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viernes, 22 de marzo de 2019

El árbol del amor florece en las calles de Alcalá

Hilera de árboles del amor que crecen en los alcorques de la calle/plaza Atienza de Alcalá de Henares

Estos días florecen en las calles de Alcalá los árboles del amor (Cercis siliquastrum). Es el nombre que más me gusta para estos arbolillos, aunque en otros lugares prefieren llamarlos árboles de Judea o árboles de Judas. La leyenda dice que originalmente todos los Cercis eran árboles gigantes, fuertes y majestuosos, que tenían hermosas flores blancas. Cuando Judas Iscariote traicionó a Jesús y se suicidó ahorcándose, el árbol que eligió fue un Cercis.
En el árbol del amor nacen primero las flores y unos días después se despliegan las típicas hojas acorazonadas.
El árbol quedó tan avergonzado de su lúgubre papel que a partir de entonces dejó de crecer para que nadie más pudiera usarlo con fines tan macabros. Además, la madera se volvió quebradiza y las flores, que habían dejado de ser puras, perdieron su color blanco y se volvieron rojizas en recuerdo de la sangre de Cristo. Probablemente, sea más cierto que este árbol, que originalmente crecía en Judea y que, por tanto, se llamó "árbol de Judea", en algún momento vio cambiado su nombre por el de árbol de Judas.
Floración de Cercis siliquastrum. En A pueden verse los estambres y el extremo del ovario emergiendo entre los pétalos. B: el propósito de las atractivas flores es llamar la atención de los polinizadores. En la fotografía puede verse una abeja melífera. El círculo rojo rodea los cestillos donde la abeja recoge el polen. Las flores de arriba ya están fecundadas y comienzan a marchitarse.  
Su llegada a Europa tuvo lugar en la época de las cruzadas y su primer destino fue Francia. Desde ese momento su extensión por el continente fue muy rápida, como demuestra su frecuente presencia en los herbarios de los siglos XVI y XVII. En la época del Imperio bizantino era uno de los árboles que crecían en mayor número en Constantinopla, en las riberas del Bósforo. Su color morado purpúreo era el preferido de los emperadores bizantinos, porque el púrpura era el color imperial y de uso exclusivo de la familia imperial bizantina. En la actualidad, en Estambul, se siguen viendo gran cantidad de estos árboles a lo largo de las riberas del Bósforo; de hecho, el "Erguvan" (nombre en turco del árbol del amor) es el árbol que identifica a la ciudad.
Detalles de la flor de Cercis. 1, cáliz. 2, pétalos. 3-4, estambres (3) y ovario (4). En C los estambre rodean al ovario. En D, separados algunos estambres, puede verse el ovario con un estilo columnar y un estigma terminal (4) con granos de polen adheridos. Las anteras de los estambres (3) están abiertas y dejan ver los granos de polen de un color amarillo vivo.
Los árboles del amor pertenecen al género Cercis, que, para sorpresa de muchos, es de la familia de las leguminosas, la misma que incluye a guisantes, habas, garbanzos, lentejas o judías, por citar unas cuantas. No hay que extrañarse, las leguminosas son una de las familias más numerosas de las plantas con flores; en ella se reúnen casi 20.000 especies, incluyendo –junto a las ya mencionadas, y a otras herbáceas como los tréboles- los árboles dominantes en los bosques tropicales lluviosos y en los bosques secos de América y África.
En total, hay unas diez especies de Cercis distribuidas entre el este y el oeste de América del Norte, el sur de Europa y el este de Asia. Todos ellos son árboles relativamente pequeños con hermosas flores rosas. Las flores presentan una estructura similar a la del resto de la familia. Además de un cáliz acopado, tienen cinco pétalos separados los unos de los otros, y dispuestos de tal forma que, vistos de frente, recuerdan las alas de una mariposa y de ahí que los naturalistas franceses del XVII llamaran a las leguminosas “papilionáceas”, del latín “papilio” (mariposa).
La corola papilionácea o amariposada está integrada por un pétalo superior muy desarrollado, conocido como «estandarte», dos pétalos laterales o «alas» y dos piezas inferiores que constituyen una estructura denominada “quilla” por su semejanza con la proa de una embarcación. El estandarte y las alas sirven para llamar la atención de los polinizadores, y la quilla como plataforma en la que se apoyan cuando se afanan a la búsqueda de los nectarios que están en el fondo de las flores, al pie de los estambres. Aunque no siempre sea un número constante, las papilionáceas suelen tener diez estambres; si el número y la disposición de los estambres puede variar, lo que sí es constante es su ovario, formado por un solo carpelo que, después de la fecundación, se transforma en un fruto en legumbre, popularmente conocido como vaina. Las vainas tienen dos valvas y en su interior se alinean las semillas.
A. Cuando los pétalos comienzan a marchitarse una vez polinizadas las flores, empiezan a desarrollarse las legumbres.  B: He quitado los pétalos (salvo la quilla, arriba) para que puedan ver las vainas de semillas. Este tipo de fruto (una vaina que se abre a lo largo de las costuras en dos lados) son legumbres, como las de los guisantes, las lentejas o las judías. 
Uno de los aspectos más interesantes de las flores es su desarrollo. Probablemente haya notado que no se originan en las puntas de las ramas, como ocurre en la inmensa mayoría de especies de árboles. Surgen directamente de los troncos y las ramas. Ese fenómeno se llama "caulifloria", que literalmente se traduce como flor que nace directamente sobre los tallos (“caules”, en latín).
Grupo de flores de Cercis siliquastrum que crecen directamente sobre los troncos, un fenómeno conocido como caulifloria.
Es difícil generalizar sobre esta estrategia de floración. Lo que sí sabemos es que es más común en los bosques tropicales densos. Algunos botánicos han sugerido que la producción de flores en troncos y tallos hace que estén más disponibles para los pequeños insectos y otros polinizadores comunes en las estructuras forestales subordinadas a los grandes árboles de las selvas. Otros han sugerido que puede tener más que ver con la dispersión de semillas que con la polinización. Independientemente de las ventajas potenciales de la caulifloria, la apariencia de un Cercis cubierto de racimos de flores de color rosa vivo es todo un espectáculo visual.
A las orugas cortadoras les encantan las hojas del árbol del amor.
Las flores (y las vainas jóvenes) son comestibles y se han usado en ensaladas para agregarles colorido y un poco de dulzor. Las orugas cortadoras de hojas también encuentran en ellas un manjar, dejando pequeños cortes limpios en las hojas en forma de corazón. De hecho, se han documentado diecinueve especies de orugas, trece de saltamontes y seis de escarabajos que se alimentan de Cercis.
Para los más interesados dejo a continuación una serie de fotografías con algunos aspectos interesantes del árbol del amor. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


Cercis siliquastrum. Hojas y legumbres secas.
A: Legumbres rotas dejando ver las semillas. B: ampliación de la anterior.

martes, 19 de marzo de 2019

Ochenta años de La diligencia


El 3 de marzo de 1939, tres días después de la dimisión de Manuel Azaña como presidente de la II República, mientras que el coronel Segismundo Casado ultimaba su golpe de Estado, en Estados Unidos Walter Wanger Productions estrenaba Stagecoach, que en octubre de 1944 sería proyectada en España con el título de La diligencia.
Han transcurrido ochenta años desde el estreno de la película de John Ford, una de las obras cumbres del western, pero La diligencia no muere nunca: seguirá atravesando los desiertos e inhóspitos parajes de Monumental Valley toda la eternidad. Para el público norteamericano, cuya historia carece de cantares de gesta, épica medieval, sagas reales o guerras religiosas, los westerns equivalen a las fábulas mitológicas que en otras culturas cuentan el nacimiento de un pueblo, de una saga o de una nación y su asentamiento en un lugar de la tierra: Hollywood iba a sublimar todas aquellas gestas en un género cinematográfico sin parangón.
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sábado, 16 de marzo de 2019

Los cerezos de Libreros

Calle Libreros, el pasado 10 de marzo.

Cuenta una leyenda que alrededor de 1150, finalizada la segunda cruzada, que terminó como el rosario de la aurora, los cruzados franceses trajeron desde Damasco unos pies de ciruelos con cuya fruta se habían deleitado en el fallido asedio a la ciudad. Cuando informaron al rey Luis VII, el monarca, fuera de sí, exclamó: «Ne me dites pas que vous êtes allés là-bas uniquement pour des prunes!» (¡No me digáis que sólo habéis ido por ciruelas!), o sea, "para nada". En francés, ir a por ciruelas significa los que en España “salir por uvas”, es decir, hacer algo sin mayor provecho.
Entra dentro de lo posible que, como hicieron con las especias, los cruzados introdujeran en Europa frutales de Oriente Medio o de Asia menor, entre otros los ciruelos comestibles más comunes (Prunus domestica), pero lo que sí es seguro, porque está perfectamente documentado, que hubo que esperar siete siglos para que un jardinero francés apellidado Pisard introdujera en Europa unos arbolitos rojizos de origen persa que llevan en su honor el nombre de pisardi, una variedad del cerezo (Prunus cerasifera), que hoy adorna y da sombra en las ciudades de todo el mundo, entre otras la calle Libreros de nuestra ciudad.
Empezaré por ofrecer algunas nociones botánicas y luego les contaré la historia de cómo el ciruelo rojo o pisardi viajó desde Persia para acabar formando parte del paisaje urbano occidental.
Flores de Prunus cerasifera variedad pisardi.
El género Prunus, de la familia Rosáceas, la misma a la que pertenecen las rosas, las zarzamoras, las manzanas, las fresas y un sinfín de frutales, está integrado por unas doscientas especies de árboles y arbustos originarios, en su mayoría, de las zonas templadas del hemisferio Norte. Entre sus muchas especies de interés comercial, además del mencionado cerezo, se cuentan P. domestica (ciruelo común), P. mahaleb (cerezo de Santa Lucía), P. lauroceresus (laurel cerezo), P. spinosa (endrino), P. persica (melocotonero), P. dulcis (almendro), P. armeniaca (albaricoquero), P. cerasus (guindo) y, P.avium (cerezo silvestre).
Los pisardi, además de su resistencia a la contaminación, lo que los convierte en idóneos para ambientes urbanos, son muy apreciados como ornamentales por el original color rojizo de sus hojas, flores y frutos. Son pequeños árboles o arbustos caducifolios de hasta ocho metros de altura, muy ramificados y de copa compacta. Las hojas, de color rojizo-granate, tienen forma ovado-aguda con el borde dentado y caen del árbol con los primeros fríos invernales. Las flores son de color rosa y aparecen desde finales de invierno a inicios de primavera, antes de que surjan las hojas, lo que favorece la polinización sin la interferencia del denso follaje.
Frutos de Prunus cerasifera variedad pisardi.
Las flores son pentámeras: tienen cinco sépalos, cinco pétalos, entre diez y veinte estambres y un solo carpelo central que contiene un único óvulo. Fecundada la flor gracias a los insectos polinizadores, el óvulo se transforma en semilla y el carpelo en un fruto del tamaño de una cereza, comestible, aunque algo ácido, con el que en Francia elaboran jaleas dulces. Técnicamente es una drupa, un nombre que alude a todas las frutas que tienen “hueso” como las que aparecen en la figura adjunta: cerezas (1), ciruelas (2), aceitunas (3), platerinas (4), albaricoques (5), mangos (6), dátiles (7) y nectarinas (8). No es el momento de extenderme más con las originales características de las drupas. A los lectores interesados les remito a unos posts en las que me ocupé de ellas (1, 2).
Y ahora vamos con la historia del viaje de los pisardis a los jardines europeos.
Entre 1785 y 1925 reinó en Persia la dinastía Kayar, de origen turco. En 1925 la sustituyó la dinastía Pahlaví que reinó poco más de medio siglo antes de que en 1979 los ayatolás de Jomeini derrocaran al corrupto shah Mohammad Reza Pahlaví, un títere de británicos y americanos. Nasser-al-Din Shah Qajar (1831/1896) fue el penúltimo shah de la dinastía Kayar desde 1848 hasta su muerte, que debió ser muy llorada porque dejó ochenta y cuatro viudas. Su estilo de gobierno era dictatorial, aunque de ciertas tendencias reformistas de corte europeizante. Fue el primer monarca persa en visitar Europa en 1871, luego en 1873 (donde revistó una flota de la Royal Navy, así como una maniobra militar a gran escala en Rusia, lo que le llevó a fundar una brigada cosaca), y más tarde en 1878 y 1889.
. El shah Nasser-al-Din. Foto.
Durante sus viajes quedó impresionado por la tecnología que había visto en Europa. Fue mecenas de la fotografía y, además de ser el primer iraní en ser fotografiado, el invento le entusiasmó y se fotografió miles de veces. Introdujo muchas innovaciones occidentales en Irán, incluyendo un moderno sistema de correos, el transporte ferroviario, un sistema bancario y permitió e impulsó los primeros periódicos.
Cuando llegó a París en 1878 para visitar la Exposición Universal, además de quedarse estupefacto con la torre Eiffel, se sorprendió por la belleza de los jardines de París y Versalles. Quiso tener un jardinero francés. Le recomendaron a monsieur Pissard. Lo contrató por una fortuna y lo llevó con él a Teherán, donde le encargó transformar los jardines de su palacio.
Ernest François Pissard, Oficial del Mérito Agrícola, Caballero de Cristo de Portugal y de la Real Orden de Villaviciosa, nació en 1850 en Sallanches. Era hijo de un famoso jardinero y horticultor, Claude-Marin Pissard, del que heredó su primorosa afición a las plantas. El 1866 se graduó en la Escuela de Agricultura de Igny, desde donde pasó a trabajar en el prestigioso Jardin des Plantes de Paris hasta 1878, cuando lo contrató el shah. En 1887 fue contratado como jardinero jefe del lisboeta Jardim da Estrela, donde se mantuvo hasta 1907. Luego regresó a Francia y se instaló en Arcachón en un chalet situado en el bulevar de la playa, que pronto se hizo famoso por sus cuidados jardines.
La familia Pissard el 6 de septiembre de 1926 durante una visita a Lourdes. Foto cortesía de Chaminade.
Desde Persia, Pissard trajo semillas y esquejes de muchas plantas nativas, entre otras las de una nueva planta, enesguida llamada el "cerezo de Pissard". En los Anales del año 1881 de la revista de la Sociedad de Horticultura de Nantes, Élie-Abel Carrière, el gran botánico y horticultor francés, jefe de los jardineros del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, escribió un encendido elogio del arbolito recién incorporado a la flora ornamental francesa: «La planta más notable que se ha introducido durante mucho tiempo es, sin duda, Prunus pissardi. Además de su novedad y de sus muchos méritos desde dos puntos de vista muy interesantes -como árbol frutal y como ornamental- constituye una sección particular del género Prunus. De hecho, no sólo es notable por la coloración de sus hojas que son de un rojo intenso, con reflejos matizados; sus frutos, desde su formación, también son de un color rojo muy oscuro, absolutamente nuevo. Prunus pissardi crece poco y se ramifica considerablemente; resulta siempre es muy agradable a la vista por sus hojas, sus flores, sus frutos y por el color de su corteza que, siempre roja, negra y lustrosa, constituye una decoración vegetal perpetua».
Pissard murió en 1934. Su amigo Albert Chaudhari, miembro del Parlamento de Burdeos, escribió en su obituario: «Con toda razón, Brillt-Sàvarin escribió que el descubrimiento de un nuevo manjar hace más por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una estrella. Se puede añadir que el hallazgo de una nueva planta es más útil que el descubrimiento de un cometa. Por tanto, es necesario agradecer a aquellos que, como el botánico Pissard, han enriquecido la flora francesa y contribuido al embellecimiento de nuestros paisajes».
Ernest François Pissard descansa en el camposanto de Tallence, la ciudad hermana de Alcalá de Henares. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 13 de marzo de 2019

El fracking se ahoga mientras los ciegos guían a los tuertos


El teatro necesita de clá; fútbol de gradas de animación; la remonta de mamporreros y las pirámides Ponzi de voceros que animen a los inversores incautos para que sean desplumados por trileros convertidos en genios financieros como Bernard Madoff.
Capitán Swing acaba de publicar en España El sentido del estilo. La guía de escritura del pensador de siglo XXI, de Steven Spinker. «El problema del mundo -dice Spinker- no es que la gente sepa poco, sino que sabe muchas cosas que no son ciertas». 
Como en la barca del cuento, los ciegos guían a los tuertos. Esta semana, un “experto” en inversiones energéticas anunciaba la “segunda revolución del fracking” de Estados Unidos, que según esta lumbrera iba a acabar con la oferta de la OPEP. «Nunca atribuyas a la malicia lo que puede explicarse por la pura estupidez», escribe tambén Spinker.
En varias ocasiones, la última la primera semana de marzo, me he ocupado de subrayar que la industria del fracking en Estados Unidos perdía dinero antes del último desplome de los precios del petróleo, cuando el barril estaba a más de 60 dólares, y continúa perdiéndolo a manos llenas con los precios actuales de 35 dólares el barril. En Argentina, el fracking gasístico, que se anunció como el milagro energético del país, solo sobrevive gracias a las mil millonarias subvenciones gubernamentales que han sido denunciadas por el FMI, el organismo que sostiene las finanzas del país suramericano.
Hoy no voy a volver a machacarles con las finanzas de los operadores de la fractura del fracking; voy a hablarles del agua que los ahoga aún más. Los datos y los gráficos que utilizaré han sido tomados del blog de SRSrocco Report.
La insensatez continúa en el segundo campo petrolero de fracking más grande de los Estados Unidos cuyo rendimiento –pese a la ola que agitan los hooligans energéticos- va de mal en peor. Aunque es cierto que la industria de la fractura hidráulica no parece tan tocada como en 2016, cuando los precios del petróleo se derrumbaron como un castillo de naipes, lo peor está por llegar. Desgraciadamente, el mercado permanece ciego al esquema Ponzi más grande de la historia, porque la sensatez y la razón parecen haber desaparecido de la industria energética hace años.
Bakken, el gigantesco campo de Dakota del Sur, alcanzó un nuevo récord en 2018 y eso, paradójicamente, no es una buena señal para los operadores, porque en ese negocio de Abundio, cuanto más producen más pierden. Aunque es cierto que el Bakken alcanzó el año pasado un nuevo récord en la producción de petróleo de lutitas, también produjo la mayor cantidad de agua residual y contaminada jamás registrada. Esta tremenda cantidad de aguas residuales es otra faceta más del creciente problema al que se enfrentan las compañías para producir petróleo vía fractura hidráulica.
En 2018  Bakken produjo 95.000 millones de litros de aguas residuales. Es difícil calibrar mentalmente lo que significan tantos millones de litros de agua , pero es una barbaridad. De ser limpias, esos miles de millones de litros agua servirían para cubrir aproximadamente las necesidades de dos millones de españoles durante todo el año.  En cualquier caso, el problema no es solo la enorme cantidad de aguas residuales generadas, sino que también es más preocupante la creciente proporción de agua con respecto a la producción de petróleo que necesita la fractura hidráulica.
El Departamento de Recursos Minerales de Dakota del Norte publica una actualización mensual de la cantidad de petróleo, gas natural y agua producida en el Bakken. Aunque tienen datos en PDF que se remontan a 2003, las hojas de cálculo Excel que se pueden analizar solo recogen la cantidad de aguas residuales generadas hasta mayo de 2015. Aunque así sea, los datos que se remontan hasta 2015 son lo suficientemente fiables cómo para mostrar que cada vez se necesita más agua para producir la misma cantidad de crudo. 

Antes de hacer la comparación, debemos recordar que la producción de petróleo del Bakken alcanzó su punto máximo en 2015 y luego se redujo debido a la caída de los precios del petróleo. Bakken ha tardado tres años el volver a esa cima.
En mayo de 2015, un mes antes del primer pico, el Bakken produjo un total de 35 millones de barriles de petróleo y 40 millones de barriles de aguas residuales. Hubo, pues, cinco millones de barriles más de aguas residuales generadas que de petróleo. Según los datos del Departamento de Recursos Minerales, en junio de 2018 se produjo aproximadamente la misma cantidad de petróleo: 35,4 millones de barriles. Pero esos millones de barriles de petróleo produjeron 49 millones de barriles de aguas residuales, o sea, un 22% más.
Producción de crudo y aguas residuales en Bakken entre mayo de 2015 y junio de 2018, en millones de barriles. Los puntos son comas y las comas puntos.
En definitiva, en 2018 se necesitaron nueve millones de barriles más de aguas residuales para producir aproximadamente la misma cantidad de petróleo que en 2015. Y la tendencia sigue empeorando. Según los datos más recientes, los de diciembre de 2018, el Bakken produjo 55,1 millones de barriles de aguas residuales y 39,7 millones de barriles de petróleo:
Producción de crudo y aguas residuales en Bakken entre enero de 2016 y diciembre de 2018, en millones de barriles. Los puntos son comas y las comas puntos.
En resumen:
Mayo 2015, agua = 40 millones de barriles. Mayo de 2015, petróleo = 35 millones de barriles. Diferencia = 5 millones de barriles más de aguas residuales. Dic 2018, agua = 55 millones de barriles. Dic 2018, petróleo = 39,7 millones de barriles. Diferencia = 15 millones más de barriles de aguas residuales
También es notable la rapidez con la que aumentaron las aguas residuales para la producción de petróleo el año pasado. En enero de 2018, el Bakken produjo 10 millones de barriles de agua más que petróleo; en diciembre se disparó a 15 millones de barriles.
El campo Bakken de Dakota del Norte produjo 67 millones de barriles más de agua que de petróleo en el primer semestre de 2018. El coste medio de recoger, transportar y deshacerse de las aguas residuales es de unos 4 dólares por barril. Eso significa que la eliminación de aguas residuales en 2018 supuso un gasto de 2.200 millones de dólares.
Debemos recordar que los operadores no solamente están produciendo mucha más agua residual, sino que también están usando mucha más arena y productos químicos. Por lo tanto, a más residuos más dinero invertido. Las compañías que producen petróleo de lutitas de Bakken están obligadas a usar mucha más agua, arena, recursos y dinero para producir de lo que gastaban hace unos pocos años.
El campo Bakken de Dakopta del Norte produjo 85 millones de barriles más de agua que de petróleo en el segundo semestre de 2018. El coste medio de recoger, transportar y deshacerse de las aguas residuales es de unos 4 dólares por barril. Eso significa que la eliminación de aguas residuales en 2018 supuso un gasto de 2.300 millones de dólares.
En algún momento, la caída de la tasa de retorno energético (Energía Devuelta por la Inversión) destruirá la capacidad de la industria del petróleo de fracking para compensar los descensos de la nueva producción. Por supuesto, el precio del petróleo es un factor importante para determinar el destino de la industria del petróleo de lutitas de Estados Unidos. Si el precio cae junto con los mercados este año, podríamos ver problemas muy graves.
Aquí hay dos cuadros que muestran la producción total de petróleo y aguas residuales de Bakken para la primera y la segunda mitad del año:
Para el año, el Bakken produjo 578 millones de barriles de aguas residuales, aproximadamente 25.000 millones de galones (42 galones por barril). Podemos ver que la proporción de aguas residuales con respecto al a petróleo continúa ampliándose en la segunda mitad del año, ya que se produjeron 85 millones de barriles más de agua que de petróleo en comparación frente a solo 67 millones de barriles en la primera mitad.
Además, el coste estimado para eliminar el agua es de aproximadamente 2.300 millones de dólares a razón de 4 dólares por barril. Para terminar, las empresas que producen petróleo por fractura en Bakken y en todos los campos explotan primero los "puntos dulces" (los de mayor producción) y pronto se verán obligadas a pinchar en las áreas menos económicas.
¿Si los operadores no ganan dinero perforando las áreas más productivas, qué pasará cuando empiecen a perforar fuera de los puntos dulces? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

martes, 12 de marzo de 2019

Mieles locas: cuando el manjar se vuelve tóxico


Desde 2015, la Comisión Europea anda tras la pista de la adulteración de mieles. Ahora, Europa estudia prohibir un edulcorante elaborado con mieles de origen chino por su contenido en grayanotoxina, el componente tóxico de las llamadas “mieles locas”, que en dosis altas afecta al sistema nervioso central y produce confusión, agitación, delirio, amnesia, y puede llegar a provocar un síndrome colinérgico, cuyos efectos, muy parecidos a los que produce la ingesta de la seta matamoscas Amanita muscaria, son bien conocidos desde hace miles de años.


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domingo, 10 de marzo de 2019

España se calienta


Los últimos veranos han traído algunos de los meses más calurosos en el registro histórico de las estaciones meteorológicas de todo el mundo, lo que subraya una tendencia imparable de ascenso de las temperaturas medias mundiales. Los impactos globales de las crecientes temperaturas —que incluyen reducción de los glaciares y disminución de los casquetes polares, más huracanes, aumento del nivel del mar (1, 2) y sequías, entre otras cosas— ya nos suenan tan familiares que casi las hemos normalizado.

Pero un cambio de temperatura de sólo un par de grados también puede tener efectos dramáticos localmente. Los estudios han demostrado que un aumento de la temperatura de un solo grado puede aumentar los niveles locales de contaminación atmosférica, permitir que las especies portadoras de enfermedades se expandan en áreas determinadas, causar la extinción local de las especies autóctonas y la proliferación de especies invasoras, e incluso provocar suficiente estrés térmico como para aumentar las tasas de algunas enfermedades mentales. Por su parte, las olas de calor aumentan la mortalidad y la morbilidad entre las personas con enfermedades crónicas y, en especial, entre los mayores.

Naturalmente, a todos nos preocupa qué va a pasar en el lugar donde vivimos. El pasado mes de septiembre, The Revelator, la web de noticias e ideas del Center for Biological Diversity, publicó un mapa interactivo en el que puede verse cómo serán las temperaturas en 2050 de cientos de estaciones meteorológicas de todo el mundo. Puede verlo en este enlace y conocer qué va a pasar en el lugar en que vive (en España aparecen solamente capitales de provincia). En este enlace de EL PAÍS puede buscar una ciudad para ver cuánto ha subido la temperatura media desde que hay registros.

Utilizando el mapa de The Revelator, el Observatorio de la Sostenibildad de España (OSE) ha publicado un informe en el que aparecen los datos más relevantes referidos a España, que confirman que la percepción de la población española de que estamos en un entorno cada vez más cálido y afectado por el cambio climático es real: la temperatura en las ciudades españolas ha subido el doble que la media mundial en 50 años.

Aumento de las temperaturas. Variación entre el lustro 1988-1992 y el último (2014-2018). Si se observa el mapa se puede ver que el calentamiento urbano es mayor en la porción mediterránea del país. Dejando a un lado Ourense, situada en el fondo de la depresión del río Miño lo que le confiere una acusada mediterraneidad, la decena de ciudades donde más ha subido la temperatura está en la parte este y sur del país. Fuente: Informe OSE.
Las ciudades españolas han experimentado un aumento significativo de la temperatura media en los últimos 30 años cifrado en un grado centígrado. En 53 años, es decir, desde 1965, España ha experimentado una subida de 1,57 ºC y en los últimos 30 años (1988-2018) un aumento de 0,87 ºC. Las ciudades que han experimentado un mayor aumento de temperatura en estos 30 años han sido: Barcelona (+ 1,89 ºC), Ávila (+1,84), Murcia (+1,82), Cuenca (+ 1,77), Granada-Aeropuerto (+1,52), Castellón-Almassora (+1,45), Málaga-Aeropuerto (+1,31), Albacete-Los Llanos (+1,26) y Lleida (+1,22). El hecho de que algunas de estas temperaturas hayan sido tomadas en los aeropuertos, situados en espacios abiertos, indica que en los centros urbanos el incremento térmico habrá sido aún mayor.

Utilizando los datos de las series temporales totales de la Agencia Española de Meteorología, se observa que, por ejemplo, Madrid ha subido su temperatura 2,5 ºC en 125 años, Málaga 1,4 en 75, Valencia 1,49 grados en 52 años, y así en la práctica totalidad de las ciudades españolas que aparecen en los anexos del informe de la OSE. Utilizando los datos del mapa de The Revelator, el OSE presenta las estimaciones disponibles de incremento de las temperaturas para las mismas ciudades españolas en 2050. Las ciudades que más aumentarán sus temperaturas son Guadalajara, Huesca, Álava, San Sebastián, Ávila, Las Palmas, Salamanca, Pontevedra, Cáceres, y Bilbao.


En definitiva, todo indica que los fabricantes de ropa de abrigo van a tener problemas. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


Los “pinos” más raros del mundo (2): el pino fresa de Tasmania


Conos femeninos inmaduros y maduros (rojos) y ramitas tetragonas de Microcachrys tetragona. Foto.
Con su pequeño hábito rastrero y sus conos femeninos de color rojo brillante y carnoso, es fácil entender el nombre común, “pino-fresa rastrero”, con el que los tasmanos conocen a una rara conífera, Microcachrys tetragona. Esta conífera miniatura es tan hermosa como interesante. En su cuerpo hay 66 millones de años de historia fósil que puede enseñarnos mucho sobre la biogeografía austral de la que ya me ocupé en esta otra entrada.
Ramas con conos masculinos. Foto.
Empecemos por describirla. En primer lugar, el nombre científico. Microcachrys proviene del griego, mikros, pequeño, y cachrys también del griego cachrus, cono o amento, en alusión a los minúsculos (2 mm) conos masculinos. Tetragona se refiere a las ramillas cuadrangulares. Este microendemismo tasmano es una conífera de hojas perennes escamosas (2-3 mm) y opuestas que envuelven completamente a los tallos de forma imbricada como lo hacen las de cipreses y sabinas. Es unisexual monoico, lo que significa que los conos masculinos y femeninos nacen en ramas separadas de la misma planta. Los conos masculinos miden aproximadamente 2 mm de largo y tienen 20 o más sacos polínicos. Los conos femeninos son redondeados u ovales, de 6-8 mm de largo, carnosos y de color rojo brillante cuando están maduros. La polinización es anemófila y la distribución de la semilla ornitócora.
Hoy en día, el pino-fresa rastrero sólo se puede encontrar silvestre en el oeste de Tasmania. Es una especie de alta montaña, que crece en lo que comúnmente se denomina matorral enano alpino, una comunidad que ocupa altitudes por encima los mil metros, que pueden parecer pocos para nuestras latitudes, pero que, en Tasmania, con un clima extraordinariamente oceánico y sometido a la influencia de los gélidos vientos antárticos, equivale a unos tres mil metros de los Alpes, por ejemplo. Para resguardarse de los vientos y de las lacerantes celliscas, y para quedar protegido por el manto de nieve de las fuertes heladas invernales, elige la misma estrategia que muchas otras plantas de ambientes alpinos: crece como una alfombra pegada al suelo con sus ramas postradas que apenas sobresalen más de 30 cm por encima de la superficie.
Aspecto de la planta creciendo sobre bloques de dolerita en Mt. Field, Tasmania. Foto
El pino fresa rastrero no es un miembro de la familia del pino (Pinaceae), sino de la familia de los podocarpos (Podocarpaceae). Esta familia es interesante por muchas razones, entre otras porque son representantes de la llamada flora Antártica, un conjunto de plantas vasculares que evolucionó hace millones de años en el supercontinente Gondwana, que comenzó a separarse a principios del Cretácico (hace 135-65 millones de años) y que, con la deriva tectónica, ahora se distribuye por varias áreas separadas del hemisferio Austral, incluyendo el Cono Sur, la región del Cabo, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania y Nueva Caledonia. Comparando las distribuciones actuales de las plantas y los animales con los testimonios fósiles, los biogeógrafos pueden usar a familias como las podocarpáceas para construir un relato coherente de la historia de la vida en la Tierra.

Granos de polen con tres vesículas (V). Foto.
Lo que resulta sorprendente es que, entre las diversas podocarpáceas, el género Microcachrys produce granos de polen con una morfología única. Cuando los investigadores ponen el polen actual o fósil en el microscopio óptico, pueden decir sin temor a equivocarse si pertenece o no a Microcachrys. El grano de polen con tres vesículas (trisacato) es característico de Microcachrys, mientras que todas las demás podocarpáceas producen polen bisacato.
El polen fosilizado de Microcachrys se ha encontrado en todo el hemisferio Austral en Suramérica, India, Suráfrica, Nueva Zelanda e incluso en la Antártida, unas zonas donde no se encuentra hoy. Eso quiere decir que es un paleoendemismo, es decir, una planta cuya restringida área actual es el resto de una mucho más extensa. Eso parece indicar que a medida que los continentes iban separándose y las condiciones ambientales cambiaban, las montañas de Tasmania ofrecieron un refugio definitivo para la única especie sobreviviente de este género.
Maduración de los conos femeninos. Foto.
Otro motivo por el que esta pequeña conífera resulta tan original son sus conos femeninos, que se asemejan a frutas, algo que, con respecto a otras podocarpáecas neozelandesas, ya comenté en este post. A medida que maduran, las escamas del cono se hinchan y se vuelven carnosas. Con el tiempo, empiezan a parecerse a una fresa más que a cualquier otra estructura reproductora de las gimnospermas. Éste es otro caso de evolución convergente cuyo fundamento está en la dispersión de las semillas por parte de las aves. Parece que le funciona, porque a pesar de su pequeña área de distribución actual, el pino fresa rastrero es muy abundante localmente y no afronta los mismos problemas de conservación que amenazan actualmente a muchos otros miembros de su familia. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.