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lunes, 7 de enero de 2019

Las almortas asesinas de Alaska y la muerte de Supertramp (1)

Hedysarum mackenzie. Ejemplar fotografiado en Idaho

Entre los muchos exploradores que navegaron por el Ártico a la infructuosa búsqueda del mítico paso del Noroeste estaba el desdichado John Franklin, líder de dos expediciones por el interior y a lo largo de la costa ártica canadiense en 1819-1822 y 1825-1827. La primera fue un desastre: Franklin perdió a once de los veinte miembros de la partida. La mayoría murió de hambre, pero hubo al menos un asesinato y se sospechó de algún caso de canibalismo.
Solo un puñado de los miembros originales de aquella primera expedición regresó. John Richardson, médico, meteorólogo, cartógrafo y el primer gran naturalista en estudiar el Ártico norteamericano, fue uno de ellos. Su diario hizo una contribución tan destacada a la ornitología, la ictiología, la botánica y la geología que gran parte de la investigación moderna del Ártico se basa en sus observaciones. Una anotación de ese diario está en el origen de la mala fama de una planta, Hedysarum mackenziei, que conocía de mis viajes botánicos por Alaska, con la que me tropecé días atrás mientras veía en Netflix la película dirigida por Sean Penn Into the Wild, puesta en escena de un libro homónimo del novelista Jon Krakauer, un superventas de 1996, publicado en España con el título de Hacia rutas salvajes (Ediciones B, S. A., 2008).
Autorretrato de McCandless junto al autobús que lo cobijó. Foto
En 1992, un grupo de cazadores de alces descubrió los restos de un hombre de 24 años en la taiga de Alaska. Su nombre, según se sabría después, era Christopher J. McCandless, aunque en su libreta de apuntes él hubiera anotado el alias que había elegido, Alexander Supertramp. En abril de 1992, McCandless se adentró en las tierras salvajes de Alaska sin mapa, sin brújula ni medios para comunicarse con el mundo exterior. Era un joven virginiano que se había graduado con honores con una doble licenciatura (Historia y Antropología). Cuando terminó sus estudios, abandonó su familia, lo dejó todo atrás y comenzó una odisea de autodescubrimiento que lo llevó hasta Alaska. Cuatro meses después, su cuerpo fue descubierto en el autobús abandonado que le servía de refugio no muy lejos de Fairbanks. Había muerto 19 días antes, el 18 de agosto de 1992. Había perdido alrededor del 50% de su peso corporal: sus restos pesaban poco más de treinta kilos.
En la puerta del autobús, bien visible, había dejado una nota manuscrita (véase la figura adjunta) en una página arrancada de una novela de Nikolai Gogol:
Atención a posibles visitantes. S.O.S. Necesito ayuda. Estoy herido, cerca de la muerte y demasiado débil para salir de aquí. Estoy solo, esto no es una broma. En nombre de Dios, por favor quédate para salvarme. Estoy recogiendo bayas cerca y volveré esta noche. Gracias, Chris McCandless. ¿Agosto?
Nota manuscrita dejada por Chris McCandless
Durante las semanas que vivió en las inhóspitas tierras boreales, Chris sobrevivió cazando un pato, un puercoespín y otros animales, y recolectando plantas. En julio, las entradas de su diario, que parecían textos telegráficos, se volvieron lóbregas: «Extremadamente débil […]. Culpa de la vaina de papa. Muchos problemas solo para levantarme. Muriendo de hambre […]. Gran peligro». Llegados esos días, estaba demasiado débil para caminar hacia un lugar seguro, especialmente porque, con el deshielo primaveral, el río que había cruzado fácilmente se había convertido en un torrente furioso imposible de vadear.
Como rezan sus notas, McCandless atribuyó su debilidad a la ingesta de la «vaina de papa». Pero, ¿qué era eso? La papa esquimal es Hedysarum alpinum, una leguminosa y, por tanto, un pariente de almortas, habas, lentejas y guisantes, cuyas raíces saben a zanahoria y son una fuente importante de alimento para los animales y también para los nativos de Alaska. Cuando McCandless se internó allí, se pensaba que H. alpinum no era tóxica.
En enero de 1993, Jon Krakauer escribió para la revista Outside un artículo en el que atribuyó el mal estado de McCandless al error de haber confundido la supuestamente tóxica Hedysarum mackenzii con la inocua H. alpinum. Krakauer, que había hecho algunas indagaciones, creía que las vainas de H. mackenzii eran venenosas y que el joven virginiano había cometido un trágico error en la identificación de la planta. ¿Por qué pensaba que las semillas de H. mackenzii eran tóxicas? Aquí entra en juego el diario de John Richardson.
Los únicos indicios de la toxicidad de esa planta se remontan a una anotación en el diario de Richardson durante los días en que exploraba el interior de Alaska. Según escribió, los tubérculos de H. mackenziei se incluyeron en un estofado que cenaron una noche; a la mañana siguiente los miembros de la partida expedicionaria estaban tan enfermos que no pudieron avanzar. Richardson, consumado naturalista y médico, debía estar muy seguro de lo que decía, porque en otros episodios de su diario puede leerse que él y sus compañeros no solo habían ingerido plantas como el té de Labrador (Ledum groenlandicum) y el arándano rojo (Vaccinium oxycoccus), ambos conocidos por ser tóxicos si se consumen en grandes cantidades, sino, lo que es aún más inquietante, también habían consumido líquenes, cuero, carne podrida, larvas de moscas y restos de pescado que se habían zampado varios días después de haberlos pescado. Con semejante dieta, uno tiene que estar muy seguro para culpar a unos simples tubérculos del malestar de los expedicionarios. Pero bueno, Richarson era una autoridad científica y la fama como planta tóxica de H. mackenziei quedó consolidada.
Hedysarum alpinum. 
Sin embargo, en 1996 cuando finalmente publicó su libro, Krakauer se lo había pensado y creía que era poco probable que McCandless, que llevaba consigo una guía de plantas silvestres comestibles [1], hubiera confundido las dos especies, y que, contrariamente a lo que decían los nativos y el saber popular, las semillas del inocuo H. alpinum podrían contener un alcaloide tóxico. Envió muestras a la Universidad de Alaska para su análisis. En un artículo publicado en 2008, Thomas P. Clausen, investigador de la Universidad de Alaska, y Edward M. Treadwell, de la Universidad Illinois, informaron que, tras un minucioso análisis químico, no habían encontrado alcaloides tóxicos en ninguna de las dos controvertidas especies de Hedysarum.
Legumbres de Hedysarum alpinum.
Así que la causa de la debilidad de McCandless que le llevó hasta la muerte era un misterio. Pero, como bien se sabe en algunas regiones españolas, no solo los alcaloides pueden resultar tóxicos. También pueden serlo algunos aminoácidos presentes en algunas leguminosas como las almortas (Lathyrus sativus). Volveré sobre ello recordando un cuadro de Francisco Goya “Gracias a la almorta”, que el artista aragonés incluyó en su serie “Los desastres de la guerra”. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1Tanaina Plantlore / Dena’ina K’et’una: An Ethnobotany of the Dena’ina Indians of Southcentral Alaska, de Priscilla Russell Kari. En el libro, Kari advierte explícitamente que debido a que el guisante silvestre (H. alpinum) se parece mucho a la papa silvestre (H. mackenzie), el cual «se sabe que es venenoso, se debe tener cuidado para identificarlos con precisión antes de intentar usar la papa silvestre como alimento». A continuación explica cómo distinguir una planta de otra.

domingo, 6 de enero de 2019

Teresa Ribera no hunde nada

Fuente: EL PAÍS

Las matriculaciones de vehículos continúan creciendo en España, pero cada año con menos fuerza. En 2018 se matricularon 1.321.438 unidades, una cifra que representa un incremento del 7% respecto al año anterior, el ritmo más lento del último quinquenio. Esta nueva desaceleración se produce en un ambiente en el que creció la incertidumbre sobre el futuro de los vehículos impulsados por motores diésel, cuyas ventas cayeron un 20%.
Los augurios de una mayor desaceleración económica, que habrían ahuyentado a potenciales compradores, se cuentan como uno de los factores que explican el enfriamiento de las ventas. Pero como la mayor caída se ha producido en los vehículos diésel, fabricantes, vendedores e incluso sindicatos se han apresurado a denunciar que desde que la ministra de Transición Ecológica Teresa Ribera anunció la intención gubernamental de prohibir, a partir de 2040, todos los vehículos que emitan a la atmósfera dióxido de carbono, ya sean de gasolina, diésel o híbridos, se está generando una confusión que retrae la intención de compra, sobre todo de vehículos impulsados por gasoil.
El anuncio, realizado en octubre, fue el preludio de la presentación el 8 de noviembre del anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. De creer algunas informaciones, el anuncio tuvo un efecto taumatúrgico sin más precedentes que el de la famosa purga de Benito. Las estadísticas parecen apoyar esa lectura. En noviembre las ventas de diésel cayeron un 40% y el pasado diciembre esa reducción continuó con un 29% adicional. En el acumulado del año los turismos diésel perdieron un 20% de ventas respecto al año anterior y solo representaron algo menos del 36% del conjunto de las matriculaciones.
En el digital La Información los datos se acompañan de un titular apocalíptico «Ribera hunde el diésel: la venta de coches con este carburante se recorta en un 20%». Basta repasar la hemeroteca para desmontar la falacia. Vamos a ello, empezando por recordar que la ministra Ribera tomó posesión el 7 de junio de 2018.
En abril de 2017, 14 meses antes de la creación del ministerio de Transición Ecológica, el hundimiento del diésel ya era oficial. En octubre de ese año (8 meses antes de la creación del ministerio), los vehículos de gasolina se imponían, dejando a los diésel muy atrás. La imparable tendencia continuaba. Marzo de 2017 marcó un mínimo histórico para las matriculaciones de los diésel en España, con una cuota de solo el 49,9%, un porcentaje inferior a la que alcanzaron la suma de los motores de gasolina, con un 46,1%, y los híbridos y eléctricos, con un 4%. El dato no hacía otra cosa que confirmar la tendencia a la baja de los diésel. La última vez –en un año completo– que el diésel tuvo una cuota por debajo del 50% fue en 1998. Desde entonces, el gasoil había sido el combustible preferido por los españoles, alcanzando una cuota máxima del 71%.
Al completar 2017 se confirmaba: el diésel había perdido su posición hegemónica. En 2016 la cuota de mercado de los vehículos a gasoil fue del 56,8%, y ya había caído sensiblemente desde el 63% del año 2015. Es decir, que desde 2015, cuando gobernaba, que yo sepa, Rajoy, la cuota de mercado de la gasolina no hace más que aumentar. En el primer semestre de 2018, cuando seguía gobernando el PP, el diésel continuaba su caída.
En una prueba más de que los diabólicos poderes destructores de la ministra para destruir el mercado doméstico son limitados, en Europa se empeñaban en lo mismo. Las constantes noticias referidas al diésel y las posibles limitaciones a la circulación en determinadas ciudades con este tipo de vehículos tuvieron consecuencias directas en las ventas de vehículos diésel, tal y como puede comprobarse con los datos relativos a las ventas de coches en Europa durante el primer semestre de 2018. Los datos ya mostraban una caída importante de las ventas de coches movidos por gasoil.
De hecho, la tendencia a la baja del diésel es un fenómeno mundial. Por muy hábiles que sean en el ministerio de Transición Ecológica, difícilmente puede ser responsable por sí mismo de una tendencia a nivel global que, según el Financial Times, hace más que probable que las ventas de vehículos a combustión nunca vuelvan a los números de 2018, porque la demanda en los tres mercados más grandes del mundo se detiene y los fabricantes de automóviles buscan aumentar la producción de automóviles eléctricos.
Por ejemplo, en China, el mercado de automóviles más grande del mundo, el crecimiento en el mercado de automóviles con motor de combustión ya se ha estancado, mientras que la demanda de automóviles eléctricos se está acelerando. De acuerdo con la consultora Jato Dynamics, en los primeros diez meses de 2018, las ventas de automóviles de gasolina en China cayeron a menos de 18 millones desde los 18,7 millones en el mismo período del año anterior. Las ventas de autos de combustible alternativo, por el contrario, casi se duplicaron de 405.000 a 793.000.
Acuérdense del Dieselgate, tengan en cuenta que el cambio climático inducido por la contaminación fue en 2017 la mayor preocupación de los españoles y dejen en paz a la ministra, que esto es lo que hay. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 5 de enero de 2019

Sí, hombre sí, ya hay vida en la Luna


El módulo de aterrizaje de la nave china Chang'e-4 alunizó en la cara oculta de la Luna el pasado 3 de enero, según la hora de Beijing. Llevaba vida a bordo.
Con la llegada de los chinos, surgen un par de preguntas: ¿Por qué vemos siempre la misma cara de la Luna? ¿Por qué la cara oculta selenita tiene menos cráteres que la cara que siempre vemos? Estas son, expuestas con la mayor brevedad de la que soy capaz, las respuestas.
Empezaré por recordar que la Luna, satélite de la Tierra, gira alrededor de esta. El tiempo que tarda nuestro satélite en dar la vuelta completa alrededor de la Tierra es de 27,32 días, exactamente el mismo que el de su propia rotación alrededor de su eje. Por eso vemos siempre la misma cara y por eso le dimos a la oportunidad a Pink Floyd de que grabase uno de sus mejores discos The dark side of the Moon. Aquí les dejo el álbum completo. Ahora, aunque soy consciente de la preclara inteligencia de mis lectores, permítanme que lo explique con este vídeo tan breve como didáctico.
Volvamos a lo nuestro. La cara visible de la Luna (también conocida en otras culturas como «el hombre de la Luna» o «el conejo de la Luna»), es la figura aparente que, echándole mucha imaginación o un algún que otro porro, dibujan los cráteres lunares durante el plenilunio. Según las diferentes culturas que refieren este fenómeno, pueden verse también otras figuras que cada quien interpreta a su modo dependiendo del alucinógeno que haya tomado. 
Desmitifiquemos ahora un poco y echemos un cuarto a espadas por Gagarin y los cosmonautas rusos. Antes de que Neil Armstrong hollase nuestro satélite en julio de 1969 tras haber llegado hasta allí en el Apolo XI, varios vehículos robóticos recorrieron los 384.000 kilómetros que nos separan de doña Catalina para que los científicos pudiesen poner a punto las misiones tripuladas posteriores. Fueron los rusos quienes dieron los primeros pasos. Lanzado a bordo de un cohete Protón, el Lunokhod 1 alunizó sano y salvo el 17 de noviembre de 1970. Su aspecto recordaba al de un robot de una truculenta película de “clase B”, pero fue construido utilizando lo mejor de la ciencia rusa de la época y, para pasmo de propios y extraños, continúa mandando señales como si tal cosa. El primer robot de aspecto moderno en alunizar el 15 de enero de 1973 fue el soviético Lunokhod 2, mientras que la nave Lunokhod 3 había sido la primera en enviar imágenes de su superficie en 1968.
Cuando ese año llegaron a Tierra las primeras imágenes del lado oscuro de la Luna (le llamaron oscuro porque no se conocía, no porque la luz del Sol no llegara hasta allí; hubiera sido más exacto llamarle oculto, pero así son las cosas) los astrónomos se dieron cuenta a la primera, como lo hubiéramos hecho usted y yo sin mayores conocimientos de Astronomía, de que, en ese lado desconocido, siempre de espaldas a nuestro planeta, no había ni hombre, ni conejo, ni nada que se le pareciera. Allí hay valles, montañas y cráteres, pero ninguno de esos extensos mares inertes. Todo un misterio.[1]
El meritado misterio tardó más de cincuenta años en desvelarse. Lo hicieron unos astrónomos de la Universidad de Pennsilvania en un artículo publicado en 2014 en la revista The Astrophysical Journal que les dejo en este enlace para que se entretengan. Por no aburrirles mucho, lo que se concluía en aquel artículo era que, como consecuencia de su formación, la ausencia de mares en el pynkfloydiano lado se debe a una diferencia en el espesor de la corteza lunar.
La historia comienza hace 4.500 millones de años, cuando un objeto del tamaño de Marte, bautizado como Theia, chocó violentamente contra la Tierra. En aquel colosal Armagedón, capas externas de la Tierra y de ese misterioso Theia salieron disparadas hacia el espacio y con el tiempo formaron la Luna. Ni que decir tiene que después del enorme impacto, la Tierra y la Luna estaban muy calientes.
Mapa en relieve de la Luna creado a partir de datos 
de la sonda japonesa Kaguya (versión en alta resolución aquí).
La Luna, que es mucho más pequeña que la Tierra, se enfrió más rápidamente. Debido a que ambas tuvieron un anclaje de marea desde el principio, la Tierra todavía hirviente –a más de 2.500 grados centígrados- emitía su calor hacia el lado cercano de la Luna. El lado más alejado de la Tierra en ebullición se enfrió lentamente, mientras que el que miraba hacia nuestro planeta se mantuvo fundido, creando una diferencia de temperatura entre las dos caras, fenómeno termodinámico que cualquiera puede comprobar arrimando el trasero a una estufa.
Esa diferencia fue importante para la formación de la corteza lunar, que tiene altas concentraciones de aluminio y calcio, elementos que son muy difíciles de vaporizar y que se condensaron preferentemente en la atmósfera de su parte fría debido a que la cara visible todavía estaba demasiado caliente. Cientos de millones de años más tarde, ambos elementos se combinaron con silicatos en el manto de la Luna para formar un tipo de feldespatos que, a modo de armadura o cáscara, formaron la corteza de la Luna. La cara oculta tiene más de estos minerales y es más gruesa.
Ahora, la Luna está completamente fría y no está fundida bajo la superficie. A principios de su historia, grandes meteoritos golpearon la cara visible liberando grandes mantos de lava basáltica que formaron los mares lunares. Los meteoritos también golpearon la cara oculta, pero en la mayoría de los casos la corteza era demasiado gruesa y no brotó basalto magmático, de forma que el lado oculto está repleto de valles, cráteres y montañas, pero casi falto de mares.
El módulo Yutu 2 rueda sobre la superficie lunar poco después de su alunizaje. Fuente CNSA.
Y hasta allí ha llegado por primera vez el módulo de alunizaje Yutu 2 de una nave espacial china, la Chang'e 4, llevando vida con ella. Comunicarse con un módulo de aterrizaje o rover desde el lado oculto es difícil, ya que la totalidad del cuerpo sólido y rocoso de nuestro satélite bloquea las señales directas que viajan de un lado a otro. Para resolver este problema, China lanzó un satélite llamado Queqiao en mayo pasado. Queqiao se colocó en el punto Lagrange-2, un lugar gravitacionalmente estable situado más allá de la Luna desde el cual podrá transmitir comunicaciones entre el control de la misión y la Chang'e 4.
Un pequeño recipiente en el Yutu 2  contiene semillas de patatas y de Arabidopsis thaliana, una planta relacionada con la col y la mostaza, que es muy utilizada en biotecnología, así como huevos de gusano de seda. La idea es que las plantas suministren oxígeno a los gusanos de seda y que, a su vez, estos proporcionen a las plantas el dióxido de carbono (emitido en la respiración animal) y los nutrientes necesarios gracias a sus desechos. Los investigadores observarán las plantas para ver si realizan con éxito la fotosíntesis y crecen y florecen en el entorno lunar.
Inflorescencia de Arabidopsis thaliana
El experimento de esta liliputiense "biosfera" es el resultado de una colaboración entre 28 universidades chinas, liderada por la Universidad Chongqing. El experimento, que tendrá lugar dentro de un cilindro de aleación de aluminio de 0,8 litros, pesa alrededor de tres kilogramos e incluye abono orgánico, nutrientes y agua. La luz del sol se filtrará en el contenedor a través de un tubo y unas microcámaras observarán el minúsculo entorno. Los datos se remitirán a la Tierra mediante un sofisticado sistema de transmisión visual.
¿Por qué la patata y Arabidopsis? Porque el período de crecimiento de Arabidopsis es corto y fácil de observar. Y la patata podría convertirse en una fuente importante de alimentos para los futuros viajeros espaciales. Arabidopsis ha crecido en el espacio antes, en un experimento en la Estación Espacial Internacional que mostró que sus hojas parecían subir y bajar al detectar la gravedad lunar. Pero si la planta florecerá en el lado oculto de la Luna sigue siendo una pregunta sin respuesta.
Ya hay vida en al menos otro lugar en el sistema solar, aunque solo sea porque los chinos la hayan puesto allí. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[1] Si quiere ver un video del Polo Sur del lado oculto de la Luna filmado por la cámara de una de las naves gemelas GRAIL (Gravity Recovery and Interior Laboratory), lanzadas por la NASA en 2012, no tiene más que pulsar en este enlace. Si desea ver unas espectaculares imágenes en 3D de las exploraciones lunares, cliquee en este otro.

miércoles, 2 de enero de 2019

Biodiversidad: con la globalización a los chupadores les va muy bien

Chinche de las camas, Cimex lectularius. Foto

Hay colectivos a los que les va muy bien con la globalización, sobre todo a los que viven de los otros actuando como elites extractivas de capital, como ocurre con los grandes grupos financieros, o como chupadores de sangre, como las chinches. Investigaciones genéticas recientes subrayan que las armas químicas utilizadas para eliminar las infestaciones de chinches se están volviendo cada vez más ineficaces. Las chinches se están volviendo resistentes a los pesticidas gracias a mutaciones genéticas que las protegen contra la gran cantidad de pesticidas que usamos para eliminarlas.
Cimex lectularius, vulgarmente conocida como chinche o chinche de las camas, es un insecto hemíptero de la familia Cimicidae. Su alimentación es hematófaga, es decir, se nutre con sangre de humanos y otros animales de sangre caliente. Su nombre vulgar proviene del hábitat frecuentemente usado: colchones, sofás y otros muebles.​ Aunque no es estrictamente nocturna, su mayor actividad la desarrolla por la noche. Recientes investigaciones están demostrando que estos molestos insectos están desarrollando mecanismos genéticos de defensa frente a los insecticidas.
Una encuesta realizada entre profesionales estadounidenses del control de plagas encontró que el 68% de ellos consideran que las chinches de cama son las plagas más difíciles de controlar. En los últimos veinte años, ha habido un aumento en las infestaciones de chinches en Estados Unidos, lo que tal vez se deba a la floreciente industria del turismo. Una vez que estos molestos insectos llegan a cualquier sitio, se multiplican como lo que son, como chinches. A medida que crece la infestación, las medidas para eliminarlas se vuelven cada vez más difíciles y los profesionales no garantizan los resultados de sus fumigaciones. Debido a sus cuerpos delgados como el papel, las chinches de cama se pueden comprimir fácilmente en las grietas de las paredes y los muebles, lo que dificulta aún más la efectiva penetración de los insecticidas fumigados.
Grabado de 1860 de las partes de una chinche de las camas. A. Intestinos.—B. Antena del macho.—C Ojo.—D. Aparato bucal chupador, cerrado.—E. Vista lateral del aparato bucal chupador.—F. Parte inferior de la cabeza.—G. Parte inferior del labio.—GG. Pelos del aparato bucal.—H. Bolsa de huevos.—I. Larva emergiendo del huevo. Grabado del Harper's Magazine. CXXVII - Diciembre 1860 - Vol. XXII, p. 42. Escaneado a 300 dpi.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky realizó una investigación para estudiar el efecto de los pesticidas en las chinches. Primero secuenciaron los genes encontrados en veintiuna poblaciones de chinches de cama resistentes a los pesticidas que residen en un área infestada cercana. Después de un estudio minucioso, descubrieron que catorce de los veintiún genes recolectados tenían variaciones asociadas con la resistencia a los pesticidas. Cada población diferente de chinches tenía una combinación diferente de variaciones genéticas.
La investigación también encontró que todos los genes estaban activos (es decir, daban lugar a proteínas específicas) principalmente en la capa externa de la cutícula del exoesqueleto, en lugar de en el tracto digestivo, que es donde la mayoría de las poblaciones de chinches desarrollan mecanismos para neutralizar los mortales pesticidas en spray. Los investigadores observaron que, como cabía esperar, el exoesqueleto representa la mayor parte del área sobre la cual se rocía el pesticida. Lo que parece que ha ocurrido es que las chinches se están equipando genéticamente para combatir el efecto venenoso de los pesticidas convirtiendo su exoesqueleto en una armadura compuesta de genes protectores.
La investigación también identificó dos de los mecanismos que ayudan a las chinches en su lucha contra los pesticidas. El primero involucra la enzima metabólica (el citocromo p450), que ayuda a los insectos a minimizar el efecto de las toxinas. Una mutación genética que proporciona resistencia a los pesticidas permite que las chinches produzcan grandes cantidades p450. El otro mecanismo se basa en una proteína que se encuentra en la superficie de las células nerviosas. Hay un canal de iones que informa a la neurona cuándo actuar. Los insecticidas y pesticidas disponibles en el mercado hoy en día apuntan a este canal de iones en particular. Hacen que el sistema nervioso de las chinches se descomponga, matando al insecto rápidamente. Sin embargo, se ha encontrado que las poblaciones de chinches de cama resistentes a los pesticidas llevan una mutación en el canal iónico que evita que el pesticida afecte su sistema nervioso.
Transparencia de C. lectularius. Foto.
En otro estudio realizado por la Universidad de Purdue sobre chinches resistentes a los plaguicidas, los investigadores reunieron diez poblaciones diferentes de chinches de diversas regiones norteamericanas. Durante siete días expusieron a los insectos a dos pesticidas químicos muy populares: Bifenthrin y Chlorfenapyr. La bifentrina es un piretroide que típicamente ataca los sistemas nerviosos de los insectos. Chlorfenapyr, por su parte, es un químico que ataca las mitocondrias, los orgánulos que producen energía dentro de una célula. En general, los expertos en control de plagas utilizan Clorfenapir, mientras que los usuarios no profesionales normalmente usan bifentrina, que está disponible sin prescripción médica en forma de aerosoles y aerosoles insecticidas.
Los investigadores descubrieron que casi la mitad de las muestras que observaron tenían una susceptibilidad reducida a la bifentrina, y casi un tercio de la muestra de la población de chinches era incluso menos susceptible al químico más fuerte, el clorfenapir.
Los investigadores señalaron que estos químicos funcionan contra las chinches, pero solo en algunas poblaciones de chinches. Por lo tanto, su utilidad en el manejo de plagas no se puede descartar por completo. Para evitar que estas herramientas pierdan aún más su efectividad, es esencial que se usen con moderación. La mejor manera de usarlos es alternar con otros métodos no químicos como calor, vapor o gel de sílice.
Por lo tanto, combatir la infestación de plagas con nuestro repertorio químico actual no es tan útil y, en realidad, puede tener un efecto más tóxico en los humanos que habitan que las mismas plagas. Tal y como luchar contra la banca: ¡siempre gana! © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Biodiversidad: el desastre ecológico del muro fronterizo de Trump

Los lobos grises mexicanos son los lobos más amenazados del mundo. En 2016, solo había 113 en Estados Unidos y unas tres docenas al sur de la frontera. Foto de Don Bartletti.

Cuando redacto este artículo (31 de diciembre de 2018) una buena parte de la Administración Federal estadounidense está bloqueada por la paralización presupuestaria del gran juguete de Donald Trump: el muro de cemento que, desde el estuario del río Tijuana hasta el río Grande en Texas, pretende cercenar la frontera entre México y Estados Unidos. Se ha escrito mucho sobre los problemas migratorios que el muro planeado por Trump implica para las personas, pero poco se ha dicho sobre las desastrosas consecuencias ecológicas que puede acarrear su construcción.
En términos biogeográficos, la frontera entre Estados Unidos y México es una zona de ecotono, es decir, una zona de contacto entre floras y faunas muy diferentes. Entre la costa de California en San Diego, y el Golfo de México en Texas, confluyen ecosistemas regidos por tres de los cinco macrobioclimas del mundo; el Mediterráneo, el Templado y el Tropical. Los ecotonos, y más aún tan abruptos como los regidos por el clima, son zonas excepcionalmente ricas en biodiversidad. Desde 1989, mi trabajo de campo con biólogos de uno y otro lado de la frontera me ha familiarizado con los ecosistemas de la zona. En este artículo comento algunos, que no todos, de los problemas ecológicos que se derivarán de la construcción del insensato muro trumpiano.
La región fronteriza es ecológicamente rica y por eso gran parte de ella ha sido protegida por el Gobierno federal. El límite político entre los Estados Unidos y México se extiende a lo largo de unos 3.200 kilómetros millas desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico. En su trayecto hay tres cadenas montañosas, dos de los desiertos más grandes de Norteamérica (Sonora y Chihuahua), enormes pastos ganaderos, un puñado de ciudades y la sección meridional del caudaloso río Grande. Gran parte de la región nunca ha estado muy poblada y, a lo largo de los años, varias grandes franjas de tierra han sido designadas como áreas protegidas.
Hoy en día, hay más de 100.000 km2 de tierras públicas protegidas por Estados Unidos situadas a menos de cien millas de la línea. Esto incluye seis refugios de vida silvestre, seis parques nacionales y numerosas tierras tribales, áreas silvestres y áreas de conservación, todas ellas administradas por varias agencias federales y gobiernos tribales. En el lado mexicano, se encuentran áreas protegidas como El Pinacate, Cabeza Prieta y el Gran Desierto de Altar, y partes del Organ Pipe National Monument  y de las Barry M. Goldwater Mountains de Arizona.

Existe un largo debate sobre si las barreras físicas en la frontera frenan el flujo de personas y drogas. La Patrulla Fronteriza, que respalda el plan de Trump, dice que es una "herramienta vital". Los expertos en migración dicen que los efectos serán más simbólicos que efectivos. Pero lo que es innegable es que los más de mil kilómetros de muros y cercas que ya existen en la frontera entre Estados Unidos y México ya han causado un desastre medioambiental. Han cortado, aislado y reducido las poblaciones de algunos de los animales más raros y sorprendentes de Norteamérica, como el mayor felino de América, el jaguar (Panthera onca) y el ocelote (Leopardus pardalis). En el caso de El Pinacate y Cabeza Prieta, algunas especies del desierto como un pariente del antílope, el berrendo de Sonora (Antilocapra americana sonoriensis), han migrado secularmente de un lado a otro. Pero en los últimos años, la migración se ha vuelto más difícil con la construcción de largas secciones de barreras y cercas, como se puede ver en el mapa adjunto que, además, han provocado la creación de kilómetros de carreteras a través de zonas vírgenes y aumentado las inundaciones, porque vallas y muros se han convertido en represas cuando se desbordan los ríos.
Mapa del muro fronterizo entre Estados Unidos y México. Fuente.
Cuando se dibuja la frontera de oeste a este, se pueden observar núcleos de notable biodiversidad. En el extremo oeste se encuentra el estuario de Tijuana, un hábitat de marismas clave para unas 400 especies de aves migratorias. En el extremo opuesto, las aves y las mariposas se posan durante sus migraciones en el Valle bajo del río Grande, que también es la sede permanente para mamíferos, reptiles y anfibios, en cuyos cañones, convertidos en enclaves de vegetación tropical, viven especies endémicas migraron desde la costa del Golfo.
En 2011 se publicó un estudio sobre la biodiversidad animal de la frontera. Sus autores, encabezados por el biólogo Jesse Lasky, de Penn University, estimaron que 134 especies de mamíferos, 178 reptiles y 57 de anfibios viven en una franja de treinta millas a uno y otro lado de la frontera. De ellas, cincuenta especies y tres subespecies están amenazadas y protegidas por la legislación federal de México o de Estados Unidos. Y si sobreviven es porque instituciones públicas y grupos conservacionistas de ambos lados han trabajado duramente para conservarlos.
El ocelote está en peligro de extinción en Estados Unidos, pero aún se encuentra en partes del sureste de Texas. Los nuevos muros a través del valle bajo del Río Grande podrían aislar aún más las pocas poblaciones de ocelotes que quedan en los Estados Unidos. Foto de Ella Sanders.
Probablemente la región más impresionante desde el punto de vista biológico en la frontera son las “Islas del Cielo”, un conjunto de enclaves de montaña que se extienden desde Arizona y Nuevo México hasta México y albergan una mayor biodiversidad que cualquier otro lugar de Norteamérica. La mayoría forman parte del Coronado National Forest, el bosque nacional con mayor diversidad ecológica de Estados Unidos. El Coronado también alberga mayor número de especies amenazadas y en peligro de extinción que cualquier otro de los 154 bosques nacionales estadounidenses.
Viviendo en esas Islas del Cielo se encuentran búhos manchados (Strix occidentalis), jaguares, loros de pico grueso (Rhynchopsitta pachyrhyncha), salamandras tigre (Ambystoma tigrinum mavortium), ardillas rojas del monte Graham (Tamiasciurus hudsonicus grahamensis) y muchas otras especies amenazadas que cuentan con planes específicos de protección. Como ocurre con todas las áreas protegidas de la frontera, estas poblaciones están disminuyendo rápidamente. El cambio climático y la urbanización son factores decisivos. Pero la mayor amenaza de todas, según los investigadores y conservacionistas de la frontera, son las vallas que se han construido a lo largo de la frontera en las últimas dos décadas.
Desde 1994, el Gobierno estadounidense ha estado levantando barreras para mantener a las personas e impedir el tráfico de drogas desde México. En el año 2010, casi un tercio de la frontera había sido cercada con materiales de todo tipo. Además, el Departamento de Interior ha construido cientos de kilómetros de caminos para permitir que las patrullas fronterizas accedan a regiones remotas, tanto cercadas como sin cercar. Todas esas infraestructuras han cortado en pedazos una gran cantidad de tierras protegidas a lo largo de la frontera. Y desde la aprobación de la Real ID Act de 2005, en nombre de la seguridad nacional, el Departamento de Interior puede evitar todo tipo de estudios de impacto ambiental.
Por eso, a diferencia de la mayoría de los proyectos de infraestructura federal sometidas a evaluación de impacto, estas vallas y sus infraestructuras asociadas  escapan al escrutinio público. Los expertos no pueden evaluar qué impacto pueden tener en la fauna, las plantas y los ríos. Pero las evidencias a posteriori son alarmantes. Por ejemplo, Lasky y sus colaboradores encontraron que el mayor riesgo se produce cuando las vallas parten el área de distribución de una pequeña población de una especie con un hábitat especializado, cuyos miembros quedan aislados a uno y otro lado de la barrera artificial. En su artículo citan 45 especies y tres subespecies a las que han afectado de esa manera las vallas actuales.
Dividir las poblaciones animales de esta manera conduce a una reducción del flujo de genes y a la endogamia, lo que conlleva un mayor riesgo de extinción. Los grupos conservacionistas están particularmente preocupados por el lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi); en 2016, solo había 113 ejemplares en los Estados Unidos y unas tres docenas al sur de la frontera. Un muro entre ellos podría hacer que la recuperación de la población sea insuperable. Las cercas también pueden restringir el acceso de los animales a las fuentes de agua, especialmente problemáticas en el semiárido suroeste. Y pueden dificultar la adaptación de los animales al cambio climático. A muchas especies les va mejor en el norte de México, pero con los cambios en los patrones de precipitación, tendrían que dispersarse a través de la frontera.
Las estructuras de las paredes también dañan a los animales e insectos de otras maneras. Algunas secciones tienen luces que atraen y achicharran a los polinizadores, como la mariposa monarca (Danaus plexippus), que migran a través de la frontera. Y cuánto más alta sea la cerca, más infranqueable será para algunos murciélagos y aves, como el búho pigmeo Glaucidium brasilianum.
El muro propuesto por Trump podría tener un gran impacto en áreas que permanecen vírgenes. Cerca de dos tercios, unos 2.200 km, de la frontera están todavía sin vallar. Trump dice que, en la primera fase, pretende construir un total de 700 a 900 millas de muro nuevo, lo que sería extremadamente difícil de ejecutar porque las estimaciones de los costes para proteger todo el límite de la frontera oscilan entre 21.000 y 40.000 millones de dólares, por lo que las 700 millas costarían al menos 12.000 millones.
Cuando pongo punto y final a este artículo, las agencias de noticias publican las palabras de John Kelly, el recién dimitido jefe de gabinete de Trump: «La idea del muro se abandonó hace tiempo». Ojalá. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Garrapatas y dinosaurios

Reconstrucción del hábitat de Deinocroton draculi en un dinosaurio emplumado inmaduro. La reconstrucción muestra dos machos no cargados (a la izquierda) y una hembra alimentándose (a la derecha). La longitud del cuerpo masculino es de unos 3,9 mm. Los colores de las garrapatas son ficticios, pero se basan en la coloración que se observa en las garrapatas actuales. Fuente.
Es una gran historia que la mayoría de los niños aprenden en la escuela. Las pisadas de unos animales enormes y terribles, los dinosaurios, atronaron la Tierra durante millones de años mientras vagaban por los densos bosques tropicales del Mesozoico. Escondidos entre los herbazales pululaban también unos animales minúsculos y peludos –los primeros mamíferos- que se alimentaban de insectos. Así estaban las cosas hace unos 65 millones de años cuando a partir del Cretácico superior, y más exactamente el momento conocido como K-Pg, se produjo la extinción en masa de los dinosaurios al tiempo que aves y mamíferos comenzaron una imparable diversificación por todas las tierras emergidas.
Con la desaparición de los dinosaurios quedaron muchos nichos ecológicos disponibles en el planeta. Aves y mamíferos los aprovecharon. Los descendientes de un grupo de dinosaurios emplumados o aviares evolucionaron hasta originar a las aves modernas. No es una idea nueva. El biólogo Thomas Henry Huxley lo tenía muy claro cuando en 1870 presentó un célebre informe en que sostenía que Archaeopteryx, un fósil colocado entre las aves, no era más que un dinosaurio con plumas y que las aves como grupo evolucionaron a partir de pequeños dinosaurios terópodos, unos vertebrados que vivieron desde el Triásico superior hasta el Cretácico superior (hace aproximadamente entre 228 y 65 millones de años). Aunque los terópodos se extinguieron como grupo a finales del Cretácico, algunas de sus características básicas han pervivido hasta nuestros días bajo la forma de las aves modernas, sus directos descendientes.
Así las cosas, los dinosaurios ya no son solo aquellos animales con piel de lagarto y aspecto terrible de los que sólo quedan huesos y dientes que nuestra imaginación se ha encargado de rellenar con gran éxito de público. Las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años han cambiado la imagen por completo y ahora sabemos que muchos de ellos tenían el cuerpo cubierto de plumas, que empollaban amorosamente sus huevos en nidos y compartían, como muchas criaturas actuales, enfermedades y parásitos.
Esto último lo sabemos gracias a las huellas dejadas por plumas que quedaron atrapadas en ámbar. El ámbar es en realidad resina que exudan ciertos árboles al recibir una herida en su corteza. A medida que el árbol va liberando más resina, ciertos animales pequeños, plumas, pedazos de madera y otros cuerpos, quedan adheridos a ella y pueden resultar totalmente encerrados en su interior, confinados en una especie de sarcófago natural. Después, con el tiempo, la resina fosiliza y se conserva en depósitos minerales que han llegado hasta nosotros muchos millones de años después.
Gracias a un artículo publicado en la revista Nature Communications, un equipo internacional de paleontólogos encabezado por Enrique Peñalver, investigador del Museo Geominero, dependiente del Instituto Geológico y Minero de España, hemos sabido que las garrapatas existían hace 100 millones de años y se alimentaban, como ahora, de la sangre de los animales que entonces dominaban la Tierra: los dinosaurios. Si, a los dinosaurios no sólo le chupaban la sangre los mosquitos, como nos contaron en películas de ficción como Parque Jurásico, sino que también tenían otros parásitos, entre ellos, las garrapatas.
La investigación se centró en unas piezas de ámbar, de casi 100 millones de años de antigüedad, que encierra en su interior un verdadero tesoro: una pluma de dinosaurio con una garrapata aferrada a ella. Las garrapatas, miembros de una superfamilia de ácaros, están dotadas de un aparato chupador con el que extraen sangre a sus víctimas. Actualmente parasitan a perros, gatos y otros muchos animales, incluidos nosotros, si nos ponemos a tiro.
Figuras: (a) Una garrapata Cornupalpatum burmanicum anclada en una pluma. Barra de escala, 5 mm. (b) Detalle de una ninfa de garrapata en vista dorsal anclada en las barbas de la pluma (a). Barra de escala, 1 mm. (c) Detalle del capítulo succionador de la garrapata mostrando palpos e hipostoma con dientes (flecha). Barra de  escala, 0,1 mm. (d) Detalle de una barba. Barra de escala, 0,2 mm. (e) Dibujo de una garrapata en vista dorsal dorsal indicando el punto de anclaje. Barra de escala, 0,2 mm. (f) Bárbula de la pluma separada mostrando ganchos en uno de sus lados (la flecha de (a) indica su localización, pero en la cara opuesta de la pieza de ámbar). Barra de escala, 0,2 mm. Fuente.
Las muestras proceden de los yacimientos de ámbar del periodo Cretácico de Myanmar, donde fueron recogidas, pulidas por vendedores locales y adquiridas por un coleccionista estadounidense que las donó para su estudio. La pieza más importante del conjunto, que se puede ver en la figura, contiene una pluma a la que hay adherida una garrapata (Cornupalpatum burmanicum) con una pata enganchada a una de las barbas.
Una segunda pieza de ámbar muestra a dos garrapatas a las que los investigadores, influidos por el vampiro creado por Bram Stocker, denominaron Deinocroton draculi. Adheridos a sus cuerpos, las garrapatas fosilizadas presentan unos pelillos que han sido identificados como pertenecientes a larvas de un escarabajo derméstido, una familia de insectos cuyos parientes actuales suelen vivir en los nidos de las aves y mamíferos alimentándose de plumas o pelos. Este descubrimiento ha llevado a los investigadores a proponer que ambos tipos de parásitos, garrapatas y escarabajos, convivían en los nidos de los dinosaurios emplumados.
Una tercera garrapata fue atrapada en el ámbar después de haber succionado una gran cantidad de sangre por lo que su cuerpo estaba hinchado. Desgraciadamente, una parte del cuerpo no fue cubierto por el ámbar y el contenido interior quedó expuesto a los minerales del terreno. Si estaban pensando en aprovechar la sangre para recrear un nuevo Parque Jurásico, olvídenlo: debido al proceso de momificación que sufren los especímenes al quedar atrapados en ámbar, habría sido poco probable que se hubiera podido extraer muestras de material genético del huésped al que le succionó la sangre. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Una de cíborgs: ¿Oficial o carnicero?


Hubo un tiempo en que me cautivaron los ensayos y las novelas de ciencia ficción. En ese tiempo me enteré de lo que era un cíborg [del acrónimo en inglés cyborg: de cyber, ‘cibernético’, y organism, ‘organismo’], es decir, un ser compuesto de elementos orgánicos y dispositivos electrónicos creado con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología cibernética.
El concepto del híbrido hombre-máquina ha sido ampliamente utilizado como recurso literario desde hace casi doscientos años. En la parodia The Man That Was Used Up (1839), Edgar Allan Poe describió al brigadier John A. B. C. Smith (trasunto del vicepresidente Richard M. Johnson) como un héroe de guerra con un cuerpo compuesto de múltiples prótesis. Aunque no se identifique al personaje, Poe despliega su ingenio para producir un relato sumamente divertido en el que el tal Smith es reconstruido a partir de una masa informe y pasa a convertirse en el individuo más atractivo que el narrador nunca hubiese contemplado.
En la novela El hombre que puede vivir en el agua (1910), el escritor francés Jean de la Hire presentó a Nyctalope, para algunos el primer superhéroe y también el primer cíborg literario. Por su parte, en The Comet Doom (1928), el estadounidense Edmon Hamilton describió a unos exploradores espaciales cuyos cuerpos combinan partes orgánicas y mecánicas. Hamilton también es conocido por el peculiar cerebro viviente y parlante, siempre flotando en un receptáculo transparente, que acompaña al superhéroe Capitán Futuro (1939). Hamilton utilizó el término cíborg de forma explícita en el cuento After a Judgmente Day (1962) para referirse a «las copias mecánicas de humanos» llamadas "Charlies", explicando que «cíborgs es como se les había llamado, desde el primero [el primer Charlie] a inicios de la década de 1960 […] organismos cibernéticos».
Que Hamilton usara el término con fines literarios no es casual, porque el concepto había saltado a la luz pública –y con no poco revuelo mediático- dos años antes, en 1960, cuando Manfred E. Clynes (director científico del Laboratorio de simulación dinámica del Rockland State Hospital, en Nueva York) y Nathan S. Kline (un psiquiatra considerado una eminencia en el campo de la psicofarmacia), lo acuñaron para referirse a un ser humano tecnológicamente mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración espacial. 
El término apareció por primera vez en forma impresa cuando The New York Times informó sobre una ponencia presentada por Clynes y Kline en un congreso sobre vuelos espaciales. La definición decía: «Un cíborg es esencialmente un sistema hombre-máquina en el cual los mecanismos de control de la porción humana son modificados externamente por medicamentos o dispositivos de regulación para que pueda vivir en un entorno diferente al normal».
Esqueleto "cibernético" encontrado en Italia. Obsérvese la orientación del brazo derecho, la posición de la hebilla en forma de D y la del cuchillo. A diferencia de la mayoría de los enterramientos, el brazo derecho del individuo estaba doblado sobre la pelvis en correspondencia con la prótesis. Fuente
Aunque me apresuro a decir que ni el capitán Garfio ni los piratas con pata de palo pueden considerarse ciborgs, habida cuenta de que los artefactos que portan entran en el protésico campo de la ortopedia y no de la cibernética, no cabe duda de que el reciente hallazgo en el norte de Italia de un esqueleto de un hombre medieval manco bien pudiera tomarse por un antecedente de la íntima conjunción de un ser humano con un artefacto que va más allá de una simple prótesis.
Los antropólogos que han publicado el hallazgo en el Journal of Antropological Sciences se han quedado estupefactos. La osamenta muestra que la mano le había sido amputada en vida, pero lo que resulta verdaderamente enigmático es que en la tumba había también una hoja corta, parecida a un cuchillo, que pudo haberle servido como prótesis precibernética. La tumba data del siglo VIII y la edad del hombre, cuando pasó a mejor vida, era de entre 40 y 50 años. Hasta el momento se supone que se trataba de un guerrero, como lo eran por entonces todos los lombardos, pueblo al que pertenecía.
Fractura curada del antebrazo derecho. Vista anterior (A) con detalle de los osteofitos (B, C), unas protuberancias óseas con forma de espolones, que reflejan la presencia de una enfermedad degenerativa y calcificación ósea.  Fuente
En un primer análisis del esqueleto, los especialistas confirmaron que la carencia de la mano no se debía a una malformación, sino que fue el resultado de una amputación obligada tras haber sufrido un traumatismo severo. Ciertas callosidades encontradas en el hueso del muñón son típicas de todo aquel que ha usado una prótesis durante mucho tiempo. Además, en los huesos del hombro se encontraron erosiones también características de las personas que se ven obligadas a mantener una postura poco natural debido a una extremidad apuntada.
Detalles de dentadura, cuyos dientes muestran unas incisiones lineales que podrían haber sido producidas por la mordedura continua de un correaje.Fuente
Especulando un poco, los daños que el cíborg medieval tenía en su dentadura permiten suponer que utilizaba sus dientes no sólo para masticar, sino para sujetar con fuerza algunas cosas. Eso, a su vez, y sigo especulando de la mano de los antropólogos, lleva a pensar que podría tratarse del correaje que sujetaba una prótesis a su brazo. A todo lo anterior se suman los restos de piel hallados en la cuchilla-prótesis que se encontró en su tumba.
Lo que resulta misterioso es el uso que pudo darle al cuchillo que se encontró encima del esqueleto. Los antropólogos más belicosos piensan que pudo servirle como arma secundaria en las batallas, en caso de que fuese un guerrero, aunque otros, más cautos, admiten que quizá el lombardo fuera solo un simple carnicero.
En todo caso, lo más curioso de todo este caso es que el hombre sobreviviera a una amputación en una época en la que no había antibióticos y pululaban las infecciones. Que llegara a viejo en tales condiciones es un gran misterio. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.