Pocas plantas llevan reloj. El
dondiego de noche parece llevar uno incorporado. Durante buena parte del día
permanece discretamente verde, como si no tuviera nada especial que enseñar,
pero cuando avanza la tarde comienza a desplegar sus trompetas amarillas,
blancas, rosadas, rojas o magenta. Al mismo tiempo libera un perfume dulce que
se intensifica al anochecer. A la mañana siguiente las flores se marchitan y el
espectáculo queda aplazado hasta la tarde.
De ahí proceden muchos de sus
nombres populares. En español es dondiego de noche, buenas tardes, maravilla o
jazmín de tarde; en inglés, four o'clock flower, la flor de las cuatro.
No conviene tomarse demasiado en serio la puntualidad: no espera necesariamente
a que un reloj marque las cuatro. La apertura depende de su reloj circadiano,
modulado por la luz y la temperatura. Lo importante es que ha elegido trabajar
en el turno de tarde y noche.
Mirabilis jalapa pertenece
a las Nyctaginaceae, la misma familia de la buganvilla, y comparte con ella
algunas extravagancias botánicas. Si en Bougainvillea aquello que
llamamos flores son sobre todo brácteas coloreadas, el dondiego nos prepara
otra pequeña trampa: sus flores no tienen pétalos. La vistosa trompeta
coloreada que parece una corola está formada por el perianto, tradicionalmente
interpretado como un cáliz petaloide. En su base hay además un involucro de
cinco brácteas soldadas que puede confundirse fácilmente con un cáliz. La
familia parece haberse especializado en hacer que las piezas florales suplanten
unas a otras.
La planta es una herbácea perenne
con una gruesa raíz tuberosa que le permite rebrotar después de perder la parte
aérea. Sus tallos muy ramificados pueden superar el metro de altura y llevan
hojas opuestas, enteras y generalmente ovadas. Las flores duran apenas una
noche, pero se producen en tal cantidad que la floración puede prolongarse
durante meses. Después queda un pequeño fruto oscuro, rugoso y casi negro que
cualquiera que haya cultivado dondiegos habrá recogido alguna vez creyendo que
era una semilla. Botánicamente, es un antocarpo que envuelve el verdadero
fruto.
El nombre científico merece
detenerse un momento. Linneo publicó Mirabilis jalapa en 1753. Mirabilis
es una palabra latina que significa «admirable», «maravillosa» o
«sorprendente», y alude a la extraordinaria variabilidad cromática de sus
flores. Una misma planta puede producir flores de colores diferentes e incluso
flores rayadas o salpicadas de varios colores. Los botánicos europeos ya la
conocían como una «maravilla» mucho antes de que Linneo formalizara el nombre.
Jalapa encierra una
historia más complicada. El nombre remite a Xalapa —tradicionalmente escrita
Jalapa—, la ciudad mexicana de Veracruz cuyo topónimo procede del náhuatl. Pero
durante siglos existió además una droga purgante llamada jalapa, obtenida de una
planta mexicana de raíz tuberosa. Los primeros botánicos europeos confundieron
unas plantas con otras y se creyó que nuestro dondiego producía aquella famosa
droga. No era así. La auténtica jalapa medicinal procede de una convolvulácea,
actualmente conocida como Ipomoea purga. Linneo heredó parte de aquella
confusión y la dejó perpetuada en el nombre Mirabilis jalapa.
También hay que corregir otro
pequeño error histórico escondido en uno de sus nombres ingleses: “marvel of
Peru”. El dondiego no es esencialmente peruano. Su área nativa aceptada
actualmente se extiende desde México hasta Nicaragua, aunque siglos de cultivo
han conseguido naturalizarlo en buena parte de las regiones cálidas y templadas
del planeta. España está entre ellas.
La apertura nocturna no es un
capricho. Las flores producen fragancias que atraen insectos crepusculares y
nocturnos, entre ellos esfíngidos, mariposas capaces de mantenerse suspendidas
frente a una flor mientras introducen su larga espiritrompa en el tubo floral.
Es una hermosa división de los turnos de trabajo: mientras muchas flores
cierran cuando disminuye la luz, Mirabilis abre el establecimiento y perfuma el
aire para anunciar que acaba de comenzar el servicio de noche.
Sus colores, como los de la
buganvilla, tampoco dependen principalmente de antocianinas. Las Nyctaginaceae
pertenecen a las Caryophyllales y producen betalainas, divididas
fundamentalmente en betacianinas rojizas y violetas y betaxantinas amarillas.
Esa química explica buena parte de la extraordinaria paleta del dondiego.
Y precisamente sus colores
llevaron a Mirabilis jalapa a los libros de genética. A comienzos del
siglo XX, Carl Correns, uno de los tres investigadores que redescubrieron
independientemente las leyes de Mendel, estudió plantas de dondiego con hojas
variegadas, algunas verdes, otras blancas y otras mezcladas. Descubrió algo
desconcertante: el aspecto de la descendencia dependía de qué rama de la planta
materna proporcionara el óvulo y no seguía las proporciones mendelianas
esperadas.
La explicación estaba fuera del
núcleo. Los cloroplastos poseen su propio ADN y se transmiten en Mirabilis
fundamentalmente a través del óvulo. Correns había tropezado así con uno de los
primeros ejemplos clásicos de herencia citoplasmática, demostrando que no toda
la información hereditaria se comportaba como los genes cromosómicos que Mendel
había estudiado en los guisantes. Una modesta planta de jardín ayudó a ampliar
nada menos que nuestra idea de dónde reside la herencia.
El dondiego tiene además una
larga historia medicinal. En México y otras regiones se han empleado
tradicionalmente hojas y raíces contra inflamaciones, heridas y diversos
trastornos digestivos, y la raíz se utilizó también como purgante. Se han
aislado numerosos metabolitos —flavonoides, compuestos fenólicos, triterpenos,
esteroles y proteínas con actividad biológica— que explican el interés
farmacológico que continúa despertando la especie. Pero una tradición medicinal
no equivale a eficacia clínica demostrada.
Hay aquí, además, motivos para la
prudencia. La raíz y las semillas contienen sustancias biológicamente activas y
las preparaciones concentradas pueden producir efectos gastrointestinales
indeseables. El uso histórico como purgante es precisamente una advertencia:
una planta capaz de provocar una respuesta fisiológica intensa no se convierte
por ello en un medicamento doméstico seguro. Conviene, por tanto, disfrutar del
dondiego principalmente con los ojos y la nariz.
Porque pocos habitantes de
nuestros jardines ofrecen tantas pequeñas lecciones juntas. Mirabilis jalapa
nos enseña que una flor vistosa puede carecer de pétalos, que una planta
mexicana puede llamarse maravilla del Perú, que un error farmacéutico puede
sobrevivir durante siglos dentro de un nombre científico y que la herencia
genética no termina en los cromosomas.
Y cada tarde, mientras nosotros
miramos el reloj para comprobar que el día se acaba, el dondiego hace
justamente lo contrario.
Abre.