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lunes, 19 de octubre de 2020

El bosque de un solo árbol o el ser vivo más grande del mundo

 

Bosque de álamo temblón en las Rocosas cerca de Vail, Colorado.

En el otoño, los turistas toman las carreteras de Norteamérica para disfrutar de los vivos colores que aparecen cuando los árboles de hoja caduca reciclan los verdes producidos por la clorofila. En el oeste de Estados Unidos y Canadá, el árbol más colorido del otoño es el álamo temblón, Populus termuloides. Amarillos brillantes y tonos espectaculares de intensos dorados contrastan con los distintos tonos verdes de las coníferas perennifolias. El álamo temblón recibe su nombre del característico aleteo de sus hojas, que se agitan incluso con las brisas más suaves.

Aunque al visitante del parque natural de Fish Lake en Utah le parezca estar delante de un bosque de 47.000 álamos temblones, en realidad se trata de un solo árbol conocido como “Pando” (nombre que en latín significa «se extiende»), que se describió por primera vez en 1976. Este enorme ser vivo extiende sus raíces 43 hectáreas bajo el suelo (unos sesenta campos de fútbol), de las que desde hace unos 14.000 años están surgiendo nuevos tallos que reemplazan a los que mueren, clonando una y otra vez la primera planta surgida hace milenios, antes incluso de que el Homo sapiens llegase a colonizar Europa.

Considerado el organismo vivo más pesado del planeta (alrededor de 5.900 toneladas) y entre los más ancianos (aunque no se puede establecer a ciencia cierta su edad), ha resistido cambios extremos de clima y la llegada del ser humano. Sin embargo, ahora puede tener los días contados.

En un artículo publicado en la revista PLOS ONE, dos investigadores de la Universidad de Utah han llevado a cabo un estudio de la evolución de este «bosque de un árbol» que abarca las últimas siete décadas. Sus conclusiones señalan que su superficie se está reduciendo principalmente debido a la amenaza de otra especie, el ciervo mulo (Odocoileus hemionus). Este animal, que vive en la zona y se alimenta de plantas jóvenes, frena su regeneración, dejando sin sucesores a los árboles envejecidos que forman Pando, cuya vida media apenas supera un siglo.

Secuencia cronológica de la evolución del bosque de álamos temblones de Fish Lake. El polígono amarillo representa el límite de Pando (sus raíces). Se pueden observar zonas deforestadas en las que ya no crecen árboles. Foto

El estudio, además de presentar el primer análisis completo de las condiciones actuales del enorme álamo, ofrece una secuencia de fotografías aéreas tomadas durante 72 años en la que se puede observar cómo Pando ha ido «adelgazando» constantemente en las últimas décadas. En las imágenes se ven las zonas deforestadas por el desarrollo humano y cómo el «gigante temblón» ha superado milenios, pero no ha aguantado a menos de un siglo de intromisión humana.

La presión ejercida por los ciervos, unida a la del ganado y las visitas turísticas es tan fuerte que en una o dos décadas Pando medirá siete hectáreas. Después de ser nombrado en 2014 como un árbol señero del estado de Utah, la administración decidió proteger a Pando con vallas, pero solo las instaló en una mitad del bosque y con una altura insuficiente, a juzgar por los resultados. El ciervo mulo parece estar encontrando maneras de atravesar la cerca por sus puntos débiles o saltando por encima de ella. 

La singular forma de reproducción de Populus tremuloides, de cuyo enorme entramado de raíces van surgiendo clones, es decir, nuevos árboles idénticos genéticamente uno de otros, formando un solo ser vivo, no es exclusiva de Pando. De hecho, se tiene constancia de otros grandes árboles semejantes, aunque ninguno llega a la envergadura de este «gigante» (de media ocupan «tan solo» una hectárea de terreno). Sin embargo, los científicos sospechan que pueden existir otros Pandos similares, pero desconocidos hasta la fecha. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.