Páginas vistas en total

sábado, 17 de abril de 2010

Biografías de escribidores



Quienes gustamos del género biográfico, que se me antoja somos legión, estamos de enhorabuena. Durante los últimos meses han aparecido numerosas biografías que permiten asomarnos al mundo de personajes que, de una u otra manera, han protagonizado parte de la historia. Mi interés particular se inclina por las biografías de los grandes escritores, por lo que la publicación entre el otoño pasado y la húmeda primavera que nos toca vivir de un variado, atractivo y largo elenco de biografías dedicadas a García Márquez, Kafka, Zweig y Unamuno ha sido todo un festín.

García Márquez dijo en una ocasión que todo escritor con un mínimo de dignidad debería tener un biógrafo inglés. Ahora, sus aspiraciones se han hecho realidad. Un mago (Debate) es la larga biografía (82 años) del premio Nobel colombiano escrita por Gerald Martin, que muestra una figura fascinante, tanto en su vida literaria como en la personal, a través de una crónica en la que el biógrafo inglés ha invertido los últimos 17 años y que lo ha llevado a viajar varias veces por Colombia y América Latina, aprovechando bien el tiempo pues ya cuenta en su haber con una biografía del presidente de Bolivia (Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales), un libro para entender el corazón y la mente de un presidente que surgió de la pobreza extrema con la propuesta de darle vuelta a la historia. El trabajo del biógrafo no ha sido fácil, porque ha tenido que sortear «las múltiples versiones que García Márquez ha ido sembrando a propósito de todos los momentos determinantes de su vida…».

Las editoriales Trotta y Alba han presentado sendas biografías del autor checo Franz Kafka. La primera ha publicado Kafka y el holocausto, de Álvaro de la Rica, y la segunda El mundo formidable de Franz Kafka, de Louis Begley, dos libros que arrojan nuevas luces sobre la cotidianidad del autor de El proceso, sobre su relación con el momento histórico (Kafka, un judío cosmopolita asimilado a la cultura Occidental, que renegaba del "judaísmo de la comunidad aldeana" como le escribió a su padre, murió tuberculoso “salvándose” así del holocausto del III Reich, que devoró a sus tres hermanas), sobre su herencia hebrea (Walter Benjamin, Hannah Arendt, Martin Buber o Elias Canetti), y sobre el enigma estético que albergan sus pesadillas, frías y atroces, “un mundo surrealista que pertenece más al sueño que a la vigilia, a lo que está fuera de la realidad ordinaria, aunque venga directamente de ella”, como dice De la Rica.
Stefan Zweig, de pie, junto a su hermano Alfred, en Viena (c. 1900)

Oliver Matuschek es el autor de Las tres vidas de Stefan Zweig (Papel de Liar), una biografía del escritor alemán, autor a su vez de algunas excelentes y amenas biografías bien individuales (Balzac, María Antonieta, Erasmo, Magallanes) o bien combinando personajes como en La lucha con el Demonio (Hülderlin, Kleist, Nietzsche) o en La curación por el espíritu. (Mesmer, Mary Baker-Eddy, Freud). Zweig, un autor de best sellers traducidos en toda Europa durante los años 20 y 30, había permanecido en el ostracismo editorial español durante casi treinta años pero ha retornado felizmente a las librerías españolas gracias a las ediciones hechas por El Acantilado, entre las que se cuentan algunas obras esenciales (Castellio contra Calvino, una apología de la tolerancia que comentaré en otro momento; Veinticuatro horas en la vida de una mujer y El mundo de ayer, un libro de memorias y una preciosa y nostálgica recreación del tiempo que le tocó vivir antes de que la policía antisemita registrara su casa en 1934 y comenzará con ello un largo exilio que le condujo a Brasil, país al que dedicó el último de sus libros, Brasil, país de futuro, donde -acongojado por las pérdidas familiares, por la pérdida de un mundo, el suyo, que se iba desintegrando a través de un siglo devastador, y previendo un dominio universal del nazismo- se suicidó con su segunda mujer, Lotte, en Petrópolis, cerca de Río, el 22 de febrero de 1942. Creyó que su vida y su mundo, ese mundo culto y sensible de la acomodada burguesía alemana a la que pertenecía, estaban cumplidos y terminados.


Entre los escritores españoles cuyas historias destacan entre las novedades está Miguel de Unamuno. Biografía (Taurus) de Colette y Jean Claude Rabaté, un matrimonio de hispanistas franceses. «He molestado a todos los públicos y a todos los pueblos que he visitado. Y aunque, a la larga, digan 'tenía razón', en el fondo les soy antipático... Tener razón es lo más antipático que hay». La frase la incluyó Unamuno en una carta a un amigo en 1908 y bien habría podido servirle de epitafio. Quizás por ello, Unamuno fue sólo objeto de análisis de eruditos e ignorado por el gran público. Su yerno, el poeta José María Quiroga, le dijo una vez al final de su vida: «Es usted un monumento nacional». Si lo es, ha sido un monumento nacional muy poco visitado. El simple hecho de que esta biografía sea la primera en 45 años (después de la publicada en 1964 por el periodista Emilio Salcedo), es ya una demostración palpable del ocultismo que ha pesado sobre este personaje descomunal.

Esta biografía es monumental y epistolar. Monumental por el abrumador trabajo realizado por los autores, que apenas cabe en las ochocientas páginas de un volumen excelentemente documentado gracias a una exhaustiva recopilación de escritos personales entre los que se cuentan sus cuadernillos autobiográficos de juventud y vejez, casi 4.000 artículos periodísticos, innumerables discursos rescatados de las hemerotecas y del increíble (por lo extenso) epistolario que mantuvo con familiares, amigos y adversarios, en gran parte inédito. Toda esa documentación ha permitido analizar la figura pública y privada de una personalidad polifacética, de un filósofo vasco austero como un cuáquero, creyente sin fe, irreductible en su batalla contra el "nacionalismo aldeano" frente al cual defendió el 'imperio' de la lengua española, y que vio en la Guerra Civil un caso de locura colectiva.

La pelea de Unamuno "contra esto y aquello", como tituló el filósofo uno de sus libros, marcó su vida y condicionó su personaje histórico. Un personaje polifacético que uno ve evolucionar a través de esta detallada biografía: el desasistido y mal alimentado estudiante en Madrid, el joven opositor que se gana a duras penas la vida dando clases particulares, el pedagogo empedernido, el filólogo y traductor, el catedrático consciente de sus responsabilidades académicas y, por ello, enfrentado a la mayoría del claustro, el rector polémico dos veces destituido, el predicador laico convencido de su misión cultural, el militante del partido socialista, el concejal del Ayuntamiento de Salamanca, el excursionista deseoso de dar a conocer los paisajes de España, el articulista cuya prodigiosa producción se debe a la necesidad de sacar a delante a su numerosa prole, el escritor preocupado por la difusión de su obra, el dramaturgo frustrado y, finalmente, el intelectual que, después de siete años de destierro, ve triunfar su ideario y que, elegido diputado, contempla, asustado, como otros intelectuales le proponen como Presidente de la II República.

Pero sobre todo, gracias a su correspondencia familiar, a sus cuadernillos y a los poemas escritos constantemente, casi a diario, se desvela la dimensión más íntima de un padre que llora la muerte de un hijo tullido, de un esposo púdico y enamorado, de un hombre atormentado por el misterio de la muerte y de la religión, de un anciano ensimismado que, después de levantar por última vez la voz el 12 de octubre de 1936, pierde definitivamente la palabra y vive el peor de los naufragios: el de la soledad, la desesperanza y la incomprensión de una guerra civil entre los hunos y los hotros.