Páginas vistas en total

lunes, 15 de julio de 2019

El oscuro submundo de las trufas

Trufa blanca, Tuber magnatum

Las trufas son un gran negocio. Los sabrosos hongos están alcanzando precios récord, pero en el proceso también están atrayendo a los delincuentes que buscan mayores ganancias que las que se encuentran en el tráfico de drogas. Mientras que la oferta disminuye debido al cambio climático, en California comienzan a producir trufas en huertos convencionales.
Desde que el padre de la gastronomía moderna, Anthelme Brillat-Savarin, cantara las loas al que llamó ‘el diamante negro de la cocina’, este delicado producto no ha dejado de crecer en valor. Solo un par de virutas de trufas negras francesas pueden costar cientos de euros en un restaurante de París. Las trufas blancas de Italia pueden costar tres veces más. Robos de camiones, envenenamientos de perros y asesinatos se ocultan en el submundo del comercio de trufas. Un libro que me recomienda mi colega Jim Trappe, profesor de Botánica en Oregon State University y el mayor experto en trufas de Norteamérica, saca a la luz toda la mugre que rodea a este hongo tan preciado.
Trufa negra, Tuber melanosporum
Bajo el brillo de los chefs de tres estrellas y de las elegantes mesas de los mejores restaurantes del mundo, el negocio de las trufas está sujeto al robo, el secretismo, el sabotaje, el fraude y el cambio climático. Los agricultores franceses patrullan con escopetas sus campos de trufas negras y temen que los espías aprendan sus secretos comerciales. Los recolectores italianos de trufas blancas siembran albóndigas envenenadas para eliminar a los perros truferos rivales. Agregue a eso la llegada de las trufas chinas de baja calidad disfrazadas de sus primas europeas, y tendrá todos los elementos del problema. Los compradores ingenuos, pero también muchos expertos, son engañados por comerciales mentirosos y astutos falsificadores.
Aprovecho las trece horas de mi vuelo de regreso a Madrid desde Seattle para leer The Truffle Underground: A Tale of Mystery, Mayhem, and Manipulation in the Shadowy Market of the World’s Most Expensive Fungus [1] (Clarkson Potter, 2019), de Ryan Jacobs, un periodista de investigación que ha escrito una obra que explora en las interioridades de nuestra cultura gastronómica para iluminar la criminalidad oculta en el camino que, desde el bosque al mantel, desde el suelo hasta el plato, recorren las trufas para sostener una industria que descansa en la escasez de la oferta, la seducción de los poderosos, el engaño de los incautos y el dinero en negro que, como las drogas duras, se comercializa en aparcamientos oscuros y en las trastiendas de bares de carretera.
Además de contarnos todo eso, Jacobs intenta dar respuesta a una pregunta: Aparte del dinero, ¿qué atrae a la gente a estas joyas enterradas? ¿Por qué cuesta tanto que un chef ralle un poco de esos hongos bulbosos sobre un plato de pasta?
A diferencia de otros hongos cuyos cuerpos fructíferos (las setas) tienen un desarrollo epigeo, es decir, emergen del suelo cuando necesitan reproducirse, la mayoría de las especies de trufas son hipogeas, se desarrollan bajo tierra, y el suelo les brinda protección para producir y tiempo para madurar unas estructuras reproductoras que, en un primer vistazo, recuerdan a las papas, con la diferencia de que sus bulbosos cuerpos fructíferos rebosan de aroma y tienen un sabor complejo, estratificado y muy preciado por algunos.
El penetrante aroma de estos hongos a los que Nerón llamaba “manjar de los dioses” se debe precisamente a que viven sepultados. Los hongos se reproducen por esporas. Una seta epigea dispersa sus millones esporas con la ayuda del viento. Para dispersarla, un hongo hipogeo como la trufa necesita ser digerido por animales que terminarán depositándolas de nuevo en la tierra con la defecación. La supervivencia de las trufas está, pues, ligada animales con olfato desarrollado como perros, zorros, jabalíes o cerdos.
La trufa negra francesa o trufa de Périgord (Tuber melanosporum) se lleva la fama, pero su majestad la trufa blanca del Piamonte (Tuber magnatum) desbanca a la negra en aroma y exclusividad, y su precio llega a ser diez veces superior, hasta el punto de que fueron calificadas como "la comida más cara del mundo" por 60 minutos en 2012. Además de su delicado aroma y su exquisito sabor, otra razón de su altísimo precio radica en que es silvestre: para desarrollarse debidamente necesita de un hábitat muy concreto que el hombre no ha conseguido reproducir artificialmente. «Nadie sabe cómo hacerlo exactamente», dice Jinm Trappe.
La trufa crece mejor bajo ciertos árboles, sobre todo bajo robles, encinas y avellanos. Necesita un clima templado y húmedo en verano y lluvioso en otoño, que se combine bien con una orografía adecuada: suelos calizos y con una altitud entre los 1.000 y los 1.300 metros. Sabemos que los perros o los cerdos pueden olfatearlos cuando están maduros. Pero más allá de algunas cosas básicas, los detalles aún no están claros. Cultivar en laboratorio y obtener ejemplares de primera calidad es misión imposible. Para complicar las cosas, a algunos vendedores tradicionales de trufas en Italia y Francia les gusta que piensen que las únicas variedades "auténticas" solo se pueden cultivar en su suelo.
Stacy O'Toole con sus dos perros truferos de raza Lagotto Romagnolo.
Con los precios que alcanzan, no puede extrañar las medidas que adoptan para protegerlas quienes las producen o las recolectan. Cuando Ryan Jacobs investigaba en el mercado del hongo más caro del mundo, encontró muchos misterios sin resolver. Hubo un asesinato, algunos robos, y un escándalo global de falsificaciones en la producción comercial. En ese entorno, las empresas han tenido que comprar equipos de seguridad especiales para evitar que los ladrones se metan en sus almacenes de trufas. Los perros que las descubren con su prodigioso olfato se enfrentan a la amenaza del veneno de los cazadores rivales. Productores afamados han sido sorprendidos por la policía haciendo lo que hacen los narcos con la cocaína y la harina: mezclando trufas chinas (con otras de la mayor calidad.
Aunque cultivar trufas blancas sea difícil, no es imposible. Las trufas se pueden plantar masivamente en huertos. Staci O'Toole, que las cultiva en su finca vinícola de Santa Rosa, California, es parte de un grupo creciente de productores de trufas en los Estados Unidos. Como sucedía hace años con los primeros productores californianos de vinos, que nadie creía que pudieran producir caldos de calidad similar a los franceses, Staci está cultivando trufas de la máxima calidad, las negras Périgord, que en nada desmerecen a las originales francesas y de hecho han desplazado a las trufas francesas e italianas en las preferencias de los chefs locales.
Oliendo tierra debajo de un avellano para detectar el aroma de las trufas nacientes.
En uno de esos luminosos días de primavera del valle de Sonoma, O'Toole, que organiza visitas guiadas a su pago, saca sus perros truferos con pedigrí para inspeccionar una parte de su finca plantada con avellanos  en cuyas raíces prosperan las trufas como micorrizas. Mila, la más experimentada de los perros de raza Lagotto Romagnolo, lleva la iniciativa. Panettone, un perro joven todavía inexperto, la sigue de cerca entrenamiento, muy cerca. La pareja examina el huerto con entusiasmo. Varios olfateos rápidos en la base de un avellano son suficientes para saber si una trufa se esconde debajo. Peinan varias hileras de árboles sin suerte antes de que Mila salte y patee el suelo: es la señal para comenzar a cavar. O'Toole usa una delicada paleta de trufa, una herramienta que se parece más a una daga sin filo que a una pala, para remover el suelo con delicadeza, acercando el rostro al suelo de cuando en cuando para olfatear su tesoro. Puede saber si hay una trufa porque hará que su boca salive, dice, rebosando optimismo.
En las fincas de Sonoma, California, comienzan a cosechar las primeras trufas.
A miles de kilómetros de distancia, en las colinas de la provincia de Perugia, Italia, reside la mayor comercializadora de trufas negras, Olga Urbani, cuya compañía controla el 70% del comercio trufero mundial. Urbani cuenta que la producción de trufas está en declive. La cosecha anual de trufas era de 2.000 toneladas hace un siglo. Hoy en día, es de tan solo 30 toneladas al año. Según Urbani, necesitaría comercializar cien toneladas diarias para satisfacer la demanda.
Por si eso fuera poco, una reciente investigación publicada el pasado mes de marzo en la revista Science of the Total Environment indica que el cambio climático es una de las razones principales de la creciente rareza de las trufas. La ola de calor de 2003 en Francia acabó con las tres cuartas partes de las trufas del país, y la producción no se ha recuperado. Para ayudar a que crezcan las trufas, Francia está plantando cientos de miles de árboles al año, intentando crear un ambiente más estable para que crezcan los hongos.
Los delincuentes se han aprovechado de los altos precios para exprimir el mercado. El famoso chef francés Bruno, que usa cinco toneladas de trufas al año, cuenta en el libro que los ladrones robaron recientemente 200 kilos de trufas de su restaurante. Otros criminales han cometido asesinatos por trufas, o han robado valiosos perros truferos. En un documental muy difundido de 60 minutos aparecen imágenes de tratos callejeros del mercado negro por valor de decenas de miles de euros.
Mientras tanto, China está desembarcando en el mercado de la trufa, vendiendo trufas de calidad muy inferior, que se cosechan alas bravas con un rastrillo, a unos cincuenta euros el kilo. La trufa china es inodora e insípida dice Bruno; Urbani dice que saben a madera y que algunos vendedores sin escrúpulos están mezclando trufas francesas, italianas y chinas para aumentar sus ganancias. Otros están etiquetando tramposamente sus productos, vendiendo trufas chinas como trufas francesas.
Lo de siempre: gato por liebre. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[1] La trufa subterránea: una historia de misterio, caos y manipulación en el sombrío mercado del hongo más caro del mundo.

viernes, 12 de julio de 2019

Plantar más de 500.000 millones de árboles: nuevo reto contra la crisis climática

Las zonas más verdes son las zonas con más potencial de ser reforestadas, según el estudio.

La forma más eficaz, rápida y barata de hacer frente a la crisis climática podría ser plantar árboles. Eso sí, muchos árboles: 500.000 millones de nueva plantación. Un estudio publicado el pasado 4 de julio en Science indica que existe espacio suficiente para incrementar en un 25% la superficie forestal terrestre y reducir así, en un 25% (respecto a la cifra actual) los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.
Estos son los cálculos que se exponen en un estudio publicado por un equipo liderado por investigadores del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich. Los mapas y modelos generados por este equipo formado por expertos de Suiza, Italia y Francia indican que existe superficie suficiente para incrementar la masa forestal en un 25% sin que ello represente perjuicios irreversibles para la producción agrícola o los ecosistemas naturales.
La propuesta es ambiciosa pero posible, y además podría ser la más “barata” si se compara con otras propuestas para reducir a gran escala la presencia de GEI en la atmósfera. En casos como este, las cifras son tan altas que inducen a engaño. Para tener una referencia se debe recordar que, según los cálculos de diversos estudios anteriores, en todo el planeta viven en la actualidad unos tres billones de árboles.
La investigación se basó en la medición de la cubierta forestal real y potencial en 80.000 imágenes de alta resolución de Google Earth. La informática combinó entonces estos datos con diez factores clave de suelo, topografía y clima para crear un mapa global de dónde podrían crecer los árboles, al tiempo que se mantiene espacio para las personas (agricultura y zonas urbanizadas) y los ecosistemas naturales.
Esto mostró que alrededor de dos tercios de toda la Tierra -8.700 millones de hectáreas- podían sostener bosques y que 5.500 millones ya los sostienen. De los 3.200 millones sin árboles, 1.500 millones se utilizan para el cultivo, lo que deja 1.700 millones de hectáreas de tierra forestal potencial en áreas que antes estaban degradadas o escasamente vegetadas, en las que podrían crecer 1.200.000 árboles autóctonos. Esa superficie es aproximadamente el 11% de toda la Tierra y equivale al tamaño de los Estados Unidos y China juntos. Las áreas tropicales podrían tener una cubierta de árboles del 100%, mientras que otras estarían más escasamente cubiertas, lo que significa que, en promedio, aproximadamente la mitad del área estaría bajo cubierta forestal. 
Pero teniendo en cuenta que muchas de las zonas susceptibles de ser reforestadas están actualmente dedicadas al ganado, los investigadores han hecho sus cálculos considerando cubiertas forestales muy abiertas, de tipo dehesa, en las zonas de pastoreo actuales, en las que algunos árboles también podrían beneficiar al ganado.
En el resumen de su estudio, los autores se limitan a proponer un incremento del 25% la superficie forestal, una acción que podría tener como resultado la captura de 200 gigatoneladas adicionales de carbono que quedaría retenido en la madera y, por tanto, dejaría de estar en la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
La propuesta de plantación masiva de árboles, sin embargo, no sustituye al hecho de que es necesario dejar de quemar combustibles fósiles, las causas principales del calentamiento global. Tampoco parece realista pensar que repentinamente todo el mundo empezará a plantar árboles frenéticamente, aunque de forma local ya se están poniendo en práctica experiencias de este tipo.
Las seis naciones más grandes del mundo, Rusia, Canadá, China, Estados Unidos, Brasil y Australia, contienen la mitad de los posibles sitios de restauración. Ya existen iniciativas de plantación de árboles, incluido el Desafío Bonn, respaldado por 48 naciones, destinadas a restaurar 350 millones de hectáreas de bosque para 2030. Pero el estudio muestra que muchos de estos países se han comprometido a restaurar menos de la mitad de las zonas que podrían sostener nuevos bosques.
Australia ha decidido plantar 1.000 millones de árboles desde ahora y hasta el 2050 con el objetivo de combatir el cambio climático, según informó el pasado mes de febrero. El gobierno australiano calcula que gracias a esta iniciativa se eliminarán 18 millones de toneladas al año de gases de efecto invernadero y Australia conseguirá reducir sus emisiones en los porcentajes y los tiempos requeridos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático .
En 2007 Naciones Unidas lanzó la iniciativa Billion Tree Campaign. Cuando a primeros de año se anunciaron en la prensa los cálculos ahora publicados en Science, Naciones Unidas amplió su objetivo y la campaña se rebautizó como Trillion Tree Campaign). Gracias a la campaña iniciada en 2007, hasta el momento se han plantado más de 17.000 millones de árboles en todo el mundo. © Manuel peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Plantas ratón y moscas de los hongos


La planta ratón (Arisarum proboscideum) tiene una maravillosa estrategia de polinización con la que engaña a las moscas haciéndose pasar por un hongo.
La planta ratón es autóctona de Italia y España, donde es relativamente común en bosques sombríos. Florece en primavera y alcanza su punto máximo de floración alrededor de abril. Se ha ganado el nombre común gracias al largo apéndice con forma de cola de ratón que se forma al final de la espata. Esa "cola" es la única parte de la inflorescencia que sobresale por encima de sus hojas sagitadas. El resto de la estructura floral o inflorescencia se presenta cerca del nivel del suelo, semioculta por las hojas. Desde la estatura y posición, hasta su color, textura e incluso el olor, todo lo relacionado con la inflorescencia está orientado para mimetizar a los hongos.
La planta del ratón es polinizada por las moscas del mantillo o mosca esciárida (familia Sciaridae) unos dípteros cuyas larvas son ávidas devoradoras de materia orgánica en general y de hongos en particular, y de ahí que algunos entomólogos prefieran llamarlas mosquitos de los hongos. Sin embargo, no les ofrece ninguna recompensa. En cambio, ha evolucionado un engañoso síndrome de polinización que aprovecha una necesidad que todos los seres vivos se esfuerzan por alcanzar: reproducirse. Para atraer a las moscas del mantillo, la inflorescencia de la planta de ratón produce compuestos que huelen a hongos. Atraídos por el olor, los insectos utilizan la proyección en forma de cola de la espata como una especie de carretera que los lleva al interior de la inflorescencia.
Una vez que los dípteros localizan la inflorescencia, se les antoja que están ante algo de color y apariencia de hongo. La única abertura en la espátula protectora que rodea el espádice y las flores es un agujero pequeño y oscuro que se abre hacia abajo. Esto es similar a lo que un insecto amante de los hongos esperaría del pequeño sombrerillo de una seta. Al entrar, los mosquitos de los hongos son recibidos en el extremo del espádice, un apéndice que se asemeja a la textura y al microclima de la parte inferior de un hongo.
Esto es exactamente lo que las moscas están buscando. Después de una ronda de cortejo y apareamiento, las hembras se ponen manos a la obra poniendo huevos en la punta del espádice. Aparentemente, las señales táctiles son tan similares a las de un hongo que los insectos simplemente no se dan cuenta de que están cayendo víctimas de una argucia. Después de la eclosión, las larvas no serán recibidas con una comida en forma de hongo. En cambio, morirán de hambre dentro de la inflorescencia que se marchita. El trabajo de los mosquitos de hongos adultos no ha terminado en este momento. Para lograr la polinización, la planta debe engañarlos para que entren en contacto con las flores.
Tanto las flores masculinas como las femeninas se encuentran en la base de la inflorescencia. Como se puede ver en las imágenes, la espata que rodea la inflorescencia es de dos colores: marrón oscuro en la parte superior y blanco translúcido en la parte inferior. Las flores están dentro de la parte de la espata que es de color blanco. Después de aparearse, las moscas se dirigen hacia la luz. Sin embargo, debido a que la abertura en la espata apunta hacia abajo, la parte iluminada de la inflorescencia está abajo en la parte inferior, donde se encuentran las flores.
Confundidos por la artimaña, los insectos se sumergen más profundamente en la inflorescencia y entran en contacto con las flores. Las flores masculinas y femeninas maduran al mismo tiempo. De esa manera, si las moscas visitantes transportan polen procedente de un encuentro anterior, lo depositarán en las flores femeninas y recogerán a la vez el polen de las flores masculinas. Se ha observado hay muy pocos mosquitos de hongos dentro de una inflorescencia en un momento dado, por lo que es lógico pensar que con un poco de esfuerzo pueden escapar y con algo de suerte (al menos para la planta) repetirán de nuevo el proceso con ejemplares vecinos.
La planta ratón no es autofértil, por lo que solo el polen de otros individuos polinizará con éxito las flores femeninas. Esto podría ser un problema si no fuera por el hecho de que también se reproducen vegetativamente. A menudo, las grandes poblaciones de plantas ratón están formadas por clones de un solo individuo. Esta puede ser la razón por la que las tasas de reproducción sexual en la naturaleza suelen ser muy bajas, entre el 10 y el 20%. Sin embargo, debe funcionar en algunas ocasiones, porque, de lo contrario, ¿para qué habría evolucionado una forma tan sofisticada de polinización? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Lecturas de ampliación (1, 2).

Plaza del Padre Lecanda: El aroma de los tilos


Hace dos años La Luna de Alcalá narraba el perfume denso y dulzón que emiten los tilos de la alcalaína plaza del Padre Lecanda. Como pueden ver en la foto de cabecera, árboles, lo que se dice árboles (y con ello descarto a los acebos arbustivos piramidales que, rodeados de lirios azules, crecen sobre varios parterres elevados), en la plaza hay tilos y magnolios. De los segundos me ocupé en un artículo anterior, así que ahora les hablaré de los tilos y de su aroma embriagador, el cual -a más de cautivar al paseante- cumple una función biológica esencial.
Los tilos pertenecen al género Tilia, dentro del cual se reúnen una treintena de especies arbóreas nativas de las regiones templadas del hemisferio Norte, algunas de las cuales se cultivan desde antiguo como ornamentales, sobre todo como árboles de sombra [1]. Los tilos de la plaza del Padre Lecanda, los de la plaza de San Diego y todos los alineados en ambas aceras de la Vía Complutense entre la Puerta del Universo y el entronque con la rotonda de acceso al distribuidor de la N-II, son Tilia platyphyllos. 
Izquierda: Hojas, brácteas, pedúnculos y frutos de Tilia platyphyllos (foto). Derecha: ilustración del libro de Johann Georg Sturm Deutschlands Flora in Abbildungen (1795). a, ramita del año con hojas y brácteas; b, flor; c, dos estambres fértiles y uno estéril (estaminodio); d, ovario piloso con estilo columnar y estigma pentalobulado; e, corte transversal de un ovario mostrando los cinco óvulos; f, dos frutos en el extremo del pedúnculo bifurcado. Los frutos muestran cinco costillas que se unen en la base del estilo ya caído; g, semilla; h, corte de la semillas mostrando el embrión en amarillo rodeado por el endosperma rico en aceites de reserva.
Empezaré por decir que los tilos, unos árboles voluminosos de crecimiento lento, que llegan a vivir hasta 900 años erguidos sobre fustes rectos de hasta un metro de diámetro que les permiten alcanzar entre veinte y cuarenta metros de altura, presentan hojas anchas y acorazonadas, con los bordes aserrados, amén de tiernas y caedizas, lo que quiere decir que los tilos son árboles caducifolios que tiran las hojas en otoño antes de entrar en el letargo invernal, durante el cual los árboles hacen como los osos o las marmotas: reducen su actividad vital al mínimo.
Los tilos poseen flores verdaderas y de ahí su adscripción botánica al evolucionado grupo de las Angiospermas, las plantas con flores. Como puede verse en la fotografía adjunta, los tilos presentan flores completas, esto es, tienen todo lo que puede tener una flor: sépalos, pétalos, estambres (partes masculinas) y ovario (parte femenina). Dado que los tilos reúnen ambos sexos sobre la misma flor, decimos de las flores que son hermafroditas.
Inflorescencias de Tilia platyphyllos. 1, brácteas. 2, pétalo. 3, sépalo, nótese la mancha verde del nectario en su base.4, estambres. 5, ovario con estilo columnar y estigma terminal. 6, detalle del estilo y el estigma. 7, fruto casi maduro mostrando las costillas.
Observe también en la fotografía que las flores no van aisladas, sino que se disponen en grupos (inflorescencias) que reúnen desde un par de ellas hasta cuarenta, como ocurre en algunos gigantescos tilos americanos. En Tilia platyphyllos suele haber entre dos y tres flores. La inflorescencia está anclada por un pedúnculo al centro de una bráctea, una hoja modificada membranosa y persistente que recuerda la forma de una estrecha ala. Las fragantes flores son de color blanco amarillento, con cinco sépalos, otros tantos pétalos y muchos estambres. En el centro de la flor se dispone el ovario, formado por tres o cinco piezas (carpelos). Después de la fecundación, el ovario se transforma en un fruto ovoide, en cuyo exterior pueden verse tres o cinco costillas, tantas como carpelos. Si se fragmenta el fruto, en su única cavidad interior aparecerán entre una y tres semillas almacenadoras de aceite.
Los lirios (Iris germanica), tapizan los parterres de la plaza del Padre Lecanda
Recordemos que en las plantas la fecundación ocurre después de un proceso que se conoce como polinización. Básicamente, la polinización puede ser de dos tipos. Cuando el polen de una planta fecunda a los óvulos de sus propias flores, hablamos de autopolinización. La autopolinización favorece la endogamia y, por tanto, limita la variación genética necesaria para la mejora de las poblaciones. Hablamos de polinización cruzada cuando ocurre entre individuos genéticamente diferentes. Este tipo de reproducción favorece la producción de individuos genéticamente nuevos y, por ende, la generación constante de variabilidad genética en las poblaciones.
Cuando los sexos están separados en dos individuos diferentes, como ocurre en la mayoría de los animales y en una buena parte de las plantas, no hay problema: la polinización cruzada es obligada. Ahora bien, cuando los dos sexos coinciden sobre el mismo individuo y más aún cuando -como ocurre en los tilos- están juntas en la misma flor, las plantas han desarrollado mecanismos que favorecen la polinización cruzada. En los tilos son de dos tipos: temporales y espaciales.
Aunque los estambres y los ovarios estén situados en la misma flor y tan próximos que parecen favorecer la autopolinización, los tilos reducen el riesgo con un ingenioso mecanismo temporal. Cuando la flor se abre, los estambres maduran primero y liberan el polen. Mientras esto ocurre, los ovarios van madurando poco a poco. Al cabo de un día, los estambres habrán liberado todo el polen y los ovarios, ahora ovulados, estarán listos para ser fecundados … por el polen de otros ejemplares de la misma especie.
Por si fuera poco, este mecanismo temporal para limitar la autopolinización se completa con otro de tipo de impedimento espacial: procuran que, dentro del limitadísimo espacio de cada flor, los estambres estén separados (en la medida de lo posible) de los ovarios. Una vez abiertas las flores, los sépalos, los pétalos y los estambres se pliegan gradualmente hacia atrás y los últimos se alejan de la superficie receptiva del ovario, el estigma.
Si la autofecundación está limitada y el polen ha de ser llevado de un árbol a otro, ¿cómo se transporta? Los tilos, como muchas otras plantas, son entomófilos, lo que quiere decir que el transporte del polen lo realizan insectos (entomon, en griego). El transporte no es gratuito. En primer lugar, los transportistas tienen que resultar atraídos y, después, deben ser recompensados, porque de lo contrario no volverán por allí. Atracción y recompensa: aquí es donde entran en juego colores, olores y sabores.
Fíjense en que las flores de los tilos son pequeñas y poco vistosas. Si se trata de atraer llamativamente a los polinizadores, esas modestas flores no pueden competir visualmente con la abigarrada exhibición floral de rosas, romeros, salvias o magnolias. Para compensar la moderada vistosidad, entran en juego las brácteas que sustentan las inflorescencias.
Un abejorro (Bombus terrestris) libando en una flor de Tilia cordata. Foto
Por lo general, las brácteas se han considerado como unas herramientas a modo de “alas” para ayudar a la dispersión de los frutos. Sin embargo, basta con caminar alrededor de un tilo para darse cuenta de que los relativamente pesados frutos casi nunca están alejados de su progenitor y que con frecuencia los frutos se caen, dejando a las brácteas colgando sobre el árbol desprovistas de frutos. Yo mismo he comprobado cómo el suelo inmediatamente debajo de los árboles aparece prácticamente cubierto por frutos que han caído libres de brácteas. Además, basta lanzar al aire algunas brácteas con los frutos adheridos para ver que aportan poca flotabilidad a los frutos.
Sin descartar un papel muy limitado a la dispersión de frutos y semillas, para lo que necesitaría emprender algunos experimentos de campo, en mi opinión las brácteas pueden actuar como "banderas" que atraen a los polinizadores, especialmente a los polinizadores nocturnos, hasta las inflorescencias. Si se observan a la luz de la luna o a la luz de una farola, puede verse fácilmente que las brácteas destacan nítidamente entre conjunto del follaje sobre todo si la brisa nocturna las agita.
Un abejorro (Bombus hypnorum) libando en una flor de Tilia cordata. Nótese a la izquierda el fruto con cinco carpelos. Fuente.
Las flores de los tilos tienen dos tipos de glándulas. Unas, invisibles, pero tan numerosas que tapizan la epidermis de los pétalos, los osmóforos, están formadas por células en las que se elaboran las sustancias volátiles que producen el aroma de las flores. Aunque las flores siempre emiten un dulce aroma muy característico, la fragancia se hace más intensa al atardecer, porque su principal misión es atraer olfativamente a los insectos nocturnos. Durante el día son también un poderoso reclamo para otros insectos especializados en captar olores: las moscas.
Más vistosas son las agrupaciones celulares productoras de néctar, los nectarios, que pueden verse en la base de los sépalos. En ellos se produce el dulce y altamente nutritivo néctar en cantidades suficientemente grandes para poder verlos a simple vista y notar su sabor dulce al acercar una flor a la lengua. Mientras que las flores están abiertas, reciben la visita de una amplia gama de especies de insectos, principalmente abejas y moscas durante el día, y de pequeñas polillas nocturnas después del atardecer; unos y otros son atraídos por el ondear de las brácteas a modo de vibrantes estandartes y por la fragancia emitida por las flores. Una vez en ellas, liban ávidamente el néctar y se marchan cargados con el polen que horas después, una vez maduras las piezas femeninas, depositarán sobre los estigmas. La siguiente generación, encerrada en las semillas, está garantizada.
Estandartes que se agitan al viento, fragancias embriagadoras, dulces recompensas ¿hay insectos que resistan la oferta? Ó  Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[1]  En la mitología griega se dice que Júpiter transformó a Filemón en roble y a su esposa, Baucis, en tilo. Ambos árboles crecerían eternamente juntos como expresión del amor que se tenían ambos ancianos. Por ello los tilos simbolizan el matrimonio. También la mitología narra al centauro Quirón, hijo de Saturno y de Philyra, quien al ver el monstruo engendrado en su viento le suplicó a los dioses que no la dejasen entre los mortales y fue transformada en tilo.
El nombre genérico Tilia, es la antigua denominación grecolatina empleada por Virgilio y Plinio para designar a estos árboles. Quizás el nombre tenga algo que ver con el griego tilos, fibra. Hay quienes sostienen que la denominación procede del término latino lentus, que significa calmar, aliviar, apaciguar, del que habría derivado los nombres comunes lind en alemán y linden en inglés.
Los historiadores de la antigüedad Teofrasto y Plinio se ocuparon de los tilos y de sus utilidades. Según Plinio, la madera servía para hacer escudos y aperos de labranza, y la corteza se empleaba para hacer grandes cestos con el fin de transportar el trigo y las uvas. Antiguamente se escribía sobre las capas más finas de la corteza interior, el liber, que en griego se llamaba phylira. Con las fibras de la corteza se tejían alfombras y se hacían calzados y cuerdas. El célebre médico griego Galeno indicó que poseía obras de Hipócrates, con más de 300 años de antigüedad, realizadas sobre corteza de tilo.
Los tilos han sido cultivados desde los tiempos antiguos, primero por los griegos y después los romanos, generalmente por proporcionar buena sombra y por considerarlos árboles sagrados. Son muy estimados en los países del centro de Europa, incluso en algunos es considerado como símbolo como en Eslovenia y Hungría. El rey francés Luís XIV estableció la costumbre de orlar con tilos las avenidas de entrada a los castillos. En Holanda y Alemania se encuentran los mejores ejemplares de tilo del mundo. En el poema épico alemán Los Nibelungos, al héroe Sigfrido se le adhirió una hoja de tilo mientras se bañaba para hacerse inmune a las armas, y precisamente fue allí donde se le produjo la herida que le ocasionó su muerte.
En España se introdujeron en los parques y jardines en el primer tercio del siglo XVIII. La tila, la flor seca, se aplica a modo de tisana empleada específicamente como sedante dada su probada capacidad de calmar la excitación nerviosa. 

lunes, 8 de julio de 2019

Madrid Central. La Revancha (por Jesús Mª Gallego)


En una impactante serie de fotografías que se difundieron ayer, el postalcalde Almeida y la subalcalde Villacís sonríen exultantes ante la retirada de los maceteros que en la calle Galileo de Madrid operaban como reguladores en la batalla que en el centro de la ciudad sostenemos los que vivimos ahí, e ingenuamente tratamos de respirar un aire de cierta calidad, y los que anteponen su derecho fundamental a circular con su automóvil por donde su sacrosanta libertad les dé a entender.
Las sonrisas de la foto son las sonrisas del redentor, del que ha liberado a sus súbditos de toneladas de represión izquierdista, esta vez en forma de maceteros, y ha restituido al automovilista lo que es del automovilista.
Muy educativas esas fotos. Sugiero otras.
Almeida y Villacís sonriendo en una estación de metro mientras aplican un buen recubrimiento de amianto a un vagón de la línea 1.
O Almeida y Villacís sonriendo mucho mientras arrancan juntos una de esas pegatinas que dicen en las cajetillas de tabaco que fumar mata y la sustituyen por otra con princesas Disney.
O, por qué no, Almeida y Villacís, sonriendo muchísimo mientras sustituyen señales de limitación de velocidad en carretera por mensajes del tipo “que nadie se atreva a poner límites a tu libertad”.
O, también me vale, Almeida y Villacís matándose a carcajadas mientras suprimen las pulseras telemáticas que restringen a los machistas maltratadores la posibilidad de acercarse a sus víctimas; total, están basadas en la dictadura de género impuesta por las feminazis, que cada uno se acerque a donde quiera.
Lo sé, son caricaturas, cuesta creer que abogados del estado con educación del colegio Retamar puedan adoptar medidas así, pero la cruda realidad es que un abogado del estado con educación del colegio Retamar y licenciatura en Icade y oposición premium ha firmado un documento para revertir Madrid Central.
Algunos ingenuos creían que no se iba a atrever porque desde hace unos meses se respiraba mejor, se circulaba con más fluidez, había menos ruidos y las propias asociaciones de comerciantes estaban reconociendo que, tras el pequeño desconcierto de las primeras semanas, la medida no había sido, ni mucho menos, perjudicial para sus intereses. Las mediciones de salubridad del aire son categóricas: el mejor junio en muchos años, y casi sin lluvia.
Pero sí, claro que se ha atrevido, con la ayuda inestimable del partido que dice que está ahí para regenerar cosas (creo que en este caso están en modo desregenerador, pero también les vale, ya saben, estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros) y el otro partido de la caza y los toros.
Al parecer los reguladores europeos pueden imponer cuantiosas multas por la recontaminación del centro de Madrid. Que alguien calle a esos reguladores. España necesita libertad, no reguladores. Sugiero otra foto: Almeida y Villacís colapsando de risa delante de la notificación de la multa. Multitas a mí, será por dinero…
José María Aznar, el ideólogo, ya dejó clara cuál debía ser la postura del lado bueno de Occidente frente a la constante injerencia de esos enojosos reguladores: “¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí?”, ironizó Aznar frente a los lemas de la DGT, “nadie me debe decir lo que tengo o no que beber. Déjame que beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”.
Aznar, para quien la única regulación tolerable debe ser la del Registro de la Propiedad, estará orgulloso de su delfín Almeida, el despeatonalizador, aunque lo estaría más si se atreviera a dejarse de medias tintas y eliminase también los pasos de peatones, que son de derechita cobarde. Que cada uno cruce cuando pueda, que un poquito de selección natural urbana nunca está de más.
A los niños se les enseña que es mejor no contaminar que contaminar.
José Luis Martínez-Almeida Navasqüés, alcalde de Madrid, no tiene hijos a los que transmitir su lección principal: que en un Estado de Derecho la libertad del automovilista debe prevalecer sobre la protección del medio ambiente.

domingo, 7 de julio de 2019

Plantas carnívoras y salamandras

Sarracenia purpurea

En las plantas, la carnivoría es una maravilla evolutiva que ha fascinado a los naturalistas y a la gente en general. Darwin incluso dedicó un estudio exhaustivo a las que consideraba las "plantas más maravillosas del mundo". La carnivoría en plantas ha evolucionado varias veces en todo el mundo, a menudo en ambientes húmedos, abiertos y pobres en nutrientes, como una ruta alternativa de adquisición de nutrientes. Entre las plantas carnívoras, las plantas jarra (familia Sarraceniaceae), y específicamente la planta jarra del norte (Sarracenia purpurea), han intrigado a los primeros naturalistas.
La idea de que una planta carnívora pueda atrapar y zamparse un vertebrado puede parecer más ficción que realidad. Aunque durante años han circulado rumores de que a algunas plantas jarra les gustan bocados algo más grandes que un insecto, el asunto, falto de evidencias tangibles, ha sido difícil de demostrar. Eso no quiere decir que no suceda de vez en cuando. De hecho, se han encontrado pequeños mamíferos en las jarras de algunas de las plantas tropicales más grandes del género Nepenthes. Aunque ha sido así, parece que ha sido cosa de la casualidad más que de la intencionalidad. Sin embargo, unas investigaciones recientes en algunas plantas carnívoras canadienses del género Sarracenia sugieren que los vertebrados pueden, al menos bajo ciertas circunstancias, constituir una parte más grande del menú de algunas plantas carnívoras.
Sarracenia es un género de angiospermas que comprende unas diez especies de plantas carnívoras nativas de Norteamérica. El género pertenece a la familia Sarraceniaceae, que también contiene los géneros Darlingtonia y Heliamphora. Las tres tienen en común que sus hojas forman una especie de jarra en cuyo fondo hay enzimas digestivos que digieren los insectos que caen en su interior. Los insectos son atraídos por la secreción de néctar y por una combinación atractiva de olores y colores. Estas plantas viven en medios pobres en nitrógeno, así que obtienen este nutriente esencial como lo hacemos nosotros, a partir de proteínas de origen animal.
Las observaciones sobre la alimentación que vamos a comentar se realizaron en unas poblaciones de una de las plantas jarra más abundantes de Norteamérica, la jarra púrpura (Sarracenia purpurea), que viven en turberas del Parque Provincial Algonquin, en Ontario. A finales del verano de 2017, los investigadores descubrieron que algunas plantas contenían salamandras recién metamorfoseadas. Algunas de las salamandras estaban vivas, pero otras estaban muertas y a medio digerir. Esto era muy emocionante porque, a pesar de que se han estudiado mucho, casi no existe evidencia comprobada de la captura de presas de vertebrados en la jarra púrpura.
Los investigadores realizaron análisis para determinar si las plantas estaban capturando salamandras de forma regular o de si el hallazgo de salamandras eran acontecimientos excepcionales. Resulta que, al menos para las plantas jarra que crecen en ese pantano, las salamandras pueden constituir una proporción considerable de sus presas. Los investigadores descubrieron que las salamandras recién metamorfoseadas estaban presentes en casi el 20% de las plantas jarra que inspeccionaron.
No todas las salamandras que encontraron estaban muertas. Algunas estaban en un estado relativamente animado, porque retrocedían hacia la parte inferior de la jarra cada vez que eran molestadas. Algunos de los especímenes muertos más grandes mostraban signos de putrefacción, lo que probablemente se deba a que simplemente eran demasiado grandes para ser digeridos. Sin embargo, muchas de las salamandras muertas mostraban signos de digestión, lo que sugiere que las plantas se están beneficiando de la captura de los animales. De hecho, se ha estimado que una sola salamandra podría aportar tanto nitrógeno a la planta como el contenido completo de tres jarras alimentadas con insectos.
Ejemplares de salamandras jóvenes en el interior de jarras de Sarracenia purpurea. Foto.
En conjunto, los investigadores encontraron pruebas suficientes para sugerir que las salamandras no solo constituyen una parte de la dieta de las plantas jarra, sino también que las plantas jarra son una causa importante de mortalidad para las salamandras jóvenes de esas turberas. Cómo atrapan las salamandras es un tema de debate. Podría ser que las salamandras estén buscando un lugar seguro y húmedo para esconderse, pero la complejidad del hábitat de las turberas significa que no faltan lugares seguros para que una salamandra joven se esconda sin que ello signifique su muerte.
También podría ser que las salamandras se sientan atraídas por los invertebrados que capturan estas plantas o que las salamandras sean víctimas accidentales que hayan caído por azar en la trampa mientras exploran su hábitat. Sin embargo, algunas jarars no solo contenían más de una salamandra, sino que la posición y el tamaño de las plantas significan que la mayoría de las salamandras tendrían que haber trepado intencionadamente hasta terminar dentro de la jarra. Puede que, después de todo, eso sea un indicador de que la caída no es una posibilidad aleatoria. Pero demostrar eso exigirá más pruebas para asegurarlo.
Lo que podemos decir por ahora es que dentro de los confines de las turberas de Algonquin, las salamandras están siendo atrapadas y digeridas por las plantas jarra. Si lo que está ocurriendo en Algonquin es exclusivo de esas turberas en particular o si está sucediendo en otras zonas en las que vive Sarracenia purpurea, es tema para futuras investigaciones. ¡Es posible que la captura de vertebrados sea más común entre las plantas carnívoras de lo que creemos! © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Lecturas complementarias: [1], [2], [3].

sábado, 6 de julio de 2019

Fracking e impenetrabilidad de los cuerpos

Esquema de funcionamiento del "cube" de Encana. Fuente: Encana.

Los desesperados intentos de la industria del fracking para hacer viable lo que no lo es, está provocando que, como en la obra del chiste en la que se quería avanzar acumulando obreros, no se puede trabajar porque los albañiles se golpean con los picos.
La producción estadounidense de petróleo y gas de lutitas (shale) se enfrenta a un problema de espaciado. Uno de los perforadores más importantes de Estados Unidos, Encana Corporation, ha gastado tiempo y mucho dinero en desarrollar un nuevo modelo de fractura hidráulica que la empresa llamó “cube”, consistente en colocar docenas de pozos (hasta sesenta) en un mismo lugar (vean las figuras).
Esquema de funcionamiento del "cube" de Encana. Fuente: Encana.
Según el Wall Street Journal, después de año y medio de preparativos Encana ha fracasado. En lugar de reducir los costes y aumentar la producción, los pozos funcionaron tan mal que solo produjeron la mitad del petróleo que los pozos situados a las distancias convencionales en los campos de fracking. El experimento parece digno de los retorcidos inventos de aquel famoso personaje del TBO, el doctor Franz de Copenhague.
La intención de Encana es la de siempre: dar la impresión a los inversores de que se produce más en menos tiempo. Es como si dispongo de un bidón de líquido y en lugar de vaciarlo con un grifo, coloco cincuenta. Me gasto un dinero en los grifos, pero la capacidad del bidón es la que es. En cualquier caso, el resultado es una prueba más de que la “revolución” del fracking tiene los días contados. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

miércoles, 3 de julio de 2019

Una orquídea subterránea

Rhizanthella gardneri. Foto

En un cálido día de primavera de 1928, cuando un joven agricultor australiano llamado Jack Trott se agachó para examinar una grieta extraña en el suelo, notó un olor dulzón . Después de raspar cuidadosamente una delgada capa de tierra, el sorprendido granjero vio una pequeña flor de apenas un centímetro de ancho, que crecía bajo tierra.
Lo que Trott había encontrado era una nueva especie de orquídea: Rhizanthella gardneri, una planta extraordinaria que pasa toda su vida en oscuridad total. El nombre Rhizanthella deriva de dos palabras griegas: rhiza, que significa raíz, y anthos, que significa flor. Así es como se ve la planta: un tubérculo carnoso blanquecino, de unos cinco centímetros de largo, que funciona como almacén de sustancias de reserva. Cuando se produce la floración entre mayo y junio, de ese tubérculo surge una inflorescencia acabezuelada formada por alrededor de 150 flores pequeñas densamente empaquetadas a las que rodean cuatro o cinco hojas blancas papiráceas.
Las flores nunca sobresalen del suelo, lo que las hace difíciles de encontrar, pero elevan ligeramente la capa superior abriendo pequeñas grietas en la superficie. Estas grietas y el olor dulce y tenue de las flores, son los únicos signos de la existencia de la orquídea.
R. gardneri se reproduce vegetativamente por lo que puede producir plantas hijas. También se reproducen sexualmente, polinizadas por termitas y mosquitos, que son atraídos por la fragancia. La flor polinizada tarda seis meses en madurar. En todas las flores estudiadas, las semillas carnositas carecen de dispersores y finalmente se descompusieron. Sin embargo, puede ser que los marsupiales nativos fueran importantes agentes dispersores, pero es difícil saberlo, ya que actualmente solo se conocen 19 especímenes maduros silvestres y hasta hoy solo se han recolectado 300 ejemplares.
Melaleuca uncinata. Foto.
¿Cómo logra sobrevivir esta orquídea del inframundo? A diferencia de otras plantas, no puede usar la luz solar para obtener energía. En su lugar, toma su alimento de otra planta, porque vive de los tocones en descomposición de un arbusto, el mirto de miel Melaleuca uncinata. La orquídea se enlaza a los tocones a través de un hongo, Thanatephorus gardneri, que es esencial para la supervivencia de la orquídea, porque R. gardneri es micoheterótrofa que, a través del hongo, obtiene del arbusto nutrientes y dióxido de carbono. Una vez obtenidos estos, la planta es capaz de convertir el agua, los nutrientes y el dióxido de carbono en la energía necesaria para su crecimiento y sustento.
A pesar de no realizar la fotosíntesis, la orquídea retiene cloroplastos en sus células. Sin embargo, son unos cloroplastos muy reducidos, que contienen aproximadamente la mitad de los genes que un cloroplasto normal. Es el genoma de cloroplasto más pequeño conocido. Esto ofrece a los investigadores una oportunidad única para profundizar en cómo funcionan. El resto de los genes de los cloroplastos codifican cuatro proteínas vegetales esenciales, lo que significa que los cloroplastos ofrecen funciones distintas a la fotosíntesis. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

Supervivencia del más apto. Una batalla en la jungla de Costa Rica

Heliconius hecale. Foto

En los bosques tropicales de América Central y del Sur hay una lucha constante por sobrevivir. La lucha tiene lugar no solo entre los gigantes poderosos de la selva, sino también entre algunas mariposas de colores brillantes y una familia de plantas trepadoras.
Hay dos invernaderos para plantas tropicales que me encantan. El muy clásico de Kew Gardens, cerca de Londres, y el futurista Climatron del Jardín Botánico de Misuri en St. Louis. En mi última visita a este último descubrí un pequeño tesoro: una flor de la pasión en miniatura. En la figura adjunta les resumo los principales detalles que caracterizan a la flor de la pasión Passiflora caerulea, hermana de una fruta muy apetecible, el maracuyá o chinola Passiflora edulis de la que escribí en esta entrada.  
Me gustan las flores pequeñas, especialmente si contienen muchos detalles. Por eso en el Climatron me llamó la atención Passiflora boenderi, endémica de una pequeña región de Costa Rica. Hay mucho que observar y que aprender de esta especie. Las flores, que presentan todas las características de una flor de la pasión, pero con el diámetro de una moneda de un euro, son algunas de las más pequeñas del género. Las hojas son proporcionalmente mucho más grandes. Son bilobuladas, cubiertas con un tinte purpúreo y están salpicadas de manchas brillantes de color amarillo anaranjado. Las manchas desempeñan un papel importante en la protección de esta planta frente a los herbívoros.
El género Passiflora presenta todo un arsenal de armamentos evolutivos destinados a combatir a las larvas de un género de mariposa, Heliconius, cuyas distintas especies solamente ponen los huevos en las hojas de las pasifloras. Cuando los huevos eclosionan, las larvas u orugas se alimentan ávidamente del follaje. Para defenderse, las diferentes especies del género han desarrollado una variedad de estrategias que les ayudan a desviar la atención de las mariposas hembras cargadas de huevos.
Como las mariposas se orientan visualmente para encontrar las pasifloras, estas varían las formas de sus hojas para que se parezcan a otras plantas. Algo consiguen, pero no siempre logran engañar a las mariposas, que son capaces de distinguir las hojas de las pasifloras de las de otras plantas tamborileando con sus patas sobre la superficie foliar.
Las manchas naranjas en las hojas de P. boenderi forman parte de una estrategia disuasoria que cumple una doble función. El primero es un elemento disuasivo visual. Las manchas imitan, tanto en tamaño como en forma, a los huevos de Heliconius. Debido a que las orugas de la mariposa tienden al canibalismo, las mariposas hembras son reacias a poner sus huevos en hojas con huevos que pueden contener larvas potencialmente letales. Además, aunque el canibalismo no fuera el problema, ¿por qué molestarse en poner huevos donde habrá una gran competencia por la comida? Una hembra que busque un lugar para poner sus huevos verá las manchas y buscará otra planta.
Pero además de la mímica visual, estas manchas también secretan néctar. El néctar rico en energía atrae inevitablemente a las hormigas, que las defienden ferozmente como fuente de alimento. Si una oruga (o cualquier otro herbívoro) empieza a mordisquear las hojas, las hormigas se encargan rápidamente de expulsarlas.
¿Qué beneficios reciben las mariposas de esta lucha aparentemente desigual? Dado que las hojas de la vid son venenosas para todas las orugas excepto para las del género Heliconius y algunos otros insectos, se reduce la competencia por el alimento. Y debido a que absorben las toxinas de las hojas, las mariposas son desagradables para las aves. En consecuencia, viven más tiempo que muchas otras especies de mariposas, tal vez lo suficiente como para idear nuevas formas de burlar a los ingeniosos mecanismos de las diferentes pasifloras a los que su ciclo de vida está inextricablemente vinculado.
Debido a su reducida área de distribución, P. boebderi está en peligro de extinción. La destrucción de su hábitat natural, las tierras bajas costarricenses, que cada vez se utilizan más y más para cultivar el aceite de palma y piñas, y la proliferación de los centros turísticos son una amenaza constante para la supervivencia a largo plazo de esta especie y de muchas otras. Tuve la suerte de haber encontrado esta planta en el Climatron del Jardín Botánico de Misuri, pero me temo que, si se prosiguen las actividades que destruyen las selvas en las que viven, los jardines botánicos pueden ser el único lugar donde P. boebderi pueda encontrarse en un futuro no muy lejano. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
Lecturas adicionales: 1, 2.

El negocio del fracking sigue su camino a la perdición


Recientemente, el ex CEO del mayor productor de gas de lutitas (shale gas) de Estados Unidos dijo en una sala llena de asistentes a un congreso petroquímico lo que cualquier analista financiero competente debería haber revelado hace muchos años: en general, la industria del gas y el petróleo de lutitas ha estado destruyendo capital desde su creación.
«El hecho es que cada vez que meten la perforadora en el suelo, erosionan el valor de los miles de millones de dólares que se han invertido anteriormente», dijo Steve Schlotterbeck, ex jefe del gigante de gas natural EQT, en un congreso de la industria petroquímica. «Francamente, no es de extrañar que el valor de sus acciones siga cayendo dramáticamente».
Pero, la verdadera noticia no es que la industria de gas y petróleo de lutitas haya estado destruyendo el capital desde el principio. Lo relevante es que, una vez liberado de las responsabilidades de su antiguo trabajo, lo ha admitido.
Schlotterbeck calcula que la industria en su conjunto ha destruido el 80 por ciento de su valor desde 2008. Resulta que la llamada revolución de las lutitas es una revolución tanto en lo que se refiere a la estupidez de los inversores como de la tecnología, una tecnología que parece no poder producir beneficios reales a la industria. El ex CEO agregó que desde 2015 ha habido 172 quiebras entre las compañías de exploración y producción que participan en el negocio de gas y petróleo de lutitas.
La verdadera relevancia de este mensaje reside tanto en donde se dijo como en quien lo dijo. Schlotterbeck se estaba dirigiendo a los asistentes a la Muestra y Conferencia de Petroquímica del Noreste celebrada en Pittsburgh a mediados de junio. El rumor predominante en la conferencia era un plan para convertir a Pensilvania y Ohio, que se están situados encima de los grandes recursos de gas de lutitas, en un centro petroquímico y de plásticos similar al que existe en las costas estadounidenses del Golfo.
Esa idea se basa principalmente en lo barato que resulta el gas natural como consecuencia de la gran sobreproducción procedente de los perforadores de esquisto. El pronóstico de Schlotterbeck, que los promotores de la petroquímica parecían no haber tenido en cuenta, es que algún día los precios bajos tendrán que subir sustancialmente para mantener a los perforadores a flote. Eso puede suceder de dos maneras, explicó: autodisciplina o una nueva serie de quiebras que reduzcan la producción eliminando empresas.
De cualquier manera, los precios subirán significativamente, derrumbando el meme del "gas barato" que impulsa la visión de un maravilloso país petroquímico en Pennsylvania y Ohio. La reducción de la oferta irá de la mano de precios más altos, que generalmente van de la mano. ¿Qué pasará entonces las enormes inversiones en refinerías petroquímicas?
Lo mismo ocurre con la miopía de la industria eléctrica de Estados Unidos, que sigue agregando a su producción centrales de gas natural. No se puede argumentar que el cambio a gas natural por carbón haya sido fundamental para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos. La quema de gas natural todavía emite gases de efecto invernadero, y la apuesta por el gas natural en la generación eléctrica ha frenado la inversión en energías renovables que son mucho más bajas en su huella de carbono.
Lo que probablemente sorprenderá a la industria eléctrica es lo mismo que sorprenderá a los nuevos emprendedores petroquímicos que quieren instalarse próximos a los yacimientos de gas natural Marcellus y Utica Shale en Pennsylvania y Ohio: precios mucho más altos para el gas natural.
Lo cierto es que ambas unos y otros están basando su futuro en supuestos extremadamente optimistas sobre los precios y el suministro de gas natural. Este análisis detallado e independiente del petróleo y el gas de lutitas basado en datos reales de los pozos explica por qué estas suposiciones no son realistas. En resumen, lo que hacen las compañías de exploración y producción es perforar los sitios más productivos, los "puntos dulces", para luego pasar a lugares mucho más difíciles de explotar que exigirán muchos más recursos para perforar y producir y, por lo tanto, requerirán precios significativamente más altos. Todo esto podría suceder a mediados de la década de 2020.
En oposición a las proyecciones tremendamente optimistas de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, que dicen que los suministros de gas natural continuarán creciendo hasta 2040, la producción de gas natural a partir de los pozos de gas de lutitas probablemente será para entonces solo una fracción de lo que es hoy.
Eso traerá como consecuencia que habrá una gran cantidad de infraestructuras petroquímicas y eléctricas, sin valor o al menos devaluadas, y muchos inversores enfadados.
Entender que este resultado es más que probable no exige una habilidad paranormal para observar el futuro. Tenemos las evidencias justo delante de nosotros al ver los balances y resultados de las compañías de petróleo y gas de lutitas americanas. Las finanzas de la industria están en ruinas sencillamente porque no pueden ganar dinero con precios tan bajos.
De ello se deduce que no es razonable esperar que los inversores sufran pérdidas continuas desde este momento y mediados de siglo para subsidiar a las industrias eléctrica y petroquímica vendiéndoles gas natural barato.
Ese era el punto de vista de Schlotterbeck, que es el mismo que algunos venimos sosteniendo desde hace años. Si la industria del fracking no da en bancarrota es sencillamente porque se mantiene en un esquema Ponzi que el Gobierno estadounidense tolera porque a los consumidores les viene de perillas el gas natural barato para que su dinero se destine a otras actividades económicas y eleve el PIB doméstico y global.
Pero es un esquema tan insostenible como era el de las hipotecas basura, que tardó varios años en desplomarse, pero que al final se derrumbó estrepitosamente. Al tiempo. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.