martes, 17 de julio de 2018

Crónicas de la América profunda: El ADN de Jesse James


Un fin de semana cada año, el que sigue al primer lunes de septiembre, los habitantes de Northfield, Minnesota, un poblachón del Medio Oeste que durante todo el año parece vivir el tedio de una siesta eterna, se desmelenan y organizan un festival al que acuden multitudes de los alrededores.
Disfrazados de vaqueros, preparan barbacoas mientras que las bandas locales tocan música country. Ya saben, como en Scarborough Fair: perejil, salvia, romero y tomillo; atracciones de feria de un inequívoco aire pueblerino, festones listados de barras y estrellas cruzan las calles entrelazando los edificios de adobe y madera; muchachas en flor a la sombra de arces y robles que venden almuerzos de picnic para pagarse el viaje iniciático a Florida; mercadillos de “antigüedades” de anteayer; carpas alineadas a lo largo de la orilla del río Cannon de las que emergen aromas deliciosos a canela, mantequilla y a bollos recién horneados; en una de ellas se ofrece una barbacoa de cerdo solo para patrocinadores; y, cómo no, muchas barracas con algodones de dulce y fritangas que con solo  olerlas disparan el colesterol.
Charangas, desfiles de majoretes y de moteros en sus tronantes Harleys bicilíndricas, la patrulla montada del sheriff del condado, reinas locales de la belleza que se mueven en grandes Cadillacs convertibles, el inevitable rodeo profesional y un baile en la plaza el viernes por la noche después de una exhibición callejera que simula la fuga de Jesse James, completan el paisaje festivo de un pueblo que apura hasta el último momento el tibio sol de un verano que se les escapa entre las manos antes de que el invierno deje caer sobre sus cabezas toneladas de nieve invernal. Si quiere ver como es el invierno en Northfield, vea lo que le cuesta conducir por la nieve a Frances McDormand en Fargo. 
El festival tiene un nombre revelador: “La derrota de Jesse James”. ¿Qué celebra? La respuesta está en la calle principal, donde todavía se levanta en perfecto estado de revista, con un exterior idéntico al que tenía hace 150 años, el edificio del First National Bank, en cuyo asalto la banda James-Younger encontró su Waterloo en septiembre de 1876. La antigua sede bancaria alberga hoy un museo local gestionado por la Northfield Historical Society, una de esas pequeñas asociaciones americanas de aburridos vecinos que se ocupan amorosamente de la historia de su pueblo natal. 
Con su ajetreada vida de forajido y su muerte a traición, Jesse James (1847-1882) se convirtió en una figura legendaria del Medio Oeste. Huérfano desde los tres años, a los 15 años él y su hermano Frank se unieron a la guerrilla sudista de William Quantrill, un grupo de forajidos que se dedicaba al saqueo y al pillaje de poblaciones civiles. Esa fue la universidad donde los hermanos James forjaron su porvenir. Terminada la guerra de Secesión, los hermanos se pusieron manos a la obra para hacer lo que sabían: constituyeron una banda, la James-Younger, que durante quince años fue el terror de bancos y ferrocarriles, y la pesadilla de sheriffs, marshalls y alguaciles. Thomas T. Crittenden, gobernador de Misuri, autorizó una recompensa de 10.000 dólares por la entrega, vivos o muertos, de los hermanos James
Cuando la banda se presentó en Northfield el 7 de septiembre de 1876 con la acostumbrada intención de asaltar el banco local, asesinaron al cajero y a un cliente de inequívoco nombre sueco: Nicholas Gustafson. Los vecinos, lejos de arredrarse, acribillaron a los forajidos. Todos ellos, salvo los hermanos James que huyeron a Dakota, murieron o cayeron heridos y prisioneros. Así son las cosas: aunque Jesse James se marchó de rositas, ahora Northfield celebra la caída de Jesse James.
Para no incrementar las listas del paro, Jesse y su hermano crearon otra banda y siguieron haciendo de la suyas. Jesse tuvo tiempo de cortejar durante nueve años a su prima Zerelda con la que se casó y tuvo un hijo, Jesse Edwards, y una hija, Mary. Decidido a retirarse, puso el hogar familiar en Saint Joseph, Misuri, donde debía ser poco conocido porque tuvo el atrevimiento de alquilar una casa a un concejal. Allí, en una casita blanca en lo alto de una colina del número 1318 de la calle Lafayette, pasó la Navidad del año 1881 junto a su madre, su esposa y sus dos hijos. En el invierno de 1882 quería comprar una granja. Como andaba escaso de efectivo decidió hacer un último atraco en el banco de Platte City, Nebraska. Los miembros de su banda o estaban muertos o en prisión, de manera que Jesse reclutó a los hermanos Charlie y Bob Ford.
Los Ford, conocedores de que la cabeza de Jesse tenía una recompensa de 5.000 dólares, decidieron cobrarla por la vía rápida. El 3 de abril de 1882 Jesse debió haber hecho lo que se podía hacer en Saint Joseph: sentarse en una mecedora de pacana para contemplar el lento divagar de los barcos por el Misuri. Si lo hubiera hecho, habría advertido la llegada de sus dos asesinos. No lo hizo y eso le costó la vida. Subirse a una silla para colgar un cuadro tiene los peligros de cualquier accidente casero. A Jesse colgar un cuadro le costó la vida. Desarmado e indefenso, un disparo por la espalda de Bob Ford que le entró por la nuca y salió por su ojo izquierdo acabó con su vida. La leyenda había terminado.
Dada su trayectoria, el gobernador Crittenden, un antiguo coronel de caballería que había echado las muelas cabalgando por Kentucky, no parece que hubiera leído a los clásicos y menos que conociera aquella célebre frase -Roma traditoribus non premiae- que el cónsul romano espetó a los capitanes traidores cuando fueron a cobrar la recompensa por la muerte de Viriato. Cuando los hermanos Ford se personaron a por la suya, Crittenden puso a ambos a la sombra, donde estuvieron hasta que un jurado los condenó a la horca. Indultados años más tarde, a Charles Ford le consumió la mala conciencia y se pegó un tiro. Su hermano Bob resultó muerto de varios disparos en un bar de Creek, Colorado. El cronista local escribió su necrológica: «Ha muerto el cobarde sucio y pequeñajo que disparó sobre el desarmado Mr. Horward y mandó a la tumba a Jesse James».
Como a tantas otras celebridades, a Jesse James no le dejaron descansar tranquilo. En 1995, el forense James Starr, autorizado a hacerlo para despejar las dudas de que Jesse fuera el hombre asesinado en Saint Joseph y sepultado en su ciudad natal, Kearney, Nebraska, desenterró el cuerpo para practicarle el análisis de ADN. Comparado con el de algunos de sus descendientes vivos, las pruebas demostraron que el cadáver correspondía con un 99,7% de probabilidades al forajido.
Aprovechando la exhumación, la Pony Express Historical Association se hizo con varios objetos personales del finado que hoy exhibe entre otros artefactos relacionados por los pelos con los James, incluyendo una réplica del cráneo que muestra el orificio de entrada y salida de la bala que lo mató en la casita de la calle Lafayette, desmontada de su emplazamiento original y traída junto a la mansión Patee, un enorme caserón de adobe que construyó en 1858 John Patee para destinarlo a hotel con el pomposo nombre de Hotel Mundial, convertido hoy un indefinible museo bastante kitsch, en el que nunca faltan visitantes incautos como mi hijo y yo, que somos oportunamente informados de que allí se alojaron la noche del crimen la madre, la viuda y los dos hijos pequeños del forajido asesinado. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 15 de julio de 2018

El falso mito de la independencia energética renace con el fracking


Aunque muchos medios intoxicados por los informes hiperbólicos sobre el “milagro” del fracking continúen insistiendo en que los Estados Unidos están en camino de conseguir la independencia energética (es decir, no tener que importar petróleo del exterior), la realidad es tozuda: el país importa cada día ocho millones de barriles de crudo.
¿Cómo es posible que los Estados Unidos se estén convirtiendo en “independientes energéticos” si todavía importan casi 8 millones de barriles diarios (mbd) de petróleo? Mientras que los gabinetes de comunicación alimentados por la industria, por los lobbies financieros que la soportan y por la Casa Blanca, siguen repitiendo ese mantra, el país aún depende en buena medida del petróleo extranjero. Y siguen importando a pesar de que la producción de petróleo mediante la fractura hidráulica de lutitas se ha disparado en la última década.
Según la Figura 1, Estados Unidos importó una media de 7,8 mbd de petróleo en los últimos 12 meses. Nótese que la mayoría de esas importaciones de petróleo provienen de Canadá (marrón oscuro). La razón para el crecimiento de las importaciones de petróleo pesado canadiense (arenas bituminosas) es que se utiliza para mezclarlo con el crudo liviano de lutitas para conseguir una mezcla mediana. Y aunque es necesario importar crudo más pesado para mezclarlo con la producción más liviana obtenida por fracking, Estados Unidos todavía produce demasiado petróleo liviano, por lo que se ven obligados a exportarlo al extranjero.
Tabla 1. Producción petrolífera de Estados Unidos en miles de barriles diarios distribuida por grados API. Los Estados Unidos produjeron en abril (último mes del que hay datos completos) 483.000 barriles diarios de petróleo pesado, 3,9 mbd de crudo mediano y 5,5 mbd de petróleo liviano y condensado (el producido por fracking, fundamentalmente). La gravedad API del condensado por lo general es de 50° o más. Los 3.688.000 bd de crudo de 40-45° son principalmente petróleos livianos de lutitas bituminosas producidos en los yacimientos de Dakota del Norte y Texas.
La respuesta es bastante sencilla. Para entenderla mejor, permítanme que les cuente algo sobre el índice de densidad del petróleo o API, unas siglas que vienen del American Petroleum Institute, responsable de la creación de un índice que es una medida que, en comparación con el agua a temperaturas iguales, nos dice  cuán pesado o liviano es un crudo. Índices superiores a 10 implican que son más livianos que el agua y, por lo tanto, flotarían en ella.
Los crudos se clasifican en cuatro categorías según su densidad API: 1.- Crudo ligero, API > 31,1°. 2.- Crudo medio o intermedio, API entre 22,3 y 31,1°. 3.- Crudo pesado, API entre 22,3° y 10°. 4.- Crudo extra pesado, API < 10,0°. Estos últimos , entre los que se cuentan betunes asfálticos como el chapapote venezolano o los procedentes de las arenas bituminosas de Alberta, se pueden diluir con hidrocarburos más ligeros para conseguir un betún diluido, con una API inferior a 22,3°, o incluso llegar a entre 31° y 33° para conseguir el llamado crudo sintético. Retomemos la respuesta. 
La industria del petróleo de lutitas estadounidense está produciendo demasiado crudo ligero, con un alta densidad API, mientras que las refinerías norteamericanas están diseñadas para un grado inferior. Por lo tanto, a medida que la producción de petróleo de lutitas se disparó, la industria se vio obligada a exportar una gran cantidad de este aceite ligero al exterior.
Figura 1. Importaciones estadounidenses de crudo

En la Figura 2, tomada de este artículo, se muestra el aumento en las exportaciones de petróleo estadounidense. Como la producción de petróleo por fracking aumentó significativamente en 2017, también lo hicieron las exportaciones de petróleo. Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tenía prohibido exportar crudo, aunque Canadá estaba exenta de la prohibición debido al sistema integrado de suministro de petróleo. La prohibición de exportar se levantó en enero de 2016 porque los refinadores estadounidenses no podían absorber cantidades crecientes de petróleo ligero.

Figura 2. Incremento en las exportaciones de petróleo estadounidense.
En muchos países se está utilizando crudo extraliviano de lutitas de origen estadounidense como componente de mezcla, pero no como materia prima a granel. Importantes volúmenes de las exportaciones de petróleo crudo de los Estados Unidos se dirigen solo a unos pocos países. Por lo tanto, mientras más petróleo de lutitas produzcan, más se verán obligados a exportar.
Al margen de los preclaros cálculos de independencia energética, el hecho es que Estados Unidos depende físicamente de alrededor de 8 mbd de importaciones de petróleo crudo, de los cuales 4,3 mbd provienen de países donde la producción de petróleo ya alcanzó su punto máximo y / o en lo cuales hay problemas socio-económicos o geopolíticos. A partir de abril de 2018, las importaciones netas de crudo de los Estados Unidos fueron de aproximadamente 6 mb/d, muy lejos de la independencia petrolífera.
Estados Unidos nunca será independiente de, petróleo foráneo, incluso aunque la producción interna de petróleo de lutitas siga aumentando. Sin embargo, como he venido insistiendo en artículos anteriores (1, 2, 3) la producción de petróleo de lutitas estadounidense probablemente comenzará a disminuir dentro de los próximos 1-3 años. Cuando los mercados de valores comiencen a colapsar, también reducirán el precio del petróleo. Un precio del petróleo a la baja destruirá la ya debilitada industria del petróleo de lutitas, que está vendiendo a precios inferiores a los costes de producción. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 7 de julio de 2018

Crónicas de la América profunda: Rey Neptuno, el cerdo recaudador

Cada guerra tiene sus héroes, pero algunos son más desconocidos que otros. Los hay, incluso, que se convierten en reyes.

Cuando conduzco sin necesidad de llegar a una hora determinada a algún sitio concreto, me gusta pararme donde me da la gana. Conozco gente que está tan inmersa en su navegador que no ve nunca el territorio por el que pasa, y otros que, después de haberse trazado una ruta, se aferran a ella como si estuvieran encajados con ruedas de pestaña en unos raíles. Así que cuando conduzco entre Nashville y Kansas City, cruzo el Ohio y me detengo en el área de descanso que rodea el centro de visitantes del Camino de las Lágrimas, cerca de Anna, Illinois. Después de un tórrido verano continental, las hojas de los arces, las pacanas y los tulíperos, una maraña tupida y agobiante en aquella área de descanso, colgaban inertes esperando que la primera helada les diese un golpe de color y la segunda las arrancase de las ramas poniendo fin a su temporada anual.

En el aparcamiento del centro de visitantes hay una lápida en memoria de un tal King Neptune, un cerdo mascota de la Marina. El locuaz encargado, encantado de darme a conocer la mayor atracción de ese poblachón perdido entre campos de soja y maíz, me da las instrucciones para llegar a la tumba original en el que fue enterrado el cochino patriota. Si tiene ocasión de conducir por allí, haga lo que hice yo siguiendo las instrucciones del encargado: hay que desviarse más o menos un kilómetro por la carretera local 146 tomándola desde su intersección con la interestatal I-57: luego mire a su derecha, hacia un estacionamiento de camiones. Verá una vieja lápida de piedra que cubría la tumba de un cerdo de 350 kilos.

Corría el año 1943 y la carne de cerdo, como muchas otras cosas, estaba racionada. En Anna residía Don C. Lingle, un hombre que se había alistado en la Marina con objeto de ver mundo, pero que fue destinado como reclutador en Marion, Illinois. Un amigo de Lingle, un tal Boner, granjero de la vecina West Frankfort, le dijo que en cuanto tuviera ocasión le regalaría carne de cerdo. Lingle esperaba chuletas. Lo que recibió fue un cochinillo gritón que era el benjamín de una excelente camada de doce sonrosados cerditos Hereford. Lingle llamó al cerdo Rey Neptuno, un nombre apropiado para un cerdo que iba a servir en la Armada, porque el reclutador tuvo la idea de subastar el cerdo para ayudar a construir un destructor, el USS Illinois, que por entonces era poco más que un armazón de acero en los astilleros militares de Filadelfia.

Poco después de que se hiciera con Rey Neptuno, Lingle se puso en contacto con L. Oard Sitter, un subastador de Anna, para que vendiera el animal. En esos días estaba programada una subasta para recaudar bonos de guerra en Marion. Lingle se presentó allí con el cerdo cubierto con una manta azul de la Marina y lo puso como un objeto más de la subasta. El rey fue subastado por piezas. Una pata valía 100 dólares en bonos; un jamón, 500 y una paletilla, 300. Cuando terminó la subasta, el puerco marinero había recaudado 11.200 dólares en bonos de guerra.

Los compradores devolvieron el cochino a Lingle y Rey Neptuno inició su imparable camino a la fama. La siguiente vez que entró en escena iba vestido con su manta azul marino y tocado con una corona dorada y unos aretes de plata donados por un club de mujeres. Recaudó más de 50.000 dólares. En su tercera aparición recaudó más de medio millón. Ya era tan popular que el animal fue elegido socio perpetuo de los Elks, un club ciudadano de Illinois.

´La vieja y vandalizada lápida original de la tumba de King Neptune.
En nombre del estado de Illinois, el gobernador Dwight H. Green compró en 1943 el chancho por un millón de dólares. Cuando terminó la guerra, Rey Neptuno pesaba ya medio quintal y había recaudado más de 19 millones de dólares, unos doscientos cincuenta millones al cambio actual. Con el fin del conflicto bélico, se canceló la construcción del Illinois y Rey Neptuno se retiró a una cómoda porqueriza en la granja de Lingle cerca de Anna. Murió en 1950 de una neumonía y fue enterrado con honores militares en la granja, en la que se delimitó una zona denominada Parque Rey Neptuno. Se colocó una lápida que, muy vandalizada, todavía reza: «Aquí yace Rey Neptuno, una famosa mascota de la Armada, que, entre 1942 y 1946, recaudó diecinueve millones de dólares en bonos de guerra para aqudar a hacer un mundo libre».

En 1963, la construcción de la interestatal I-57 obligó a reubicar la tumba en un terreno que Lingle donó en la carretera 146 al este de la I-57. La fracturada lápida todavía permanece allí, pero se instaló un nuevo hito en el área de descanso de la I-57, junto al centro de visitantes del Camino de las Lágrimas, que es visitada por cientos de viajeros cada día.

Entre ellos me cuento. Como no tengo a mano un buen jamón serrano, abro una Bud y me zampo un sándwich de york en recuerdo del Rey Neptuno, monarca, si no de los mares, sí de los océanos de hierba verde que son las praderas del Midwest. Me despido de mi improvisado cicerone, le invito a visitar Alcalá, arranco y sigo mi camino. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

lunes, 2 de julio de 2018

Hartos de estar hartos, los mexicanos se aferran a López Obrador


Antes de las elecciones, los mexicanos estaban de acuerdo en dos cosas. La victoria de su equipo de fútbol sobre Alemania el 17 de junio fue magnífica. Y las elecciones del 1 de julio, las más importantes en décadas, serían ganadas por Andrés Manuel López Obrador (conocido Amlo), líder de una coalición llamada "Juntos haremos historia". Confirmando lo que las encuestas anunciaban desde los inicios de la campaña presidencial, el terremoto Amlo ha ganado las elecciones. Con los resultados del 1 de julio, Obrador está obligado a ejecutar la promesa de devolver a México el espíritu de los revolucionarios que fundaron la República.
Después de haber fracasado en las presidenciales de 2006 y 2012, la tormenta perfecta, una conjunción de acontecimientos favorables, va a llevar en volandas a López Obrador hasta la Silla del Águila. En el último sexenio, el Gobierno mexicano ha estado en manos del presidente de centroderecha Enrique Peña Nieto que dejará el poder corroído por la corrupción e incapaz de frenar la ola de asesinatos sin aclarar (30.000 en 2017) y de desaparecidos, que se cuentan por miles, en su mayor parte ocasionados por el fracaso del Gobierno en la guerra contra el narco y el crimen organizado, que ha colocado al país al borde de ser un Estado fallido.
Por si los hados no fueran lo suficientemente favorables a un político que anunciaba la regeneración de la República, la irrupción del bocazas Donald Trump acabó por allanarle el camino hacia Los Pinos. Irónicamente, la popularidad de Obrador se debe atribuir en buena parte a Trump. A los pocos días de la elección de este, los analistas políticos mexicanos pronosticaron que la beligerancia del nuevo Presidente hacia México catapultaría a Amlo. Este lo vio venir mejor que nadie. Por eso, poco después de la toma de posesión de Trump en enero de 2017, publicó un superventas titulado Oye, Trump, que contenía retazos duros de sus discursos. En uno decía: «Trump y sus asesores hablan de los mexicanos de la misma forma en que Hitler y los nazis se referían a los judíos, justo antes de emprender la infame persecución y el abominable exterminio». En definitiva, cada vez que, no solo Trump, sino cualquier otro político estadounidense abría la boca sobre asuntos mexicanos, subía la cotización de López Obrador.
El que para Jesús Silva Herzog es «el político más talentoso que ha conocido México en muchas décadas», no se considera a sí mismo como un político. Cuando el outsider Trump fue elegido, López Obrador se lamentó: «Los mexicanos nunca elegirán a alguien que no sea un político». Eso resultaba revelador, porque, aunque Obrador sea claramente un político, siempre se presenta como Trump: como alguien ajeno a la política. No es así desde el principio. De hecho, estudió Ciencias Políticas en la UNAM, la principal universidad pública del país, y se graduó con una tesis sobre la formación política del Estado mexicano en el siglo XIX. Para una persona con aspiraciones, el PRI era entonces la única opción seria. Fundado en 1929 para reconstruir y regenerar el país después de la Revolución, en los años treinta el presidente Lázaro Cárdenas lo consolidó como un partido de masas de tendencias socialistas.
Se unió al PRI después de la universidad, y, en 1976, ayudó a dirigir una campaña al Senado en el que resultó elegido Carlos Pellicer, un poeta que era amigo de Pablo Neruda y Frida Kahlo. Después de ocupar varios cargos institucionales de cuarta fila, sentía cada vez más que el PRI se había desviado de sus raíces. En 1988, se unió a un grupo disidente de izquierda, dirigido por el hijo de Lázaro Cárdenas, que se convirtió en el Partido Revolucionario Democrático. López Obrador se convirtió en el jefe del partido en Tabasco. En 1994, hizo su primer intento electoral en la campaña a gobernador de Tabasco. Perdió ante el candidato del PRI, al que acusó de haber cometido fraude. Aunque una investigación judicial no llegó a ningún veredicto, muchos mexicanos le creyeron, porque el PRI tiene un largo historial de pucherazos.
En 2000, fue elegido alcalde de la Ciudad de México, un puesto que le dio un poder considerable, así como visibilidad nacional. En el ejercicio del cargo se creó una reputación de hombre trabajador, austero y sencillo, que se bajó el sueldo y llegaba a la alcaldía antes de que amaneciera conduciendo su viejo Nissan. Cuando dejó el cargo para prepararse para las elecciones presidenciales de 2006, tenía una alta valoración política y reputación de pragmático y eficaz. La campaña presidencial fue dura. Los adversarios de López Obrador publicaron anuncios de televisión que lo presentaban como un populista embustero que representaba un peligro para México y mostraban imágenes de miseria junto a los retratos de Amlo, Chávez, Fidel Castro y Evo Morales.
Obrador perdió frente a Felipe Calderón, el candidato del derechista PAN, por menos del uno por ciento de los votos, un margen lo suficientemente estrecho como para levantar sospechas generalizadas de fraude. Se negó a reconocer la victoria panista y encabezó una protesta en la capital, donde sus seguidores detuvieron el tráfico, levantaron tiendas de campaña y realizaron mítines en el histórico Zócalo y en la avenida Reforma, en unas protestas que duraron meses. Finalmente, López Obrador levantó el sitio y regresó a su casa.
Desde que perdió esas elecciones, se presentó como un adalid de la regeneración. Al cerrársele las puertas de su partido, emprendió la marcha por el desierto para fundar un nuevo partido, el Movimiento Nacional de Regeneración, Morena, que se esforzó por incluir a todos los que sentían que México se había desviado de los principios de la Revolución. Recorrió el país firmando acuerdos con personas. «¿Quieres ser parte de un cambio? ¿Sí? Entonces firma aquí». Gracias a ello, sus seguidores son mucho más que votantes. No acompañan momentáneamente a un candidato, no buscan acudir una mañana a la urna para votar. Son parte de un movimiento social del que, desde los tiempos de Emiliano Zapata, no hay precedente en la historia contemporánea de México. Nadie ha cultivado esa lealtad inquebrantable y vehemente como lo ha hecho López Obrador.
No bastó con eso. En las elecciones de 2012, obtuvo un tercio de los votos, que fueron insuficientes para vencer a Peña Nieto, que devolvió al PRI al poder. Todo el mundo dio por enterrado a López Obrador. No lo conocían. Su victoria en 2018 es el testimonio de una tenacidad asombrosa, de alguien que ha creído siempre en su causa y, sobre todo, en sí mismo.
El 1 de abril de 2018, López Obrador lanzó oficialmente su campaña ante una multitud de varios miles de personas en Ciudad Juárez. En un escenario instalado en una plaza, situado debajo de una gran estatua del reverenciado líder mexicano del siglo diecinueve Benito Juárez, un hombre de origen zapoteca humilde que es una especie de figura de Abraham Lincoln en México, proclamó: «Hemos venido aquí para iniciar nuestra campaña, en el lugar donde comienza nuestra patria». López Obrador habla a menudo de su admiración por los líderes de los años treinta, incluido Franklin Delano Roosevelt y el presidente Lázaro Cárdenas, y gran parte de su programa social recuerda las iniciativas de aquellos años.
López Obrador, que tiene el mismo aire de incorruptibilidad de Juárez y Lázaro Cárdenas que encanta a muchos mexicanos, se ve a sí mismo como uno de esos grandes líderes, como un hombre capaz de transformarlo todo. Está convencido de que la solución para México es él, de que, para terminar con la corrupción, con lo que él llama la mafia del poder, basta su presencia. Si el presidente es honesto, todos serán honestos, dice. Como si lo hubiera escrito Juan Rulfo bajo el sol de Comala, el aura del líder transformará mágicamente la realidad.
Para sus oponentes, la capacidad de transmitir esa magia y de inspirar esperanza entre la gente es preocupante. Según el historiador y periodista Enrique Krauze: «López Obrador llega directamente a las sensibilidades religiosas de la gente. Lo ven como un hombre que salvará a México de todos sus males. Y lo que es aún más importante, él también se lo cree». Krauze ha estado preocupado por López Obrador desde 2006. Antes de las elecciones presidenciales de ese año, publicó un ensayo titulado El Mesías Tropical, en el que escribió que Amlo tenía un celo religioso que era «puritano, dogmático, autoritario, inclinado hacia el odio y, sobre todo, redentor». El hombre que vino del trópico tabasqueño ha creído de siempre en su causa y, sobre todo, en sí mismo. El último libro de Krauze, El Pueblo Soy Yo, trata sobre los peligros del populismo. En el prefacio, escribe sobre López Obrador en un tono de preocupación oracular: «Creo que, si gana, utilizará su carisma para prometer el regreso a un orden arcadiano […] Y con ese poder acumulado, que ha logrado a gracias a la democracia, corroerá la democracia desde adentro».
Llamando a lo que él denomina la “Cuarta Transformación de México”, Amlo dice que quiere ser considerado como un líder de la talla de Benito Juárez. Está convencido de que puede rehacer y regenerar el país como lo hizo don Benito. Ese es el mensaje que entusiasma a sus seguidores y preocupa a sus oponentes: una promesa de transformar el país sin arruinarlo. Promete a sus seguidores una "revolución radical", que les daría el país que querían. «Radical proviene de raíces –suele decir- y vamos a cambiar este régimen corrupto arrancándolo de raíz». Ahora tiene ocasión de demostrarlo, aunque lo tendrá difícil con el Congreso en contra. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

domingo, 1 de julio de 2018

La producción mundial de gas y petróleo se desploma


El desplome energético convencional se desploma: los descubrimientos mundiales de petróleo y gas continúan disminuyendo hasta alcanzar su mínimo histórico en 2017.
A medida que el mundo continúa quemando energía como si no hubiera un mañana, los descubrimientos globales de petróleo y gas volvieron a caer a su nivel más bajo en 2017. Y para empeorar las cosas, la inversión petrolera mundial cayó un 45% desde su máximo en 2014. Si la industria petrolera mundial no aumenta significativamente sus gastos de capital, vamos a alcanzar el desplome (mayor demanda que oferta) de la energía procedente de fuentes convencionales no renovables mucho más temprano que tarde.
Según un artículo de Rystad Energy, los descubrimientos mundiales de petróleo y gas se redujeron a un mínimo de 6.700 millones de barriles de equivalentes de petróleo (BEP) [1]. En 2012, el mundo descubrió 30.000 millones de BEP frente a los 6.700 millones descubiertos el año pasado (Figura 1).
Figura 1. Modificada a partir de esta fuente.
En el informe, en el que se subraya que en 2017 se alcanzó el mínimo histórico de descubrimientos, Sonia Mladá Passos, analista senior de Rystad Energy dice: «No hemos visto nada como esto desde la década de 1940 […]. Los volúmenes descubiertos promediaron a unos 550 millones de BEP al mes. Lo más preocupante es el hecho de que el índice de reposición de reservas en el año actual alcanzó solo el 11%, en comparación con más del 50% en 2012». Según el análisis de Rystad, 2006 fue el último año en el que la tasa de reposición de reservas (la relación entre el petróleo que se extrae y las nuevas reservas que descubren) alcanzó el 100%.
La información crítica en la cita anterior es que el mundo solo reemplazó el 11% de su consumo de petróleo y gas el año pasado comparado con el 50% en 2012. Sin embargo, el artículo continúa diciendo que la última vez que los descubrimientos mundiales de petróleo y gas representaron el 100% del consumo se remonta a 2006. Por lo tanto, incluso con los precios altos de más de 100 dólares en 2013 y 2014, los descubrimientos de petróleo y gas representaron solamente el 25% del consumo mundial.
Como decía en el primer párrafo de este artículo, las principales compañías petroleras mundiales se han visto obligadas a recortar los gastos de capital para seguir siendo rentables y proporcionar un flujo de caja libre, lo que quiere decir que la inversión global de capital de la industria petrolera ha caído justo en el momento en que más se necesita. Según puede leerse en el EIA International Energy Outlook 2017 (la Biblia energética mundial publicada por la estadounidense Agencia de Información de la Energía) la inversión mundial de capital de petróleo cayó un 45% entre 2016 y 2014: 316.000 millones en 2016 versus 578.000 millones en 2014 (Figura 2). 
Figura 2. Modificada a partir de esta fuente.
En solo diez años (2007-2016), la industria mundial del petróleo gastó 4,1 billones para mantener y aumentar la producción. Sin embargo, como se muestra en la Figura 1, los descubrimientos mundiales de petróleo y gas cayeron a un nuevo mínimo de 6.700 millones de BEP en 2017. Por lo tanto, aunque se gasta más dinero, no se está descubriendo mucho más petróleo.
Por lo tanto, el mundo se enfrentará al desplome de la energía procedente de combustibles fósiles mucho antes de lo que algunos piensan. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1] El barril equivalente de petróleo (BEP) es una unidad de energía equivalente a la energía liberada durante la quema de un barril (158,9 litros) de petróleo crudo. El valor es necesariamente una aproximación, pues las diferentes calidades de petróleo tienen poderes caloríficos ligeramente distintos. Un barril medio de petróleo equivale a 1.700 kilovatios/hora y aproximadamente a 170 metros cúbicos de gas natural. El BEP es utilizado por las compañías de petróleo y gas para el balance de sus estados financieros como una forma de combinar reservas de petróleo y gas natural bajo una sola medida.