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domingo, 31 de enero de 2021

Los pájaros vampiros de las Galápagos

 


Los pinzones son los emblemas de la evolución. Los pájaros que Darwin vio en las Islas Galápagos durante su famoso viaje alrededor del mundo entre 1831 y 1836 cambiaron su pensamiento sobre el origen de nuevas especies y, finalmente, el de los naturalistas de todo el mundo.

Las islas oceánicas constituyen los grandes laboratorios naturales de la evolución. La combinación del aislamiento geográfico, la dificultad de acceso y la ausencia de depredadores o competidores, proporcionan posibilidades extraordinarias a los organismos que logran alcanzar esos refugios.

En las islas Galápagos, paradigma del aislamiento insular, unos pájaros, los pinzones, radiaron evolutivamente y se especializaron en una serie de papeles ecológicos que en los continentes son desempeñados por varias familias de aves: algunas especies comen semillas de diferentes tamaños, otras picotean la madera y una especie usa las espinas de los cactos para desalojar a los insectos de sus escondrijos entre las grietas.

Cuando en septiembre de 1835 Charles Darwin desembarcó en las Galápagos, fue el comienzo de cinco semanas que cambiarían el mundo de la ciencia, aunque él no lo sabía en ese momento. Entre otros hallazgos, observó y recolectó una gran variedad de pinzones que habitaban las islas, pero ni sabía que eran pinzones, ni se dio cuenta de su importancia ni anotó registros adecuados de sus especímenes y dónde fueron recolectados.

El joven e inexperto naturalista se dejó engañar por tal profusión y clasificó a estos pájaros en varios grupos. Hasta que un ornitólogo profesional, John Gould, examinó su colección en Londres y, gracias a su anatomía, los identificó a todos como pinzones, Darwin no fue consciente del significado natural de tantas especies estrechamente relacionadas, lo que, finalmente, le llevó a formular el principio de selección natural.

En The Voyage of the Beagle, las memorias que escribió cuando regresó a Inglaterra y ya conocía el informe de Gould, un Darwin asombrado escribió: «Al observar la graduación y diversidad de conformaciones en un grupito de pájaros tan próximos unos a otros, podría imaginarse que, dada la escasez original de aves en este archipiélago, una especie había sido modificada para desempeñar diferentes fines».

Darwin desarrolló esa idea cuando unos 25 años después, en 1859, publicó su bomba intelectual. Especuló que estas aves, parecidas a los estorninos, llegaron a las Islas Galápagos por el viento. La evolución se hizo cargo y diferentes grupos desarrollaron diferentes dietas. Escribió: «Cuando un inmigrante se asentó por primera vez en una de las islas, [...] sin duda estaría expuesto a diferentes condiciones en las diferentes islas [en las que] tendría que competir con un conjunto diferente de organismos. [...] Entonces, la selección natural probablemente favorecería diferentes variedades en las diferentes islas».

En otras palabras, los picos cambiaron a medida que las aves desarrollaron diferentes gustos por frutas, semillas o insectos recogidos del suelo. Los picos largos y puntiagudos hicieron que algunos de ellos fueran más aptos para recoger semillas de frutos de cactus. Los picos más cortos y gruesos sirven mejor para comer las semillas del suelo. Finalmente, los inmigrantes evolucionaron en 14 especies distintas, cada una con su propio canto, preferencias alimentarias y formas de pico.

El pinzón de curruca (arriba) tiene un pico delgado y afilado que se adapta mejor a los insectos. Los picos más cortos y robustos de los pinzones terrestres (centro) están adaptados para comer semillas que se encuentran en el suelo. Los de los pinzones de cactus (parte inferior) tienen la forma adaptada para obtener semillas de cactus. 

Desde que Darwin apoyó en las Galápagos buena parte de su teoría sobre el origen de las especies, ese archipiélago ha sido considerado un laboratorio viviente en el que puede contemplarse la especiación en desarrollo. Hace unos millones de años, una especie de pinzón migró a las Galápagos desde el continente americano. De esta única especie migrante se originaron muchas: al menos trece especies de pinzones evolucionaron a partir de un único antepasado.

Este proceso en el que una especie da lugar a múltiples especies que explotan diferentes nichos se denomina radiación adaptativa. Los nichos ecológicos ejercen las presiones de selección que empujan a las poblaciones en varias direcciones. En varias islas, las especies de pinzones se han adaptado a diferentes dietas: semillas, insectos, flores, hojas y … sangre de grandes aves marinas.

En las islas Darwin y Wolf, una pareja insular aislada dentro del ya de por si remoto gran santuario marino de las Galápagos, habita un ave con un comportamiento insólito: un pinzón hematófago o, como los guías suelen llamarlos delante de los asombrados turistas: unos pinzones vampiros. Descubierto por primera vez en 1964, el pinzón vampiro, Geospiza septentrionalis, utiliza su pico afilado como una navaja para perforar las alas del enorme alcatraz o piquero de Nazca, Sula granti, y beber su sangre.





Beber sangre puede parecer una extraña dieta para cualquier ave, pero considerando la capacidad de adaptación de los pinzones, no resulta demasiado sorprendente. Los pinzones probablemente llegaron a las islas Darwin y Wolf hace 500.000 años, y desde entonces han logrado adaptarse a diferentes ecosistemas.

Como las islas Darwin y Wolf son pequeñas (cada una mide algo más de dos kilómetros cuadrados), y están separadas de las islas más grandes por 160 kilómetros de océano, el agua dulce es extremadamente rara y los alimentos pueden faltar por completo durante la estación seca, lograr habitarlas resulta extremadamente difícil para cualquier animal.

Los organismos que de alguna manera llegaron a esas islas Galápagos debían adaptarse a las duras condiciones o extinguirse. En esas condiciones, actuó la selección natural impulsada por la necesidad de sobrevivir. Cabe pensar que cuando los alimentos escaseaban, los pinzones vampiros que habitaban junto a las colonias de aves marinas recurrieron a comer los parásitos que viven en la piel bajo las plumas de esas grandes aves. Un caso más de mutualismo: los alcatraces se beneficiaron de la eliminación de parásitos y los pinzones de tener una alternativa a su dieta habitual de néctar, semillas e insectos que pueden desaparecer durante la estación seca.

Es probable que a los pinzones les agradase la sangre cuando la eliminación de los parásitos abría algunas heridas. Con el tiempo, los pinzones aprendieron a hacer que la sangre manara arrancando de un tirón las plumas de las alas de las aves más grandes. La selección natural parece haber perfeccionado sus picos para perforar la piel y chupar sangre: en comparación con las poblaciones en otras islas, los pinzones de Darwin y Wolf han desarrollado picos particularmente largos y puntiagudos.

Pero la sangre tiene pocos nutrientes y demasiada sal y hierro por lo que alimentarse exclusivamente de ella es una solución provisional provocada por la escasez de alimentos más nutritivos. Además, para digerir la sangre y liberar el sodio y el hierro hace falta la colaboración de las bacterias del microbioma intestinal.

Como consecuencia de la dieta de sangre, el microbioma que se encuentran en el sistema digestivo de los pinzones vampiros es muy diferente al que se encuentra en cualquier otra ave. Los pinzones hematófagos y los murciélagos vampiros comparten un tipo de bacteria intestinal de la familia Peptostreptococcaceae que ayuda a unos y otros animales, tan remotamente emparentados como podrían estarlo una ballena y un gorrión, a procesar y digerir el sodio del suero sanguíneo y la hemoglobina de los eritrocitos de sus víctimas.

Cuando las primera aves y mamíferos aparecieron sobre la faz de la Tierra entre el Pérmico y el Jurásico, hace unos 200 millones de años, las bacterias ya llevaban allí más de tres mil millones de años. Que encontraran un lugar donde vivir era solo una cuestión de tiempo y de oportunidad. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.