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sábado, 11 de noviembre de 2017

Cambio climático: Alemania y China toman las riendas

Para asaltar con éxito la trinchera de la lucha contra el cambio climático, la segunda semana de noviembre de 2014 fue una buena semana para el planeta: Estados Unidos y China desvelaron un acuerdo en el marco del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) por el cual se planificó una marcha atrás en la contaminación de los gases de invernadero (GEI) entre los años 2025 y 2030. La importancia excepcional de aquel acuerdo derivaba del hecho de que era la primera vez que China, la segunda economía del mundo por el volumen de su PIB, se comprometía a una reducción de sus GEI. Entre Estados Unidos (todavía la primera potencia) y China son responsables de cerca de la mitad (el 45% del total) de las emisiones totales de dióxido de carbono, que es, junto con el metano, el principal de los GEI.
De hecho, la base del Acuerdo de París 2015 se basó en gran medida en la cooperación entre los Estados Unidos y China en materia de energía limpia y reducción de emisiones. Aunque desde la conferencia de Bonn están llegando indicios de que los negociadores estadounidenses hacen como si no se hubieran enterado de la posición de Trump, ahora que Estados Unidos ha anunciado su retirada del Acuerdo, ¿quién lo reemplazará? Antes de la conferencia de Bonn, que se cerrará la próxima semana, la atención se centra en Alemania para cubrir la vacante y parece que existe un terreno sólido sobre el cual chinos y alemanes pueden colaborar para mostrarle al mundo una imagen positiva de una transición energética baja en carbono. Si trabajan juntos en energías renovables, en sistemas de transporte sostenibles y otras políticas eficaces, ambas naciones podrían animar el escenario global que conduce a bajas emisiones de carbono.
Hace una década, Alemania y la Unión Europea (UE) invirtieron mucho en energía eólica y solar. Ese impulso cambió el rumbo de las energías renovables a nivel mundial, poniendo a la energía eólica y solar al frente de la tendencia principal en el sector eléctrico. Hoy, China está trabajando activamente para promover nuevas tecnologías y avanzar en su transición energética. El entorno político en China es ahora mucho más favorable para desarrollar vías bajas en carbono basadas en energías renovables. La nueva capacidad instalada de generación de energía solar y eólica en China ha ido aumentando anualmente y hoy representa más del 40% del total mundial. Alemania, que estuvo en la vanguardia de la transición energética (Energiewende), ahora corre el peligro de quedarse atrás.

El sector del transporte ofrece excelentes oportunidades para cooperar en la descarbonización. Alemania ha prometido recortes de emisiones de alrededor del 40% en el sector para 2030. Sin embargo, las emisiones de transporte de Alemania son ligeramente más altas que en 1990, y a los vehículos eléctricos les está costando más de lo previsto emerger en el sector. Mientras tanto, China ha establecido una cuota para vehículos eléctricos y está considerando la prohibición de los automóviles con motor de combustión. Esas medidas presionan a Alemania para que fabrique vehículos eléctricos para el mercado chino. China es líder en la fabricación de baterías y también está desarrollando tecnología de pilas de combustible de hidrógeno para vehículos o aviones, otra área propicia para la cooperación. Aún más cruciales son los conceptos de movilidad alternativa; la cooperación mutua sobre ciudades inteligentes, incluido el uso compartido de bicicletas (un modelo en el que China es líder), o sobre el sistema de transporte público (Alemania ostenta el liderazgo en este campo), que ofrecen más oportunidades de cooperación.
Pero la transición baja en carbono es más que tecnología. Instrumentos políticos como el establecimiento de precios para las emisiones de carbono, los modelos de apoyo a la energía renovable y las medidas de eficiencia energética no solo orientarían las inversiones en la dirección correcta, sino que también cambiarían el comportamiento del consumidor. Ambos países, junto con la UE, tienen una rica experiencia en políticas climáticas, y ya está establecida la cooperación para intercambiar experiencias de comercio de emisiones. Para hacer visible a nivel mundial sus respectivos avances, la investigación conjunta sobre la evaluación sistemática ex post de estas políticas ayudaría a ambos países a comprender mejor las oportunidades y los obstáculos para llevar a cabo medidas específicas. Eso requiere que los datos sobre las emisiones se recopilen y notifiquen de forma transparente. Por eso mismo, un camino muy prometedor sería que ambos emprendieran una iniciativa conjunta para recopilar datos y desarrollar indicadores que podrían ayudar a los investigadores de todo el mundo a evaluar qué instrumentos han funcionado y cuáles podrían funcionar en otros países.
No faltan las disputas entre ambos países, por ejemplo, sobre cuestiones comerciales y de competencia en los mismos mercados. Sin embargo, en general, una cooperación chino-alemana más sólida en la transición hacia las bajas emisiones de carbono podría no solo ayudar a la Energiewende de Alemania, sino que sería también un paso crucial para la política climática internacional cuando los dos asuman un mayor liderazgo en foros multilaterales como el G20. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.