Páginas vistas en total

martes, 4 de abril de 2017

Orquídeas alpinistas

Foto 1. Tillandsia recurvata creciendo
sobre el tendido eléctrico.
En el colegio nos enseñaron que todas las plantas necesitan tierra, agua y aire, pero esto no es del todo cierto, porque hay plantas que no necesitan tierra. Fíjense en la fotografía que encabeza esta entrada. Sí, no se equivocan, la planta crece sobre el tendido eléctrico. No es una casualidad. Llevo veinticinco años pasando junto a esas plantas y ahí siguen, firmemente aferradas a los cables. Crecen en el desierto de Vizcaíno, en Baja California (México). En ese desierto, situado en la costa del Pacífico, hay muchas nieblas, de manera que cada mañana las plantas –aunque pasen meses sin llover- aparecen empapadas. Por otra parte, el agua de condensación y el polvo que levanta el viento suministran los escasos nutrientes que necesitan y que las plantas acumulan entre sus hojas plegadas en forma de nido. Las hojas están cubiertas por tricomas, que son apéndices epidérmicos capaces de capturar las gotas de humedad y con ella los nutrientes que se encuentran en el ambiente.
Esa planta es del género Tillandsia al que pertenecen las llamadas “plantas del aire” o “claveles de aire”, en el que se incluyen más de 600 especies cuya apariencia y rigidez es similar a la del penacho de Ananas comosus, la piña comestible, que es también un miembro de la familia Bromeliáceas. Las tillandsias pueden encontrarse en todo tipo de ecosistemas, desde desiertos a selvas de lluvias, siempre que uno esté en Suramérica, en Centroamérica o en la zona subtropical del sur de Estados Unidos. Pero, aunque puedan encontrarse por todas partes, es evidente que cuando las tillandsias aparecieron sobre la faz hace millones de años no había tendidos eléctricos, así que lo que ha ocurrido es que estas plantas, que originalmente crecen sobre otras plantas (son epífitos) o sobre rocas (litófitos), han aprovechado las facilidades de una infraestructura construida por el hombre de la misma forma en que lo hacen, por ejemplo, las cigüeñas que veo desde mi ventana anidando en cornisas, tejados y campanarios.
Foto 2. Ecosistema epifítico en una selva tropical.
Las plantas epífitas (del griego epi, sobre, y phyton, planta) viven toda su vida en los troncos o ramas de los árboles. Epífita o epifita se refiere a cualquier planta que crece sobre otro vegetal usándolo solamente como soporte, pero que no lo parasita nutricionalmente. Es sólo una parasitosis mecánica, y el árbol que hace de soporte es un hospedador de la parasitosis mecánica. La ventaja más evidente respecto a las hierbas terrestres es que reciben más luz en los sombríos ecosistemas silváticos y se mantienen lejos de los herbívoros terrestres.
Si tiene ocasión de pasear por cualquier selva tropical mire hacia arriba y verá que el modo de vida epifítico ha tenido un enorme éxito (Foto 2). Sobre las ramas de los árboles prosperan ecosistemas completos, con sus propias cadenas tróficas que descansan en la capacidad de producción de las epifitas, capaces de vivir con muy poco suelo y con muy poca agua, la que son capaces de almacenar en sus hojas nidulares, en bulbos especializados o captando mediante raíces aéreas que condensan a su alrededor la humedad atmosférica. Sin embargo, vivir en un árbol no es fácil.
Uno de los mayores desafíos que enfrentan estas plantas comienza incluso antes de que germinen. Eso es especialmente cierto para las orquídeas. Las semillas de orquídeas son tan ligeras que se parecen más a esporas que a semillas. Son tan pequeñas que podríamos meter miles de ellas en el capuchón de un bolígrafo. Al madurar, esas minúsculas semillas, tan livianas como motas de polvo, vuelan en cuanto sopla la menor brisa. Para que germinen y crezcan deben anclarse de alguna manera en un tronco o en una rama. La mayoría de las semillas viajeras están condenadas al fracaso. Simplemente no aterrizarán en un lugar adecuado. Por tanto, parece lógico que la evolución haya favorecido cualquier adaptación que aumente sus posibilidades de encontrar el hábitat adecuado.
Las orquídeas del género Chiloschista, un género sin hojas originarias del sudeste asiático, Nueva Guinea y Australia, han desarrollado un curioso mecanismo, único entre las plantas, que consiste en unas extrañas bobinas que están situadas en el extremo de las semillas. Chiloschista fue descrito por primera vez por John Lindley en 1832. El nombre, derivado de las palabras griegas cheilos (labio) y schistos (hendidura), alude al labio leporino que presentan las flores. Al ver a Chiloschista en flor por primera vez, uno se queda inmediatamente maravillado de cómo esta planta sin hojas puede producir tal cantidad de flores. En muchos textos, este género aparece como una epifita sin hojas, pero en realidad producen hojas, aunque se desprendan en una etapa temprana de desarrollo. Durante buena parte del año estas epífitas consisten solamente en un sistema radicular masivo, suculento y verdoso, que emana de un tallo pequeño y compacto. En la temporada en la que presentan hojas, estas surgen del tallo y son cortas (2,5-5 cm) y estrechas (1 cm). Cuando comienza la floración, las hojas se caen. Las inflorescencias son generalmente colgantes y portan multitud de flores, cuyo color varía de blanco cremoso a rojo intenso pasando por una amplia gama de colores que haría empalidecer al arco iris.
Cubierta seminal de Chiloschista lunifera
al miscroscopio electónico de barrido. Foto.
A diferencia de la mayoría de las semillas de orquídeas que no son nada más que una vaina delgada que rodea a un pequeño embrión, las de Chiloschista vienen equipadas con unos apéndices a modo de arneses que para sí quisieran los alpinistas. Esos apéndices, que son células especializadas de la cubierta seminal, están firmemente enrollados en una especie de bobinas. En contacto con el agua, las bobinas se liberan y salen disparadas como pequeños ganchos como garfios que se aferran a los mugos epífitos o a la corteza de los árboles. Al hacerlo, anclan la semilla en el sustrato y allí germinan y crecen.

Mecanismo de anclaje de C. lunifera. Foto.
Este es uno de los ejemplos más extremos de especialización de semillas en la familia de las orquídeas que he aprendido en una maravillosa monografía sobre el tema. Si le interesan las semillas de las orquídeas y quieren verlas en unas maravillosas imágenes al microscopio electrónico, no dejen de leerlo.