podría suceder a mediados de la década de 2020.
En oposición a las proyecciones tremendamente optimistas de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, que dicen que los suministros de gas natural continuarán creciendo hasta 2040, la producción de gas natural a partir de los pozos de gas de lutitas probablemente será para entonces solo una fracción de lo que es hoy.
Eso traerá como consecuencia que habrá una gran cantidad de infraestructuras petroquímicas y eléctricas, sin valor o al menos devaluadas, y muchos inversores enfadados.
Entender que este resultado es más que probable no exige una habilidad paranormal para observar el futuro. Tenemos las evidencias justo delante de nosotros al ver los balances y resultados de las compañías de petróleo y gas de lutitas americanas. Las finanzas de la industria están en ruinas sencillamente porque no pueden ganar dinero con precios tan bajos.
De ello se deduce que no es razonable esperar que los inversores sufran pérdidas continuas desde este momento y mediados de siglo para subsidiar a las industrias eléctrica y petroquímica vendiéndoles gas natural barato.
Ese era el punto de vista de Schlotterbeck, que es el mismo que algunos venimos sosteniendo desde hace años. Si la industria del fracking no da en bancarrota es sencillamente porque se mantiene en un esquema Ponzi que el Gobierno estadounidense tolera porque a los consumidores les viene de perillas el gas natural barato para que su dinero se destine a otras actividades económicas y eleve el PIB doméstico y global.
Pero es un esquema tan insostenible como era el de las hipotecas basura, que tardó varios años en desplomarse, pero que al final se derrumbó estrepitosamente. Al tiempo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

¿Por qué los hombres somos los primates con el pene más grande?

La evolución de la bipedestación que caracteriza a los humanos ha traído consecuencias dolorosas para la madre y ha hecho del neonato un consumado contorsionista, también las ha traído en el caso del padre, aunque parezcan algo más venturosas.
En las hembras de los mamíferos la vagina se abre en la parte posterior del cuerpo y se dirige hacia el interior en un plano horizontal ligeramente inclinado hacia abajo, lo que facilita la progresión de los espermatozoides hacia el fondo, en dirección al cuello del útero, el cual se dispone también como un pasillo prácticamente horizontal en cuyo fondo se encuentra el óvulo. Cuando la hembra de un simio está receptiva y el macho se le aproxima por la espalda, aquella levanta sus cuartos traseros y, sin más carantoñas, el macho la monta para comenzar una brevísima cópula. Una vez inseminada, la hembra puede deambular sin perder el semen depositado en la vagina, porque al andar a cuatro patas no hay riesgo alguno de que el fluido seminal resbale gravitacionalmente.

Publicado originalmente en The Conversation. Sigue leyendo aquí