Páginas vistas en total

viernes, 18 de octubre de 2019

Un extraño alienígena en el zoo de París


El zoológico de París acaba de inaugurar un terrario cálido y húmedo en el que vive un organismo extraordinario, Physarum polycephalum, que no es animal, ni planta ni hongo, aunque en los países anglosajones se le llame slime mold, “moho baboso” o “moho mucilaginoso”. Este extraño organismo carece de cerebro pero es capaz de aprender.
En 1958 Steve Mcqueen debutó en el cine en The blob (La mancha), una película de terror de serie B, en la que una forma de vida alienígena viscosa y amorfa cae sobre una ciudad de Pennsylvania y devora todo a su paso. Blob es precisamente el nombre que le ha dado el personal del zoológico al nuevo organimo, que ha venido a unirse a las más de 180 especies “normales” en un zoo: rinocerontes, cebras, jirafas, pingüinos, tucanes, tortugas y similares.
Physarum polycephalum, una criatura extraña que ha sorprendido y desconcertado a los científicos durante décadas, pertenece a un grupo de organismos, los mixomycetes que, a pesar de su nombre (mycete, viene del griego mycos, hongo), no son hongos. Tampoco son plantas, puesto que carecen de dos de los atributos que caracterizan a estas, a saber, paredes celulares compuestas de celulosa y capacidad fotosintética. Dado que se alimentan por digestión de presas como hacen los animales, algunos expertos los han clasificado como Mycetozoa, es decir, “hongos animales”.
Como otros mixomycetes, P. polycephalum es un enigma biológico y una maravilla. Los mixomycetes adoptan tres formas distintas durante su vida (Figura). Al principio tienen forma de ameba unicelular (mixamebas) que se mueven mediante seudópodos o flagelos dependiendo principalmente de la cantidad de agua en el medio. Estas formas ameboides hacen que muchos taxónomos los incluyan junto a las verdaderas amebas en el phyllum Amoebozoa. Bajo ciertas condiciones ambientales que varían de una a otra especie, se transforman en plasmodios, grandes masas citoplasmáticas multinucleadas sin separación de membranas celulares, o en seudoplasmodios, constituidos por la agregación de amebas individuales.

Figura: Ciclo de vida de un mixomycete de la clase Myxogastrea. En la parte de arriba (con flechas en color rojo) se muestran las fases haploides. Las esporas dan lugar a mixamebas o bien a mixoflagelados si hay agua en el medio. Las mixamebas se reproducen por mitosis y bajo ciertas condiciones se pueden fusionar, actuando como gametos. En la parte de abajo (con flechas de color azul) se muestran las fases diploides. Una vez formado el zigoto, el núcleo celular se divide repetidamente dando lugar a un plasmodio. A partir de los plasmodios se forman los cuerpos fructíferos, que generan esporas, cerrando el ciclo. Modificada a partir de fuente. 

En la madurez, un plasmodio pequeño contiene varios cientos de núcleos; los plasmodios grandes contienen un número inimaginable de núcleos. Esta es la etapa visible más normal y la que les ha hecho merecedores del nombre de mohos mucilaginosos. En este estado es un organismo unicelular con millones de núcleos que se arrastra a lo largo de los suelos forestales en busca de bacterias, esporas de hongos y otros microbios. Puede detectar y digerir las presas, pero no tiene boca ni estómago. En el zoo de París, después de cultivar el organismo en placas Petri, alimentándolo con papilla de avena, los biólogos lo injertaron en corteza de árboles y lo expusieron en un terrario a temperatura controlada (pueden vivir a temperaturas entre 19 y 25 ºC, y con humedades entre el 80 y el 100%).
P. polycephalum puede adoptar forma de plasmodio ameboide, pero también puede extenderse formando filamentos delgados que parecen venas. Por último, desarrolla esporas en un cuerpo fructífero que es superficialmente similar a los esporocarpos de los verdaderos hongos.
Pero quizás lo más notable de P. polycephalum es que posee un tipo especial de inteligencia, aunque no tenga cerebro. Algunas investigaciones han demostrado, por ejemplo, que puede encontrar el camino más corto a través de un laberinto que tenga comida al principio y al final, lo que ha servido para utilizar su mecanismo de desplazamiento orientado en estudios sobre circuitos electrónicos y computacionales, y en el diseño de carreteras y de la ampliación del metro de Tokio. Al dejar un rastro mucus a su paso, P. polycephalum evita las áreas que ya ha visitado, lo que significa que posee un tipo de "memoria espacial externa”.
Un estudio de 2016 demostró que P. polycephalum podía aprender a evitar la quinina o la cafeína, dos repelentes conocidos para ese organismo. Según los autores de ese estudio «Muchos de los procesos que podríamos considerar características fundamentales del cerebro, como la integración sensorial, la toma de decisiones y el aprendizaje, se presentan en estos organismos no neuronales».
Sin estómago, pero capaz de digerir; sin cerebro, pero capaz de aprender ¿Quién da más? © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.