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viernes, 2 de febrero de 2018

Una rara especie de planta parásita liliputiense

Flor de Thismia rodwayi. Foto.
Por lo general, y tal como nos enseñaron en la escuela, las plantas con flores (angiospermas) son capaces de alimentarse por sí solas mediante la fotosíntesis, es decir, mediante la captación de los fotones lumínicos por un pigmento especializado, la clorofila, cuyo color verde tiñe las partes vegetativas (tallos y hojas) de las plantas que la poseen. Toda regla, y más en la naturaleza, tiene sus excepciones y así, aunque la mayoría de las angiospermas son autótrofas, es decir, capaces de realizar la fotosíntesis, unos cientos de ellas son heterótrofas, lo que quiere decir que necesitan obtener sus nutrientes desde otras fuentes orgánicas.
Hasta hace pocos años se creía, de un modo erróneo, que las plantas que no realizan la fotosíntesis conseguían sus nutrientes directamente de la materia orgánica de una manera saprofítica, similar a la que utilizan los hongos que descomponen lo restos de otros organismos. Tales plantas, por lo tanto, fueron llamadas «saprófitas». Ahora se sabe que esas plantas no son capaces de la absorción y digestión directa de la materia orgánica, y que para conseguir el alimento deben recurrir al parasitismo. El parasitismo puede ser directo (cuando parasitan directamente a otras plantas) o indirecto. En este caso, que practican las llamadas micoheterótrofas (micos significa hongo en griego), las plantas se valen de los hongos, a los que parasitan para obtener sus nutrientes, mientras que estos, a su vez, obtienen los suyos parasitando otras plantas o descomponiendo sus restos.
Sarcodes sanguinea. Foto
La relación entre la planta y sus socios fúngicos se establece entre las raíces de la planta y el micelio del hongo. Las micoheterótrofas, por tanto, se pueden considerar como epiparásitas, puesto que toman la energía de los hongos, los cuales, a su vez, la consiguen de otras plantas vasculares. De hecho, muchos micoheterótrofos se encuentran en un entramado micorrícico, en el que las plantas utilizan las micorrizas del hongo para el intercambio de dióxido de carbono y nutrientes. En estos sistemas, los micoheterótrofos juegan el papel de «explotadores micorrizales», tomando los nutrientes de las micorrizas comunes, pero sin dar nada en contrapartida.
Existen alrededor de 400 especies de plantas micoheterótrofas obligadas, que se distribuyen en cerca de 90 géneros, y casi 20.000 especies micoheterótrofas facultativas, o sea, que dependen de un hongo para sobrevivir al menos en los estados iniciales de crecimiento, como por ejemplo las orquídeas. Casi todos los años se describen nuevas especies micoheterótrofas, sobre todo en los trópicos, porque en las latitudes extratropicales –cuya flora se conoce mejor- parece que las plantas que parasitan a hongos son conocidas desde muy antiguo. Entre ellas se cuentan los arbustos ericáceos de los bosques boreales pertenecientes a la tribu Pyroleae, como Chimaphila umbellata, Orthilia secunda, Pyrola chlorantha, P. rotundifolia y Sarcodes sanguinea.
El pasado mes de enero, en la revista neozelandesa Phytotaxa, dos botánicos tailandeses han descrito una nueva especie de planta micoheterotrófica, Thismia thaithongiana, cuyo hábitat se separa mucho del habitual en otras especies de la familia Thismiaceae a la que pertenecen. Las tismiáceas son una familia de plantas monocotiledóneas, pequeñas y raras, tropicales y subtropicales de todo el mundo. Son hierbas sin clorofila, cuyos tallos subterráneos pasan desapercibidos pero que se reconocen durante la antesis por sus características flores.
Thismia thaithongiana. A, planta en su ambiente natural, en las calizas de Doi Hua Mot, Umphang, Tailandia. B, plantas con sus tallos subterráneos. C, flor inmadura. D, vista cenital de la flor. E, F, vistas laterales de las flores. G, sección longitudinal de la flor. Foto
Las flores son usualmente solitarias y terminales, sin diferenciación entre pétalos y sépalos, como es habitual entre las monocotiledóneas, cuyas piezas florales se denominan tépalos. En las tismiáceas, los tépalos externos son muchas veces bastante diferentes de los internos; hay un anillo rodeando la amplia garganta; los estambres forman un cono en el centro de la flor, y el ovario es ínfero. Las flores tienen una textura blanda, gelatinosa, y, en general, recuerdan a pequeños hongos, como sucede con T. thaithongiana que aparece en la composición fotográfica de arriba, que se explica mejor con la iconografía de la lámina y con la descripción con las que finalizo este artículo.
El género Thismia, con más de 60 especies descritas, es el más amplio de la familia tismiáceas, y está ampliamente distribuido en las regiones tropicales y subtropicales del sureste de Asia, sobre todo en la península malaya, Sumatra, Java, Borneo, Tailandia y Vietnam. Los miembros del género son pequeñas hierbas micoheterotróficas que por lo general crecen sobre hojarasca en descomposición a la sombra de bosques tropicales húmedos. Lo que distingue a T. thaithongiana del resto sus congéneres es que vive en bosques abiertos y secos, directamente sobre sustratos calcáreos, aunque su floración está directamente ligada a las lluvias tardías de septiembre-octubre que mantienen húmedo el horizonte superior del suelo. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.
Thismia thaithongiana. A, B, plantas con flores. C, vista cenital de la flor. D, sección longitudinal de la flor. E, vista interior (adaxial) de tres estambres péndulos. F, stigma y estilo. Lámina dibujada a partir del holótipo de la especie. Lámina.

Descripción de Thismia thaithongiana: 
Hierbas terrestres, sin clorofila, micoheterotróficas. Tallos subterráneos agrupados, horizontales, vermiformes, ramificados, de hasta 1,2 mm de diámetro, blanquecinos cuando son jóvenes, de color pardo cuando están viejas. Tallos aéreos erectos, de menos de 2 mm de largo. Hojas glabras, blanquecinas, escamosas, de estrechamente triangulares a ovadas, 1,5-5.0 × 1,2-3.5 mm, ápice de obtuso a agudo; las hojas más grandes se sitúan justo debajo de la flor. Entre dos y tres brácteas involucrales, blancas, similares a las hojas superiores. Flores solitarias o apareadas, a veces varias agrupadas en un rizoma, pubescentes, de color verdeazulado en el ápice, blanquecinas en la base. Perianto actinomórfico con 6 tépalos fusionados para formar un tubo periántico a modo de capucha mitriforme. Tubo periántico urceolado, estrechado justo encima del ovario, más ancho en el tercio superior, blanquecino, a veces con 12 rayas verticales verdeazuladas en la parte superior; superficie interna en cuyo ápice hay un anillo ancho, prominente, verdeazulado. Tres tépalos exteriores verdeazulados, triangulares, 1,5-3× 3-4.5 de ancho en la base, terminados por apéndices en forma de cuerno; cada apéndice de 2-4.5 mm de largo, pubescente. Tépalos internos 3, verdeazulados, connados en la parte superior en forma de mitra, con un apéndice en forma de cuerno pubescente que se desarrolla desde la costilla central de la superficie externa de cada uno, cuya longitud es de 2-4 mm; la mitra presenta tres aberturas laterales, de 2,5-4,5 mm de diámetro. Anillo interior verdeazulado, de 2,5-3,5 mm de diámetro, glabro. Estambres 6, péndulos debajo de la boca del anillo, verdeazulados en la base, blanco-cremoso a rosado en el ápice; filamentos glabros, libres, ca. 1 mm de largo; estambres lateralmente connatos, formando un tubo con sus anteras; estambres individuales espatulados, con 4 tecas (dehiscencia abaxial, hacia la superficie interna del tubo periántico. Ovario ínfero, en forma de copa, 3,0-4,5 mm de largo, pubescente, unilocular, placentas 3; estilo ca. 1 mm de longitud; estigma trilobulado, ca. 1,2 mm de largo, blanco cremoso, superficie casi entera; lóbulos de estigmas triangulares o lanceolados, peludos. Fruto maduro y semillas no observadas. Traducida de la descripción original.