Páginas vistas en total

viernes, 8 de septiembre de 2017

Murciélagos frente al espejo

Myotis myotis. Foto.

¿No se ha tropezado alguna vez con una puerta de cristal? Los murciélagos lo hacen con alguna frecuencia y no porque vuelen distraídos. Simplemente, no reconocen como obstáculos las superficies verticales y lisas. Esa es la conclusión de un estudio del seguimiento de los murciélagos de orejas de ratón (Myotis myotis) mientras volaban a través de un túnel experimental en el que los investigadores habían colocado una lámina de metal vertical.
Aunque ahora formen parte del paisaje que nos rodea y parezca que siempre han estado ahí, las estructuras generadas por el hombre apenas representan un instante en la historia de la Tierra. Los sistemas sensoriales de los animales evolucionaron para navegar por ambientes naturales y, por tanto, no siempre funcionan bien en medios antropogénicos. En un trabajo publicado hoy por la revista Science, un grupo internacional de investigación encabezado por Stefan Greif, del departamento de Zoología de la Universidad de Tel Aviv, demuestra que el sistema de ecolocación de los murciélagos parece percibir las superficies lisas verticales como superficies despejadas abiertas, un error que a menudo conduce a impactos fatales.
Los murciélagos navegan a toda velocidad por entornos complejos utilizando la ecolocalización, una modalidad sensorial que es profundamente diferente de la visión humana, y que consiste en el uso de ondas sonoras y del eco para determinar la posición de objetos en el espacio. Para ecolocalizar, emiten ondas sonoras por su boca o por la nariz. Cuando las ondas sonoras impactan en un objeto, producen ecos. El eco rebota en el objeto y vuelve a las orejas del murciélago. Los animales escuchan los ecos para determinar la posición del objeto, el tamaño y su forma. Usando la ecolocalización pueden detectar objetos tan finos como un pelo humano en completa oscuridad. Pero transformar una percepción tridimensional en otra sensorial de dimensión inferior a la visión humana es una tarea compleja. Por lo tanto, están tan obligados a aplicar un alto grado de procesamiento e interpretación de la entrada tridimensional, que cometer un error es relativamente fácil.
Cómo se engañan los murciélagos. La mayoría de las estructuras naturales, como el follaje de los árboles, devuelven cierto eco. Las superficies de espejo plano como los estanques o los paneles de ventanales reflejan el eco con el mismo ángulo con el que inciden. Los murciélagos no pueden discernir si el sonido está simplemente pasando de largo o si es reflejado por el espejo, y por ello pueden interpretar erróneamente esta situación como un camino libre de obstáculos. Fuente.
Básicamente, la ecolocalización del murciélago se diferencia de la visión humana en que las características observadas no se perciben directamente, sino que deben ser procesadas a través de mecanismos sofisticados. La visión binocular proporciona a los seres humanos un flujo continuo de dos campos ópticos bidimensionales separados, lo que permite reconstruir cómodamente escenas complejas de nuestro entorno tridimensional. En la visión, las direcciones de los objetos bidimensionales son accesibles directamente, mientras que las distancias a las que se encuentran tienen que ser reconstruidas por correlación o acomodación. Por el contrario, cuando utilizan la ecolocalización, los murciélagos sólo reciben dos señales acústicas unidimensionales como ecos de sus reclamos ecolocalizadores, que no se emiten continuamente, sino que son ultrasonidos que funcionan como un estroboscopio a alta tasa de repetición. Los retornos del eco codifican directamente las distancias del reflector, pero las direcciones bidimensionales correspondientes a cada reflector deben ser reconstruidas a través de mecanismos más complejos.
Debido a esa complejidad, cuando interpretan escenarios por medio de la percepción ecoacústica, los murciélagos se ven obligados a utilizar también el conocimiento innato y la experiencia. Eso hace que los murciélagos sean propensos a engaños sensoriales cuando se enfrentan sin experiencia previa a escenarios complejos que se asemejan acústicamente a otros escenarios diferentes que un animal experimentado reconoce sin ambigüedad. De hecho, cuando la lámina metálica se colocaba sobre el suelo, los murciélagos se acercaban intentando beber en ella (vea este video).
(A) Esquema de propagación del sonido en una superficie lisa y vertical (vista desde arriba). Para un murciélago dentro de la "zona de la placa" (en rojo), el sonido que choca en un ángulo oblicuo se refleja, mientras que sólo el sonido perpendicularmente incidente se refleja hacia atrás. (B) Configuración del túnel de vuelo que representa la perspectiva vertical. La placa de metal lisa se muestra en gris en la pared; las líneas discontinuas representan la zona de influencia de la placa. En la perspectiva horizontal, la placa lisa estaba situada sobre el suelo de la zona de la placa. Fuente.
De veintiún murciélagos analizados, diecinueve se estrellaron al menos una vez contra la lámina metálica vertical (vea este video), pero nunca lo hicieron cuando se enfrentaron a paredes u otros objetos rugosos. Los impactos también se produjeron cuando los científicos colocaron las placas metálicas en el campo (vea este vídeo) o en las salidas de las cuevas habitadas por tres especies diferentes de murciélagos. Aunque ninguno de los murciélagos utilizados en los experimentos resultó dañado, es frecuente que la gente encuentre murciélagos con alas o mandíbulas rotas al pie de los edificios con muros cortina o amplios ventanales.
Greif y sus colegas demuestran que las estructuras verticales especulares tan abundantemente empleadas en la construcción moderna como muros cortina y grandes ventanales, son trampas sensoriales para la ecolocalización de los murciélagos y, por lo tanto, podrían representar una seria amenaza para su supervivencia en ambientes urbanos. Los murciélagos están habituados a encontrarse con superficies especulares tales como las láminas de agua, lo que hace que confundan a los vidrios artificiales con espacios naturales a los que están habituados. Debido a que esas estructuras reflejan el sonido con el mismo ángulo que el sonido incidente, no hay ningún eco perceptible procedente del área central de la estructura especular mientras que el murciélago esté fuera del espacio situado perpendicularmente delante del espejo. En un entorno complejo, este comportamiento acústico es similar a un área libre obstáculos, porque la mayoría de las estructuras naturales reflejan al menos un débil eco perceptible para el murciélago.
En todo el mundo existen hoy millones y millones de superficies lisas verticales, lo que significa que tales percepciones erróneas podrían tener considerables impactos negativos en la supervivencia de los murciélagos. Por esta razón, el equipo ahora espera determinar si las ventanas u otras superficies lisas artificiales suponen una amenaza ecológica para los murciélagos y cómo estos animales pueden aprender a convivir con ellas. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.