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viernes, 5 de junio de 2020

Avanza la primavera: florecen las hortensias


Las hortensias son arbustos muy populares tanto como setos de bajo crecimiento como en macetas, lo que probablemente se debe a sus grandes e impresionantes grupos de flores blancas, azules o rosadas.

En 1753, las hortensias fueron incluidas por el botánico sueco Carlos Linneo en el género Hydrangea, que agrupa un conjunto de plantas nativas del sureste de Asia y de Norteamérica. La mayoría son arbustos de entre uno a tres metros de altura; algunas son árboles pequeños y otras son lianas que pueden alcanzar los treinta metros trepando por los árboles. Pueden ser de hoja caduca o de hoja perenne, aunque las que se cultivan suelen ser especies de clima templado que pierden la hoja durante el invierno.

Linneo eligió el nombre del género porque el fruto de las hortensias (Figura 2) le recordó -debo decir que con mucha imaginación- a los antiguos odres, esos recipientes hechos de cuero, generalmente de cabra, que, cosidos y pegados por todas partes menos por la correspondiente al cuello del animal, sirven para contener líquidos, como vino o aceite, y otras sustancias, como mantequilla y queso. El nombre genérico Hydrangea se compone de las palabras griegas hydor que significa agua, y aggeion que significa odre. El nombre es conveniente por otra razón que conocen bien quienes las cultivan en su jardín. Las hortensias consumen grandes cantidades de agua. 

Figura 2. Frutos de Hydrangea febrifuga. Foto
Desde que Linneo nombró el género, se han descrito más de 200 especies diferentes de hortensias. La mayor parte de las que se cultivan en jardinería son variedades de la misma especie, Hydrangea macrophylla, en particular las conocidas “pompón”, “diadema” o “montana”. En la Figura 3 aparecen esas variedades junto a otras tres especies menos frecuentes, pero también muy apreciadas como ornamentales. Para intentar explicar las curiosas flores de las hortensias en este artículo me centraré en las hortensias de tipo “diadema”.

Figura 3. Haz clic para aumentar el tamaño. 
Las características principales de una hortensia diadema (hay quien prefiere llamarla de encaje) se pueden ver en las imágenes que siguen. Lo primero que hay que tener en cuenta es que las flores de las hortensias se agrupan por docenas en conjuntos a los que llamaré inflorescencias. Las inflorescencias son muy llamativas con objeto de atraer la atención de los animales polinizadores.

Alrededor del margen de la inflorescencia se sitúan lo que parecen ser varias flores grandes (de dos a tres centímetros de diámetro) y llamativas (Figura 4). En realidad, lo más vistoso de esos simulacros de flores no son verdaderas piezas florales (pétalos o sépalos), sino hojas modificadas o brácteas (Fig. 4:1), cuyo papel biológico es servir a modo de los letreros de neón: llamar la atención. En el centro de esa brácteas hay unas flores minúsculas y estériles que no se abren (Fig. 4:2). 

Figura 4. Haz clic para aumentar el tamaño.
La esfera central de la inflorescencia consta de muchas flores pequeñas (de dos a cuatro milímetros), poco llamativas pero fértiles (Fig. 4:3). Observe que las brácteas que rodean a las flores estériles tienen un gran centro de color beis blanquecino, que hacia el exterior se tiñe de un azul más intenso. Puede verse también que los botones florales centrales fértiles también mutan de beis a azul a medida que maduran. Las imágenes muestran la maduración al azar de esos brotes centrales. Observe en la Fig. 4:4 que la parte inferior de la bráctea de una flor estéril es de color más claro que su parte superior, algo que se entiende perfectamente si se tiene en cuenta que esa parte inferior no necesita llamar la atención de los polinizadores.

Figura 5. Haz clic para aumentar el tamaño
Las hortensias tienen tallos leñosos muy duros en su base, pero pasan a ser verdes y carnosos (Fig. 5:4) cerca del origen de donde surgen los pedúnculos que sostienen las flores (Fig. 5:5). Observe el área de transición roja y los originales tallos azules debajo de las flores.

Figura 6. Haz clic para aumentar el tamaño.
Ahora veamos las flores fértiles que forman el centro de la inflorescencia acabezuelada (Figura 6). Aunque a simple vista las pequeñas flores parecen bastante vulgares, cuando se ven de cerca muestran su eficacia. Mientras están en forma de botón (brote o yema); las cinco piezas que componen esos brotes (tépalos) parecen los lóbulos de una calabaza (Fig. 6:1). A medida que se desarrolla cada yema (Fig. 6:2), crece en tamaño y pasa desde el color beis blanquecino hasta el color azul final (Fig. 6:3).

Figura 7. Haz clic para aumentar el tamaño.
Cuando los brotes comienzan a florecer, los tépalos van separándose como los brazos de una estrella de mar. Al cabo de una semana más o menos, en el centro de la pequeña abertura se ven muchas anteras amarillas (Fig. 7:3; las anteras son los órganos productores de polen masculino) y el pistilo amarillo (la parte femenina, en cuyo interior están los óvulos). Con el aumento de la Figura 7 es difícil distinguir al estilo entre las muchas anteras.

Figura 8. Haz clic para aumentar el tamaño. 
La imagen a mayor aumento de la Figura 8 muestra que cada flor tiene 10 estambres, cada uno compuesto de un filamento (Fig. 8:1) y una antera formada por dos lóbulos. En las imágenes se ven las anteras ya abiertas con los granos de polen emergiendo por las fisuras por las que se rompen (Fig. 8:2), mientras que hay otras anteras que todavía no han madurado (Fig. 8:3). Los estambres rodean al ovario que está en el centro de la flor y tiene un estigma (donde se fijarán los granos de polen) formado por tres lóbulos (Fig. 8:4).

Figura 9. Haz clic para aumentar el tamaño.
En la Figura 9 se muestran imágenes microscópicas de una antera y de su filamento en un color más claro (izquierda) y del estigma trilobulado (derecha). 

Las flores pueden ser rosas, blancas, o azules, dependiendo en parte del pH del suelo. Las hortensias se cuentan entre las escasas plantas que acumulan aluminio. En suelos relativamente ácidos, con pH entre 4,5 y 5, la planta puede absorber el aluminio del suelo para producir flores azules; en suelos más alcalinos, con pH entre 6 y 6,5, el aluminio no se absorbe bien y las flores adquieren color rosa; y en suelos todavía más alcalinos con pH alrededor de 8, las flores serán blancas, lo que a menudo ocurre cuando se riegan con el agua potable de las ciudades que suele ser muy calcárea.

Se puede forzar la coloración rosada de las flores usando fertilizantes ricos en nitrógeno y fósforo y pobres en potasio, como nitrato de calcio, mientras que, si se desean flores azules, los fertilizantes tienen que ser ricos en potasio y pobres en nitrógeno y fósforo. La floración azul también puede necesitar el aporte de abonos acidificantes tales como sulfato amónico, nitrato amónico, sulfato potásico, etcétera. También se puede añadir sulfato de aluminio si las medidas anteriores son insuficientes. ©Manuel Peinado Lora. @mpeinadolorca.

Todas las imágenes, salvo la Figura 2, están tomadas de este enlace.