Páginas vistas en total

sábado, 2 de marzo de 2019

Unos musgos diminutos y escapistas

Buxbaumia viridis. Foto


No es fácil encontrar ejemplares de unos diminutos musgos del género Buxbaumia, los cuales, además de diminutos, practican el escapismo. La primavera de 2018, cuando viajé por Nueva Zelanda, tuve la suerte de reencontrame con algunos de ellos creciendo en donde más les gusta: en las cortezas de los árboles y en ambientes muy sombríos.
Buxbaumia comprende unas doce especies diferentes de musgos distribuidos por gran parte del hemisferio Norte y por algunas zonas de Australia y Nueva Zelanda. En España están citados, que yo sepa, en el Pirineo, donde cada vez son más raros probablemente debido al calentamiento global: el calor y la sequía son fatales para estos organismos que necesitan mucha humedad para poder reproducirse. En el Pirineo aragonés tuve la suerte de observar hace casi cuarenta años a Buxbaumia viridis formando parte de un cortejo de briófitos lignícolas del que formaban parte las hepáticas Lepidozia reptans, Lophocolea heterophylla, Lophozia incisa, L. longiflora y Nowellia curvifolia, y los musgos Dicranum tauricum, Herzogiella seligeri , Tetraphis pellucida, entre otros que entonces no pude reconocer.
Una vez que la corteza se ha caído y la madera comienza a pudrirse, un árbol caído proporciona un hábitat ideal para una variedad de especies de briófitos lignícolas. Muchos de esos especialistas están muy extendidos en el norte de España, pero algunos son raros. No se sabe muy bien qué condiciones ecológicas precisas deben reunir los troncos caídos para soportar a estas complejas comunidades lignícolas, pero parece probable que la textura desigual del tronco, su capacidad como de esponja para retener la humedad y, posiblemente, los nutrientes liberados durante la descomposición son todos factores importantes.
Cápsulas de Buxbaumia aphylla. Foto
La pérdida de cobertura forestal a lo largo de los siglos y, más recientemente, la intensa gestión de las áreas forestales han conducido a una pérdida significativa de hábitats para estos briófitos especializados. La retirada de los árboles caídos ha sido un problema particular para que el volumen de madera muerta, incluso en los menos manejados de nuestros bosques, esté muy por debajo de la que se produce en un bosque natural. En las parcelas que han tenido poco manejo reciente, el volumen de madera muerta caída puede ser superior a 60 metros cúbicos por hectárea, que es comparable con los bosques antiguos en Europa y América. Sin embargo, en los bosques manejados para la madera, los volúmenes de madera muerta pueden llegar a ser menores de 20 metros cúbicos por hectárea. El problema de estos briófitos no es sólo una simple pérdida de hábitat, sino también la falta de continuidad cuando el volumen de madera muerta es tan pequeño.
El comportamiento de estos musgos es el mismo que presentan otras plantas conocidas genéricamente como “efímeras”. Dicho de otra forma, practican la estrategia del escapismo: son maestros en el arte de la desaparición. Durante una temporada o dos que les sean favorables pueden aparecer pequeñas colonias, que luego desaparecen durante años cuando las cosas se ponen feas hasta que otra estación favorable recrea las condiciones que les favorecen.
Hay que tener una vista aguda y mucha paciencia para encontrarlos, porque durante gran parte de su existencia, mientras que viven en la fase de su ciclo de vida que conocemos como gametófito, son casi microscópicos. Mientras que los gametófitos de la mayoría de los musgos son relativamente grandes, verdes, y con estructuras parecidas a hojas (filidios), los gametófitos de Buxbaumia son tan minúsculos que apenas de dejan ver, porque la mayor parte de su "cuerpo" son hebras de células llamadas "protonemas".  
En la mayoría de los musgos la fase de protonema es la inicial que surge tras la germinación de las esporas. En cuanto germina la espora, el protonema comienza a generar individuos adultos provistos de tallitos (caulidios) y filidios. Aunque todos los musgos comienzan como protonema después de la germinación de las esporas, parece que Buxbaumia prefiere permanecer en esta etapa juvenil hasta que llegue el momento de reproducirse.
Buxbaumia aphylla. Foto
Teniendo en cuenta lo pequeños que son los protonemas, ha habido más de una confusión en lo que respecta a cómo Buxbaumia se gana la vida. Las primeras hipótesis sugirieron que eran saprótrofos, esto es, que vivían como los hongos, obteniendo los nutrientes a base de digerir químicamente la materia orgánica producida por otros. Hoy se piensa que no es exactamente así, sino que parece mucho más probable que dependan en gran medida de las asociaciones con hongos micorrícicos y cianobacterias para cubrir sus necesidades nutricionales.
Se piensa que la poca fotosíntesis que llevan a cabo se realiza a través de sus protonemas y de las cápsulas de su segunda fase del ciclo vital: el esporófito. Hablando de esporófitos, estos constituyen la fase visible y, por tanto, la única manera de encontrar ejemplares de Buxbaumia en la naturaleza. En comparación con la etapa de gametófito, los esporófitos de Buxbaumia son gigantes.
La fertilización se produce en algún momento del otoño, y a finales de la primavera o principios del verano los esporófitos están preparados para liberar sus esporas. Como puede observarse en las fotografías, las cápsulas tienen una superficie plana como la membrana de un tambor. El tamaño y la forma de estas cápsulas adquiere pleno sentido cuando te das cuenta de que dependen de las gotas de lluvia para la dispersión de sus esporas. Cuando una gota impacta la parte superior aplanada las esporas son expulsadas al medio a través del opérculo que remata la cápsula y con un poco de suerte la brisa las llevará a otro lugar adecuado para el crecimiento de su protonema. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.