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domingo, 21 de enero de 2018

Las orquídeas que fascinaron a Darwin

Flores masculinas de Catasetum osculatum. Foto
En general, las orquídeas presentan flores perfectas, lo que quiere decir que contienen órganos masculinos y femeninos. Sin embargo, en la naturaleza no hay excepciones a la regla y en una familia tan grande como la de las orquídeas, las excepciones siempre están a la vuelta de la esquina. Tomemos como ejemplo a las orquídeas del género Catasetum. Las más de 160 especies descritas de este género presentan flores unisexuales, bien masculinas, bien femeninas, pero nunca hermafroditas. Además, la morfología floral de unas y otras es tan distinta que algunas especies se describieron como distintas según su sexo.
Flores femeninas de Catasetum osculatum. Foto.
Fue Charles Darwin el primero en descubrir que las plantas de diferentes sexos pertenecían a la misma especie por más que algunos botánicos las hubieran descrito como especies diferentes. El género Catasetum cautivó a Darwin, quien consiguió hacerse con una excelente colección para estudiar gracias a los ejemplares que le regalaron amigos y corresponsales de todo el mundo. Darwin no solo resolvió la cuestión nomenclatural, sino que también describió el singular mecanismo de polinización de estas orquídeas tropicales. Los detalles de este proceso son tan extraños que los hallazgos de Darwin fueron ridiculizados por algunos científicos de la época. Pero una vez más, Darwin tenía razón.
Si tener plantas individuales masculinas y femeninas no era lo suficientemente extraño para estas orquídeas, el mecanismo por el cual se logra la polinización es literalmente explosivo. Las Catasetum son polinizadas por grandes abejas del género Euglossine. Atraídas por el dulce aroma de las flores masculinas, las abejas se posan en el labelo y comienzan a explorar la flor. Sobre el labelo hay dos estructuras semejantes a pelos. Cuando una abeja entra en contacto con estos pelos, la flor dispara hacia abajo una estructura, la polinia, que contiene lo sacos de polen (Véalo en este vídeo). Una almohadilla adhesiva en la base de la polinia garantiza que una vez que golpea a la abeja, se adhiera firmemente a ella.
Flores femeninas de C. longifolium. Foto
Las abejas pronto se dan cuenta de que las flores masculinas son lugares inhóspitos de los que no obtienen nada positivo, por lo que parten en busca de otras flores en la que libar sin ser golpeadas por unos objetos pegajosos. Posiblemente sea esa la causa de que las flores de sexos diferentes parezcan tan distintas entre sí. Cuando las abejas visitan las flores femeninas, los sacos de polen que llevan en su dorso se deslizan en un surco perfecto que existe en la entrada del ovario de las flores femeninas y así se logra la polinización.
La singularidad de esta estrategia reproductiva ha hecho que las orquídeas Catasetum sean el centro de atención de botánicos y horticultores quienes se preguntaban cómo se determina su sexo ¿Es un sexo genéticamente determinado o hay ciertos factores ambientales que lo condicionan? Como resultado de múltiples investigaciones, parece ser que la disponibilidad de luz puede ser una de las señales más importantes para la determinación sexual en Catasetum.
En un artículo publicado en 1991, Jess K. Zimmerman describió que había patrones en la ratio de sexos para al menos una especie de Catasetum. Las plantas femeninas se encontraban con mayor frecuencia en los bosques más jóvenes, mientras que las proporciones se aproximaban a 1:1 en los bosques más viejos. Lo que los investigadores encontraron fue que las plantas son más propensas a producir flores femeninas bajo doseles abiertos y flores masculinas bajo doseles cerrados. Es posible que, debido a que la producción de semillas es un esfuerzo muy costoso para las plantas, los individuos con acceso a más luz sean más propensos a presentar flores femeninas.
Además de sus extraños hábitos reproductores, la ecología de estas plantas también es fascinante. Nativas de los trópicos del Nuevo Mundo, las Catasetum viven como epífitas en las ramas y los troncos de los árboles. Vivir en el dosel arbóreo puede ser bastante estresante y las orquídeas han evolucionado para resolver los problemas ecológicos. Para empezar, son caducifolias. La mayoría de los hábitats en los que aparecen experimentan una estación seca. A medida que las lluvias desaparecen, las plantas pierden las hojas y perviven gracias a un denso grupo de pseudobulbos verdes. Estas estructuras bulbosas sirven como almacenes de energía y agua que impulsarán el crecimiento tan pronto como vuelvan las lluvias.
C. silvestre creciendo como epífito. Foto
El dosel también puede ser bajo en nutrientes vitales como el nitrógeno y el fósforo. Al igual que todas las orquídeas, las Catasetum son micorrízicas, es decir, cuentan con una asociación íntima con hongos micorrizógenos que les suministran esos nutrientes. Tales asociaciones son vitales para la germinación y el crecimiento. Sin embargo, los hongos con los que se asocian se alimentan de madera muerta, que es baja en nitrógeno. Eso ha llevado a otra relación más complicada y altamente especializada que se conoce en al menos algunos miembros de este género de orquídeas.
Las Catasetum maduras se encuentran frecuentemente creciendo sobre nidos de hormigas arborícolas. Las que no lo hacen, a menudo albergan colonias de hormigas dentro de sus pseudobulbos ahuecados. Esta asociación con hormigas cumple una doble función. Al instalarse dentro de la orquídea o alrededor de sus raíces, las hormigas proporcionan a la planta una fuente vital de nitrógeno en forma de heces y otros productos de desecho. Al mismo tiempo, las hormigas atacarán con fiereza a cualquier cosa que pueda amenazar su nido. Al hacerlo, mantienen a raya a herbívoros potenciales.
Contemplar una Catasetum en floración es algo extraordinario. Son maravillas de la evolución y una prueba viviente de que parece que no hay límites para la capacidad de las orquídeas para sobrevivir. Afortunadamente para la mayoría de nosotros, no hay que viajar a la jungla y escalar un árbol para ver de cerca una de estas orquídeas. La facilidad para cultivarlas ha hecho que la mayoría de los jardines botánicos disfruten al menos de una especie o dos de este género. Si encuentra una Catasetum, tómese tiempo para admirarla en todo su esplendor. Se sentirá feliz de haberlo hecho. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.