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sábado, 13 de junio de 2020

El bambú sagrado y un apóstol de Linneo

No sabemos con exactitud cuántos seres vivos existen y mucho menos cuántos han existido antes de extinguirse. El llamado “Padre de la Biodiversidad”, el entomólogo estadounidense Edward Osborne Wilson estimó hace más de treinta años que el número total de especies se encuentra entre 5 y 30 millones, aunque algunos científicos han presentado estimaciones aún más altas, de hasta 50 millones. Se han descrito poco más de un millón y medio de especies vivientes. De ellas, aproximadamente un millón corresponde a animales y medio millón a plantas (Figura 1).


Si algo tienen en común los organismos conocidos (y los que faltan por conocer) es que todos están integrados en un sistema de clasificación (al que llamamos Taxonomía) y todos ellos tienen un nombre en latín que se les otorga cumpliendo unas reglas de Nomenclatura. Taxonomía y Nomenclatura fueron concebidas como una parte indispensable de la Ciencia moderna gracias a la capacidad creativa de un naturalista sueco, Carl Linnæus, más conocido sencillamente como Linneo, que nació y murió en Upsala entre 1707 y 1778.
Figura 1
Figura 1
Linneo, que sostenía que si ignoras el nombre de las cosas desaparece también lo que sabes de ellas, puso todo su empeño en poner nombre a los seres vivos y en ordenarlos en un sistema racional de clasificación. A partir de 1731 comenzó a desarrollar un sistema de nomenclatura binomial basado en la utilización de un primer término, con su letra inicial escrita en mayúscula, indicativa del género, y un segundo término, correspondiente al nombre específico de la especie, escrito en letra minúscula. Gracias a ese sistema de clasificación, la planta de la que me voy a ocupar se llama Nandina domestica. Nandina es el nombre del género y domestica el de la especie.


En la época que le tocó vivir, la de las grandes expediciones exploratorias, lo más sorprendente de todo es que el inmenso legado científico de Linneo, basado en la clasificación de miles de plantas y animales de todo el mundo, lo creara prácticamente sin moverse de su casa de Upsala (lo más lejos que viajó en toda su vida fue a Laponia y Holanda). Su secreto estaba en sus corresponsales, en los llamados diecisiete “apóstoles de Linneo”, sus alumnos de doctorado, que viajaron por todo el mundo haciendo lo que habían aprendido de su maestro y remitiéndole sus impresionantes colecciones botánicas y zoológicas.
Figura 2. Carl P. Thunberg
Figura 2. Carl P. Thunberg

Por su voluntad férrea y su incansable tenacidad, entre esos apóstoles linneanos destacó el médico y botánico sueco Carl Peter Thunberg (1743-1828), al que su maestro comisionó para estudiar la flora de Japón. Por aquel entonces, las fronteras del misterioso imperio nipón estaban completamente cerradas a los extranjeros, excepción hecha de los protestantes holandeses, con los que los japoneses mantenían unas fluidas relaciones comerciales.

No había otra: si alguien quería entrar en Japón tenía que hacerse pasar por holandés. Thunberg puso manos a la obra. Tras pasar una temporada estudiando en los jardines botánicos y los museos de Ámsterdam y de Leiden, que aprovechó para tejer una red de relaciones científicas y políticas, en diciembre de 1771 partió de Ámsterdam como médico a bordo de un buque de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Llegó a la provincia del Cabo, entonces en una colonia de los Países Bajos, dónde permaneció tres años para estudiar su flora y aprender el idioma.

Luego viajó a Japón, donde llegó en agosto de 1775. Trabajó como cirujano en el puesto comercial de la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales situado en la bahía de Nagasaki, en la minúscula isla artificial de Dejima (del tamaño de un campo de fútbol), conectada a tierra por un dique de tierra controlado por los funcionarios japoneses que aplicaban normas estrictas de confinamiento a los empleados holandeses.
A mediados de 1776, Thunberg se las apañó para acompañar al director de la colonia en una visita comercial al sogun de Edo (el antiguo nombre de Tokio). Durante este largo viaje pudo colectar numerosas plantas, pero como no podía salirse de las rutas establecidas, la mayor parte de las que pudo observar y herborizar fueron las que crecían en las orillas de los caminos y de los campos de labor. A lo largo de esos caminos crecía constantemente un arbusto de hermosas florecitas al que los guías japoneses llamaban con el nombre popular chino Nandin, “planta del sur”, pues se sabía que prosperaba por los confines meridionales de China continental hasta las faldas del Himalaya.
Figura 3
Cuando regresó a Upsala, Thunberg se dedicó a ordenar sus colecciones y a escribir los resultados de sus expediciones botánicas que plasmó, entre otras, en dos tratados monumentales, Flora Capensis (1807-1823) y Flora Japonica sistens plantas insularum Japonicarum (1784). Los nuevos géneros que encontró en sus viajes los publicó en otra obra, Nova Genera Plantarum, publicada en varios volúmenes, el primero de los cuales vio la luz en 1781 y en cuya página 14 comienza la descripción del nuevo género, Nandina (Figura 3), que su autor adoptó siguiendo el nombre popular de la planta.
Figura 4
Nandina, cuya única especie conocida es Nandina domestica, que se comercializa en todo el mundo con el nombre de “Bambú sagrado”, es un arbusto perennifolio erecto de hasta 3 m de altura, poco ramificado y carente de cualquier pilosidad. Tiene hojas pecioladas alternas de 50-100 cm de largo; son compuestas (dos o tres veces pinnadas) con folíolos, elípticos a ovados o lanceolados y de márgenes enteros, de 2-10 cm de largo por 0,5-2 cm ancho y con los peciolos y peciolulos hinchados en sus bases (Figura 4). Aunque son de color verde oscuro por el haz y de un verde muy pálido por el envés, frecuentemente aparecen teñidas de rojo (Figura 5) cuando son muy jóvenes o viejas.
Figura 5. Bayas y hojas teñidas de rojo de Nandina domestica.
Las inflorescencias, muy abiertas (panículas) y erectas, presentan numerosas flores hermafroditas con varios sépalos muy pequeños y caedizos de color blanco rosado y superpuestos unos a otros como las tejas de un tejado, pero en espiral (Figura 6), y seis pétalos de unos 4 mm de largos, blancos, que primero aparecen en horizontal para luego doblarse hacia abajo (retrorsos) (Figura 7). El androceo tiene seis estambres, mientras el gineceo tiene un único ovario de forma elipsoide con estilo corto. Los frutos son bayas globosas de 5-10 mm de diámetro y de un color rojo brillante cuando maduros, con 1-4 semillas discoidales.
Figura 6
Todas las partes de la planta son venenosas (contienen cianuro de hidrógeno) y podría llegar a ser fatal si se ingiere. La planta está situada en la categoría 4ª de Toxicidad, la categoría que "generalmente se considera no tóxica para los seres humanos". Sin embargo, las bayas se consideran tóxicas para los gatos y el ganado menor. Las aves generalmente no se ven afectadas por estas toxinas y dispersan las semillas a través de sus excrementos.
Figura 7
Las bayas también contienen alcaloides tales como nantenina, que se utiliza en la investigación científica como un antídoto contra la MDMA, la droga conocida como éxtasis. ©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.