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miércoles, 16 de enero de 2019

Enero 17, 1944: Comienza la batalla de Monte Cassino


Salvo que uno quiera hacer una estancia en Purdue University, una universidad norteamericana especializada en agronomía y veterinaria, nada se le ha perdido en Lafayette, Tippecanoe County, Indiana.
El instituto público de Lafayette, la William Henry Harrison High School, lleva el nombre del presidente más efímero de Estados Unidos, uno más de de los que se sucedieron en la que podemos llamar la “era de los presidentes breves”, un período de veinticuatro años en el que, de haberse seguido el doble mandato que había sido la norma más común en los Estados Unidos desde los tiempos de George Washington, hubiera correspondido ejercer la jefatura del Estado a tres presidentes. Por diversas circunstancias de las que me ocuparé en otra ocasión, en esos años se sucedieron las presidencias de ocho, una de las cuales, que duró exactamente un mes, fue la de William Henry Harrison.
Si usted pasa algún tiempo en Lafayette tarde o temprano alguien le contará la historia del que una vez fue el primer gobernador del Territorio de Indiana y después el inquilino más efímero del 1600 de Pennsylvania Avenue. Ese es el primer hito de la ciudad. El segundo tampoco terminó bien. Lafayette fue el lugar de donde partió el primer correo aéreo de los Estados Unidos, el 17 de agosto de 1859, cuando John Wise pilotó un globo desde esta ciudad rumbo a Nueva York, pero debido a unas desgraciadas circunstancias que no vienen al caso, se vio obligado a aterrizar de mala manera y el correo tuvo que entregarse, entre la rechifla general, por tren.
En el folleto turístico que recojo en la Cámara de Comercio compruebo que la ciudad es la orgullosa cuna de tres ciudadanos ilustres: Axl Rose, vocalista de Guns N' Roses y de AC DC; Izzy Stradlin, guitarrista original de Guns N' Roses; y Sydney Pollack, actor y oscarizado director cinematográfico. No es de la misma opinión un abuelo vestido con una camiseta que reza “America First”, con el que coincido en la máquina de café del Holiday Inn, quien, entre donuts y muffins de cinamón, me recomienda que visite la tumba de un tal Thomas E. McCall, todo un héroe en la Segunda Guerra Mundial en la que, según me cuenta, también combatió mi trumpista interlocutor. A juzgar por su edad y por el chapiri de veterano que lleva embutido entre el cinturón y unas generosas lorzas, no lo pongo en duda.
Sin ser necrófilo, me pasa lo que al escritor Fernando Gómez (La vuelta al mundo en 80 cementerios. Editorial Luciérnaga), y me gusta visitar los cementerios porque un paseo entre las tumbas y los mausoleos de cada lugar revela pequeñas curiosidades y grandes historias escondidas en los camposantos. Así que sin nada mejor que hacer en una aburridísima mañana de domingo (¿habrá alguna mañana divertida en Lafayette?), me doy un paseo hasta el pequeño Spring Vale Cemetery y allí, entre parterres de azaleas y céspedes mimosamente segados y cubiertos en otoño por las hojas marchitas de robles y tulíperos, doy con la tumba, anoto la leyenda de la lápida y la guardo para mejor ocasión, que nunca se sabe.
La ocasión ha llegado. Hace 75 años, el 17 de enero de 1944, comenzó en Monte Cassino una de las batallas más largas y sangrientas de la campaña italiana de la Segunda Guerra Mundial. Monte Cassino era una antigua abadía benedictina que dominaba la ciudad de Cassino. La batalla de Monte Cassino, a veces llamada la batalla de Roma, consistió en una serie de cuatro asaltos de las fuerzas aliadas contra la línea defensiva alemana, la Gustav. Antes de que las tropas alemanas se retiraran, la sangrienta lucha fue una auténtica masacre que se cobró la vida de 55.000 soldados aliados y 20.000 alemanes, y dejó la monumental abadía hecha unos zorros.
Fuente
Las fuerzas aliadas, de las que era parte esencial el Quinto Ejército estadounidense del general Mark Wayne Clark, habían desembarcado en la península italiana en septiembre de 1943. Las montañas de los Apeninos dividían la península como una espina dorsal que las tropas aliadas acometieron dividiéndose en dos flancos avanzando a ambos lados de la cordillera. Después de tomar el control de Nápoles (Le Quattro Giornate di Napoli; 27-30 de septiembre de 1943), continuaron el avance hacia Roma. Monte Cassino era la puerta de entrada a Roma. Se alzaba por encima de la ciudad y proporcionaba unas panorámicas despejadas de capital italiana. Las tropas alemanas ocuparon los puestos de observación en las faldas de la montaña, pero decidieron mantenerse fuera de la abadía debido a su importancia histórica. Los preciosos manuscritos y antigüedades depositados en la abadía fueron trasladados a la Ciudad del Vaticano para su custodia, aunque algunas obras de arte fueron robadas por las SS y transportadas hasta Berlín.
La primera fase de la operación comenzó el 17 de enero con un ataque aliado a las posiciones alemanas. En ese ataque se distinguió Thomas E. McCall, un granjero de Indiana, testigo excepcional de la batalla. McCall era sargento en la Compañía F, del 143º Regimiento de Infantería, de la 36ª División americana. El 22 de enero, cerca de San Angelo, dirigió su sección hasta cruzar de río Gari a pesar del intenso fuego alemán. Todos sus hombres murieron o resultaron heridos, pero McCall por sí solo destruyó dos posiciones de ametralladoras enemigas y cargó contra una tercera antes de resultar herido por fuego amigo y ser capturado por los alemanes. Se convirtió en un prisionero de guerra y pasó los siguientes 18 meses en hospitales improvisados. «Ni siquiera tenían una aspirina para administrarte. No había anestésicos ni para los alemanes ni para nosotros. El cirujano tenía un puñado de herramientas y dos o tres hombres te sujetaban mientras te operaba». McCall finalmente fue liberado y se convirtió en uno de los pocos receptores de la Medalla de Honor del Congreso que vivieron para contarlo.
Sargento Thomas E. McCall. Fuente.
A principios de febrero, los aliados llegaron a una colina justo debajo de la abadía. Algunos informes de inteligencia sugirieron que Alemania podría estar usando la abadía como un punto de observación de artillería, lo que trajo como inevitable efecto colateral que se decidiera arrasarla. El 15 de febrero fue machacada por aviones estadounidenses B-17, B-25, y B-26, que dejaron caer 2.500 toneladas de bombas sobre el edificio, reduciéndolo a escombros. Rápidamente, los paracaidistas alemanes tomaron posiciones en las ruinas, utilizando su privilegiado punto de vista para evitar el avance aliado.
En marzo comenzó una tercera ofensiva con fuertes ataques aliados, pero las fuerzas alemanas mantuvieron tenazmente su posición. El cuarto y último asalto, conocido como Operación Diadema, comenzó el 11 de mayo e incluyó ataques de tropas estadounidenses con la ayuda de aliados británicos, indios, franceses, marroquíes y polacos. El 18 de mayo, las fuerzas polacas capturaron la abadía. Poco después, el 4 de junio de 1944, las fuerzas aliadas liberaron Roma. Meses después, los cuerpos fusilados de Benito Mussolini y Claretta Petacci colgaban de los pies en una gasolinera de Milán. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

lunes, 14 de enero de 2019

El lunes, eclipse

Han pasado más de dos años desde que pudimos ver el último gran eclipse lunar total. El espectáculo de la Luna completamente oscurecida por la sombra de la Tierra será visible en toda España en un intervalo de algo más de una hora de la madrugada del lunes 21 en Alcalá de Henares. La duración del eclipse será más larga de lo normal: 1 hora y 2 minutos.
Técnicamente, un eclipse lunar sucede cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, generando un cono de sombra que oscurece a la última. Para que tenga lugar, los tres cuerpos celestes deben estar exactamente alineados o muy cerca de estarlo, de tal modo que la Tierra bloquee los rayos solares que llegan al satélite; por eso, los eclipses lunares solo pueden ocurrir en la fase de luna llena.
Para describir un eclipse lunar, podemos usar una analogía cinematográfica. La sala es la noche en la Tierra. La "pantalla" es la Luna llena, y la "película" es la progresión de la sombra de la Tierra sobre la cara visible de nuestro satélite. Todos los espectadores de la sala ven lo mismo y, de manera similar, todos los que estén observando desde el lado nocturno de la Tierra verán la misma secuencia y en el mismo momento, aunque en diferentes husos horarios. La fase total del eclipse será visible desde el hemisferio occidental, Europa y la parte occidental de África, así como en las partes más septentrionales de Rusia. En total, asumiendo buenas condiciones climáticas, esta sombría proyección tendrá una audiencia potencial de unos 2.800 millones de personas.
Como sucede en un gran auditorio, algunos espectadores tendrán mejor vista que otros. Los mejores asientos del patio de butacas estarán en América del Norte, que verán la actuación celestial en lo más alto del cielo en pleno invierno. Entre esos privilegiados espectadores, los más selectos, los del centro de las primeras filas, son los que viven a lo largo de la costa este de Estados Unidos, en donde la Luna totalmente eclipsada se verá a unas alturas extraordinarias.
En Nueva York, cuando el eclipse llegue a la mitad, la Luna ensombrecida se levantará unos 70 grados sobre el horizonte meridional; como un puño cerrado de tamaño normal sostenido a la distancia del brazo mide aproximadamente 10 grados, los neoyorquinos dicen que lo verán a unos "siete puños" por encima del horizonte. La última vez que los vecinos de la Gran Manzana pudieron mirar tan alto a una Luna totalmente eclipsada fue en 1797, cuando John Adams era presidente; la próxima oportunidad no llegará hasta 2113. Más al sur, la luna aparecerá aún más arriba. En Cabo Hatteras alcanzará los 75 grados; en Orlando, 80 grados, y en Miami, 83 grados. Los cubanos tendrán que mirar directamente sobre sus cabezas.
Por el contrario, para quienes estemos en Europa, el eclipse tendrá lugar cuando la Luna se acerque a su puesta al amanecer del lunes 21 de enero. De hecho, en Europa Central y Oriental, la Luna se pondrá antes de que esté completamente libre de la sombra terrestre. En este enlace hay una tabla que detalla los momentos de las fases del eclipse total en diferentes lugares de España. El horario es el local incluyendo el cambio de horario de invierno.
En cuanto a la altura, cuánto más sur se esté en España, más alta se observará la Luna. En Madrid, por ejemplo, la altura será de 54 grados, mientras que el máximo español estará en Canarias (68). En Alcalá asistiremos a todas las fases del ciclo. El inicio de la fase penumbral será a las 3:37 de la madrugada del lunes; el de la fase umbral a las 5:41; el máximo umbral sucederá entre las 6:12 y las 6:43. Luego comenzará la fase penumbral de declive que culminará a las 8:48, cuando desaparecerá todo vestigio del eclipse.
Tradicionalmente, la luna llena de enero se conoce como la "luna lobo", aunque últimamente han dado en llamarla "luna de sangre" que es, como mínimo, un nombre inapropiado. De hecho, el color (o colores) que tomará la Luna durante la totalidad del eclipse dependerá en gran medida del estado de nuestra atmósfera y puede abarcar desde el negro, pasando por el gris y el marrón, hasta el rojo brillante. El término “luna de sangre” procede de un libro, Four Blood Moons, publicado en 2013 por dos alucinados cristianos de los que pronostican el fin del mundo, que sugirieron que una serie de eclipses lunares totales en 2014 y 2015 eran la señal de acontecimientos desastrosos profetizados en la Biblia. ¿Y qué mejor manera de sugerir posibles catástrofes que invocar a la sangre? Los eclipses vinieron y se fueron, mientras las supuestas calamidades nunca llegaron, pero lamentablemente la marca “luna de sangre” permanece.
A veces, una luna llena coincide con el perigeo, el punto en la órbita lunar en el que doña Catalina está más cerca de la Tierra, por lo que parece algo más grande de lo normal. Tradicionalmente, una luna llena que ocurre dentro del 90 por ciento del perigeo gana el título de "superluna". Como esa es precisamente la posición de la próxima luna llena, el hecho de que coincida con un eclipse total convierte el eclipse en un acontecimiento extraordinario.
Pero no echemos las campanas al vuelo. La verdad es que una "superluna" no es realmente tan buena cuando coincide con un eclipse lunar total. La duración de la totalidad de un eclipse se basa principalmente en la distancia de la Luna a la Tierra. Cuando la Luna está cerca del perigeo, se está moviendo más rápidamente en su órbita en comparación de cómo lo hace cuando está cerca del apogeo, su punto más alejado de la Tierra, por lo que se mueve tras las sombras a más velocidad. De hecho, si la Luna estuviera cerca de un apogeo, veríamos unos ocho minutos más de eclipse total. 
Pero, sea como sea, la madrugada del 21 de enero seremos los invitados privilegiados de uno de los grandes espectáculos celestiales con los que nos obsequia la naturaleza. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

martes, 8 de enero de 2019

Las almortas asesinas de Alaska y la muerte de Supertramp (2)

Flor de la almorta, Lathyrus sativus. Foto.

Recapitulemos. En 1992, un grupo de cazadores descubrió en la taiga de Alaska los restos de Christopher J. McCandless, alias Alexander Supertramp. Las primeras indagaciones, presentadas por el periodista Jon Krakauer en un artículo titulado Death of an Innocent (Muerte de un inocente) atribuyeron el extremado grado de debilidad de McCandless al error de haber confundido la supuestamente tóxica Hedysarum mackenzii con la supuestamente inocua H. alpinum. Krakauer, que había hecho algunas indagaciones, creía que las semillas de H. mackenzii eran venenosas y que el joven virginiano había cometido un trágico error en la identificación de la planta.
En 1996, Jon Krakauer publicó Into the Wild, un libro en el que se retractaba de su idea inicial y creía que era poco probable que McCandless, que llevaba consigo una reputada guía de plantas silvestres comestibles de Alaska, hubiera confundido las dos especies, y que, contrariamente a lo que decían los nativos y el saber popular, las semillas del inocuo H. alpinum podrían contener un alcaloide tóxico. Envió muestras a la Universidad de Alaska para su análisis. En 2008, el análisis bioquímico demostró que ninguna de ambas especies contenía alcaloides tóxicos, lo que parecía descartarlas como causa de muerte de McCandless.
Así estaban las cosas en el verano de 2013, cuando en un artículo titulado The Silent Fire (El fuego silencioso), publicado en una web dedicada a McCandless, Ronald Hamilton abrió una nueva pista sobre su muerte. Hamilton recordó que, durante la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de Vapniarca (Ucrania) hubo un campo de concentración. En 1942, como un experimento macabro, un oficial nazi de Vapniarca comenzó a alimentar a los prisioneros judíos con pan hecho de semillas de almorta, Lathyrus sativus, una leguminosa común que se conoce desde la época de Hipócrates como tóxica, especialmente entre los jóvenes.
«Rápidamente, escribió Hamilton en El fuego silencioso, el doctor Arthur Kessler, un médico judío recluso en el campamento se dio cuenta de lo que esto implicaba, especialmente cuando, al cabo de unos meses, cientos de jóvenes prisioneros comenzaron a cojear y a usar los bastones como muletas para impulsarse. En algunos casos, los presos solo podían gatear para abrirse camino a través del complejo [...] Una vez que los internos habían ingerido suficiente cantidad de la planta culpable, era como si se hubiera encendido un fuego silencioso dentro de sus cuerpos. No había vuelta atrás en ese fuego; una vez prendido, quemaría hasta que la persona que había comido la arveja quedaba finalmente paralizada [...]  Cuanto más habían comido, peores eran las consecuencias, pero en cualquier caso, una vez que los efectos habían comenzado, simplemente no había manera de revertirlos [...]  La enfermedad se llama, simplemente, neurolatirismo, o más comúnmente, latirismo».
La almorta, almorta, chícharo, guija, pito o tito, una legumbre con aspecto de garbanzo aplastado, es bien conocida en España porque con sus semillas se elabora la harina para las gachas manchegas, que, durante la Guerra de la Independencia, fueron uno de los alimentos básicos de la población. De hecho, existe un grabado de Goya en su serie Desastres de la Guerra con el nombre de Gracias a la Almorta
En España, la historia del descubrimiento de la toxicidad de la almorta comenzó gracias a la publicación en junio de 1941 de un artículo en la Revista Clínica Española en el que los doctores Emilio Ley y Carlos Olivera de la Riva relataron la existencia de una epidemia de latirismo en Cataluña. Su aportación duplicó la estadística mundial, ya que en aquéllas fechas sólo existía en la literatura médica un caso con estudio anatómico documentado en Rusia. En el estudio epidemiológico realizado por ambos en un grupo de pacientes afectados, entre otros síntomas, de parálisis en el tren inferior, lo que hizo que fueran diagnosticados en primera instancia como afectados de esclerosis múltiple, los doctores comprobaron que lo que unía todos ellos era una dieta prácticamente carente de proteínas y basada en la ingesta de almortas [1].  
Semillas de almorta. Foto.
La neurotoxina responsable del latirismo es un aminoácido, el ODAP (acido s-N-oxalyl-diamino-propionico). Según el texto de Spencer & Schaumburg, Neurotoxicología Experimental y Clínica los factores asociados con la enfermedad del latirismo son el agotamiento, los escalofríos, la desnutrición y, a veces, la fiebre; todos esos síntomas aparecen con mayor frecuencia en hombres jóvenes y se ajustan exactamente a la situación de McCandless. Sendos análisis de las semillas de H. alpinum y H. mackenzii realizados en la Universidad de Indiana y en unos laboratorios de Ann Arbor, demostró que el aminoácido causante del latirismo estaba presente en ambos y, de hecho, en concentraciones más altas que las encontradas en las almortas.
Teniendo en cuenta que los niveles de ODAP potencialmente dañinos se encuentran en las semillas de H. alpinum, y dados los síntomas que McCandless describió y atribuyó a las mismas que ingirió, hay razones más que suficientes para creer que McCandless contrajo el latirismo al comerla en exceso. La ingesta de semillas no lo mató, pero lo debilitó tanto como para que al final se sintiera «extremadamente débil», «demasiado débil para salir», y tuviera «muchos problemas solo para mantenerme en pie». No estaba realmente hambriento, sino que se iba paralizando lentamente.
La última foto que se tomó Alexander Supertramp. Foto.
No fue su arrogancia lo que acabó con él, sino la ignorancia. Si la guía de plantas comestibles que McCandless llevó con él hubiera avisado de que que las semillas de Hedysarum alpinum contienen una neurotoxina que puede causar parálisis, probablemente McCandless habría salido de Alaska a finales de agosto sin mayores dificultades de las que había tenido cuando llegó en abril, y aún estaría vivo. Si hubiera sido así, Alexander Supertramp tendría ahora cincuenta años.




[1] Durante la Guerra Civil y el franquismo las gachas de almorta constituyeron un plato básico en la alimentación de las familias causado por la escasez y por el aislamiento internacional del Régimen. De hecho su producción y comercialización fue promovida por el franquismo. En 1944, tras ocultar los efectos tóxicos por la falta de alternativas alimenticias, se prohibió su consumo y se  retiraron las existencias de harina de almorta ante la extensión de la enfermedad. La prohibición quedó plasmada en 1967, cuando se aprobó el primer código alimentario español. Hasta la fecha, a pesar que numerosos artículos de ese código han sido derogados a lo largo de los años, la prohibición para consumo humano de las semillas de almortas y sus derivados no ha sido levantada. Es decir, está prohibido venderlas para consumo humano aunque todavía continúen vendiéndose etiquetadas como “pienso”. En 2010, un comité científico español que estudió la toxicidad de Lathyrus sativus consideró que el consumo de almortas solo puede ser esporádico. De hecho, aún pueden comerse gachas de almorta en algunos restaurantes del ámbito rural español.

lunes, 7 de enero de 2019

Las almortas asesinas de Alaska y la muerte de Supertramp (1)

Hedysarum mackenzie. Ejemplar fotografiado en Idaho

Entre los muchos exploradores que navegaron por el Ártico a la infructuosa búsqueda del mítico paso del Noroeste estaba el desdichado John Franklin, líder de dos expediciones por el interior y a lo largo de la costa ártica canadiense en 1819-1822 y 1825-1827. La primera fue un desastre: Franklin perdió a once de los veinte miembros de la partida. La mayoría murió de hambre, pero hubo al menos un asesinato y se sospechó de algún caso de canibalismo.
Solo un puñado de los miembros originales de aquella primera expedición regresó. John Richardson, médico, meteorólogo, cartógrafo y el primer gran naturalista en estudiar el Ártico norteamericano, fue uno de ellos. Su diario hizo una contribución tan destacada a la ornitología, la ictiología, la botánica y la geología que gran parte de la investigación moderna del Ártico se basa en sus observaciones. Una anotación de ese diario está en el origen de la mala fama de una planta, Hedysarum mackenziei, que conocía de mis viajes botánicos por Alaska, con la que me tropecé días atrás mientras veía en Netflix la película dirigida por Sean Penn Into the Wild, puesta en escena de un libro homónimo del novelista Jon Krakauer, un superventas de 1996, publicado en España con el título de Hacia rutas salvajes (Ediciones B, S. A., 2008).
Autorretrato de McCandless junto al autobús que lo cobijó. Foto
En 1992, un grupo de cazadores de alces descubrió los restos de un hombre de 24 años en la taiga de Alaska. Su nombre, según se sabría después, era Christopher J. McCandless, aunque en su libreta de apuntes él hubiera anotado el alias que había elegido, Alexander Supertramp. En abril de 1992, McCandless se adentró en las tierras salvajes de Alaska sin mapa, sin brújula ni medios para comunicarse con el mundo exterior. Era un joven virginiano que se había graduado con honores con una doble licenciatura (Historia y Antropología). Cuando terminó sus estudios, abandonó su familia, lo dejó todo atrás y comenzó una odisea de autodescubrimiento que lo llevó hasta Alaska. Cuatro meses después, su cuerpo fue descubierto en el autobús abandonado que le servía de refugio no muy lejos de Fairbanks. Había muerto 19 días antes, el 18 de agosto de 1992. Había perdido alrededor del 50% de su peso corporal: sus restos pesaban poco más de treinta kilos.
En la puerta del autobús, bien visible, había dejado una nota manuscrita (véase la figura adjunta) en una página arrancada de una novela de Nikolai Gogol:
Atención a posibles visitantes. S.O.S. Necesito ayuda. Estoy herido, cerca de la muerte y demasiado débil para salir de aquí. Estoy solo, esto no es una broma. En nombre de Dios, por favor quédate para salvarme. Estoy recogiendo bayas cerca y volveré esta noche. Gracias, Chris McCandless. ¿Agosto?
Nota manuscrita dejada por Chris McCandless
Durante las semanas que vivió en las inhóspitas tierras boreales, Chris sobrevivió cazando un pato, un puercoespín y otros animales, y recolectando plantas. En julio, las entradas de su diario, que parecían textos telegráficos, se volvieron lóbregas: «Extremadamente débil […]. Culpa de la vaina de papa. Muchos problemas solo para levantarme. Muriendo de hambre […]. Gran peligro». Llegados esos días, estaba demasiado débil para caminar hacia un lugar seguro, especialmente porque, con el deshielo primaveral, el río que había cruzado fácilmente se había convertido en un torrente furioso imposible de vadear.
Como rezan sus notas, McCandless atribuyó su debilidad a la ingesta de la «vaina de papa». Pero, ¿qué era eso? La papa esquimal es Hedysarum alpinum, una leguminosa y, por tanto, un pariente de almortas, habas, lentejas y guisantes, cuyas raíces saben a zanahoria y son una fuente importante de alimento para los animales y también para los nativos de Alaska. Cuando McCandless se internó allí, se pensaba que H. alpinum no era tóxica.
En enero de 1993, Jon Krakauer escribió para la revista Outside un artículo titulado Death of an Innocent (Muerte de un inocente) en el que atribuía el mal estado de McCandless al error de haber confundido la supuestamente tóxica Hedysarum mackenzii con la inocua H. alpinum. Krakauer, que había hecho algunas indagaciones, creía que las vainas de H. mackenzii eran venenosas y que el joven virginiano había cometido un trágico error en la identificación de la planta. ¿Por qué pensaba que las semillas de H. mackenzii eran tóxicas? Aquí entra en juego el diario de John Richardson.
Los únicos indicios de la toxicidad de esa planta se remontan a una anotación en el diario de Richardson durante los días en que exploraba el interior de Alaska. Según escribió, los tubérculos de H. mackenziei se incluyeron en un estofado que cenaron una noche; a la mañana siguiente los miembros de la partida expedicionaria estaban tan enfermos que no pudieron avanzar. Richardson, consumado naturalista y médico, debía estar muy seguro de lo que decía, porque en otros episodios de su diario puede leerse que él y sus compañeros no solo habían ingerido plantas como el té de Labrador (Ledum groenlandicum) y el arándano rojo (Vaccinium oxycoccus), ambos conocidos por ser tóxicos si se consumen en grandes cantidades, sino, lo que es aún más inquietante, también habían consumido líquenes, cuero, carne podrida, larvas de moscas y restos de pescado que se habían zampado varios días después de haberlos pescado. Con semejante dieta, uno tiene que estar muy seguro para culpar a unos simples tubérculos del malestar de los expedicionarios. Pero bueno, Richarson era una autoridad científica y la fama como planta tóxica de H. mackenziei quedó consolidada.
Hedysarum alpinum. 
Sin embargo, en 1996 cuando finalmente publicó su libro, Krakauer se lo había pensado y creía que era poco probable que McCandless, que llevaba consigo una guía de plantas silvestres comestibles [1], hubiera confundido las dos especies, y que, contrariamente a lo que decían los nativos y el saber popular, las semillas del inocuo H. alpinum podrían contener un alcaloide tóxico. Envió muestras a la Universidad de Alaska para su análisis. En un artículo publicado en 2008, Thomas P. Clausen, investigador de la Universidad de Alaska, y Edward M. Treadwell, de la Universidad Illinois, informaron que, tras un minucioso análisis químico, no habían encontrado alcaloides tóxicos en ninguna de las dos controvertidas especies de Hedysarum.
Legumbres de Hedysarum alpinum.
Así que la causa de la debilidad de McCandless que le llevó hasta la muerte era un misterio. Pero, como bien se sabe en algunas regiones españolas, no solo los alcaloides pueden resultar tóxicos. También pueden serlo algunos aminoácidos presentes en algunas leguminosas como las almortas (Lathyrus sativus). Volveré sobre ello recordando un cuadro de Francisco Goya “Gracias a la almorta”, que el artista aragonés incluyó en su serie “Los desastres de la guerra”. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1Tanaina Plantlore / Dena’ina K’et’una: An Ethnobotany of the Dena’ina Indians of Southcentral Alaska, de Priscilla Russell Kari. En el libro, Kari advierte explícitamente que debido a que el guisante silvestre (H. alpinum) se parece mucho a la papa silvestre (H. mackenzie), el cual «se sabe que es venenoso, se debe tener cuidado para identificarlos con precisión antes de intentar usar la papa silvestre como alimento». A continuación explica cómo distinguir una planta de otra.

domingo, 6 de enero de 2019

Teresa Ribera no hunde nada

Fuente: EL PAÍS

Las matriculaciones de vehículos continúan creciendo en España, pero cada año con menos fuerza. En 2018 se matricularon 1.321.438 unidades, una cifra que representa un incremento del 7% respecto al año anterior, el ritmo más lento del último quinquenio. Esta nueva desaceleración se produce en un ambiente en el que creció la incertidumbre sobre el futuro de los vehículos impulsados por motores diésel, cuyas ventas cayeron un 20%.
Los augurios de una mayor desaceleración económica, que habrían ahuyentado a potenciales compradores, se cuentan como uno de los factores que explican el enfriamiento de las ventas. Pero como la mayor caída se ha producido en los vehículos diésel, fabricantes, vendedores e incluso sindicatos se han apresurado a denunciar que desde que la ministra de Transición Ecológica Teresa Ribera anunció la intención gubernamental de prohibir, a partir de 2040, todos los vehículos que emitan a la atmósfera dióxido de carbono, ya sean de gasolina, diésel o híbridos, se está generando una confusión que retrae la intención de compra, sobre todo de vehículos impulsados por gasoil.
El anuncio, realizado en octubre, fue el preludio de la presentación el 8 de noviembre del anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. De creer algunas informaciones, el anuncio tuvo un efecto taumatúrgico sin más precedentes que el de la famosa purga de Benito. Las estadísticas parecen apoyar esa lectura. En noviembre las ventas de diésel cayeron un 40% y el pasado diciembre esa reducción continuó con un 29% adicional. En el acumulado del año los turismos diésel perdieron un 20% de ventas respecto al año anterior y solo representaron algo menos del 36% del conjunto de las matriculaciones.
En el digital La Información los datos se acompañan de un titular apocalíptico «Ribera hunde el diésel: la venta de coches con este carburante se recorta en un 20%». Basta repasar la hemeroteca para desmontar la falacia. Vamos a ello, empezando por recordar que la ministra Ribera tomó posesión el 7 de junio de 2018.
En abril de 2017, 14 meses antes de la creación del ministerio de Transición Ecológica, el hundimiento del diésel ya era oficial. En octubre de ese año (8 meses antes de la creación del ministerio), los vehículos de gasolina se imponían, dejando a los diésel muy atrás. La imparable tendencia continuaba. Marzo de 2017 marcó un mínimo histórico para las matriculaciones de los diésel en España, con una cuota de solo el 49,9%, un porcentaje inferior a la que alcanzaron la suma de los motores de gasolina, con un 46,1%, y los híbridos y eléctricos, con un 4%. El dato no hacía otra cosa que confirmar la tendencia a la baja de los diésel. La última vez –en un año completo– que el diésel tuvo una cuota por debajo del 50% fue en 1998. Desde entonces, el gasoil había sido el combustible preferido por los españoles, alcanzando una cuota máxima del 71%.
Al completar 2017 se confirmaba: el diésel había perdido su posición hegemónica. En 2016 la cuota de mercado de los vehículos a gasoil fue del 56,8%, y ya había caído sensiblemente desde el 63% del año 2015. Es decir, que desde 2015, cuando gobernaba, que yo sepa, Rajoy, la cuota de mercado de la gasolina no hace más que aumentar. En el primer semestre de 2018, cuando seguía gobernando el PP, el diésel continuaba su caída.
En una prueba más de que los diabólicos poderes destructores de la ministra para destruir el mercado doméstico son limitados, en Europa se empeñaban en lo mismo. Las constantes noticias referidas al diésel y las posibles limitaciones a la circulación en determinadas ciudades con este tipo de vehículos tuvieron consecuencias directas en las ventas de vehículos diésel, tal y como puede comprobarse con los datos relativos a las ventas de coches en Europa durante el primer semestre de 2018. Los datos ya mostraban una caída importante de las ventas de coches movidos por gasoil.
De hecho, la tendencia a la baja del diésel es un fenómeno mundial. Por muy hábiles que sean en el ministerio de Transición Ecológica, difícilmente puede ser responsable por sí mismo de una tendencia a nivel global que, según el Financial Times, hace más que probable que las ventas de vehículos a combustión nunca vuelvan a los números de 2018, porque la demanda en los tres mercados más grandes del mundo se detiene y los fabricantes de automóviles buscan aumentar la producción de automóviles eléctricos.
Por ejemplo, en China, el mercado de automóviles más grande del mundo, el crecimiento en el mercado de automóviles con motor de combustión ya se ha estancado, mientras que la demanda de automóviles eléctricos se está acelerando. De acuerdo con la consultora Jato Dynamics, en los primeros diez meses de 2018, las ventas de automóviles de gasolina en China cayeron a menos de 18 millones desde los 18,7 millones en el mismo período del año anterior. Las ventas de autos de combustible alternativo, por el contrario, casi se duplicaron de 405.000 a 793.000.
Acuérdense del Dieselgate, tengan en cuenta que el cambio climático inducido por la contaminación fue en 2017 la mayor preocupación de los españoles y dejen en paz a la ministra, que esto es lo que hay. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

sábado, 5 de enero de 2019

Sí, hombre sí, ya hay vida en la Luna


El módulo de aterrizaje de la nave china Chang'e-4 alunizó en la cara oculta de la Luna el pasado 3 de enero, según la hora de Beijing. Llevaba vida a bordo.
Con la llegada de los chinos, surgen un par de preguntas: ¿Por qué vemos siempre la misma cara de la Luna? ¿Por qué la cara oculta selenita tiene menos cráteres que la cara que siempre vemos? Estas son, expuestas con la mayor brevedad de la que soy capaz, las respuestas.
Empezaré por recordar que la Luna, satélite de la Tierra, gira alrededor de esta. El tiempo que tarda nuestro satélite en dar la vuelta completa alrededor de la Tierra es de 27,32 días, exactamente el mismo que el de su propia rotación alrededor de su eje. Por eso vemos siempre la misma cara y por eso le dimos a la oportunidad a Pink Floyd de que grabase uno de sus mejores discos The dark side of the Moon. Aquí les dejo el álbum completo. Ahora, aunque soy consciente de la preclara inteligencia de mis lectores, permítanme que lo explique con este vídeo tan breve como didáctico.
Volvamos a lo nuestro. La cara visible de la Luna (también conocida en otras culturas como «el hombre de la Luna» o «el conejo de la Luna»), es la figura aparente que, echándole mucha imaginación o un algún que otro porro, dibujan los cráteres lunares durante el plenilunio. Según las diferentes culturas que refieren este fenómeno, pueden verse también otras figuras que cada quien interpreta a su modo dependiendo del alucinógeno que haya tomado. 
Desmitifiquemos ahora un poco y echemos un cuarto a espadas por Gagarin y los cosmonautas rusos. Antes de que Neil Armstrong hollase nuestro satélite en julio de 1969 tras haber llegado hasta allí en el Apolo XI, varios vehículos robóticos recorrieron los 384.000 kilómetros que nos separan de doña Catalina para que los científicos pudiesen poner a punto las misiones tripuladas posteriores. Fueron los rusos quienes dieron los primeros pasos. Lanzado a bordo de un cohete Protón, el Lunokhod 1 alunizó sano y salvo el 17 de noviembre de 1970. Su aspecto recordaba al de un robot de una truculenta película de “clase B”, pero fue construido utilizando lo mejor de la ciencia rusa de la época y, para pasmo de propios y extraños, continúa mandando señales como si tal cosa. El primer robot de aspecto moderno en alunizar el 15 de enero de 1973 fue el soviético Lunokhod 2, mientras que la nave Lunokhod 3 había sido la primera en enviar imágenes de su superficie en 1968.
Cuando ese año llegaron a Tierra las primeras imágenes del lado oscuro de la Luna (le llamaron oscuro porque no se conocía, no porque la luz del Sol no llegara hasta allí; hubiera sido más exacto llamarle oculto, pero así son las cosas) los astrónomos se dieron cuenta a la primera, como lo hubiéramos hecho usted y yo sin mayores conocimientos de Astronomía, de que, en ese lado desconocido, siempre de espaldas a nuestro planeta, no había ni hombre, ni conejo, ni nada que se le pareciera. Allí hay valles, montañas y cráteres, pero ninguno de esos extensos mares inertes. Todo un misterio.[1]
El meritado misterio tardó más de cincuenta años en desvelarse. Lo hicieron unos astrónomos de la Universidad de Pennsilvania en un artículo publicado en 2014 en la revista The Astrophysical Journal que les dejo en este enlace para que se entretengan. Por no aburrirles mucho, lo que se concluía en aquel artículo era que, como consecuencia de su formación, la ausencia de mares en el pynkfloydiano lado se debe a una diferencia en el espesor de la corteza lunar.
La historia comienza hace 4.500 millones de años, cuando un objeto del tamaño de Marte, bautizado como Theia, chocó violentamente contra la Tierra. En aquel colosal Armagedón, capas externas de la Tierra y de ese misterioso Theia salieron disparadas hacia el espacio y con el tiempo formaron la Luna. Ni que decir tiene que después del enorme impacto, la Tierra y la Luna estaban muy calientes.
Mapa en relieve de la Luna creado a partir de datos 
de la sonda japonesa Kaguya (versión en alta resolución aquí).
La Luna, que es mucho más pequeña que la Tierra, se enfrió más rápidamente. Debido a que ambas tuvieron un anclaje de marea desde el principio, la Tierra todavía hirviente –a más de 2.500 grados centígrados- emitía su calor hacia el lado cercano de la Luna. El lado más alejado de la Tierra en ebullición se enfrió lentamente, mientras que el que miraba hacia nuestro planeta se mantuvo fundido, creando una diferencia de temperatura entre las dos caras, fenómeno termodinámico que cualquiera puede comprobar arrimando el trasero a una estufa.
Esa diferencia fue importante para la formación de la corteza lunar, que tiene altas concentraciones de aluminio y calcio, elementos que son muy difíciles de vaporizar y que se condensaron preferentemente en la atmósfera de su parte fría debido a que la cara visible todavía estaba demasiado caliente. Cientos de millones de años más tarde, ambos elementos se combinaron con silicatos en el manto de la Luna para formar un tipo de feldespatos que, a modo de armadura o cáscara, formaron la corteza de la Luna. La cara oculta tiene más de estos minerales y es más gruesa.
Ahora, la Luna está completamente fría y no está fundida bajo la superficie. A principios de su historia, grandes meteoritos golpearon la cara visible liberando grandes mantos de lava basáltica que formaron los mares lunares. Los meteoritos también golpearon la cara oculta, pero en la mayoría de los casos la corteza era demasiado gruesa y no brotó basalto magmático, de forma que el lado oculto está repleto de valles, cráteres y montañas, pero casi falto de mares.
El módulo Yutu 2 rueda sobre la superficie lunar poco después de su alunizaje. Fuente CNSA.
Y hasta allí ha llegado por primera vez el módulo de alunizaje Yutu 2 de una nave espacial china, la Chang'e 4, llevando vida con ella. Comunicarse con un módulo de aterrizaje o rover desde el lado oculto es difícil, ya que la totalidad del cuerpo sólido y rocoso de nuestro satélite bloquea las señales directas que viajan de un lado a otro. Para resolver este problema, China lanzó un satélite llamado Queqiao en mayo pasado. Queqiao se colocó en el punto Lagrange-2, un lugar gravitacionalmente estable situado más allá de la Luna desde el cual podrá transmitir comunicaciones entre el control de la misión y la Chang'e 4.
Un pequeño recipiente en el Yutu 2  contiene semillas de patatas y de Arabidopsis thaliana, una planta relacionada con la col y la mostaza, que es muy utilizada en biotecnología, así como huevos de gusano de seda. La idea es que las plantas suministren oxígeno a los gusanos de seda y que, a su vez, estos proporcionen a las plantas el dióxido de carbono (emitido en la respiración animal) y los nutrientes necesarios gracias a sus desechos. Los investigadores observarán las plantas para ver si realizan con éxito la fotosíntesis y crecen y florecen en el entorno lunar.
Inflorescencia de Arabidopsis thaliana
El experimento de esta liliputiense "biosfera" es el resultado de una colaboración entre 28 universidades chinas, liderada por la Universidad Chongqing. El experimento, que tendrá lugar dentro de un cilindro de aleación de aluminio de 0,8 litros, pesa alrededor de tres kilogramos e incluye abono orgánico, nutrientes y agua. La luz del sol se filtrará en el contenedor a través de un tubo y unas microcámaras observarán el minúsculo entorno. Los datos se remitirán a la Tierra mediante un sofisticado sistema de transmisión visual.
¿Por qué la patata y Arabidopsis? Porque el período de crecimiento de Arabidopsis es corto y fácil de observar. Y la patata podría convertirse en una fuente importante de alimentos para los futuros viajeros espaciales. Arabidopsis ha crecido en el espacio antes, en un experimento en la Estación Espacial Internacional que mostró que sus hojas parecían subir y bajar al detectar la gravedad lunar. Pero si la planta florecerá en el lado oculto de la Luna sigue siendo una pregunta sin respuesta.
Ya hay vida en al menos otro lugar en el sistema solar, aunque solo sea porque los chinos la hayan puesto allí. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.


[1] Si quiere ver un video del Polo Sur del lado oculto de la Luna filmado por la cámara de una de las naves gemelas GRAIL (Gravity Recovery and Interior Laboratory), lanzadas por la NASA en 2012, no tiene más que pulsar en este enlace. Si desea ver unas espectaculares imágenes en 3D de las exploraciones lunares, cliquee en este otro.

miércoles, 2 de enero de 2019

Biodiversidad: con la globalización a los chupadores les va muy bien

Chinche de las camas, Cimex lectularius. Foto

Hay colectivos a los que les va muy bien con la globalización, sobre todo a los que viven de los otros actuando como elites extractivas de capital, como ocurre con los grandes grupos financieros, o como chupadores de sangre, como las chinches. Investigaciones genéticas recientes subrayan que las armas químicas utilizadas para eliminar las infestaciones de chinches se están volviendo cada vez más ineficaces. Las chinches se están volviendo resistentes a los pesticidas gracias a mutaciones genéticas que las protegen contra la gran cantidad de pesticidas que usamos para eliminarlas.
Cimex lectularius, vulgarmente conocida como chinche o chinche de las camas, es un insecto hemíptero de la familia Cimicidae. Su alimentación es hematófaga, es decir, se nutre con sangre de humanos y otros animales de sangre caliente. Su nombre vulgar proviene del hábitat frecuentemente usado: colchones, sofás y otros muebles.​ Aunque no es estrictamente nocturna, su mayor actividad la desarrolla por la noche. Recientes investigaciones están demostrando que estos molestos insectos están desarrollando mecanismos genéticos de defensa frente a los insecticidas.
Una encuesta realizada entre profesionales estadounidenses del control de plagas encontró que el 68% de ellos consideran que las chinches de cama son las plagas más difíciles de controlar. En los últimos veinte años, ha habido un aumento en las infestaciones de chinches en Estados Unidos, lo que tal vez se deba a la floreciente industria del turismo. Una vez que estos molestos insectos llegan a cualquier sitio, se multiplican como lo que son, como chinches. A medida que crece la infestación, las medidas para eliminarlas se vuelven cada vez más difíciles y los profesionales no garantizan los resultados de sus fumigaciones. Debido a sus cuerpos delgados como el papel, las chinches de cama se pueden comprimir fácilmente en las grietas de las paredes y los muebles, lo que dificulta aún más la efectiva penetración de los insecticidas fumigados.
Grabado de 1860 de las partes de una chinche de las camas. A. Intestinos.—B. Antena del macho.—C Ojo.—D. Aparato bucal chupador, cerrado.—E. Vista lateral del aparato bucal chupador.—F. Parte inferior de la cabeza.—G. Parte inferior del labio.—GG. Pelos del aparato bucal.—H. Bolsa de huevos.—I. Larva emergiendo del huevo. Grabado del Harper's Magazine. CXXVII - Diciembre 1860 - Vol. XXII, p. 42. Escaneado a 300 dpi.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky realizó una investigación para estudiar el efecto de los pesticidas en las chinches. Primero secuenciaron los genes encontrados en veintiuna poblaciones de chinches de cama resistentes a los pesticidas que residen en un área infestada cercana. Después de un estudio minucioso, descubrieron que catorce de los veintiún genes recolectados tenían variaciones asociadas con la resistencia a los pesticidas. Cada población diferente de chinches tenía una combinación diferente de variaciones genéticas.
La investigación también encontró que todos los genes estaban activos (es decir, daban lugar a proteínas específicas) principalmente en la capa externa de la cutícula del exoesqueleto, en lugar de en el tracto digestivo, que es donde la mayoría de las poblaciones de chinches desarrollan mecanismos para neutralizar los mortales pesticidas en spray. Los investigadores observaron que, como cabía esperar, el exoesqueleto representa la mayor parte del área sobre la cual se rocía el pesticida. Lo que parece que ha ocurrido es que las chinches se están equipando genéticamente para combatir el efecto venenoso de los pesticidas convirtiendo su exoesqueleto en una armadura compuesta de genes protectores.
La investigación también identificó dos de los mecanismos que ayudan a las chinches en su lucha contra los pesticidas. El primero involucra la enzima metabólica (el citocromo p450), que ayuda a los insectos a minimizar el efecto de las toxinas. Una mutación genética que proporciona resistencia a los pesticidas permite que las chinches produzcan grandes cantidades p450. El otro mecanismo se basa en una proteína que se encuentra en la superficie de las células nerviosas. Hay un canal de iones que informa a la neurona cuándo actuar. Los insecticidas y pesticidas disponibles en el mercado hoy en día apuntan a este canal de iones en particular. Hacen que el sistema nervioso de las chinches se descomponga, matando al insecto rápidamente. Sin embargo, se ha encontrado que las poblaciones de chinches de cama resistentes a los pesticidas llevan una mutación en el canal iónico que evita que el pesticida afecte su sistema nervioso.
Transparencia de C. lectularius. Foto.
En otro estudio realizado por la Universidad de Purdue sobre chinches resistentes a los plaguicidas, los investigadores reunieron diez poblaciones diferentes de chinches de diversas regiones norteamericanas. Durante siete días expusieron a los insectos a dos pesticidas químicos muy populares: Bifenthrin y Chlorfenapyr. La bifentrina es un piretroide que típicamente ataca los sistemas nerviosos de los insectos. Chlorfenapyr, por su parte, es un químico que ataca las mitocondrias, los orgánulos que producen energía dentro de una célula. En general, los expertos en control de plagas utilizan Clorfenapir, mientras que los usuarios no profesionales normalmente usan bifentrina, que está disponible sin prescripción médica en forma de aerosoles y aerosoles insecticidas.
Los investigadores descubrieron que casi la mitad de las muestras que observaron tenían una susceptibilidad reducida a la bifentrina, y casi un tercio de la muestra de la población de chinches era incluso menos susceptible al químico más fuerte, el clorfenapir.
Los investigadores señalaron que estos químicos funcionan contra las chinches, pero solo en algunas poblaciones de chinches. Por lo tanto, su utilidad en el manejo de plagas no se puede descartar por completo. Para evitar que estas herramientas pierdan aún más su efectividad, es esencial que se usen con moderación. La mejor manera de usarlos es alternar con otros métodos no químicos como calor, vapor o gel de sílice.
Por lo tanto, combatir la infestación de plagas con nuestro repertorio químico actual no es tan útil y, en realidad, puede tener un efecto más tóxico en los humanos que habitan que las mismas plagas. Tal y como luchar contra la banca: ¡siempre gana! © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.