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domingo, 14 de abril de 2019

Glifosato. Recordando a Rachel Carson


El 14 de abril de 1964, hace hoy 55 años, en Silver Springs, Maryland, murió la bióloga marina estadounidense Rachel Louise Carson (n. 1907), sobre la que algunos años un catedrático de Ecología dejó escrito que «dicho de otro modo y telegráficamente: sin Primavera silenciosa, el libro de Rachel Carson, hoy seguramente no existiría Greenpeace».

viernes, 12 de abril de 2019

Pasión y muerte de Elisha Mitchell, geólogo humboldtiano


Viajando por la estatal 421 en dirección oeste desde Winston-Salem, Carolina del Norte, hacia el Cherokee National Forest, me detengo a poner gasolina en Yadkinville, uno de esos pueblos que son apenas más que una calle-carretera que tanto abundan en Estados Unidos. Cerca de la gasolinera, una placa histórica recuerda a Thomas Clingman (1812-1897), senador y general confederado, nacido muy cerca de allí, en Huntsville, donde debiera haberse erigido con mayor precisión topográfica el hito, si no fuera por el pequeño detalle de que por Huntsville no pasa nadie que no viva allí, en mitad del olvido. La placa, sobra decirlo, no dice nada del lado oscuro de Clingman, cuyo equivocado empecinamiento provocó la muerte de uno de los primeros geólogos humboldtianos de Estados Unidos, Elisha Mitchell (1793-1857).

miércoles, 10 de abril de 2019

Liquidámbares: Centinelas de Santa María

Al pie de la torre de Santa María la Mayor, dos ejemplares de Lyquidambar styraciflua acompañados por cipreses (Cupressus sempervirens): los setos son de Ligustrum ovalifoliumPhotinia fraseri.

Siendo estudiante de medicina en la Universidad de Alcalá, Francisco Hernández de Toledo (1517-1587), que más tarde sería médico de Felipe II y uno de los primeros ornitólogos y botánicos españoles, solía pasar por delante de la Iglesia Mayor de Santa María, en una de cuyas capillas, la del Oidor, sería bautizado en 1547 Miguel de Cervantes. Si pudiera hacerlo hoy, Hernández disfrutaría de la visión de unos árboles que le maravillaron en México cuando comandó la expedición científica al territorio de la Nueva España que le encomendó Felipe II.

Nombrado protomédico general de las Indias, Islas, Tierra Firme y Océano, Hernández partió en agosto de 1571 en una expedición dotada con 60.000 ducados de la Hacienda Real, que contaba con un geógrafo, pintores, botánicos y médicos indígenas. Su principal objetivo era escribir una historia natural de la Nueva España y estudiar la medicina indígena en todos sus aspectos.

Hasta su regreso a España en 1577, Hernández vivió en la Nueva España donde formó una impresionante colección de animales y plantas, estudió las prácticas medicinales locales, realizó estudios arqueológicos y escribió sobre las condiciones políticas de los nuevos territorios. El producto final de sus años de encarnizado trabajo consistió en veintidós cuerpos de libros bellamente empastados --que se sumaban a los 16 que había enviado previamente al emperador en 1576-, sesenta y ocho talegas de semillas para sembrar, ocho barriles y cuatro cubetas con árboles para trasplantar, además de otros materiales y documentos. 

Hernandia moerenhoutiana, un árbol nativo de Tonga, Islas Fiji, lleva su nombre en honor de Francisco Hernández. Ejemplar fotografiado en Mt. Coot-tha Botanic Garden, Brisbane, Australia.
Por desgracia, Hernández murió antes de publicar su obra y una parte importante de sus manuscritos fue destruida en 1671 durante el incendio del monasterio de El Escorial. Una serie de acontecimientos más o menos afortunados permitieron, sin embargo, recuperar importantes fragmentos de sus manuscritos y estos trabajos publicados en Italia, México y España, muestran la extraordinaria riqueza de la farmacopea azteca en el siglo XVI.

Los aztecas consiguieron adquirir una suma ingente de conocimientos sobre las especies vegetales de su imperio. Además de lo que se conserva de la obra de Hernández, la riqueza en plantas medicinales y la larga tradición de su uso entre los aztecas quedan de manifiesto en monumental y admirable Historia general de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún (1500-1590), y en el Libro sobre las hierbas medicinales de los pueblos indígenas de 1592, escrito apenas treinta años después de la conquista por dos alumnos indígenas del Colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco en la ciudad de México: el médico Martín de la Cruz y el traductor Juan Badiano, oriundo de Xochimilco, el único lugar donde pueden verse aún las antiguas chinampas o jardines lacustres similares a los que cultivaban los aztecas, y en la existencia de los jardines botánicos, muy bien surtidos en especies terapéuticas, que el señor de Texcoco y el emperador Moctezuma mantenían, respectivamente, en Tezcotzingo y en los alrededores de Tenochtitlán.

Los conquistadores admiraron estos jardines botánicos y, al igual que los cronistas de Indias, quedaron impresionados por la eficacia de algunos medicamentos indígenas. Hernández mencionó cerca de 4.000 plantas medicinales y describió unas 1.200 de las que dio el nombre local y su sinonimia castellana, sus cualidades terapéuticas y los lugares donde crecían. 

Una de las plantas que llamó la atención del protomédico Hernández fue el liquidámbar o xochiocotzotl (al que en 1753 el gran Linneo llamaría Liquidambar styraciflua), que se utilizaba para curar la sarna y cuyo principio activo, la estorenina, es efectivamente útil para eliminar los parásitos de la piel. De hecho, este árbol de importancia forestal en Estados Unidos, ya que su madera marrón rojiza y pesada es muy apreciada en ebanistería y se desenrolla para formar láminas delgadas que se emplean en cestería y contrachapado, es utilizado actualmente como desodorante y antiséptico, así como para combatir la tos y, mediante friegas, contra los dolores reumáticos. Para uno y otro uso se emplea su resina dulce (en inglés, al liquidámbar le llaman “sweetgum tree”: árbol de goma dulce), comercializada como bálsamo de Copalme o estoraque, de consistencia sólida, color marrón y olor a vainilla.

Interior de un bosque de liquidámbares y arces. Great Smoky Mountains National Park, North Carolina.
La primera noticia de este árbol se conoció gracias a Hernández, que se sorprendió de la resina aromática que exudaba el árbol, escribió que era semejante al ámbar líquido y lo llamó liquidámbar o ámbar líquido. La denominación específica styraciflua procede de la resina denominada "styrax" y del verbo latino "fluere", fluir. Se ha escrito que en una de las ceremonias entre Hernán Cortés y Moctezuma utilizaban resina de este árbol en mezcla con tabaco y parece que los aztecas quemaban este líquido ámbar en sus ceremonias. Aunque Hernández describió por primera vez esta planta con fines medicinales, fue el clérigo y botánico inglés John Banister quien trajo este árbol por primera vez a Europa y lo plantó en los patios de Fulham Palace, Londres, hacia 1681. Sea como fuera, el liquidámbar ya se cita en 1808 entre los árboles de los Reales Jardines de Aranjuez.

Como conocía la historia del protomédico Hernández, durante mi mandato como alcalde (1999-2003), cuando hubo que remodelar algunos parterres deteriorados del entorno de la plaza de Cervantes, encargué que en el frente del actual solar de Santa María se plantasen unos ejemplares de Liquidambar styraciflua. Allí siguen; entre cipreses enhiestos como hidalgos, como centinelas de la pila bautismal de Cervantes y homenaje vivo al primer naturalista de la Nueva España. Cumplido mi relato histórico, termino con una breve descripción botánica.
Figura 1. Distribución nativa de Liquidambar styraciflua

Liquidambar styraciflua es un árbol que, de forma natural, se extiende por Norteamérica, siguiendo el eje de los Apalaches, desde Connecticut a Luisiana, a menudo en lugares pantanosos, y hasta las montañas del centro y sur de Méjico y Guatemala, donde sobrevive en algunas umbrías como una reliquia de los bosques del Terciario. En los Apalaches, donde más pujante crece de forma natural, puede alcanzar los cuarenta y cinco metros. El tronco es recto, con la corteza de color pardo grisáceo oscuro, profundamente agrietada, con costillas estrechas. La copa es regularmente cónica con ramitas de color pardo amarillento o verdoso, algo zigzagueantes. El segundo año pasan a grisáceas, y están provistas de costillas suberosas (corchosas) sobresalientes (Figura 2 A). Cuando escribo este artículo la primera semana de abril, las yemas de color marrón grisáceo o verdoso de las que brotarán las hojas despiden un cierto aroma a vainilla y miden de cuatro a siete mm de longitud.

Las hojas (Figura 2 B) son caedizas, aromáticas, de base acorazonada, con cinco lóbulos palmeados y largamente triangulares, acuminados y finamente dentados, que recuerdan mucho a primera vista a las de los plátanos de paseo de los que me ocupé en una entrada anterior. Miden de diez a veinte centímetros de punta a punta, son de color verde oscuro reluciente por el haz y más pálido y con manojitos de pelos en las axilas de los nervios por el envés. Los nervios son de color amarillo claro. El pecíolo es de color verde claro reluciente, de entre seis y diez centímetros de longitud. Su mayor atractivo lo adquiere en otoño, cuando desaparece el verde de las hojas para convertirse en un dorado que vira a escarlata carmín mezclado de púrpura violáceo, a veces muy oscuro. Las hojas machacadas exhalan un suave perfume de resinas aromáticas.
Figura 2

Las flores son muy pequeñas y unisexuales, es decir, que hay flores masculinas y femeninas, aunque ambas aparecen sobre el mismo árbol y tienen color amarillo verdoso. Unas y otras son minúsculas, pero se agrupan en inflorescencias. Las masculinas (Figura 2 C1) se disponen en una especie de columnitas (amentos) erectas y ramificadas de cinco a diez centímetros de longitud, mientras que las femeninas (Figura 2 C2 y D) lo hacen en unas pequeñas esferas (glomérulos) colgantes de alrededor de un centímetro de diámetro. Florecen a mediados de primavera, mientras brotan las hojas.

Como las flores van dispuestas en esferitas, los frutos, que son unas cápsulas secas persistentes y erizadas, se reúnen en bolas (infrutescencias) de dos a tres centímetros de diámetro, situadas en el extremo de largos pedúnculos de alrededor de tres centímetros de longitud (Figura 2 E). Una vez liberadas las semillas por la apertura de las cápsulas, las infrutescencias vacías (Figura 2 F) cuelgan todo el invierno sobre el árbol hasta la siguiente primavera, cuando los nuevos brotes las hacen caer. Cada cápsula encierra 1 o 2 semillas aladas, ovaladas y angulosas, de color pardo claro y de alrededor de doce milímetros de longitud. Un kilogramo de infrutescencias puede contener 180.000 semillas.

Como queda dicho, dada la forma de sus hojas y de sus infrutescencias esféricas colgantes, los liquidámbares se acostumbran a confundir con los plátanos de paseo, con los que, evolutivamente hablando, no tienen nada que ver, de la misma forma que, por mucho que puedan parecerse, nada tienen que ver los atunes y los delfines, por citar un solo ejemplo de lo que en biología se llama convergencia evolutiva. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 30 de marzo de 2019

Ratas ninja y serpientes cornudas

Rata canguro del desierto (Dipodomys deserti). Foto C. Christie.

Atrapar presas y evitar depredadores es fundamental para el éxito reproductivo de los animales en la naturaleza, y ha sido un importante objetivo de la investigación evolutiva en biomecánica y locomoción. La depredación es una interacción inherentemente dinámica que avanza mediante una secuencia de procesos (típicamente denominados detección, evaluación, y persecución) que resultan en la captura o huida de la presa.

El resultado de un ataque con fines predadores está determinado en gran medida por la interacción entre el rendimiento físico del depredador y cualquier maniobra evasiva o de escape iniciada por la presa, y estos atributos generalmente difieren en función del modo de caza del depredador. Por lo general, los depredadores de persecución activa (por ejemplo, los lobos) dependen de la velocidad y la resistencia; otros (por ejemplo, los guepardos) confían en la velocidad y la maniobrabilidad, mientras que otros que se agazapan y esperan (caimanes, boas, víboras, mantis, camaleones), confían en el sigilo y la velocidad de ataque para eludir las capacidades de detección y evasión.

Aunque por lo general los documentales se centran más en los casos en los que los depredadores tienen éxito en matar y devorar presas, estudios de campo más detallados indican que las presas suelen ser muy hábiles para evadir ataques, con tasas de éxito del depredador que son en muchos ecosistemas de tan solo entre el uno y el cinco por ciento. Debido a que la mayoría de las presas parecen escapar de los depredadores alejándose rápidamente de ellos, los investigadores que estudian la biomecánica de las interacciones depredador-presa se han centrado principalmente en la velocidad, como ocurre en los ataques de los guepardos sobre las gacelas africanas, pero ese enfoque en la velocidad puede enmascarar la importancia de otros factores que pueden ser más importantes para determinar el resultado de los encuentros depredador-presa en los sistemas naturales.

Serpiente de cascabel cornuda, Crotalus cerastes. Foto.
En un par de nuevos estudios publicados el 27 de marzo en la revista Functional Ecology y en la revista Biological Journal of the Linnean Society, Malachi D. Whitford, profesor en la Universidad de California, San Diego, y sus colegas han publicado sendos artículos en los que relatan que las ratas canguro del desierto (Dipodomys deserti) son capaces no ya de defenderse, sino también de atacar a uno de sus más temibles depredadores: el crótalo cornudo o serpiente cascabel cornuda (Crotalus cerastes).

En la oscuridad del desierto de Yuma, Arizona, está a punto de ocurrir un combate. Una rata canguro se desliza por la arena en busca de un banquete de medianoche a base de semillas de creosota (Larrea tridentata). A poco más de medio metro de distancia, un venenoso crótalo cornudo yace enroscado y hambriento, esperando que su presa se acerque un poco más. El duelo ha terminado antes de que puedas parpadear. La serpiente ataca; la rata salta en el aire, patea a la serpiente en la cabeza y escapa dando saltos frenéticos. Ninguno de los rivales obtiene la comida que esperaba. En este video puedes ver el triunfante escape de la rata “ninja”.

Encuentros como este suceden todas las noches en el desierto y pasan desapercibidos para todos, excepto para los animales involucrados. Lo que hizo el equipo de investigadores californianos fue obtener imágenes con cámaras de alta velocidad. Primero marcaron varios crótalos con transmisores de radio y luego los rastrearon mientras cazaban ratas canguro en el desierto de Yuma. Durante los siguientes meses, el equipo registró treinta y dos emboscadas de serpientes sobre ratas. Solo la mitad de esas celadas terminaron con mordeduras de serpientes. Al analizar las imágenes de cámara lenta resultantes, los investigadores descubrieron por qué.

Mientras que los crótalos eran increíblemente rápidos, capaces de saltar desde la inmovilidad absoluta hasta alcanzar a su presa en menos de 100 milisegundos (menos del tiempo que se tarda en parpadear), las ratas eran aún más rápidas. El equipo descubrió que las ratas canguro podrían reaccionar a los ataques de serpientes en tan solo 38 milisegundos, a veces saltando por encima de la serpiente en 70 milisegundos.

Además, en esos 70 milisegundos algunas ratas canguro, que tienen unas extremidades posteriores extraordinariamente largas y poderosas y una capacidad auditiva extraordinaria, fueron capaces de realizar complejas maniobras en el aire que dejaron anonadadas a las serpientes. Una rata pateó a una serpiente justo debajo de la cabeza, enviando al depredador a varios palmos de distancia. Otra rata cambió rápidamente su dirección en el aire, girando su larga cola como una hélice para alejarse de la serpiente. Otras ratas canguro saltaron de siete a ocho veces la longitud de su cuerpo para alejarse del peligro. Algo así como si el cubano Javier Sotomayor, que mide 1,96 metros, y ostenta el récord mundial de salto altura (2,45 m), fuera capaz de saltar unos quince metros en vertical.

Las imágenes revelaron que las serpientes de cascabel y las ratas canguro están sorprendentemente bien adaptadas como depredador y presa, porque son extraordinarios atletas que rinden al máximo durante esas interacciones y, la capacidad auditiva de las ratas canguro y la respuesta explosiva de sus patas traseras, probablemente evolucionaron en respuesta a la velocidad tan rápida de sus venenosos depredadores.

El empleo de la cámara lenta también demostró, que las ratas canguro son pequeños ninjas peludos capaces de acrobacias, escorzos y patadas que harían avergonzar a Bruce Lee. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 27 de marzo de 2019

La venganza del tiranosaurio: por qué las gallinas no son bobas ni mansas


Un zorro aprendió de la manera más expeditiva que es peligroso enfrentarse a una bandada de dinosaurios.

La semana pasada la noticia se hizo viral. Y no era para menos, porque cumplía con un requisito básico en periodismo: un magnífico titular. El clásico “Niño muerde a perro” o, para el caso que nos ocupa, “Los pájaros se tiran a las escopetas”. Estamos acostumbrados a leer noticias que se ajustan al guion previsto, como que los zorros se cuelan en los gallineros y acaban con decenas de gallinas. Por eso, cuando una noticia como la que levantó The Guardian es a la inversa, se expande urbi et orbi, que es exactamente lo que sucedió el pasado 12 de marzo.


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domingo, 24 de marzo de 2019

Los plátanos de Alcalá: plátanos que no bananas

Foto 1. Plaza de Cervantes a comienzos de la primavera. Los árboles están terciados para abrir las copas y las ramas de estas entrelazadas con alambres para guiarlas y formar un emparrado de sombra.

Les voy a hablar de los plátanos, pero no de los que venden en las fruterías, conocidos en la mayor parte del menudo como bananas, sino de esos árboles de sombra que se alinean en las calles de todo el mundo a los que los anglosajones llaman sicomoros. La primera cuestión a responder es cómo es posible que dos plantas tan diferentes tengan nombres iguales.
Nadie sabe con certeza el porqué, pero sin indagamos un poco podemos atar algunos cabos. En primer lugar, el nombre de plátano es muy antiguo y se lo daban los griegos πλάτανος (platanos) a estos árboles debido a sus hojas anchas; del griego lo tomó el latín (platanus) y de este el castellano plátano. Platanos viene de πλατύς (platys = plano, ancho) que encontramos en palabras como plata, plato, plató y Platón. El nombre genérico de los plátanos de paseo se lo dio Linneo en 1753, trasladando a la nomenclatura botánica el nombre que recibían en toda Europa.
Y ahora tratemos de entender por qué llamamos plátanos a lo que en todo el mundo llaman bananos. La explicación es bien sencilla si tenemos en cuenta que, durante su primer viaje Colón puso por primera vez pie en tierra en La Española, una de las islas de las Antillas en la que vivían los tainos. Y hete aquí que en taino al bananero se le llama pratane, nombre que a los españoles debió sonarle como plátano. Parece una explicación lógica que avalo con la autoridad del Online Etymology Dictionary y hasta ahí llego.
El caso es que estos días las calles de Alcalá están asistiendo a la floración de los plátanos de paseo (Platanus hispanica). Como cualquiera que pasee por las calles y plazas complutenses podrá comprobar, la floración no ocurre toda al mismo tiempo (es asincrónica) y, aunque la primavera sea la estación favorable para que todos los plátanos produzcan flores, unos son más adelantados que otros. Por ejemplo, los plátanos emparrados de la plaza de Cervantes no han producido ni una sola flor el día en que escribo esta entrada (24 de marzo) mientras que las aceras de la que calle en la que vivo están teñidas con el polen que cae de los plátanos que puedo tocar con la mano desde el balcón de mi casa. Pero así son las cosas: como las personas, unos plátanos son más precoces que otros.
Foto 2. La corteza muerta de los plátanos, el ritidoma, se desprende en forma de placas muy características.
El plátano es un árbol que puede alcanzar de 30 a 40 m de altura. El sistema radical es potente y desarrollado. Me apresuro a decir que la mala fama que arrastran los plátanos de levantar las aceras con sus raíces se viene abajo sin más que darse un garbeo por la plaza de Cervantes: ni uno solo de los allí plantados ha levantado loseta alguna. Y es que el antiguo jardinero mayor del Ayuntamiento, Andrés de Lucas “el Chato”, ordenó plantarlos a conciencia, practicando un hoyo profundo, de por lo menos un metro, según me ha contado su nieta.
Platanus hispanica: a) rama con infrutescencias; b) nudo y base del pecíolo; c) inflorescencias masculinas; d) flor masculina; e) estambre; f) inflorescencias femeninas; g) flor femenina; h) pistilo en sección longitudinal; i) aquenio; j) ídem en sección longitudinal.
Los que se pusieron después se plantaron de mala manera, con las raíces a apenas un palmo del suelo, de manera que estas, en lugar de buscar las capas húmedas profundas del suelo, tienden a buscar la superficie para beneficiarse de los encharcamientos pluviales. Los plátanos son árboles de riberas y vegas y, por tanto, freatófitos, lo que quiere decir que en la naturaleza toman el agua de las capas freáticas más o menos profundas. En las ciudades, si se plantan a la profundidad conveniente, las raíces crecen hacia abajo hasta encontrar la humedad del suelo. De no hacerse así, se buscan la vida en superficie. En Alcalá, que ha crecido sobre las terrazas del Henares, la capa freática es muy superficial y los plátanos, de haberse plantado como es debido, no debieran causar problema alguno en el pavimento urbano.
Foto 3. Hojas palmeadas e infrutescencias femeninas de Platanus hispanica. A la izquierda, abajo, junto al margen, hay una inflorescencia masculina.
El tronco de los plátanos es recto, ensanchado en la base. A veces se produce una especie de elefantiasis que origina troncos enormes. La corteza es delgada, de color gris pálido o verdoso, que va produciendo hacia el exterior capas de células muertas -el ritidoma- que se desprenden en placas ocres, marrones o verdosas. Si no se tercia o se amputa, como se hace en las habituales podas urbanas, la copa es regular, redondeada, aclarada, con las ramas gruesas, anchamente extendidas y con la edad colgantes en los extremos. Las ramillas son verdosas, están recubiertas de un espeso pelillo de color marrón que se pierde y pasan a ser marrones, rugosas y con muchos poros gruesos o lenticelas. Las yemas son ovoides, miden de seis a ocho milímetros de longitud y presentan color marrón rojizo. Están ligeramente curvadas en el ápice, con dos escamas cónicas, amparadas hasta la defoliación por la base del pecíolo, que soldándose a las estipulas forma una vaina cónica (Foto 4: a). Esa vaina, cumplida su función, se desprende y cae al suelo con el tamaño de una almendra donde son visibles durante los días de brote.
Foto 4. Detalles del extremo de una rama de Platanus hispanica. A) Vainas foliares. B) Al brotar las hojas están cubiertas por un vello dorado muy denso. C) Inflorescencias femeninas. D) Inflorescencias masculinas todas inmaduras salvo la inferior, que muestra los estambres.
Las hojas son caedizas, alternas, coriáceas y muy numerosas. Tienen forma variable, generalmente con tres a cinco lóbulos, están truncadas o ligeramente acorazonadas en la base y presentan algunos dientes en los bordes. Miden de quince a veinte centímetros de longitud por veinte a veintidós cm de anchura, con el haz de color verde vivo reluciente y el envés más pálido. Se descomponen difícilmente y adquieren una coloración tostada antes de caer, pudiendo permanecer sobre el árbol hasta bien entrado el otoño antes de alfombrar el suelo.
Las flores son pequeñas y unisexuales, dispuestas sobre el mismo árbol. Los plátanos se polinizan gracias al viento (son anemófilos) y de ahí que las flores sean muy pequeñas y poco atractivas, puesto que las corolas que lucen las plantas que necesitan atraer a los animales polinizadores (plantas zoófilas) están reducidas en los plátanos a pequeñas escamas. Como puede verse en la lámina adjunta, tomada de la excelente Flora Ibérica, tanto las flores masculinas como femeninas tienen cáliz, pero reducido a unos sépalos minúsculos y escuamiformes, más cortos que los pétalos. Estos son escariosos, es decir, de la textura de las delgadas pieles que cubren los dientes de ajo, por citar un ejemplo conocido. Las flores tienen entre tres y ocho estambres, con anteras sobre filamentos muy cortos.
Las anteras son liliputienses, pero fecundas: en cada una de ellas se acumulan miles de granos de polen. Como en cada árbol hay miles de flores y en cada antera miles de granos de polen, multipliquen y se harán una idea aproximada de los millones de granos de polen que puede producir su solo árbol. La polinización es corta, pero muy intensa; en unos pocos días llega a unos niveles elevados que pueden sobrepasar los dos mil granos de polen por metro cúbico de aire. Como la alergia a otra clase de pólenes, los síntomas que produce son rinitis con picores en los ojos, la nariz, la boca o la garganta, estornudos, conjuntivitis y ojos llorosos, así como episodios de asma.
Foto 5. Inflorescencias femeninas con los estilos rojizos.
Las flores femeninas presentan un número variable de entre tres y nueve piezas femeninas (carpelos) envueltos en la base por un penacho de pelos largos. Sea cual sea el número de carpelos, las flores femeninas, una vez fecundadas, forman unos frutitos (aquenios) con forma de clavo o maza. Cada árbol produce centenares de miles de estos pequeños aquenios.
Las flores son minúsculas, pero se agrupan para formar unas esferas colgantes (las masculinas más pequeñas que las femeninas), muy vistosas y abundantes, que rematan unos pedúnculos de alrededor de tres centímetros de longitud; mientras que las esferas de flores masculinas se deshacen cumplida su función polinizadora, las femeninas se transforman en esferas rígidas de alrededor de unos tres centímetros de diámetro, que están erizadas de pelos (el molesto pica-pica) y suspendidas sobre largos pedúnculos. Finalmente, las esferas se desarticulan liberando los aquenios. Un kilogramo de estas esferas femeninas puede contener alrededor de 350.000 aquenios.
Nuestro plátano de paseo procede del cruce del plátano de oriente (Platanus orientalis), originario del sureste de Europa y del suroeste de Asia, y del plátano de occidente (Platanus occidentalis), que proviene del este de Estados Unidos. Al parecer esta hibridación tuvo lugar antes del siglo XVII, según algunos en Inglaterra, en el Jardín Botánico de Oxford, y según otros en España, en los Jardines de Aranjuez. Desde esos jardines se plantó por todas las ciudades, y de ahí que sea un árbol tan común en ambientes urbano como extraño en medios naturales.
El plátano prefiere situaciones soleadas y cálidas. Es poco exigente en cuanto a la naturaleza mineralógica del suelo, pero sin embargo le gustan los terrenos profundos, fértiles y frescos y no tolera en exceso los demasiado calizos. Una de las principales causas de su plantación en las ciudades (muchas “alamedas” de las ciudades son en realidad alineaciones de plátanos aveces emparrados como los de la Plaza de Cervantes) es su rápido crecimiento y su gran capacidad para resistir la contaminación urbana. Además, absorbe muy bien el dióxido de carbono, lo que ayuda a reducir la contaminación, regula la humedad y la temperatura, y amortigua el ruido de los coches.
Tiene crecimiento rápido, que puede llegar a ser de hasta un metro por año y puede vivir varios siglos. Admite todo tipo de recortes, por drásticos que sean, y vuelve a resurgir en primavera, inmutable al deterioro que se le haya ocasionado. No obstante, las podas drásticas acarrean pudriciones prematuras. Al talarlo emite brotes abundantes y vigorosos.
Salgo al balcón de casa y miro los plátanos que me dan sombra y frescor los mediodías de verano. Tomo una foto y cierro con ella. Abajo la dejo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

La sangría del fracking continúa en Estados Unidos


En Estados Unidos, los activos basados en las acciones de las compañías de fracking están sufriendo una verdadera carnicería. Parece como si Wall Street y los inversores se hubieran cansado finalmente de los cantos de sirena de una actividad industrial que no ha ganado dinero en los últimos diez años. Ha tardado más de lo que se esperaba, pero los activos de las compañías basadas en la fractura hidráulica han tenido un rendimiento significativamente inferior las de las principales compañías petroleras convencionales. Los números hablan por sí solos.
Obviamente, para muchos la sangría no es una sorpresa, porque hemos hablado siempre de la burbuja del fracking al menos desde 2013. Basta con que teclee la palabra en el buscador de este blog y brotarán los datos. Pero ahora analistas mucho más cualificados que yo están dando las primeras señales de alarma. Por ejemplo, en un artículo titulado Wall Street Loses Faith in Shale (Wall Street pierde la fe en las lutitas), publicado en el digital especializado en energía Oilprice.com el pasado 25 de febrero se podía leer lo siguiente:
Para Wall Street, la industria de las lutitas ha perdido mucho de su atractivo. Las promesas de una década no se han materializado y los grandes grupos financieros están cortando algunos de sus vínculos con los operadores más pequeños que no han cumplido sus compromisos.
El Wall Street Journal informa que la industria de las lutitas solo recibió 22.000 millones en nuevos bonos e inversiones de capital, más de la mitad de los niveles de 2016, que fue un año mucho peor para el mercado.
La fuerte caída de la nueva deuda y la emisión de capital es una señal de que los grandes inversores ya no acuden a toda prisa a financiar la perforación de lutitas, porque no es rentable. Vale la pena señalar que este es un nuevo escenario. Durante años, Wall Street financió perforaciones no rentables, fiándose en la promesa de que el rápido crecimiento de la producción finalmente ofrecería resultados.
Por lo tanto, parece que los inversores ya no están dispuestos a financiar esa especie de agujero negro que ha sido la fractura hidráulica desde sus inicios, un negocio que ha estado basado siempre en datos hiperbólicos y en analistas financieros, los mismos que apoyaron las hipotecas subprime, convertidos en hooligans irracionales.
A estas alturas, puede que algunos todavía se pregunten por qué deberían los inversores seguir apostando en el casino del fracking. ¿Por qué deberían hacerlo? Uno de los operadores de fracking más grandes en la cuenca Permian, Pioneer Resources, sufrió su octavo año consecutivo de resultados negativos en su flujo efectivo de caja (FEC: diferencia entre gastos e ingresos). En 2018, Pioneer tuvo un flujo de caja negativo porque gastó 541 millones de dólares más de los que ingresó y si sumamos los últimos ocho años, el FEC fue de 6.800 millones en números rojos.
A medida que las compañías de fracking continúan gastando más de lo que ganan, las principales compañías petroleras convencionales han obtenido aumentos significativos en sus FECs. Chevron informó haber obtenido casi 24.000 millones más de ingresos que de gastos en 2017-2018, mientras que ExxonMobil obtuvo más de 31.000 millones durante el mismo período.
Si comparamos el rendimiento del precio de las acciones de las principales compañías petroleras en comparación con las de fracking, podemos detectar un signo preocupante (Gráfica):
Los precios de las acciones de las principales compañías petroleras han aumentado significativamente en sus mínimos, mientras que sus colegas de fracking han experimentado una tendencia a la baja. ExxonMobil, Chevron y BP regresan a sus máximos alcanzados en octubre, mientras que Continental, Concho, Pioneer, Whiting, Oasis y Callon han bajado considerablemente.
La diferencia porcentual en la variación del valor de las acciones entre estas compañías petroleras desde su nivel más alto en octubre se muestra en esta gráfica:

Chevron ha subido casi un 1% desde su pico en octubre, mientras que BP bajó un 3% y ExxonMobil perdió un 5%. Las compañías de fracking (en rojo) han perdido entre un 27 y un 59%. Si tomamos el promedio para ambos grupos, las principales compañías petroleras bajaron un 2% desde sus máximos en octubre, mientras que las compañías de esquisto bajaron en un asombroso 43%.
Si quieren percibir con detalle el desplome de la industria del fracking, observen estas dos reveladoras gráficas:

Chevron se mantuvo prácticamente sin cambios desde su nivel más alto en octubre, mientras que Continental Resources bajó un 41%. Y si observa detenidamente, notará que la mayor parte de la divergencia tuvo lugar a principios de febrero, porque Chevron continuó operando al alza, mientras que Continental se mantuvo estable en relación al desplome de marzo. Las grandes compañías casi han vuelto a sus máximos de octubre, mientras que las compañías de esquisto han bajado un 43% en promedio.
Lo peor está por venir. La pirámide Ponzi del fracking estadounidense tiembla y el derrumbe arruinará a muchos pequeños inversores. Alertados por Wall Street, los grandes grupos financieros llevan algún tiempo abandonando el barco a la deriva. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Nota: Información basada en https://srsroccoreport.com/the-bloodbath-in-u-s-shale-stocks-continues-worst-is-yet-to-come/