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domingo, 22 de enero de 2017

Llega Trump: ¡Ojo, que viene el lobo!

A principios de enero, el entonces presidente Barack Obama emitió una orden ejecutiva que exigía que el Departamento Federal de Vivienda (FHA, Federal Housing Administration) redujera las primas de seguros de hipotecas que otorga la FHA, un cambio que significaba que los hipotecados con ingresos más bajos pudieran ahorrar hasta 900 dólares al año. En su primera orden administrativa como presidente, Donald Trump suspendió esa orden, que debía entrar en vigor el 27 de enero. En la práctica, esto significa que los propietarios de bajos ingresos (muchos de los cuales votaron a Trump) continuarán pagando primas de seguro más altas en sus hipotecas aseguradas por la FHA.

Los préstamos de la FHA permiten a los compradores de vivienda, sobre todo a aquellos con ingresos más bajos, obtener hipotecas aseguradas por el Gobierno federal que, de no estarlo, les serían denegadas por los bancos. Los prestatarios tienen que pagar el seguro hipotecario FHA, para proteger al prestamista hipotecario de las pérdidas si la persona que se hipoteca incumple los pagos. Cuando anunció su orden ejecutiva, Obama dijo que la disminución de las primas del seguro ayudaría a estabilizar el mercado de la vivienda y estimularía el crecimiento en los mercados inmobiliarios que todavía se están recuperando de la crisis financiera.

En su audiencia de confirmación la semana pasada, Ben Carson, candidato de Trump para dirigir el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, el organismo de rango ministerial que controla a la FHA, dijo que estaba preocupado por la orden de última hora dictada por Obama. «Yo también me sorprendí al ver algo de esa naturaleza hecho en el camino de salida», dijo Carson a los miembros del Comité Senatorial de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos. «Si se confirma, voy a trabajar con el administrador de la FHA y otros expertos financieros para revisar esa medida». 

Las órdenes ejecutivas presidenciales no requieren ser aprobadas por el Congreso. Trump ha prometido que eliminaría todas las acciones ejecutivas de Obama durante sus primeros días en el cargo. Este ha sido su primer paso en el cumplimiento de esa promesa. En este caso, no ha habido trecho entre el dicho y el hecho.

Pero si esa ha sido su primera firma administrativa como presidente, sus esbirros le ganaron por la mano adoptando medidas de gran trascendencia como anuncios agoreros de lo que se nos viene encima. El sitio web de la Casa Blanca (https://www.whitehouse.gov/) eliminó todas las menciones con referencia al cambio climático y a la comunidad LGBT que se habían producido durante el mandato de Barack Obama.

A las 11:59, la página oficial de la Casa Blanca tenía información sobre el cambio climático y los pasos que el Gobierno federal había tomado para luchar contra él, así como las políticas y derechos referentes a la comunidad LGBT. A mediodía, en el mismo instante en que Donald Trump tomó posesión, la página cambió y se eliminaron todas las menciones sobre ambos asuntos. Los cambios en la página web de la Casa Blanca son habituales, puesto que se modifican con respecto a las medidas que cada mandatario elija tomar. 

Cumpliendo las peores previsiones, las primeras palabras de Donald Trump en su discurso inaugural (pulse en este enlace para verlo en directo) estuvieron impregnadas de populismo, nacionalismo y agresividad. Si un discurso de toma de posesión sirve para vislumbrar cómo pueden ser los próximos cuatro años, de la alocución de Trump se desprende que el mundo debe prepararse para atravesar tiempos difíciles llenos de turbulencias y actitudes hostiles e imprevisibles.

Siguiendo la escaleta básica de un discurso populista, Trump ha subrayado repetidamente la división entre la “gente” y quienes considera sus enemigos, ya sean estos la clase política de Washington, la economía internacional o las naciones amigas en cuya defensa ha colaborado Estados Unidos. Una vez más se ha prodigado en sus ataques a la “casta” y apelado a la solidaridad entre los ciudadanos más patriotas y humildes, pasando por alto que su trayectoria empresarial y declaraciones de impuestos revelarían, si accediera a publicarlas, cuán cínicas y falsas son sus promesas.

Resulta revelador que en su discurso inaugural Trump no citara absolutamente a nadie relevante en la historia del país al que tanto dice amar. No encontró a ningún presidente, intelectual, político o filósofo del que tomar una cita o una idea. Del principio al fin ha sido Trump y solo Trump. Ha dibujado un país devastado y empobrecido que se contradice en la realidad con el legado de su predecesor, a quien le tocó asumir la presidencia en medio de la crisis económica más grave desde los tiempos de la Gran Depresión y que dejó la Presidencia con 12 millones de puestos de trabajo creados.

La visión del mundo que ofreció en su discurso el nuevo presidente fue también desoladora. Una comunidad internacional que empobrece a los estadounidenses y a la que acusó de arrancar la riqueza de los hogares de la clase media para repartirla por el mundo. En medio de las amenazas no podía faltar la fanfarronería habitual contra el terrorismo islámico, que prometió erradicar militarmente, en solitario y sin ayuda de nadie. En definitiva, una renuncia completa de Estados Unidos a su trayectoria y responsabilidades para pasarse al aislacionismo, al unilateralismo y al proteccionismo.

Tras protagonizar la transición más tumultuosa desde los tiempos de Andrew Jackson, el ya presidente demostró ayer no estar a la altura de la magistratura que aceptó desempeñar ni de la Constitución que prometió defender. Su discurso fue, otra vez, de campaña electoral, lleno de frases fáciles y vacías, clichés y tópicos que, en lugar de disipar los peores temores, los confirman.

Ya sabemos que Trump es incapaz de hablar como un presidente y se duda de que vaya a actuar como tal. Toca ahora, dentro y fuera de Estados Unidos, estar vigilantes. Igual que Obama anunció en su despedida que intervendría si Trump se extralimitaba y dañaba derechos o libertades básicos de los estadounidenses, los demás países también deberán fijar con toda claridad cuáles son las líneas rojas que no piensan dejar sobrepasar a Trump. En materias como el cambio climático, nos va la vida en ello.