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martes, 30 de junio de 2020

Aspirina, coca, cocaína y Coca-Cola

Como probablemente tenga alguna caja de aspirina por casa, lea el prospecto. Comprobará que el más popular, acreditado y eficaz de los medicamentos caseros está basado en un principio activo (el componente de un medicamento con propiedades terapéuticas): el ácido acetilsalicílico. Salicílico viene de Salix, el nombre que los romanos daban a los sauces y que ha sido conservado por los botánicos para denominar a un género en el que se incluyen grandes árboles como el sauce blanco (Salix alba) y arbustos minúsculos como Salix alpina que se arrastran debajo de la nieve en las altas montaña o en los climas boreales fríos.

Aunque el uso medicinal de los sauces se remonta al origen de las civilizaciones, si usted tiene algún dolor, algo de fiebre o una ligera inflamación no se le ocurrirá salir al campo a roer cortezas o a masticar hojas de sauce. Apuesto a que se tomará una aspirina, un reputado analgésico, antipirético y antiinflamatorio. 

Lógico ¿no? Pues aplique la misma lógica a coca y cocaína y entenderá algo que sorprende a los turistas cuando viajan por un país andino: la hoja de coca se vende en los mercados, se consume en infusiones como si tal cosa o se mastica como si fuera chicle, lo que no impide que el tráfico e incluso el simple consumo de cocaína sea un delito penado por la ley. 
Aunque hay otras especies del género Erythroxylum que se consumen en menor medida, la coca por antonomasia es la coca andina Erythroxylum coca, un arbusto que apenas supera los dos metros de altura, de tallos leñosos y hojas elipsoidales, medianas, muy fragantes y de color verde intenso. Como pueden ver en las fotografías, sus flores son minúsculas y de color blanco. Los frutos, unas drupas de color rojo o anaranjado, prácticamente no tienen pulpa y miden alrededor de 1 cm de largo. 
El uso de las hojas de coca entre los pueblos andinos se remonta, cuando menos, a unos seis mil años A.C. y hoy continúa siendo de uso común entre los actuales grupos indígenas de las zonas andinas, que mastican las hojas para suprimir el hambre, la fatiga y el mal de altura o soroche. 
En las hojas de coca hay cantidades muy pequeñas del principio psicoactivo, que reside en unos alcaloides que apenas representan entre el 0,5 y-el 1,5% del peso en seco de la hoja; el principal de ellos (entre un 30-50%) es la cocaína.
Las minúsculas flores de Erythroxylum coca, que apenas alcanzan un cm de diámetro, son hermafroditas y crecen solitarias o en grupitos. Tanto el cáliz campanulado como la corola amarillenta tienen cinco piezas, mientras que los estambres son diez. Los frutos son de hueso (drupas) sin apenas pulpa. El cáliz permanece en la base de los frutos.
Como el contenido en cocaína es muy bajo y su molécula está firmemente anclada en el conjunto químico de las hojas, su liberación se consigue mediante el “acullicar”, el acto de introducir las hojas de coca en la boca y humedecerlas con saliva hasta formar un bolo del que se extraen lentamente las sustancias activas y estimulantes, lo que provoca más o menos rápidamente una sensación de anestesia en la lengua y en las mucosas bucales.
Para mejorar el proceso químico de liberación de la cocaína es necesario agregar periódicamente un poco de catalizador alcalino al bolomientras se mantiene entre las encías y el interior de los carrillos, por lo general una ceniza rica en bicarbonato cálcico de origen vegetal, que se dispensa con la llipta o toqra, un comprimido de ceniza en forma de pequeños bloques fabricados a partir de la ceniza del tallo de la quinoa (Chenopodium quinoa) o con la ayuda de un palillo previamente humedecido con saliva y sumergido en cal apagada dentro de un recipiente, el puru o mambero. 
La hoja de coca es la materia prima que se utiliza para la producción en laboratorio del clorhidrato de cocaína, una poderosa sustancia estimulante y anestésica extraída químicamente de grandes cantidades de hojas. La absorción de la cocaína en su forma tradicional masticada es mucho menos rápida y eficiente que en las formas purificadas del clorhidrato de cocaína y no causa los mismos efectos psicoactivos y eufóricos asociados con el uso de la droga salida del laboratorio. La adicción, el daño corporal o neurológico u otros efectos nocivos del consumo de la hoja en su forma natural no se han documentado ni demostrado científicamente.
Hasta el surgimiento del imperio Inca (aproximadamente en el año 1400 D.C.), el uso de la coca estaba al alcance de la población en general. En tiempo de los incas pasó a ser monopolizada por el Estado inca y a ser considerada un artículo de lujo utilizado durante los ritos sacerdotales por los emperadores incas y nobles. Se usa también como revitalizador energético de los correos que recorrían a la carrera los dominios imperiales. 
La eficacia de la hoja de coca como estimulante fue reconocida por los españoles desde el mismo momento en que llegaron a Sudamérica en el siglo XVI. Su consumo fue fomentado por los conquistadores para ampliar las horas de trabajo de la mano de obra nativa y desde entonces su uso volvió a popularizarse entre la población indígena. 
El uso de la coca se conoce en Europa desde principios del siglo XVI, aunque no tuvo aplicación alguna hasta que el químico alemán Albert Niemann logró aislar la cocaína en 1859. Fue comercializada como medicamento en Estados Unidos en 1882, fundamentalmente para amortiguar el dolor en odontología y para el tratamiento de la gota.
Pero el verdadero apóstol de sus propiedades farmacológicas fue el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. En 1884 leyó un artículo de un médico militar alemán que llevaba por título Importancia y efectos psicológicos de la cocaína, y aunque nunca había oído hablar de esta sustancia, intuyó la posibilidad de que podría servir para el tratamiento de ciertas enfermedades mentales.
A partir de ese momento, Freud inició sus estudios sobre la cocaína. Empezó por probarla él mismo y comprobó una mejoría en su estado depresivo, además de una mayor seguridad y capacidad de trabajo. En el transcurso de sus ensayos, Freud comprobó que la lengua y los labios quedaban insensibilizados después de haber consumido cocaína, lo que calmaba los dolores de la mucosa bucal y los debidos a gingivitis, un efecto anestésico que ya aprovechaban los dentistas americanos.
En 1884, Freud escribió su famoso trabajo Über Coca (Sobre la coca), en el que afirmaba que esta sustancia era un medicamento muy eficaz para combatir la depresión, eliminar molestias gástricas de tipo nervioso e incrementar la capacidad de rendimiento físico e intelectual. Afirmaba también que no producía hábito, ni efectos secundarios, ni vicio.
El entusiasmado Freud escribió cinco artículos de auténtico proselitismo sobre la cocaína, pero tras comprobar sus efectos indeseables, incluida la muerte de su amigo y colega Ernst Fleischl, recogió velas, abominó de la droga y finalmente impidió que los artículos figurasen en sus obras completas. No obstante, recomendó la cocaína al oftalmólogo Carl Köller, quien confirmó su gran eficacia en forma de colirio como anestésico en intervenciones quirúrgicas oculares como las cataratas. Con este descubrimiento, la medicina dio un paso de gigante y nació la anestesia local.
Sin embargo, el mayor éxito “terapéutico” de la cocaína surgió con su inclusión en multitud de “brebajes curalotodos" que se vendían por sus propiedades energizantes y vigorizantes. El más famoso de todos esos elixires fue el desarrollado por el químico y farmacéutico corso Angelo Mariani, que elaboró un vino con extractos de hojas de coca patentado como “Vino Mariani”. Mariani fundó, en 1863, la primera gran industria basada en la coca, e incluso recibió una condecoración del Papa León XIII por sus méritos en pro de la Humanidad. 
En Estados Unidos, el farmacéutico John Styth Pemberton formuló en 1885 un sucedáneo exento de alcohol de este vino, al que llamó “French Wine Coca”. Pemberton cambió la fórmula de Mariani, reemplazando el alcohol con extracto de la nuez del árbol de la cola (Cola acuminata) y sustituyendo el agua natural por agua gaseosa: había nacido la Coca-Cola. 
En 1886, la publicidad de Coca-Cola se basaba en la promoción de sus ingredientes principales: los extractos de la hoja de coca y la nuez de cola. En 1903 la coca fue sustituida por cafeína. De la cola nunca más se supo. Y así hasta ahora. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 20 de junio de 2020

Trampas fluorescentes de plantas carnívoras

Las antocianinas son los pigmentos que colorean frutas y verduras

Las plantas usan pigmentos para una variedad de funciones. Los ejemplos más típicos son la clorofila, el pigmento verde encargado de la fotosíntesis, y las antocianinas, que colorean diferentes partes de las plantas, pero sobre todo flores y frutos. Mientras que podemos ver esos pigmentos, nuestros ojos no pueden ver otros.

Muchas especies de plantas utilizan pigmentos que solo pueden ser apreciados por organismos capaces de ver el espectro ultravioleta (UV). Los ejemplos más famosos de coloraciones que pasan desapercibidos a nuestros ojos son las flores que utilizan pigmentos UV para atraer polinizadores como las abejas y algunas aves capaces de ver la porción UV del espectro de radiación electromagnética. 

Sin embargo, es cada vez más obvio que muchos organismos usan pigmentos UV por otras razones. Por ejemplo, se ha encontrado que los bordes de las trampas de algunas plantas carnívoras presentan un azul fluorescente. Estas plantas no usan estos pigmentos para la polinización, sino para cazar.

Emisiones en azul UV observadas en los peristomas de Nepenthes. Foto
Las plantas carnívoras, también llamadas insectívoras, obtienen parte o la mayoría de sus necesidades nutricionales (pero no de energía, puesto que siguen siendo fotosintéticas) mediante la captura y el consumo de animales y protozoos, normalmente insectos (además de otros artrópodos). Estas plantas crecen generalmente en lugares donde el suelo es pobre, en especial en nitrógeno, como las tierras ácidas pantanosas y los roquedos húmedos.

Entre las carnívoras, las plantas con hojas de jarra son inconfundibles y fascinantes; de ellas me he ocupado en otras ocasiones (1, 2, 3, 4). A partir de hojas extremadamente modificadas, estas hermosas carnívoras fabrican trampas complejas en forma de pozo que favorecen la caída de sus presas. Sus trampas son una adaptación evolutiva a las condiciones bajas en nutrientes (sobre todo pobres en nitrógeno) de los suelos en los que crecen. Las trampas atraen a las presas potenciales para que las visiten de diferentes maneras, incluidos colores brillantes, olores dulces e incluso néctar. Los bordes de las trampas (peristomas) son resbaladizos y los insectos visitantes tienen serios problemas para aferrarse a ellos. Los organismos que son atraídos por estas "recompensas" corren el riesgo de resbalar y caer en un cóctel letal de fluidos digestivos.

Jarras de (A) Nepenthes ventricosa; (B) N. gracilis; (C) Sarracenia purpurea con una herida natural; (D) S. oreophila; (E) Jarra sin abrir N. khasiana, con la tapa abierta; (F) N. khasiana con la tapa abierta; (G) parte superior de la jarra de N. khasiana casi marchita; (H) fluidos digestivos de N. ventricosa en una jarra sin abrir (arriba) y en una jarra abierta, presa capturada (abajo). Fotos.
Un artículo de investigación ha puesto de manifiesto que esos no son los únicos rasgos que las plantas jarra usan para atraer presas. A lo largo del borde de muchas trampas jarra, e incluso en los líquidos del fondo de algunas Nepenthes, los investigadores descubrieron células con pigmentos especiales que emiten luz azul fluorescente en las longitudes de onda UV. De hecho, un análisis detallado reveló que el líquido de la jarra no comienza a fluorescer hasta que se abre la tapa que obstruye la embocadura de la jarra. Los investigadores querían probar si esa luz UV funcionaba realmente como atractivo para los insectos. Lo que encontraron fue exactamente eso.

Cuando se enmascararon las emisiones azules, las trampas atraparon muchos menos insectos. Parece que muchas plantas carnívoras de jarra están aprovechando una fuerte conexión evolutiva entre insectos y flores. Es una adaptación interesante para la captura de presas en ambientes pobres en nutrientes. Además, es sorprendente ver qué llamativas resultan las jarras bajo la luz UV. Las plantas de jarra tampoco son las únicas en usar la fluorescencia. Las venus atrapamoscas (Dionaea muscipula) también exhiben emisiones de luz UV alrededor de sus dispositivos de caza.

Por supuesto, dada nuestra incapacidad para ver en el espectro UV sin aplicaciones tecnológicas, todo ese maravilloso mundo fluorescente permanece oculto a nuestros ojos. ¡Es una lástima!

sábado, 13 de junio de 2020

El bambú sagrado y un apóstol de Linneo

No sabemos con exactitud cuántos seres vivos existen y mucho menos cuántos han existido antes de extinguirse. El llamado “Padre de la Biodiversidad”, el entomólogo estadounidense Edward Osborne Wilson estimó hace más de treinta años que el número total de especies se encuentra entre 5 y 30 millones, aunque algunos científicos han presentado estimaciones aún más altas, de hasta 50 millones. Se han descrito poco más de un millón y medio de especies vivientes. De ellas, aproximadamente un millón corresponde a animales y medio millón a plantas (Figura 1).


Si algo tienen en común los organismos conocidos (y los que faltan por conocer) es que todos están integrados en un sistema de clasificación (al que llamamos Taxonomía) y todos ellos tienen un nombre en latín que se les otorga cumpliendo unas reglas de Nomenclatura. Taxonomía y Nomenclatura fueron concebidas como una parte indispensable de la Ciencia moderna gracias a la capacidad creativa de un naturalista sueco, Carl Linnæus, más conocido sencillamente como Linneo, que nació y murió en Upsala entre 1707 y 1778.
Figura 1
Figura 1
Linneo, que sostenía que si ignoras el nombre de las cosas desaparece también lo que sabes de ellas, puso todo su empeño en poner nombre a los seres vivos y en ordenarlos en un sistema racional de clasificación. A partir de 1731 comenzó a desarrollar un sistema de nomenclatura binomial basado en la utilización de un primer término, con su letra inicial escrita en mayúscula, indicativa del género, y un segundo término, correspondiente al nombre específico de la especie, escrito en letra minúscula. Gracias a ese sistema de clasificación, la planta de la que me voy a ocupar se llama Nandina domestica. Nandina es el nombre del género y domestica el de la especie.


En la época que le tocó vivir, la de las grandes expediciones exploratorias, lo más sorprendente de todo es que el inmenso legado científico de Linneo, basado en la clasificación de miles de plantas y animales de todo el mundo, lo creara prácticamente sin moverse de su casa de Upsala (lo más lejos que viajó en toda su vida fue a Laponia y Holanda). Su secreto estaba en sus corresponsales, en los llamados diecisiete “apóstoles de Linneo”, sus alumnos de doctorado, que viajaron por todo el mundo haciendo lo que habían aprendido de su maestro y remitiéndole sus impresionantes colecciones botánicas y zoológicas.
Figura 2. Carl P. Thunberg
Figura 2. Carl P. Thunberg

Por su voluntad férrea y su incansable tenacidad, entre esos apóstoles linneanos destacó el médico y botánico sueco Carl Peter Thunberg (1743-1828), al que su maestro comisionó para estudiar la flora de Japón. Por aquel entonces, las fronteras del misterioso imperio nipón estaban completamente cerradas a los extranjeros, excepción hecha de los protestantes holandeses, con los que los japoneses mantenían unas fluidas relaciones comerciales.

No había otra: si alguien quería entrar en Japón tenía que hacerse pasar por holandés. Thunberg puso manos a la obra. Tras pasar una temporada estudiando en los jardines botánicos y los museos de Ámsterdam y de Leiden, que aprovechó para tejer una red de relaciones científicas y políticas, en diciembre de 1771 partió de Ámsterdam como médico a bordo de un buque de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Llegó a la provincia del Cabo, entonces en una colonia de los Países Bajos, dónde permaneció tres años para estudiar su flora y aprender el idioma.

Luego viajó a Japón, donde llegó en agosto de 1775. Trabajó como cirujano en el puesto comercial de la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales situado en la bahía de Nagasaki, en la minúscula isla artificial de Dejima (del tamaño de un campo de fútbol), conectada a tierra por un dique de tierra controlado por los funcionarios japoneses que aplicaban normas estrictas de confinamiento a los empleados holandeses.
A mediados de 1776, Thunberg se las apañó para acompañar al director de la colonia en una visita comercial al sogun de Edo (el antiguo nombre de Tokio). Durante este largo viaje pudo colectar numerosas plantas, pero como no podía salirse de las rutas establecidas, la mayor parte de las que pudo observar y herborizar fueron las que crecían en las orillas de los caminos y de los campos de labor. A lo largo de esos caminos crecía constantemente un arbusto de hermosas florecitas al que los guías japoneses llamaban con el nombre popular chino Nandin, “planta del sur”, pues se sabía que prosperaba por los confines meridionales de China continental hasta las faldas del Himalaya.
Figura 3
Cuando regresó a Upsala, Thunberg se dedicó a ordenar sus colecciones y a escribir los resultados de sus expediciones botánicas que plasmó, entre otras, en dos tratados monumentales, Flora Capensis (1807-1823) y Flora Japonica sistens plantas insularum Japonicarum (1784). Los nuevos géneros que encontró en sus viajes los publicó en otra obra, Nova Genera Plantarum, publicada en varios volúmenes, el primero de los cuales vio la luz en 1781 y en cuya página 14 comienza la descripción del nuevo género, Nandina (Figura 3), que su autor adoptó siguiendo el nombre popular de la planta.
Figura 4
Nandina, cuya única especie conocida es Nandina domestica, que se comercializa en todo el mundo con el nombre de “Bambú sagrado”, es un arbusto perennifolio erecto de hasta 3 m de altura, poco ramificado y carente de cualquier pilosidad. Tiene hojas pecioladas alternas de 50-100 cm de largo; son compuestas (dos o tres veces pinnadas) con folíolos, elípticos a ovados o lanceolados y de márgenes enteros, de 2-10 cm de largo por 0,5-2 cm ancho y con los peciolos y peciolulos hinchados en sus bases (Figura 4). Aunque son de color verde oscuro por el haz y de un verde muy pálido por el envés, frecuentemente aparecen teñidas de rojo (Figura 5) cuando son muy jóvenes o viejas.
Figura 5. Bayas y hojas teñidas de rojo de Nandina domestica.
Las inflorescencias, muy abiertas (panículas) y erectas, presentan numerosas flores hermafroditas con varios sépalos muy pequeños y caedizos de color blanco rosado y superpuestos unos a otros como las tejas de un tejado, pero en espiral (Figura 6), y seis pétalos de unos 4 mm de largos, blancos, que primero aparecen en horizontal para luego doblarse hacia abajo (retrorsos) (Figura 7). El androceo tiene seis estambres, mientras el gineceo tiene un único ovario de forma elipsoide con estilo corto. Los frutos son bayas globosas de 5-10 mm de diámetro y de un color rojo brillante cuando maduros, con 1-4 semillas discoidales.
Figura 6
Todas las partes de la planta son venenosas (contienen cianuro de hidrógeno) y podría llegar a ser fatal si se ingiere. La planta está situada en la categoría 4ª de Toxicidad, la categoría que "generalmente se considera no tóxica para los seres humanos". Sin embargo, las bayas se consideran tóxicas para los gatos y el ganado menor. Las aves generalmente no se ven afectadas por estas toxinas y dispersan las semillas a través de sus excrementos.
Figura 7
Las bayas también contienen alcaloides tales como nantenina, que se utiliza en la investigación científica como un antídoto contra la MDMA, la droga conocida como éxtasis. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

viernes, 5 de junio de 2020

Avanza la primavera: florecen las hortensias


Las hortensias son arbustos muy populares tanto como setos de bajo crecimiento como en macetas, lo que probablemente se debe a sus grandes e impresionantes grupos de flores blancas, azules o rosadas.

En 1753, las hortensias fueron incluidas por el botánico sueco Carlos Linneo en el género Hydrangea, que agrupa un conjunto de plantas nativas del sureste de Asia y de Norteamérica. La mayoría son arbustos de entre uno a tres metros de altura; algunas son árboles pequeños y otras son lianas que pueden alcanzar los treinta metros trepando por los árboles. Pueden ser de hoja caduca o de hoja perenne, aunque las que se cultivan suelen ser especies de clima templado que pierden la hoja durante el invierno.

Linneo eligió el nombre del género porque el fruto de las hortensias (Figura 2) le recordó -debo decir que con mucha imaginación- a los antiguos odres, esos recipientes hechos de cuero, generalmente de cabra, que, cosidos y pegados por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, sirven para contener líquidos, como vino o aceite, y otras sustancias, como mantequilla y queso. El nombre genérico Hydrangea se compone de las palabras griegas hydor que significa agua, y aggeion que significa odre. El nombre es conveniente por otra razón que conocen bien quienes las cultivan en su jardín. Las hortensias consumen grandes cantidades de agua. 

Figura 2. Frutos de Hydrangea febrifuga. Foto
Desde que Linneo nombró el género, se han descrito más de 200 especies diferentes de hortensias. La mayor parte de las que se cultivan en jardinería son variedades de la misma especie, Hydrangea macrophylla, en particular las conocidas “pompón”, “diadema” o “montana”. En la Figura 3 aparecen esas variedades junto a otras tres especies menos frecuentes, pero también muy apreciadas como ornamentales. Para intentar explicar las curiosas flores de las hortensias en este artículo me centraré en las hortensias de tipo “diadema”.

Figura 3. Haz clic para aumentar el tamaño. 
Las características principales de una hortensia diadema (hay quien prefiere llamarla de encaje) se pueden ver en las imágenes que siguen. Lo primero que hay que tener en cuenta es que las flores de las hortensias se agrupan por docenas en conjuntos a los que llamaré inflorescencias. Las inflorescencias son muy llamativas con objeto de atraer la atención de los animales polinizadores.

Alrededor del margen de la inflorescencia se sitúan lo que parecen ser varias flores grandes (de dos a tres centímetros de diámetro) y llamativas (Figura 4). En realidad, lo más vistoso de esos simulacros de flores no son verdaderas piezas florales (pétalos o sépalos), sino hojas modificadas o brácteas (Fig. 4:1), cuyo papel biológico es servir a modo de los letreros de neón: llamar la atención. En el centro de esa brácteas hay unas flores minúsculas y estériles que no se abren (Fig. 4:2). 

Figura 4. Haz clic para aumentar el tamaño.
La esfera central de la inflorescencia consta de muchas flores pequeñas (de dos a cuatro milímetros), poco llamativas pero fértiles (Fig. 4:3). Observe que las brácteas que rodean a las flores estériles tienen un gran centro de color beis blanquecino, que hacia el exterior se tiñe de un azul más intenso. Puede verse también que los botones florales centrales fértiles también mutan de beis a azul a medida que maduran. Las imágenes muestran la maduración al azar de esos brotes centrales. Observe en la Fig. 4:4 que la parte inferior de la bráctea de una flor estéril es de color más claro que su parte superior, algo que se entiende perfectamente si se tiene en cuenta que esa parte inferior no necesita llamar la atención de los polinizadores.

Figura 5. Haz clic para aumentar el tamaño
Las hortensias tienen tallos leñosos muy duros en su base, pero pasan a ser verdes y carnosos (Fig. 5:4) cerca del origen de donde surgen los pedúnculos que sostienen las flores (Fig. 5:5). Observe el área de transición roja y los originales tallos azules debajo de las flores.

Figura 6. Haz clic para aumentar el tamaño.
Ahora veamos las flores fértiles que forman el centro de la inflorescencia acabezuelada (Figura 6). Aunque a simple vista las pequeñas flores parecen bastante vulgares, cuando se ven de cerca muestran su eficacia. Mientras están en forma de botón (brote o yema); las cinco piezas que componen esos brotes (tépalos) parecen los lóbulos de una calabaza (Fig. 6:1). A medida que se desarrolla cada yema (Fig. 6:2), crece en tamaño y pasa desde el color beis blanquecino hasta el color azul final (Fig. 6:3).

Figura 7. Haz clic para aumentar el tamaño.
Cuando los brotes comienzan a florecer, los tépalos van separándose como los brazos de una estrella de mar. Al cabo de una semana más o menos, en el centro de la pequeña abertura se ven muchas anteras amarillas (Fig. 7:3; las anteras son los órganos productores de polen masculino) y el pistilo amarillo (la parte femenina, en cuyo interior están los óvulos). Con el aumento de la Figura 7 es difícil distinguir al estilo entre las muchas anteras.

Figura 8. Haz clic para aumentar el tamaño. 
La imagen a mayor aumento de la Figura 8 muestra que cada flor tiene 10 estambres, cada uno compuesto de un filamento (Fig. 8:1) y una antera formada por dos lóbulos. En las imágenes se ven las anteras ya abiertas con los granos de polen emergiendo por las fisuras por las que se rompen (Fig. 8:2), mientras que hay otras anteras que todavía no han madurado (Fig. 8:3). Los estambres rodean al ovario que está en el centro de la flor y tiene un estigma (donde se fijarán los granos de polen) formado por tres lóbulos (Fig. 8:4).

Figura 9. Haz clic para aumentar el tamaño.
En la Figura 9 se muestran imágenes microscópicas de una antera y de su filamento en un color más claro (izquierda) y del estigma trilobulado (derecha). 

Las flores pueden ser rosas, blancas, o azules, dependiendo en parte del pH del suelo. Las hortensias se cuentan entre las escasas plantas que acumulan aluminio. En suelos relativamente ácidos, con pH entre 4,5 y 5, la planta puede absorber el aluminio del suelo para producir flores azules; en suelos más alcalinos, con pH entre 6 y 6,5, el aluminio no se absorbe bien y las flores adquieren color rosa; y en suelos todavía más alcalinos con pH alrededor de 8, las flores serán blancas, lo que a menudo ocurre cuando se riegan con el agua potable de las ciudades que suele ser muy calcárea.

Se puede forzar la coloración rosada de las flores usando fertilizantes ricos en nitrógeno y fósforo y pobres en potasio, como nitrato de calcio, mientras que, si se desean flores azules, los fertilizantes tienen que ser ricos en potasio y pobres en nitrógeno y fósforo. La floración azul también puede necesitar el aporte de abonos acidificantes tales como sulfato amónico, nitrato amónico, sulfato potásico, etcétera. También se puede añadir sulfato de aluminio si las medidas anteriores son insuficientes. ©Manuel Peinado Lora. @mpeinadolorca.

Todas las imágenes, salvo la Figura 2, están tomadas de este enlace.