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sábado, 10 de agosto de 2019

Plantas de los jardines de Dénia: las cordilines

Entre las plantas más utilizadas en la jardinería pública y privada de Dénia (en el jardín de Los Áticos hay varios ejemplares), destacan unas con aspecto de pequeñas palmeras estrechas con hojas en penachos. Son cordilines (Cordyline australis). Cordyline procede del vocablo griego kordyle, maza, aludiendo a sus raíces anchas y carnosas. Australis (austral o meridional) proviene del latín, en alusión al lugar de procedencia, porque las cordilines provienen de nuestras Antípodas, en concreto de algunas zonas pantanosas de Nueva Zelanda, donde pueden alcanzar de ocho a diez metros de altura, aunque en España no suelen pasar de los cinco.
Los ejemplares maduros, que por lo general sobrepasan sobradamente los tres metros, tienen el tronco cubierto de una corteza de color pardo grisáceo, gruesa, rugosa y fisurada, con pequeñas grietas horizontales. En los ejemplares jóvenes el tronco es recto y no se ramifica, pero cuando son maduros y alcanzan la edad de florecer tienen muchas ramificaciones, a veces desde la base. Cualquiera que sea su edad, las hojas coronan densamente el extremo de los tallos y ramas. Acabadas en punta, son flexibles, coriáceas, estrechas, alargadas y carecen de pecíolo. Miden de treinta a cien centímetros de longitud por tres a seis de anchura, con un bello color verde. Tienen el borde liso con nerviaciones finas, paralelas al nervio principal. En las plantas viejas forman un penacho muy denso al final de las ramas.
Parterre en el jardín de Los Áticos. 1, Cordyline australis. 2, Pittosporum tobira. 3, Hibiscus rosa-sinensis. 4, Cycas revoluta. 5, Trachycarpus fortunei.
La floración, que se produce a principios de verano, es espectacular porque sus centenares de flores blancas o cremosas, dulcemente aromáticas, de menos de un centímetro de diámetro, se disponen en anchas ramificaciones (panículas) terminales, erectas o colgantes, de entre medio metro y un metro y medio de longitud por treinta a sesenta centímetros de diámetro. Los frutos son blancos o blanco-azulados, globosos, carnosos, de alrededor de un centímetro de diámetro y suelen alcanzar la madurez en otoño. 
Cordyline australis, el árbol de la col, cerca de Kaihoka Lakes, Tasman, Nueva Zelanda. Salpicados aquí y allí, rodeados de campos de cultivo o de pastizales, estos árboles son una de las siluetas más familiares de la campiña de Nueva Zelanda. Son los sobrevivientes de la primera o segunda generación de la antigua cubierta forestal. Originalmente los árboles de col crecieron en bosques pantanosos, a lo largo de terrazas fluviales y en laderas húmedas. Crecen hasta veinte metros de altura y desarrollan un enorme tronco de hasta un metro de diámetro. Después de cada floración cada rama desarrolla una amplia corona de hojas largas. Cada primavera produce una gran nube de flores de olor dulce.
Se reproduce por semillas, que hay que mantener previamente unos diez minutos en agua caliente antes de ser plantadas al final del invierno o principio de primavera en un invernadero caliente. Germinan entre uno a tres meses. También se multiplica por esqueje y por separación de los brotes basales que emiten tallos subterráneos rizomatosos cundidores. Su trasplante es fácil en primavera. Pueden alcanzar los 75 años de edad.
Cordyline australis. A la izquierda inflorescencias. A la derecha flores muy aumentadas mostrando seis tépalos recurvados hacia atrás, seis estambres y un ovario central de color verde, brillante porque en su parte superior hay nectarios.
Los maories neozelandeses comían las raíces secadas al sol. Las hojas producen unas fibras tenaces que los colonos británicos utilizaban para componer cuerdas y para fabricar papel. Los colonos utilizaban también los troncos ahuecados como chimeneas de sus cabañas. Las hojas secas quemadas desprenden un calor intenso. Es una buena planta de adorno para situarla sobre una pradera, aunque tiene el inconveniente de la caída de la hojas sobre el césped, lo que suele evitarse colocándola en los bordes. Aunque individualmente luce bien, su mejor efecto se consigue plantando varios ejemplares juntos. También juega un buen papel en espacios reducidos. © Manuel Peinado Lorca @mpeinadolorca.