lunes, 27 de febrero de 2017

Darwin y Hooker: poniendo verde en la Montaña Verde

Isla Ascensión. Fuente.
Durante más de trescientos años desde que se descubrió en 1501, la isla Ascensión fue una tierra yerma, árida y estéril situada en medio del océano Atlántico. A principios del XIX, las cosas comenzaron a cambiar cuando la marinería de su Graciosa Majestad fundó allí una guarnición. Poco después, lo que comenzó siendo un huerto destinado al sustento de las tropas y de los primeros colonos, acabó en un experimento que buscaba crear un exuberante mosaico de vegetación en el pico más alto de la isla, Green Mountain, que se eleva 859 m sobre el mar. Hoy día, ese ecosistema artificial emerge como una joroba verde sobre las resecas tierras bajas secas que recuerdan el pasado isleño antes de aquel experimento. El hombre que planeó la experiencia que convirtió una de las islas más desoladas del mundo en un lujurioso Edén fue Sir Joseph D. Hooker, el mejor amigo de Darwin, y el mejor botánico de la época victoriana.

Situada justo al sur del Ecuador (7° 57’S, 14° 22’W), los 35,5 kilómetros de largo por ocho de ancho que constituyen una de las islas más remotas y aisladas del mundo, emergen del fondo oceánico a unos 2.200 km al este de Brasil y a 3.200 km al oeste de Angola. Situada a una distancia de 1.200 kilómetros, Santa Elena, la isla donde los británicos confinaron al derrotado Napoleón, que pasó allí sus últimos años, es la tierra más cercana.

Ascensión es una isla muy joven. Se originó desde el fondo del océano hace apenas un millón de años como resultado de una intensa actividad volcánica. Se estima que el volcanismo todavía estaba modelando la isla hasta hace poco más de un milenio. Su origen volcánico, su juventud, su aislamiento, que impide o dificulta la llegada de colonizadores biológicos, y sus suelos prácticamente inexistentes significaron que durante la mayor parte de su existencia Ascensión fuera un lugar desolado. Era esencialmente una isla desierta. Los marinos anclaban en sus aguas para recolectar tortugas y pájaros para comer mientras navegaban hacia las Indias Orientales. Hasta 1815 no se establecieron asentamientos permanentes en la isla.

Cuando Gran Bretaña buscaba un lugar remoto y seguro en el que encarcelar de por vida al derrotado Napoleón Bonaparte (que finalmente acabaría en Santa Elena), la Marina Real reclamó la isla en nombre del Rey Jorge III. Debido a que Napoleón tenía cumplida fama de ser un consumado escapista como había demostrado al fugarse de Elba en abril de ese año, los británicos decidieron construir una guarnición para asegurarse de que el corso no fuera rescatado. Cuando comenzaron los preparativos, se hicieron evidentes las limitaciones de la isla. No había prácticamente suelos en los que cultivar y el agua dulce faltaba casi por completo.

Pteris adscensionis, uno de los helechos endémicos
de isla Ascensión. Fuente.
La flora nativa de Ascensión era mínima. Cuando se instalaron los británicos, se estima que había alrededor de 25 a 30 especies de plantas vasculares. De ellas diez (dos herbáceas, dos arbustos y seis helechos) eran endémicos. Si la guarnición debía instalarse, había que hacer algo. Comenzaron a cultivar un huerto cerca de la cumbre de Green Mountain, el único lugar de la isla donde unas hierbas lograban poner algo de verde. Los infantes de marina británicos prepararon los terrenos para el huerto a aproximadamente 700 metros. Allí había unos suelos incipientes que permitían cultivar un puñado de diferentes frutas y verduras. En 1836, cuando el cuerpo de Napoleón llevaba quince años criando malvas en Santa Elena, Ascensión fue visitada por el busque explorador Beagle en el que viajaba un joven naturalista, Charles Darwin. Darwin anotó la existencia de la huerta y, aunque admiró el trabajo que se había hecho para hacerla “habitable” también lamentó que la isla estuviera "desprovista de árboles".

Otros compartían el sentimiento de Darwin. La opinión predominante de esa época era que en cualquier tierra donde ondeara la bandera británica debía ser transformada para que pudiese ser habitada. Poco después de la visita de Darwin, el botánico Joseph Hooker visitó Ascensión. Hooker, seguidor incondicional de la obra de Darwin, compartía su pesar por la escasez de vegetación en la isla. Como le había ocurrido al propio Darwin, Hooker se sorprendió del cambio que había experimentado Santa Elena donde el gobernador, Alexander Beatson, había comenzado la reforestación.

El helecho perejil de Ascensión,
Anogramma ascensionis.
Fuente
Hooker convenció a la Marina británica de que cubriendo la Green Mountain de bosque, los árboles captarían la lluvia y mejorarían el suelo. Con el apoyo de Kew Gardens, eso es exactamente lo que sucedió. El consejo de Hooker para la marina se basaba en una estrategia clara: forestar Green Mountain para aumentar las precipitaciones, fijar las rocosas y escarpadas laderas con vegetación para retener el suelo, plantar arbustos adaptados a la sequía  en las tierras bajas e introducir una amplia variedad de cultivos.

Durante aproximadamente una década, Kew envió 330 especies diferentes de plantas que se plantaron en Mountain Green. Las plantas fueron elegidas específicamente para soportar las duras condiciones de vida en ese desierto volcánico en medio del Atlántico Sur. Se estima que, entre 1860 y 1870, se plantaron 5.000 árboles, la mayoría de ellos procedentes de Argentina y Sudáfrica. Más tarde, fueron llegando más y más plantas y semillas procedentes de los jardines botánicos de Londres y Ciudad del Cabo. El experimento de transformación del suelo más increíble del mundo estaba en marcha en esa pequeña roca volcánica.

A finales de 1870 estaba claro que el experimento funcionaba a la perfección. Árboles como los pinos Norfolk (Araucaria heterophylla), y varias especies de Eucalyptus y de Ficus, así como diferentes especies de bananos y bambúes se habían establecido en las laderas de Mountain Green. Donde una vez hubo apenas unas briznas de hierba, estaba comenzando a prosperar un exuberante bosque de nubes. La vegetación no fue lo único que comenzó a cambiar en la Ascensión: junto a ella cambió el clima.

Arriba: dibujo publicado en 1835 por el Capitán Henry Brandreth titulado "From Mountain Road", mostrando conos de ceniza emergiendo de las llanuras estériles debajo de Green Mountain. Abajo: Una foto de 2012 tomada desde el mismo lugar que muestra la vegetación en la misma montaña y en las llanuras de abajo. Fuente.
Las estimaciones sobre las precipitaciones antes y después de los trabajos de forestación son escasas en el mejor de los casos. Con lo único que se cuenta es con informes oficiales y con anotaciones en los diarios de los primeros marineros y visitantes. Unos y otros van dibujando un escenario que va experimentando un cambio asombroso. Antes de comenzar la forestación, se decía que apenas pasaban nubes y la lluvia caía raras veces. Los que vivían en la isla durante la década que siguió a la siembra fueron testigos asombrados de que en cuanto la vegetación comenzó a asentarse, el clima de la isla comenzó a cambiar. Uno de los cambios más notables fue la lluvia. Los colonos de la isla notaron que las tormentas de lluvia eran cada vez más frecuentes. Además, como anotó un capitán, «rara vez pasa más de un día sin lluvia ni niebla en la montaña». El desarrollo de los bosques en Ascensión estaba causando un cambio en el ciclo de agua de la isla.

Piense en que las plantas son esencialmente unas pajitas de sorber vivas. El agua absorbida por las raíces viaja a través de los tejidos para evaporarse en las hojas. El aumento de la vida vegetal en la isla estaba aportando humedad al aire. El microclima húmedo del sotobosque enfrió las tierras circundantes. El agua que antes se evaporaba comenzó a formar nieblas. Comenzaron a formarse charcas cuando los suelos creados retuvieron más humedad.

Pero todo no era de color rosa. La flora nativa estaba pasando las de Caín. Incluso antes de comenzar el experimento, los seres humanos y otros intrusos dejaron su huella destructiva en la biota autóctona. Con los seres humanos inevitablemente viajan animales como cabras, burros, cerdos y ratas. Estos voraces mamíferos se pusieron manos a la obra para acabar con la vegetación local. Las incipientes comunidades vegetales y animales que se habían desarrollado en la isla antes de la llegada de los colonos sufrieron las consecuencias de esos animales. Mientras los herbívoros consumían todo lo que fuera verde, las ratas hacían de las suyas en los nidos de los confiados pájaros. Las cosas empeoraron cuando comenzó la siembra.

La cumbre de Green Mountain vista desde
la entrada a Green Mountain National Park. Fuente.
De las diez plantas endémicas de la Isla Ascensión, tres se extinguieron expulsadas por la competencia de las plantas invasoras traídas a la isla. Se pensaba que el helecho perejil de Ascensión (Anogramma ascensionis) estaba extinto hasta que se descubrieron cuatro plantas en 2010. La flora nativa de la isla de la Ascensión fue, en su mayor parte, desplazada por la introducción de las especies invasoras. Este hecho no pasó desapercibido a Hooker. Pronto comenzó a lamentarse por su ignorancia acerca de los impactos que el experimento tendría en la vegetación nativa: "Las consecuencias para la vegetación nativa del pico serán, me temo, fatales, y sobre todo para la rica alfombra de helechos que observé en la parte superior de la montaña cuando la visité". Aún así, algunas plantas lograron adaptarse a la vida entre sus nuevos vecinos. Muchos de los helechos que crecían sobre el suelo cuando Hooker los vio, ahora crece como epífitos sobre los árboles introducidos en Green Mountain.

Hoy en día el caso de la isla Ascensión es un dilema para los conservacionistas. Por un lado, el esfuerzo por proteger y conservar la flora y fauna nativa de la isla es de máxima prioridad. Por otro lado, la existencia del que ha sido posiblemente el mayor esfuerzo de transformación del suelo en el mundo requiere comprensión e investigación ecológica. Se debe buscar un equilibrio si se quieren cumplir ambos objetivos. Se están realizando muchos esfuerzos para controlar la vegetación invasora que se desmanda. Por ejemplo, la introducción relativamente reciente de la espina mexicana (Prosopis juliflora) amenaza el hábitat reproductor de la tortuga verde. Los esfuerzos para eliminar estas especies agresivas están en marcha. Aunque es demasiado tarde para revertir lo que se ha hecho en Ascensión, el experimento ofrece algo que puede ser más importante a largo plazo: perspectiva.

En todo caso, Ascensión se erige como un perfecto ejemplo del papel que las plantas juegan en la regulación del clima. La introducción de las 330 especies de plantas y el posterior desarrollo de un bosque fue suficiente para cambiar completamente el clima regional. Donde una vez hubo un desierto volcánico ahora hay un bosque de niebla. Con el bosque llegaron las nubes y la lluvia. Si reforestar una isla puede cambiar tanto el clima, imaginen el daño que está haciendo la pérdida de vegetación natural en todo el mundo.

Cada año se pierden unas 7,3 millones de hectáreas de bosque en todo el planeta. A medida que las poblaciones humanas continúan aumentando, ese número irá incrementándose. Es de una absoluta ignorancia asumir que la destrucción de los hábitats no está influyendo en el clima global. Influye, y mucho. Las plantas son la base de los hábitats y cuando desaparecen, también lo hace casi todo lo que depende de ellas, incluyendo la lluvia.

Si la historia de Ascensión sirve para algo, espero que sirva para recordarnos el importante papel que juegan las plantas en el funcionamiento de los ecosistemas de nuestro planeta. ©Manuel Peinado Lorca

domingo, 26 de febrero de 2017

Una polinización retorcida

La arquitectura floral típica del género Impatiens con órganos reproductores en la parte dorsal de la flor conduce inevitablemente a la deposición de polen en la parte dorsal de las cabezas de los polinizadores (Figura 1A). En el caso de I. frithii, sin embargo, la situación es muy diferente. Gracias a la curvatura atípica del espolón del néctar, que no está curvado hacia abajo, como es habitual, sino ligeramente hacia arriba (Figura 1B), la flor se retuerce cuando los colibríes buscan el néctar ya que el espolón se ajusta a la forma del pico del pájaro. Por lo tanto, el polen se coloca en la superficie ventral del pico o de la cabeza del ave (Figura 1C, 1D). Fuente
Asegurar que el polen de una flor alcance otra flor de la misma especie es primordial para la reproducción sexual de las plantas. Los mecanismos para conseguirlo han sido uno de los principales impulsores de la diversidad de formas, tamaños y colores que vemos en las flores de las angiospermas. A veces el mecanismo resulta extraño. Ese es el caso de las flores de Impatiens frithii.
La planta fue descubierta en 2002 en las montañas Bakossi y en el monte Etinde, en el oste de Camerún, de donde es endémica. Desde que se descubrió, sus flores fueron un rompecabezas. Como todos los Impatiens, guardan el néctar en el fondo de un largo espolón. Sin embargo, el espolón curvo de I. frithii es único en el género: está dirigido hacia arriba y no curvado hacia abajo como en la mayoría de sus congéneres. Esa curvatura es desconcertante porque la mayoría de las Impatiens africanas son polinizadas por colibríes. El espolón curvado, que hace difícil el acceso al néctar, parecía un impedimento para que fuese alcanzado por un pájaro. Sin embargo, aunque escape a nuestra imaginación, el hecho es que año tras año la planta era polinizada, fecundada y producía frutos y semillas. Alguien debía polinizar a esa pequeña epífita de una u otra manera.
Gracias a cámaras remotas y a mucha paciencia, dos botánicos checos,  Michael Bartoš y Štěpán Janeček fueron capaces de registrar los mecanismos de polinización, que publicaron en Science. Como cabía esperar, rápidamente se dieron cuenta de que los colibríes eran los principales polinizadores de esta especie. Que se esperara, no quiere decir que no fuera sorprendente observar cómo podían hacerlo. Descubrieron la notable forma en que las flores depositan el polen en las aves.
Cuando un colibrí liba la flor para buscar el néctar, su pico se ajusta al contorno del espolón y eso hace que toda la flor gire. A medida que se retuerce, las anteras y el estigma contactan con la base del pico del ave. Esa es la diferencia con otros Impatiens que depositan el polen encima de las cabezas de los pájaros que las visitan.
Esta adaptación destaca en dos aspectos. Por un lado, es elegantemente simple. Todo lo que se necesita es una pequeña alteración de la arquitectura floral. En segundo lugar, al colocar el polen en la parte inferior de la cabeza, la planta garantiza que solo el polen de su especie entrará en contacto con el estigma de otra flor de la misma especie. Eso es lo que llamamos aislamiento reproductivo, que es un factor importante en la especiación. ©Manuel Peinado Lorca

Si quieren ver un breve video sobre el proceso de polinización, pulse este enlace

miércoles, 22 de febrero de 2017

El bombero pirómano

Un escéptico del cambio climático dirigirá la agencia medioambiental de Estados Unidos (EPA). A pesar de los intentos de los Demócratas por retrasar su designación, el Senado estadounidense, controlado por los Republicanos, aprobó el nombramiento de Scott Pruitt, un feroz crítico de la EPA, a la que ha denunciado 14 veces, como Director de la misma. 

El de Pruitt es quizás el nombramiento más controvertido en toda la historia de la EPA, dado que el que fuera fiscal general de Oklahoma se ha pasado años combatiendo el papel y el alcance de la organización que ahora dirige. Cientos de antiguos miembros del personal de la EPA escribieron una carta abierta contra su nombramiento, acusándole directamente de ser un extremista, mientras que los ecologistas sostienen que es una marioneta de la industria del petróleo y el gas. En 2011, según reveló una investigación de The New York Times, Pruitt enviaba cartas críticas a la EPA sobre las regulaciones de la agencia en el Estado de Oklahoma a petición de grandes empresas petroleras como Devon Energy, una de las mayores compañías energéticas estadounidenses.

Pero lo que más les preocupa es su posición de tibieza ante la amenaza que plantea el cambio climático a nivel nacional y mundial y temen que las regulaciones ambientales vigentes serán anuladas y que los avances en este campo, tan duramente ganados, se pierdan bajo su mandato. Entre estos logros destaca la sentencia de 2009 de que las emisiones de gases de efecto invernadero ponen en peligro tanto el medio ambiente como a la salud pública y en la que se sustentaron muchas de las medidas tomadas por el presidente Obama para reducir los niveles de CO2.

Durante años, mientras el país estaba bajo la administración de Obama, Pruitt dejó muy clara su oposición a los reglamentos de la EPA y afirmó que el debate acerca del origen del cambio climático, no debería estar cerrado. Ha sido uno de los principales defensores de la noción de que la EPA a menudo excedió su autoridad legal, yendo más allá de los estatutos aprobados por el Congreso para adoptar medidas reguladoras, que además calificó de agresivas y ha acusado a la EPA de infringir los derechos de los estados a regular dentro de sus propias fronteras.

Los republicanos anuncian que Pruitt reajustará los objetivos de la agencia. «No tengo dudas de que Scott devolverá a la EPA a sus objetivos principales», dijo el senador James Inhofe de Oklahoma al apoyar la candidatura de Pruitt y aprovechó la oportunidad para acusar a la agencia de «exceso federal, reglas ilegales y duplicación de la burocracia».

Durante su audiencia de confirmación en el Senado, Pruitt dijo que estaba en desacuerdo con Trump en cuanto a que el cambio climático fuera un engaño, pero nadie olvida que siempre ha puesto en duda la abrumadora evidencia de que los cambios en la temperatura de la tierra sean de origen antropogénico. 

La oposición demócrata y los defensores del medioambiente, consideran que con Pruitt apoyándole, es probable que el Presidente Trump trate de revocar lo antes posible el Plan de Energía Limpia de Obama y su conservacionista Ley de Aguas, además de cumplir con la amenaza de retirarse de los acuerdos de la Conferencia de París (COP21).

La firma de los bosques

El pasado 17 de enero, la revista Science publicó un artículo dedicado a una nueva metodología para cartografiar bosques desde el aire mediante la medición de las firmas químicas de la copa de los árboles, que revela una extraordinaria biodiversidad previamente desconocida.
Figura 1. Siete características del dosel forestal de la región peruana de los Andes-Amazonas cartografiadas espectroscopia y modelado de imagen aerotransportada. La gráfica indica la atribución de factores ambientales y la varianza total explicada para cada característica cartografiada. LMA, masa foliar por unidad de área; Hydro, hidrología; Insol, insolación solar. Fuente.
La franja de bosque tropical que cubre la cordillera de los Andes peruanos y la cuenca amazónica es uno de los lugares con mayor biodiversidad. Pero es una región tan salvaje y remota que la variación dentro del bosque es difícil de detectar. Si se observa esta región en Google Earth aparece como un interminable y homogéneo manto verde; con el nuevo método la cosa cambia completamente. Cada especie arbórea tiene un conjunto distintivo de rasgos químicos, tales como los niveles de nutrientes como nitrógeno y fósforo en las hojas. En conjunto, usando los sensores adecuados, esas características pueden revelar mucho sobre la composición del bosque.
Para escudriñar en el dosel verde, los investigadores del Carnegie Institution for Science de Stanford, California, dividieron 76 millones de hectáreas de bosques en cuadrados de 100 kilómetros y, mediante espectroscopía diferenciada aerotransportada guiada por láser con modelado ambiental, midieron entre otros los niveles de agua, nitrógeno, fósforo y calcio en las hojas de los árboles valiéndose de aviones que median las longitudes de onda de la luz reflejada por el dosel del bosque, tomando muestras de pequeñas áreas en cada cuadrado. También cartografiaron los niveles foliares de ligninas y polifenoles. Usando esos datos, identificaron 36 tipos diferentes de bosques, una visión mucho más matizada que las categorías generales que se utilizan actualmente para la clasificación de las selvas.
Reunieron esos tipos de bosques específicos en seis grupos en un patrón geoespacial en el que se ajustaban la geología, topografía, hidrología y clima del territorio. Analizar tales diferencias en los bosques a una escala tan fina es importante para conducir los esfuerzos de conservación. Un punto particular puede parecerse al resto de su entorno, pero en realidad puede contener especies que no se encuentran en ninguna otra parte. Actualmente se están llevando a cabo estudios similares en el norte de Borneo y en Ecuador, pero la idea final es impulsar sensores en satélites orbitales para correlacionar la biodiversidad en todo el mundo.
Figura 2. Diversidad funcional forestal de la región peruana de los Andes-Amazonas. (A) Clasificación basada en siete rasgos del dosel forestal derivados de la espectroscopía de imagen aerotransportada, dando 36 clases funcionales forestales (FFCs). (B) Agrupamiento de FFCs basados en rasgos mapeados del dosel (Fig. 1) en seis grupos funcionales forestales asociados (FFGs). (C) Los seis FFGs utilizados para el análisis del uso del territorio. Fuente


domingo, 19 de febrero de 2017

Una nueva y rara especie amazónica: Begonia elachista

Begonia elaschita. Fuente.
El pasado 17 de febrero, los botánicos del Real Jardín Botánico de Edimburgo (RGBE) Peter Watson Moonlight y Mark Tebbitt, junto con el peruano Carlos Reynel, publicaron en la revista digital European Journal of Taxonomy la descripción de una nueva especie de Begonia, la más pequeña del género. El mismo día, la BBC anunció que la especie, cultivada en el RGBE, había crecido sin problemas y florecido por primera vez.
Begonia L. es un género de distribución pantropical extraordinariamente megadiverso, puesto que en su seno hay reconocidas 1821 especies (Hughes et al. 2015). La mayoría de las especies son hierbas y arbustos nemorales muy estimadas en horticultura, algunas de las cuales muestran adaptaciones florales extraordinarias de las que me ocupé en otra entrada. L'Héritier de Brutelle describió la primera especie peruana de Begonia del Perú, B. octopetala, en 1788 (L'Héritier de Brutelle 1788). Desde entonces, el número de especies de Begonia descritas en el Perú ha aumentado rápidamente. En su revisión de la Begoniacea de ese país, Smith y Schubert (1941) reconocieron 34 especies, aunque incomprensiblemente olvidaron incluir a B. albomaculata, descrita en Perú en 1906 (de Candolle 1906). Publicaciones posteriores fueron aumentando el censo inicial, tanto en lo que se refiere a la descripción de nuevas especies, (por ejemplo, Tebbitt 2011, 2015, 2016) como a nuevas citas para Perú (por ejemplo, Tebbitt et al. 2015). Hughes et al. (2015) consideran que en Perú existen 75 especies distribuidas en 15 secciones y que al menos hay otras diez especies sin describir. El número de especies peruanas de Begonia del Perú sitúa al país como el tercero en diversidad después de Brasil (242 especies) y Colombia (101 especies).
Boca de la cueva en la que crece B. elachista. Fuente.
La publicación de B. elachista Moonlight y Tebbitt añade una nueva especie al género y no es una especie cualquiera, pues se trata de una minúscula herbácea tuberosa cuyo hábitat es inusual en el género: un único afloramiento de piedra caliza del Parque Nacional Yanachaga-Chemillén, en las tierras bajas amazónicas de la región de Pasco. No hay otros afloramientos calcáreos conocidos ni en todo el Parque Nacional ni en los alrededores, así que todo indica que se trata de un microendemismo edáfico, cuya población se estima en alrededor de 5.000 individuos. Aunque el área está actualmente protegida y el turismo prohibido, las autoridades del Parque están considerando construir un sendero turístico a la cueva. El aumento de la presión antrópica sobre el delicado y reducido hábitat de la especie puede afectar muy negativamente a la minúscula población del nuevo taxón, que será incluido como especie en peligro crítico de extinción en la próxima actualización de la Lista Roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza.
Conscientes de ese peligro, después de la recolección de ejemplares y semillas, los descubridores de la especie, cuyo epíteto específico significa en griego "pequeña" se apresuraron a cultivarla en las instalaciones del RGBE, en donde la planta parece haberse aclimatado perfectamente. Toda una buena noticia. ©Manuel Peinado Lorca



Referencias
Candolle A.C.P. de 1906. Materiaes para a flora amazonica. Boletim do Museo Geoldi de Historia Natural e Ethnographia. Belém 4: 593. L’Héritier de Brutelle C.L. 1788. Begonia octopetala. Stirpes Novae aut Minus Cognitae: 101. Hughes M., Moonlight P.W., Jara-Muñoz A., Tebbitt M.C. & Pullan M. 2015 continuamente actualizada. Begonia Resource Centre. Base de datos online accesible en http://elmer.rbge.org.uk/begonia/ [acceso 17 febrero 2017]. Smith L.B. & Schubert B.G. 1941. Begoniaceae. Flora of Peru 13 (4): 181–202. Tebbitt M.C. 2011. A new and unusual xerophytic species of Begonia (Begoniaceae) from Peru. Edinburgh Journal of Botany 68 (2):177–182. http://dx.doi.org/10.1017/S0960428611000096Tebbitt M.C. 2015. Two new species of Andean tuberous Begonia in the B. octopetala group (Begoniaceae). Novon: A Journal for Botanical Nomenclature 23 (4): 479–489. http://dx.doi.org/10.3417/2013027Tebbitt M.C. 2016. Two new species of Andean Begonia (Begoniaceae). Edinburgh Journal of Botany 73 (1):143–152. http://dx.doi.org/10.1017/S0960428615000335Tebbitt M.C., Toapanta A., C.E. & Pérez Á.J. 2015. Taxonomy of Begonia serotina (Begoniaceae) and allied species. Edinburgh Journal of Botany 72 (3): 343–352. http://dx.doi.org/10.1017/S0960428615000049.

Nuestro hombre en Guam, la isla de las serpientes

«Y el Señor envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió». Números 21: 6.
«Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”?» Génesis 3:1.

El cardenal Burke, nuestro hombre en Guam. Foto
Roma. 16 de febrero. Uno más de los titulares de prensa que encabezan la misma noticia: «En una sorprendente movida estratégica, el papa Francisco decidió enviar al cardenal estadounidense Raymond Burke, uno de los máximos opositores a su línea reformista, a la Isla de Guam, a más de 12.000 kilómetros de distancia, con la misión de juzgar un caso de pedofilia». Si el cardenal ha soñado alguna vez con encontrar a la maléfica serpiente bíblica, la que entregó la manzana a nuestra madre Eva, ha dado en el sitio adecuado.
Gracias a 1898. Los últimos de Filipinas, la película de Salvador Calvo, la Guerra de España contra Estados Unidos, cuyo episodio postrero -el último grupo de las tropas españolas que permaneció sitiado en una iglesia de San Luis de Tolosa en Baler- retrata la película, ha vuelto a salir a la luz pública. Resumo. La Guerra hispano-estadounidense, denominada comúnmente en España como Guerra de Cuba o Desastre del 98, fue un conflicto bélico que enfrentó a España y a los Estados Unidos en 1898, como resultado de la intervención yanqui en la Guerra de Independencia cubana. Al final del conflicto España fue derrotada por goleada y se vio obligada a entregar la cuchara. Se perdió Cuba (que se proclamó república independiente, pero quedó bajo tutela de Estados Unidos), así como Puerto Rico, Filipinas y Guaján, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos.
En Filipinas, la ocupación estadounidense degeneró en la Guerra Filipino-Estadounidense de 1899-1902, que acabó con los tagalos en manos de los americanos. El resto de posesiones españolas de Extremo Oriente fueron vendidas al Imperio alemán mediante el Tratado Hispano-Alemán de 1899, por el cual España malvendió sus últimos archipiélagos -las Marianas (excepto la ya perdida Guaján), las Palaos y las Carolinas- a cambio de 25 millones de marcos.
La isla de Guaján, que está situada estratégicamente en el camino entre Filipinas y los puertos españoles del Pacífico controlados por el Virreinato de Nueva España, servía de escala para el Galeón de Manila, la ruta comercial más famosa de la región. Cuando Estados Unidos la ocupó, Guaján siguió cumpliendo una misión esencial, por lo que se convirtió en una base naval estadounidense. Como los gringos son incapaces de pronunciar la jota como dios manda, desde entonces empezó a ser conocida como Guam, nombre que todavía conserva.
El valor estratégico de la isla no pasó inadvertido al Imperio japonés, que la ocupó apenas una semana después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Por los mismos motivos, las tropas aliadas necesitaban recuperarla con urgencia para que sirviera de plataforma para la conquista isla a isla de toda Oceanía. Su localización, a mitad de camino entre Nueva Guinea y Japón, la convertían en una cabeza de puente excepcional que permitió el vuelo de los bombarderos B-29 para atacar a domicilio a los nipones.
Boa irregularis. Foto.
La intensa actividad durante la guerra exigía un apoyo logístico extraordinario, que se ejecutó mediante un puente aéreo y marítimo desde Australia y Nueva Guinea. Un inesperado polizón llegó por ese puente: la serpiente arborícola café (Boiga irregularis). Veni, vidi, vici. Desde su llegada, en tan solo treinta años, desaparecieron dos de las tres especies de murciélagos, y varios reptiles. Los pájaros de Guam habían evolucionado sin depredadores, así que las serpientes se pusieron las botas (de haber tenido patas) a base de asaltar nidos para zamparse huevos y polluelos. Generaciones enteras de confiados pajarillos desaparecieron.
Debido a la pérdida de polinizadores que eran devorados por las prolíficas serpientes, cuya multiplicación aumentaba exponencialmente por la falta de predadores específicos, la diversidad vegetal se modificó por un efecto en cascada. La ausencia de murciélagos, reptiles y aves insectívoras permitió la proliferación de insectos, que favorecieron a su vez una explosión de arañas que, en ausencia de depredadores, multiplicaron por cuarenta sus poblaciones.
Los hábitos trepadores de B. irregularis permiten que se aficionen a los tendidos eléctricos, lo que provoca pérdidas de varios millones de dólares al año por cortes eléctricos. Aunque todavía no han reclamado a Chicote, los hoteleros locales acusan, vaya usted a saber por qué, a serpientes y arañas de crear un ambiente poco atractivo para los superferolíticos turistas. Además, los insectos que logran escapar a los quelíceros de las arañas, constituyen una plaga para los cultivos y un tormento para los visitantes. Claro que, si de turismo se trata, la boa arborícola da sopa con hondas a las agencias más avezadas: se han hecho centenares de avistamientos de esta especie en otras islas como Arube, Wake, Tinian, Okinawa, Diego García, Hawái, e incluso en Rota, que ya sé que no es una isla, oiga, hasta donde no habrá llegado con Viajes Halcón, digo yo. Una población incipiente acaba de aparecer, como el cardenal Burke, en Saipán. Si ve alguna por su casa, informe de su presencia en este enlace.
La boa constrictor de la imagen se está zampando
un gonzalito (Icterus nigrogularis) en la isla de Arube.
Foto: Greg Peterson (Aruba Birdlife Conservation)
En 1984 los pájaros de la isla se dieron por extinguidos. Se los habían comido prácticamente todos. Ante la desaparición de las especies nativas, la dieta de la serpiente arborícola café puso proa hacia otros vertebrados introducidos en Guam, sobre todo hacia algunos geckos y roedores. Pero estos no tienen problemas en mantener poblaciones elevadas, pues proceden de lugares donde han evolucionado con depredadores y saben cómo se las gastan, pero también cómo esquivarlos. Los ofidios, a los que al parecer les encanta robar al descuido las hamburguesas de los campistas y gallinas en sus corrales, pueden, además, consumir carroña y aparecen tan campantes por los cubos de basura. Según dicen, quizás como un atavismo de sus relaciones con Eva, les encantan los artículos de higiene femenina usados.
Lanzamiento de 2.000 ratones en  Guam.
Foto NBC News.
En la actualidad, se están haciendo pruebas, que hubieran hecho las delicias del profesor Frank de Copenhague o del mismísimo profesor Bacterio, para controlar a la serpiente a través de un sofisticado sistema de ratones muertos rellenos con paracetamol (letal para los ofidios; sí hombre, para los ofidios, no para usted) lanzados en cajas de cartón por paracaídas, de modo que se mantengan en altura, fuera del alcance de animales domésticos (los gatos son extremadamente sensibles a este medicamento: ¡cuidado con su mascota!). Esto tal vez alivie alguno de los problemas asociados al reptil: reducirá las probabilidades de que se introduzcan en otras islas, pero los ricos ecosistemas de una isla tropical se han perdido para siempre.
La llegada de otra especie foránea, el cardenal Burke, involuntario cazador de curas pedófilos, cuya proliferación urbi et orbe recuerda a la de las serpientes, puede que arregle el problema a base de agua bendita. ©Manuel Peinado Lorca.