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domingo, 8 de marzo de 2020

Crimen sin castigo en Yellowstone

La cascada Lower Falls se desploma en el cañón del río Yellowstone.

Cuentan los lugareños que en el Parque Nacional Yellowstone hay una determinada “Zona de la Muerte” en la que cualquier delito, incluyendo el homicidio, permanece impune. ¿Existe realmente esa zona? ¿Cómo pudo constituirse? ¿Alguien la ha puesto a prueba?

Es cierto. Hay un pedazo de deshabitada tierra salvaje en la que el parque nacional penetra en el borde oriental de Idaho. Una laguna legal creó una situación gracias a la cual cualquiera puede cometer un asesinato sin que pueda ser juzgado por el crimen. Aunque sea así, no parece que merezca la pena intentarlo.

Empezaré por decir un par cosas sobre Yellowstone. El parque nacional fue creado por el Congreso y sancionado legalmente por el presidente Ulysses S. Grant el 1 de marzo de 1872. Como casi todo en Estados Unidos, tiene unas dimensiones enormes. Sus 8.983 kilómetros cuadrados superan en casi mil el tamaño de la Comunidad de Madrid y multiplican casi trece veces la superficie del mayor de los parques nacionales terrestres españoles, Sierra Nevada (709 kilómetros cuadrados).

El 91 por ciento del parque está incluido dentro de los límites del estado de Wyoming; la mayor parte del resto se extiende por Montana, y apenas 90 kilómetros cuadrados están incluidos en Idaho. Cuando se produjo la declaración del parque nacional, ninguno de los actuales tres estados involucrados tenía todavía la categoría estatal; eran territorios (jurídicamente considerados distritos) que se incorporarían como estados a la Unión años después: en 1889 (Montana) y en 1890 (Idaho y Wyoming). Al crear el parque nacional el Congreso colocó todo su territorio bajo la jurisdicción del distrito de Wyoming, lo que incluyó el pequeño porcentaje del parque extendido por Montana e Idaho. Eso fue casi veinte años antes de que esos estados fueran admitidos en la Unión, pero los territorios cedieron al distrito de Wyoming sus estrechas franjas de tierra que se superponían al parque.

Como todos los parques nacionales, sin que importe en qué estado se incluya, Yellowstone es territorio de jurisdicción federal, sujeto al artículo Tercero de la Constitución de Estados Unidos que establece que si alguien comete cualquier delito en tierras federales, debe ser juzgado en el lugar, o estado, donde se haya cometido el delito.

El problema del lugar donde alguien debe ser juzgado no es nuevo. En Estados Unidos se redactó el artículo Tercero porque los legisladores tuvieron muy en cuenta los antecedentes coloniales: cuando habían cometido un crimen contra algún colono, los soldados británicos eran devueltos a Inglaterra para ser juzgados. Una vez allí, con tribunales afectos, se iban de rositas. Por eso, una vez independizados, los escarmentados colonos legislaron que los crímenes debían ser juzgados allí donde se cometieran. Todo parece claro: negro sobre blanco. Pero como todo el mundo sabe, si en Derecho todo fuera blanco y negro, ¿de qué comerían jueces, procuradores y abogados?

Mapa geológico de Yellowstone en el que he superpuesto la "Zona de la Muerte".

Para complicar las cosas, la Sexta Enmienda, promulgada cuatro años después de la Constitución, establece que «En toda causa criminal, el acusado gozará del derecho de ser juzgado pública y expeditamente, por un jurado imparcial del Estado y distrito en que el delito se haya cometido, distrito que habrá sido determinado previamente por la ley», o lo que es lo mismo, otorgó a un acusado penal federal el derecho a ser juzgado por un jurado cuyos miembros deben ser elegidos entre los ciudadanos del estado y distrito donde se cometa el delito.

Ese tipo de jurado se conoce como “vicinage”. Ahí es donde el blanco y negro se difuminan. En la porción deshabitada de Idaho que se encuentra dentro del perímetro occidental de Yellowstone es imposible constituir un vicinage a menos que se incorporen osos, lobos o tejones. Allí no vive nadie. En todo Estados Unidos, este es el único lugar donde se produce esa circunstancia. Los crímenes federales cometidos en la porción de Yellowstone que se extiende en Idaho están en ese Estado, pero también en el distrito federal de Wyoming. Es un pleno al 15 en lo que se refiere a lagunas constitucionales.

Se podría argumentar que, si comete un delito grave en la Zona de la Muerte, tendría lugar en territorio federal y no realmente en Idaho. Las cosas no son tan sencillas. En la franja de Idaho incluida en el distrito de Wyoming, los residentes (si hubiera alguno) votarían en las elecciones de Idaho, pagarían los impuestos en Idaho, matricularían sus coches en Idaho, y así todo. Lo mismo se aplica a la sección de Montana de Yellowstone. Por tanto, aunque esas secciones de terreno pertenecen a sus respectivos estados, también pertenecen al distrito judicial de Wyoming.

El coronel Philetus W. Norris, segundo superintendente de Yellowstone National Park, entrando Upper Geyser Basin en agosto de 1878. Fotógrafo desconocido. Archivos de Yellowstone National Park.


Dado que nadie vive en esa sección de Idaho / Wyoming / Yellowstone, no hay habitante alguno que pudiera formar parte de un jurado local. Sin jurado, no hay juicio. ¡Caso liquidado! Pero hay una posibilidad de otro juicio, que en la jerga legal estadounidense se conoce como “bench trial”. Las Reglas Federales de Procedimiento Penal establecen que en un juicio civil la constitución de un jurado no es automática, sino que debe ser solicitada por una de las partes y pagar una pequeña tasa; de no solicitarse, el caso se solventará mediante bench trial, un juicio directo por un solo juez. En ese caso no tendría que constituirse un jurado, lo que resolvería de un plumazo el problema de la inexistente población en la Zona de la Muerte.

Otra vez parece fácil, ¿verdad? Pues no. La ley protege los derechos de los acusados. El reo tendría que renunciar a su derecho a un juicio con jurado. ¿Y quién iba a hacer eso cuando tiene la oportunidad de cometer el crimen perfecto? No se puede obligar al acusado a tener un bench trial. Puede hacer valer su derecho a un juicio por vicinage y no puede haber otro tipo de juicio sin que el acusado renuncie al jurado y, además, haciendo valer su derecho a un jurado local. Él y solo él puede renunciar a ese derecho.

Bien, ese es el indiscutible derecho que asiste a cualquier ciudadano estadounidense. La cuestión es si sería fácil llevar a cabo un crimen en la Zona de la Muerte. Mientras contemplo con unos prismáticos la zona, pienso que, incluso si fuera técnicamente posible cometerlo, hay varios factores que hacen de la idea un escenario bastante descabellado en la vida real.

Para empezar, el crimen tendría que ser espontáneo y ocurrir dentro del área prescrita del parque. Cualquier indicio de planificación premeditada se llama conspiración para cometer un asesinato y sería juzgada en el Distrito Judicial de Idaho. También es más que posible que el asesino cometa alguna infracción federal como introducir armas de fuego en el parque o, simplemente, infringir el reglamento que impide penetrar en la Zona de la Muerte o cualquier otro tipo de infracción menor que lo pondrían en manos de los jueces de distrito. Cualquier delito menor que pudiera acarrear una pena de cárcel de seis meses o menos no requeriría un juicio por jurado. Como Al Capone, al que acabaron por llevar a prisión sus delitos fiscales, tirando del hilo de la infracción menor acabaría por salir la condena por el delito mayor.

Un obstáculo aún mayor para cometer el asesinato perfecto es el de la logística. Estamos hablando de una parte remota del parque, un área que ni siquiera está conectada por carreteras al resto de Yellowstone. Si quieres llegar hasta allí, debes abandonar el parque y conducir hasta Ashton, Idaho, donde deberás tomar una pista de tierra de casi veinte kilómetros para entrar de nuevo en el parque. 

Para llegar a la Zona de la Muerte desde allí, hay que tomar Grassy Lake Road, que se dirige hacia el oeste y corre perpendicular a la frontera sur del parque durante setenta kilómetros de surcos, baches, animales sueltos, rocas desprendidas, traqueteo de dientes y sacudidas del globo ocular. El paisaje es magnífico… si consigues enfocar la vista y mirar a través de las nubes de polvo. Calculo que, si todo va bien y no te aplasta un peñasco, recorrerla cuesta aproximadamente tres horas, así que hay que llevar el depósito lleno y neumáticos de repuesto.

Quienes deseen acercarse a la Zona de la Muerte, deben solicitar permiso en la estación de los rangers cerca del río Bechler.

Una vez que hayas pasado la estación de los rangers de Bechler (sin que te vean) y alcanzado el comienzo del sendero hacia Bechler Meadows, debes convencer a tu víctima para que camine por el bosque a lo largo del río Bechler. Puedes seducirla con la visita a las hermosas cascadas Bechler o, si le gusta pescar, con la increíble pesca de truchas en Bechler Meadows, pero es posible que no te escuche porque correrá despavorido perseguido por los zumbidos de los miles de mosquitos sedientos de sangre que pululan por allí esperando su próximo avituallamiento de sangre caliente. En serio, si quieres sobrevivir el tiempo suficiente para asegurarte el regreso, sería recomendable que antes te dieras un baño de repelente.

Supongamos que has tenido éxito y has logrado atraer a tu víctima hasta la Zona de la Muerte y propinarle el golpe de gracia; ahora tendrás que regresar caminando hasta donde dejaste el coche. El bosque es una reserva de osos grizzlies y refugio predilecto como de los enormes lobos grises, por no mencionar a los feroces glotones que no dudarían en amputarte una pierna de un mordisco. Si no puedes entrar y salir antes de la puesta del sol, es muy posible que termines sirviendo de cena a algún carnívoro hambriento y podrías terminar duplicando la carga de trabajo de algún equipo de rescate mucho después de que tu víctima y tú hayáis sido denunciados como desaparecidos.

Todo es posible, pero no parece que valga la pena intentarlo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

¿Qué pasaría si el supervolcán de Yellowstone entrara en erupción?


Los científicos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y de la Universidad de Utah que trabajan en el Observatorio del Volcán Yellowstone (YOV) están cansados de desmentir los bulos y los memes sobre las espantosas supererupciones que amenazan al Parque Nacional, pero eso no significa que dejen de evaluar las posibles consecuencias de una de ellas.
Además de pronosticar los posibles daños, los científicos supervisan constantemente la región para detectar la aparición de túneles de roca fundida bajo tierra. Además, para predecir qué sucedería si el volcán explotara, analizan las supererupciones y las explosiones volcánicas más pequeñas del pasado.
Como casi todo en Estados Unidos, el Parque Nacional Yellowstone tiene unas dimensiones enormes. Sus 8.983 km² superan en casi mil el tamaño de la Comunidad de Madrid. La mayor parte del Parque Nacional se encuentra dentro de la Caldera Yellowstone, el volcán más grande del continente, considerado un volcán activo. En realidad, son tres calderas superpuestas que, como tres cuencos poco profundos, se formaron en lo que era la antigua meseta de Yellowstone (situada a 2.400 m de altitud) cuando estalló una cámara subterránea de magma. Con el tiempo, cada vez emergía más material hasta que el terreno original colapsó y creó una caldera. Las grandes explosiones sacudieron Yellowstone hace 2,1, 1,3 y 0,64 millones de años. Esas grandes erupciones, que son el origen de las tres calderas, sirven como pistas para comprender lo que sucedería si hubiera otra megaexplosión.
Mapa geológico de Yellowstone. Fuente
En contra de lo que cualquiera puede leer en las redes sociales, no hay una colosal balsa de roca fundida agitándose debajo de los icónicos géiseres y fuentes de barro de Yellowstone. Entre 5 y 10 km por debajo del parque descansa una cámara muy caliente de magma. Los cálculos, siempre estimativos, varían, pero una cámara de magma necesita alcanzar aproximadamente el 50% de magma fundido antes de que se acumule y escape. No es el caso de Yellowstone.
La corteza terrestre y el manto debajo del parque están muy, muy calientes, pero en su mayoría son sólidos, con pequeñas bolsas de roca fundida esparcidas por todas partes, como el agua dentro de una esponja. Solamente un 9% de la masa caliente está fundida y el resto es sólido. Por eso, los vulcanólogos piensan que en estos momentos no parece que el depósito de magma de Yellowstone pueda producir una erupción.
Yellowstone es un volcán activo. Las características de la superficie, como los géiseres y las aguas termales, son resultados directos del vulcanismo subyacente de la región. Imagen del Servicio Nacional de Parques.
¿Cómo miden los investigadores el magma? Las ondas sísmicas viajan más lentamente a través de rocas calientes o parcialmente fundidas que a través de las rocas sólidas normales, por lo que observando y cartografiando dónde viajan las ondas sísmicas más lentamente, los geólogos pueden ver dónde está almacenado el magma y cuánto hay allí.
De la misma forma que la cartografía del magma es cada vez más precisa, la capacidad de los científicos para pronosticar erupciones volcánicas siempre está mejorando. La mayoría de los vulcanólogos piensa que la acumulación de magma sería detectable durante semanas, tal vez años, antes de que ocurriera una gran erupción de Yellowstone. Las señales de advertencia incluirían cientos de pequeños terremotos muy característicos, emisiones de gases y deformación rápida del suelo.
Alguien que conozca estas señales de advertencia podría pasear por el parque en cualquier momento y pensar que está sucediendo algo extraño. No debe sorprenderse: Yellowstone es un volcán vivo y siempre hay pequeños terremotos que causan temblores y gases que se filtran desde el suelo. El volcán incluso respira: la superficie del suelo se hincha y se hunde a medida que los gases y fluidos se mueven alrededor del sistema de "fontanería" volcánica situado debajo del parque.
Grosor de las capas de ceniza que, a escala continental, arrojaría el volcán de Yellowstone en caso de una superexplosión. En el mapa aparecen las principales ciudades de Estados Unidos. Fuente USGS.
Pero el temblor diario no presagia una superexplosión que pudiera arrasar el parque. El YOV nunca ha registrado señales de advertencia de una erupción inminente. ¿Cómo lo saben? Por un lado, los terremotos provocados por el movimiento de roca fundida son muy característicos y los vulcanólogos los conocen bien, porque el “túnel” subterráneo de magma emite señales sísmicas que son diferentes de las generadas por las líneas de falla deslizantes que provocan los terremotos habituales. En cuanto se produjeran se observarían terremotos moviéndose según un patrón definido y produciéndose cada vez a menor profundidad.
Recuerde la erupción de 2014 del volcán Bardarbunga en Islandia. Rastreando terremotos, tanto los aficionados como los expertos "vieron" cómo el magma del Bardarbunga se elevaba bajo tierra. El avance superficial se anunció casi de inmediato en Twitter y en otras redes sociales. Esté tranquilo: como sucede en Islandia, todos los datos sísmicos de Yellowstone están disponibles públicamente a través del YOV y de la Universidad de Utah.
Además, si una futura supererupción se parece a sus predecesoras, la lava que fluye no será una gran amenaza. Según el USGS, los flujos de lava más antiguos de Yellowstone nunca viajaron mucho más allá de los límites del parque. Para los vulcanólogos, la mayor preocupación son las cenizas arrojadas por el viento. Imagine un círculo de aproximadamente 800 kilómetros alrededor del corazón del parque. Los estudios más recientes, que datan de 2014, dicen que una capa de cenizas de unos diez centímetros cubriría toda la superficie incluida dentro de ese círculo.
Es probable que la próxima supererupción del volcán Yellowstone arrojara grandes cantidades de gases como el dióxido de azufre, que forma un aerosol que absorbe la luz solar y la refleja hacia el espacio. El enfriamiento climático resultante podría durar hasta una década. El cambio climático temporal podría alterar los patrones de lluvia y, junto con las heladas severas, causar pérdidas generalizadas en cultivos y hambruna, que afectaría a toda la agricultura extensiva del Medio Oeste y, en la costa del Pacífico, desde California hasta Columbia Británica.
Cascadas del río Yellowstone en el corazón del Parque Nacional
Pero por grande que fuera la explosión no acabaría ni con la Humanidad ni con la vida en la Tierra. No hubo extinciones después de las últimas tres enormes erupciones de Yellowstone, como tampoco las hubo con otras siete supererupciones sucedidas en los últimos millones de años.
Sin embargo, los científicos coinciden en que aún queda mucho por aprender sobre los efectos globales de las supererupciones. El problema es que estas catástrofes masivas son, afortunadamente, raras, y suceden en algún lugar de la Tierra solo una o dos veces cada millón de años. Estos acontecimientos han sido tan poco frecuentes que los vulcanólogos aconsejan no preocuparse por ellos.
Un escenario de daño mucho más probable en Yellowstone reside en los peligros menos predecibles: grandes terremotos y explosiones hidrotermales en las áreas por donde deambulan los turistas. Aunque sean catástrofes locales de escasa magnitud regional y mucho menos continental, sí representan un cierto peligro y podrían tener un gran impacto en la gente que estuviese cerca. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 1 de marzo de 2020

Cactus peludos y murciélagos polinizadores

Un murciélago lengüilargo sin cola (Anoura geoffroyi), libando en la flor de un viejito (Espostoa frutescens). Foto

Las plantas con flores han desarrollado una extraordinaria variedad de señales para atraer y guiar a sus polinizadores. La mayoría de las flores dependen de señales visuales y químicas que incluyen desde colores brillantes hasta olores seductores e incluso engaños sexuales, pero algunas plantas polinizadas por murciélagos (flores quiropterófilas) han desarrollado superficies reflectantes para guiar a los murciélagos ecolocalizadores (1, 2, 3, 4). Todas las señales florales eco-acústicas conocidas se basan en los mismos principios básicos de la reflectividad del sonar.
En un artículo publicado el pasado mes de diciembre se revela un mecanismo hasta ahora desconocido a través del cual un cactus columnar quiropterófilo de los Andes ecuatorianos, Espostoa frutescens, mejora su comunicación acústica con los murciélagos gracias a la mayor absorción del área que rodea la flor objetivo, mejorando así el contraste eco-acústico. El mecanismo descansa en la formación de un cefalio alrededor de la flor. Los cefalios, de los que me ocupé en este artículo, son estructuras generalmente coloreadas, lanudas y cubiertas de cerdas que surge en el ápice de crecimiento de algunos cactus.
Espostoa frutescens es un precioso cactus columnar que puede alcanzar varios metros de altura y que crece entre los 500 y los 2.100 metros de altitud en los Andes ecuatorianos. Como muchos otros cactus que crecen en las montañas, cuya pilosidad canosa les ha hecho merecedores del nombre de “viejitos”, esta especie está cubierta por una densa capa de tricomas peludos. Estos pelos cumplen una función importante en estas montañas: proteger el cuerpo de la planta del calor excesivo, el frío, el viento y la radiación ultravioleta.
Las flores de Espostoa crecen sobre cefalios  especiales. En la foto E. hylaea.
E. frutescens lleva el uso de los tricomas un paso más allá cuando llega el momento de la floración. Forma parte de un grupo de cactáceas que producen una densa capa de pelos (cefalios) alrededor de sus botones florales. Se piensa que los cefalios han evolucionado como un medio para proteger el crecimiento de flores y frutos de los elementos externos. Esa función protectora se amplía ahora gracias a que los científicos han descubierto que, al menos en algunos cactus, el cefalio también puede desempeñar un papel importante en la atracción de murciélagos.
Desde que el biólogo italiano Lazzaro Spallanzani descubriera el fenómeno en pleno siglo XVIII, los murciélagos son conocidos por su uso de la ecolocación. Como criaturas que vuelan en la oscuridad, dependen del sonido y del olor, en lugar de utilizar la vista, para encontrar alimento. Cada vez conocemos más acerca de muchas plantas que se benefician de ello para producir estructuras que aumentan el efecto sonar haciéndolas más atractivas para sus visitantes nocturnos. Algunas plantas, como Mucuna holtonii y Marcgravia evenia, lo hacen para mejorar la polinización. Otras, como Nepenthes hemsleyana, para obtener una comida rica en nitrógeno.
El mecanismo desarrollado por E. frutescens difiere de los ejemplos conocidos hasta ahora en que no trata de reflejar como un sonar los ultrasonidos emitidos por los murciélagos, sino de absorber frecuencias específicas. Un examen minucioso de los pelos que conforman el cefalio de E. frutescens reveló que estaban extremadamente bien adaptados para absorber frecuencias ultrasónicas en el rango de los 90 kHz. Esta absorción, que en principio puede resultar aleatoria adquiere pleno significado cuando se descubre quién poliniza exactamente a este cactus.
Anoura geoffroy. Foto
El principal polinizador de E. frutescens es el murciélago lengüilargo sin cola (Anoura geoffroyi), una especie de quiróptero que se encuentra desde el centro de México hasta Bolivia y el sureste de Brasil. Esta especie ecolocaliza usando frecuencias cercanas al rango de los 90 kHz. Mientras que la mayor parte del cuerpo del cactus refleja en forma de eco inapreciable para nuestros oídos el resto de las frecuencias, los cefalios actúan como un fuerte absorbente de los chillidos ultrasónicos, atenuando el sonido en -14 decibelios en comparación con otras partes del cuerpo columnar.
Lo que demostraron los experimentos es que la absorción de las frecuencias de llamada de ecolocación de los murciélagos lengüilargos que se acercaban al cactus era más alta alrededor de los cefalios peludos. Eso significa que, en lugar de hacer que las flores sean más reflectantes, las plantas también pueden desarrollar estructuras específicas para atenuar el eco de fondo, mejorando así el contraste acústico del objetivo.
Esencialmente, el área de recompensa floral de esta especie presenta una superficie mucho más “tranquila” que el resto de la planta. Es muy posible que esto funcione como una especie de tarjeta de presentación para los murciélagos de Geoffroy que buscan su próxima comida. Eso tiene sentido desde el punto de vista de la comunicación, ya que no solo ahorra a los murciélagos un valioso tiempo para alimentarse, sino que también aumenta las posibilidades de polinización cruzada para el cactus.
Para obtener suficiente energía del rico néctar de las flores, los murciélagos deben recorrer grandes distancias. Cualquier cosa que los ayude a localizar una comida de forma más rápida aumentará las visitas a esa flor. Al cambiar la forma en que las flores "aparecen" ante las silenciosas criaturas de la noche, plantas y polinizadores obtienen una considerable ventaja.
Es importante señalar que, en este momento, la investigación solo ha podido demostrar que los pelos que rodean las flores de E. frutescens son más absorbentes a las frecuencias ultrasónicas utilizadas por Anoura geoffroyi. Todavía desconocemos si los murciélagos prefieren o no visitar flores provistas de cefalia. Aunque sea así, esta investigación abre camino para realizar más experimentos sobre cómo plantas como E. frutescens pueden "comunicarse" con sus polinizadores nocturnos. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 29 de febrero de 2020

Coronavirus: mentiras, bulos y fake news


Los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS).
El coronavirus que se ha descubierto más recientemente, el SARS-CoV-2, se extiende con rapidez por el globo y es probable que la Organización Mundial de la Salud declare la pandemia, no por la gravedad de la infección, sino porque cada vez hay más países afectados.
A medida que el nuevo coronavirus continúa infectando a personas de todo el mundo, los bulos cunden como la pólvora por las redes sociales. Gracias a la información que he recopilado estos días de fuentes fiables, he reunido información para desmontar una docena de los bulos más generalizados sobre el SARS-CoV-2 y la enfermedad que causa, la COVID-19.
Intento explicar por qué esos bulos son simples mentiras que tienden a engañar o fake news que carecen de fundamento alguno.

Bulo: el coronavirus es más mortal que la gripe

Hasta ahora la gripe común es más letal que el coronavirus. En España, la gripe común causó la última campaña el doble de muertos de los que ha causado el coronavirus en todo el mundo hasta ahora. La tasa de mortalidad de la gripe estacional en España fue del 1,2% la última temporada con los datos disponibles del otoño-invierno de 2018-2019. La letalidad del coronavirus es de entre el 2% y el 4% en el epicentro de la enfermedad, en Wuhan, y del 0,7% fuera de la ciudad china origen del contagio.
La gripe común causó 6.300 muertes en España en la última campaña, según datos del CSIC, entre los 525.300 casos registrados. Requirieron hospitalización 35.300 pacientes. Según la Organización Mundial de la Salud, las epidemias anuales de la gripe estacional causan entre 290.000 a 650.000 muertes en todo el mundo. La incidencia del coronavirus está siendo menor: en todo el mundo hay 81.109 casos confirmados de Covid-19, y 2.762 muertos por su infección.
La gran mayoría de los casos confirmados (el 96%), y de los muertos (el 98,5%), están en China, concretamente en la provincia de Hubei, en cuya capital, Wuhan, está el origen del contagio. En el caso de Italia, el país con más contagios confirmados después de China y Corea del Sur, las 12 muertes causadas por el coronavirus, de entre los 322 infectados, han sido de personas mayores de 60 años con patologías previas.

Bulo: Infectarse con el COVID-19 es una sentencia de muerte

Falso. Alrededor del 81% de las personas infectadas con el coronavirus son casos leves de la enfermedad COVID-19, según un estudio publicado el 18 de febrero por el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades. Alrededor del 13,8% presentan síntomas más graves, lo que significa que tienen dificultades para respirar o requieren la administración de oxígeno, y alrededor del 4,7% son enfermos críticos, es decir, presentan insuficiencia respiratoria, fallo multiorgánico o shock séptico. Hasta el momento, los datos sugieren que solo alrededor del 2,3% de las personas infectadas con COVID-19 mueren a causa del virus. Las personas de mayor edad o que tienen otros problemas de salud son las que corren mayores riesgos de sufrir complicaciones graves.

Bulo: los niños no pueden contraer el coronavirus

No es verdad. Los niños pueden contraer COVID-19, aunque algunas estadísticas sugieren que es menos probable que contraigan el virus que los adultos. Hasta el pasado miércoles (26 de febrero), Italia había diagnosticado 400 casos de COVID-19, incluidos cinco casos en jóvenes de 4 a 19 años, según The Guardian.
El estudio más exhaustivo, realizado en la provincia china de Hubei donde hay registrados más de 44.000 casos de COVID-19 y donde, en conjunto, la mortalidad es del 2,3%, encontró que la gravedad aumenta con la edad. De 0 a 9 años no ha habido muertos hasta mediados de febrero. Entre los contagiados de entre 10 y 39 años, la mortalidad ha sido del 0,2%; sube al 0,4% entre los chinos de 40 a 49 años; y al 1,3% los pacientes entre 50 y 59 años. La letalidad entre los infectados entre 60 y 69 años es del 3,6%; del 8% en los enfermos entre 70 y 79 años; y del 14,8% entre los mayores de 80 años, según el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades.
El estudio encontró que solamente un 2,2% afectaba a jóvenes menores de 19 años. Por el contrario, está demostrado que todos los años los niños contraen la gripe más fácilmente que los adultos. Lo que es posible es que algunos niños se infecten y transmitan la enfermedad sin mostrar muchos síntomas.

Bulo: Habría que cerrar escuelas

Puede que sí o puede que no. No hay garantías, pero el cierre de escuelas es una herramienta común que utilizan los expertos de salud pública para frenar o detener la propagación de enfermedades contagiosas. Por ejemplo, durante la pandemia de gripe porcina de 2009 originada en México y que acabó por producir 79 muertes en España, no se cerraron las escuelas.
Aunque el coronavirus es una enfermedad diferente, con un período diferente de incubación y distintas formas de transmitirse y de gravedad de los síntomas, en el caso de que se demuestre que los niños son los principales vectores de la enfermedad -algo que nadie ha demostrado-puede que se cierren algunas escuelas en los lugares de mayor incidencia de la enfermedad, pero eso es poco probable.

Bulo: el virus probablemente se creó en un laboratorio

Ninguna evidencia indica que el virus sea artificial. SARS-CoV-2 se parece mucho a otros dos coronavirus que han desencadenado brotes en las últimas décadas, SARS-CoV y MERS-CoV, y los tres virus parecen haberse originado en murciélagos. En resumen, las características del SARS-CoV-2 son coherentes con lo que sabemos sobre otros coronavirus naturales que dieron el salto de los animales a las personas.

Bulo: las máscaras faciales protegen del virus

Las máscaras quirúrgicas normales no protegen del SARS-CoV-2, ya que no están diseñadas para bloquear las partículas virales y no se ajustan herméticamente al rostro. Dicho esto, las máscaras quirúrgicas pueden ayudar a evitar que las personas infectadas propaguen el virus al bloquear cualquier gota respiratoria que pudieran expulsar al toser.
En los centros médicos donde se atiende a personas infectadas se usan respiradores especiales “N95" que reducen la propagación del virus entre el personal médico. Quienes los usan son entrenados para ajustar adecuadamente los respiradores alrededor de la nariz, las mejillas y la barbilla para asegurarse de que no penetre aire por los bordes del respirador.

Bulo: es más fácil que contraigas la gripe que el coronavirus

No necesariamente. Para estimar con qué facilidad se propaga un virus, los científicos calculan su "número de reproducción básico" o R0, que predice el número de personas que pueden captar un determinado patógeno a partir de una sola persona infectada. Actualmente, el R0 para el SARS-CoV-2 se estima en aproximadamente 2,2, lo que significa que, como media, una persona infectada puede trasmitir el virus a otras dos. En comparación, la gripe tiene un R0 de 1,3.

Bulo: el virus es solo una forma mutada del resfriado común

No, en absoluto. El coronavirus es una gran familia de virus que provocan diferentes enfermedades. El SARS-CoV-2 comparte características con otros coronavirus, cuatro de los cuales pueden causar el resfriado común. Para infectar las células huésped, las superficies de esos cinco virus presentan proteínas en forma de proyecciones puntiagudas. Sin embargo, los cuatro coronavirus que provocan resfriados, (229E, NL63, OC43 y HKU1), utilizan a los humanos como sus principales hospedantes. El SARS-CoV-2 comparte aproximadamente el 90% de su material genético con coronavirus que infectan a los murciélagos, lo que prueba que el virus se originó en los murciélagos y luego saltó a los humanos.
Eso es exactamente lo que sucedió con el virus del SARS, que saltó de los murciélagos a las civetas (unos pequeños mamíferos nocturnos) antes de infectar a los seres humanos, y con el virus del MERS, que infectó a los camellos antes de propagarse a los humanos.

Bulo: los animales domésticos y las mascotas pueden transmitir el nuevo coronavirus

No hay prueba alguna de que unos y otras puedan infectarse con el coronavirus y mucho menos transmitirlo a los humanos, según la Organización Mundial de la Salud. Un perro en Hong Kong resultó "débilmente positivo" para el nuevo coronavirus, según un comunicado del Departamento de Agricultura, Pesca y Conservación de Hong Kong emitido ayer, 28 de febrero. Pero los científicos no están seguros de si el perro estaba realmente infectado con el coronavirus o si captó el virus con el hocico a partir de una superficie contaminada. Como precaución, el perro se puso en cuarentena, pero no tiene síntomas y no hay evidencia alguna de que pueda infectar a los humanos.

Bulo: si tienes coronavirus, lo notarás

No, no lo notarás. La enfermedad COVID-19 se manifiesta a través de varios síntomas, muchos de los cuales aparecen en otras enfermedades respiratorias como la gripe y el resfriado común. Los síntomas más comunes de COVID-19 incluyen fiebre, tos y dificultad para respirar, mientras que los síntomas más raros incluyen mareos, náuseas, vómitos y mucosidad nasal. En casos severos, la enfermedad puede convertirse en una enfermedad grave parecida a la neumonía, pero al principio es posible que las personas infectadas no muestren ningún síntoma.
Aunque el coronavirus es distinto a la gripe desde un punto de vista biológico, los síntomas son similares a los de otros virus respiratorios. La gran diferencia es que para la gripe existen vacunas y para el Covid-19 de momento, no, puesto que están en fase experimental.
A medida que avanza el brote en Europa, responsables sanitarios estatales y autonómicos deben proporcionar actualizaciones sobre cuándo, cómo y dónde se ha propagado el virus. Solamente en el caso de que viva en una zona declarada como de particular afección (lo que todavía no ha ocurrido en España) y comience a experimentar fiebre alta, debilidad, letargo o dificultad para respirar, o si tiene síntomas más leves de la enfermedad, debe buscar atención médica en el hospital más cercano.

Bulo: no es seguro recibir un paquete de China

Según la Organización Mundial de la Salud es totalmente seguro recibir cartas o paquetes de China. Gracias a investigaciones anteriores se sabe que los coronavirus no sobreviven mucho tiempo en cartas y paquetes. Según lo que sabemos sobre coronavirus similares, como el MERS-CoV y el SARS-CoV, los expertos creen que este nuevo coronavirus probablemente tampoco sobreviva en las superficies de los empaquetados, porque para que un virus siga siendo viable, necesita una combinación de condiciones ambientales específicas, como la temperatura, falta de exposición a los rayos UV y humedad, una combinación que no se da en los envíos postales.

Bulo: Puede contaminarte con el coronavirus si comes en restaurantes chinos

No puedes. Según esa lógica, también deberías evitar los restaurantes italianos, coreanos, japoneses e iraníes, dado que esos países también se han enfrentado a un brote. El nuevo coronavirus no solo afecta a las personas de origen chino.
Por último, si se compara este virus con otras enfermedades más graves nos podemos hacer una idea más cabal de lo que supone, de momento, esta epidemia. Virus como el ébola, enfermedades como la tuberculosis o las de transmisión sexual están repuntando en España y son mucho más graves. No hay motivos para alarmarse por una enfermedad que mata menos que la gripe convencional. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

martes, 25 de febrero de 2020

Primavera, tiempo para las bulbosas


Los jardineros del hemisferio norte se disponen estos días a preparar sus bulbos. La primavera es la estación de las plantas bulbosas. A medida que el invierno da paso a días más cálidos y largos, algunas plantas que han permanecido el invierno enterradas (o dentro de sacos en las bodegas de los jardineros) comienzan a aflorar en busca de la luz solar. Funcionalmente, los bulbos son órganos de almacenamiento. Están formados por un tallo corto rodeado de capas de hojas carnosas, que contienen mucha energía para impulsar el rápido crecimiento.
Las plantas han resuelto de maneras muy diversas el problema de la supervivencia durante épocas adversas, como son los inviernos muy fríos y los veranos excesivamente cálidos y secos. Las plantas bulbosas han desarrollado órganos subterráneos de reserva que les permiten sobrevivir durante las estaciones desfavorables en estado de reposo y reiniciar el crecimiento cuando las condiciones ambientales vuelven a ser favorables.
Durante la primavera, cuando aparecen las hojas, las plantas bulbosas activan su metabolismo, fotosintetizan aprovechando las largas horas de insolación y movilizan los compuestos elaborados gracias a la luz hacia los bulbos subterráneos. Mientras lo hacen, producen flores, por lo general muy numerosas y muy vistosas, porque la mayoría de las bulbosas son polinizadas por insectos que liban el néctar de sus flores.
Cuando aprieta el calor del inicio del verano, las flores ya han producido frutos mientras que las hojas comienzan a desecarse. Durante el verano no queda más rastro de las bulbosas que un manojo de hojas secas (salvo en los jardines irrigados) y un puñado de frutos que, agitados, por el viento liberan decenas de semillas menudas.
Por debajo de tierra, la planta sobrevive gracias a los bulbos, que constituyen una reserva para pasar el invierno en estado de latencia, protegidos de las temperaturas extremas de la superficie gracias al poder atemperador de los suelos. Son increíblemente resistentes en esta etapa.
Flores del mataperros, Colchicum autumnale
Las adaptaciones y las estrategias de las plantas bulbosas pueden satisfacer exigencias ecológicas muy diversas. Por ejemplo, muchos tulipanes (Tulipa) de origen asiático están adaptados a un clima continental extremo, con veranos secos y tórridos, inviernos helados y primaveras con breves aguaceros, período en el cual desarrollan su ciclo completo. Existen, por otra parte, muchas especies de sotobosque, como algunos azafranes y similares (Colchicum, Crocus, Merendera), la escila (Scilla) y el diente de perro (Erythronium) que, gracias a sus reservas alimenticias, crecen muy rápido y cumplen su ciclo a principios de la primavera, antes de que las hojas de los árboles de hallan desarrollado y les quiten la luz del sol.
Muchas plantas bulbosas habitan comunidades adaptadas a incendios recurrentes durante la estación seca. En esos períodos, las plantas bulbosas y otras con raíces o tallos subterráneos (rizomas y tubérculos) están en reposo y de ese modo sobreviven al calor del fuego. Los incendios limpian de vegetación la superficie, eliminando la competencia y, además, aportan nutrientes al suelo a través de las cenizas. Cuando las primeras lluvias caen, los bulbos, libres de competencia y bien abonados, comienzan a brotar rápidamente iniciando un nuevo período de crecimiento y desarrollo sostenidos por las reservas acumuladas en sus tejidos durante la estación previa. Varias especies del género Cyrtanthus, por ejemplo, son reconocidas por su rápida capacidad de florecer después de incendios naturales de pastizales, de ahí que sean conocidas como "lirios de fuego". De hecho, varias especies de ese género (C. contractus, C. ventricosus y C. odorus), solo florecen después de que se produzcan los incendios naturales.
Lirio de mar, Pancratium maritimum
Como cabe suponer, los bulbos son una adaptación para temporadas de crecimiento cortas. Su capacidad para crecer rápidamente les otorga una ventaja competitiva durante cortos períodos de tiempo cuando las condiciones ambientales mejoran y el resto de las plantas todavía no han producido hojas. A pesar de los costes energéticos asociados con el suministro y mantenimiento de un órgano de almacenamiento voluminoso, la capacidad de desplegar rápidamente las hojas cuando las condiciones se vuelven favorables supone, sin embargo, una ventaja adaptativa.
Para la planta, producir bulbos es energéticamente costoso, así que muchas bulbosas han desarrollado defensas frente a los herbívoros en forma de potentes fitoquímicos. Los sulfóxidos de aminoácidos de ajos y cebollas son parte del arsenal químico que caracteriza a muchas bulbosas. Por ejemplo, los vistosos lirios de mar del género Pancratium, representados en las playas del Mediterráneo por el espectacular P. maritimum, tienen unos bulbos enormemente tóxicos para los humanos por contener varios alcaloides.
Los enormes bulbos de Boophone haemanthoides, una planta e los desiertos de Namibia, sobresalen del suelo.
Los lirios de mar son parientes cercanos de narcisos, tulipanes, lirios y azucenas, algunos de cuyos bulbos son tóxicos y suelen producir problemas de envenenamiento en las mascotas que juegan en los jardines. Una bulbosa muy común, Colchicum atumnale, lleva el significativo nombre de “mataperros”, aunque es también sea conocida como “azafrán bastardo” por su parecido con el azafrán (Crocus sativus), contiene un alcaloide, la colchicina, que inhibe las divisiones celulares y puede ser letal en función de la dosis y del peso del animal que lo ingiera.
Los bulbos han evolucionado independientemente en muchas familias de plantas con flores (angiospermas). Muchos casos de la aparición del hábito bulboso ocurrieron durante el Mioceno y se han asociado con una disminución global de la temperatura y un aumento de la estacionalidad en latitudes altas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 23 de febrero de 2020

El campo está que arde


Con el lema “Agricultores y ganaderos al límite”, miles de personas, no todas ellas pertenecientes a ese sector, han participado estos días en las protestas que las principales organizaciones profesionales agrarias de España –ASAJA, COAG y UPA– convocaron en siete comunidades autónomas.

Convenientemente politizado, todo apunta a que el conflicto se recrudecerá a pesar de que el ministerio ha creado una mesa de diálogo con las organizaciones profesionales y se ha comprometido a presentar el borrador de una Ley de Cadena Alimentaria con medidas para regular los precios, que podrían incluir la prohibición de la venta a pérdidas, una reclamación histórica de los agricultores que, como apunto más abajo, solo puede dar una respuesta muy parcial a las demandas del sector.

Aunque se hayan asociado las manifestaciones a la reciente subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), a la que se oponen las asociaciones agrarias, las demandas de los agricultores van mucho más allá, y no solo afectan al sector primario, sino también al conjunto del sistema de alimentación.

Una cosa está clara: el campo da dinero; otra cosa bien distinta es que vaya a parar a los bolsillos de los agricultores. Según datos del Ministerio de Agricultura, la renta agraria (las prestaciones por desempleo asistenciales para trabajadores eventuales agrarios de Andalucía y Extremadura) lleva subiendo desde 2012 y, aunque en 2019 bajó un 9 %, alcanzó en 2018 una cifra récord de 30.217 millones de euros.

A esto hay que añadir que las exportaciones agroalimentarias han aumentado un 97,5% en la última década hasta alcanzar los 50.349 millones de euros en 2018, y que en 2017 el valor final de la producción agraria (el valor bruto percibido en origen por las producciones de los agricultores, incluidas algunas subvenciones directas de la Política Agraria Común (PAC) a los productos) superó los 50.600 millones de euros por vez primera en la historia.

Si la producción y las exportaciones agroalimentarias suben y el desempleo aumenta, ¿qué está ocurriendo? El problema es que estas buenas cifras macroeconómicas no repercuten positivamente en agricultores y ganaderos. Más bien todo lo contrario.

Estos días se han buscado culpables de la diferencia entre los precios en origen y los que paga el consumidor, una incontestable realidad, pero que no parece que, teniendo en cuenta que la agricultura sigue ganando dinero, sea el único problema del sector. Antes de seguir razonando, recuerden que España exporta el 50% de su producción agropecuaria, por lo que el precio final de los productos en el mercado interior solamente afecta a la mitad del sector.

Sería un error pensar que son las grandes cadenas de supermercados las que se están forrando, pues basta echar números para observar que, descontando gastos, los márgenes de beneficio que cualquier gran grupo de supermercados en los productos frescos es solo de entre el 1% y el 3%. Y es que entre el momento en el que un producto se recoge en el campo y aparece en el mostrador del supermercado pasan muchas cosas: transporte, almacenamiento, conservación de los perecederos, limpieza y control fitosanitario, impuestos y otras cosas que incrementan el precio del producto.

Para ofrecer un pequeño ejemplo de lo que hablo, he interrumpido la redacción de este artículo, he cruzado la calle y he ido al Carrefour de enfrente ver los precios de las naranjas de mesa. El kilo oscilaba entre 1,69 euros en las naranjas a granel y 2,69 en unas empaquetadas en unas cajitas con lacito y celofán.

De vuelta a casa busco en Internet los precios en un conocido proveedor online de productos hortofrutícolas cuyos anuncios proclaman que, del árbol a la mesa y sin intermediarios, usted tendrá las naranjas en casa en tan solo 24 horas. Precio: comprando el mínimo, cinco kilos, cada uno sale a 3,8 euros. Es evidente que este agricultor-distribuidor está teniendo algún margen comercial (no es una ONG), pero está también claro que transportar su mercancía entre Valencia y Madrid con un único intermediario (la agencia de transportes), tiene unos costes.

El problema de origen no está en la distribución minorista sino en otros factores: atomización, uberización, proteccionismo y el que llamaré efecto cepo. Algunos añadirán a estos el asunto de las importaciones, olvidando que, como demostró David Ricardo, el comercio internacional es un asunto de suma cero.

Al contrario que en otros sectores, el agroalimentario tiene una estructura muy atomizada. Las pequeñas y medianas empresas constituyen el 95% del total. Esto supone un importante hándicap a la hora de coordinar y fortalecer la distribución (los intermediarios siempre aprovechan las ventajas de negocia a la baja en un mercado atomizado), y las economías de escala. En un mercado cada vez más globalizado, el “divide y vencerás” adquiere pleno significado y está conduciendo, como en otros sectores (en el taxi o en la distribución de mercancías al por menor) a la precarización de los trabajadores. En este contexto, el cooperativismo adquiere pleno significado.

Como denuncia la organización agraria COAG en su informe La uberización del campo español, el avance de los modelos industriales de producción, la entrada de inversores con capital ajeno al sector agrario que buscan sólo rendimientos económicos y la liberalización comercial ganan terreno en detrimento de los agricultores tradicionales y se están llevando por delante los modelos productivos en cuyo horizonte comienzan a tomar cuerpo nubarrones con forma de falso autónomo.

La evolución del empleo en el campo según la media de trimestres de la Encuesta de Población Activa (Gráfico) muestra la desaparición de casi la cuarta parte de los autónomos del campo en solo una década, en la que han dejado la actividad 67.000 agricultores que se ganaban la vida por su cuenta y más de 2.000 que contrataban trabajadores, mientras el volumen de asalariados crecía más de un 20% con más de 87.000 incorporaciones que superan con creces la caída de los primeros.

Entre 2007 y 2018 y según los anuarios estadísticos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el número de explotaciones agrarias se redujo en España algo más de un 10% al caer de 1.043.899 a 933.059, mientras la superficie cultivada pasaba de 24,89 a 23,22 millones de hectáreas (-6,8%). Es decir, que cada vez hay menos explotaciones, pero estas son de mayor tamaño, lo que vendría a confirmar la intensificación de los procesos de acaparamiento de tierras de manera simultánea al desembarco de fondos de inversión en el sector.

En la manifestación de Granada, un agricultor declaró algo así: “Nos cuestan más los abonos y los tratamientos fitosanitarios que lo que sacamos por de las aceitunas”. Esa es una de las dos fauces del cepo en el que participan las grandes empresas agrícolas que tiene atrapado a los pequeños y medianos agricultores. La guerra no se libra entre agricultores y distribuidores, sino entre pequeños agricultores y las empresas, cada vez más concentradas, que suministran los materiales a estos.

Por un lado, están los proveedores de fitosanitarios y maquinaria, también fuertemente concentrados en un puñado de empresas muy poderosas que, en un entorno de escasa competencia, han pasado por fusiones recientes (Monsanto y Bayer, Dow y Dupont, Syngenta y ChemChina). Los precios en origen de los productos no paran de bajar, pero el de los insumos (abonos, fitosanitarios, combustibles, semillas) que controlan esas compañías en régimen casi monopolístico ha subido conforme al ritmo natural de la economía. La otra pieza del cepo es la distribución comercial fuertemente concentrada: los seis primeros grupos de distribución concentran el 55,4% de la cuota de mercado en España.

Esta presión que se hace desde las dos fauces del cepo atrapa a los agricultores, que son los que tienen el menor poder de negociación. La gran distribuidora marca las pautas, pone normas privadas, y los agricultores tienen que ceder para poder vender sus productos dentro de la gran cadena. Para entender la presión que sufren las explotaciones agrarias es paradigmático lo acontecido en el sector murciano de la uva de mesa, que COAG pone como ejemplo de esta “uberización” del campo.

En la Región de Murcia, donde se produce un 46% del total nacional, la comercialización se concentra en tres grandes empresas que acaparan alrededor del 85 % de la uva de esta zona. El funcionamiento de estos grupos respecto a los productores es leonino: los agricultores asumen el riesgo productivo, mientras mantienen la propiedad de la tierra. Tienen contratos de compraventa a largo plazo bajo los que se supervisa toda la producción. Estos incluyen, además, permisos para plantar y producir las variedades que son propiedad de las suministradoras de insumos previo pago de royalties. Los precios que se pagan al agricultor cubren los altos costes de producción, pero se trata de una rentabilidad supervisada y muy limitada, dependiente por completo de la comercializadora.

Todo esto ha hecho que en Murcia haya caído de forma importante el número de agricultores de uva: solo aquellos que han logrado tener una dimensión considerable permanecen en el sector, pero, según COAG, reconvertidos prácticamente en obreros agrarios.

A este problema estructural del sector hay que sumar además un sinfín de problemas coyunturales que están haciendo que la presión sobre los agricultores se torne insostenible y que centraré en uno, el proteccionismo. El mercado estadounidense es el sexto importador de productos agroalimentarios españoles en términos de volumen. Desgraciadamente, la Administración norteamericana ha dado un importante giro en su comercio exterior, adoptando una política proteccionista.

De acuerdo con el gobierno de Donald Trump, la PAC implica la percepción de ayudas por parte de los agricultores. Esto es interpretado como una medida de competencia desleal, de acuerdo con Washington. De hecho, recientemente, ya se ha impuesto un importante arancel a la aceituna española, lo que tan solo supone un pequeño anticipo de lo que está por venir en el futuro próximo.

Al final, tras todas las piezas que conforman la problemática del sector agropecuario español hay un claro debate político sobre el modelo de sistema alimentario que queremos como sociedad. Se necesita que la sociedad apueste por un modelo en el que tenga cabida la explotación social y familiar, porque es un modelo que produce alimentos de calidad, mantiene la diversidad y una estructura más rica del medio rural.

El campo español ya nunca será rentable, pero sí necesario. Como la sanidad o la educación. Y en este debate de fondo, tiene mucho que ver el gran fracaso sociopolítico de la PAC, que merece tratamiento aparte. Lo dejo para una próxima entrega. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.