martes, 13 de junio de 2017

Hongos asesinos y zapateros zombis

Si uno piensa en el desnudo de Mena Suvari tumbada sobre un lecho de pétalos de rosas en American Beauty, morir en una cama florida puede parecer una buena manera de viajar el valle Josafat. Si se lo preguntan a ciertos coleópteros que yacen sobre las flores después de sufrir una horrible infección por hongos, los animalitos discreparían.
En el número del pasado mayo de la revista Journal of Invertebrate Pathology tres entomólogos de las universidades de Arkansas en Fayetteville y de Cornell en Ithaca, Nueva York, han publicado los resultados de un trabajo de investigación que consistió estudiar una muestra de 446 ejemplares, unos vivos y otros muertos, de los zapateros dorados (Chauliognathus pensylvanicus) que viven sobre tres especies de asteráceas, Solidago canadensis, Eupatorium perfoliatum y Symphyotrichum pilosum.
Un zapatero muerto aferrado a una inflorescencia de
Eupatorium perfoliatum. Fuente.
Los zapateros dorados son unos pequeños escarabajos que se alimentan y se aparean en las flores y estas son también la mortaja de algunos de ellos. Cuando resultan infestados por el hongo Eryniopsis lampyridarum (Entomophthoromycotina), los escarabajos se aferran con sus mandíbulas a una flor y mueren poco después. Horas más tarde y todavía sujetos a las flores, por mecanismos desconocidos, las alas de los escarabajos muertos se abren como si estuvieran preparadas para volar. Con sus alas levantadas, estos escarabajos actúan como señuelos que atraen a otros individuos, porque se ha observado a machos copulando con hembras zombis.

Varios coleópteros zombis. Fuente.
Los escarabajos se comportan como una persona que, infestada de Sida, se dedicara a propagarlo por ahí. Imagínense también si, después de llevar varias horas siendo velado en la capilla ardiente, un cadáver levantara de repente los brazos y se quedara sentado en el ataúd. Eso es lo que consiguen los hongos cuando forman sus conjuntos de esporas en conidióforos que se expanden bajo las alas de los zapateros provocando el levantamiento de los élitros, y dejando expuestas las esporas listas para contagiar a los desdichados machos que se acercan a copular con las hembras zombis.