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domingo, 16 de agosto de 2026

MIRABILIS JALAPA: LA FLOR QUE SABE QUÉ HORA ES

 

Pocas plantas llevan reloj. El dondiego de noche parece llevar uno incorporado. Durante buena parte del día permanece discretamente verde, como si no tuviera nada especial que enseñar, pero cuando avanza la tarde comienza a desplegar sus trompetas amarillas, blancas, rosadas, rojas o magenta. Al mismo tiempo libera un perfume dulce que se intensifica al anochecer. A la mañana siguiente las flores se marchitan y el espectáculo queda aplazado hasta la tarde.

De ahí proceden muchos de sus nombres populares. En español es dondiego de noche, buenas tardes, maravilla o jazmín de tarde; en inglés, four o'clock flower, la flor de las cuatro. No conviene tomarse demasiado en serio la puntualidad: no espera necesariamente a que un reloj marque las cuatro. La apertura depende de su reloj circadiano, modulado por la luz y la temperatura. Lo importante es que ha elegido trabajar en el turno de tarde y noche.

Mirabilis jalapa pertenece a las Nyctaginaceae, la misma familia de la buganvilla, y comparte con ella algunas extravagancias botánicas. Si en Bougainvillea aquello que llamamos flores son sobre todo brácteas coloreadas, el dondiego nos prepara otra pequeña trampa: sus flores no tienen pétalos. La vistosa trompeta coloreada que parece una corola está formada por el perianto, tradicionalmente interpretado como un cáliz petaloide. En su base hay además un involucro de cinco brácteas soldadas que puede confundirse fácilmente con un cáliz. La familia parece haberse especializado en hacer que las piezas florales suplanten unas a otras.

La planta es una herbácea perenne con una gruesa raíz tuberosa que le permite rebrotar después de perder la parte aérea. Sus tallos muy ramificados pueden superar el metro de altura y llevan hojas opuestas, enteras y generalmente ovadas. Las flores duran apenas una noche, pero se producen en tal cantidad que la floración puede prolongarse durante meses. Después queda un pequeño fruto oscuro, rugoso y casi negro que cualquiera que haya cultivado dondiegos habrá recogido alguna vez creyendo que era una semilla. Botánicamente, es un antocarpo que envuelve el verdadero fruto.

El nombre científico merece detenerse un momento. Linneo publicó Mirabilis jalapa en 1753. Mirabilis es una palabra latina que significa «admirable», «maravillosa» o «sorprendente», y alude a la extraordinaria variabilidad cromática de sus flores. Una misma planta puede producir flores de colores diferentes e incluso flores rayadas o salpicadas de varios colores. Los botánicos europeos ya la conocían como una «maravilla» mucho antes de que Linneo formalizara el nombre.

Jalapa encierra una historia más complicada. El nombre remite a Xalapa —tradicionalmente escrita Jalapa—, la ciudad mexicana de Veracruz cuyo topónimo procede del náhuatl. Pero durante siglos existió además una droga purgante llamada jalapa, obtenida de una planta mexicana de raíz tuberosa. Los primeros botánicos europeos confundieron unas plantas con otras y se creyó que nuestro dondiego producía aquella famosa droga. No era así. La auténtica jalapa medicinal procede de una convolvulácea, actualmente conocida como Ipomoea purga. Linneo heredó parte de aquella confusión y la dejó perpetuada en el nombre Mirabilis jalapa.

También hay que corregir otro pequeño error histórico escondido en uno de sus nombres ingleses: “marvel of Peru”. El dondiego no es esencialmente peruano. Su área nativa aceptada actualmente se extiende desde México hasta Nicaragua, aunque siglos de cultivo han conseguido naturalizarlo en buena parte de las regiones cálidas y templadas del planeta. España está entre ellas.

La apertura nocturna no es un capricho. Las flores producen fragancias que atraen insectos crepusculares y nocturnos, entre ellos esfíngidos, mariposas capaces de mantenerse suspendidas frente a una flor mientras introducen su larga espiritrompa en el tubo floral. Es una hermosa división de los turnos de trabajo: mientras muchas flores cierran cuando disminuye la luz, Mirabilis abre el establecimiento y perfuma el aire para anunciar que acaba de comenzar el servicio de noche.

Sus colores, como los de la buganvilla, tampoco dependen principalmente de antocianinas. Las Nyctaginaceae pertenecen a las Caryophyllales y producen betalainas, divididas fundamentalmente en betacianinas rojizas y violetas y betaxantinas amarillas. Esa química explica buena parte de la extraordinaria paleta del dondiego.

Y precisamente sus colores llevaron a Mirabilis jalapa a los libros de genética. A comienzos del siglo XX, Carl Correns, uno de los tres investigadores que redescubrieron independientemente las leyes de Mendel, estudió plantas de dondiego con hojas variegadas, algunas verdes, otras blancas y otras mezcladas. Descubrió algo desconcertante: el aspecto de la descendencia dependía de qué rama de la planta materna proporcionara el óvulo y no seguía las proporciones mendelianas esperadas.

La explicación estaba fuera del núcleo. Los cloroplastos poseen su propio ADN y se transmiten en Mirabilis fundamentalmente a través del óvulo. Correns había tropezado así con uno de los primeros ejemplos clásicos de herencia citoplasmática, demostrando que no toda la información hereditaria se comportaba como los genes cromosómicos que Mendel había estudiado en los guisantes. Una modesta planta de jardín ayudó a ampliar nada menos que nuestra idea de dónde reside la herencia.

El dondiego tiene además una larga historia medicinal. En México y otras regiones se han empleado tradicionalmente hojas y raíces contra inflamaciones, heridas y diversos trastornos digestivos, y la raíz se utilizó también como purgante. Se han aislado numerosos metabolitos —flavonoides, compuestos fenólicos, triterpenos, esteroles y proteínas con actividad biológica— que explican el interés farmacológico que continúa despertando la especie. Pero una tradición medicinal no equivale a eficacia clínica demostrada.

Hay aquí, además, motivos para la prudencia. La raíz y las semillas contienen sustancias biológicamente activas y las preparaciones concentradas pueden producir efectos gastrointestinales indeseables. El uso histórico como purgante es precisamente una advertencia: una planta capaz de provocar una respuesta fisiológica intensa no se convierte por ello en un medicamento doméstico seguro. Conviene, por tanto, disfrutar del dondiego principalmente con los ojos y la nariz.

Porque pocos habitantes de nuestros jardines ofrecen tantas pequeñas lecciones juntas. Mirabilis jalapa nos enseña que una flor vistosa puede carecer de pétalos, que una planta mexicana puede llamarse maravilla del Perú, que un error farmacéutico puede sobrevivir durante siglos dentro de un nombre científico y que la herencia genética no termina en los cromosomas.

Y cada tarde, mientras nosotros miramos el reloj para comprobar que el día se acaba, el dondiego hace justamente lo contrario.

Abre.