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sábado, 8 de mayo de 2021

Jardines botánicos e islas de biodiversidad

 

La viborera, Echium vulgare, una planta nativa común en las comunidades silvestres del Real Jardín Botánico de Alcalá de Henares. Foto de Derek Parker.

Sociedades entomológicas de todo el mundo han ido censando cuidadosamente las poblaciones de insectos en cientos de reservas naturales desde la década de 1980. A partir de 2013, las meticulosas observaciones de los miembros de la prestigiosa Sociedad Entomológica de Krefeld, Alemania, que habían estado observando, censando y recolectando insectos de la cuenca del Rhin dieron la voz de alarma.

Cuando volvieron a estudiar una localidad que habían muestreado en 1989, notaron que sus capturas habían caído un 80%. Repitieron los muestreos en 2014 y los datos fueron los mismos. Luego, analizando sus registros de otras localidades, comprobaron que la tendencia del declive era similar. Por citar un solo ejemplo, la región de Krefeld ha perdido más de la mitad de las dos docenas de especies de abejorros que los miembros de la sociedad habían censado a comienzos del siglo XX.

Por citar un solo ejemplo de los datos de la Krefeld, los sírfidos, una familia de dípteros cuyos adultos tienen un aspecto parecido al de abejas y avispas y como ellas liban néctar, muestran un declive particularmente pronunciado. En 1989, las trampas en una reserva recogieron 17.291 sírfidos pertenecientes a 143 especies. En 2014, en la misma reserva, encontraron sólo 2.737 individuos de 104 especies.

Las cosas no han ido mejor en Inglaterra. Desde 1968, los científicos del Rothamsted Research, un centro de investigación agronómica de Harpenden, han estado censando metódicamente diferentes lugares del sur de Inglaterra y de Escocia. Las poblaciones de aves insectívoras como alondras, golondrinas y vencejos muestran una imparable tendencia negativa. Un estudio europeo sobre determinados grupos de insectos particularmente castigados como los ortópteros (saltamontes, grillos y chicharras, entre otros) realizado en colaboración por la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), destaca que casi un tercio de las especies de evaluadas están amenazadas y algunas en peligro de extinción.

Pero quizás no haga falta ni leer sesudos artículos científicos, revisar estadísticas prolijas o hacer meticulosas observaciones de campo. Basta con echar la vista un poco atrás. Después de un viaje en automóvil hace unos pocos años, ¿cuántos insectos morían aplastados contra el parabrisas? Y ahora, ¿cuántos encuentra? Muchos menos, si es que encuentra alguno ¿verdad? Por eso, los entomólogos llaman a la cada vez más acusada desaparición de numerosas especies de insectos el “efecto parabrisas”.


Carduus pycnocephalus es una de las plantas dominantes en los barbechos asilvestrados del Real Jardín Botánico de Alcalá de Henares. Foto de Rafael Tormo

Las causas del declive generalizado son múltiples. Según todos los estudios, la transformación y destrucción de hábitats naturales son la principal causa de esta hecatombe que nos afecta muy directamente a las personas. Los cambios en el uso de la tierra que rodean las reservas naturales están probablemente desempeñando un importante papel. Si transformamos todos los hábitats seminaturales en campos de cultivo, prácticamente no habrá vida en esos campos. A medida que los cultivos se expanden y los tradicionales setos de deslinde desaparecen, las islas de hábitat albergan menos especies. El manejo en las tierras ganaderas favorece las gramíneas y otras especies forrajeras en detrimento de las flores silvestres en las que liban muchos insectos.

La primavera ha estallado en el hemisferio Norte, lo que significa que la temporada de jardinería está en marcha. No se puede negar que favorecer la presencia de plantas nativas es la mejor manera de beneficiar a la vida silvestre local. Tampoco se necesita mucho para favorecerlas. Basta con permitirles cierto grado de libertad manteniendo algo parecido a un paisaje suburbano "tradicional".

En los jardines botánicos, la mayoría de los esfuerzos de jardinería se concentran en el cuidado de los parterres, los cuarteles y las plantaciones donde se concentran las plantas cultivadas. Aunque así sea, aunque concentremos nuestros esfuerzos en mantener las valiosas colecciones botánicas, siempre podemos y debemos ceder algunos espacios para las plantas nativas que nos sorprenden siempre con la cantidad de vida que atraen al jardín sin que no haya que hacer más esfuerzo que dejarlas en paz.

Las comunidades de plantas nativas que colonizan los espacios vacíos de un jardín no deben considerarse agrupaciones de “malas hierbas” o de “plantas invasoras” como piensan algunos. Su presencia tampoco quiere decir que el jardín está descuidado. No es así, son “islas de diversidad” que sostienen poblaciones de insectos de todo tipo que, además de jugar un papel esencial en la polinización de las plantas, sostienen poblaciones de animales insectívoros, desde pequeñas arañas que pasan desapercibidas hasta los hermosos pájaros cantores que vemos cada día merodeando por el jardín.

Chupamieles, Anchusa azurea. Foto de Rafael Tormo.


Las plantas nobles, nativas o exóticas, que se cultivan en los jardines botánicos son maravillosas, pero no florecen todo el tiempo y los insectos necesitan otras flores para sobrevivir. También necesitan lugares para reproducirse, lo que puede favorecerse fácilmente dejando barbechos repartidos por el jardín y permitiendo que sus restos en forma de tallos, ramitas y hojas permanezcan en su lugar hasta bien entrado el verano. Con eso, y con evitar el uso de herbicidas y pesticidas en el jardín, es más que suficiente.

Internet está llena de consejos rápidos sobre cómo hacer que nuestra vida sea más ecológica. Hay miles de artículos disponibles para quienes buscan consejos sobre la vida ecológica y un sinfín de ideas sobre regalos sostenibles. Me gustaría decir que no hay regalo más ecológico que el obsequio que nos ofrecen gratis las plantas nativas. Dejar que las plantas silvestres se establezcan en un jardín o incluso en las macetas de un patio o de un balcón, significa dar un gran paso para celebrar la explosión de la vida todos los días.

Las plantas silvestres son regalos de vida que consiguen mucho más que embellecer un espacio. Proporcionando alimento, refugio y un lugar para la reproducción de innumerables organismos que permiten que los ecosistemas funcionen. Son auténticos refugios de la biodiversidad, islas de vida en el que se mantienen cientos de plantas expulsadas de su ambiente natural por las malas prácticas de la agricultura extensiva, cuyos venenos químicos en forma de pesticidas y herbicidas son verdaderos océanos de muerte y destrucción que están acabando con la vida silvestre.

Observar las plantas nativas y la vida que sostienen ofrece momentos maravillosos de inspiración y quietud. Las plantas cambian nuestra vida para mejor y al rodearnos de ellas sabemos que estamos haciendo un buen trabajo para cambiar la vida de muchos organismos que luchan por sobrevivir en este mundo dominado y casi aniquilado por los humanos.

Si quieres vivir todos los días haciendo algo por la biodiversidad, ilumina tu vida con algunas plantas silvestres y disfruta de todas las maravillas y de la belleza que te van a brindar. © Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.