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miércoles, 19 de agosto de 2026

CESTRUM NOCTURNUM: EL PERFUME QUE TRABAJA DE NOCHE

 

Hay plantas que anuncian su presencia con flores enormes y colores imposibles. Cestrum nocturnum ha elegido una estrategia completamente distinta. Sus flores son pequeñas, tubulares, de un blanco verdoso que difícilmente llamaría la atención en un concurso de jardinería. Durante el día pueden pasar casi inadvertidas. Pero cae la noche y ocurre algo extraordinario: el arbusto comienza a emitir un perfume tan intenso que puede percibirse a decenas de metros.

Entonces comprendemos sus nombres populares: dama de noche, galán de noche, jazmín de noche o jazmín nocturno. Este último, sin embargo, vuelve a meternos en el pequeño embrollo botánico que ya encontramos al hablar de Jasminum grandiflorum. Cestrum nocturnum no es un jazmín. Ni siquiera pertenece a la familia de los jazmines. Los verdaderos Jasminum son oleáceas, parientes de olivos y fresnos; nuestro galán de noche es una solanácea, pariente de tomates, patatas, pimientos, tabaco, belladona y mandrágora. Una familia, como se ve, en la que cabe casi de todo.

El nombre científico proporciona algunas pistas. Cestrum procede del griego kestron, nombre aplicado en la Antigüedad a diversas plantas y relacionado con kentron, aguijón o instrumento puntiagudo, probablemente por la forma alargada de algunas de sus estructuras florales. Linneo recuperó el término para establecer el género en 1753. El epíteto nocturnum no plantea ningún misterio: procede del latín nocturnus, «nocturno», y alude a la característica que ha hecho famosa a la especie, la intensa fragancia que desprende después de anochecer.

Su patria tampoco está donde algunos de sus nombres vulgares podrían hacernos sospechar. Cestrum nocturnum es originario de América tropical, desde México y las Antillas hasta parte de América Central. El cultivo ornamental lo ha extendido posteriormente por las regiones tropicales, subtropicales y mediterráneas de buena parte del mundo.

Es un arbusto perenne que puede alcanzar tres o cuatro metros de altura, con ramas largas y algo arqueadas y hojas simples, alternas, enteras y lanceoladas. Nada particularmente espectacular. Las flores aparecen agrupadas en inflorescencias y forman estrechos tubos verdosos o blanco amarillentos que terminan en cinco pequeños lóbulos. Durante el día permanecen relativamente cerradas y discretas. Al aproximarse la noche se abren y comienzan a liberar sus compuestos aromáticos.

La explicación no es poética, aunque el resultado lo sea. El perfume es publicidad. Una planta que depende de animales para transportar su polen necesita hacerse notar. Las flores diurnas pueden recurrir a colores intensos porque sus visitantes disponen de buena luz. Durante la noche, en cambio, pintar pétalos de rojo brillante sería algo parecido a instalar una valla publicitaria en una habitación a oscuras. Resulta mucho más eficaz emitir sustancias volátiles capaces de viajar por el aire.

Por eso muchas flores polinizadas por polillas nocturnas comparten determinadas características: colores blancos o pálidos, tubos florales relativamente largos y perfumes intensos que aumentan al anochecer. Cestrum nocturnum cumple perfectamente ese modelo. Entre sus visitantes se encuentran especialmente polillas de larga espiritrompa, capaces de introducirla en el estrecho tubo de la corola para alcanzar el néctar y transportar mientras tanto el polen de una flor a otra.

El perfume tampoco es una sustancia única. Es una mezcla compleja de compuestos orgánicos volátiles cuya emisión cambia a lo largo del día. Se han identificado en las flores diferentes terpenoides y benzenoides, entre otros compuestos aromáticos. La planta regula su producción siguiendo ritmos circadianos: cuando se aproxima el período de actividad de sus principales polinizadores, aumenta la emisión. No es que el galán de noche «sepa» que ha oscurecido; posee un reloj fisiológico ajustado por los ciclos de luz y oscuridad.

De hecho, ese perfume que a muchas personas les resulta delicioso puede llegar a ser excesivo. Un ejemplar grande situado junto a una ventana abierta es capaz de convertir una noche de verano en una experiencia olfativa bastante contundente. Hay quienes lo encuentran embriagador y quienes terminan cerrando la ventana. La selección natural, después de todo, no diseñó el aroma para nosotros, sino para una polilla.

Tras la polinización aparecen pequeñas bayas blancas, aproximadamente globosas, que contienen varias semillas. Y aquí termina la parte amable de la historia. Porque Cestrum nocturnum es una planta tóxica.

Diversas especies de Cestrum contienen compuestos biológicamente activos, entre ellos saponinas esteroideas y alcaloides, y se han descrito intoxicaciones tanto humanas como, especialmente, de animales domésticos y ganado después de ingerir hojas, frutos u otras partes de estas plantas. En el género se conocen además glucósidos y otros metabolitos capaces de producir alteraciones gastrointestinales y, dependiendo de la especie y de la cantidad ingerida, efectos más graves.

Bayas de Cestrum nocturnum. Fuente

Las bayas merecen particular atención porque pueden resultar atractivas para niños. No deben comerse, y tampoco parece sensato utilizar hojas o flores en infusiones caseras simplemente porque la planta tenga fama medicinal en algún lugar. En distintas tradiciones populares se han utilizado partes de C. nocturnum contra inflamaciones, fiebre, dolores y otros trastornos, y los estudios fitoquímicos han encontrado sustancias con actividades antimicrobianas, antioxidantes o citotóxicas en condiciones experimentales. Pero una sustancia capaz de matar células en un tubo de ensayo no se convierte automáticamente en un medicamento. A veces se convierte simplemente en una sustancia capaz de matar células.

La toxicidad tiene además una dimensión veterinaria. Algunas especies del género Cestrum son responsables de intoxicaciones del ganado en regiones donde se han naturalizado. Los animales suelen evitarlas cuando disponen de alimento suficiente, pero pueden consumirlas accidentalmente o durante períodos de escasez. No todas las especies contienen exactamente los mismos compuestos ni presentan idéntica toxicidad, por lo que tampoco conviene extrapolar sin más los efectos de una a otra. La regla práctica con C. nocturnum es mucho más sencilla: admirarlo y olerlo, pero no comerlo.

Su facilidad de cultivo ha provocado otro problema. Tolera el calor, crece rápidamente, fructifica con abundancia y sus semillas pueden ser dispersadas por aves. Como consecuencia, ha escapado de los jardines y se ha naturalizado en numerosas regiones tropicales y subtropicales. En algunos territorios, entre ellos partes de Australia, Nueva Zelanda, África y diversas islas oceánicas, está considerado una planta invasora capaz de formar matorrales densos y desplazar a la vegetación autóctona.

En los jardines mediterráneos, sin embargo, sigue siendo ante todo una apreciada ornamental. Prefiere lugares cálidos, suelos bien drenados y cierta humedad durante la época de crecimiento. Tolera la poda con entusiasmo, algo conveniente porque sin ella puede transformarse rápidamente en un arbusto desgarbado de varios metros. Su principal enemigo es el frío intenso: soporta mucho peor las heladas que arbustos como Hibiscus syriacus, por lo que en regiones continentales necesita una situación protegida.

Y conviene insistir en que no es un jazmín. Jasminum grandiflorum posee hojas compuestas y flores blancas con una corola relativamente abierta; C. nocturnum tiene hojas simples y alternas y flores estrechamente tubulares, verdosas y agrupadas. El parecido que explica el nombre popular está casi exclusivamente en el perfume. Llamamos jazmín a muchas plantas que huelen intensamente porque nuestro vocabulario cotidiano clasifica a veces las plantas por lo que nos recuerdan, mientras que la botánica intenta clasificarlas por lo que son.

Quizá por eso Cestrum nocturnum resulta tan interesante. De día parece un arbusto bastante vulgar. No tiene las enormes flores de un hibisco, las brácteas deslumbrantes de una buganvilla ni el tronco extravagante de un palo borracho. Incluso sus flores parecen empeñadas en pasar inadvertidas.

Pero espere a que anochezca. Entonces una planta que llevaba todo el día callada comienza a enviar mensajes químicos por todo el jardín. Nosotros los llamamos perfume.

Las polillas, probablemente, los llaman cena.