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sábado, 5 de febrero de 2022

Solandra grandiflora, el psicodélico y venenoso cáliz de oro


Que las plantas no se puedan mover o que la mayoría de ellas carezcan de estructuras visibles para defenderse (espinas o aguijones), no significa que permanezcan inermes. Aunque todavía ignoremos más de lo que la Ciencia haya podido demostrar, los grandes mecanismos defensivos de las plantas son invisibles. Son moléculas orgánicas que se forman como consecuencia de su metabolismo secundario.

El metabolismo primario incluye aquellos procesos químicos que se llevan a cabo para sobrevivir, crecer y reproducirse: fotosíntesis, glucolisis, síntesis de aminoácidos, síntesis de proteínas, enzimas y coenzimas, síntesis de materiales estructurales, duplicación del material genético, reproducción de células (crecimiento), absorción de nutrientes, etcétera.

Como consecuencia del metabolismo secundario, las plantas producen metabolitos que emplean con diferentes fines, principalmente como mecanismos químicos de defensa frente a herbívoros. Entre los metabolitos secundarios destacan, sobre cualquier otro tipo de fitoquímicos, los alcaloides, una gran familia de más de 15.000 compuestos orgánicos que tienen en común tres características: son solubles en agua, contienen al menos un átomo de nitrógeno, y exhiben actividad biológica.

Esa actividad biológica se manifiesta entre otras cosas, en que, a concentraciones bajas, son fisiológicamente activos en los animales, de donde derivan sus múltiples usos en medicina, farmacología y fitoterapia, bien en estado puro bien en quimiosíntesis como drogas vegetales. Existen innumerables plantas que contienen alcaloides como la quinina, la morfina, la codeína, la cafeína, la teína, la teobromina, la atropina, la escopolamina, la nicotina y un largo etcétera.

Phyllobates terribilis. 

Algunos alcaloides pueden encontrarse en la piel de ciertos animales, como la bufotoxina (la segregan los sapos) ó la batracotoxina (uno de los alcaloides más potentes conocidos), que segregan las ranas del género Phyllobates. Phyllobates terribilis produce un alcaloide con tales niveles de toxicidad y concentración que un solo miligramo podría matar a diez hombres. Este alcaloide también aparece en las plumas de ciertos pájaros del género Pitohui de Nueva Guinea y produce una paralización en el miembro que lo toca. También producen alcaloides pequeños insectos como los ciempiés, mariquitas, hormigas, etc.

No obstante, la mayoría de los alcaloides son considerados como “vegetales”. Se calcula que un 10 % del total de las especies “vegetales” contienen algún tipo de estos compuestos. Incluso a bajas dosis, la mayoría de los alcaloides producen efectos psicoactivos en los animales, por lo que se emplean mucho para tratar problemas mentales y calmar el dolor. Ejemplos conocidos son la cocaína, la nicotina, la atropina, la colchicina, la quinina, la cafeína, la estricnina y la morfina.

La copa de oro, Solandra máxima, pertenece a la familia de las solanáceas, en la que, además de alimentos tan comunes como tomates, papas, berenjenas o pimientos, se incluyen el tabaco y algunas plantas tóxicas, venenosas o alucinógenas, como el estramonio, el beleño y la mandrágora, de las que me he ocupado en este mismo blog. Esas solanáceas contienen dos alcaloides psicotrópicos activos: hiosciamina y la escopolamina, mientras que otro anestésico y vasodilatador, la atropina, se extrae de otras plantas de la misma familia como el propio estramonio y la burundanga o floripondio (Brugmansia arborea), cuyos efectos tóxicos y empleo con fines ilegales son bien conocidos en los archivos forenses y policiales.

Beleño, Hyosciamus niger


Las propiedades la copa de oro, como las de muchas otras solanáceas incluidas nuestras prosaicas patatas, se deben a sus alcaloides de acción anticolinérgica, que, tal y como expliqué en este artículo, sirven para alterar los efectos producidos por la acetilcolina en el sistema nervioso. En general, las solanáceas contienen numerosos alcaloides tropánicos que tienen una bien ganada fama como alucinógenos químicos delirantes con capacidad de causar la muerte a los que han sido lo bastante locos como para probarlas sin conocimiento. Y es que en dosis elevadas los alcaloides tropánicos, poseedores de propiedades narcóticas que permiten su uso como analgésicos y anestésicos, provocan estimulación antes de causar una fuerte depresión que puede inducir al coma.

Las tropinas son las moléculas responsables de que el estramonio, el beleño, la belladona o la mandrágora formen parte de la clásica y ensoñadora farmacopea de las "hierbas de las brujas" y como tal ha sido protagonista de muchas leyendas, rituales y burdas supersticiones que, venidas desde Oriente Próximo, llegaron a Europa donde trovadores y hechiceros las propagaron por doquier.

El género Solandra comprende especies nativas de las regiones neotropicales de América. Solandra grandiflora, más conocida popularmente como copa de oro o cáliz de vino, es autóctona de los territorios centrales de México. Desde allí su área nativa alcanza por el sur hasta Chiapas y, asilvestrada pero no nativa, alcanza por el norte hasta las regiones subtropicales del sur de Estados Unidos y por el sur se ha extendido a Suramérica y a varias islas del Caribe. También se propaga cada vez más en Australia.

S. grandiflora es una trepadora perenne de crecimiento rápido que puede exceder fácilmente los treinta metros de longitud. Las ramas son nudosas y de cada nudo brotan zarcillos y raíces que permiten que la planta pueda anclarse a sus soportes y produzca un sistema radicular más extenso que mejora su capacidad de acceso a los nutrientes esenciales.

Las solandras son muy utilizadas en jardinería (en climas cálidos, carentes de heladas) por sus grandes flores campanuladas de color amarillo con rayas interiores espiraladas de color púrpura o marrón que pueden alcanzar hasta veinticinco centímetros de largo. El color de las flores oscila desde el blanco brillante al amarillo. Se abren al atardecer y emiten una fuerte fragancia dulce, que huele a coco o a vainilla. La apertura nocturna, los olores potentes y el gran tamaño de las flores, generosas productoras de néctar, son señales claras para atraer a sus polinizadores: los murciélagos.

Floripondio, Brugmansia arborea


En su ambiente natural, donde hay murciélagos y, por lo tanto, se produce la polinización, las diferentes especies de Solandra producen grandes bayas blanco-amarillentas que contienen muchas semillas diminutas. Cuando Solandra grandiflora se cultiva como ornamental, por lo general se propaga por esquejes y rara vez produce frutos.

Algunos pueblos nativos de México y del norte de Centroamérica (huastecos, huicholes y mixtecos) han creído durante mucho tiempo en los poderes mágicos y misteriosos del cáliz de oro. Hay utensilios precolombinos aztecas que representan claramente el uso ritual de la planta entre los aborígenes de Mesoamérica.

El uso más conocido y estudiado de Solandra viene de los indios huicholes de Jalisco, México. Los huicholes tienen una larga historia y una mitología elaborada en torno a su propio origen y la flor de Solandra a la que llaman Kieli. Los ancianos enseñan a los niños que el Dios del viento y la magia, Kieli tewíali, bajó a la Tierra y se transformó en la liana Solandra. Kieli tewíali era el hijo de la Serpiente Cósmica y de la lluvia, que vino a la Tierra para beneficiar a la humanidad mediante la transformación de sí mismo en la maravillosa flor fragante del kieli. Los huicholes creen que, al dormir al lado de las flores, la fragancia penetrará en el cuerpo y los transportará ensoñadoramente a un reino místico.

Como con muchas de las plantas alucinógenas mexicanas se han desarrollado diferentes preparaciones para aprovechar las propiedades mágicas de estas plantas. Algunas tribus comen las flores directamente para inducir estados de trance. Otras hacen infusiones con tallos secos y raíces cocidas en agua. Varias tribus muelen las hojas frescas y las usan como supositorios anales. La forma más popular y el método más documentado de ingestión usa las flores, hojas y raíces secas, molidas y mezcladas con otras hierbas alucinógenas para fumar.

Como en tantos otros casos, la planta goza también de fama como afrodisíaca. La sabiduría popular tradicional cree que al darle a un hombre una infusión hecha de las flores y raíces aumentará su deseo sexual hasta el punto de que el excesivo deseo puede hacer que un hombre muera al "secarlo" por completo.

El peyote, Lophophora williamsii, un hongo enteógeno

Muchos pueblos mesoamericanos comparan los efectos psicodélicos de Solandra grandiflora a los que se producen los cactus peyotes (Lophophora williamsii), pero con efectos mucho más acusados que pueden causar la muerte. La infusión puede producir una psicosis que dura más de treinta y de seis horas con alucinaciones, delirios extremos e inconsciencia absoluta. Los efectos producidos por fumar las hojas secas y las flores son mucho más sutiles y breves, pero sin merma de su potente capacidad psicoactiva y con fuertes efectos afrodisíacos.

El análisis farmacológico del género Solandra ha demostrado que, aunque todas sus especies contienen compuestos psicoactivos en diferentes concentraciones, Solandra grandiflora presenta la concentración más elevada en peso seco. Todas las partes de la planta (flores, hojas, tallos, raíces y bayas) tienen importantes cantidades de alcaloides tropánicos, pero en el sistema radicular es donde se concentra el mayor porcentaje de compuestos activos. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.